Conversamos con Ángel Luis Lara 

Doctor en Sociología y guionista, Ángel Luis Lara es profesor de Estudios Culturales en la State University of New York (SUNY). Sociólogo e investigador social, guionista… posee un currículo tan amplio que hemos preferido publicarlo al final de esta conversación. Recientemente ha estado en España donde ha participado, en Granada, en el  Taller de Capacitación en Socioanálisis Narrativo y Etnografía creativa a  través de las Historias.

Con este motivo Espacio Público tenemos hoy la oportunidad de conversar con él.

En primer lugar, le damos las gracias por dedicarnos una parte de su tiempo. Antes que nada, podría explicarnos qué es eso del socioanálisis narrativo.

El socioanálisis narrativo es una propuesta metodológica en el ámbito de la investigación social y la práctica comunitaria que se articula a partir de situaciones grupales que colocan en el centro de su hacer las capacidades narrativas y fabuladoras, muchas veces olvidadas, que tenemos las personas. A partir de una práctica que erosiona la diferencia entre un sujeto investigador y un objeto investigado, el socioanálisis narrativo conforma colectivos de investigación-intervención con un horizonte transformador. Conjugando y rescatando saberes narrativos, realizamos ejercicios de autoanálisis grupal y diagnósticos situados que nos sirven para construir tejido comunitario. De este modo activamos procesos que generan conocimiento crítico sobre lo real, al tiempo que inventamos instrumentos de intervención y comunicación a través de los lenguajes de las ficciones.

En cualquier caso, el nombre “socioanálisis narrativo” no es nuestro, fue propuesto por el colectivo italiano Sensibili alle Foglie, que lleva años trabajando con este tipo de dinámicas. Igualmente, la propuesta socioanalítica no es nueva: nació en Francia en los años sesenta del pasado siglo ligada a ese laboratorio de prácticas sociales que fue el mayo del 68,  en torno a investigadores-activistas como George Lapassade, René Loureau o Félix Guattari. En nuestro país, el sociólogo Jesús Ibáñez realizó una labor de profundización metodológica y teórica muy importante en los años ochenta, al igual que Tomás Rodríguez Villasante y otros investigadores e investigadoras, quienes recogieron todo ese archipiélago de claves para la investigación-acción transformadora en una caja de herramientas abierta llamada “sociopraxis”.

Tenemos que felicitarnos de que la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Complutense de Madrid, muchas veces a pesar de la propia universidad, haya funcionado como uno de los epicentros mundiales de este tipo de propuestas en el ámbito de las ciencias sociales.

¿En qué campos es útil esta herramienta? ¿Podemos decir que se trata de otra forma de investigación en el campo de las ciencias sociales?

Dada la familiaridad con las series de televisión que presenta un porcentaje cada vez mayor de la población, así como el enorme peso de estos mundos de ficción en los imaginarios y en el curso de la vida cotidiana, en nuestra práctica socioanalítica llevamos varios años trabajando sobre todo con los códigos propios de las ficciones mediáticas seriales. Cuando usamos estos códigos para articular tejido social o para construir conocimiento e intervención junto a movimientos y colectivos sociales lo llamamos socioanálisis narrativo. Por el contrario, cuando utilizamos las ficciones para comunicar investigaciones realizadas desde la academia con un lenguaje no académico que juega con los modos de contar propios de las series de ficción lo llamamos etnografía creativa a través de las historias.

Ambos prismas abren campos de intervención: en el primer caso, las investigadoras trabajamos con gentes y colectivos no familiarizados con la investigación social, mientras que en el segundo caso las investigadoras tratamos de que nuestras investigaciones trasciendan el corto alcance social que normalmente presenta la actividad académica, entre otras cosas debido a la jerga y a los formatos en los que ésta suele expresarse. Comunicando nuestras investigaciones a través de los lenguajes de las ficciones seriales, consumidas masivamente en nuestros días, tratamos de hacerlas llegar a la gente, al tiempo que desarrollamos procesos de alfabetización mediática, intentando estimular posiciones críticas acerca de los lenguajes y los productos mediáticos que consumimos.

¿Las radionovelas, series televisivas, teatro social son las modalidades narrativas de esta investigación o hay alguna más?

Hasta ahora no hemos trabajado con la dramaturgia y los lenguajes teatrales, sino que nos hemos propuesto explorar el uso de los modos de narrar de las series de ficción mediática a partir, sobre todo, de los códigos de la televisión y del podcast serial, así como de las formas más clásicas de la radionovela.

Usted es autor de Of Kites and Borders (Yolanda Pividal, 2013), definida como “una película única y esencial para comprender cómo las fronteras afectan la vida de la gente”. Este documental habla de la lucha diaria de ser niño al otro lado de la frontera con Estados Unidos. La historia es narrada por tres niños y una niña que trabajan en Tijuana. ¿Puede contarnos su experiencia concreta de socioanálisis narrativo en este caso?

En la construcción de la película Of Kites and Borders no empleamos el socionálisis narrativo, sino que nos movimos en las coordenadas tradicionales del oficio del guionista en el ámbito del cine documental. A continuación, le facilito la información de algunos de los proyectos más reseñables en los que hasta ahora hemos activado procesos socioanáliticos o hemos jugado con los lenguajes de las ficciones mediáticas para socializar los resultados de una investigación social de carácter convencional:

  • Una séptima mujer: políticas e infrapolíticas migrantes en la ciudad neoliberal (Nueva York). Una práctica de etnografía colaborativa y narrativa comunitaria desde el querer vivir. Proyecto de investigación que formó parte de la iniciativa “Procesos emergentes y agencias del común: praxis de la investigación social colaborativa y nuevas formas de subjetivación política. [Acrónimo: PEAC]”. Convocatoria 2014, modalidad 1: Proyectos de i+d, del Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Subprograma Estatal de Generación del Conocimiento. Ministerio de Economía y Competitividad; Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación; Gobierno de España. Referencia: CSO2014-56960-P.
  • Una experiencia de etnografía colaborativa junto al colectivo STOP Desahucios-15M de Granada. El proyecto se ha inscrito en el programa PEAC [CSO2014-56960-P] citado anteriormente, dirigido por investigadoras del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada. El resultado de este proyecto ha sido la radionovela “Ya no estás sola”, que fue presentada el pasado 11 de junio.
  • “Epistemologías feministas y activismos en salud: practicas, cuidados y saberes emergentes en contextos biomédicos”. Subprograma Retos, Plan Nacional de I+D+I, Ministerio de Educación y Ciencia de España. Entidades participantes: Universidad Complutense de Madrid, Universidad Rey Juan Carlos, CSIC, Universidad de Valencia, Hospital Universitario de Alcorcón, Media Lab Prado-Madrid y State University of New York. 1 de enero de 2017 / 31 de diciembre de 2020. Referencia: FEM2016-76797-R.

Algo que nos esperábamos cuando comenzamos a activar este tipo de dinámicas es que el socioanálisis narrativo abre también un espacio común de cuidados. Las mujeres latinoamericanas indocumentadas con las que hemos trabajado en Nueva York lo han llamado “terapearse”.

¿Qué importancia tiene explorar el hacer grupal con los lenguajes de las ficciones en series de televisión, radionovelas, podcasts, etc.?

En los proyectos que hemos desarrollado hasta la fecha hemos descubierto que se activan tres fenómenos combinados: procesos de análisis y diagnóstico crítico de los modos de vida en los que estamos insertos, dinámicas de politización de la existencia y experiencias de alfabetización mediática a partir del aprendizaje de las herramientas y los lenguajes propios de las ficciones televisivas y radiofónicas. Esta pauta alfabetizadora no solo nos hace pasar del papel de espectadores al de productores de historias, sino que nos regala una perspectiva útil para comprender el carácter sistémico de la mayoría de las ficciones mediáticas que consumimos en nuestra vida cotidiana.

Cuando trabajamos junto a colectivos y movimientos sociales, los procesos de socioanálisis sirven además para generar radionovelas o series de podcast con las que se comunican proyectos e iniciativas de intervención, así como se convoca a la participación o se denuncian situaciones locales. Algo que nos esperábamos cuando comenzamos a activar este tipo de dinámicas es que el socioanálisis narrativo abre también un espacio común de cuidados. Las mujeres latinoamericanas indocumentadas con las que hemos trabajado en Nueva York lo han llamado “terapearse”.

Casi todas las series de televisión están siendo producidas por grandes plataformas privadas: Netflix, HBO, Filmin…, ¿qué influencia cree que tienen en sus contenidos?

Antes sólo veíamos televisión en el televisor, ahora la cargamos en el bolsillo y la activamos en cualquier momento. El relato televisivo posee un carácter ubicuo: ha colonizado íntegramente nuestra existencia. En este contexto, la influencia de las series de televisión en nuestras vidas es enorme. Intervienen en el tejido de lo sensible, construyen sentido común, socializan formatos estéticos y modulan nuestras inclinaciones éticas. Lejos de expresar la vida, la representan. Como ocurre en toda forma de representación, aquello que resulta representado está siempre ausente. No por casualidad los políticos funcionan cada vez más a partir de los lenguajes de este tipo de ficciones: lo crucial no es lo verdadero, con toda la cautela con la que siempre conviene usar este término, sino lo verosímil.

El primero que lo entendió fue Ronald Reagan, quien empleó dichos lenguajes en su campaña electoral de 1981. Su alumno más aventajado ha sido Barack Obama: para materializar su histórica visita a Cuba en 2016 no puso como condición reunirse con los mandatarios políticos de la isla, sino que exigió formar parte de uno de los episodios de la serie más importante del primetime televisivo cubano: Vivir del cuento. La clave de la intervención política de Obama no fue su encuentro con Raúl Castro, sino su comunión con don Pánfilo, un personaje de ficción. Volodimir Zelenski ha rizado el rizo al saltar directamente de un mundo televisivo ficticio, la serie ucraniana Servidor del pueblo, a la presidencia de su país.

Las ficciones han sido siempre un campo de batalla. La industria mediática y la clase política nos las han privatizado. Los movimientos de matriz emancipadora deberían tomarse más en serio las series. Esos relatos mediáticos son mucho más que aparatos ideológicos o instrumentos propagandísticos: constituyen el mundo en el que vivimos. Necesitamos con urgencia producir una ecología de la comunicación social que nos capacite para construir laboratorios comunitarios que construyan y disparen series de ficción televisiva y podcast.

Fotografía de Paloma Candela Soto, 2023.

¿Qué experiencia le ha proporcionado este taller que acaba de realizarse en Granada?

En este caso, se trataba de una iniciativa promovida y organizada por el Grupo de Investigación Charles Babbage en Ciencias Sociales del Trabajo, de la Universidad Complutense de Madrid. Amén de algunas personas que provenían del activismo vecinal o de la práctica del Teatro del Oprimido, la mayor parte de la gente tenía en común la condición académica, entre docentes y estudiantes de máster y doctorado. Uno de los aprendizajes que me he llevado del taller ha sido, precisamente, la enorme dificultad que tenemos las personas que habitamos la academia para pensar y expresarnos a partir de otra razón que no sea la académica. Definitivamente, me ha quedado claro que la universidad funciona, entre otras cosas, como un aparato de erosión de la creatividad y de la inventiva.

Por otro lado, hemos vuelto a comprobar el entusiasmo grupal que despierta el trabajo con las historias y el rescate de nuestras capacidades fabuladoras, así como el aprendizaje crítico de las herramientas narrativas con las que la industria mediática fabrica las series que consumimos. En este tipo de encuentros entendemos el carácter eminentemente político de las historias. La humanidad las ha usado desde sus orígenes para hacer sentido del mundo, pues su utilidad ha sido siempre la de posibilitarnos un puente explicativo entre lo conocido y lo desconocido. Se trata de un común que, como otros, ha sido privatizado. Desde mediados del siglo pasado la industria mediática, con su epicentro en Hollywood, nos ha arrebatado nuestra capacidad para contarnos historias. Hubo un tiempo en que las historias nos las contaban nuestras abuelas o las construíamos colectivamente alrededor de un fuego, ahora las adquirimos en un mercado. Hemos sido desposeídos de una de las principales herramientas que teníamos para construir sentido en común.

Por último, ¿qué le parece La Casa de papel y qué serie nos recomienda?

La Casa de papel es un muy buen producto mediático: espectaculariza la vida y genera distancia con lo real. Como casi todas las narrativas de este tipo, posee una naturaleza perversa: presentándose como mundo aparentemente crítico, ofrece un relato realmente sistémico. Nos condena al papel de espectadores dentro y fuera del propio relato: los atracadores hacen, la gente común mira. Este tipo de historias nos entretienen al tiempo que nos despolitizan.

Una serie española que me resulta muy recomendable es Antidisturbios, dirigida por Rodrigo Sorogoyen y creada por él mismo y Belén Peña. De las últimas que he visto, sin duda recomendaría El último artefacto socialista, una maravillosa serie croata dirigida por Dalibor Matanic que se puede encontrar en Filmin. Un clásico que reside un mi cofre particular del tesoro es Okupas, escrita y dirigida por Bruno Stagnaro.

Como guionista y profesor de guion en el campo de las ficciones televisivas no soy de fiar a la hora de recomendar series, pues lo devoro todo y en toda historia suelo encontrar elementos que me interesan…

Una serie española que me resulta muy recomendable es Antidisturbios, dirigida por Rodrigo Sorogoyen y creada por él mismo y Belén Peña. De las últimas que he visto, sin duda recomendaría El último artefacto socialista, una maravillosa serie croata dirigida por Dalibor Matanic que se puede encontrar en Filmin. Un clásico que reside un mi cofre particular del tesoro es Okupas, escrita y dirigida por Bruno Stagnaro. Buenos ejemplos de relatos seriales estadounidenses basados en rigurosos procesos de investigación de lo real son series como Dopesick, producida por Michael Keaton, o todas las series creadas por David Simon.

Algunas de las series que se hacían en España en los años ochenta del pasado siglo resultan infinitamente más recomendables que la mayoría de las que se emiten en la actualidad. Verano azul o Curro Jiménez nos ayudan a entender parte del grave deterioro producido en la esfera mediática local a partir de su completa liberalización en los años noventa. Globomedia no fue una productora más: operó como paradigma de captura de lo imaginable y de encierro de lo posible. En aquel tiempo, Italia produjo a Berlusconi y España a Los Serrano. El viejo costumbrismo patrio de las comedias de Lope de Vega pasado por el tamiz neoliberal. Lo llamaron dramedia. De aquellos lodos, estos ansiolíticos.

Ángel Luis Lara es Profesor Titular de Estudios Culturales en la State University of New York, 
donde además dirige El Conuco, un centro cultural y académico centrado en las culturas iberoamericanas 
y latinas en Estados Unidos. Ángel ha enseñado Métodos de Investigación Social 
en Eugene Lang College-The New School for Liberal Arts y Parsons The New School for Design (Nueva York). 
También ha sido docente de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid.
Profesor invitado de escritura de guion de ficción televisiva en la 
Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, desde 2007,
ha impartido también seminarios y cursos de guion en la escuela de cine “Lugar de Cinema” en Belo Horizonte (Brasil) 
y en el Instituto Cervantes de Nueva York. Ha coordinado programas de escritura audiovisual comunitaria 
en el Jacob Burns Film Center-Arts Media Lab de Nueva York y ha dirigido seminarios sobre usos de la ficción mediática 
para la investigación social en la Universidad de Costa Rica, la Universidad de Granada y la Universidad Complutense de Madrid. 
En el campo del documental, Ángel ha impartido seminarios de guion en el Instituto del Cine de Madrid (ICM). 
En los últimos años, ha participado en diferentes proyectos de investigación social y comunitaria a través de las historias y 
las narrativas mediáticas de ficción.
Autor de numerosos artículos, ha sido coguionista de Caminantes de Fernando León de Aranoa (2001) 
y formó parte del equipo de guionistas de Hospital Central, una de las series más premiada de la televisión española. 
Igualmente, es el autor del guion de Of Kites and Borders (Yolanda Pividal, 2013), definida como “una película única y 
esencial para comprender cómo las fronteras afectan la vida de la gente”, premiada como mejor película documental en el 
San Diego Film Festival, Festival Internacional de Cine Documental de Ciudad de México y New York Havana Film Festival. 
Acaba de adaptar a España la serie Far Away Cows Have Long Horns, creada por el guionista escocés Paul Laverty.
Además de todo esto, es gran aficionado al cante flamenco, campo sobre el que ha investigado en los últimos años. 
En el mes de julio, durante la celebración de la LIV Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, 
participará en un laboratorio de construcción de ficciones seriales entorno al flamenco.

 

No lo tenía fácil Rosana Acquaroni para superar el magnífico poemario La casa grande. Premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid en 2019, logró atraparnos desde el primer verso… LLEVO ALOJADA EN EL CORAZÓN/una bala de plata./La misma que mi madre/no supo disparar. Un libro con tres ediciones y más de 1.000 ejemplares vendidos. Ahora regresa con la publicación del bello, comprometido y descarnado, 18 ciervas; un viaje emocional a través de la palabra poética que nos interpela con el trasfondo de las relaciones personales, el amor, el desamor, la dependencia afectiva, la libertad, la violencia, el perdón…

Un libro lleno de verdad, sin pliegues, sin fuegos de artificio.

La autora se desnuda y nosotros con ella, consiguiendo que, como señala Manuel Rico, director de la colección, el lector no salga indemne.

Hablamos con Rosana Acquaroni en la vorágine de la Feria del Libro de Madrid, con el horizonte de la lectura que realizará el próximo 28 de julio a 1.700 metros de altura, dentro de la segunda edición del festival Lo Sagrado, en plena naturaleza, en los parajes espirituales del Cerro de la Mesa de Navarrevisca.

¿Por qué el título de 18 ciervas?

Tal y como aparece recogido en la nota a pie de página que acompaña al poema nº 5 (pp. 32-33) el título hace referencia a las dieciocho ciervas que hay pintadas con la técnica del tamponado rojo en la cueva prehistórica de Covalanas, en Ramales de la Victoria, Cantabria, y que tuve oportunidad de visitar en el verano de 2018.

Aquella experiencia junto al hombre que amo fue una verdadera revelación. Sentí que el amor es regreso al origen, tal como luego se dice en ese mismo poema. Lo que empezó siendo deslumbramiento, experiencia vital y sensorial, se convirtió con el tiempo en veta poética. Además, supe enseguida que ese sería el título del poemario. La cierva se convierte en imagen dialógica, en voz interior que reverbera junto a la propia voz poética a lo largo del libro. Hay dieciocho poemas numerados que lo atraviesan, lo vertebran y le dan un vuelo simbólico al relato.

HAY ALGO EN TI/de mí/que ya ha tomado cuerpo… Encontramos tres partes diferenciadas en el libro, en las que emerge siempre un deseo de luminosidad, una reivindicación del amor a pesar de todo, de la violencia, del maltrato… y lo autobiográfico de nuevo como fuente de inspiración. ¿Por qué lo autobiográfico? ¿De donde surge esa necesidad?

No sé si calificarlo de necesidad, en sentido estricto. De hecho, no creo en una poesía encharcada de aquello que yo necesite decir. Busco una poesía que sea capaz de decirme y, sobre todo, de decirse a sí misma, para que el lector encuentre, en ese acopio, su propio sentido. Sin embargo, es cierto que La casa grande (2018) marca un antes y un después en mi escritura y que ese sustrato autobiográfico se mantiene claramente en 18 ciervas. Pero, insisto, los restos argumentales por los que el libro transita se han ido articulando a lo largo del proceso creativo nunca de manera deliberada.

