¿Qué papel? ¿Para qué partido?

  • Joan Subirats

    Joan Subirats

    Catedrático UAB y Coordinador de Doctorado en el Institut de Govern i Polítiques Públiques (IGOB-UAB)

03.04.2014

Debate principal: Partidos, militantes y ciudadanos

En toda Europa los partidos políticos atraviesan un momento complicado. Hace muy poco tiempo, en Grecia, el PASOK tenía más del 40% de los votos. En los sondeos recientes se mueve entorno al 5 o 10%. En Italia, el éxito de la formación que encabeza Beppe Grillo, se explica precisamente por ser un no-partido. Entre nosotros, si atendemos a los datos que proporcionan las encuestas, los partidos están muy deslegitimados y muchos creen que la democracia podría funcionar sin unos partidos políticos que son muchas veces vistos como instrumentos de unos pocos. No creo que ello pueda circunscribirse sólo a los países de la Europa del Sur y a la particular fuerza con que el cambio de época y la crisis económico-financiera nos afecta. Ni en Francia (como se ha visto en las recientes elecciones municipales), ni en Gran Bretaña ni en Alemania parece observarse que siga incólume la “democracia de los partidos” que caracterizó los regímenes políticos del siglo XX. Los partidos están cada vez menos presentes en el tejido social, mantienen lazos débiles con sus electores y concentran sus esfuerzos en elecciones e instituciones. A su alrededor todo cambia. El resto de organizaciones van modificando estructuras, procesos y maneras de funcionar, pero los partidos han ido perdiendo peso social sin alterar formalmente sus maquinarias. Es cierto que las cosas van por barrios, y que no en todos los partidos las cosas se hacen igual. Pero, la deriva de los grandes partidos arrastra a los demás, por injusto que ello sea.

No es necesario recordar que en una democracia de masas, en la que formalmente todos tenemos derecho a decidir quiénes nos representan y quiénes, por tanto, deciden por nosotros, los partidos fueron necesariamente evolucionando. Y así, de ser agrupaciones de notables que canalizaban el voto y los intereses de los pocos que votaban, se convirtieron en máquinas electorales capaces de encuadrar y organizar grandes colectivos. Pero, a medida que la sociedad se ha ido fragmentando y diversificando, y a medida que cada quién viaja por la vida de manera más incierta y más aparentemente autónoma, las estructuras tradicionales de partido se han ido convirtiendo en más obsoletas, perdiendo funcionalidad y calidad representativa.

La actividad política va rompiendo fronteras, y diversifica espacios y protagonismo. Y eso es sin duda positivo. Vivimos en tiempos de producción compartida, de conocimiento compartido, pero simultáneamente padecemos la desposesión de recursos y capacidades que creíamos conquistadas de manera definitiva. Los partidos, las instituciones, van siendo vistas más como parte del problema que como parte de la solución. Pero, al mismo tiempo seguimos necesitando de partidos e instituciones para conseguir que lo que queramos y logremos modificar de manera positiva en la realidad adquiera condiciones de legalidad. Es decir, necesitamos que opiniones, tendencias e iniciativas sociales, acaben convirtiéndose en cambios en las normas, modifiquen la realidad. En otros países, la fuerza de los movimientos sociales, de las agrupaciones y entidades, consiguen canalizar e intermediar. Aquí, la PAH ha conseguido últimamente convertirse en interlocutora y canalizadora significativa de valores, propuestas e iniciativas. Y sin duda, su credibilidad es alta en la medida que se la ve con menos ataduras institucionales y expresa una mayor radicalidad democrática. Los partidos tratan de acercarse y seguir su estela, ya que precisamente están mermados de esos recursos. La CUP, en Cataluña, quiere combinar, no sin dificultades, incidencia, resistencia y disidencia, y en esa tensión lo que gana en un espacio puede perderlo en otro. Y algo parecido puede ocurrir con “Podemos” o “Partido X”. Pero, lo cierto es que la nueva política se juega en esos espacios intersticiales. Los partidos más tradicionales y convencionales, sabedores de sus rigideces, se refugian en la institucionalidad.

