Conversación con Luis García Jambrina

El pasado 14 de abril, en la Universidad de Salamanca, se presentó el libro “La doble muerte de Unamuno” (publicado por Capitán Swing). El rector de la Universidad Ricardo Rivero y la directora de la Casa-Museo Unamuno, Ana Chaguaceda, junto a Luis García Jambrina y Manuel Menchón, hablaron de las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte del escritor.

Una indagación histórica que tiene su origen en la exitosa película/documental “Palabras para un fin del mundo” de Manuel Menchón, en la que se cuestiona la versión oficial de la muerte de Unamuno que durante décadas dio el régimen franquista, y en la que se sugiere la posibilidad de que fuera asesinado. Con Manuel Menchón tuvimos ocasión de conversar antes del estreno de su película, que además ha sido uno de los últimos grandes éxitos de taquilla (https://espacio-publico.com/entrevista-a-manuel-menchon-director-del-documental-palabras-para-un-fin-del-mundo).

Hoy lo hacemos con el escritor Luis García Jambrina, profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Además de escritor de éxito (es autor entre otras obras de la serie “Los manuscritos” cuyo protagonista es Fernando de Rojas), García Jambrina conoce muy bien la figura y la obra de Unamuno, ya que ha sido miembro de la Comisión Asesora de la Casa-Museo de Unamuno y es director de la revista “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”.

EC. Antes de entrar en faena, la primera pregunta se refiere a la génesis de este libro. ¿Cómo surgió su encuentro con Manuel Menchón y la idea de divulgar en forma de libro las dudas sobre la muerte de Unamuno?

LGJ. Nos conocimos hace poco más de un año en Madrid, en una mesa redonda sobre Unamuno y el incidente del 12 de octubre en el paraninfo. Por entonces él estaba preparando el documental “Palabras para un fin del mundo” y yo me interesé por su investigación. Como muchas de las cosas que Menchón había ido encontrando iban a quedarse en el tintero, pues no tenían cabida en la película, comenzó a plantearse la idea de hacer un libro con el fin de profundizar en esos materiales y ampliar un poco la investigación y ahí es donde entré yo.

Hace unos quince años yo había publicado en un libro un cuento sobre la muerte de Unamuno. Ese cuento luego se ha traducido y ha aparecido en alguna antología. En él parto de los recuerdos de una mujer que era casi una niña cuando murió Unamuno, del que era vecina. Y luego me quedé con las ganas de seguir indagando en ese asunto, que siempre me ha interesado. La idea es que el libro vaya más allá de lo expuesto en el documental, con un tono más reflexivo y una mayor argumentación. Es un libro escrito con rigor y documentación, pero también con pasión.

EC. Ustedes definen este libro como un “cruce de crónica y reflexión”.  Y dicen que lo que pretenden es crear un “contrarrelato”. Su objetivo  es desmontar y desenmascarar la versión oficial de la muerte de Unamuno, aunque tampoco pretenden ofrecer la verdad. ¿Cree que este suceso, como tanto otros de la historia, permanecerá en la oscuridad del misterio y que nunca se podrá saber la verdad completa?

LGJ. Es probable que nunca se pueda llegar hasta el final, como ha ocurrido con tantos casos. Pero al menos hemos intentado ir más allá de lo que hasta la fecha se había llegado en cuanto a la investigación de ese enigma y de todas las circunstancias que rodearon la muerte de Unamuno. Por otra parte, nuestro libro no pretende ser un punto de llegada, sino un punto de partida para posteriores investigaciones que ahonden más en el asunto, tal vez desde otras perspectivas.

EC. La figura de Unamuno es controvertida, ambigua. Defensor de la República al principio, pasó después a ser apoyado y utilizado contra la República por los sublevados encabezados por Franco. ¿Cree que el escritor fue consciente de esta utilización de su imagen?

LGJ. No era la primera vez que intentaban utilizar propagandísticamente a Unamuno. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del escritor e intelectual más importante de su tiempo y del más conocido y respetado fuera de España, un autor que siempre ha levantado pasiones. De modo que son muchos los que han pretendido que apoyara sus causas o que se han declarado discípulos suyos, sin serlo verdaderamente. Pero él nunca se dejó clasificar ni etiquetar. Era muy escurridizo. A veces se dejaba querer. Pero enseguida ponía las cosas en su sitio. Él siempre fue un solitario, libre e independiente. Los falangistas tenían un empeño especial en que él los apadrinara. Pero Unamuno no estaba ni con los “hunos” ni menos aún con los “hotros”, como él escribía.

EC. En el libro se habla de que la muerte de Unamuno de alguna manera era presentida por él, que temía por su vida. ¿De qué o de quién tenía miedo?

LGJ. Está claro que de los sublevados. Había precedentes inmediatos de cómo habían acabado algunos amigos y conocidos suyos, tanto en Salamanca como en otros sitios. Sabía, por ejemplo, lo que le había pasado a Lorca, una muerte que él lamentó mucho. Así que se esperaba que cualquier día los sublevados lo fusilarán a él. Si no lo hicieron fue porque no les convenía desde el punto de vista propagandístico; ya estaban un poco escarmentados con el caso de Lorca. Esto hizo que Unamuno se convirtiera en un problema, en una bomba de relojería que en cualquier momento podía estallar. De ahí que Unamuno estuviera convencido de que lo iban a asesinar en su propia casa. Eso lo vemos en varias cartas y escritos de los días y semanas previos a su muerte. Son comentarios estremecedores.

