moderado por:

  • Bruno Estrada

    Economista, adjunto al Secretario General de CCOO

  • Iván H. Ayala

    Investigador asociado al ICEI y miembro de econoNuestra

Conclusión del debate

Las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo han sido un momento importante en la construcción europea. Los siete años de crisis han puesto a prueba la idea común de Europa y no parece que sea tan sólida como se creía a la vista de los resultados electorales. Es precisamente la percepción de que necesitamos Otra Europa la que ha hecho que se abriese durante dos meses este debate.

El punto de partida ha sido un documento elaborado por EconoNuestra. A modo de resumen se pueden destacar tres puntos fundamentales. En primer lugar la relación entre la Europa económica y la Europa social. La economía debe estar al servicio de una propuesta de construcción del estado del bienestar y de reducción de las desigualdades; estas últimas se están acrecentando tanto en los que se refiere a los ciudadanos de cada país como en términos regionales, con una polarización centro-periferia cada vez más acentuada ¿queremos una Europa de las finanzas o de los ciudadanos?

El segundo punto es el modelo económico ¿qué sistema financiero? ¿Nos sirve este Euro? ¿Cuál debe ser el papel del Banco Central Europeo? ¿Qué hacemos con la deuda? ¿Necesitamos una fiscalidad común? A estas preguntas se suman las que vienen del modelo productivo. Se ponen sobre la mesa la sostenibilidad, el paro, la precarización laboral…

El último punto es la construcción política ¿qué entramado institucional necesitamos? ¿Cómo mantener la soberanía? ¿Están funcionando las instituciones europeas? ¿Generan Confianza? Es precisamente la falta de confianza la que genera desafección y hace que no haya una idea de ciudadanía común y que se esté lejos de tenerla.

El debate se ha desarrollado por dos vías que han estado en permanente interrelación: las intervenciones escritas en el ágora de la página web y las mesas redondas retransmitidas por streaming. Han sido 25 las intervenciones escritas y 3 los debates en vivo. El primero fue un cara a cara entre Fernando Luengo (EconoNuestra) y Manuel de la Rocha (Economistas Frente a la Crisis); el segundo fue un seminario promovido conjuntamente con la Universidad Complutense de Madrid en el que participaron Josep Borrell, Ángel González Martínez-Tablas, Emilio Ontiveros y Juan Francisco Martín Seco. El último, una mesa redonda con la participación de Yayo Herrero, Fernando Luengo, Pablo Padilla, Pedro Chaves y Santos Ruesga. Los tres actos se encuentran disponibles en el archivo de Espacio Público.
Un debate sobre un tema tan amplio y complejo está lleno de matices, pero en un intento de sistematizar el intercambio diríamos que se ha centrado en dos bloques . El primero se refiere a la construcción del proyecto europeo:

1. ¿Nos encontramos ante problemas estructurales o coyunturales ¿Se trata de ajustar algunas instituciones y su funcionamiento o es cuestión del diseño y de la orientación del mismo? Estas preguntas se traslucen a lo largo del debate, ya sea en los temas económicos o sociales y las aportaciones van hacia el carácter estructural del problema.

2. No se trata sólo de cómo están diseñada la Europa actual, sino también de si son suficientes las instituciones: Parlamento europeo y Banco Central Europeo son claros ejemplos de esta insuficiencia. En este sentido también se echan en falta políticas conjuntas en aspectos tan cruciales como la fiscalidad o los presupuestos.

3. ¿Se ha quedado el proyecto europeo a la mitad? ¿Ha perdido impulso? Da la sensación de que en estos momentos hay “poco proyecto” y que los pasos que se dieron inicialmente con fuerza ahora son tibios e indecisos ¿tal vez el proyecto era sólo la integración económica y de una determinada dirección ideológica?

Hay un segundo bloque que tiene que ver con las consecuencias:

1. Hay una importante asimetría territorial que ha terminado en la Europa de dos velocidades. Hay centralidad y periferia en casi todos los aspectos: políticos, financieros, productivos, de movilidad humana,…

2. Existe una desigualdad creciente que empieza a pasar de ser efecto a ser causas de nuevos problemas que pueden romper el proyecto. El peso de la Europa económica hace que apenas se piense en la Europa social.

3. El binomio economía financiera-economía productiva se ha desequilibrado hacia la primera. Esto ha llevado a que la influencia del sector financiero en las decisiones políticas sea cada vez mayor.

4. La falta de centralidad de la economía productiva ha hecho que el paro haya crecido. Además no se ha introducido el elemento sostenibilidad en el sistema.

El resultado es un proceso de desconfianza y desafección crecientes que se ha instalado en la ciudadanía europea y que les lleva a preguntarse ¿merece la pena esta Europa? ¿Es mejor bajarse de este tren u otra Europa es posible?