Lo que empezó siendo un ars amandi, un libro de celebración del nuevo amor se fue convirtiendo en un libro mucho más complejo donde se abre también la grieta del desamor que lo precede. Una grieta que no busca la reparación sino la reflexión profunda a partir de lo vivido;  acerca del perdón, de la culpa, del deterioro de una relación: Cómo el amor pudo llegar a ser disparo, dice uno de los poemas. No hay nada mejor que dar tiempo a los poemarios… Dejarlos reposar y que ellos mismos vayan trazando esa organicidad que necesitan más allá del poeta y sus circunstancias.

Fotografía cedida por Rosana Acquaroni y Concha Hernández.

Han pasado cinco años desde que comenzaste a escribir 18 ciervas, ahora el libro ha empezado a caminar, a la espera de la opinión de los lectores ¿te sientes satisfecha con los resultados?

El libro encuentra su sentido esencial a partir de 2021. Y es en 2022 cuando se precipita el proceso de escritura y se convierte en obsesión necesaria y en voluntad de cierre. Tengo al mismo tiempo un sentimiento paradójico de plenitud y vacío que no me había pasado con libros anteriores, ni siquiera con La casa grande. Siento que 18 ciervas conjuga verdad y belleza, dos elementos fundamentales de la poesía que me interesa porque son los que consiguen la emoción en el lector que es, en definitiva, quien tiene la última palabra.

Vimos en la presentación en la Biblioteca Eugenio Trías a un público que llenaba la sala y gente sin poder entrar… ¿qué momento vive la poesía?

Estamos viviendo un momento complejo, en el que hay que estar muy atenta: por un lado, la poesía brota en las redes sociales con fuerza, casi, diría, de manera eruptiva, incluso virulenta; y esta nueva manera hipertextual, inmediata, discontinua y multimodal de leer en las redes sociales ha conseguido una apariencia de renacimiento. Pero no es poesía todo lo que navega en las redes. Hay cierta tendencia a la banalización que no le hace bien a la verdadera poesía.

Un momento de la presentación 18 ciervas en la biblioteca Eugenio Trías, Madrid. Fotografía cedida por Rosana Acquaroni y Concha Hernández.

Publicas 18 ciervas en una editorial, Bartleby, que cumple los 25 años.  ¿Qué dirías de esta tu editorial?

Creo que solo es necesario navegar por su catálogo para entender la enorme labor que Bartleby lleva realizando desde sus inicios. Su arriesgada apuesta por las ediciones bilingües, por ejemplo. Su apuesta por poetas norteamericanas tan importantes como, por ejemplo, Sharon Olds, que no estaban apenas traducidas y que ahora son y siguen constituyendo un referente inspirador. Su compromiso con la poesía escrita por mujeres… y como dice su editor, Pepo Paz, “la radical apuesta por la pluralidad, la independencia editorial y la calidad de las propuestas poéticas”.

El próximo 28 de julio estarás presentando tu libro en Navarrevisca a 1.700 metros de altura, en un paraje natural donde subsisten peñas sacras y ruinas arqueológicas de templos de diferentes épocas, dentro del festival Lo Sagrado, ¿qué supone para ti presentar este libro en este contexto, teniendo en cuenta que, según señalaba Fanny Rubio, el ciervo es el animal místico por excelencia, símbolo también de lo espiritual? ¿Rescata la poesía lo sagrado?

Para mí será una de las citas más importantes que me regala este libro. Poder recitar en plena naturaleza, rodeada de un paisaje mágico, de piedras cargadas de resonancia y ritos ancestrales va a ser un verdadero lujo. Lo sagrado es el lugar de la poesía, su espacio natural. Por otra parte, la figura de la cierva está presente en múltiples iconografías tanto occidentales como orientales, así como en muchas literaturas: desde el antiguo testamento, San Juan de la Cruz, hasta llegar al luminoso poema de la cierva blanca de Jorge Luis Borges, pasando por la cultura grecolatina, celta, etc. Espero que toda esa carga vibre en Navarrevisca  esta vez a través de 18 ciervas.

18 ciervas
Rosana Acquaroni
Bartleby Editores/2023

Decía Aldous Huxley en “Las puertas de la percepción” que los poetas ven el interior de las almas con una sensibilidad más vulnerable a la maravilla y también a la miseria de la existencia. Clemente Bernad (Pamplona, 1963) es un reconocido fotógrafo documental, pero sobre todo es un poeta de la imagen. Mira por una rendija y nos golpea. Es una mirada que crece desde abajo, inasequible al tráfico, se ocupa de todas las víctimas y de la dignidad humana allí donde fue arrebatada.

Los trabajos fotodocumentales que lo aseveran ocuparían un espacio que aquí no tenemos, porque queremos que nos hable de la monumental obra sobre el conflicto vasco “Cerca de aquí” que ha tardado 30 años en reconstruir y deja sin aliento a quien se acerque a ella. Un puzzle que dice ha conseguido componer lentamente entre las dudas y el dolor, sabiendo que ser todo es ser parte y que mirar dentro de casa es más difícil, más comprometido, más peligroso.

Durante esas tres décadas ha estado muy solo, pero ya no. Bernad, admirador de la Comuna de París, se ha acompañado de más de 80 personas que interrumpen una repetición visual desesperanzada del conflicto acompañándolo en un acto simbólico, que creemos, de reparación personal y colectiva. La potencia de esta voz comunal se desvela en esto que dice de manera tan hermosa: no es importante quién dice cada cosa, sino el hecho de colaborar y acompañar. Han faltado muchos cuidados y mucho acompañamiento en este conflicto.

El conflicto vasco, especialmente para quienes hemos vivido el conflicto dentro de casa es un legado de dolor, un legado traumático, lleno de tabúes y silencios de distinto tipo. Hubo silencios elegidos que sirvieron para preservar lo que la razón quería suspendido, justo lo que se encuentra en el entre tú y yo, en el entreser. Pero llegó el tiempo de contarnos qué es lo que hicimos, qué es lo que fuimos, qué es lo que pasó.

Mientras nos arrulla el recuerdo de la melodía de “El tiempo de las cerezas” escuchamos a Bernard susurrarnos “romper el silencio es un imperativo moral. El pasado no tiene remedio, porque no puede volverse a vivir, pero alcanzar la verdad de los hechos y procurar justicia y reparación para las víctimas es cosa del presente. Para entrar en la memoria con la mayor dignidad posible”. Seguid escuchándole, sus palabras son imperdibles.

EP: En tu libro dices que un fotógrafo documental no es un voyeur. En la misma línea reflexiona Ana Longoni cuando señala que el documentalista se confunde -entre la neblina y el humo, el fuego, la lluvia y el llanto porque una foto es una pregunta- ¿Cómo entiendes la fotografía documental y, en particular, en este trabajo? ¿Cuál crees que debe ser el lugar del fotógrafo?

Clemente: La fotografía documental o lo documental es una mirada de alguien. Yo entiendo esa mirada, en particular la mía, como un posicionamiento, como una forma de involucrarme en aquello que quiero contar a través de un discurso documental. Lo documental no es el mundo real ni lo sustituye. Es el territorio de la no ficción. Es tan real que no tiene guion, las cosas pasan y no están escritas de antemano como en la ficción. Tienes siempre la sensación de tirarte a una piscina vacía. Eso lo convierte en un material muy complejo porque representa el mundo y elabora un discurso sobre el mundo real. Por eso es importante que ese discurso no desmienta los hechos de los que va a hablar y asuma una responsabilidad sobre lo que cuenta, precisamente porque lo hace a través de personas y momentos delicados y a veces, muy duros. Una mirada responsable también es una mirada consciente del lugar que ocupa quien mira. Para mí es cada vez más importante una mirada que renuncia a sus privilegios, que se sabe no neutral, porque los fotógrafos muchas veces no sólo han impuesto su mirada, su discurso, sino que lo han hecho de manera absolutamente indigna.

Además, la fotografía es una herramienta muy pobre para contar algo. Por eso no aspiro a que tenga una función curativa o sanadora, una especie de misión mesiánica. Sin embargo, y, aunque suene contradictorio, sí creo que el compromiso con aquello que vas a contar, además de necesitar información y análisis crítico, tiene cierta voluntad de transformación. El documentalista no mira y se va. Mira, pero al colocar su mirada en el espacio público tiene el efecto de una piedra que cae en un charco y lo cambia. Aunque se ha puesto de moda, no me interesa nada usar el discurso documental como medio para contarse a uno mismo. Para mí es importante que mi trabajo sirva a la historia, no que yo me sirva de la historia.

EP: La narración del libro se estructura en torno a dos relatos que ofrecen perspectivas temporales y puntos de vista diferenciados. El primero es un relato visual y sigue el ritmo repetitivo, pesado, monótono, cansino y asfixiante del conflicto vasco. Muerte, muerte y más muerte por todas partes, dice Ana Longoni. El segundo es un relato colectivo. Más de 80 personas lo acompañan. Háblanos de este relato colectivo.

Clemente: La fragilidad de la imagen fotográfica para elaborar discurso, como decía antes, hace que para mí el contexto sea muy importante. Que esas imágenes débiles, pero que cuentan cosas sobre historias fuertes, estén acompañadas por otras voces. Eso permite un punto de vista poliédrico, multivocal. Que el relato sea colectivo ayuda a luchar contra una cosa contra la que yo lucho habitualmente que es contra la versión oficial. En el caso del conflicto en el País Vasco ha habido una versión oficial con la que nos han machacado constantemente y ha creado agujeros negros tremendos. Además, creo que el contexto y la coralidad de voces hacen menos manipulable el libro porque todas las voces se apoyan entre sí y conforman un concepto que a mí me gusta mucho y es el del apoyo mutuo.

Este libro fue un trabajo colectivo desde el principio. En ese relato colectivo hay tres textos de tres personas no vascas y cuyas voces son tremendamente importantes. Los de la argentina Ana Longoni, la estadounidense Jackie Urla y el madrileño, Emilio Silva. Sus biografías están ligadas a una memoria de exilio, represión y todas tienen un amplio conocimiento sobre procesos revolucionarios y prácticas culturales activistas. Luego vienen esos más de 80 testimonios que son muy importantes también. Son personas que he ido conociendo durante los años en los que hice las fotos del libro y que como digo en el libro, tienen algo razonable que decir sobre el conflicto. No hicimos un casting para seleccionarlas, pero casi. Sí decidimos que no hubiera políticos profesionales o que no tuvieran una trayectoria como parte combatiente dentro del conflicto. Creo que estas voces aportan sensibilidades muy diferentes y también aportan una herida que toma la forma de una especie de arrepentimiento, de lamentación, una especie de no sé qué hice, de desorientación y de pena.

Hernani, 1996.

EP: El título “Cerca de aquí” sitúa el conflicto dentro de tu propia casa. No está a miles de kilómetros de distancia. Justo allí donde dices se encuentran los miedos y los fantasmas. Donde nada es en blanco y negro. Donde no es posible volver a casa y dejar atrás a las partes en conflicto porque el conflicto forma parte de tu identidad. Qué dificultades tiene esa mirada que aborda lo que está cerca, lo que forma parte de uno ¿se puede uno o una  desprender de esa mirada?

Clemente: No, yo no puedo hacerlo. Casi todos mis trabajos personales sirven para contar lo que tengo cerca que es lo que me interesa. El título del libro conecta con esto y también la propia cubierta. Es una foto tomada de una pegatina que estaba en el portal de nuestra casa en Pamplona. Es una pegatina de un miembro de ETA preso que era del barrio, imagino que era una pegatina de Euskal Presoak, y esa pegatina estaba rayada, o sea alguien la rayó. Esa pegatina es como una sublimación del conflicto. Ahí está todo.

Cuando trabajas sobre lo que está cerca conoces las claves porque las claves están en las discusiones que tienes sobre este tema con tu familia, con tus amigos, con tu entorno. Todos los que hayan vivido en el País Vasco lo saben. Cuando lo que está cerca lo miras como lo he mirado yo te conviertes en sospechoso para todos. Los que sospechan suele ser gente que piensa que el mundo tiene que ser como ellos piensan, que no hay grises y matices, que no hay miles de posiciones distintas y formas de organizar la vida.

En este trabajo he tenido que hacer muchas elecciones como sacar fotos a realidades invisibles que nadie conoce realmente y a nadie le interesa. Y como fotógrafo no tomé precauciones. Por ejemplo, elegí subirme a un autobús que los familiares de presos siguen cogiendo para ir a visitar a los presos de ETA. Estos autobuses eran parados sistemáticamente por controles de la Guardia Civil. Yo podía haber dicho que tenía un carné de prensa y que iba a hacer fotos, pero elegí mantenerme cerca de aquí. Decidí formar parte de la historia del autobús en el que me habían facilitado ir. En el libro también hay muchas fotos de la kale borroka y antes de poder hacer esas fotos me destrozaron un par de cámaras en dos episodios en Pamplona. Eres siempre sospechoso cuando decides hacer fotos y no irte a tu casa. Esto no ocurre cuando eres un fotógrafo de una agencia internacional que se aloja en un hotel, hace cuatro fotos y se va.

EP: La imagen documental te sirve para mostrar un virulento conflicto político, que  afectaba de manera transversal a una sociedad que se encontraba dividida y herida gravemente. Sin embargo, dices que, el sufrimiento de las víctimas y el odio enquistado, discurría de manera oculta, fuera de los focos. Como también señala otra de las voces que acompañan el libro, el conflicto era una guerra con pausas administradas a lo largo del tiempo, acciones que discurrían en distintos tiempos históricos y por eso es difícil ponerle un principio y un final ¿Cómo se ha representado el conflicto? ¿Qué función ha tenido el silencio y los tabúes en esa representación?

Clemente: Creo que la representación de este conflicto ha sido muy deficitaria. Se han utilizado símbolos, estereotipos y escenificaciones habituales en la imagen fotográfica -cuatro banderas, una pintada, una manifestación, capuchas…- para comunicar de una manera tremendamente pobre lo que estaba ocurriendo. Creo que también ha habido una mirada policial que ha capturado la mirada de los medios de comunicación con una intención propagandística. También ha habido mucho silencio por miedo a las represalias. Yo he intentado mirar los silencios y los tabúes. Quise mirar lo visible, lo que estaba a disposición de todo el mundo, pero asumiendo una distancia digamos que distinta, y también quise mirar las zonas de sombra, lo que quedaba fuera de la existencia común y se convirtió en tabú. En el libro hay varias fotos que hablan de la humanidad de los miembros de ETA, de sus familiares y de su entorno. Era gente que mataba, pero que también vivía experiencias llenas de cariño y de humanidad y que han permanecido ocultas.

Donostia / San Sebastián

Bilbao/Bilbo, 1997. Funeral de Modesto Rico, agente del CNP asesinado por ETA.

Por otro lado, el conflicto vasco demandaba una especie de control  de la identidad,  una ficha, un DNI, algo por otra parte muy policial. En el libro he tratado de enfrentarme a eso, impugnar esa historia. En las fotografías del libro hay muy pocas identidades reconocibles, sólo algunos políticos, algunas caras de gente que aparece en ciertas circunstancias, pero en todo momento, su identidad está rebajada. En el conflicto vasco hacerse ver era un tabú. Ha sido un conflicto muy silencioso y este silencio también ha sido voluntario. La voluntad de no comunicarse. Yo creo que esa ha sido una particularidad de este conflicto a diferencia de otros como el de Irlanda del Norte. De alguna forma, en ese mantenerme cerca de aquí también he querido dar coherencia a esa voluntad de las y los vascos de no ser vistos, de mantenerse en silencio.

EP: Dices que el trabajo de las instituciones de este país para con las víctimas ha sido profundamente deficitario. De hecho, se ha tenido que esperar hasta 2011 para que desde el Estado se implementen algunas medidas dirigidas a obtener verdad, justicia y reparación. Sin embargo, también dices que el Estado ha categorizado a las víctimas ¿Quiénes son las víctimas y qué debe hacer una democracia que quiera merecer tal nombre para reparar el daño de todas?

Clemente: El conflicto vasco no nace como un champiñón en mitad de la nada, nace en plena dictadura franquista. Las víctimas causadas por ETA han sufrido mucho por la marginación, el silencio, la dejadez del Estado, pero luego se ha legislado y han recibido verdad, justicia y reparación, pero hay otras víctimas que están abandonadas. Dice Emilio Silva que a su abuelo lo mataron como a Miguel Ángel Blanco pero que a su abuelo nadie le ha hecho ningún tipo de reparación. Todas son víctimas, pero su tratamiento es profundamente desigual.

Una cosa importante para mí es saber que ser víctima no te imprime carácter porque esa condición no te hace víctima en todos los contextos. Puedes haber sufrido un atentado de ETA pero eso no puede ser una coartada para blanquear tu pasado criminal, como puede ser el caso de Carrero Blanco pero de muchos otros también. Como dice Emilio Silva en el texto del libro hay que luchar contra el silencio, pero lo que no podemos hacer es promover más silencio. Los principios de la justicia transicional, verdad justicia y reparación tiene que llegar a todas las víctimas del conflicto vasco, cualesquiera que sean estas. Las familias de los presos de ETA que han sufrido la dispersión son víctimas del conflicto vasco. Frente a las simplificaciones, hay muchísimos miembros de ETA cuyas familias han diferido completamente de la actuación de sus hijos y han sido víctimas de un conflicto en el que ellas no participaron. El único camino es meterse en la piel del otro, hay que subir la montaña del otro y, aunque es complicado, es lo que hay que hacer.

Irún, 1996. Agentes del CNP detienen en la frontera a los autobuses que regresan de una marcha en Bruselas contra la dispersión de lxs presxs vascxs.

EP: Has tenido que hacer tu trabajo conviviendo con la amenaza, acosado, criminalizado, sufriendo campañas sucias de desprestigio y un monstruoso apartheid profesional ¿ha merecido la pena?

Clemente: Hacer este trabajo fue una decisión que comportaba riesgos desde el principio y yo los asumí. Nadie me pidió que lo hiciera y nadie me lo encargó. Luego es verdad que me ha provocado mucho sufrimiento porque he tenido que enfrentarme a todo tipo de experiencias, sanciones, retenciones. Algunas de ellas, como la del Guggenheim, las cuento en el libro. Me quedé solo. Me di cuenta de que nadie quería mancharse con una cosa que era absolutamente sucia, que salpicaba a todos. Esa soledad la he sentido en todo momento hasta el final. También sé que esas condiciones en las que hice el trabajo están relacionadas con mi necesidad de mantener una libertad y una independencia que también implican trabajar a la intemperie. Así que no me planteo nunca si ha merecido la pena, yo creo que todo merece la pena pase lo que pase en la vida.

EP: Dice Ana Longoni que las mujeres no abundan en las fotografías seleccionadas para este libro y que eso puede darnos claves de la lógica de un conflicto que se dirime entre masculinidades y cuerpos de varones básicamente ¿Qué lectura feminista se puede hacer del conflicto a través de la ausencia y escasa presencia de las mujeres en el libro?

