En la misma semana, veo el espectáculo Pundonor*, una excepcional muestra del mejor teatro que nos invita a revisitar Foucault, cuando tanta falta nos hace y se publica la noticia del boicot a una profesora** de la clase de un máster por su posicionamiento antiqueer, que despierta una encendida reacción de denuncia por el uso arbitrario de la política de la “cancelación” como forma de censura.

Vaya por delante: estoy fervientemente a favor de la libertad de cátedra, de expresión, del derecho a la discrepancia y en contra de toda imposición de pensamiento único.

Pero vuelvo a constatar que en casi todos los órdenes de la vida diferentes opiniones, creencias, lecturas, es habitual que cada enfoque opte o privilegie una idea o una interpretación de «la» verdad y lo exponga como incuestionable (una especie de tótem conceptual) refutando el argumento “contrario” aislándolo del conjunto de formulaciones y forzando el “lxs que no están conmigo, están contra mí”.

Las respuestas reivindicadoras de no tolerar la cancelación, quedan silenciadas cuando la damnificada no es “una de las nuestras”. De uno y otro lado. Nos revuelven las injusticias, cuando “nos” parecen injustas.

Otra vez Foucault nos recuerda que el poder no es algo que se tiene sino que se expresa en actos y bien sabemos que la Universidad es una de las instituciones donde los juegos del poder/saber se ejercitan con mayor virulencia dialéctica… Y que ha sido siempre un laboratorio de pruebas, donde se despliegan hipótesis, se refutan argumentos, cada departamento, profesor, doctorandx, opta por defender y criticar sus ideas en un laboratorio social que en muchos casos antecede a otras esferas públicas. Se cumple a rajatabla que «el poder está en todas partes y viene de todas partes», dependerá de a qué nos estemos refiriendo. Hace apenas unos meses una doctoranda decide cambiar de director de tesis por no estar de acuerdo con el planteamiento del enfoque que se le propone. Se pacta una codirección pero se la insta a mantenerlo, por protocolo. Él no se pronuncia y de facto se abstiene de toda participación ni corrección del material. No obstante, decide el día anterior a su entrega, que no está apta, contrariamente a la aprobación de la codirectora que había sido elegida por la doctoranda y otra codirectora, “cancelando” así la continuidad del proceso. Y procurando nuevamente que se incluyan referencias que respaldan su línea, no la de la redactora de la tesis. O sea, uno más entre los numerosos ejemplos de cancelaciones diversas, muchas desde el ejercicio de diferentes niveles y estrategias de poder. ¿Todas igualmente visibilizadas, criticadas, o refrendadas? No, indudablemente.

Fotografía de Pundonor del Teatro de La Abadía.

En mi propia experiencia, habiendo estudiado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, y finalizado en 1976 casi coincidiendo con el golpe militar, los debates, enfrentamientos, desautorizaciones y “cancelaciones” se manifestaban  entre otras modalidades en que entraban frecuentemente  a clase un grupito de alumnos de diferentes agrupaciones políticas estudiantiles contrarios a que se diera esa asignatura, o que estuviese a cargo de ese profesor o ayudante de Trabajos Prácticos (como se llamaban), o a infinidad de motivos y nos conminaban al resto a salir…y la clase quedaba cancelada y convertida en otra asamblea espontánea más. En ese momento (y con esa edad) nos parecía el colmo del anti-establishment.

Lamentablemente no podré llegar a saber qué pensarán de lo sucedido dentro de cincuenta años las alumnas que lo protagonizaron hace unos días,…

Foucault escribió sobre Vigilar y castigar en 1975 y desarrolló la idea del disciplinamiento como la forma de control propia de la época. La etapa universitaria es un entrenamiento privilegiado en diferentes formas de disciplina, algunas propias de la formalidad curricular y otras informales y de sometimiento/subordinación a diferentes estilos de poder, ligados tanto al mundo de las ideas como a las necesidades de pertenencia. Pero como “donde hay poder, hay resistencia” quiénes ocupan uno u otro lugar dependerá de nuestra lectura, que a su vez reproduce estos mismos mecanismos mentales.

Escribo esto desde el malestar que me produce la dificultad para encontrar canales de diálogo dentro del feminismo. Para salir del estancamiento del “y tú más y peor”, de las lecturas reduccionistas que como escribe Lakoff “cuando negamos un marco, evocamos el marco”.

Sería deseable que pudiésemos encarar y encarnar nuestro “lo personal es político” desde el saber que nuestras opciones ideológicas están teñidas de filias y fobias, no solamente de ideas producto de profundas reflexiones y mucho más frecuentemente de lo que deseáramos son estos deslices emocionales los que definen que sigamos uno u otro camino. Con retornos y dudas persistentes.

Para Edgard Morin el Yo es el acto de ocupación del sitio egocéntrico… no el de ninguna verdad y es desde allí donde juzgamos, cuestionamos, nos adherimos, sufrimos y gozamos.

