El monstruo de las trumponomics: de entre la crisis de onda larga del capitalismo y las élites depredadoras por un mercado global hacia el estancamiento

  • Daniel Albarracín Sánchez

    Daniel Albarracín Sánchez

    Profesor del Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla. Economista y Sociólogo

27.01.2026

Debate principal: Tras el vendaval trumpista

El león acorralado es el más peligroso. Vuelta al Unilateralismo

La actual fase capitalista de crisis, coincide con el declive de la hegemonía estadounidense. La violencia de la nueva Administración Trump ha roto el marco sociohistórico de la globalización multilateral librecambista que regía desde los 90. El gobierno de EEUU trata de constituir unilateralmente, mediante la fuerza y el chantaje, nuevas reglas, con el objeto de conservar su poder imperial, ante el sorpasso de potencias emergentes, para afianzar su “espacio vital”. 

Podríamos remontarnos, sin embargo, más atrás de 2017 para encontrar las raíces de la nueva fase política unilateralista en EEUU, antesala del cambio paradigmático en las políticas ante una globalización que ha llegado a sus límites. Las medidas unilaterales no son rara avis en la historia del principal imperio militar de nuestra era. Este es un intento más 

Tras un primer mandato, Trump, representante del poder corporativo privado, grandes tecnológicas y grupos ultraconservadores autoritarios, ha vuelto al poder y puesto en marcha su programa de máximos, plasmado en su Estrategia de Seguridad Nacional, tanto contra el “enemigo interior” como contra sus adversarios extranjeros. En un mundo multipolar geopolíticamente tenso, EEUU persigue afianzar la hegemonía del dólar, ampliar el “espacio vital” del imperio económico y territorial yanki, socavar el desarrollo de enemigos históricos, y apropiarse de recursos de otros para su proyecto neoimperial y tecnoindustrial. 

EEUU, desde la caída del Telón de Acero y hasta ahora, era la economía que lideraba el mundo casi sin contestación. Sin embargo, al menos dos fenómenos amenazan, aunque sea a fuego lento, ese liderazgo. 

El primero, es la larga crisis de onda larga, que tuvo su inicio en los años 70 y se intensifica desde 2008. Atravesamos una etapa de acumulación débil, errática y contradictoria, con crisis más frecuentes y recuperaciones frágiles. Descartada la redistribución por las élites, la situación impide pactos sociales estabilizadores amplios. 

El segundo consiste en la ascendencia económica y geopolítica de China que, junto a otras economías y el propio gigante asiático, forman los BRICS. Los BRICS, con el 45% de la población mundial, representaban, en 2024, un 25% del comercio mundial en el PIB mundial nominal. Unos BRICS que avanzan en su colaboración, aunque con tensiones internas, con acuerdos que podrían deparar la formación de una nueva moneda de referencia internacional con el renminbi digital en su núcleo. Un polo emergente que, con todo, rivaliza con la vieja potencia, y que, no obstante, no proporciona una alternativa al capitalismo.

En este nuevo contexto, las élites estadounidenses operan agresivamente y a la desesperada, y tratan de detener el ascenso de China. Lo hacen de una manera que se les puede volver en contra, poniendo, además, en peligro existencial a la humanidad. De lo que se trata, para poder criticar y combatir ese proyecto, es de comprender su naturaleza.

Trump inauguró su mandato con un giro proteccionista. En el “Día de Liberación” proclamó una tabla de aranceles exorbitantes, que luego ha ajustado según la respuesta más o menos sumisa de sus competidores o, en su caso, cómo látigo político selectivo. 

Sus políticas, para los liberales bienpensantes, son la expresión de un delirio inexplicable. Pero tras su primer año de gobierno, la perplejidad debe dar lugar a la interpretación de la racionalidad de su proyecto y sus consecuencias. Este proyecto promovido por la ultraconservadora Heritage Foundation, plasma en su informe Project2025 la agenda al servicio de determinadas élites, encabezadas por el complejo industrial-militar y las grandes tecnológicas. El Estado abre las puertas a que ocupen directamente puestos de mando en el gobierno, aunque con tensiones internas en un difícil equilibrio entre las Big Tech, los halcones militaristas y Wall Street.

Se trata de un proyecto que da forma a una nueva generación de medidas estatales, favorables a las grandes corporaciones. Lo hace también, a su interno, con una política social xenófoba, supremacista y reaccionaria, con el objeto de afianzar los privilegios de una minoría de ultrarricos bajo ideologemas patrióticos, teocráticos, egoístas y agresivos. Refuerza así la jerarquía social, que, lejos de prometer más peldaños hacia arriba, en la escalera social crea nuevos hacia abajo, para disciplinar, atemorizar, segmentar y abaratar el empleo de la fuerza laboral. 

