El mundo después de Trump: ¿Abocados a la barbarie? No tan rápido

  • Cristina Monge

    Cristina Monge

    Politóloga

  • José Luis Trasobares

    José Luis Trasobares

    Periodista

13.01.2026

Debate principal: Tras el vendaval trumpista

Una conversación entre José Luis Trasobares (periodista) y Cristina Monge (politóloga)

José Luis Trasobares: Cuando el gran cineasta Costa Gavras dijo que Trump es la personalidad que mejor define nuestra época daba a entender que el actual presidente norteamericano es a la vez el agente, el símbolo y el impulso estratégico de una nueva edad histórica. Después de él es muy probable, casi seguro, que las cosas, todas ellas, vayan a peor. Vivir en este planeta siempre fue peligroso para la mayoría de sus pobladores, a partir de ahora lo será más. Ya lo es.

Con Trump y su corte de tecnosátrapas se han acabado los disimulos, la hipocresía, las formalidades. La razón de la fuerza se impone sin rebozos, sin complejos, sin malas conciencias. Las operaciones encubiertas se descubren con brutal sinceridad. Las ejecuciones extrajudiciales se televisan y difunden desde fuentes gubernamentales. Se intimida a los adversarios y a los aliados, se amenaza con la retórica de los asesinos profesionales, se atacan naciones soberanas y se secuestra a sus presidentes, se expande el miedo. ¿Cómo podremos volver a la normalidad relativamente ordenada de finales de la Edad Contemporánea? ¿Cómo recuperar los canales diplomáticos, los organismos de ayuda internacional, las concesiones, aunque fuesen mínimas, al poder blando?

Cristina Monge: El día de hoy es éste, sin duda; pero el futuro no está escrito y dependerá de cómo el mundo interprete este nuevo escenario y sobre todo de cómo reaccione ante él. La pregunta que emerge es si después de Trump el trumpismo desaparecerá, o por el contrario pervivirá, habiendo echado raíces en la sociedad norteamericana y extendiéndose por todo Occidente, con lo que eso supone de impacto en la escena global. Si el camino es el segundo, la era de la Ilustración y el orden basado en reglas salido de la II Guerra Mundial habrá terminado, y habrá resultado ser un pequeño paréntesis, imperfecto y con múltiples contradicciones, pero un paréntesis en esa jungla que describes. El Leviatán volverá sin disimulo alguno. Ahora bien, ni la historia acabó cuando Fukuyama lo decretó, ni lo va a hacer ahora.

El escenario de un planeta dividido en áreas de influencia con la doctrina Monroe como inspiración favorece a unas élites; las que operan el tecnofeudalismo, los combustibles fósiles y se encuentran cómodas en esferas autoritarias. Perjudican, sin embargo, a otras, aquellas que salían beneficiadas del orden anterior con el poder financiero en cabeza, fuertemente arraigadas en la Unión Europea y en sectores que necesitan del comercio global. Por otro lado, los pueblos no tardarán en comprobar que las promesas de seguridad que les brindan los hombres fuertes no son sino una vuelta al pasado incapaz de solucionar los nuevos desafíos. La crisis climática se hace más notable conforme avanzan los años y sus efectos se ceban con los más débiles; las mujeres de buena parte del mundo ya no estamos dispuestas a ningún paso atrás, y la desigualdad es más indignante cuando se ha vivido en una sociedad que había conseguido reducirla en alguna medida. La clave, desde mi punto de vista, es si existe una alternativa que ofrecer que sea capaz de superar la hipocresía de ese orden que parece estar acabándose y que suponga un futuro capaz de aglutinar ilusiones y adhesiones, es decir, un futuro creíble al que se quiera llegar. Es clave activar el deseo y no olvidar que la política es un ejercicio de seducción. 