El problema de fondo es que los partidos, en su versión estándar, son organizaciones anacrónicas en relación a un modelo de democracia que ya no puede sólo limitarse a la versión exigua de representación y delegación. Pero, al mismo tiempo, resulta por ahora difícil imaginar que la emergente fuerza de los movimientos sociales, con toda su pluralidad, pueda generar el impacto deseado sin algún mecanismo de representación y mediación. El problema pues no estriba sólo en desembarazarse de los partidos, sino de encontrar los nuevos sujetos políticos necesarios, la nueva intermediación útil, para contribuir a tomar decisiones colectivas e impulsar transformaciones sociales en los escenarios del “finanzcapitalismo” postdemocrático. Pero, ello debería poder hacerse evitando que volvamos a caer en una nueva división del trabajo entre “movimientos sociales” y “sujetos políticos” como la que ya se produjo a inicios del siglo XX. De lo que se trata es de avanzar en formatos de gobierno colectivo en que evitemos la concentración de poder y donde se mantenga la capacidad de acción directa de todos.

El modelo clásico de partido tenía una cierta inspiración religiosa, como ya insinuó Gramsci, mezclando doctrina, rito y didactismo en relación a una población a instruir y a convencer. El interregno en el que estamos nos muestra transformaciones radicales en los medios de comunicación, más fragmentación y al mismo tiempo nuevas vías de articulación social, más énfasis en la autonomía personal, rechazo a liderazgos incontrolados y un conjunto de demandas políticas más imprevisibles y complejas. Al mismo tiempo, la gente está más preparada, surgen nuevas experiencias y hay mucho conocimiento accesible y compartido. Los partidos ya no son portadores privilegiados de soluciones y alternativas y no pueden seguir aspirando a monopolizar todo lo público. Deberían más bien ayudar a que se condensara y remezclara convenientemente ese conocimiento social con la capacidad de cambiar las cosas. Habilitar, experimentar y potenciar una democracia cognitiva ya existente, favoreciendo su expresión directa, realista y eficaz en marcos institucionales más abiertos, transparentes y flexibles. ¿Le tenemos que seguir llamando partido a ese sujeto político adaptado a la nueva y emergente realidad social?. No es ese el problema. Lo que es importante es que sepamos para que necesitamos tal plataforma y que su existencia no anule todo lo demás. Lo que no puede ser es que pensemos en un tipo de sociedad de conocimiento compartido, en que los valores, las formas de operar, la reivindicación de lo público como algo no forzosamente asimilable a lo institucional, o una mirada de la dinámica económica que no esté enraizada en confundir lo privado con la privación, nos lleve a una formas organizativas ajenas a ese ideario. Las opciones políticas que tomemos, deberían ser consistentes con el instrumental organizativo con que nos dotemos. Llámese o no partido.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • figuera

    Miembro de una comunidad intencional

    1. Lo más serio no es quién está "acaparando la reproducción" sino quién está acaparando el agotamiento y deterioro de los recursos naturales. Si el norteamericano medio consume 20 veces lo que el africano medio, aunque un africano tuviera 20 hijos no causaría más impacto que un gringo que tenga uno. 2. ¿Qué criterio propone usted adoptar para determinar cuán bien dotada es una familia? ¿Y para garantizar que las más dotadas tengan más hijos? 3. Que no hayan existido sociedades igualitarias en el mundo "civilizado" (pero sí en diversos pueblos nativos) no implica que la igualdad sea imposible o no...
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  • darwiniano

    profesor universitario jubilado

    En resumen, lo que dice mi comentario es que, desde la perspectiva biológica, el problema social tiene dos patas: producción y reproducción. Y- que yo sepa- dentro del socialismo histórico es el gobierno chino quien, por primera vez, ataca los dos problemas a la vez. En efecto, no parece justo demandar un reparto de la producción sin antes establecer un reparto de la reproducción. Esa tesis tesis vale para una nación y para la humanidad entera: No se puede estar acusando al mundo capitalista de acaparar la producción, sin decir al mismo tiempo que el tercer mundo...
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  • figuera

    Miembro de una comunidad intencional

    1. Mientras repartir equitativamente la producción es una buena respuesta al "problema social" (la dificultad consiste en hacerlo realmente, y no que una nueva élite burocrático-militar sustituya a la aristócrata-burguesa), aumentar la producción, aparte de los problemas medioambientales que genera, no impide de ningún modo que siga habiendo amplias capas de la población carentes de lo más básico. 2. Necesitaríamos una definición precisa de cuál es el "problema social". Ciertamente no afecta igualmente al ser humano que a otras especies animales, entre otras razones porque los "privilegios" en el mundo animal (por ejemplo los del "macho alfa") llevan aparejados...
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  • figuera