Ponencia inicial

Otra Europa

Otra Europa

Las elecciones al Parlamento Europeo son una buena ocasión para debatir sobre los límites y las posibilidades, las ventajas y los inconvenientes de la integración europea. Sin pretensiones de abarcar todos los temas posibles, desde el grupo de trabajo de EconoNuestra (eN) “Otra Europa” queremos aportar elementos para ese debate, más allá del estricto ámbito electoral que viviremos con creciente intensidad hasta el 25 de Mayo.

Europa necesita soluciones estructurales, porque sus problemas son estructurales. Las medidas económicas coyunturales que se están adoptando contribuyen a empeorar la situación y a deteriorar aún más las condiciones de vida de la mayoría de la población, como sucede en España. Por ello apostamos por Otra Europa y no por la mera reforma de la actual Unión Europea (UE).

1. Al hablar de Europa no se puede hablar solo de la UE

1.1. Europa es más que un entramado institucional. Europa es una realidad más amplia y plural. La construcción europea exige respetar las diferencias y reforzar las similitudes; fomentar la igualdad, desde la solidaridad; distribuir con equidad los costes y las ventajas de la integración, reservando un papel regulador básico para las políticas públicas ejercidas desde la UE y sus Estados miembros. El creciente distanciamiento entre los ciudadanos y las instituciones europeas muestra que los avances de la integración en Europa no van por buen camino.

Las instituciones actuales sólo son funcionales a un modelo que fomenta los desequilibrios y refuerza los privilegios de unas élites que se oponen al bienestar de la mayoría de los ciudadanos.

1.2. El debate sobre Europa debe incluir también su inserción en la economía mundial y su papel en las relaciones internacionales. Europa es un territorio con un alto grado de apertura al exterior. La globalización ha incrementado las relaciones de Europa con el resto del mundo, pero a la vez han aumentado las desigualdades entre países. Por ello avanzar en la construcción europea implica, entre otras consideraciones, plantearse cómo cambiar las reglas que gobiernan las relaciones económicas mundiales, cómo mejorar el papel regulador de los organismos internacionales, y cómo trabajar activamente en favor de la reducción de las desigualdades en el mundo. En consecuencia, es necesario actuar más allá de los límites geográficos de Europa porque, en las actuales circunstancias, globalización y bienestar parecen términos cada vez más incompatibles.

2. La UE no puede ser fundamentalmente un club económico

2.1. Pedimos otra economía para Otra Europa. El discurso dominante es el discurso ortodoxo neoliberal, que se ha impuesto como “pensamiento único” y con el que cada vez se identifican menos ciudadanos. Como discurso alternativo proponemos hablar de la economía nuestra, de activar políticas en favor del empleo, de no asumir las restricciones laborales y salariales que nos imponen, de favorecer el bienestar y la igualdad de oportunidades. Los datos de coyuntura económica se utilizan demasiadas veces para ocultar los problemas que de verdad importan, que son los problemas estructurales y los problemas de la mayoría de los ciudadanos.

Es obligado debatir sobre el carácter de las políticas macroeconómicas y su impacto microeconómico, sobre la obligación de cambiar la estrategia integradora emprendida por el euro y la unión monetaria, sobre las reformas fiscales y la mejora del presupuesto europeo, pero es más importante aún conocer cómo afectan esos temas a las personas. Porque el bienestar también depende del marco de legitimidad democrática y de transparencia. Y depende del buen funcionamiento de las redes construidas por la ciudadanía para participar en la vida política y social, y para mejorar su participación en la actividad económica, más allá de los parámetros que reflejan los indicadores económicos convencionales. Por ello, consideramos necesario abrir un debate profundo sobre el crecimiento económico y sus efectos sobre el bienestar, el empleo, la igualdad y el medio ambiente.

2.1.1. Es necesario corregir el desigual reparto de las ventajas y costes de la integración. Este es un tema central, puesto que esas ventajas y costes no se reparten por igual. Desde la UE, como actor con capacidad de implementar políticas públicas, hay que reforzar los mecanismos de cohesión para combatir las disparidades sociales, territoriales, sectoriales. Además, es indispensable equilibrar la estructura productiva europea en todos sus ámbitos, prestando especial atención a las actividades sectoriales y geográficas más vinculadas a la creación y mantenimiento del empleo. También hay que modificar e incrementar sustancialmente el presupuesto comunitario para reforzar los fondos estructurales, las políticas de cohesión y las iniciativas destinadas a fomentar la participación ciudadana y el control democrático. Algunas ideas pueden ayudar a entender la necesidad de actuar en favor de un reparto equilibrado de los costes y beneficios de la integración europea:

– La libre movilidad no es una realidad en la actual UE. Muchos ciudadanos solo perciben como real la libre movilidad internacional de los capitales.