CB: Ana Longoni tiene razón. Cuando la cosa va de violencia y agresividad los hombres se llevan el protagonismo. En las fotos, la presencia de las mujeres es importante, pero escasa. Probablemente también se explique por el momento histórico en el que está contextualizado el conflicto vasco. Un contexto muy masculinizado y machista que también fue evolucionando e hizo evolucionar el papel de las mujeres en el conflicto, pasando de ser familiares acompañantes a ser militantes de ETA, por ejemplo. Creo que ese hecho fue duramente castigado. Ha habido casos paradigmáticos que lo han puesto de manifiesto como el caso de Yoyes o la hipersexualización de Idoia López de Riaño, alias “la tigresa”. En otros ámbitos del conflicto hubo también pocas mujeres en las estructuras de decisión política, en los partidos, en otro tipo de entidades. En la última parte del conflicto, después del alto al fuego, hubo una mayor visibilidad de plataformas por la paz en las que las mujeres han sido muy importantes.

Donostia / San Sebastián, 1991. Féretros de Jokin Leunda, Patxi Itziar e Iñaki Ormaetxea, militantes de ETA muertos por disparos de la Guardia Civil.

Sin embargo, como decía, para mí la presencia de las mujeres es importante, precisamente porque están en momentos que yo considero claves: la presa que tiene un hijo en el hospital y que luego tiene que volver a la cárcel o esa mujer tumbada sobre el cadáver de su sobrino, que es un miembro de ETA que muere en el barrio de Morlans, que es una especie de Piedad llorando al varón que ha muerto en un acto de violencia.

EP: En el libro cuentas “Un día de 2015 pudimos entrar por un agujero en la pared en la nave abandonada del diario Egin, clausurado por Baltasar Garzón. Detenerse ante aquella redacción devastada y contemplarla sin prisas y en silencio supuso un taciturno viaje a un pasado implacable”. Dices que fue un auténtico revulsivo que intuiste podría cerrar un círculo inacabado y doloroso ¿El verdadero viaje es el retorno?

Clemente: Estoy completamente de acuerdo con esa frase que la dice Úrsula K. Le Guin en su libro “Los desposeídos”. También con esta otra que también dice si quieres volver continúa. Todo mi trabajo ha sido volver constantemente. Son 30 años de trabajo, así que hubo una fase del trabajo que fue ir, pero luego empecé a volver. Entrar en la nave de Egin fue brutal porque yo había abandonado el trabajo. Había tenido disgustos como el del Guggenheim y otros que de alguna manera me desautorizaban haciendo que cuestionara la situación en la que me encontraba. Entrar en Egin fue como entrar en una cápsula del tiempo. Todo se ordenó allí porque vi que todo tomaba sentido.

El libro es muy cíclico, vuelve todo el rato sobre lo mismo, no es nada lineal. Se repite el sufrimiento una y otra vez. Lo de Egin fue un cierre total. El cierre de algo que existió y ya no está. La fotografía en sí misma es un proceso de memoria total y es un proceso de muerte porque cualquier imagen fotográfica tiene algo de mortuorio. Cuenta algo que ya pasó, que quedó ahí y nunca más va a volver a suceder. Empecé con 30 años y ahora tengo 60, así que cualquiera de las imágenes del libro son un viaje en la memoria para mí como persona y también como acontecimiento. Es un pasado que queda detenido y queda detenido para el futuro. También le he leído decir a Úrsula K. Le Guin que no sabe dónde empezó todo. Y yo me siento así también, no sé cómo empezó realmente todo. Este trabajo es un viaje en el tiempo que para mí tiene algo de misterio. En fin, creo que sí, que el verdadero viaje es el regreso.

EP: Muchísimas gracias por tu generosidad, Clemente.

CERCA DE AQUÍ // Hemendik Hurbil
Clemente Bernad
Concepto: Clemente Bernad & Carolina Martínez

Textos de: Imanol Aguirre, Ignacio Ayestarán Úriz, Iñaki Alforja, Ana
Aliende, Mónica Allende, Bingen Amadoz, Txema Aranaz, Mikel Aramburu Zudaire,
María José Aranzasti, Silvia Casado Arenas, Fernando Armendáriz, Iñaki Arzoz,
Bernardo Atxaga, Pepe Baeza, Álvaro Barrientos, Joseba Beramendi, Clemente
Bernad, Iosu Bezunartea, Isabel Cadenas Cañón, Christian Caujolle, Federico
de los Ríos Marín, Martxelo Díaz, Ana Díez de Ure Eraul, Lee Douglas, Juantxo
Egaña, Aingeru Epalza, Xabi Epalza, Santi Eraso, Amaia Ereñaga, Alicia Ezker, Gari
Garaialde, Ander Gillenea, Iván Giménez, Laura Gómez, Carles Guerra, Peio H.,
Carlos Hernández, Xabier Idoate, Patxi Irurzun, Jabier Izquierdo, Yulia Kovarskaya,
Ikor Kotx, Alberto Labarga, Joxe Lacalle, Hasier Larretxea, Mariano Llorente, Ana
Longoni, Joxe Mari López, Juanjo López, Maite López Flamarique, Maite Lorés,
Andoni Lubaki, Jagoba Manterola, Carlos Martínez, Carolina Martínez, Rosa
Martínez, Arantxa Mendiharat, Aitor Merino, Juan Carlos Mestre, Álvaro Minguito,
Oskar Montero, Mariasun Monzon, Víctor Moreno, Fermin Muguruza, Fermin
Munarriz, Juan Luis Napal Villanueva, Aitor Ortiz, Pedro Osés, Orreaga Oskotz,
Martxelo Otamendi, Fernando Pérez, Edurne Portela, Rafa Rivas, Paco Roda, Jabier
Salutregi Mentxaka, Pablo S. Quiza, Virginia Senosiain Sánchez, Emilio Silva,
Helena Taberna, Mabel Tapia, Ana Unanue, Jacqueline Urla, José Ramón Urtasun,
Vincent West, Idoia Zabaleta, Joseba Zabalza.

Alkibla Editorial, 2023.

Antonio Crespo Massieu (1951), licenciado en Filosofía y Letras (UCM) y diplomado en Estudios Portugueses por la Universidad de Lisboa, es sobre todo poeta. Autor de varios libros, fue finalista del Premio Nacional de Poesía en 2012 y su obra poética forma parte de numerosas antologías. De él ha dicho el escritor Matías Escalera Cordero: “Desde hace tiempo, en realidad, desde que me topé con Elegía en Portbou, estoy convencido de que Antonio Crespo Massieu, permanecerá en la futura crítica de la poesía española del tránsito del siglo veinte al veintiuno como el poeta de la memoria y de las injustas ausencias que han provocado tanto la barbarie como el tiempo –a lo largo del temible siglo XX–, los dos más acérrimos enemigos del hombre y de la vida”.  

El dolor que amamos (Bartleby Ediciones, 2022) es su último y muy reciente libro. Con este motivo Espacio Público conversa hoy con él.

EP: El título del libro “El dolor que amamos” forma parte de una frase de Albert Camus que cita usted al comienzo del libro. Dolor y amor son dos constantes en todo el libro, ¿por qué?

A.C.M.: Dolor y amor, se entrelazan en nuestra existencia, pero, al menos para mí, lo significativo de la cita de Camus, autor querido que siempre me ha acompañado -deslumbramiento y apasionada lectura a mis 15 y 16 años- es que el amor hace perceptible “lo más real en este mundo: el dolor de las personas que amamos”. Acercarse al dolor, sentirlo como nuestro, amarlo incluso; con esta idea dialoga la cita de Rubén Darío que se incluye a continuación: “Vamos al reino de la muerte por el camino del amor”.

Dos temas confluyen en el libro: la pérdida del cabello en la mujer como consecuencia de tratamientos médicos y ese repetido ejercicio de humillación que ha sido y es rapar el pelo a las mujeres y que se ha practicado en todas las guerras y posguerras. Así, en la primera parte, “El acróbata de la noche” centrada en la enfermedad, el ángel mínimo, el ángel de las pequeñas cosas, recoge una a una cada hebra del pelo caído y que ya nunca volverá a crecer y recorre “salas de espera, quirófanos, ucis”, los espacios del dolor y el desconsuelo, pero también acompaña la esperanza de la sanación.

EP: Combray, Vinteuil, Swan… aparecen en varios de sus poemas; es inevitable no recordar a Marcel Proust. ¿Es una de sus referencias literarias?

Lo es, y además en este tiempo detenido de la pandemia y pospandemia volví a leer los siete tomos de En busca del tiempo perdido en la vieja edición de bolsillo de Alianza Editorial que tenía en casa. Pero en este libro son muchas las referencias literarias, a veces explícitas y otras menos evidentes; por citar algunas: Marguerite Duras, Claudio Rodríguez, Garcilaso, James Joyce, Guadalupe Grande, Coleridge… Pero, sí, Marcel Proust, el “olor, el sabor del tiempo”, “su claridad de niño herido”.

Antonio Crespo (fotografía de Carmen Ochoa)

EP: “El dolor de la pequeña rapada de Nevers” dice dos veces, ¿es un homenaje a Hiroshima mon amour, la película de Alain Resnais (1959), y a Marguerite Duras?

A.C.M.: Sí, tanto el poema inicial de esta parte como el que la cierra, dicen el dolor de “la pequeña rapada de Nevers”, memoria y homenaje a Marguerite Duras y Alain Resnais por esa película que iluminó mi adolescencia: “Hiroshima mon amour”. Lo que yo descubro, a mis 15 o 16 años, al ver la película de Alain Resnais, es algo tan esencial, y que sin duda estaba ya en mi interior, como que ninguna humillación, ningún acto de desprecio al ser humano puede ser justificado. En Hiroshima mon amour “la culpa” de la mujer que interpreta Emmanuelle Riva es haberse enamorado y haber amado por vez primera a un soldado alemán, tan joven como ella y, casi con seguridad, combatiendo en una guerra que no ha elegido y en un país al que no odia. La necesidad de la piedad, lo que se expresa así en el poema: “Ninguna humillación consentirás. / No olvides Hiroshima, mas tampoco Nevers./ Toda causa, por noble que sea, la envilece el desprecio./ No olvides nunca la piedad./ Solo por ella serás justificado”

EP: Pourquoy Font bruit es el título de uno de los poemas. En la última parte del libro, que usted dedica (cosa bastante inusual) a explicar las referencias y dedicatorias, dice que es para Juan Carlos Mestre por recibir “la visitación del pródigo y la música de las esferas”. Puede explicar un poco más este pequeño homenaje.

A.C.M.: El origen más concreto de esta dedicatoria está en un poema suyo en el que la “Oración o discurso sobre la dignidad del hombre de Pico de la Mirandola está presente, en el poema mío que citas ocupa un lugar central, es, por tanto, una deuda. De una manera más lejana, y más profunda, está en mi admiración por su poesía y su ejemplar compromiso cívico. Pero en estas dedicatorias, que no es tan inusual situar al final del libro, está bien acompañado. Muchos son los poetas y los amigos que aquí figuran, algunos de ellos desaparecidos en estos últimos años, hermanos suyos, hermanas nuestras, en la república de la imaginación, en este territorio de la dignidad y la fidelidad a la palabra. En la poesía necesaria que, como nos dijo Guadalupe Grande es “la actividad más democrática, más desobediente y más necesaria” pues “es tener un pie en el pasado y otro en el futuro. Intentar otras posibilidades para circular a través de la vida y la historia”.

EP: La segunda parte del libro “Y quedan interrogados e imperfectos” comienza con esta cita de Milo de Angelis: A veces, al borde la noche, se queda uno en suspenso y no se muere […]. Las ausencias están presentes constantemente en un ejercicio de memoria histórica y personal. ¿Cree que es necesaria la memoria para que sigan viviendo quienes ya no están presentes?

A.C. M.: Sí, tal como señalas, en esta segunda parte los primeros poemas hablan de ausencias personales: la madre, el padre, el hermano y la amiga; y esta es Guadalupe Grande que nos dejó tan pronto, se diría que ayer mismo, y que aún nos acompaña, por otra parte, este es el único poema escrito durante la pandemia. Los poemas siguientes hablan de “los efímeros”, aquellas vidas apenas vividas que fueron arrebatadas por la historia. El escándalo de un país, el nuestro, que hizo y sigue haciendo del olvido una virtud cívica (el poema dedicado a María Martín y a toda y todos los que aún siguen en las cunetas y fosas comunes y esperan -¡hasta cuándo!- verdad, justicia y reparación); la memoria siempre viva de Federico García Lorca y de Lucia Modiano y Marie-Loise Antelme que no pudieron sobrevivir a Auschwitz. Y la herida que, para mi generación, la que nació a la militancia política en 1969, significó el asesinato de Enrique Ruano Casanova. Tarea del poeta es escuchar las voces de los ausentes, salvar del olvido, rescatar con la palabra; al menos así es como yo entiendo la poesía.   

EP: Y aunque es la última pregunta, nos vamos a referir al principio del libro, a la portada. Se trata de la pintura de Antonello da Messina “Cristo muerto sostenido por un ángel” (Museo del Prado) a la que se le ha dado un tratamiento especial que ha eliminado la presencia de Cristo y el ángel para dar protagonismo al paisaje. ¿Por qué?

A.C.M.: En el origen del libro está la visión de un cuadro de Antonello da Messina, “Cristo muerto sostenido por un ángel”, que se conserva en el Museo del Prado. En él, un ángel mínimo sostiene un cuerpo enorme, descoyuntado. Al contemplarlo me pregunté, y me sigo preguntando: ¿qué forma de amor o piedad sostiene el frágil equilibrio del mundo y acompaña el dolor de las personas que amamos? ¿Hay algo, alguien que equilibra la balanza de la historia, el dolor del mundo? ¿Un solícito cuidado, un irresistible y fraternal impulso de justicia o dignidad? Esta figura del amor es la que yo vi en el cuadro. Y este ángel, niño o niña, pequeño, invisible, es el que acompaña, a lo largo del poemario, el dolor de las personas que amamos. El poema pórtico que introduce el libro es casi una écfrasis de este cuadro y, desde esa descripción, formula las preguntas que, aún sin respuesta cierta, puedan sostener el dolor y acoger “el desamparo infinito de todas las ausencias”.

Respecto a la portada del libro, Cristina Morano, que se ha encargado de la maquetación, nos ofreció una reproducción del cuadro de Antonello da Messina; pero nos pareció que lo marcaba demasiado en un sentido religioso. De inmediato nos brindó esta belleza que es un detalle del cuadro, aquí está la “luminosa piedad iluminando la ciudad de los hombres”. Y tal vez sea esta, la luminosa piedad, el verdadero tema del libro.

El dolor que amamos será presentado en Madrid el 6 de marzo a las 19.00h. en el Café Comercial. Juan Carlos Mestre y Manuel Rico acompañarán al autor.

Un cortometraje documental sobre el asentamiento Los Nietos (Almería) y la vida de los inmigrantes que viven allí.

En julio de 2022 comenzó la distribución del cortometraje La Rotonda, un documental sobre el asentamiento conocido como El Walili o Los Nietos, situado en Níjar (Almería), que había comenzado a rodarse en noviembre 2021. Este asentamiento está situado en la rotonda de Los Albaricoques, punto de paso estratégico para acceder desde la autovía del Mediterráneo a San José y las playas turísticas de Cabo de Gata.

Este documental ha sido premiado como mejor corto documental en el Festival Internacional de Cine Premios Lorca de Granada en noviembre de 2022, y en el Sevilla Indie Film Festival en febrero de 2023, ha sido seleccionado para competir en varios festivales y muy próximamente, el 19 de febrero, se proyectará en el Festival de Cine Independiente de Ibiza (Ibizacinefest).

Su directora es Carmen Tortosa y con ella tenemos la oportunidad de hablar hoy en Espacio Público.

Carmen Tortosa

EP: Su cortometraje muestra de forma muy clara las terribles condiciones de vida en las que viven los emigrantes de El Walili, aproximadamente 400 jornaleros la mayoría de los cuales llegó a la Península desde la costa africana. ¿Cómo surgió la idea de rodar en este lugar?

CT: Como has comentado, este asentamiento está situado en una rotonda de paso para las playas de San José y de Cabo de Gata, y como muchos amantes del Parque Natural, he pasado por allí desde que tengo uso de razón. Pero fue en 2020, una vez finalizado el periodo de confinamiento estricto por la pandemia, y debido a la posibilidad de hacer teletrabajo, que me alojé en un cortijo en Los Albaricoques. Todos los días pasaba por la Rotonda, y veía el poblado de Los Nietos, con sus casas hechas de plásticos negros y productos de reciclaje, con una estética muy llamativa. Me preguntaba muchas cosas ¿Cómo se desarrollaría la vida allí? ¿Tendrían algún tipo de apoyo? ¿Cuánta gente vivía? ¿Cómo es que nadie hablaba de ello? Pensé que su visión no debería dejar indiferente a nadie y que, sin embargo, poco sabemos de él, ni de otros asentamientos similares en la zona; era como si no existieran, como si sus habitantes fueran invisibles. Me dije que había que contar aquella historia. La historia del poblado de Los Nietos y de los inmigrantes que viven allí. Además tan cerca del Mediterráneo, ese mar, tan ambiguo, que acoge veraneantes de todo el mundo y que es testigo de muertes continuas de personas que aspiran a un mundo mejor, y que cuando consiguen llegar, se encuentran condiciones como las que se ven en el poblado de Los Nietos.

Fotos cedidas por la realizadora y el equipo de rodaje del documental.

EP: Mientras La Rotonda viaja por distintos festivales, el pasado 30 de enero El Walili fue desalojado forzosamente, con un amplio despliegue policial, sin que hubiera una alternativa habitacional para sus moradores. ¿De dónde salió esta orden de desalojo?

Desde que se empezó a organizar el asentamiento en Los Nietos, un antiguo cortijo del municipio de Níjar, hace más de 10 años, no existía nadie con legitimidad sobre el terreno, ya que es una propiedad enquistada por una herencia que no fue aceptada por alguno de los herederos. Han sido muchos años sin un plan de alojamiento que permitiera vivir y trabajar dignamente a los inmigrantes que allí iban llegando.

El desalojo y demolición del asentamiento, este 30 de enero de 2023, fue solicitado por el Ayuntamiento de Níjar, gobernado por el PSOE, y se ha ejecutado a través de una resolución judicial. Como dices sin una alternativa a sus habitantes, y de un modo cruel y precipitado, con amplio despliegue policial y excavadoras desde primera hora de la mañana. Sin tener en cuenta para nada la opinión de los afectados, dejándolos en situación de vulnerabilidad y con muy pocas alternativas. Supongo y espero que se estudiará la violación de sus derechos humanos. Como se ve en la película, con parte del rodaje en una de las casas del asentamiento, el interior disponía de bastantes enseres, frigorífico, cocina, sofá, mesa, camas, etc. No puedo imaginar cómo se las apañaron para poder sacar todo eso, ni dónde lo pudieron llevar. O si tuvieron que ver cómo las excavadoras se lo tragaban.

La realidad es que el desalojo ha dejado sin hogar a medio millar de trabajadores de los invernaderos.

Fotos cedidas por la realizadora y el equipo de rodaje del documental.

EP: La eurodiputada Idoia Villanueva llevó al Parlamento Europeo la denuncia de este desalojo; y el parlamentario andaluz José Manuel Jurado, que estuvo presente en el desalojo, denunció que los trabajadores «tienen miedo y que no saben dónde van a ir» ¿Ha tenido noticias de cómo están ahora los protagonistas de La Rotonda?