Tal vez la única opción para salir del impasse sea lograr posicionarse en un lugar que la psicoanalista Jessica Benjamin llama de tercero moral que trata de superar el encapsulamiento en mi mismidad mediante el reconocimiento del hago y me hacen, sufrimos y hacemos sufrir. Considerar un espacio entre yo y la otra, y las otras, para legitimar las diferencias, y sentarnos a hablar. Buscar líneas de avance, comenzando por las cuestiones más abordables, enmarcado en un clima de búsqueda de acuerdos para seguir debatiendo. Elegir interlocutoras dialogantes. Dispuestas a escucharse. Llevo un par de años llamándolo tender puentes.

Nora Levinton Dolman es doctora en Psicología y psicoanalista, especialista en la psicoterapia con perspectiva de género, reflejada en su práctica docente y en numerosas publicaciones.

Notas:

*PUNDONOR
Andrea Garrote
Dirección: Rafael Spregelburd y Andrea Garrote
Producción: Carolina Stegmayer
La fotografía de portada es de la obra Pundonor del Teatro de La Abadía.

**Juana Gallego.

Del 16 de junio al 18 de julio en el Teatro Galileo tendrá lugar la primera edición del Festival Sala Joven, una cita que reúne once propuestas de creadores y creadoras menores de 35 años. El objetivo es que el público de hoy conozca a quienes serán protagonistas del teatro del futuro.

Los jóvenes toman la palabra en este Festival para hablar de feminismo, memoria, identidad o revisitar clásicos como La Gaviota o El Coloquio de los perros.

La actriz y dramaturga Karina Garantivá es la directora de esta muestra que pretende convertirse en un puente entre el público, la industria teatral y la creación más joven.

Compañía Mujer en obras. Fotografía de Luz Soria

“Los espectáculos que se incluyen en esta edición son solo una pequeña parte de todos los proyectos que están produciendo los creadores y creadoras jóvenes en Madrid, tenemos una auténtica explosión creativa que necesita impulso y reconocimiento para consolidarse”, explica Garantivá.

Títulos como Ahora que nos dejan hablar, Hoy es el día o Ese toro que no veíamos son un grito que pone sobre las tablas la invisibilidad que experimentan los jóvenes y la urgencia de llevar a los escenarios los temas y problemas que les preocupan.

«Creo que este Festival va a servir para desmontar algunos mitos sobre el teatro que interesa a la juventud. Existe el tópico de que en el teatro joven el texto no se valora porque les importa más el espectáculo en sí, nada más lejos de la realidad, la ambición de escribir textos teatrales, de revisar el pasado, de tocar los grandes temas y dialogar con los clásicos está presente en las nuevas generaciones. Así lo demuestran los trabajos de Olga Mínguez, Alberto Fonseca, Esther Berzal o Adrián Perea. Lo que sí tienen los días contados son los compartimentos estancos de la creación, la generación millenial del teatro se mueve con libertad entre todos géneros y disciplinas del teatro. Pasan de actuar a dirigir o de diseñar a producir con bastante naturalidad”, continúa diciendo Karina Garantivá.

La gaviota o los hijos. Fotografía de Jorge Rico

El Festival Sala Joven es una muestra plural que desmonta los mitos que intentan colectivizar a la juventud, cada persona joven es única y así lo demuestran estas obras en las que se incluyen espectáculos de todos los géneros y estilos. Uno de los estrenos más esperados será el de Victoria viene a cenar, de Olga Mínguez, que narra el encuentro de Clara Campoamor y Victoria Kent la noche anterior a la aprobación del sufragio femenino.

Pablo Quijano, clausurará el Festival con una versión libre del clásico de Chejov La Gaviota, junto a la artista malagueña La Dani y a la Compañía Traspasarte con su distopía Furbytale.

“Otro mito extendido es que las plataformas digitales acabarían con el interés de la juventud por el teatro, esto no se sostiene, los eventos en vivo son fundamentales para ellos, lo que si está claro es que estos nuevos formatos sirven para complementar la experiencia de asistir al teatro y las compañías cada vez reúnen más competencias para ofrecer contenidos complementarios para compartir principalmente a través de internet, afirma, por último la directora de la Muestra.

Más información:

https://galileoteatro.es/

https://www.teatrourgente.com/

info@teatrourgente.com

Siglo mío, bestia mía

Texto: Lola Blasco; Dirección: Marta Pazos. En el Centro Dramático Nacional.

Extrañamente, en esta obra todo aquello que parece digresión o abuso de la alegoría aparece natural ante los ojos del espectador. Puede que la razón se encuentre en una mezcla de violencia y delicadeza que empuja a los personajes a lo largo y ancho de un mar revuelto, lleno de cabezas, crisis y danza.

En el cruce entre los símbolos y el argumento nos encontramos con un barco en el que la protagonista, joven y alucinada, siempre viendo una ballena entre la bruma, conversa con un viejo marino al que solo interesan los nudos: son la mejor manera de vencer la tormenta, medir la velocidad de la nave y, además, aprendiendo a hacer nudos después se puede saber cómo deshacerlos.