JLT: El porvenir no está escrito, de acuerdo. Podemos (y debemos) luchar para impedir la regresión, cierto. Sin embargo, Trump y sus imitadores, cómplices, lacayos y sucesores están cada vez mejor preparados para afrontar cualquier oposición. Creo que el trumpismo, toda esa ola neorreaccionaria que recorre el mundo imparable, es el efecto directo de una revolución tecnológica que avanza a velocidad uniformemente acelerada en manos de unas élites borrachas de codicia y afán de poder. En su retorno a una barbarie imperialista que refleja la brutal expansión occidental en el siglo XIX cuentan con inauditas máquinas de guerra. Sus aviones furtivos, sus drones autónomos capaces de ajustar objetivos mediante programas de inteligencia artificial, su control de las comunicaciones, su capacidad para vigilar y destruir alcanza cotas jamás conocidas.

Me preocupa la ruptura de las reglas que regían más o menos en la geoestrategia (aunque no evitaron ni la guerra de Vietnam, ni las brutales acciones del imperialismo soviético, ni el sometimiento de Latinoamérica a las dictaduras terroristas diseñadas por la CIA y el Departamento de Estado de los EE. UU.), pero me preocupa muchísimo más la temible eficiencia de lo que Soshana Zuboff denominó “capitalismo de la vigilancia”, ese complejo digital capaz de detectar nuestros intereses, emociones y deseos para manipularlos y dirigirlos a su antojo. Ese mecanismo, absolutamente privado y oculto, también podrá detectar los movimientos de oposición, las insurgencias pacíficas o no, los espacios críticos… Y neutralizarlos. Mientras, las izquierdas, desnortadas.     

CM: Esta visión supone asumir un determinismo tecnológico herencia del TINA neoliberal –there is no alternative-, como si estuviéramos abocados a un escenario distópico. Esto no sorprende si se tiene en cuenta que dedicamos la mayor parte de nuestra energía a pensar justamente en ellas, en las distopías, pero apenas nada en imaginar siquiera cómo salir de ésta. Gobernar la tecnología, recordar la soberanía de los estados para regularla, es una de las claves para convertirla en aliada y no en enemiga; urge debatir sobre qué queremos hacer con la tecnología y analizar la forma más eficaz de conseguirlo.

El Brasil de Lula le plantó cara a Facebook e Instagram y les impidió operar tras haber retirado los verificadores; desde mediados de 2024 existe una prohibición cautelar sobre el uso de datos de usuarios brasileños para entrenar modelos de inteligencia artificial; en septiembre de 2025 Lula sancionó una ley que regula el uso de internet para menores y prohíbe la exposición de niños con fines de lucro en plataformas como Facebook sin autorización judicial previa, y podríamos encontrar más ejemplos.

El propio Trump prohibió Tik Tok en EEUU… hasta que consiguió que China redujera su participación a menos del 20%, y el otro 80% fuera para empresas estadounidenses. No es cierto que la tecnología todo lo pueda, salte fronteras sin que nadie pueda hacer nada y sea imposible regularla. Desvelar estos falsos mantras es parte del trabajo que queda por delante. Urge poner de manifiesto que los escenarios colapsistas -en todos los sentidos- son sólo una posibilidad, pero no estamos abocados a ello. Los demócratas en general y la izquierda en particular está atravesando una crisis de imaginación política que le impide imaginar futuros deseables y ése es precisamente el camino seguro para la derrota. 

JLT: ¡Ojalá! Ojalá tengamos esa capacidad de embridar la revolución tecnológica y el retorno del autoritarismo para que no nos pasen por encima. El problema es que, hasta la fecha, mientras las actuaciones políticas positivas se producen (cuando se producen) a velocidad analógica, el desarrollo del entramado informático va a velocidad digital. Los hechos consumados se convierten en algo irreversible antes de que las instituciones democráticas puedan reaccionar. Por la misma regla de tres, mientras las izquierdas a escala planetaria se enzarzan en absurdas grescas conceptuales y en tristes peleas personalistas, la internacional negra, con Trump a la cabeza, gana terreno y conquista el espíritu de demasiados jóvenes y de muchos que no lo son.