La economía política de las Trumponomics

Según Brenner y Riley (2024), en un contexto de estancamiento como el que nos afecta, las medidas de redistribución se tornan un juego de suma cero. De modo que los actores capitalistas se organizan para influir en las políticas públicas presionando a favor de políticas que les sean favorables, en contra de otros. 

Trump ha impulsado una formulación económica basada en el proteccionismo y la reindustrialización de EEUU. La política proteccionista trata de incentivar el regreso del capital a EEUU. 

Los aranceles han desempeñado el papel de amenaza y señuelo para una nueva jerarquía con EEUU como estrella central que negocia uno a uno con el resto, para doblegar y asentar reglas de vasallaje bilateral. Un movimiento de ajedrez ideado para algo más ambicioso.

Tiene ecos del Imperio Británico decimonónico, en una época donde el mundo está lleno y es más complejo. Ahora EEUU se encuentra en un mundo saturado, en un contexto en el que se ve superado, y en el que la fuerza militar se libera de diplomacias. 

La economía política de las trumpnomics persigue cuadrar tres cosas difícilmente compatibles: 

  1. depreciar significativamente el dólar, 
  2. conservar la hegemonía del dólar, y
  3. reducir los tipos de interés.

En 2025 el dólar ha perdido un valor de un 10% respecto a las principales divisas (Roberts, 2025). Esto puede reactivar en parte la re-relocalización del capital industrial en EEUU (sea estadounidense, alemán o japonés). Potencia la competitividad de sus exportaciones. No obstante, este movimiento también conspira en sentido contrario. Devalúa el valor del capital invertido en esa moneda. Con las crisis, al ser un país fuerte, el dólar solía apreciarse, a pesar de contar con una moneda fiduciaria. En esta ocasión, las inversiones están desviándose para acaparar oro, en máximos históricos, un activo-refugio aún más básico y seguro, que protege de la inflación que la política arancelaria causa. 

El valor del dólar no guarda correlación con la producción de su país, dado que depende de lógicas globales, las transacciones del petróleo nominadas en dicha divisa, o de la compra de bancos centrales para reposicionar sus monedas nacionales, entre otros factores. Con ello, EEUU puede financiar presupuestos, planes de inversión, su deuda y déficit comercial como ninguna otra economía. Por eso, la clave de bóveda para los intereses financieros estadounidenses es que el dólar siga siendo la divisa de referencia internacional. No puede admitir que el petróleo se pague en otra moneda. Recordemos que se libraron guerras, lideradas por EEUU, contra el Irak de Sadam Hussein, porque quería nominar los intercambios del petróleo en euros. También contra Gadafi porque quería impulsar el Dinar como moneda regional para parte de África. A Maduro le han secuestrado porque transaccionaba su petróleo en algo diferente al dólar. 

En tercer lugar, al equipo de Trump presiona hasta lo indecible al gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powel, para reducir los tipos de interés, en contra del mandato de control de la inflación. Finalmente, en 2025 bajaron del 4% al 3,75%. El nuevo gobernador que venga posiblemente los baje más.

Será difícil cuadrar el círculo. 

Primero, porque la política de re-relocalización empuja a la reapreciación del dólar. Segundo, porque si se deprecia erosiona la credibilidad de la moneda fiduciaria por antonomasia. Tercero, porque reducir los tipos de interés, abarata las inversiones internas, pero hacen menos atractivo al capital extranjero invertir en suelo estadounidense. Más aún en una feroz competencia global donde hay adversarios más eficientes y rentables, especialmente en países emergentes. De ahí el papel de la Ley “Grande y Hermosa”, como regalo a los ultrarricos y reclamo en forma de devaluación fiscal del capital, para retenerlo o atraerlo, y compensar el sentido de las otras medidas y sus consecuencias.

El proteccionismo sirve políticamente para disciplinar, pero esconde trampas importantes también para el propio capital estadounidense. El negocio del capital estadounidense transnacional depende fundamentalmente de los beneficios extraídos por sus inversiones en el extranjero. El déficit comercial, que pareciera obsesionar a Trump, es un asunto muy secundario para los intereses del capital estadounidense. Ese déficit comercial implica que otros países exportan más a EEUU que al contrario. Muchos bienes fabricados fuera vuelven a EEUU, o países intermedios con menores aranceles que China, para reexportarse a EEUU. La inversión industrial que se re-relocalice, no sabemos con qué alcance, proporcionará un rendimiento muy inferior a los beneficios internacionales de los grandes grupos multinacionales, que solo en una parte volverán, como planea, por ejemplo, Apple, para no verse sancionados por los aranceles y los contingentes que limitan el comercio.

