Mujeres en los márgenes de la industrialización

Concha Denche Morón

Relatos compartidos de mujeres en el Villaverde industrial y en la Cuenca minera de Asturias

Las búsquedas comunes en el territorio, entre diferentes grupos de mujeres abordando el olvido y la falta de reconocimiento de la presencia de mujeres en el espacio industrial, propició bajo este título, un encuentro en la Nave Boetticher el día 22 de marzo y al calor del 8M.

Un ejercicio de recuperación de la memoria de nosotras mismas, imprescindible ahora en el tiempo de la construcción del paradigma mujer para rescatar de la invisibilidad su contribución y presencia ignorada en la industria. La perspectiva de género ha de ir sacando a la luz el papel de las mujeres allí donde ha estado oculto. Una visión necesariamente feminista entendida como la aplicación de principios democráticos, igualitarios, a las relaciones entre hombres y mujeres, del mundo laboral y de la participación en las luchas políticas y sindicales, que hemos de visibilizar dotándola de una narrativa propia.

Esta conversación fue un intercambio de experiencias frente a frente: un análisis de Villaverde, la periferia industrial madrileña, y un libro, Carboneras[1], recopilación de relatos protagonizados por mujeres en las minas de carbón en la Cuenca minera asturiana. Dos planos superpuestos, complementarios descubrían un ángulo de mirada que abre un camino de reflexión.

El descubrimiento mutuo de dos periferias que desvela similitudes: dos espacios de trabajo estratégicos que sustentan el Desarrollo español ya en la postguerra, y abarcan desde la extracción de la materia prima para activar el motor de la máquina de acumulación del capitalismo industrial, hasta la gran empresa concentrada del sur que consumía el 50,4% de la energía motriz del total de la ciudad de Madrid. Ambos, territorios subsidiados al servicio de otros territorios. Espacios con identidad del mestizaje que conlleva la emigración y unas condiciones de vida extremas en términos de explotación laboral y ambientalmente insalubres, nocivos, peligrosos. Y las sensaciones compartidas, la neblina espesa de los humos de las chimeneas, el olor del hierro, las sirenas. Y las enfermedades asociadas.

Presentación en la Nave Boetticher

El rol de la mujer trabajadora en la industria ha sido difuso. La mujer no es un sujeto no se reconoce el trabajo que hace, aparece como una especie de acompañamiento. Prevalece una mentalidad que considera que las mujeres quitan puestos de trabajo a los hombres. Su acreditada presencia en el proceso de manufactura siderúrgica y su valor en el proceso productivo se vincula a trabajos inferiores (limpieza, comedores o auxiliares en oficinas). Un sujeto invisible en un entorno masculinizado, un submundo dentro del mundo laboral de los trabajadores.

Las distintas invisibilidades se solapan en planos: la de las trabajadoras de la industria, que durante el predominio de la metalurgia (fundiciones, acerías) las borraba. Ellas no tenían oficio para estar en naves y talleres y solo componían un escalafón secundario. En un segundo momento, llegan las cadenas de producción, Standard o Marconi, las petroquímicas, suponen una incorporación cuantitativamente importante de mujeres, que llegan a alcanzar puestos de cierta responsabilidad. La cifra de mujeres en el proceso productivo no se conoce ya que no se desagregan los datos de los trabajadores por sexo.

En el interior de las minas, por disposición de un viejo decreto de Primo de Rivera, estaba prohibido el trabajo de las mujeres (no podían ser picadoras) pero fuera, sí. Las tolvas volcaban el carbón extraído y  ellas seleccionaban, eran las carboneras. Expuestas a la aspiración de toneladas de polvo negro, como los mineros enfermaban de silicosis. Pero ellas eran la 7ª categoría (por detrás solo los niños, la 8ª). Los hombres cobraban 8 veces más que ellas.

Mujeres en los procesos de lucha. Apenas hay referencias a su participación en organizaciones y luchas sindicales de movilización por derechos sociales y salarios, pero ahí estuvieron, ignoradas. En la “huelgona” de 1962 fue muy importante su movilización y sus enfrentamientos con los esquiroles. Es muy reciente el intento de recuperación de luchas ejemplares protagonizadas por mujeres (INDUYCO, Rok o A Pontesa).

Las mujeres de los trabajadores. Un sujeto oculto en el que se acopla su intervención en el proceso de producción con ser el soporte del proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. Acompañan en las movilizaciones de las fábricas, gestionan los cuidados del hogar, los accidentes y enfermedades laborales y sustentan las huelgas (empeños, comprar fiado).

Subempleadas que mantienen a sus familias. La crisis de la desindustrialización supuso, en Villaverde una pérdida de 25.000 puestos de trabajo directos. En la Cuenca minera la cifra alcanza a ser 20.484. Un proceso de pérdida de trabajo y de la cultura de trabajo. Las mujeres serán decisivas para salvar la situación trabajando en precario, sin derechos, limpiando oficinas, casas, bancos, hostelería. Un hecho tan inadvertido como imprescindible, otro sacrificio silenciado.

En Villaverde tras el desmantelamiento aparece en el polígono industrial la prostitución, mujeres mercancía repartidas por calles según nacionalidad. Y se produce una invisibilidad inversa, ya que mientras ellas están en el escaparate, se invisibilizan los clientes. Pero con similar resultado: abandonadas al comercio sexual y el desamparo.

Durante decenios las mujeres en el paisaje industrial han soportado más cargas: más abusos y esfuerzos, menos oportunidades. Transitando por espacios inhóspitos, caminos intimidatorios. La conciliación no existía y fueron creando redes de ayuda mutua dentro del modelo familista. Había que comportarse como los hombres, el único patrón válido, para trabajar. Una intensidad más intensivista en la explotación laboral.

Aún hoy, en el polígono industrial con 11.000 trabajadores se desconoce el porcentaje de mujeres. Cuántas y dónde trabajan. Cualquier regeneración urbana en un espacio laboral ha de integrar que la construcción de los espacios sociales no es neutra y configura jerarquías, brechas y desigualdades de usos, segregación y huellas de marginalidad. Según confirman los diferentes estudios llevados a cabo por mujeres[2], básicamente, que evidencian la necesidad de incorporar la perspectiva de la mujer en los procesos comunitarios de planificación territorial[3]. La igualdad de derechos de las trabajadoras ha de materializarse en espacios habitables, seguros, inclusivos, adaptados a su presencia. Es necesario romper la normalidad de la ausencia de las mujeres y formular las exigencias específicas de género con voz propia.

Notas:

*Concha Denche Morón es socióloga (Plataforma Nave Boetticher).

[1] Carboneras. Aitana Castaño/Alfonso Zapico. Ed Pez de Plata

[2] Género y espacio industrial. PNB 2020

[3] Aproximación desde una perspectiva de género del área industrial y residencial de Marconi. PNB 2021