CT: No he sabido nada de ellos, de hecho les tenía informados del recorrido del cortometraje a través del móvil, y siempre me contestaban enseguida, desde el desalojo no han visto mis mensajes. Ellos no han podido ver la película todavía, ya que no he logrado proyectarla en Almería, como hubiera sido mi deseo. Lo más probable es que se hayan marchado, como hicieron muchos de los trabajadores en el fin de semana previo. El día del desalojo, 30/01/2023, quedaban en el asentamiento una cuarta parte o menos de sus habitantes. Espero que se vean pronto en pantalla grande.

Fotos cedidas por la realizadora y el equipo de rodaje del documental.

EP: Mientras que los habitantes de El Walili han sido desalojados, se amplían las hectáreas de invernaderos y las empresas que  tienen instalados allí sus negocios van ampliando beneficios. ¿Qué está haciendo el Ayuntamiento de Níjar para apoyar a estas personas inmigrantes?

Pues sí, gracias a la mano de obra que proporcionan estos trabajadores, los invernaderos de Almería siguen creciendo continuamente y surtiendo de frutas y verduras a toda Europa. Almería está a la cabeza de las exportaciones agrícolas. La economía de la zona depende en gran parte de esta actividad.

El Ayuntamiento de Nijar, encargado del desalojo y demolición, ha ofrecido a unas 80 personas de las que vivían en el asentamiento, un alojamiento en una nave con literas en un polígono a las afueras de Níjar y alejado de los lugares de trabajo de los inmigrantes, sin garantizar un alojamiento definitivo. Dentro de su plan de realojo contempla 62 viviendas en alquiler “a precio asequible” y rotatorias que han sido patrocinadas por la Junta de Andalucía y que no se prevé que estén terminadas hasta este verano.

EP: En su documental, protagonizado por emigrantes marroquíes, se ve claramente que el asentamiento no reunía las mínimas condiciones de habitabilidad. El diputado en la Asamblea de Madrid, Serigne Mbaye Diouf, se desplazó a Almería y afirmó que estas personas, en su mayoría varones, han mostrado ciertas reticencias a seguir las recomendaciones a subirse a los buses porque no tenían claro dónde los iban a llevar, en qué condiciones y cómo iban a desplazarse para trabajar mañana. ¿Sabe cómo son las condiciones de este realojo forzado?

CT: Es cierto que el asentamiento no reunía condiciones mínimas de habitabilidad, no tenía electricidad, hacían enganches con la peligrosidad que eso conlleva, no contaba con agua corriente, recogían en bidones de un depósito cercano, ni recogida de basuras, etc. Pero era el único sitio que tenían, no tenían posibilidades de alquiler, nadie les alquila nada, ni los jefes les ofrecen alojamiento. Lo que no puede ser es que los utilicemos como mano de obra barata en los invernaderos, que tengan que buscarse la vida como pueden para tener un lugar donde estar y poder ir al curro, y que encima los echemos de sus «viviendas», los dejemos totalmente abandonados con criterios supuestamente de mejora para ellos.

El desalojo se realizó en autobuses en los que podían llevar solamente bolsas o maletas con sus pertenencias, sin tener casi información, con las dificultades del idioma, el desconocimiento de la zona y la incertidumbre de cómo podrían desplazarse al trabajo al día siguiente. Me pregunto ¿qúe hicieron con sus bicicletas? Parece que hubo muy poco apoyo de asistencia social y mediadores. CEPAIM, Almería Acoge, Médicos del mundo y Hermanas Mercedarias denunciaron la improvisación y falta de adecuación de la alternativa de realojo, así como las prisas de última hora después de tanto tiempo.

En resumen, si bien el asentamiento no reunía condiciones mínimas de habitabilidad, las alternativas no parecen demasiado cuidadas y no se ha tenido en cuenta la opinión de sus habitantes. Tiene que haber otras formas. ¡Tiene que haber políticos que sepan lo que hay que hacer, o por lo menos eso sería lo deseable!

Fotos cedidas por la realizadora y el equipo de rodaje del documental.

EP: ¿Cree que su corto puede contribuir a divulgar la denuncia de las terribles condiciones de vida que tienen que soportar muchas personas que se han visto obligadas a emigrar?

Sí, nos gustaría denunciar la situación a la que se enfrentan las personas que se ven obligadas a emigrar por las diferentes situaciones complejísimas de sus países de origen, pero sobre todo para ayudar a sus familias, y que arriesgan su vida a través del desierto, mar y carreteras para alcanzar este paraíso europeo. Se topan con la triste realidad, una de ellas el trabajo en los invernaderos de Almería, con un trato cercano al esclavismo, con jefes y capataces que les cobran por hacer un contrato de trabajo, que les pagan entre 4-5 euros la hora, con unas condiciones de precariedad insospechadas, que no encuentran dónde vivir, que nadie les alquila ni una habitación, que no se pueden empadronar, que se desplazan con bicicletas, no precisamente nuevas, a sus trabajos, por carreteras mal iluminadas y con mucho tráfico, y en horarios de noche, sin conocer el idioma…; cuentan solamente con el apoyo de ellos mismos y su organización dentro de los asentamientos y con el apoyo de las ONGs de la zona, sobre todo CEPAIM.

Pensamos que la proyección de nuestro corto, en el que describimos la vida en el asentamiento de una forma intimista y muy digna por parte de los protagonistas de nuestra historia (migrantes marroquíes), es muy importante en este momento tan delicado. Queremos intentar poner un granito de arena a favor de ellos, a favor de la solidaridad y de un mundo más humano.

Fotos cedidas por la realizadora y el equipo de rodaje del documenta

EP: Además de a Ibiza, La Rotonda viajará a Sevilla donde le han dado el premio a mejor documental SEVIFF, a Granada y también a Portugal. ¿Tiene pensado proyectarlo en otras ciudades, como Madrid?

En Ibiza se puede ver en la programación oficial de Ibizacinefest -Festival de cine independiente-, el 19 de febrero. En Sevilla en la Sala Cero, el día 23 de febrero, donde recogemos el premio a mejor cortometraje documental en SEVIFF-Sevilla Indie Film Festival. En Granada se va a proyectar a través de FILM IN Granada, dependiente de Diputación, en el Palacio de los Condes de Gabia, el día 16 de marzo, con coloquio sobre el tema. El 16 de abril iremos a Portugal, donde formamos parte de la selección oficial en Moinho Cinefest. El cortometraje sigue en periodo de distribución y nos encantaría que se pudiera ver en Madrid, lo hemos enviado recientemente a la convocatoria de Documenta Madrid, ojalá les parezca interesante.

Muchas gracias en nombre de Espacio Público.

La arqueóloga y prehistoriadora Almudena Hernando es catedrática de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de su Instituto de Investigaciones Feministas.

Su impresionante carrera como investigadora ha estado dedicada al estudio de cómo se ha ido construyendo la identidad de los seres humanos a lo largo de la Prehistoria y de la Historia. Estos trabajos le han llevado a dirigir varios proyectos de estudio con grupos indígenas, como los q’egchí’  de  Guatemala, los awá del Amazonas brasileño y los gumuz y dats’in  de Etiopía.

Sus tres obras más destacadas, Arqueología de la identidad (2002), La fantasía de la individualidad. Sobre  la construcción sociohistórica del sujeto moderno (2012), y la muy reciente La corriente de la Historia (Y la contradicción de lo que somos) (2022), han sido escritas y publicadas con 10 años de diferencia entre sí. En cada una de ellas elabora, complejiza y profundiza el argumento desarrollado en las anteriores, como si fuera un juego de muñecas rusas (metáfora que utiliza en el último libro) que permite descubrir siempre un nuevo nivel de complejidad dentro del anterior. En las tres queda patente la búsqueda de la autora de los mecanismos a través de los que se construye la identidad humana (y el género) en las diferentes condiciones socioeconómicas que han caracterizado a las sociedades humanas, pero es en  el último donde reflexiona sobre las transformaciones que están operando en la identidad a raíz de la explosión de internet.

Hoy tenemos la oportunidad de conversar con ella.

En primer lugar queremos darte las gracias por dedicarnos este tiempo. Sabemos que estás celebrando conferencias, debates y presentaciones de tu último libro y que has hecho un esfuerzo para que tengamos esta conversación. Mi primera pregunta tiene que ver con algo que está presente en la evolución de todos tus libros y que se refiere a la situación que tenemos los seres humanos con respecto al mundo y a la comunidad a la que pertenecemos: ¿qué es la identidad relacional?

Soy yo la que agradece a Espacio Público y a ti el interés, Lourdes. Y en efecto, no hay mejor manera de comenzar a desarrollar mis argumentos que preguntando por la identidad relacional. Se trata de la identidad colectiva, de adscripción a un grupo, que tenemos todos los seres humanos, a pesar de que la Ilustración nos dijera que se fue abandonando cuando apareció la individualidad y de que la mayor parte de la gente especializada en el análisis de procesos sociales la identifique con expresiones muy particulares y generalmente conservadoras de la misma, como son las identidades religiosas o nacionalistas. La identidad relacional es una identidad de pertenencia que, a diferencia de la individualidad, construimos todos los seres humanos a través de mecanismos que no pasan por la reflexión. Se construye a través del cuerpo (el modo en que nos saludamos, movemos, sentamos, ponemos los labios y la lengua para generar un acento determinado al hablar, etc.), a través de los objetos que utilizamos (por ejemplo, la vestimenta), las acciones que compartimos, el espacio al que nos vinculamos y los vínculos que construimos (somos las hijas/hijos, hermanas/hermanos, madres, padres, amigas… de).

La adscripción a un grupo humano, es decir, la construcción de identidad relacional, es imprescindible para neutralizar la angustia que nos generaría darnos cuenta de la impotencia esencial del ser humano frente a la inacabable complejidad del universo. A través de ella nos sentimos (aunque no lo reconozcamos conscientemente) parte de una unidad mayor, de una comunidad que nos sostiene y nos permitirá construirnos la fantasía de la individualidad cuando la sociedad empiece a caracterizarse por la división de funciones y la especialización del trabajo. Al principio de las trayectorias históricas, como en las sociedades cazadoras-recolectoras actuales, no había nadie que hiciera tareas diferentes a los demás, salvo que los hombres hacían unas cosas y las mujeres otras. Pensemos en sociedades, como la de los awá del Amazonas brasileño con la que trabajé, en donde no hay ningún jefe, ni siquiera un chamán. Así serían también las sociedades del comienzo de las trayectorias históricas de acuerdo con el registro arqueológico. En ese tipo de sociedades, como no hay nadie que haga cosas distintas a los demás, no hay sensación de diferencia interpersonal, así que la única identidad que existe es la relacional, que se visibiliza a través de una apariencia similar (una decoración en los labios, o en las orejas…), acciones y objetos similares, etc. Pero, como digo, a medida que apareció la complejidad socioeconómica, definida por la división de funciones y la especialización del trabajo, comenzaron a percibirse diferencias interpersonales.

Al principio, esas distintas posiciones fueron ocupadas solo por hombres (por razones que no podemos explicar aquí) que, de este modo, fueron dando cada vez más importancia a su “diferencia” y a la capacidad de decisión y de agencia que les iba caracterizando, de forma que simultáneamente fueron dejando de poner energía y de dar valor a la identidad relacional que, sin embargo, resulta imprescindible. Así que lo que hicieron fue impedir que las mujeres se individualizaran, de forma que ellas mantuvieran solo ese modo de identidad que antes también les caracterizaba a ellos, para que, a través de relaciones heterosexuales normativas, les garantizasen a ellos los vínculos, la pertenencia y los cuidados.

Lo que llamamos identidad de género femenina es solo la identidad relacional que al principio caracterizaba tanto a hombres como a mujeres y que, a medida que ellos se individualizaron, quedó asociada solo a las mujeres. Como ellos eran los que ocupaban posiciones de poder, fueron construyendo un discurso social y un orden político en el que se atribuía exclusivamente a las dinámicas asociadas a la individualidad (la razón, la tecnología, los cambios) la seguridad de nuestro grupo, ocultando progresivamente que sin los cuidados y los vínculos, sin la pertenencia a una comunidad (que había pasado a ser considerado tarea de mujeres), la sociedad no habría podido construir la fantasía de “progreso”, de poder y de control en la que nos socializábamos todos. Esto es el patriarcado. Yo creo que no se entiende el presente sin comprender que el orden lógico que ha regido occidente ha consistido en idealizar y premiar los valores asociados a la individualidad y en ocultar los asociados a la identidad relacional, que sin embargo, como la propia pandemia vino a demostrar, son los únicos imprescindibles para la supervivencia humana.

Almudena Hernando con Americhá, mujer awá (Maranhão, Brasil) en 2009. Foto de Alfredo González Ruibal.

Comparas el cambio que se produjo con el paso de la oralidad a la escritura, con el momento actual de aparición de internet y las plataformas virtuales. Y dices que entramos en una nueva fase, dejamos atrás la Prehistoria y la Historia y comienza la Poshistoria. ¿Qué cambios crees que pueden producirse? ¿Hemos empezado ya a vivirlos?

Sí, lo comparo, porque a cada modo de representación del mundo corresponde un nuevo modo de entenderlo y de entender lo que es la persona dentro de él. La Prehistoria se caracterizó por la oralidad, no había escritura. En condiciones de oralidad, el mundo solo tiene las dimensiones que se pueden recorrer, porque no hay mapas. Y la persona no se considera integrada por un cuerpo y una mente, como sucederá con la escritura, sino solo por un cuerpo, al que se atribuyen las funciones que, a partir de la aparición de la escritura serán depositadas en la mente (de hecho, seguimos diciendo “el corazón me dice”, “siento con las tripas”… que es lo que hacen las sociedades orales), o atribuyen sus pensamientos y emociones a espíritus que se les aparecen o les hablan en sueños.

Llamamos Historia a esa parte del proceso de transformación del sapiens que comenzó con la aparición de la escritura alfabética. Esta “herramienta intelectual” cambió completamente tanto la construcción del mundo como de la persona. Aparecieron los mapas y la posibilidad de la ciencia, con lo que el mundo se amplió y el control tecnológico adquirió potencias desconocidas en la oralidad. Y a su vez, cambió la construcción de la persona, porque la escritura alfabética permite representar lo que pensamos, y con ello nos permite “ver” el pensamiento como algo que existe, una nueva instancia de realidad. ¿Y de dónde viene el pensamiento? De la mente. La persona, a partir de la escritura, comenzó a considerarse integrada por un cuerpo y una mente, fijo el primero y transformable la segunda.

Pues bien, en mi opinión, internet y el uso de la Red están provocando un cambio en la relación con el mundo y en el modo de construcción de la persona tan trascendente como el que marcó la escritura respecto a la oralidad. Por eso, pienso que está dando comienzo una nueva etapa histórica, a la que llamo Poshistoria. Nos comenzamos a relacionar con el mundo a través de representaciones virtuales (piénsese en el GPS si volvemos al ejemplo del espacio), lo que aumenta la capacidad de control del mundo y modifica el modo de construcción de la persona, que va sustituyendo la intimidad, en la que comunicaba el contenido de su mente, sus pensamientos y emociones mediante relaciones personales directas, por lo que Paula Sibila llamó ya en 2010 “extimidad”, en donde lo más privado se hace absolutamente público. La persona se relaciona de forma menos “presencial” cada vez, de forma que va dejando de cultivar la conversación cara a cara, y se construye cada vez más a través de las imágenes que publica de sí misma. Creo que esto está llevando a que mucha gente joven deje de localizar su malestar en la mente y comience a depositarlo en la imagen del cuerpo.

En mi opinión esto puede tener que ver con la explosión de identidades LGTBIQ+, aunque no con su origen. La sociedad es cada vez más compleja, lo que significa que sus miembros están/estamos cada vez más individualizados. Y esto hace que la persona se sienta cada vez más exigida a diferenciarse de los demás, a tener su propia “marca personal”, es decir, a individualizarse. A mí me parece que la sociedad reconoce cada vez menos la imprescindibilidad de la identidad relacional y que gran parte del sufrimiento emocional y de los problemas de salud mental de la gente joven tienen que ver con la atomización creciente de la sociedad, resultado de la relación creciente del mundo a través de internet y del extremo capitalismo (de las plataformas) que ahora nos rige.

La búsqueda de recompensa: El motivo de nuestra adicción al móvil
Varios jóvenes consultan sus teléfonos móviles.

Afirmas que los derechos que se han ido conquistando a lo largo de la historia nos han ido individualizando y que con ello en lugar de acabar con las estructuras de dominación –el patriarcado entre otras–, lo que estamos haciendo es reforzarlo. ¿No es esto una contradicción?

Bueno, es que esto no se puede entender si no se entiende en qué consiste el patriarcado y las identidades de género. Como dije antes, lo que sucedió en la historia (entendida, así con minúscula, como el proceso total de transformaciones desde sapiens) es que solo los hombres se fueron individualizando, es decir, ocupando posiciones especializadas, de poder y de riqueza, hasta llegar a la modernidad. Como ya he señalado, para sostener su propia fantasía de potencia, impidieron que las mujeres también se individualizaran, de forma que ellas siguieran encarnando la identidad relacional y les garantizaran a ellos los vínculos y la pertenencia que es imprescindible para la supervivencia. Pero al llegar a la modernidad, las mujeres comenzamos a individualizarnos también y a luchar por nuestros derechos. Sin embargo, nos integramos en un orden sociocultural que había sido construido por los hombres y que, por tanto, solo daba valor político y social a las dinámicas relacionadas con la individualidad que les caracterizaba a ellos. Es decir, las mujeres nos incorporamos a un orden social en el que el reconocimiento pasa por desarrollar la razón, tener éxito, dinero, poder, y que, desvaloriza, en el orden económico, social y político, todo lo que tiene que ver con la identidad relacional, esto es, con los cuidados, los vínculos, lo comunitario, lo común, la pertenencia.

Las mujeres tuvimos que hacernos cargo de ambos modos de identidad, porque no teníamos a nadie que nos garantizara a nosotras los vínculos y la pertenencia, así que, a diferencia de los hombres, nos individualizamos sin dejar de poner energía en la construcción de lo relacional. Pero como el orden social solo da importancia a lo primero, la inmensa mayoría de las mujeres sigue también desvalorizando políticamente lo segundo, aunque lo encarne, puesto que el orden social solo les va a dar reconocimiento por los logros asociados a su individualidad. Y además, en general, como si tienen trabajos especializados no se pueden ocupar de las tareas relacionales que hasta entonces asumían, y los hombres no se hacen cargo de ellas porque siguen dando prioridad a sus trabajos especializados, las mujeres individualizadas de la modernidad están delegando las tareas asistenciales y de cuidado a mujeres más precarias (por raza, etnia, condición de inmigrante, clase social).

De esta manera, el avance de los derechos asociados a la individualidad de las mujeres no ha puesto en cuestión la lógica y los valores que caracterizan al orden patriarcal y capitalista. De hecho, cada vez están más reforzados.

Dices que “el bienestar del mundo occidental crece a costa del aumento de la pobreza en múltiples ámbitos dentro y fuera de sus fronteras y del agotamiento de los recursos naturales del planeta», que la lógica de la historia es extractivista y creas una metáfora muy visual para explicar lo que es el proceso histórico y la estructura social: un edificio con muchos pisos, los más altos son los de la gente rica y los más bajos los de la gente pobre. Y cuanto más crece en altura, más crecen los sótanos que albergan a quienes no poseen nada. Y ahí, en los sótanos, estaríamos también las mujeres. ¿Qué habría que hacer para que estos edificios dejen de crecer, se desmoronen?