Los personajes inician un viaje por el espacio íntimo de la protagonista y el periplo lleva al espectador por los diversos escenarios del mundo contemporáneo. Testigos de la revolución conservadora (el buzo, el caballero, armado de manguera y espada de Alejandro Magno), pateras que naufragan, las últimas palabras de Saddam Hussein… La ballena nos persigue a todos, podríamos pensar al final de la representación.

El espacio, una piscina sobre la que se prueba que no es posible caminar sobre las aguas, junto a las coreografías, intermedios musicales (Lola Blasco reúne lo cómico con lo melancólico), objetos extraños y un universo sonoro, lleno de luces y estrellas, que hacen presentir al espectador la bruma que se levanta tras el paso del barco que conduce a los personajes.

Siglo mío, bestia mía es la representación de una crisis personal que se retroalimenta de los espectáculos más espeluznantes del mundo contemporáneo, aquellos que son virales, que miramos embobados como si fueran un videoclip. La música que lo acompaña la hemos escuchado todos, pero a veces es necesario ir al teatro para volver a distinguirla entre tanto ruido. Eso es precisamente lo que otorga el texto de Lola Blasco. Música de cuchillos y alaridos. Al final, lo que queremos es ser mejores. Humildes y mejores.

La  figura de María Lejárraga, nacida un 28 de diciembre, es una de las máximas representantes del feminismo español.

María Lejárraga

María Lejárraga es el personaje principal de la obra de teatro En el nombre de María (https://www.delfoteatro.com/en-el-nombre-de-maria), que fue representada dentro de la celebración del Marzo Feminista en Chamberí en El Espacio de Igualdad María Zambrano.

La obra habla de la maestra, escritora, editora, traductora y activista política María de la O Lejárarraga García, que aunque tuvo una dilatada producción literaria, no llegó a firmar con su nombre ninguna de sus obras, apareciendo su marido Gregorio Martínez Sierra, como autor. Por razones, que, podríamos decir, son propias de los roles de género, –asignados e impuestos cultural y socialmente para la mujer y para el hombre–, donde la inferioridad intelectual de la mujer se da por descontada, ya que a hombres y mujeres se les atribuye socialmente tareas diferentes: la mujer en tareas de cuidados y labores domésticas y el hombre en un papel público e intelectual; Martínez Sierra era quien firmaba sus libros, desde los inicios de María Lejárraga como escritora.

Su paso por algunos países europeos, a raíz de una beca, le puso en contacto con ideas y luchas por el socialismo; así conoció algunos espacios propicios para la charla y el debate, que contrastaban con la realidad establecida para las mujeres en España y sus espacios totalmente limitados a los terrenos privados y domésticos.

Más que narrar aquí el contenido de la obra de teatro, quisiera dejar patente que reúne en poco más de una hora, no sólo la historia de María, sino un contexto, el español al inicio del siglo XX, en el que las mujeres tenían interiorizado (esto aún, no ha desaparecido) su papel de subalternidad al hombre, tanto en la vida pública, como en su actividad intelectual de escritoras. En María este papel fue evolucionando, hasta hacer un discurso y una práctica activista destinada a crear una conciencia en las mujeres, llegando a actuar y a comprometerse públicamente para lograr objetivos feministas, a pesar de que se había mantenido en la penumbra, sin duda por la relación amorosa con su marido.

Su figura como una de las máximas representantes del feminismo español, es indiscutible; así como es destacable su participación en algunos de los grandes ejes de los combates de las feministas del siglo XX: el derecho al voto, por la plena igualdad legal entre hombres y mujeres, por tener un papel público de incidencia social y política.

Es relevante el papel tanto de María, como de otras mujeres, durante el periodo de la II República, cuando llegó a ser diputada socialista y participó creando espacios donde las mujeres defendían valores feministas y republicanos, espacios también utilizados para actividades culturales.

En la obra, la música de piano en vivo no sólo ha servido como ambientación para las diferentes etapas personales e históricas de la vida de María, sino para reivindicar también, a otra de las mujeres olvidadas de nuestra historia de la música: María Rodrigo Bellido (coetánea de María Lejárarraga y con quien colaboró), pianista y compositora, importante del cambio de siglo XIX-XX, a quién se le atribuye la primera ópera española hecha por una mujer. En este contexto es de anotar que María Lejárarraga, escribió el libreto que daba argumento a la partitura de El amor brujo de Manuel de Falla, con quien tuvo una relación de colaboración y amistad. Realizó varios libretos musicales con otros músicos destacados de la época.

María Rodrigo Bellido

Es importante, que dentro del ámbito teatral, se restablezca el papel de muchas mujeres, que por su condición de género, han sido invisibilizadas en la historia; este ha sido el caso de En el nombre de María, que con un buen trabajo de investigación, tanto de la vida personal, como de la actividad política y de la obra literaria de María de la O Lejárarraga, pone de relieve su figura, y nos acerca a su trascendencia intelectual y como activista para lograr derechos básicos de la época.