Asimismo, una política de industrialización eficaz requiere una coordinación o política de planificación industrial ajena a la tradición neoliberal estadounidense. Aunque Trump, inspirado por China, está corrigiendo selectivamente esto en algunos sectores. El Estado reduce una décima parte de la función pública federal, con un gasto público que ha pasado del 39,4% con proyecciones al 35% a finales de 2025, incluyendo un cierre parcial y temporal del sector público, desprotegiendo socialmente a la población. Sin embargo, no renuncia a una intervención selectiva en relación con sectores estratégicos específicos. Aunque está lejos en sí de un capitalismo dirigido de Estado, como el chino, justificándose en razones de “seguridad nacional”, el Estado adquiere parcialmente empresas estratégicas (US Steel en el acero, MP Materials en defensa y tierras raras, Intel en chips…) o establece fórmulas de control de exportaciones (de NVIDIA y AMD, para la venta de chips a China a cambio de un 15% de ingresos).

Pero la cuadratura del círculo solo se completa si se crea empleo para sus votantes. Ahora bien, durante 2025 el empleo se estancó, según el Bureau of Labor Statistics estadounidense, con una tasa de paro del 4,3% en agosto, la más alta desde 2021. Debido a la automatización y digitalización, la porción dedicada por parte de la nueva inversión a la creación de empleo es cada vez menor en el sector industrial. 

Por último, la política proteccionista es una vía torpe para ganar competitividad. Pone palos en la rueda a los competidores. Pero sin una política de inversión, planificación, desarrollo de la ciencia e innovación no mejorará la eficiencia de su propia economía. ¿Quizá estamos ante la antesala para bajar los salarios reales e intensificar más aún el trabajo siendo estas las vía de la recuperación de la competitividad y de la tasa de ganancia en EEUU? 

El proteccionismo puede servir como fórmula punitiva de disciplinamiento. Pero sus consecuencias macroeconómicas son perjudiciales y desequilibrantes:

  • Dificulta las transacciones, encareciéndolas o impidiéndolas, generando escasez e inflación. 
  • Deteriora el poder adquisitivo o el valor del capital acreedor. 
  • Propicia respuestas recíprocas que reproducen el problema, con efectos netos negativos tanto para el que aplica la medida como para el que la recibe, con efectos boomerang frecuentes.

¿Qué hacer?

Se está rompiendo un régimen de acumulación capitalista e inaugurándose otro, mucho más devastador. La alternativa tiene que tomar en cuenta seriamente retos del siguiente calibre:

  • La agresividad inaudita de la Administración Trump, solo admite vasallos o enemigos, ya no hay opción para una alianza con su poder imperial en otros términos. Parece necesaria una alianza internacional que no priorice sus lazos con EEUU, y que de la mano al pueblo estadounidense contra la tiranía.
  • La OTAN no tiene sentido alguno, y tiene a su principal enemigo en su interior, amenazando no solo a Europa, poniéndola a sus pies, y busca apropiarse de Groenlandia. También está poniendo en peligro a la humanidad. Las soluciones no pueden realizarse por el militarismo ni la fuerza, sino en la cooperación.
  • La Unión Europea, cuyos orígenes responden a una iniciativa auspiciada por EEUU, no puede conservar una arquitectura económica que no propicia la convergencia real ni la democracia económica. La Europa que necesitamos requiere un proceso constituyente, acabar con sus Tratados que la reducen a un espacio de libertad de movimiento de capitales y mercancías bajo una moneda única sin soportes que solo beneficia a las grandes corporaciones, a las economías centroeuropeas, y que propicia la divergencia permanente. Las instituciones europeas deben mutar y reformarse de raíz, comprobar que sus miembros actúan de manera solidaria, responder a las necesidades sociales y los desafíos de la transición ecológica, y abrirse a otros pueblos, con alianzas abiertas y diversificadas. 

Urge la construcción de alianzas supranacionales solidarias que fortalezcan estructuras de cooperación mutuamente favorables, con arquitecturas económicas que integren y hagan converger en términos reales a los territorios y los pueblos. Hay que mirar con prioridad a América Latina, ahora amenazada. Las relaciones internacionales que se desarrollen no deben admitir subordinaciones a ningún imperio, sea en Occidente o en Oriente, ni menos a ninguna de sus oligarquías. El modelo no puede replicar el proteccionismo punitivo ni el librecambismo competitivo, que solo benefician a unas u otras élites, sino basarse en acuerdos de colaboración y complementariedad regulados para garantizar que los intercambios económicos y la producción se hagan sobre las bases de la solidaridad internacional y el respeto a la soberanía económica estratégica de cada pueblo (energética, alimentaria, medioambiental, de servicios públicos, laboral) con estándares de protección regulada más elevados, que sean el sustento de una democracia real.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • Daniel Albarracín Sánchez