En menos de un año al frente de Estados Unidos, Trump ha puesto el mundo patas arriba. Y aún había quienes, en vísperas de las últimas presidenciales de EEUU decían que qué más daba el ultrarrepublicano o Kamala, su antagonista demócrata. ¿Daba igual? Claro que no, pero los progresistas tendremos que espabilar y decidirnos a establecer alternativas de uso inmediato para afrontar lo que viene. Mientras haya entre nosotros gente aferrada al oportunismo sin ideología, capaz de venderse a los corruptores o afecta al principio de que cuanto peor, mejor… estamos jodidos.   

CM: Lo único que hoy creo que hay que descartar de forma inequívoca y urgente es quedarse impávidos, impávidas, viendo cómo el mundo transita hacia la enésima versión de la ley del más fuerte en un ejercicio de antipolítica que nos lleva a la selva, donde quien domina es el depredador alfa. Está bien preguntarse cómo será el mundo después de Trump, pero creo que hoy urge preguntarse cómo queremos que sea.

Estamos comprobando cómo las democracias liberales occidentales no tenían todas las defensas que se les suponían, cómo fueron incapaces de mantenerse o fortalecerse en la globalización neoliberal, cómo no consiguieron salir indemnes de la crisis del 2008 -hito especial en el ascenso del autoritarismo y cuya factura aún no sabemos del todo cuantificar-. Hoy plantar cara a Trump y a todas las versiones del trumpismo pasa por entender bien los malestares y descontentos, diagnosticarlos correctamente volviendo a dar centralidad a las cuestiones materiales, sin que eso suponga dejar de lado las postmateriales, y dar la respuesta adecuada en un ejercicio de imaginación política guiado por la honestidad intelectual de reconocer que andamos por terreno desconocido. 

JLT: Vale, vayamos a lo nuestro, imaginar un mundo mejor, y olvidemos el elefante en la habitación. Solo que el elefante está ahí, causando destrozos como no recordábamos. Y no hay un único paquidermo. Putin, Netanyahu, Milei y otros trompetean también muy ufanos. Y sus contrapartes, sean el chino Xi Jinping, gran señor del partido único y del hipercapitalismo de estado, o el iraní Jamenei, también participan en el juego de la geoestrategia sin reglas, de la fuerza como razón definitiva. 

En la Europa democrática hay desconcierto, temor y una notable incapacidad para asumir el desafío que supone Trump. ¿Que harán nuestros dirigentes si el presidente norteamericano se lanza, como viene amenazando, a por Groenlandia? ¿Cómo encararán el futuro inmediato, más allá de rezar a sus dioses para que de las elecciones de medio mandato, que se celebrarán en EEUU este mismo año 2026, el trumpismo salga vapuleado, herido y se agudicen sus contradicciones internas?

Mientras, aprestémonos a una pelea sucia y de resultado incierto. Porque estoy de acuerdo en que este partido hay que jugarlo hasta la agonía. No vamos a dejar que esa gente rara, amoral y de instintos criminales nos reduzca a la impotencia. Tal vez tengamos una oportunidad. Merece la pena intentarlo. 

CM: No se trata de obviar ningún elefante, sino de hacerlo visible y precisamente por eso, buscar alternativas. Sin olvidar la mayor: ningún análisis de la realidad debe pasar por alto que buena parte de este autoritarismo se erige sobre una economía dependiente de los combustibles fósiles, como bien saben Trump y Maduro. Las respuestas que hay que dar a este cambio de paradigma y a esta crisis de sentido deben enmarcarse dentro del terreno de juego que es el planeta, estableciendo la sostenibilidad ambiental como el marco en el que articular una nueva alianza para que el futuro se parezca lo máximo posible a lo que nos gustaría que fuera. Hay trabajo por delante, pero lo primero es saber dónde queremos llegar. En palabras de Séneca, «No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige».

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    Politóloga

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