EC. El falangista Bartolomé Aragón fue la última persona que vio con vida a Unamuno. Fascista declarado y convencido, visitó al escritor en su casa la tarde del 31 de diciembre de 1936 y estaba con él cuando falleció. Háblenos de su contribución al relato de lo que ustedes llaman la versión oficial.

LGJ. La versión oficial se construye a partir de las declaraciones realizadas por Bartolomé Aragón desde la tarde misma en la que Unamuno falleció. Este relato se fue completando luego con nuevas declaraciones, aquí y allá, en las que añade algunos detalles que aumentan el dramatismo del momento o de las horas posteriores. Asimismo, se observan algunas lagunas, incoherencias y contradicciones. A esta versión oficial contribuyeron también algunos escritores y periodistas del entorno de la oficia de Prensa y Propaganda de los sublevados, dirigida en ese momento por Millán Astray. Este falso relato a fuerza de repetirlo se convirtió con el tiempo en una verdad que luego nadie ha intentado desmontar. Se trata, pues, de una gran operación propagandística, casi de manual. Nuestro libro pretende ser una especie de contrarrelato que desmonte y desenmascare esa versión oficial.

EC. Bartolomé Aragón fue impulsor de un “Auto de fe” en Huelva consistente en la quema de libros, práctica que lamentablemente se realizó en más puntos de España por parte de las fuerzas sublevadas y de los seguidores de Franco. Por el contrario, Unamuno es sabido, era amante de los libros y de la cultura. ¿Podían llevarse bien Aragón y Unamuno con prácticas e ideas tan antagónicas?

LGJ. El auto de fe tuvo lugar en Huelva el 29 de octubre de 1936. Se trata de una prueba más de que la relación entre ellos no podía ser de amistad ni de afinidad intelectual ni de maestro y discípulo, y dibuja con claridad el perfil de Bartolomé Aragón, totalmente contrario al de Unamuno. Lo más grave es que Aragón justificaba la quema de libros amparándose en el Quijote, concretamente en el célebre pasaje del Quijote en el que el cura y el barbero prenden fuego a una buena parte de la biblioteca del ingenioso hidalgo, lo que debió de escandalizar a don Miguel si es que llegó a enterarse de ello. Este episodio del auto de fe muestra muy bien la actitud de los sublevados hacia la literatura, el pensamiento y la cultura en general, por eso le hemos dedicado un capítulo en el libro, con abundantes testimonios.

EC. Es conocido el incidente que se produjo el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Ciudad Universitaria de Salamanca, pero ¿cómo fue la relación del escritor y el fundador de la Legión española?

LGJ. Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo. Y algo muy parecido cabe decir de don Miguel con respecto al fundador de la Legión, lo que había dado lugar a ciertas rencillas y desavenencias. De ahí que estuvieran condenados a enfrentarse, ya fuera por una cosa o por otra, en Salamanca en esos últimos meses de 1936. Ya algunos años antes del incidente del paraninfo, en el Ateneo de Madrid, Unamuno había llamado a los legionarios nada menos que «cortacabezas y hampones» y otras cosas más y eso era algo que el fundador de la Legión no había olvidado. Tampoco el 12 de octubre era la primera vez que Millán Astray arremetía públicamente contra los que él consideraba malos intelectuales o intelectuales traidores. Sus vidas pudieron haberse cruzado también en París en 1924.

Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo.

EC. Uno de los aspectos más controvertidos de la versión oficial de la muerte de Unamuno es el dictamen médico. Varias décadas después ustedes destacan las contradicciones y errores de este dictamen. ¿Nos puede hablar de las investigaciones que les han llevado a dudar de este informe médico oficial?

LGJ. En relación con las causas de la muerte de Unamuno hemos contado con el asesoramiento de Francisco Etxeberria Gabilondo, médico especialista en Medicina Legal y Forense, uno de los más prestigiosos y reconocidos de España, que tuvo la amabilidad y la generosidad de contestar por escrito a las preguntas que le formulamos sobre el caso en un cuestionario. Según figura en el acta de defunción de Unamuno, la causa inmediata de la muerte fue una hemorragia bulbar. Pero esto solo podía haberse dictaminado con certeza si Unamuno hubiera estado vivo cuando llegó el médico y lo examinó. Sin embargo, todas las declaraciones de testigos dan a entender que para entonces ya había fallecido. En ese caso, tal tipo de hemorragia solo podía haberse observado por medio de una autopsia. Pero esta no se llevó a cabo. Con lo que llegamos a un callejón sin salida. 

EC. Por último, ustedes hablan de que la muerte de Unamuno fue doble, primero su muerte física y después la utilización de su imagen, la apropiación de su persona por parte de un régimen con el que no comulgó. ¿Cree que es posible que se le haga justicia?

LGJ. Al margen de como muriera, lo más grave en el caso de Unamuno es lo que en el libro llamamos la muerte simbólica, que consiste en el secuestro, en primer lugar, de su cadáver y luego de su memoria, de su legado y de su figura y en el hecho de que los falangistas lo enterraran como un fascista, como uno de los suyos. Como consecuencia de todo ello, don Miguel quedó al final en una especie de purgatorio, considerado como un traidor por unos y por otros, lo que no quitaba para que los sublevados se sirvieran propagandísticamente de él en cuanto se les presentaba ocasión o escarnecieran su figura dándole, por ejemplo, su nombre a un campo de concentración de Madrid. La mejor justicia que se le puede hacer a Unamuno es la recuperación total de su memoria y el esclarecimiento de la verdad, sea la que sea. Como a él le gustaba decir: “primero la verdad que la paz”.

Notas:

*Crédito de la imagen: CRISTINA CANDEL.