Habría que cambiar la lógica que dirige el sistema, que es patriarcal y capitalista. Se trata de pasar al orden de lo político, al orden de la “verdad” que nos rige, todo eso que sabemos que es verdad, como ha demostrado la propia pandemia: que los cuidados, la construcción de vínculos y de comunidad son imprescindibles para la supervivencia. Es lo que siempre ha dicho el “ecofeminismo”, la filosofía de “la vida en el centro” de Yayo Herrero, las epistemologías del Sur. Se trata de que, desde los órganos de poder, se deje de estimular la hiperproductividad (lo que está pasando en el mundo académico, por ejemplo, es un ejemplo claro de la exigencia hiperproductiva, antisocial y deshumanizadora que nos rige. Las comisiones del Ministerio que regulan las normas para valorar los CVs en las selecciones de nuevo personal docente obligan a que se premie a la gente que más datos produce o que más “papers” tiene, lo que obstaculiza (hasta impedir) la entrada a la gente que hace crítica social, porque esto requiere unos tiempos y una elaboración mucho más lenta. ¡¡Y no hablo de la carrera de informática, sino de la mía, la historia¡¡¡).

Se trata de cambiar los criterios de “excelencia”, de bajar los horarios de trabajo, de permitir que la gente tenga tiempo de ocio para que pueda relacionarse y construir vínculos y comunidad, de poner en valor social los cuidados, de forma que los hombres los asuman en la misma medida que las mujeres, de fortalecer las políticas públicas que se hagan cargo del sostenimiento de la sociedad (cuidados, salud, educación, lo contrario de lo que está sucediendo en nuestra Comunidad de Madrid, en donde resulta evidente una estrategia de destrucción de lo público). De estimular la lectura y la conversación en la gente joven, para que puedan construir una intimidad que van dejando de saber construir, y con ello no sigan disminuyendo los índices de empatía y solidaridad.

Una parte muy importante de este libro, y de toda tu obra, lo ocupan las mujeres y su capacidad para establecer vínculos relacionales: los cuidados, por ejemplo, algo que se ha visto claramente durante la reciente pandemia. ¿Crees que si los hombres asumen estos estos vínculos podríamos caminar hacia sociedades donde haya más igualdad?

Almudena Hernando. Foto de Pilar Aguilar.

Por supuesto que sí. Para mí la identidad no deriva del cuerpo o sexo que se tenga, sino del grado de abstracción que es inherente a la formación que recibimos y del grado de especialización o poder que ocupamos. Por supuesto que hay hombres no patriarcales que quieren encarnar un nuevo modo de estar en el mundo, alejado de la llamada “masculinidad hegemónica”, y están asumiendo o compartiendo cuidados. Pero me parece que son muy escasos los que entienden profundamente en qué consiste renunciar a los privilegios de género. Ojalá hubieran muchos más.

Otra de las cuestiones muy interesantes es cuando diferencias entre identidad de género e identidad de sexo. Y hablas de las personas LGTBI+Q. De personas trans, binarias, no binarias… ¿Piensas que de alguna manera estamos asistiendo a una cierta revolución ontológica?

Sí, así lo pienso. En mi opinión, la Poshistoria implica una transformación ontológica respecto de la Historia tan importante como la Historia la implicó respecto de la Prehistoria. Como decía antes, en la Prehistoria la persona se considera formada solo por un cuerpo, y en la Historia por un cuerpo y una mente (es decir, por una exterioridad no transformable, y una interioridad transformable). Si hay malestar, en la Prehistoria se atribuía (y se atribuye en las sociedades orales) a espíritus malignos (mal de ojo, por ejemplo), mientras en la Historia se atribuye a problemas en el contenido de la mente, que se pueden resolver con terapias psi.

Creo que, en la Poshistoria, al comenzar a construirse la persona a través de las imágenes en el mundo virtual, el malestar se está depositando crecientemente en la apariencia, en el cuerpo, lo que hace que se invierta la relación: cuando hay malestar lo que debe transformarse es el cuerpo o su apariencia porque se va perdiendo la noción de interioridad transformable. Esto no es nuevo de internet. Ya existía en toda la historia trans, que es una historia de marginalidad y lucha, pero creo que esa ontología es coherente con internet y por eso está expandiéndose en la Poshistoria. Al mismo tiempo, creo que se están manejando categorías distintas para hacer referencia a sexo y a género.

En la Historia, el sexo hace referencia a la exterioridad material inmutable y el género a la interioridad psicológica transformable. Pero en la Poshistoria, se está recuperando la triple categoría que arranca de los estudios de John Money en los años ’50 del siglo XX. En ella se distingue entre sexo (macho/hembra), identidad de género (hombre/mujer) y expresión de género (masculino/femenino). Aquí, el concepto de “identidad de género” hace alusión a una interioridad psicológica no transformable, el llamado ”sexo sentido”: me siento hombre o me siento mujer y esto es así, fijo, estable. Si lo que siento no es coherente con lo que mi cuerpo es, cambio el cuerpo, o tengo expresiones de género fluidas, cambiantes, no binarias. Yo creo que el debate entre el feminismo radical y lo LGTBIQ+ tiene que ver con que sus representantes hablan desde ontologías diferentes, y eso hace imposible el entendimiento. Cada cual piensa que su forma de entender a la persona es la única acertada, y que la otra está equivocada. Pero esto es un error, en mi opinión.

Como investigadora interesada en comprender cómo se percibe a sí misma una persona sin escritura, sé que yo no me puedo poner en la piel de lo que siente una persona de un grupo cazador-recolector porque yo he sido socializada en las categorías de la Historia y creo en la existencia de la mente. Pero sí puedo intentar acercarme analíticamente en la medida que me lo permitan esas categorías y, sobre todo, se me hace evidente que mi manera de entender el mundo y de entender qué es una persona no es universal, que existe otro modo igualmente complejo y operativo para la supervivencia que es el que las personas con oralidad representan. Y esto no solo me suscita el máximo respeto, sino incluso la asombrosa admiración que siempre me ha generado comprender la maravillosa versatilidad del ser humano y de la cultura. Creo que exactamente lo mismo sucede cuando se contemplan las nuevas identidades de la Poshistoria desde las categorías de la Historia: no es posible ponerse en la piel de quien ha sido construido de otra manera, pero debe aceptarse que su nueva manera de entender a la persona y la realidad es tan legítima y está tan condicionada históricamente como la de la Historia. Hay que aceptar que la manera de ser persona en la Historia, integrada por cuerpo y mente no es universal, que solo es una manera posible de entender a la persona. A cada modo de representación de la realidad, corresponde una ontología distinta, y creo que ahora se están mezclando en el planeta tres diferentes: la mediada por la oralidad, la mediada por la escritura y la mediada por internet y el uso de la Red.

Estaría conversando horas y horas porque el libro suscita preguntas y reflexiones, que es lo que yo creo que debe tener un buen ensayo, pero tenemos que ir terminando. Por último, si la conquista de derechos nos ha ido haciendo más individuales y cuando creemos estar luchando contra el patriarcado, contras las injusticias, podríamos en realidad estar reproduciéndolos. ¿Qué salida nos queda?

Nos queda la salida de analizar de qué modo podemos estar contribuyendo todos/as/es a la reproducción de ese orden a través de mecanismos de los que no somos conscientes. Y si resulta que los podemos estar reproduciendo, luchar por transformarlos. Si la sociedad avanza en una determinada dirección es porque todas las personas nos vamos transformando subjetivamente y contribuimos a esa corriente. A través de la socialización, la cultura nos modela de una cierta manera, pero precisamente porque estamos socializadas así, vamos transformando a nuestra vez la cultura. A medida que tenemos tecnología y ciencia se nos va transmitiendo que el cambio es un valor positivo, así que cada vez cambiamos más aceleradamente, generando más tecnología y más cambio. Nos vamos llenando de ansiedad y de hiperexigencia, que cada vez deja menos espacio a cultivar lo relacional. Se trata de un feedback inacabable entre subjetividad y cultura. No puede olvidarse que hay una parte de la identidad que es consciente de sí y otra que no lo es, que es actuada, y lo que más pesa en lo que transmitimos es lo que hacemos, no lo que teorizamos que debe hacerse.

Si las mujeres luchamos con la razón por los derechos de las mujeres, pero no intentamos pasar al orden político la importancia de los cuidados y los vínculos, sino que solo luchamos por los derechos asociados a la individualidad, seguiremos reproduciendo orden patriarcal. Si para luchar por esos derechos se intensifica la presencia y la actividad en redes virtuales, estaremos contribuyendo a potenciar el deshumanizado y patriarcal capitalismo de las plataformas, que cada vez dirige más nuestros deseos y comportamientos, orientándolos al consumo. Por su parte, si la gente LGTBIQ+ no toma conciencia de que no pueden disociarse las categorías de feminidad y masculinidad de los modos de identidad relacional e individualizado que los han caracterizado a lo largo de la historia, y que solo tienen sentido dentro de la lógica patriarcal, seguirán contribuyendo, sin ser conscientes de ello, a ocultar los fundamentos de ese orden, que está más fuerte que nunca.

Yo veo el edificio que hemos venido construyendo en el llamado Norte Global como una pirámide en cuya cúspide se sitúan los hombres más individualizados y desconectados que existen (piénsese en quienes dirigen el orden mundial, los CEOs de las plataformas, de las GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple), que ayudan a construir a través de la atomización social que genera internet una sociedad cada vez menos empática, más agresiva y con más sufrimiento, al tiempo que ellos acumulan una riqueza y un poder cualitativamente superior a todo lo conocido en la Historia. La existencia de ese tipo de masculinidad no hará sino incrementar cada vez más la dominación sobre las mujeres y su cosificación, como es evidente que está sucediendo con el aumento de la prostitución, la trata, la erotización de la violencia sexual en la pornografía, los vientres de alquiler, el maltrato, los asesinatos…

La cúspide de la pirámide por arriba, y su base de sustentación, por abajo, permanecen inalterables, con rasgos cada vez más intensificados, mientras que en los niveles intermedios nos movemos las mujeres y la gente LGTBIQ+ con crecientes niveles de contradicción, dependientes en general de una lógica de reconocimiento que nos obliga a negar la importancia social y política (aunque podamos reconocerla en el ámbito privado) de una parte esencial de lo que somos, la parte relacional que es imprescindible para sostenernos.

Yo creo que para encontrar la salida, 1) no se puede dejar de hablar de patriarcado (ni por tanto despolitizar los conceptos de feminidad y masculinidad); 2) es esencial entender que la clave de ese régimen de poder, que está en las entrañas del capitalismo, es la ocultación que ha hecho de la imprescindibilidad de las dinámicas relacionales, vinculares y comunitarias para la supervivencia humana, y que hay que arbitrar medidas políticas para ponerlas en valor social; 3) no se puede dejar de hablar del sujeto político “mujeres” (cis o trans, esto no es trascendente para mí), porque a medida que los hombres con poder estén más individualizados y desconectados emocionalmente, la cosificación y la dominación sobre las mujeres será más necesaria para mantener su fantasía de potencia, y 4) debe respetarse la nueva ontología de la Poshistoria, las identidades trans y fluidas o no binarias con el mismo grado de respeto con el tratamos la de la Historia.

No es incompatible considerarse feminista con reproducir orden patriarcal, y no es incompatible ser LGTBIQ+ y ser feminista. Todo depende de hasta qué grado estemos dispuestas a reconocer nuestras contradicciones y a entender bien qué es necesario cambiar para transformar el diseño del edificio de lo que hasta ahora hemos llamado “progreso”.

Muchas gracias, Almudena. 

La corriente de la Historia (y la contradicción de lo que somos) 
Almudena Hernando
Traficantes de Sueños (2022)

La filósofa argentina Diana Maffía (Buenos Aires, 1953) hace tantas cosas y tiene tantos títulos y reconocimientos que resultaría imposible enumerarlos en esta entrevista. Quedémonos, de momento, con que es la Directora del Observatorio de Género de la Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y tiene en su haber ser Doctora honoris causa por la Universidad de Córdoba (Argentina). Una distinción académica que, aclara, es un reconocimiento a una historia feminista, en la que la vida íntima y la política se relacionan estrechamente y donde el trabajo académico y el activismo feminista son siempre colectivos. El último homenaje lo ha recibido a finales de noviembre, también en forma de Doctora honoris causa, esta vez, por la Universidad Jaume I. Visitó España para recibirlo, participar en una Conferencia en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CESIC) y en una Maestría de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Unió el pensamiento filosófico con el activismo feminista, en tiempos de estudio y dictadura, inspirada por algunas las filósofas feministas, Clara Kushnir, Celia Amorós y María Lugones, y desde entonces, la irrupción de los estudios de género en las universidades argentinas y la apertura de espacios de reconocimiento para las mujeres y las feministas en otras muchas instituciones, no podrían explicarse sin su trabajo. Ha sido, también, diputada y adjunta a la defensoría del pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. Reconoce que no ha sido fácil ser feminista, pero ahora dice con humor que “cuando persistís mucho en el error, a eso se le llama trayectoria”.

Diana Maffía (wikipedia).

Hija de una pareja que vivió 70 años en común y casada desde hace 40 años con otro filósofo, dice que es convencional en la foto, pero no en la película. Crítica con las derivas identitarias que cancelan los discursos que no nacen de cuerpos que encarnan las interseccionalidades, repite en bucle las palabras puente, alianzas y diálogo. Preocupada afirma que “el empobrecimiento del lenguaje, dificulta que podamos establecer diálogos”.

Llega a la cita de zoom sin almorzar. Lleva todo el día acelerada y apagando incendios. Tiene prisa o hambre, o las dos cosas, y lo noto. Es directa y tajante. De mirada amable y generosa en sus disertaciones. Ahí pierde la noción del tiempo. Consigue reventar el guion que tenía preparado y lo agradezco.

¿Qué moviliza hoy a las feministas a diferencia de lo que movilizaba a las de las décadas anteriores?

En los 80 nuestras identidades personales eran identidades políticas. No se concebía una manera de estar en la academia o estar en la vida, en tu pareja, en tus elecciones personales, en tus amistades, que no estuviera atravesada por tus posiciones políticas. Tenía que ver con maneras de ver la sociedad, maneras de ver el mundo y una manera de establecer alianzas de acción en común. Eso se fue perdiendo en los 90. Los gobiernos neoliberales fueron produciendo un efecto de silenciamiento ideológico, reorientando la atención y el deseo hacia la competencia y el consumo, que es un movimiento continuo porque es insaciable. Durante ese periodo, casi una generación entera no participó en el feminismo. Se veía como una cosa de gente vieja, algo pasado de moda. La crisis del 2001 en Argentina y la violencia extrema de los femicidios y las mujeres secuestradas por las redes de trata y de explotación sexual, que interpela a chicas muy jóvenes, produjeron un hartazgo social que dio lugar primero a la marcha Ni una menos y después a los pañuelos verdes. Las calles se llenaron de chicas que venían de colegios secundarios, con su mochila y su pañuelo verde. Se sintieron interpeladas porque el riesgo lo corrían mujeres de su edad. La lucha contra la violencia hacia las mujeres se unió a la lucha por el aborto seguro y gratuito y, entonces, las feministas empezamos a ser vistas políticamente.

Te he escuchado decir que el feminismo de hoy se caracteriza por estar muy politizado, por estar muy vinculado con la demanda social y de clase, pero que, también, es un feminismo menos reflexivo…

La marcha Ni una menos fue muy importante. Antes de esta marcha, los tres de cada mes, nos encontrábamos apenas 30 o 40 mujeres para denunciar los femicidios. Cuando ocurrieron los femicidios de chicas muy jóvenes, las comunicadoras más jóvenes comenzaron a activarse en la red y en tres semanas armaron una marcha que movilizó a ¡500.000 mujeres! Es cierto que las chicas jóvenes que llegan a esta primera marcha masiva dicen “aquí empezó todo”. Nosotras llegamos al feminismo a través de una reflexión intelectual, ellas llegan, sin embargo, de un modo más performativo. Un modo que pone el cuerpo en escena. Las formas de comunicar son maneras que establecen alianzas, pero no se sabe argumentar en qué consiste esa alianza. Ahí siento que hay casi una supresión del lenguaje. Creo que esto, generacionalmente, no sólo sucede en el feminismo, también pasa en otras manifestaciones. Ese empobrecimiento del lenguaje dificulta que podamos establecer diálogos y, entonces, lo que queda son posiciones a favor o en contra viscerales, muy emocionales. Impide la posibilidad de aproximar posiciones, desde la comprensión de la otra y tejer algún consenso que nos permita actuar en común. Precisamente ese diálogo entre diferentes es lo que nos ha dado el feminismo y deberíamos preservarlo. Evitar lo que nos está pasando recientemente. Las cancelaciones y el repliegue identitario. Llevo más de tres décadas trabajando a favor del reconocimiento, a favor de leyes y políticas feministas y recientemente muchas veces me han dicho “tú no puedes hablar porque esto a tí no te pasó porque eres una mujer cis, o blanca, o heterosexual”. Claro que serlo me da privilegios y me ha costado mucho reconocerlos frente a otras mujeres, pero fueron otras mujeres las que me enseñaron a hacerlo. Reconocer estos privilegios es lo que da la posibilidad de establecer alianzas. Permite no actuar a favor de tus privilegios, sino en favor de un movimiento más plural. Siento que esto es cada vez más difícil sin lenguaje, sin argumentar. No se trata de haberte leído los diez libros fundamentales del feminismo como les dicen a las jóvenes algunas de mis compañeras. Se trata de movilizar la voluntad de comprender, la voluntad de entender lo que la otra persona está tratando de decir. No movilizar la voluntad de derrotar, desplazar y cancelar a la otra.

La práctica sin teoría es ciega y la teoría sin práctica es estéril

Sí, pero lejos de esa idea iluminista de que son sujetos diferentes los que ponen pensamiento y los que ponen acción, yo aprendí a respetar la teoría producida desde fuera de las universidades, en las organizaciones populares y en las culturas diversas. No se puede dialogar con una mujer kurda y comprender muchas de sus acciones revolucionarias desde una posición de feminista socialdemócrata europea que piensa que su pensamiento es esencialista y binario. Durante mucho tiempo el feminismo estuvo dividido por eso. No es que las que estamos en la academia bajamos las ideas a la población, como si esta estuviera abajo y nosotras fuéramos señoras feudales. Hay una metafísica de la espacialidad que tiene que ver con el poder.

¿Las luchas partidistas por la representación institucional del feminismo entorpece la construcción de alianzas feministas transversales para forzar cambios desde las instituciones?

En Argentina, cuando empezamos a ser vistas políticamente, los varones de los partidos empezaron a preguntarse quién estaba convocando a las mujeres. No podían creerse que la marcha surgiera de una convocatoria espontánea y que nadie respondiera a ningún patronazgo o matronazgo particular. Por supuesto había mujeres de partidos políticos, pero no estaban allí convocadas por sus partidos. Esa visibilidad fue lo que hizo que los partidos empezaran a querer manejar los feminismos de diversas maneras. Al año siguiente de la primera marcha de Ni una menos, la comisión organizadora ya se había dividido. Era un año electoral. Ese movimiento que era transversal, fuertemente político, pero no partidario, se rompió y empezaron las fisuras. De hecho, los 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, solemos tener dos marchas diferentes.