El teatro como el cine, puede sacarnos de la zona de confort, para romper las barreras que nos rodean y lograr, que salgamos con una visión mucho más amplia, para conquistar nuevos horizontes…

ENTREVISTA CON CARLOTA SUBIRÓS

La dramaturga, directora teatral y traductora Carlota Subirós reivindica el feminismo como una revolución poliédrica, en constante evolución.

La actividad de Carlota Subirós (Barcelona, 1974) es imparable: escribe, dirige, da clases y lee, lee mucho. Todo ello la ha convertido en un referente de la dirección escénica teatral. Sus montajes atrapan el público. Seguramente porque trabaja con el tipo de textos que tienen la capacidad de transformar a quien los lee, textos capaces de plantear cuestiones incómodas.

El último montaje de Carlota Subirós ha sido GRRRLS!!! Manifestos feministes del segle XX y XXI, una pieza que reúne fragmentos de textos y manifiestos que forman parte del movimiento feminista (desde Virginia Woolf hasta la poeta Gloria Anzaldúa, entre otras muchas).

Para esta dramaturga, directora teatral y traductora que fundó con Oriol Broggi La Perla 29, el feminismo es una revolución poliédrica y en constante evolución. Una lucha que reivindica una “habitación propia», pero también “patios comunitarios”.

¿Cómo surgió la idea de construir GRRRLS!!! Manifestos feministes del segle XX y XXI?

Este proyecto nació hace tres años en el marco del Instituto de Humanidades, un centro de pensamiento y reflexión del CCCB que tiene una línea de trabajo muy activa en torno al feminismo. En 2016, para celebrar el cuarenta aniversario de las primeras ‘Jornades catalanes de la dona’ me propusieron hacer una lectura dramatizada de textos. Para mí fue un gran espacio de aprendizaje, y a pesar de tener recursos limitados fuimos más allá de lo que sería una lectura. El propio material nos desbordó. Buscábamos textos de los años 70 y encontramos manifiestos y textos anteriores, posteriores… Y ahora a raíz de la exposición Feminismes, me propusieron retomar aquello y yo dije que sí, pero ahora después de tres años y de la expansión del feminismo había que ir más allá. Ha sido muy bonito descubrir el legado de la generación anterior y ahora que el feminismo está muy potenciado pienso que es bueno recoger textos tan contrastados.

http://www.laplaneta.cat/ca/programacio/c/1116-grrrls.html

¿Qué reflexiones le han surgido después de haber llevado a escena todos estos discursos feministas?

Como que los materiales no provienen del territorio escénico o teatral y son textos que tienen que ver con la trayectoria vital y profesional de unas mujeres de épocas y contextos muy diferentes, hay un posicionamiento específico en esta pieza que de alguna manera está un poco fuera del territorio dramático convencional. En cierto modo es un espacio de aprendizaje, es una toma de conciencia y una herramienta para afilar la mirada. Todas las luchas están conectadas, no puedes entender la lucha feminista si la desconectas de las luchas de clase o por temas raciales, económicos y sociales. Todas las formas de opresión están conectadas, por lo tanto todas las formas de respuesta lo tienen que estar. Y no lo había previsto, pero la mayoría de textos hablan de la necesidad de las mujeres de tener una voz propia, de poder tomar posición y tomar la palabra.

Las mujeres con poder de decisión tampoco se ven con frecuencia en el mundo del teatro, ¿verdad?

En esto no avanzamos, creo que es transversal. En el mundo del teatro, a pesar de que es evidente que el porcentaje de mujeres espectadoras es más alto, a pesar de que hay más mujeres que estudian y hacen teatro, la representatividad de las mujeres en las estructuras de poder y de decisión está descompensada hacia la otra parte.

Después de haber leído tantos textos relacionados con el feminismo y de recoger algunas de las dificultades de las mujeres que luchan por la causa, ¿cómo valora la salud de la libertad de expresión?

Vivimos tiempos muy complicados y muy duros. Una parte positiva de este contexto es que muchas cosas han salido a la luz, y mucha gente toma conciencia de cosas que quizás teníamos relativizadas y que de golpe se ven con mucha crudeza. Es evidente que existe un triunfo del cinismo en una esfera pública muy potente, y esto cuesta de creer y de digerir. Incluso cuesta saber cómo reaccionar y cómo luchar porque te sientes anonadada. Todos nos tenemos que afilar. Son tiempos de alta exigencia. Se ven venir panoramas muy oscuros y no solo en cuanto a la libertad expresión, sino también en cuanto a los derechos fundamentales; y no solo hablo de Catalunya, sino también de España y de todo el mundo.

Una habitación propia de Virginia Woolf es uno de sus referentes capitales, ¿qué otros destacaría?