    Miembro de una comunidad intencional

    1. Mientras nos quedemos en la indignación y no progresemos hacia la definición y construcción de alternativas viables estaremos dentro de un fenómeno político solo reactivo, y lo que es tal vez peor, fácilmente manipulable... 2. La desaparición de los partidos políticos sería algo muy peligroso en el actual momento de evolución política (aún están muy lejos las utopías del fin del estado y de toda autoridad)... 3. Para que el pluralismo fuera garantía de calidad democrática serían necesarias dos condiciones que no se dan actualmente: que a la pluralidad de mensajes proclamados en busca del voto correspondiera una pluralidad de...
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  • Tomas Villasante

    Profesor Emérito UCM

    La unión hace la fuerza, la diversidad hace la creatividad transformadora. Los “grupos motores” de hoy parten de diversas posiciones ideológicas, pero han de respetar sus propias reglas: construcción colectiva de la acción y de las estrategias. Estos grupos suelen mezclar variadas adscripciones (de género, de edad, de culturas, de profesiones, ideologías, etc.) pero están en contra del sistema que identifican como opresor y actúan en situaciones concretas con su propia estrategia y creatividad. Por ejemplo, contra la dictadura franquista fueron las “comisiones obreras” clandestinas que se movían en las fábricas convocando asambleas o huelgas (antes de que fueran...
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  • En construcción

    15/04/2014

    Bartleby

    Traductor

    En lo que se refiere a participación política, podría incluirme dentro del grupo de los no-participantes, entre esos que pensaban que vivimos bajo una cierta ilusión democrática cuya característica principal es que te permiten votar antes de obedecer las órdenes, un sistema en el cual el elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros. Si, por una parte, los partidos políticos me parecían reducidos a maquinarias para la acumulación de poder, por otra, veía al militantismo y el activismo impregnados de un cierto olor a iglesia y poco dados a conciliar la aceptación y...
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  • Pedro Ibarra

    Fundación Betiko

    Un par de comentarios a una cuestión previa, por otro lado determinante, ¿es el 15-M, el movimiento de los indignados, un movimiento social? En principio se puede afirmar que nos hallamos ante un movimiento social. Recordar, en este sentido, que para así caracterizarlo no hay que fijarse en un momento o en una acción, sino en la cadena de procesos de momentos de reflexión, acción, organización, que acaban sedimentándose y cristalizándose en una organización con voluntad de permanencia. Con esta precisión previa, es evidente que es un movimiento social en cuanto que comparte la gran mayoría de los rasgos sustanciales,...
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  • darwiniano

    profesor universitario jubilado

    Me ha gustado el análisis que hace la ponencia de los profesores Pablo y Ariel. Aun así, considero que el debate político necesita clarificar conceptos básicos y abrirse a la perspectiva biológica. Como dice el polaco Kolakowski, el marxismo siempre ha considerado que, si un grupo social está mal, la culpa es de otro explotador y opresor. Para el marxismo el problema social se arregla repartiendo igualitariamente la producción. Por el contrario, el capitalismo, ya desde los tiempos de Comte (un "socialista aristocrático") considera que el problema social se resuelve aumentando la producción. Desde la perspectiva biológica ...
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  • Olga Abasolo

    Socióloga y feminista

    Agradezco la invitación a participar en este debate. El texto de partida abarca buena parte de las preocupaciones y reflexiones que están sobre la mesa cuando se trata de pensar, colectivamente, no solo en hacia dónde vamos, sino hacia dónde querríamos ir. Comparto además buena parte de lo que se expone. Empiezo por el final: “La encrucijada histórica reclama voluntad política y virtud cívica para activar nuevas hibridaciones entre formatos de representación y de participación ciudadana. Si los partidos quieren estar a la altura de los tiempos, deberían experimentarlas en sus propias carnes organizativas” porque ahí radica el mayor reto....
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  • […] organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas planteadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis … podrían tener respuesta, al menos […]
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  • Jorge Moruno