– La unión monetaria, en su actual formulación y fase de desarrollo, no ha sido un instrumento de cohesión económica y política. No ha servido para avanzar de forma equilibrada y con equidad en la integración europea, sino para ahondar en las desigualdades entre países y personas. El ‘modus operandi’ del BCE (Banco Central Europeo) solo es eficiente para los intereses del sector financiero, no para el conjunto de la ciudadanía. Si la unión bancaria sigue el mismo camino muchos europeos se alejarán aún más las instituciones de la UE.

– El euro no puede ser contemplado como un símbolo fallido de la integración europea. La moneda no puede estar al servicio de unos pocos. Los objetivos de la política monetaria deben estar subordinados a la consecución de la estabilidad, la equidad, el pleno empleo y la protección social de todos los ciudadanos de la UE.

– La integración fiscal no puede ser una falacia. No puede limitarse a la aproximación de ciertas figuras fiscales sujetas a mecanismos de votación que impiden avanzar en la convergencia y la progresividad de los sistemas fiscales. Es necesaria una profunda reforma fiscal, a la vez que una armonización fiscal a escala europea que permita la financiación de las políticas públicas sostenibles, es decir, de políticas que reposen sobre sistemas fiscales consistentes, equitativos y capaces de combatir el fraude. La integración europea difícilmente podrá avanzar en una senda de equidad y estabilidad mientras existan amplias bolsas de fraude fiscal, paraísos fiscales y redes de blanqueo de dinero, dentro y fuera del espacio europeo.

2.1.2. Es urgente que el BCE modifique su forma de intervención en los mercados financieros. Las funciones del BCE y de la unión monetaria no pueden consistir solo en el control de la inflación y en ayudar al sector financiero. La política económica ha de buscar la estabilidad y la eficacia global y social. Sin embargo, Europa y sus gobiernos han apostado por una austeridad mal entendida, ignorando que la política económica puede ser contracíclica. En la UE se ha olvidado que la creación de empleo ha de ser la principal prioridad política y que el empleo contribuye al equilibrio fiscal.

Además, en la UE no será posible reforzar los criterios de equidad de las políticas públicas sin un control democrático de las instituciones que gobiernan su economía y sus finanzas. Por ello, el Parlamento Europeo debe vigilar que las actuaciones del BCE contribuyan al cumplimiento de los objetivos de la integración europea. Con carácter urgente, el BCE debe modificar su forma de intervención en los mercados, para apoyar de manera clara las políticas públicas destinadas a reactivar la actividad y el empleo. A continuación, el Parlamento Europeo habrá de buscar un modo de encajar esos cambios funcionales del BCE en el ordenamiento jurídico común.

2.2. Es preciso reforzar los valores sociales y políticos que sustenten una economía al servicio de las personas y en pro del bienestar colectivo.

2.2.1. No se puede construir Europa sin esperanza. Sin la esperanza de que la integración atiende los problemas reales de las personas. Queremos una Europa solidaria, en la que se pueda mejorar la educación y la sanidad, y se puedan atender los problemas de la inmigración, la pobreza y el hambre en Europa y en el mundo. En la que se pueda fomentar la investigación y aumentar las inversiones en actividades que mejoren el bienestar, protejan el medio ambiente y ayuden a evitar las guerras en el mundo.

2.2.2. Los ciudadanos no pueden percibir Europa como un conjunto de instituciones sin una sólida base de legitimidad democrática. Y eso puede ser válido para el BCE, pero también podría aplicarse al Parlamento Europeo si su capacidad de acción no mejora sustancialmente. De hecho, el Parlamento quedará muy mermado ni no puede actuar en materia fiscal y presupuestaria, más allá de los compromisos y restricciones plurianuales actualmente existentes. Se trata de ampliar el concepto de democracia en Europa y de retomar los planteamientos federales desde una perspectiva que incluya el federalismo fiscal. Ello exigirá las necesarias reformas de la fiscalidad comunitaria y de los sistemas fiscales de los países miembros, como estrategia para hacer compatible en Europa una ordenación territorial más acorde al sentir de los distintos pueblos que la componen.

3. La amenaza de la no-Europa y la amenaza de la soberanía

3.1. Europa no puede construirse sobre el miedo a perder la soberanía nacional o regional, ni sobre el miedo a que deje de existir la actual UE. La integración tendrá sentido si avanza hacia una Europa política y social, en la que la unión económica y monetaria esté al servicio del bienestar colectivo. La unión monetaria nació de un acuerdo político y solo culminará si el conjunto de Estados se muestran dispuestos a compartir su soberanía como requisito para avanzar hacia una unión económica y monetaria. Y para progresar en la unión económica se requiere un avance sustantivo en la complementariedad de los sistemas fiscales, lo que es imposible con los actuales procedimientos de decisión de la UE en materia fiscal.