Virginia Woolf es un referente fundamental. Y en este proceso de construir GRRRLS!!! he descubierto a la poeta Gloria Anzaldúa que tiene una reflexión preciosa en respuesta al feminismo blanco y burgués, que dice “escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social (···) Mientras lavas los pisos o la ropa escucha las palabras cantando en tu cuerpo”. Esto es una crítica pero también un homenaje y una superación de lo que decía la Woolf y es muy bonito ver como las voces y las diferentes procedencias enriquecen el discurso. Como por ejemplo lo de “Menos cuartos propios y más cuartos comunitarios” de la filósofa y escritora dominicana Yuderkis Espinosa. Vas encontrando un conjunto de ideas muy activas que te invitan a una lucha constante.

Virginia Woolf

¿Por eso considera que el feminismo es una revolución constante que puede transformar las cosas?

Rebecca hace un elogio del activismo. Es evidente que el cinismo y la violencia triunfan, pero no podemos hacer hincapié en esto porque tu experiencia vital sería muy oscura y estéril, pero, si lo adaptas a tu esfera, puedes conseguir cosas, aunque sean pequeñas, y mejor esto que nada. Esto lo dice Rebecca Solnit en Hope in the dark. La vivienda propia y la independencia económica todavía hoy están por garantizar. Lo que resulta esperanzador es la defensa de una manera de vivir.

Quizás hay quién piensa que el feminismo es una moda.

Cuando los discursos son tan genéricos es bueno que existan unas ideas claves y esenciales pero existe el peligro de simplificar, y todavía peor, de banalizar. El feminismo puede llegar a ser una moda o una poso y me parece importante reivindicar la riqueza y la diversidad de este movimiento, que tampoco sé cómo decirlo, porque la palabra se queda corta. Por eso es importante amplificar el discurso y conectarlo con muchos ámbitos del conocimiento.

¿En qué proyecto está trabajando?

Ahora tengo un proyecto enorme que me hace mucha ilusión. La adaptación del Cuaderno dorado de Doris Lessing. Lo estoy haciendo para el Teatre Lliure y se estrenará el 5 de marzo en la sala Fabià Puigserver. En el 2006 leí esta novela y me impactó profundamente y tengo un deseo brutal de transmitir lo que ella quería decirnos.

(Entrevista publicada en catalán en Públic).

Conversación con Marta Pazos, directora de escena

El próximo domingo, 10 de noviembre, se estrena en Santiago de Compostela la ópera A Amnesia de Clío, una producción de Voadora en coproducción con el Consorcio de Santiago–Real Filharmonía de Galicia, el Centro Dramático Galego y Amigos de la Ópera de Santiago, y que ha contado con la colaboración de diversas instituciones gallegas.

Una Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales 2017 ha hecho posible la realización de esta ópera. Compuesta por Fernando Buide, con libreto de Fernando Epelde y bajo la dirección musical de Paul Daniel, la dirección escénica está a cargo de Marta Pazos, con la que conversamos en Espacio Crítico.

Espacio Crítico (EC): No es fácil estrenar una ópera nueva, contemporánea, y menos una obra que tiene un marcado acento feminista. ¿Cómo lo habéis hecho posible? Prácticamente todo el equipo sois de Galicia ¿te has sentido como en casa?

Marta Pazos (MP): Hay mucho talento en Galicia. Sí, me he sentido como en casa. Lo decía el productor en la presentación: siento orgullo de que hayamos podido levantar un castillo como este aquí, una ópera de este tipo, enorme. Una ópera contemporánea es muy difícil de escribir, de estrenar, de poner en pie. Es importante apoyar este tipo de proyectos porque, claro que es fantástico poner en pie Aidas y ToscasCármenes y Otelo, etcétera, eso es muy necesario, pero es muy importante estrenar óperas nuevas que se representarán en el futuro. Y hacer así historia.

EC: La ópera se estrena el 10 de noviembre en Santiago, el mismo día de las elecciones. ¿No puede perjudicaros esta coincidencia?

MP: En absoluto. Ya tenemos el auditorio completo. Las entradas se agotaron en cuanto se pusieron a la venta. El Auditorio tiene un aforo para más de mil espectadores. Nosotros ya teníamos la fecha mucho antes de que se convocaran las elecciones. Pero a mí me parece una de esas coincidencias fabulosas, que una obra que habla de arte y política se estrene el mismo día que se celebran estas elecciones tan importantes.

EC: Clío es la musa de la historia y de la poesía épica. Fernando Buide explica que la trama arranca de una serie de personajes reales a partir de los cuales se construye una especie de distopía. El personaje femenino está inspirado en diferentes mujeres fuertes del siglo XX, que se convierten de alguna manera en Clío.

MP: Así es, pero tengo que matizar que  la idea de la ópera es de Fernando Epelde, él es el autor de la historia.

EC: Me comentaste este verano, la última vez que nos vimos, y también lo he leído en varias entrevistas tanto en prensa escrita como en la radio que habéis pensado en Cicciolina como personaje principal. ¿Es así?