Has alertado también sobre el peligro de que las mujeres prioricen la pertenencia partidaria, frente a las alianzas interseccionales

Lo peor que veo de esas pertenencias partidarias es el silenciamiento de la crítica feminista, cuando se producen situaciones abusivas en relación a prácticas patriarcales. Cuando hay situaciones de acoso sexual por compañeros del propio partido, cuando se dice que va a haber paridad y después se va echando a las mujeres para quedarse con dos o tres. No se trata de que haya sólo paridad, se trata de cambiar la lógica de los lugares a los que accedemos. Esa perspectiva paritaria ha provocado una enorme frustración porque ha generado muchas figuras individuales que no representan a los colectivos de mujeres y feministas, sino que construyen alianzas con los varones con los que comparten intereses. Por otro lado, es difícil para el feminismo decir voy a hacer transversalidad pasando por los partidos, cuando los propios partidos rompen su compromiso con la representación porque sus liderazgos no practican aquello que enuncian. Otra dificultad es que el movimiento feminista trabaja en red. Tiene una manera de hacer política, de colaborar y construir alianzas muy distinta a los partidos políticos, generalmente piramidales. Las feministas tenemos que hacer alianzas transversales, incluso pasando de nuestras pertenencias partidarias. Cosa que en Argentina se está poniendo muy difícil y creo que en España, también.

El feminismo ha formulado muchas veces que hay que estar en todas partes ¿qué riesgo tiene para las feministas fiarlo todo al Estado como herramienta central en la transformación del mundo?

No creo en absoluto que el Estado sea el único que tiene que transformar la sociedad. Muchos de los cambios que nos han permitido sobrevivir a crisis tremendas los hemos hecho las mujeres desde los movimientos sociales. Hay que pensar en una institucionalidad de lo común que permita formas de organización comunitarias, quizá más pequeñas, que hagan de puente con el Estado. Que facilite la interrelación entre articulaciones académicas, partidarias, sindicales, de movimientos sociales. Esto es lo que veo que no funciona porque el Estado funciona por delegación y las delegaciones tienen sus propios intereses.

Has dicho que los hombres se sacaron la carga de proveedores sin sacarse los privilegios y que andan perdidos en su rol…

Los hombres tienen que pensar en cómo cambiar el modo de organización social para que no sea un sistema de explotación y dominio sobre las mujeres. Pensar en ese mundo es difícil para las mujeres, pero aún es muchísimo más difícil para los hombres, porque todo el tiempo están ejerciendo sus privilegios. Los hombres tienen que pensar en una masculinidad como praxis que no reproduzca esas relaciones de opresión. También es verdad que se han apropiado de un lenguaje de aliados, como una especie de escudo protector y que se victimizan cuando no ven reconocido el enorme esfuerzo que creen estar haciendo. Las feministas no odiamos a los hombres, odiamos las expresiones violentas de machismo y tratamos de que no nos dañen a ninguna de nosotras. Mujeres y hombres tenemos que dialogar para repensar este sistema porque las mujeres no podemos hacerlo solas. Lo que ocurre es que los varones, en general, están muy lejos de tener conciencia de la subjetividad violenta y privilegiada que los construye como individuos.

La reacción antifeminista aumenta y podría estar teniendo capacidad para conectarse con los malestares de las mujeres, dándoles una respuesta que refuerce su papel reproductor y cuidador…

Aquí veo dos cosas. Por una parte, que hay un montón de diputadas con discursos conservadores que han podido acceder a las instituciones por los esfuerzos del feminismo. Sin embargo, obedecen al patriarcado porque este no sólo se impone a través de castigos, sino que también lo hace a través de premios. A los partidos conservadores les encanta que sean mujeres las que anuncian su desprecio por las cuestiones feministas. Y, por otra parte, el nuevo activismo feminista, que es más performativo, que usa consignas, eslóganes, que hacen del movimiento feminista un movimiento colorido, que tiene múltiples expresiones y yo adoro, sin embargo, hay muchas mujeres, más conservadoras, que sienten que ese nuevo feminismo no las representa. Quizá sienten que su deseo de un modelo de vida más doméstico, menos riesgoso es despreciado desde algunos sectores feministas y eso hace que se sientan más cercanas a discursos de la derecha religiosa que, obviamente, caricaturizan al feminismo como exhibicionista, contrario a los valores de la familia, etc. Quizá esos discursos reaccionarios están teniendo mucho éxito por desinteligencia de nosotras mismas. Como movimiento tenemos que buscar esos puentes de comprensión. Esos diálogos se dan con el lenguaje y, como decía antes, creo que en ese terreno del lenguaje estamos teniendo dificultades.

¿Crees que esa dificultad del lenguaje también explica algunas de las dificultades del diálogo entre una parte del movimiento feminista y del movimiento LGTBI?

Falta diálogo. En Argentina hemos trabajado mucho en común entre el movimiento feminista y el movimiento de la diversidad. Fruto de ese esfuerzo creativo, se entendió que los mandatos patriarcales sobre la sexualidad y sobre todo, sobre los derechos no reproductivos, alcanzaban a todas las mujeres, pero también a las diversidades. Que había leyes en común que lograr y se trabajó mucho. Es cierto que estamos impugnando el binarismo y que aún no hemos logrado tener datos de mujeres y hombres que nos permitan intervenir sobre la realidad para cambiarla. Al tiempo, nos manejamos con conceptos limitadísimos como personas gestantes o que una x defina el género no binario. Nadie está satisfecho con estos conceptos. Muchas mujeres y varones trans no quieren ser nombrados como “personas gestantes” y las personas binarias dicen “no somos una x”. La única forma de enfrentar este desafío es activar espacios amorosos y amables de diálogo que nos permitan ir resolviendo, en el estado y fuera del estado, especialmente fuera, porque es donde podemos manejar las tensiones de una forma productiva.

Nota: Se agradece el apoyo inestimable de Irene Bassanezi Tosi para la realización de la entrevista.

La socióloga e investigadora argentina Laura Fernández Cordero ha realizado un viaje por los siglo XIX y XX para reunir, en este original y estupendo trabajo de investigación, catorce voces que rescatan las luchas y reivindicaciones pasadas de mujeres (también de dos hombres y hasta la voz colectiva de un periódico) que posiblemente no conocíamos y que explican y enlazan con las luchas feministas de nuestro tiempo.

Así, podemos escuchar a Claire Démar o Jenny D’Héricourt (traducidas aquí por primera vez al español), que a comienzos del siglo XIX reclamaban las promesas incumplidas de la Revolución Francesa y exigían el derecho al sufragio y al placer, o nos encontramos con hombres como Charles Fourier o Joseph Déjacque; también con “La Voz de la Mujer”, que da la palabra a un grupo de mujeres que reivindican la emancipación de las mujeres y el amor libre. O a luchadoras más conocidas y comprometidas con las luchas sociales y políticas de su tiempo, como Flora Tristán, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, o Alexandra Kollontay. Y también descubrimos a una nueva Bella Otero, no la famosa, sino otra mujer que desafiaba la dicotomía de los sexos y subvertía todas las clasificaciones. O con luchadoras anarquistas como Ana Piacenza y Maria Lacerda de Moura, por no olvidar a Emma Goldman, que reclama una revolución que no deje fuera el baile y el  goce, o a librepensadoras como Maria Abella, que desafía la moral católica.

Este trabajo ha sido publicado recientemente en España por Siglo Veintiuno/Clave Intelectual y su autora ha viajado a España para presentar el libro.

Laura Fernández Cordero es socióloga y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, investigadora del Conicet, dirige proyectos de investigación dedicados a las publicaciones periódicas de las izquierdas durante el siglo XX y es autora de “Amor y anarquismo. Experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la libertad sexual” y coautora (con Judith Butler y Virginia Cano) de “Vidas en lucha. Conversaciones”. Con ella hemos podido conversar en Espacio Público.

El título del libro “Feminismos para la Revolución” y el subtítulo “Antología de 14 mujeres que desafiaron los límites de las izquierdas” refleja muy bien el contenido de esta obra. ¿Por qué feminismos en plural y a qué límites de las izquierdas te refieres?

Hace tiempo que el feminismo recurre al plural para dar cuenta de su diversidad y de la imposibilidad de contener en un solo término los debates, las corrientes y la velocidad con que da lugar a nuevas ideas y prácticas políticas. El libro intenta proponer que esa multiplicidad de maneras de vivir y de hacer política feminista existe desde que el término comienza a acuñarse y a dispersarse por el mundo en la segunda parte del siglo XIX.  No escapa a una paradoja, casi ninguna de las voces que compila la antología se reconoce a sí misma como “feminista”.

Es otro modo de decir que los límites del movimiento y la propia denominación son parte de una agitada construcción política y su acuñación, un hecho colectivo. Las anarquistas del periódico La Voz de la Mujer adelantaban décadas respecto de las discusiones sobre el amor y la violencia, sin embargo, identificaban el feminismo con el sufragismo y rechazaban su conformación burguesa. Las socialistas y las comunistas miraban su desarrollo con atención, pero buscaban la organización de las obreras y las mujeres en general en clave revolucionaria, algo que las distanciaba de la propuesta liberal.

En relación con los límites, la antología pretende dar cuenta de la importancia de la “cuestión de la mujer” y la “emancipación femenina” en el ideario de las izquierdas, en sentido amplio, pero a la vez señalar las zonas más problemáticas. Cada texto llama la atención sobre alguna de ellas, para citar solo algunos: Jenny D´Hericourt debe defender el derecho a la escritura e incluso a la voz pública de las mujeres contra Pierre Joseph Proudhon, uno de los referentes de pensamiento libertario. La carta de Joseph Déjacque visibiliza la dificultad de definir el contorno de la Humanidad a liberar si en ese universal se incluye a las mujeres. La entrevista de Clara Zetkin a Lenin ofrece una síntesis de la posición clásica en relación con la “cuestión femenina” y la sexualidad, así como de la intención permanente de los líderes por encuadrarlas en sus propias tesis y directivas políticas. La Bella Otero pone en jaque la heteronormatividad y la homofobia que campean en gran parte de las izquierdas, pese a su discursividad en torno a la libertad sexual.

Emma Goldman denuncia las moralinas que acechan a los compañeros, y Ana Piacenza critica los límites del hombre anarquista que odia la opresión y oprime a la mujer. Más allá de mis propuestas de interpretación, creo que los textos, en su complejidad, puedan despertar otras lecturas.

Una de las principales características de los cánones, antologías y selección de personajes o textos, es que siempre hay exclusiones: una parte entra dentro de “lo elegido” pero la mayoría queda fuera. En la Introducción el libro dices que “El primer listado fue imposible. El segundo, delirante”.  ¿Qué criterios has seguido para esta selección de personajes?

Una vez decidido que valía la pena aportar otra antología a las innumerables que ya han sido editadas, los criterios fueron múltiples. Primero, textos que reflejaran la discusión entre dos espacios que estaban en conformación y en diálogo permanente: los feminismos y las izquierdas en sentido amplio. Pero no solo de las referencias más obvias, sino también personalidades menos conocidas como la uruguaya y argentina María Abella o la librepensadora brasileña Maria Lacerda de Moura.

El segundo y más importante: que fueran escrituras significativas por su contenido político, su variación (hay cartas, ensayos, memorias, notas, libros, etc.), o su propia belleza. Textos que crean o surgen de problemas y no que van en el sentido de los cánones establecidos. Incluso dramáticos como el de Claire Démar, porque antecede su suicidio, o de fuerte actualidad como la carta en la que Rosa Luxemburgo se queja ante su amante por lo que hoy llamaríamos un permanente “mansplaining”. En ese sentido, los textos quieren contrarrestar el efecto de novedad causado por la celebrable masificación de los debates feministas y su crecimiento como movimiento político en las últimas décadas.

Por último, se impone un criterio de espacio y maleabilidad, FPR se pensó como un “libro herramienta”, uno que se puede leer en cualquier orden, que está allí para una consulta rápida y (ojalá!) que vaya en las mochilas camino a las asambleas y las aulas. Un buen indicio es que una productora sonora, Ya el Blanca (Miel de arcilla contenidos), me propuso convertir el libro en un podcast, un formato que permite otra circulación y puede invitar a seguir con otras lecturas.

Un momento de la presentación de “Feminismos para la Revolución” en la librería La Mistral de Madrid.

Las voces que se oyen en el libro son muy variadas. Dices que: “De un tiempo a esta parte, pasamos de los deslumbramientos a disfrutar la relectura; fue y es un regreso atento a las voces quebradas, dubitativas, inconsistentes, polémicas y hasta suicidas”. ¿Has buscado sobre todo a personajes que vivieron momentos históricos agitados?

¡No sé si en los últimos dos siglos ha habido un momento que no haya sido agitado desde estas perspectivas! El libro tiene un evidente foco europeo, ruso y latinoamericano, abre con las décadas que siguen a la Revolución Francesa cuando las promesas de Libertad, Fraternidad e Igualdad atraviesan las tensiones de su propia ambición. La segunda parte del siglo XIX con su imparable revolución industrial deriva en la primera gran guerra y en los intentos revolucionarios que tienen a Rusia como exponente máximo.

La clausura de la expansión de la revolución a otros países, la proliferación de los movimientos emancipatorios fuera de Europa y los fascismos en crecimiento también exigieron escrituras y políticas urgentes y activas. Quizás la elección tuvo que ver con textos que, asumiendo la agitación, no intentaron simplemente explicarla o bajar su intensidad, sino echar más leña al fuego.

En esta antología hay también dos hombres, Charles Fourier y Joseph Déjacque, ¿consideras que los hombres forman parte o son aliados de las luchas feministas?

Es una pregunta difícil. En la historia de las luchas feministas siempre ha habido compañeros o aliados, pero sin la iniciativa de las mujeres y de quienes no se sintieron representados por la masculinidad tradicional y heterosexual, los feminismos no hubieran existido o habrían estado siempre subsumido bajo lo que se consideraban verdaderas grandes luchas económicas y políticas.

Ahora, si los feminismos quieren animar una transformación radical deben actuar sobre la producción misma del orden de los géneros y para eso se impone una política de alianzas que no restrinja el movimiento a “la Mujer”. En este sentido, sí, hay hombres dispuestos a formar parte de la lucha. Sin embargo, son menos los que se avienen a revisar los términos de esa participación, es decir, sumarse sin repetir lo que han aprendido como mandato: ordenar, dirigir, imponer su voluntad y opinión, brindar seguridad, escalar jerarquías, subir la voz sobre otras voces, explicarlo todo, acaparar el micrófono, desconocer la producción teórica feminista, etc. etc.  Ya no pueden convencernos de que nuestra utopía se hará realidad a partir del primer día después de la revolución, ni compartimos completamente esa nostalgia de otros tiempos mejores de los movimientos emancipatorios. Si vamos a pensar el futuro, tendrá que ser de otros modos. Construir esas otras formas de hacer política es uno de los enormes desafíos del feminismo.

Otra de las personas que hablan en el libro es La Bella Otero. “Hubo, al menos, dos Bella Otero. Una, bailarina y actriz gallega con mucha fama en el 1900 parisién. La otra, capturada por el Servicio de Observación de Alienados de la Policía, desde el cual médicos, juristas, psiquiatras y criminólogos patrullaban los márgenes del orden nacional.” Dices en la presentación del personaje.

He nacido en Madrid en el año de 1880. Siempre me he creído mujer, y por eso uso vestido de mujer”. Dice ella.

“Esta antología quiere ser parte de los feminismos que no son refugio de identidad ni barrera de control sobre los cuerpos […] los feminismos que todavía tienen mucho para decir viven en las alianzas con los movimientos de mujeres y los activismos LGTB+”, afirmas también en el libro. Háblanos de esta Bella Otero.

Se sabe muy poco de esta persona que hoy llamaríamos travesti o trans, y que por entonces había asumido, en Buenos Aires, el nombre de una artista europea. Lo que conocemos es el momento en el que el médico Francisco de Veyga la mantiene detenida en el Servicio de Observación de Alienados de la Policía.

En ese trance, bajo la etiqueta “científica” de “Inversión sexual adquirida – tipo profesional”, La Bella Otero cuela su breve autobiografía que es publicada con sus fotos en la revista Archivos de psiquiatría, criminología y ciencias afines en el año 1902. Es el texto más maternal y más erótico. Y más pícaro. No tiene una clara intención política en el sentido clásico, pero su historia, el interés que despierta y el modo en que aprovecha su momento (siempre que creamos que el texto es de su autoría… ya si hubiera sido escrito por uno de los médicos, tengo que escribir otro libro!), decía, su gesto de ironía, parodia y burla recuerda el desparpajo y el humor travesti local.

La «otra» Bella Otero

Al mismo tiempo, señala el fuerte artificio de la naturalización de la dicotomía sexual y la existencia de otras vidas que la exceden y la discuten. No se olvida de marcar cómo, aunque la mantienen en los márgenes, es parte de la vida de la ciudad e interactúa eróticamente con sus hombres. Creo que en la antología viene a apoyar la idea propuesta en la introducción sobre el error de estar patrullando los límites identitarios del movimiento feminista o, como hacen las llamadas Terfs (feminista radical transexcluyente), aferrarse a esa figurona “LA MUJER” que es también un artificio.

Al contrario, la historia y la fortaleza de los feminismos es la de mantener abierto el debate por el sujeto de sus políticas y los alcances de sus transformaciones en términos de identidad de género y deseo sexual. Y desde allí pensar las alianzas necesarias, sobre todo ante el avance de los movimientos conservadores (y de las derechas que capturan parte de las luchas feministas y LGTB+) que no andarán con tanta disquisición en las etiquetas y reprimirán por igual si tienen oportunidad.

Otro de los personajes es un periódico “La Voz de la Mujer”. ¿Por qué lo has seleccionado?

La Voz de la Mujer es una vieja conocida para mí. La encontré gracias al trabajo de historiadoras feministas que me precedieron (Maxine Molyneux, Dora Barrancos, María del Carmen Feijoó y Mabel Bellucci) y fueron protagonistas de mi primer libro: “Amor y anarquismo”, Siglo XXI, 2017. Es una voz colectiva que se expresa en uno de los primeros periódicos escritos y dirigidos por mujeres anarquistas. Hay muy pocos en el mundo, este salió en Buenos Aires entre 1896 y 1897. Si bien la consigna de la emancipación de la mujer era agitada por el anarquismo que había llegado al país, el texto elegido demuestra las tensiones entre la declamación de la doctrina y una de sus consecuencias, por caso, que las mujeres tomaran la palabra en primera persona. De ese modo, muchos se sintieron opresores o tiranos de su hogar, o consideraron que ellas excedían ciertos límites.

De hecho, los debates que recorrí en los periódicos libertarios (en el sentido digno de la palabra y no en el de las nuevas derechas) entre 1890 y 1930 dejan ver que la discusión no pasaba tanto por el contenido de la palabra femenina, sino por el tono o la modalidad en que asumían la escritura o la palestra. No en vano las redactoras recibieron el mote de “furiosas de lengua y pluma”. ¿Quién no recibió alguna vez esa crítica? Tu voz es demasiado fuerte, altisonante, poco razonable, nerviosa…

Desde las palabras de la primera mujer que aparece en la antología Claire Démar a la última, queda claro que ha costado muchos esfuerzos, luchas, sacrificios, conquistar los derechos de las mujeres. Pero también que se pueden perder en un muy poco tiempo. Lo estamos viendo ahora en Estados Unidos, por ejemplo. ¿Crees que este libro puede ayudar a tomar conciencia de lo importante que es para los feminismos no bajar la guardia?