    Profesor del Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla. Economista y Sociólogo

    El león acorralado es el más peligroso. Vuelta al Unilateralismo La actual fase capitalista de crisis, coincide con el declive de la hegemonía estadounidense. La violencia de la nueva Administración Trump ha roto el marco sociohistórico de la globalización multilateral librecambista que regía desde los 90. El gobierno de EEUU trata de constituir unilateralmente, mediante la fuerza y el chantaje, nuevas reglas, con el objeto de conservar su poder imperial, ante el sorpasso de potencias emergentes, para afianzar su “espacio vital”.  Podríamos remontarnos, sin embargo, más atrás de 2017 para encontrar las raíces de la nueva fase política unilateralista en EEUU,...
    - Seguir leyendo
  • No hay atajos

    22/01/2026

    Yayo Herrero

    Antropóloga ecofeminista

    En el libro Contra el autoritarismo de la libertad financiera, las pensadoras y activistas argentinas Verónica Gago y Luci Cavallero realizan, refiriéndose a Argentina, una reflexión que me parece generalizable al momento que atravesamos a escala global. Señalan que el sistema de gobernanza en la Argentina de Milei se apoya en tres vectores. El primero es la capacidad de destrucción. El segundo es la instauración de una política del shock que a golpe de decretos gubernamentales consolida esa destrucción. El tercero es la ostentación de una brutal crueldad que festeja y celebra de forma obscena los efectos de la destrucción....
    - Seguir leyendo
  • Ignacio Muro Benayas

    Director Fundación Espacio Público

    La ficción puede ser, a veces, la mejor forma de acercarse a la realidad-real. Trump y sus constantes espasmos geoestratégicos pueden considerarse el resultado de un guion distópico e irreal pero también la expresión de la cruda realidad que no queremos ver. Quizás lo que ocurre es que la sociedad actual esté tan mediatizada, tan acostumbrada a la ”realidad ficcionada”, que no le cabe en la cabeza que las posiciones de Trump son reales y forman parte de un plan meditado basado en causas objetivas. Habría que preguntarse si cierta “falsa conciencia” se ha adueñado durante décadas del pensamiento racional,...
    - Seguir leyendo
  • Eduardo Lucita

    Integrante del colectivo EDI – Economistas de Izquierda (Argentina)

    Nueva Estrategia de Seguridad Nacional una lectura desde el sur de Nuestra América Cuando todavía estaba fresca la tinta con que fue impresa la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU el presidente Donald Trump decidió aplicarla. El campo experimental fue Venezuela con los acontecimientos por todos conocidos que culminaron con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada y esposa Cilia Flores. La intervención militar estadounidense en Venezuela tiene un impacto global del que todavía no  alcanzamos a ver su total dimensión. El petróleo juega un papel importante como instrumento de negocios y poder, pero el nuevo orden...
    - Seguir leyendo
  • Cristina Monge

    Politóloga

    José Luis Trasobares

    Periodista

    Una conversación entre José Luis Trasobares (periodista) y Cristina Monge (politóloga) José Luis Trasobares: Cuando el gran cineasta Costa Gavras dijo que Trump es la personalidad que mejor define nuestra época daba a entender que el actual presidente norteamericano es a la vez el agente, el símbolo y el impulso estratégico de una nueva edad histórica. Después de él es muy probable, casi seguro, que las cosas, todas ellas, vayan a peor. Vivir en este planeta siempre fue peligroso para la mayoría de sus pobladores, a partir de ahora lo será más. Ya lo es. Con Trump y su corte de tecnosátrapas se han acabado los disimulos, la hipocresía, las formalidades. La razón de la fuerza se impone sin rebozos, sin complejos, sin malas conciencias. Las operaciones encubiertas se descubren con brutal sinceridad. Las ejecuciones extrajudiciales se televisan y difunden desde fuentes gubernamentales. Se intimida a los adversarios y a los aliados, se amenaza con la retórica de los asesinos profesionales, se atacan naciones soberanas y se secuestra a sus presidentes, se expande el miedo. ¿Cómo podremos volver a la normalidad relativamente ordenada de finales de la Edad Contemporánea? ¿Cómo recuperar los canales diplomáticos, los organismos de ayuda internacional, las concesiones,...
    - Seguir leyendo

¿Quiéres participar en este debate?

Ve al apartado 'Cómo participar' y revisa los pasos necesarios para poder intervenir en los debates abiertos.