MP: No, no es exactamente así. Esa fue la primera idea, pero por diversas circunstancias que no vienen al caso la hemos cambiado. El libreto es maravilloso, la composición es fantástica. Y está mal que yo lo diga, pero la puesta en escena es muy buena. Y hemos preferido que en este escenario Clío sea un personaje que es el compendio de muchas mujeres. Nos fuimos al germen y hemos reflejado en Clío a muchas mujeres que han sido irreverentes y han ocupado espacios que no les pertenecían. Mujeres a nivel mundial; tal como es ahora Clío, el personaje principal, la musa convertida en genio, la obra queda mucho más completa. La acción comienza en 2019 y anuncia un futuro distópico. Esta ópera ha sido una aventura vital, hemos aprendido mucho en todo el proceso de creación en el que llevamos años trabajando.

EC: También son sorprendentes los personajes antagonistas de Clío: George Bush hijo, Angela Merkel, la sargento estadounidense Leslie Zimmermann, que se convierten también en personajes casi de ficción. Pueden parecer personajes grotescos ¿Tiene algo de bufo esta ópera?

MP: Para mí no es nada bufa, en absoluto. Es un libreto muy cinematográfico, en mi opinión tiene más que ver con ese tipo de cine de intriga, de alta política, un poco shakespeariano, por qué no decirlo, de intrigas de palacio. Cicciolina era la guinda del pastel pero era un peso muy grande en el proyecto. Ahora es como si se hubiera retirado un velo. Ahora todo gira en torno a Clío, este personaje que es el reflejo de muchas mujeres. Creo que así queda más universalizado.

EC: ¿No te asusta el peligro de una empresa tan arriesgada?

MP: No me asusta en absoluto. Generalmente no tengo miedo cuando me meto en un proyecto. Si no no me metería en nada, no haría nada. Siempre tengo curiosidad y veo lo que puedo aprender. También llevo la escenografía. Para mí ha sido un trabajo muy complejo.

EC: ¿Cuánto tiempo lleváis trabajando en este proyecto?

MP: Dos años.

EC: ¿Hay una atmósfera de sexualidad en esta ópera?

MP: La sexualidad está latente: juegos de poder en el arte y la política. Y esto tiene que ver en mi opinión con el sexo. Hay mucho de seducción. Todo el mundo de la política es seducción, captación. En el trabajo con los solistas ha habido una labor en la que yo les he pedido que suban la temperatura del horno. Para mí, por ejemplo, esto ocurre con el trabajo de Sebastià Peris, el barítono; él hace el papel de un personaje deleznable pero hay que sacarle su parte magnética, su parte sensual. Tiene que haber algo de eso para reflejar el sexappeal de la política, y lo mismo pasa en el arte. Aquí es donde se ve reflejada toda la historia de las musas, cómo aparecen, cómo están colocadas, desnudas, en los museos.

EC: ¿Y Clío?

MP: El personaje de Clío es una mujer de 66 años. Me encanta que tenga esa edad. La soprano, Raquel Lojendio, es muchísimo más joven, pero hemos trabajado esa sensualidad desde un lugar en el que ya ha pasado de todo. Hemos construido un personaje muy magnético. Ella está soberbia porque además hemos tenido la suerte de trabajar como se hacía hace muchos años, cuando sabías para qué soprano ibas a componer. La partitura está compuesta para Raquel. El movimiento de escena está hecho para ella, conociendo yo sus características y virtudes. Por ejemplo, ella tiene formación de ballet clásico y le hemos hecho una escena de puntas. No sé qué soprano interpretará este papel en el futuro pero en esta ópera el traje  ha quedado brillante porque está hecho para ella, a su medida. Lo mismo ocurre con Marina Pardo (Leslie Zimerman), que es un personaje real. Es una soldado que aparece en un mural pintado por G. Bush y aparece en internet contando su experiencia en la guerra de Iraq. Cuando ella vuelve, se ve desde una perspectiva femenina todo ese legado que nos recuerda a los soldados volviendo de Vietnam. Una mujer que era madre, que se fue a Iraq y cómo vuelve; toda esa historia posterior de los veteranos. Marina Pardo hace una recreación de la historia de esa veterana, que es un personaje real, y en una puesta en escena que también es pictórica. Yo soy muy técnica como directora, hago un control corporal muy limpio. Tiene que trabajar muchísimo la contención, la emoción. La clave para mí es también el trabajo de la coreógrafa Rut Balbís con la que yo he trabajado muchos años y ha hecho un trabajo muy  bueno con ellos. No hay ni un solo movimiento gratuito, todo está medido, es como un cuadro. No es lo mismo que pongas la mano así o así. No hay puntada sin hilo. Es un trabajo de orfebrería.

EC: ¿Qué parte tiene el azar en el éxito de esta aventura-empresa?