Ojalá lo sea! Sin ánimo de aconsejar ir hacia el pasado para buscar lecciones para el presente, la antología propone un ejercicio de memoria histórica que parte de preguntas actuales. Quiere demostrar que, pese al recorte temporal, siempre hubo una enunciación feminista que, a lo largo de los siglos, discutió el orden de los géneros y la subordinación de una gran parte de la humanidad. Busca, al mismo tiempo, contrarrestar la idea de que es una novedad de las últimas décadas o que las disputas actuales entre feministas, a veces muy duras, son signo necesario de debilidad. Todo lo contrario.

También quiere iluminar las relaciones de las autoras con otros movimientos políticos y autores, así como los hilos que las van uniendo: Tristán y Goldman leyendo a Wollstonecraft, Maria Lacerda traduciendo a Aleksandra Kollontay, María Abella editando a Virginia Bolten… Es lo que todavía hacemos para mantener vivo este movimiento de vocación internacionalista.

Pero no todo es celebración, tal como anuncia tu pregunta, es necesario llamar la atención sobre las reacciones conservadoras y no solo externas, sino también en los compañeros de luchas y en el propio movimiento. El retroceso de los derechos en la decisión sobre el aborto en Estados Unidos es una prueba clara, pero no la única. El discurso de las derechas que avanzan en los distintos países y el de los cada vez más extendidos movimientos religiosos conservadores, junto a la actualización de la iglesia católica con un papa supuestamente “progresista”, no nos ofrecen un panorama en el cual podamos descansar.

Al mismo tiempo, las izquierdas han ido incorporando parte de las luchas feministas o dando más atención a quienes las agitaron siempre en esos mismos espacios; será importante que ese diálogo avance y no se quede en una incorporación oportunista u obligada por el clima de época. Hay mucha producción teórica y política de los feminismos en distintos terrenos (la subjetividad, las economías, los cuerpos, las emociones, la sexualidad, la ecología) que pueden revitalizar a las izquierdas en un momento crítico.

Saber que nuestras luchas tienen una larga historia, que aunque la pensemos en etapas no necesariamente van hacia un progreso seguro, y que ya se han enfrentado fascismos similares pueden ser una buena inspiración para las luchas presentes.

Nota:

Todas las imágenes publicadas en esta conversación han sido cedidas por la editorial Siglo Veintiuno/Clave Intelectual.

La ciudad de Vigo será la anfitriona del primer Encuentro Internacional de las Mujeres de la Escena en Igualdad (MEI) que se celebrará en la Casa de las Artes desde el 25 al 27 de octubre.

En este Encuentro, que ha sido organizado por la asociación Clásicas y Modernas con la colaboración de la Diputación de Pontevedra, INAEM, Ayuntamiento de Vigo y AISGE, participarán, entre otras, dramaturgas de la talla de la directora de teatro Marta Pazos, con la que Espacio Público conversó con motivo del estreno de su obra A Amnesia de Clío; las griegas Katerina Evangelatos (directora de teatro y ópera)y Lydia Koniordou, directora artística de teatros públicos y pedagoga, exministra de Cultura y Deportes de la República Helénica; la británica Jill Greenhalh, fundadora de The Magdalena Project; la sueca Maria Aberg, directora artística y artista asociada a la Royal Shakespeare Company; y las españolas Carmen Portaceli, directora artística del teatro Nacional de Cataluña; Fefa Noia, directora adjunta del Centro Dramático Nacional; Mariana Araoz, directora del proyecto francosueco Trans Mission Research Festival y Anxeles Cuña, dramaturga y directora de Sarabela Teatro.

Durante esos días habrá también mesas redondas, talleres y espectáculos artísticos con la intervención de mujeres de las artes escénicas en los que se podrá participar presencialmente y también online.

Conversamos con la gallega Mariana Carballal, actriz y directora teatral, una de las impulsoras, alma y coordinadora de este gran Encuentro, que nos explica:

Soy coordinadora en Galicia de Clásicas y Modernas desde 2015, cuando iniciamos Temporadas de Igualdad. Posteriormente fui-soy de Bibliotecas en Igualdad y en este momento Coordinadora en Galicia del MEI2022. Este I Encuentro Internacional de mujeres de la escena en Igualdad, recoge todo el trabajo hecho en las Jornadas del Festival de Mérida, abanderadas por Marga Borja. Sin ellas no podríamos estar celebrándolo.

Es voluntad de CYM ganar autonomía en la organización de este evento, que florezca al amparo de la asociación con entidad propia y no como una actividad paralela de un Festival. Pero justo es reconocer que sin la experiencia previa no podríamos estar hoy aquí.

Por otro lado, tenemos que tener en cuenta los cambios producidos por la lucha por la igualdad en las Artes Escénicas. Aunque las estadísticas apenas se mueven, mostrando una alarmante y persistente desigualdad, constatamos que todas las instituciones, teatros, organismos que firmaron las Temporadas de Igualdad, cumplen o lo intentan, la Ley de igualdad en sus programaciones. Por lo tanto obramos conciencia, y eso es un paso enorme en este camino.

Mariana Carballal

A la pregunta de por qué han elegido la ciudad de Vigo para celebrarlo, responde:

El hecho de celebrarlo en Vigo es el comienzo de una nueva etapa, itinerante, que posibilite que cada año se celebre en una ciudad o comunidad autónoma diferente. Que Vigo sea la primera responde al interés de la Diputación de Pontevedra, con una presidenta feminista, comprometida, imparable. Carmela Silva no solo dice, hace. Como lo demuestran todos los programas de lucha por la igualdad que desarrolla durante todo el año. Y como lo ha demostrado desde el primer momento que le presentamos este proyecto. Después, la colaboración de Ayuntamiento de Vigo, nos permitió sentir a Vigo como la ciudad ideal para Encontrarnos. También nos ha apoyado INAEM y AISGE.

Sobre el programa de actividades, detalla:

Es un programa ambicioso y creemos que muy completo. Quisimos que las intervenciones artísticas estuvieran presentes todo el tiempo, empujando, alimentando toda la actividad en las mesas redondas en donde se analizarán realidades que afectan a la imposibilidad de mover estadísticas, dificultades en el acceso a puestos de dirección, de programación, de distribución, los caminos complejos hasta la profesionalización, etc. Todo aquello que impide que no se cumpla una Ley de Igualdad que ya tiene 15 años.

También se impartirán talleres, y sobre todo se creará una RED EUROPEA DE MUJERES DE LA ESCENA que pondrá el foco en la creación, programación y distribución de espectáculos de mujeres, por Europa.

Y por último agrega: CYM ejercerá de catalizadora, para informar, formar, propiciar que esa red sea efectiva y tenga continuidad.

Una de las actividades que se realizarán es la presentación del proyecto “Hécuba, nómos y música de las Ciudadanas” de Margarita Borja, poeta, autora y directora escénica, veterana activista de la lucha por la igualdad en las artes escénicas, que nos explica en qué consistirá esta actividad:

En esta sesión la productora griega Konstadina Angeletou, Zoe Chatziantoniou, mi codirectora en el montaje escénico, y yo misma, daremos a conocer la puesta en marcha de esta coproducción greco-española. Se trata de comentar el proceso de producción de la versión músico-escénica de mi reescritura de la Hécuba de Eurípides, estrenada en la Isla de Tabarca en 1998 en el Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante. En aquella ocasión, la crueldad extrema contra las mujeres en la cercana Argelia y en Afganistán, hizo que las actrices asumieran burkas en su vestuario. Hoy, talibanes, iraníes, Putin y sus adláteres, suman, en feroz contraofensiva, frente a los avances feministas. Circunstancia propicia para situar de nuevo altavoces y espejos donde reflectar las certeras preguntas que Eurípides puso en boca de la Reina troyana: ¿Quién me defiende? ¿Qué Ciudad? ¿Qué linaje?.

Margarita Borja

Hécuba, defensora de la educación, la proporcionalidad, la convivencia recíproca y la clemencia, dibujó hace siglos un camino vindicativo, recurrentemente en peligro por la pulsión vengativa de algunos, si la justicia no pone contrapesos. La obra se inspira en bases teóricas de las filósofas Martha G Nussbaum; Amelia Valcárcel y Victoria Sendón.

Hablamos también con otra de las impulsoras de este Encuentro, Fátima Anllo, presidenta de CyM, gestora e investigadora cultural especializada en políticas culturales y de igualdad y una de las pioneras de la gestión cultural en España. En la actualidad dirige el proyecto “Creación Independiente”. Dirigió recientemente el “Informe sobre la aplicación de la Ley de Igualdad en el ámbito de la cultura, en el marco competencial del Ministerio de Cultura y Deporte”, para el Observatorio de Igualdad de Género en el ámbito de la Cultura del Ministerio de Cultura y Deporte. A su cargo está el taller Estrategias de acción positiva en la gestión de las Artes Escénicas en España, que según nos explica:

Fátima Anllo

Consta de dos partes: En una primera, se reflexionará sobre el contexto actual. Se dará cuenta de los resultados del “Informe sobre la aplicación de la Ley de Igualdad en el ámbito de la cultura” realizado por la conductora del taller y se trabajará tratando de identificar los discursos y resistencias presentes dentro del sector cultural para hacer frente a las políticas de acción positiva o afirmativa.

La segunda parte del taller explorará en grupo y de forma colaborativa posibles acciones con las que llevar a la práctica estas herramientas que ofrece la Ley como mecanismo para remover las barreras estructurales y difusas que impiden que las mujeres de las artes escénicas ocupen la escena en condiciones de igualdad.

Y a modo de conclusión Mariana nos dice: Como siempre, nada de esto sería posible sin un gran equipo trabajando por encima de nuestras posibilidades, intentando construir otras formas de hacer y de gestionar, feministas (que cada una entienda lo que desee entender). Permíteme una expresión gallega para decir que “tenemos que mover los marcos”, para que nuestra sociedad sea de verdad democrática, justa e igualitaria.

Un jovencísimo equipo de estudiantes españoles ha ganado la 16 edición del Desafío Aeroespacial Estudiantil, un concurso dirigido a estudiantes de grado, máster y doctorado de universidades europeas organizado por la Agencia Espacial Europea.

El equipo, denominado ICSpace que ha ganado el primer premio este año, ha estado formado por cuatro estudiantes de ingeniería de España, muy jóvenes (19 años) y que estudian en el Imperial College de Londres. Han ido pasando las cuatro fases eliminatorias hasta llegar a la gran final celebrada en el Museo del Aire y del Espacio en París. Su trabajo ha consistido en el diseño de un vehículo suborbital capaz de consumir mucho menos combustible y abaratar costes.

Con ellos conversamos hoy en Espacio Público.

En primer lugar, os damos la enhorabuena. Es siempre muy gratificante ver éxitos importantes obtenidos en la investigación científica por personas tan jóvenes.

Somos cuatro estudiantes de Ingeniería aeronáutica y aeroespacial en Imperial College en Londres: Paula Gutiérrez Cascales, Joel Tomas Pimentel, Adrien Venot Marco y Kirill Surkov. Joel, Paula y yo, somos españoles y Kirill es ruso con residencia permanente en España desde los 8 años. Acabamos de acabar segundo año de carrera. Todos hemos estudiado la ESO y bachillerato en España antes de irnos a la universidad en Inglaterra.

Al acabar primero de carrera decidimos que queríamos hacer algo fuera de las clases que nos aportara experiencia y conocimientos y encontramos este concurso; el Student Aerospace Challenge organizado por la ESA, ACE (Astronaute Club Européen), Musée de l’air et de l’espace en Paris le Bourget, Ariane Groupe y Dassault Aviation. El tema principal del concurso era vehículos suborbitales, es decir que alcanzan una altitud superior a los 100  km y vehículos hipersónicos, que superan la velocidad del sonido para el transporte de personas. El concurso está destinado a estudiantes universitarios, incluyendo a estudiantes de máster o doctorado, siendo nosotros el equipo más joven, cuenta Adrien.

Hemos conseguido obtener el primer premio, el ESA Grand Prix, que tenía como recompensa una beca de la Agencia Espacial Europea ESA para participar en International Student Education Board ISEB, un programa en el cual cada agencia espacial, entre las cuales NASA, JAXA, CSA y otras, selecciona entre 5 y 10 estudiantes para participar en diversos eventos y una invitación de la Agencia Espacial Europea para presentar nuestro proyecto en la International Astronautical Conference IAC 2022 organizado en París este año. Esto nos dio la oportunidad de conectar con multitud de estudiantes de diversas agencias espaciales pero sobre todo con empresas y trabajadores del sector aeroespacial como el director general de la ESA, o el astronauta Pedro Duque entre muchos otros, nos dice Paula.

Paula Gutiérrez Cascales, Pedro Duque, primer astronauta español y exministro de Ciencia e Innovación, y Joel Tomas Pimentel.

¿Y qué características especiales tiene este vehículo espacial?

Intervienen aquí el resto del equipo para explicarnos que:

Hemos diseñado un vehículo suborbital, cuyo fin es llegar a 100 km de altura (línea de Karman, la cual se considera el límite del espacio) para estar entre 5 y 10 minutos sin gravedad, y seguidamente regresar a la atmósfera, todo sin entrar en órbita. Nuestro vehículo sería capaz de despegar y aterrizar horizontalmente como un avión y además sería capaz de hacerlo en casi todas las pistas de aeropuertos internacionales como por ejemplo en todas las pistas de Madrid Barajas, Charles de Gaulle en París o Heathrow en Londres entre muchos otros.

La idea principal es reducir la resistencia al aire durante la subida vertical del vehículo (tramo en el que más combustible se gasta) haciendo uso del innovador concepto de Busemann, una configuración geométrica cuyas alas tienen forma triangular y que es capaz de prácticamente eliminar la resistencia con el aire debido a la anulación de las ondas de choque supersónicas en las alas.

Hemos sido capaces de usar este concepto y aplicarlo a la realidad ya que el concepto tenía un problema elemental que es su incapacidad para crear sustentación (Lift) por lo que era incapaz de volar en condiciones subsónicas (menor que la velocidad del sonido).

© del diseño a ICSpace del Student Aerospace Challenge

La finalidad de nuestro diseño es abaratar el coste de las misiones de vehículos suborbitales para progresivamente hacerlas accesibles a todo el mundo, reduciendo el gasto principalmente de combustible gracias a una aerodinámica mejorada.

Y continúan explicando el uso al que puede estar destinado este vehículo aeroespacial:

El vehículo tiene diversas aplicaciones:

– El uso principal del diseño del avión es el mismo para el que fue diseñado en la competición, es decir un vuelo suborbital que llega hasta el espacio a una altitud de 100 km sobre la tierra y vuelve a aterrizar en la superficie, el cual tendría un enfoque turístico (tal y como hacen Virgin Galactic o Blue Origin).

– Aparte de eso, adaptando este diseño y construyendo sobre las tecnologías que hemos desarrollado para el mismo, se podría usar también en vuelos suborbitales para transportar carga al espacio como satélites o llevar equipaje a estaciones espaciales, reduciendo enormemente el coste tanto económico como de tiempo requerido para ello ya que se prescinde de la costosa y lenta tarea de ensamblar y usar cohetes verticales.

– Otra de las aplicaciones de un diseño adaptado a partir de este concepto es el vuelo supersónico para transportar tanto equipaje como personas rápidamente, replicando los usos del Concorde pero utilizando mucho menos combustible (lo que es de vital importancia ya que el alto consumo de combustible del Concorde fue una de sus principales causas de retiro).

– Finalmente, como todo avance de la aeronáutica o del espacio podría tener aplicaciones militares.

Joel Tomas Pimentel, Adrien Venot Marco, David Parker, director for Human and Robotic Exploration en la ESA, Paula Gutiérrez Cascales y Kirill Surkov.

Los aviones son emisores de gases de efecto invernadero y el tráfico aéreo es uno de los mayores causantes de la contaminación. ¿Os han movido razones de sostenibilidad para diseñar un vehículo capaz de consumir menos combustible?

Sin lugar a duda uno de los mayores focos de desarrollo actual del sector aeronáutico se concentra en intentar reducir el consumo de los aviones. El sector de mayor investigación para reducir las emisiones de gases es el desarrollo de nuevos métodos de propulsión, de ahí los diferentes proyectos de aviones eléctricos o de hidrógeno como el AirbusZero. Sin embargo existen esencialmente dos métodos para reducir el consumo de combustible, uno se basa en mejorar la propulsión, y el otro en mejorar la aerodinámica. Es por eso que en los coches de Fórmula 1 la aerodinámica es uno de los componentes más esenciales que marca la diferencia entre unos coches u otros. Sin embargo, bajo nuestro punto de vista, los aviones comerciales y cohetes no han cambiado mucho su diseño en los últimos 50 años, de ahí nuestro interés en buscar soluciones innovadoras para mejorar la aerodinámica y así reducir las emisiones y también los costes.

 ¿Quiénes pensáis que  pueden ser las empresas o instituciones más interesadas en este tipo de vehículos: turismo, aviones militares?

Cualquier empresa que trate de ofrecer servicios de transporte aéreo y/o espacial (tanto de personas como de mercancías) puede estar interesada en el proyecto, ya que el diseño del avión a la vez permite alcanzar velocidades extremadamente altas en el aire, llegar al espacio sin perder partes como lo hace un cohete, abaratando gastos, pero también haciendo posible realizar vuelos muy seguidos sin tener que esperar meses como pasa en la actualidad. Además, permite gastar menos combustible que otros aviones supersónicos, reducir el sonido de estos y despegar y aterrizar en muchos aeropuertos internacionales sin ninguna complicación adicional, responde Kirill.

Estudiáis en Londres, en una universidad británica de investigación que es pública. ¿Tenéis facilidades y medios para desarrollar vuestro trabajo  investigación?

Estamos estudiando en Imperial College en Londres, una universidad con mucho prestigio tanto en Inglaterra como en el Reino Unido (sexta universidad del mundo en el QS World ranking). En efecto, Imperial College es una universidad pública británica, pese al precio de matriculación de 9250 libras al año (para ciudadanos británicos o europeos que comenzaron a residir en el Reino Unido antes del Brexit), aunque este precio es una tarifa estándar para todas las universidad pública inglesas. Sin embargo, esta cantidad puede ser financiada al completo por el estado inglés y devuelta por el estudiante al finalizar la carrera cuando se empieza a cotizar a través de préstamos estudiantiles con condiciones muy favorables. En nuestro departamento de aeronáutica en Imperial College, tenemos mucha suerte ya que tenemos muchos medios y facilidades a nuestra disposición entre los cuales:

– Tres simuladores de vuelo.

Fotografias cedidas por Imperial College

 

Fotografias cedidas por Imperial College

– Ocho túneles del viento que miden hasta 20m de largo y alcanzan una velocidad de hasta Mach 9 (9 veces la velocidad del sonido) para simular las condiciones tanto de vuelo como para vehículos como Fórmula 1.

– Varias cámaras de vacío para simular las condiciones del espacio.

– Un canal hidrodinámico para hacer tests aerodinámicos dentro del agua.

Además de los equipos físicos tenemos numerosos recursos digitales, como una página online donde podemos acceder a 346 softwares específicos para ingeniería lo que nos permite poder comparar siempre nuestros resultados mediante diferentes simuladores y tener mucha información a nuestra mano. Así mismo tenemos una biblioteca abierta 24h al día todos los días, incluido fines de semana y festivos.

