En la isla de Lesvos (Grecia) se ha celebrado la reunión final del proyecto Erasmus Plus «Reconnecting Education With Homeless People«, cofinanciado por la Unión Europea, impulsado por la cooperativa social de trabajo RedTree Making Projects, en el que han participado organizaciones de Francia, Italia, Grecia y España, entre las que se encuentra la Fundación Espacio Público.
Es significativo que el escenario de esta última reunión haya sido Mitilene en Lesvos, una isla con aproximadamente 100.000 habitantes, que en 2015 acogió temporalmente a más de un millón de personas, migrantes y refugiadas, procedentes de Turquía, a donde habían llegado huyendo de la guerra en Siria.
Como en las anteriores reuniones, que se celebraron en Valencia y Firenze, participaron en esta reunión final del proyecto las organizaciones Smallcodes de Firenze (Italia), Greta Auvergne (Francia), In Situ (España) y Lesvos Solidarity (Grecia) anfitriona de este último encuentro.
Estas organizaciones son colectivos pequeños que realizan una labor de cercanía con grupos de personas jóvenes excluidas socialmente, sin hogar, para proporcionarles los medios didácticos y educativos para que puedan mejorar sus capacidades y facilitarles el acceso a un trabajo.
La realidad del sinhogarismo juvenil muestra que en los últimos tres años esta situación de exclusión social ha crecido, y lo sigue haciendo, de una manera alarmante, ya que la falta de un hogar constituye una de las manifestaciones más graves de la exclusión social en las sociedades contemporáneas.
Durante la reunión, el problema de la vivienda en toda Europa fue el centro de los debates, comprobándose que la falta de vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad social en Europa. Lo que comenzó como un problema de acceso para jóvenes y clases medias urbanas se ha transformado en una crisis estructural.
El hecho de que Europa sea una de las regiones más ricas del mundo no avala que todos sus habitantes tengan garantizados sus derechos democráticos, sociales y económicos. Y fue unánime la constatación de que cada vez más personas (especialmente jóvenes) encuentran enormes dificultades, muchas veces insalvables, para acceder a una vivienda estable.
Esto provoca que muchas de estas personas se hayan visto obligadas a vivir temporalmente en la calle.
Fue unánime la constatación de que entre las causas de esta falta de vivienda, la ausencia de políticas públicas es la primera razón de origen y crecimiento del problema, ya que dejar a la iniciativa privada la solución de un problema social tan grande, no ha hecho más que aumentarlo.
Efectivamente, la vivienda se ha convertido en una mercancía financiera con la que se opera con el fin de obtener ganancias. Este proceso de financiarización muestra que la vivienda ha pasado progresivamente de ser un bien de consumo duradero adquirido por hogares a convertirse también en un activo financiero global, un proceso en el que intervienen los flujos financieros internacionales y las valoraciones de la situación financiera global, la política monetaria de los Bancos Centrales o las estrategias de inversión patrimonial de fondos de inversión y fondos de pensiones.
Además, la escasez de oferta, se ha señalado por las instituciones europeas como uno de los principales factores que impulsan la crisis de la vivienda. Al no haber suficientes viviendas nuevas para satisfacer la demanda, los precios tienden a subir.
La turistificación ha irrumpido como factor muy importante en la escasez de casas para vivir. En las grandes ciudades convertidas en destinos turísticos, es donde ese fenómeno tiene más relevancia, ya que una gran parte de los alquileres de vivienda se realizan “a corto plazo” por lo que muchos habitantes de esas ciudades se han visto expulsados de sus hogares.
La transformación que está experimentando el modelo tradicional de familia, es otro factor a tener en cuenta, ya que las familias tienen cada vez menos descendencia y demandan más pisos de menor tamaño; por otro, los divorcios, el envejecimiento y los hábitos sociales hace que cada vez haya más hogares monoparentales, es decir, más personas viviendo solas. Se trata de un cambio estructural y lento, pero con un efecto muy importante.
Pero como hemos dicho más arriba, la falta de políticas públicas en materia de vivienda social y la mala distribución territorial de la vivienda existente son la causa principal del sinhogarismo en Europa.
Existen alternativas promovidas por organizaciones no gubernamentales, como la coalición de ONG liderada por la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que Trabajan con Personas sin Hogar (FEANTSA) o por Housing Europe, iniciativas mayoritariamente privadas o mixtas (público/privadas).
Las organizaciones participantes en este encuentro de clausura coincidieron también en que las personas jóvenes, las familias con bajos ingresos, los hogares monoparentales, las personas migrantes o con diversidad funcional están entre los colectivos más afectados.
Tanto Bruselas como Estrasburgo empiezan a reconocer el sinhogarismo no como un fenómeno individual propio de marginados sino como uno social conectado con la crisis de vivienda, su manifestación más extrema. Un fenómeno que está directamente asociado, de un lado, a problemas en el mercado de trabajo y, de otro, a la ausencia de viviendas asequibles. De tal forma que en la actualidad la vivienda en Europa y EE.UU. es uno de los principales indicadores de la desigualdad.
La reunión concluyó insistiendo en la necesidad de que se implementen políticas públicas que garanticen un derecho tan fundamental como el derecho a la vivienda, recogido en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.