MP: En mi vida artística lo tiene todo. Yo soy una persona que me siento muy conectada desde niña con las señales, con el azar. He aprendido a lo largo de los años a darle valor a las señales, a escucharlas. Trabajo no solo desde la racionalidad de la cabeza, sino todo lo contrario, cada vez voy desterrando más esto y conectándome con lo invisible. Lo utilizo en la escena. Por eso toda la casuística, el azar, las casualidades, las cosas mágicas también, que tienen un peso muy importante en mi obra. No sigo los cauces al uso. Pienso que la revolución también viene por ahí. Hay muchas cosas que se relacionan más con el universo femenino, y que muchas veces están relegadas a un ocultismo. Para mí la intuición es un ingrediente básico. Empecé en el año 99, llevo 20 años dirigiendo. Ahora trabajo desde la tranquilidad de que mi intuición tiene una validez. Ahora sé que las cosas que pasan, pasan por algo, por eso no tengo miedo, no me asusto.

De repente apareció la oportunidad de contratar a dos bailarines gemelos; eso era lo que necesitaba la puesta en escena. Una puesta en escena que habla todo el tiempo de dos mundos, de un paralelismo que es como un díptico de los cuadros que dialogan; esa es la puesta en escena. Y cuando aparece dos bailarines gemelos yo no me sorprendo, yo celebro. Y eso tiene que ver con mi propia situación dentro de este mundo. También observo el contexto: Clío es una musa artística y entra en el mundo de la política. Yo soy una directora que viene de la vanguardia española y se mete a dirigir ópera en un mundo, el de la lírica, en un contexto donde las estadísticas dicen que hay mucho trabajo por hacer, en un ámbito donde las Temporadas de Igualdad sí que tienen una gran labor por delante. Las directoras de ópera en España se pueden contar con los dedos de las manos.

EC: vais a Santiago, A Coruña y Ourense, después de Galicia, ¿tenéis pensado ir a más sitios?

MP: Sí, pero no lo voy a decir todavía.

Pues muchas gracias y te deseo mucha mierda, como decís en el teatro y la ópera.

Nuestro compañero, el dramaturgo Andrés Lima, miembro del Consejo Científico de la Fundación Espacio Público, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Teatro 2019. Desde aquí nuestras felicitaciones.

Reproducimos con este motivo, la entrevista que mantuvo con el periodista de Público Juan Losa.

Andrés Lima: ‘El franquismo ha calado en nuestros huesos y copa las instituciones’

JUAN LOSA @jotalosa

Galardonado con el Premio Nacional de Teatro, el dramaturgo nos recibe en su casa de Carabanchel desde donde reflexiona sobre la importancia de la memoria histórica, la capacidad de la ficción para abordar la realidad y la situación política actual.

Andrés Lima (Madrid, 1961) no rehúye una sola pregunta, incluso cuando estas rebasan su labor como dramaturgo. De larga trayectoria, ha llevado a cabo casi una veintena de trabajos para el Centro Dramático Nacional, el Teatro de la Abadía o el Teatro de la Zarzuela. Su capacidad para entender el tiempo presente con sus contradicciones y ansiedades, le ha ido convirtiendo en un referente de nuestras tablas y le ha valido el Premio Nacional de Teatro 2019

¿Qué preguntas busca a través de su teatro?

Hay algo en el teatro que te obliga a estar en contacto con el mundo en el que vives. Suelo atender primero a mi propia curiosidad sobre lo que me rodea y a partir de ahí empiezo a preguntar a los que conviven con esa realidad que quiero entender. Al final es como trazar una cosmogonía del tema que pretendes abordar, si quieres reflejar el mundo en el que vives e interpelar al público tienes que hacerlo a través de las preguntas que la gente se hace.

Si la realidad es cada día más compleja, ¿será el teatro cada vez más complejo?

No estoy muy seguro de que la realidad sea más compleja hoy día. La realidad lleva siendo jodida desde hace miles de años. Diría incluso que se ha simplificado, no en vano el capitalismo ha reducido a la idea de compra-venta casi todo, incluso el amor, el deseo o las aspiraciones. Hemos llegado, por ejemplo, a la aceptación de que la guerra es una manera natural de entendernos entre los pueblos, o de desentendernos. La democracia capitalista es cada vez más simplona, tiende a satisfacer los deseos más inmediatos sin apenas reflexión.

La tendencia nos dice que el teatro busca indagar en la realidad inmediata. ¿Por qué esa necesidad de contarnos en lugar de evadirnos?

Creo que hay mucha desazón en el ser humano, vivimos con una celeridad impuesta y hay una gran desigualdad entre clases y entre nuestras aspiraciones y la realidad que nos ha tocado. De un tiempo a esta parte, trabajando con los actores me he ido dando cuenta de que la palabra angustia está cada vez más presente, como si se tratara de un resorte provocado por el propio sistema.

Parece también que se ha renovado el público del teatro, ¿a qué cree que se debe?