    Sociólogo

    La cuestión del partido una vez más, sigue provocando grandes dolores de cabeza y discusiones. Se puede optar por insistir en la fórmula del partido como la agencia encargada de ejecutar las aspiraciones de las masas, como el núcleo de la subjetividad vanguardista y actor privilegiado en el manejo de la información a la hora de comunicar hacia afuera y disciplinar. Se puede también, desechar la idea misma de su existencia en cualquiera de sus formas, compartiendo el mismo esquema del primer caso aunque desde la óptica opuesta, pues ambos ejemplos inciden en la posibilidad “escaparse” a esferas y...
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  • Antonio Antón

    Profesor Honorario de Sociología UAM

    Ciudadanía activa y clase política Antonio Antón Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid (Resumen) Existen tendencias sociales ambivalentes, muchas veces en el interior de las mismas personas y en proporciones diferentes. Por un lado, se han conformado corrientes sociales amplias, de fuerte contenido social y democrático, de indignación y rechazo a esta deriva regresiva y al déficit democrático de las instituciones y la clase política, demostrando la persistencia de una amplia cultura igualitaria y solidaria. Específicamente, se ha generado un nuevo ciclo de protesta social que denota la persistencia de una ciudadanía activa. Sin embargo, por otro lado, en...
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  • Leo Moscoso

    Sociólogo y politólogo

    «Un gruppo sociale può e anzi debe essere dirigente già prima di conquistare il potere governativo (è questa una delle condizioni principali per la stessa conquista del potere); dopo, quando esercita il potere e anche se lo tiene fortemente in pugno, diventa dominante ma deve continuare ad essere anche “dirigente” .» Antonio Gramsci, Quaderni del Carcere, vol 3, Turín: Einaudi, 1975, pp. 2010-11. El texto escrito por Jerez Novara y Sánchez León plantea muchos problemas de enorme importancia. Por razones de espacio, me limitaré a comentar sólo el primero de ellos. Lo haré con las seis observaciones que siguen. 1. Al principio, la...
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  • Piter

    Parado

    Me parece interesante el planteamiento realizado por los ponentes y en la medida que me permitan mis conocimientos, intentaré responder las cuestiones planteadas, con especial énfasis en un aspecto que, desde mi punto de vista, se plantea de manera incompleta. ¿Es la indignación un fenómeno político sólo reactivo? Desde mi punto de vista, la indignación se inició únicamente como movimiento reactivo como bien explicáis, si bien a lo largo de su historia se fue transformando en un elemento de toma de conciencia y posteriormente en un impulso propositivo, y creo que fue en este punto cuando comenzó la pérdida de fuerza...
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  • witelchus69

    parado

    Se nos viene incidiendo durante bastante tiempo del problema de la desafección de la clase política con respeto a los ciudadanos. ¿Realmente están los ciudadanos cabreados? O quizás no se daban por no aludidos, al creer y ser expresado en multitud de ocasiones, que la democracia no solo es ir a votar. Desde hace bastantes años en mi periplo por la empresa a la cual dedique muchos años de mi vida, y la cual sufrió la crisis, como una gran mayoría, siempre dije que uno tiene que ser responsable, critico y la vez eficiente, sin olvidar el compañerismo. Toda acción tiene una...
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  • María José Fariñas Dulce

    Catedrática Acreditada de Filosofía del Derecho. Subdirectora del Instituto de Estudios de Género. Universidad Carlos III de Madrid

    España, igual que la mayoría de países desindustrializados, atraviesa una profunda crisis institucional, debido a casos, a veces coyunturales, otras estructurales, de corrupción política en connivencia con el poder económico, al desgaste de algunas instituciones, a la desafección política y el derrumbe de la moral cívica vinculada a lo público, a la obsolescencia de leyes esenciales (Ley Electoral, leyes fiscales y la propia Constitución), a lagunas legales, como la de la Transparencia y Acceso a la Información Pública, que perpetúan la opacidad y el secreto en el funcionamiento de las administraciones públicas, así como a la persistencia de las...
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  • Andrés de Francisco

    La indignación es una emoción eminentemente moral y política. Su presupuesto es una exigencia de justicia. Y se expresa mediante la negación: “¡No hay derecho!” es su formulación más escueta. Pero la indignación no basta para la acción política. No se convierte automáticamente en lucha por el derecho. Pasar a la acción exige más cosas: esperanza, coraje, alegría, y, desde luego, rebeldía. Y más cosas… Los partidos, el sistema de representación, la cultura partidaria están en crisis. Pero los partidos y el gobierno representativo no van a desaparecer. Parte de la agenda de la izquierda debería centrarse en su regeneración....
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  • Manuel Garí