3.2. La UE y sus instituciones han de cambiar radicalmente, si el objetivo es avanzar hacia un modelo de soberanía compartida. Las grandes decisiones no pueden adoptarse solo de manera intergubernamental, bajo la presión de los Consejos Europeos. Si se pide a los ciudadanos elegir un Parlamento, representativo de los pueblos de Europa, los eurodiputados han de conjugar la proximidad a sus electores y la preservación de objetivos comunes para el conjunto de ciudadanos de la UE. Es difícil que esa combinación de intereses pueda sustentarse solo sobre el marco de representatividad que ofrecen los partidos políticos nacionales. Europa es una realidad más amplia y plural y necesita apoyarse también sobre la configuración de grupos y redes supranacionales, que refuercen un modelo de soberanía compartida.

En la UE es prioritario acabar con el lastre de la deuda y la situación de endeudamiento que atenaza a muchos de sus países, y que son el resultado de opciones y políticas económicas equivocadas: las políticas de austeridad mal entendida. Se trata de una situación cuyo origen y posterior evolución plantea tantas dudas que resulta obligado exigir una auditoría de la deuda de los países europeos.

3.3. No habrá Otra Europa sin consolidar una ciudadanía común. No se puede hablar de ciudadanía europea si no hay recursos para garantizar la igualdad de oportunidades, con independencia del lugar de nacimiento. Todavía es necesario suprimir muchas fronteras internas y no construir nuevas barreras artificiales, preservando como valor esencial la diversidad.

4. Otra Europa

El objetivo de avanzar en la construcción de Otra Europa requiere propuestas específicas, que habrán de formularse y debatirse con rigor y serenidad. Desde el grupo de trabajo planteamos algunas líneas de acción preliminar.

4.1. Reclamamos un debate claro y exhaustivo sobre las alternativas de reforma, ruptura y nuevo proceso constituyente en Europa, incluyendo como primer paso la unión monetaria y el euro. ¿Tiene sentido avanzar por el actual camino, si una mayoría de los ciudadanos ven el euro y el BCE como instrumentos al servicio de los intereses financieros? ¿No sería más lógico modificar con urgencia el funcionamiento de facto del BCE, mientras se acuerda cómo modificar sus fundamentos jurídicos?

4.2. Europa vinculada al mundo. Europa depende en exceso de un contexto mundial infectado por el neoliberalismo. En él, la soberanía se disipa porque la absorben y diluyen los mercados. Europa no puede aislarse del mundo, pero tampoco puede sobrevivir aislada: ni aislada siendo un reducto de bienestar ni aislada de la obligación de contribuir a reformar el desorden mundial. Si sometemos a los organismos internacionales a un control democrático riguroso su capacidad de acción podrá ser útil para mejorar las condiciones de vida y trabajo de los ciudadanos.

4.3. Hay que reclamar valores humanos, frente a la idea de que los riesgos de vivir en sociedad han de afrontarse de manera individual. Apostamos por la solidaridad como base del progreso y por combatir las desigualdades, por encima de los intereses de las minorías codiciosas y usureras. Buscamos poner énfasis en los valores que pueden sustentar la construcción europea, tomando distancias del neoliberalismo y del revestimiento ideológico que proporciona para la defensa de intereses individuales.

4.4. Necesitamos una sociedad civil más participativa y solidaria, que exija a los políticos el cumplimiento de sus promesas, que evite la endogamia de los partidos políticos. Reclamamos que el Parlamento Europeo participe en la construcción de Otra Europa, no solo con votaciones simbólicas y recomendaciones de carácter no vinculante.

4.5. Buscamos un debate que convierta la economía en economía nuestra, no en la economía de otros. Que convierta la economía en un instrumento en favor del bienestar de la mayoría y no en beneficio de una minoría. Proponemos un debate que exija al BCE y a las instituciones comunes unas políticas distintas. El debate no puede centrarse solo en las instituciones de la UE, sino en la Europa real y la Europa posible: en la Otra Europa.

Pensamos que las reformas de los sistemas fiscales y de los símbolos más visibles de la integración europea, como el BCE o los objetivos de facilitar la movilidad y la igualdad de oportunidades en Europa, pueden ayudar a la construcción de una Europa en la que las políticas públicas, incluidas las implementadas por la UE, contribuyan al bienestar. Otra economía es posible, lejos del paradigma de crecimiento económico y financiarización que hasta ahora ha prevalecido. Reclamamos un cambio radical que permita la construcción de Otra Europa. Exigimos un debate sobre estos temas.