Nuestra generación ha invertido mucho tiempo en hacer un teatro que fuera accesible a todo el mundo, y que además tratara con seriedad los temas que preocupan a la gente. Pero sobre todo yo creo que la clave es que el país se ha ido teatralizando, algo que va parejo al proceso culturización que ha experimentado esta sociedad en las últimas décadas.

El teatro ha hecho frente a la crisis mejor que otras disciplinas, ¿cuál es su secreto?

Los espectáculos en vivo siempre se van a mantener. La gente los necesita incluso en tiempos de crisis. Si te fijas en los últimos años la gente se ha apartado mucho de las salas de cine, prefieren ver las pelis en el ordenador. Algo parecido le ha pasado a la televisión; las plataformas se han ido llevando la tostada progresivamente. Pero el teatro, como los conciertos en directo, experimentan cierto auge. Digamos que se ha producido un repliegue hacia un consumo cultural más casero, pero el teatro y la música en vivo no se han resentido. 

A veces, aunque resulte paradójico, la ficción puede aportarnos más verdad que la realidad, ¿no cree?

Sin duda. Cuando lees un texto, hay algo en las palabras que carece de emoción, de tal modo que si un buen actor da con la emoción acertada, genera una situación que supera al texto. Alcanzar la verdad siempre ha sido una especie de obsesión dentro del mundo del arte, y es algo que va más allá de la mera representación de la realidad. Una determinada mirada sobre esa realidad, puede –aunque parezca paradójico– dotarle de una comprensión más profunda.

Foto: Jairo Vargas

En ‘El pan y la sal’ reflexionaba sobre la dignidad de las víctimas y la importancia de la memoria histórica. ¿Qué opinión le merece la inminente exhumación de los restos del dictador? 

Pienso que ya era hora. Pienso también que esta situación evidencia hasta qué punto el franquismo ha calado en nuestros huesos, creo que nuestro comportamiento tiene restos de franquismo todavía en la actualidad. Cuando eres niño, convives con la memoria de tus padres y abuelos, y esa memoria España todavía no la tiene solucionada. Te hablo de una brecha cultural, de la imposición de una moral determinada, de un nacional catolicismo que sigue haciendo mucho daño. Aunque fueras franquista, creo que sería de sanidad democrática apoyar que estuviera enterrado en un lugar privado.

¿Qué será lo próximo?, ¿terminaremos quemando parroquias?

Ese tipo de declaraciones me parecen un signo lamentable de cómo el franquismo no sólo están en nuestros huesos, sino que también copa las instituciones. Por no hablar del alcalde prefiriendo donar dinero a Notre-Dame en lugar de al Amazonas. Creo que comentarios así son propios de gente que no piensa, ni siquiera de gente malévola, simplemente es una cuestión de no pensar demasiado, lo que me parece bastante grave.

En cualquier caso, he de decir que la política cada vez me decepciona más. Ya no hay políticos de altura; gente que defienda unos ideales y luche por ellos aunque después los traicione. Ahora son meros altavoces de un partido, una contradicción democrática en toda regla. Dicen lo que dice el jefe, se han convertido en voceros de un líder, algo muy propio de la derecha pero que ya empieza a pasar también en la izquierda. 

Usted ha trabajado mucho en Catalunya, ¿qué puede hacer el teatro para estrechar lazos?

El teatro lo único que puede hacer es teatro, que no es poco. Siempre ha habido una cierta separación entre Madrid y Barcelona, pero de un tiempo a esta parte la situación ha mejorado. Yo he trabajado mucho allí, tengo grandes compañeros catalanistas que no han rehuido hacer teatro castellano.

La polarización actual me parece absurda. Yo particularmente no soy nacionalista, pero pienso que un pueblo tiene derecho a decidir por sí mismo y que es un a barbaridad que haya tanta gente en la cárcel tras el 1-O. No querer reconocer desde el nacionalismo español que allí hay un deseo y una voluntad cada vez más creciente de ser un pueblo independiente me parece absurdo. También es verdad que la clase que ha comandado este proceso es una clase privilegiada. Creo que con el tiempo se acabarán independizando, y lo cierto es que me da bastante pena, pero si la voluntad es creciente se hará.

¿Le ha pasado factura el procés?

A mí como dramaturgo no. Pero el teatro siempre se ha resentido de las fronteras. La creación de las Comunidades Autónomas, por ejemplo, no favoreció a las giras de las compañías teatrales. Los presupuestos, que antes eran más generales, pasaron como es normal a favorecer las lenguas propias de cada nación, y esto se notó mucho. 

¿Cómo representaría la situación política actual?

La tragedia contemporánea es de risa, creo que Valle-Inclán se adelantó mucho a su tiempo y que la representación patética de la política es una manera acertada de aproximarse a ella. Quizá por ello tienen tanto éxito los programas que abordan la actualidad política desde el humor, es difícil poder dar razones a algo tan descabellado como la política. Toda esta farsa tiene que ser representada a través de la sátira.