    Economista ecosocialista

    El documento “ponencia” tiene varias virtudes. Utiliza el método socrático de diálogo que nos exige reflexionar antes de polemizar, lo que dificulta el bloqueo del debate por campos de afinidad. “Coloca” las principales cuestiones -si bien no agotan todas las vertientes del problema que aborda- con una apertura que posibilita la existencia de diversas respuestas, lo que permite aplicar un criterio de evaluación de las mismas basado en su razonabilidad -tal como proponía Hans Gadamer- y nos vacuna del dogmatismo discursivo. Es ambicioso en sus objetivos teóricos y políticos, preñados de la voluntad de rendir utilidad a la acción...
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  • Jorge Riechmann

    Departamento de Filosofía de la UAM. Ecologistas en Acción Sierras

    Cuatrocientos veinte millones de gorriones en España, cuenta Juantxo López de Uralde. Pero se están extinguiendo lentamente… Cada año su población disminuye en un millón aproximadamente. “Sepulcros blanqueados” es la imagen bíblica para la hipocresía. “Esqueletos blanqueados” es la imagen contemporánea del ecocidio en mares tropicales como el Caribe: los esqueletos blancos de los corales muertos… “Haz un gesto a favor del medio ambiente”, nos dice este sistema que podemos llamar Juggernaut… Por ejemplo, un “gran apagón global en defensa del planeta” (el 29 de marzo pasado, por ejemplo). Acciones simbólicas para compensar la falta de transformaciones reales: ya nos enseñó...
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  • Javier Ramos

    Investigador en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y miembro de Líneas Rojas

    La creciente tensión entre Capitalismo y Democracia, especialmente perceptible en las economías más empobrecidas por la crisis, no sólo produce indignación, también dota de sentido político a lo que en otro tiempo no pasaba de ser una explosión de rabia pasajera. Si las Marchas de la Dignidad son el primer esbozo de esta indignación organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas plantadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis de Representación”) podrían tener respuesta, al menos tentativa. La diversidad de grupos y banderas visibles en las...
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  • Joan Subirats

    Catedrático UAB y Coordinador de Doctorado en el Institut de Govern i Polítiques Públiques (IGOB-UAB)

    En toda Europa los partidos políticos atraviesan un momento complicado. Hace muy poco tiempo, en Grecia, el PASOK tenía más del 40% de los votos. En los sondeos recientes se mueve entorno al 5 o 10%. En Italia, el éxito de la formación que encabeza Beppe Grillo, se explica precisamente por ser un no-partido. Entre nosotros, si atendemos a los datos que proporcionan las encuestas, los partidos están muy deslegitimados y muchos creen que la democracia podría funcionar sin unos partidos políticos que son muchas veces vistos como instrumentos de unos pocos. No creo que ello pueda circunscribirse ...
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  • Javier Franzé

    Profesor de Teoría Política

    Me ha parecido muy sugerente en el texto la idea de un nuevo “pacto social de participación”. Porque prioriza el cuidado de la legitimidad las fuerzas de izquierda sobre la pura unidad aritmética y electoral de las mismas. También porque apela a la emoción política y a la capacidad de soñar como elementos clave para esa movilización. ¿Cuándo y cómo se deterioró la capacidad movilizadora de la izquierda? Se puede pensar que cuando la socialdemocracia alemana abandonó el marxismo en 1959 —marcando el camino a otros partidos, como hizo el PSOE en 1979— y...
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  • Marisa Revilla Blanco

    Profesora Titular Sociología. Universidad Complutense de Madrid.

    Respondo a la invitación al debate propuesta con el texto Partidos, militantes y ciudadanos en la crisis de representación, abordando tan solo alguna de las diversas cuestiones que plantea y colocando el foco en la, para mí, necesaria consideración de la ciudadanía (plural, diversa) como sujeto de la política. Este es el primer punto que yo introduciría en el debate: el sujeto de la política democrática no son los partidos políticos, mucho menos sus líderes. Ambos son solo cauces para la participación política de la ciudadanía. El olvido de este principio está en el origen de la patrimonialización de los...
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