Además, Imperial College destaca por su enorme interés en el desarrollo de proyectos estudiantiles, ya que los considera clave tanto como para que los alumnos consoliden los conocimientos aprendidos así como para que ganen experiencia y estén mejor preparados para el mundo laboral/creación de empresas. Frutos de esto son los más de 200 clubes que desarrollan una enorme variedad de proyectos desde cohetes, drones y un coche de fórmula 1 a administrar un pequeño fondo de inversión. También, Imperial trata de impulsar otros proyectos externos (como fue nuestro caso), por lo que el apoyo de los profesores en dudas técnicas o consejos siempre es muy accesible o solicitar acceso a instalaciones o material de investigación más avanzado (como superordenadores en caso de necesitar).

En general, se podría decir que como toda universidad pública en Inglaterra, estudiar en Imperial es caro, sin embargo, se hace un uso excelente de ese dinero aportando incluso más recursos de los que muchas veces se necesitan para desarrollar todo tipo de proyectos durante tus estudios en la institución, cuenta Paula.

Por último, ¿Creéis  que en España hay muchos obstáculos o pocos medios para desarrollar un trabajo tan necesario como es el de la investigación científica?   

España tiene todos los ingredientes necesarios para ser una cuna mundial de la investigación y la innovación. En general los españoles en el campo científico y tecnológicos son muy buenos en lo que hacen, por experiencia propia, tanto antiguos alumnos como profesores de nuestra universidad dicen que los españoles que acceden a ella están muy bien preparados y rinden por encima de la media, igual que todos hemos oído que algún español siempre anda metido en el desarrollo de la última novedosa tecnología. También, la calidad de vida y clima de nuestro país nos hace especialmente atractivos no solo para que los propios españoles prefiramos, si fuera posibles, quedarnos, pero también para los extranjeros. Y por último, por lo menos en el sector aeronáutico y espacial, no es que España esté retrasada con sus contrapartidas europeas, la realidad está lejos de eso; muchas empresas como Airbus, en Sevilla y Madrid, o las instalaciones de la ESA y la NASA en nuestro país nos dotan de un tejido industrial y científico avanzado que puede funcionar como la cabeza del sector y arropar muchísimas oportunidades de creación de empresas e investigación.

Creemos que el problema en España no es que haya obstáculos para la investigación sino más bien la falta de medios debido a una baja inversión en I+D+i necesaria tanto de entidades públicas como de empresas privadas, y la necesidad de aumentar los recursos de las universidades públicas.

Nosotros en nuestra vida universitaria sí que hemos notado algunas diferencias de España frente a otros países; varios de nosotros, que tratábamos de realizar prácticas este verano, siendo españoles, naturalmente hemos tratado de encontrar alguna en nuestro país, sin embargo, tras cientos de mails y la mayoría de respuestas siendo “no realizamos prácticas de verano”, hace que los que hemos hecho prácticas de verano las acabásemos haciendo en otros países como Reino Unido o Suiza. Además, en muchos casos, la remuneración económica es nula o bajísima si la hubiera (que se entiende que estas prácticas son para ganar experiencia, no dinero, pero por ejemplo, tener que trasladarse a una nueva ciudad a hacer las prácticas sin tener ninguna ayuda económica para hacerlo no siempre es posible). Otra cosa que hemos constatado por ejemplo es que mientras que en el Reino Unido tenemos acceso a lugares de estudio 24 horas, incluidos festivos, las bibliotecas, por ejemplo de Madrid, tienen horarios reducidos, muchas cierran fines de semana y muy aforo limitado.

Una idea que creemos que tendría mucho futuro en España que se da en muchos países extranjeros y potencia enormemente las capacidades de innovación y desarrollo es la presencia de campus científicos deslocalizados. Ejemplos de este son el Harwell Campus situado entre Londres y Oxford en el Reino Unido o el EPFL Innovation Park en Lausana. Estos centros de investigación, al estar por así decirlo “en el medio de la nada” disfrutan de precios muy baratos en cuanto a alquileres, viviendas etc. y gracias a transportes eficaces se conectan con grandes urbes como Londres y Ginebra desde las cuales muchos investigadores y estudiantes pueden ir rápidamente a estos a trabajar. En los ejemplos que hemos puesto, en ambos casos, estos campus están dando muy buenos resultados, y son en países sin líneas férreas de alta velocidad (por encima de 300 km/h). Así que solo imagine el potencial que podrían tener centros así situados en una parada en plena línea AVE.

Estos son solo algunos ejemplos con los que creemos que podrían mejorar la investigación científica en España, dicen Joel y Paula.

NOTA: Todas las fotografías de este reportaje han sido cedidas a Espacio Público por ICSpace el equipo ganador de esta 16 edición del Student Aerospace Challenge.

“Siempre me ha parecido extraño que el Heavy Metal, un género musical con más de medio siglo de historia, en comparación con otros estilos, haya propiciado una producción editorial tan pequeña. En España, muy pocas historias acerca del Heavy Metal se han editado, siendo muchas simplemente traducciones de obras anglosajonas…”, dice Mariano Muniesa (periodista musical especializado en blues y rock y colaborador de este Espacio), en la Introducción del libro Historia del Heavy Metal (Almuzara, 2022), que ha escrito contando con la colaboración de Mariskal Romero, pionero de la radio y la prensa rockera en España.

Muniesa nos relata cómo a mediados de la década de 1960 aparece el Heavy Metal, un concepto nuevo del rock que pronto se extendería a otros países. Y no es raro que fuera Londres el escenario de este nacimiento ya que en ese momento era la “ciudad más cosmopolita del mundo, meca mundial de la moda pop, del nuevo free cinema inglés y de la música rock”, si bien unos años antes, Muniesa establece el antecedente del Heavy Metal en el Johnny B. Goode de Chuck Berry, como el riff de rock´n´roll por definición, y debidamente amplificado, es “puro Heavy Metal”.

En este libro Muniesa explica para todo tipo de público, sea o no seguidor del Heavy Metal, el recorrido de este género musical. Y lo hace de forma muy sencilla, con anécdotas, numerosos datos, ejemplos y también con humor.

Mariano Muniesa

Esta variante del rock, que había conocido los años de gloria en 1970-1972 cuando se editaron discos míticos que se siguen publicando hoy, conoció su mayor difusión en España en la década de los 80, con grupos como Barón Rojo y Obús, aunque no acabó en esa época y sigue hoy muy vivo. Y todo lo que rodea a esta música y a estos grupos generó prejuicios, sobre todo por las estigmatizaciones que sufrió. Muniesa recuerda que hace años llevar una camiseta de Iron Maiden podría llegar estigmatizarte y ahora se puede encontrar en cualquier tienda, incluidas las más convencionales.

Otro aspecto importante es el papel de las mujeres en el Heavy metal. A este respecto Muniesa afirma:

En el mundo de la cultura, históricamente la mujer ha tenido que luchar contra toda una serie de prejuicios fruto de la mentalidad machista predominante que siempre la obligaron a tener que demostrar más capacidad, más valía y más determinación de la que se le exigía a cualquier hombre. El heavy metal en modo alguno ha sido una excepción en ese ámbito, inclusive en los años 80 una buena parte de su idiosincrasia, sobre todo y muy especialmente en Estados Unidos, contemplaba a la mujer como un mero objeto de satisfacción sexual para el macho alfa. La idea, que hoy produce bochorno, de la supuesta estrella de hard rock masculina ante la cual las mujeres caen rendidas para adorarle como si de una deidad se tratara era desagradablemente habitual en las portadas de discos, los video-clips y a veces, en el comportamiento de algunos músicos. Hoy en el heavy metal, tal y como ocurre en el resto del panorama cultural, las mujeres se han empoderado, han conquistado su propio espacio, cada vez son más numerosas las bandas compuestas solo por mujeres o por mujeres y hombres. Queda algo de machismo residual y siempre hay excepciones, pero hoy las mujeres son respetadas, se las aprecia y valora por su capacidad como músicas y ya no se las ve simplemente como muñecas Barbie.

En este libro Muniesa, con la colaboración de Romero (que defiende la radio y el papel del periodista musical) viaja a los orígenes, las raíces del rock. Con un conocimiento increíble y una fuerte pasión por el Heavy Metal ambos se adentran en este hábitat musical que es también una manera de combatir falsos mitos y de entender el mundo.

Mariskal Romero

Nada falta en esta historia del Heavy Metal para quien quiera conocer cómo han evolucionado el rock y el blues a través de la música de Ozzy Osbourne, Lemmy, Barón Rojo, Banzai, Obús, Sober, Saratoga, Mago de Oz, Metallica, Steppenwolf, Vanilla Fudgeo o Rainbow entre otros grupos.

Y para finalizar, sobre el futuro del Heavy Metal, Mariano Muniesa nos dice:

Toda manifestación cultural o si se prefiere todo estilo musical tiene futuro en tanto en cuanto las nuevas generaciones lo hagan suyo y le aporten, dentro de su evolución, su aportación personal. En ese sentido, y hablo desde mi experiencia y mi posición como periodista musical, estoy convencido de que el Heavy Metal tiene por delante un futuro espectacular. En la redacción de www.mariskalrock.com recibimos cada semana infinidad de maquetas y discos autoeditados, o enlaces online a sus redes sociales de grupos de los más variados estilos dentro del Heavy, todos formados por chicos y chicas que apenas han cumplido 18 años. Gracias a que hoy pueden aprender muy rápidamente a través de tutoriales en YouTube, que los precios de los instrumentos son más accesibles, gracias incluso al apoyo de sus padres –en los 70 y los 80 la oposición familiar contra el Heavy Metal era moneda común, dedicarse al rock era algo que casi se llevaba en secreto en casa- hay una cantera de músicos y músicas jóvenes realmente sensacional.

El reto, el desafío que esa generación tiene que superar, es la falta de apoyo a la cultura en general y al rock duro en particular que existe en los medios de comunicación. La barrera de la visibilidad es su gran hándicap. Pero cuando existe voluntad, convicción, pasión y se vive por hacer realidad un sueño, como dicen los ingleses, the sky is the limit… sólo el cielo es el límite.

Historia del Heavy Metal
Mariano Muniesa, con la colaboración de Mariskal Romero
Editorial Almuzara, colección “Eso No estaba en mi libro”, 2022.

Conversación con la editora Carmen Moreno

“Editamos sueños” es el lema con el que se inicia la web de la editorial Cazador de ratas. Su fundadora, Carmen Moreno, ha tocado infinidad de teclas en el mundo de la cultura: gestora cultural desde 2004, ha sido editora de contenidos para la Fundación Giner de los Ríos, asesora técnica de cultura para el Ministerio de Igualdad, co-directora de la colección de bolsillo de la Diputación de Cádiz, guionista del programa de televisión Cifras y Letras, correctora en diversas editoriales, profesora de creación literaria para la Junta de Andalucía y otras instituciones, entre otras muchas cosas. Los premios literarios tampoco le han sido ajenos: ha ganado el Premio Nacional de Relato Corto Fernando Quiñones, el Premio Andalucía Joven en la modalidad de arte, el Premio Nacional de Relato Corto Pilar Paz Pasamar, y el Premio Internacional de Poesía Francisco de Quevedo, entre otros. Ha publicado una veintena de libros y varias antologías. Además, con su proyecto Sin habitación propia está realizando talleres por la igualdad y la diversidad en diferentes institutos de España.

Defensora de los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+, recientemente, su trayectoria, junto a las de Inmaculada Pavía y Lola Salguero, ha sido reconocida por el Ayuntamiento de Cádiz durante la semana del Orgullo LGBTIQ+ en el homenaje “Para no perder la memoria”.

Espacio Público tiene hoy la oportunidad de conversar con ella.

La primera pregunta es fruto de la curiosidad: ¿Por qué el nombre de Cazador de ratas para una editorial?

Es un homenaje a una de esas mujeres a las que la historia les debe aún mucho, Marina Tsvietaieva. La mejor poeta, junto a Ajmátova, de Rusia en el siglo XX. Mujer que sufrió la represión más bestial que puede sufrir una mujer: ver cómo torturan a sus hijos hasta la muerte y lento.

Hija del creador del Hermitage, mujer culta, muy culta, esposa de un militar del Ejército Blanco, activista por el feminismo, por la igualdad, por la libertad de pensamiento.

Carmen Moreno

En “La  sociedad del espectáculo” Guy Debord dice que en el capitalismo todo se ha convertido en representación, en un espectáculo. Hoy los concursos culturales tienen muy poco de cultura y mucho de espectáculo. Tú has sido guionista de Cifras y Letras, un concurso cultural de TVE ya desaparecido. Con la excepción de Saber y ganar, los demás concursos son una pasarela de gente famosa o una sucesión de situaciones en las que las personas que concursan son puestas en ridículo para mayor diversión de la audiencia. ¿Estás al tanto de estos programas televisivos? ¿Qué te parecen este tipo de concursos?

No veo ninguno, no me interesan. Todo quedó al descubierto en Quiz Show. Ni te cuento esos en los que se ponen en ridículo a quienes van a concursar como si fueran simplemente un elemento más del atrezzo. No estoy en contra de la telebasura, es más soy muy defensora de algunos de ellos porque creo que alienarse un rato al día está muy bien, pero no me gusta que me tomen por idiota. Creo que tan telebasura son esos programas como el Sálvame, con la diferencia de que este último no engaña a nadie. Sabes qué vas a ver. Es uno de los programas que defiendo como método de entrar en estado comatoso después de trabajar dieciséis horas al día.

Tienes una amplísima experiencia en el mundo editorial. Prácticamente has pasado por todas las fases: autora, correctora, editora, crítica literaria. En la web de la editorial el lema es muy claro: “Editamos sueños”. ¿Es posible hoy día? ¿Cómo ves hoy el panorama para una editorial pequeña e independiente?

Es posible editar sueños. Otra cosa es la rentabilidad. Los sueños no siempre son rentables económicamente. Yo trabajo como autónoma no solo en mi editorial sino para otras editoriales y particulares. Mi editorial exige ocho horas al día, siete días a la semana, pero no me permite tener un sueldo. Ni siquiera me permite pagar autónomos, así que tengo que trabajar otras ocho horas para poder darle de comer a mi hija.

¿Podría tirar la toalla y opositar? Claro que sí, pero no quiero porque eso es lo que nos han querido vender: “confórmate”, “no te rebeles”, “sigue las reglas y todo irá bien”… Quiero que mi hija entienda que en la vida no todo es fácil, casi nada lo es de hecho, pero que no tiene que conformarse. Será más difícil, vale, pero puede ser lo que quiera.

Un vistazo a tu bibliografía nos indica que has escrito poesía, ensayo, literatura infantil, novela, también el cómic… ¿con cuál de estos géneros te encuentras más cómoda?

Con la novela. Hubo un tiempo en el que no podía escribir nada que no fuera poesía. El síndrome del impostor pega demasiado fuerte en las mujeres todavía. Ahora hace años que no escribo poesía y tampoco la leía. Dejó de interesarme porque me daban mucha perece quienes se hacían llamar “POETAS”. Dios, Gloria Fuertes nunca lo fue. Ella fue una poeta, de esas que se escriben en minúsculas y se leen con lágrimas en los ojos y escarcha en los dedos.

Ahora estoy terminando un libro de poemas que se llama Elia, como mi hija, y estoy con otro a cuatro manos con Ana Tapia, grandísima escritora almeriense. Un poemario LGBTI+, pero sigo con las novelas e investigando para otro ensayo sobre dos mujeres absolutamente únicas.

El informe “Ditrendia: Mobile en España y en Mundo 2020” dice que los españoles pasan 5 horas y 14 minutos al día utilizando Internet. Y que esta cifra aumenta hasta seis horas en el caso de los jóvenes de entre 18 y 24 años. ¿Crees que esto afecta a la lectura?

Cuanto menos lees y más consumes opiniones precocinadas (muy normales en internet), más fácil de manipular eres. Quien quiera que saque sus conclusiones.

Tu labor en defensa de los derechos de las mujeres y de las personas LGBTIQ+ te ha llevado a poner en marcha el proyecto “Sin habitación propia”. ¿Puedes explicarnos en qué consiste este proyecto?

Sin habitación propia es un libro que reivindica a dieciséis poetas mujeres (odio la palabra “poetisa”, cuestión de gustos lingüísticos). De ahí surgió con Diputación de Cádiz una exposición itinerante para dar a conocer a estas mujeres. Lo que jamás pensé es que institutos de toda Andalucía, pero, sobre todo de Cádiz, se hicieran eco y me llamaran para dar conferencias sobre el papel de la mujer en la educación y sobre estas mujeres en particular.

La juventud piensa que las mujeres estamos en el aula desde siempre, pero hay que recordarles que no es así y que los derechos que tenemos fueron conquistados hace muy poco y están en peligro una vez más. Hay que contarles la historia con espíritu crítico. No existe una sola historia, hay hechos concretos que son objetivos, la guerra civil estalló en 1936, pero la historia cambiará depende de quién la cuente. En cambio, eso es irrefutable.

Hay que ver las cosas desde varias perspectivas, analizarlas y, solo entonces, tomar una decisión. Todo lo demás se llama manipulación.

‘La violencia es una veta miserable que cubrimos con canciones’ es el largo título de un breve pero intenso ensayo de la poeta, narradora y pensadora Marifé Santiago Bolaños. El libro inauguró recientemente una colección de ensayo creativo en la editorial Huso denominada ‘Palabras hilanderas’, que ella misma dirige. Pero antes fue un poema surgido de la conmoción y de la necesidad de entender cómo algunos mitos fundacionales de nuestra Cultura pueden estar rodeados de sombras. Y todo en torno a un hecho concreto: la primera sentencia del llamado juicio de La Manada, que en primera instancia (abril de 2018) condenó a los acusados por abuso sexual y no por agresión sexual. Una vez más, la autora de novelas como ‘Un ángel muerto sobre la hierba’ o ‘El tiempo de las lluvias’; de poemarios como ‘Nos mira a piedad desde las alambradas’ o ‘Celebración de la espera’ y de numerosos ensayos sobre las relaciones entre filosofía y creatividad, nos invita a reflexionar, desde un hecho puntual y de actualidad, sobre temas fundamentales, como civilización, barbarie y democracia.

–Fue una sentencia judicial que nos conmocionó porque nos sentimos huérfanas y desprotegidas, afirma la autora. Parecía que todo daba igual, nos sentimos vulnerables desde el punto de vista democrático, parecía que todo nuestro sistema democrático estaba asentado en unos cimientos muy endebles y que todo podía venirse abajo con facilidad. Entonces escribí este poema en el que me preguntaba qué imaginario colectivo podía permitir acontecimientos de este calibre.

–Y eso le llevó a La Ilíada.

–Sí, a ese texto fundacional de la cultura de Occidente que parece una exaltación de la guerra y que, sin embargo, para mí es un texto lleno de sombras. Quizá Homero quien quiera que fuese estaba tratando de decirnos otra cosa. Para mí hay varias escenas que me hacen reflexionar, pero sobre todo esa escena a la que conduce el texto y que enfrenta a Príamo, el padre de Héctor, y a Aquiles, el vencedor. Príamo tiene que humillarse para pedirle al que ha dado muerte a su hijo que le permita recuperar su cadáver, porque la muerte no es suficiente, porque el vencedor necesita la humillación del vencido.

Y, sin embargo, cuando nada parece conducir a ese final, Príamo y Aquiles se abrazan y lloran. Y entonces Casandra, Andrómaca, las mujeres de La Ilíada que clamaban contra la guerra podían tener razón. Y por qué no pensar que el texto fundacional de Occidente no exalta la guerra, sino que es una llamada al pacto, a la piedad y el perdón, parafraseando al presidente de la República Manuel Azaña cuando clamaba por el fin de la guerra.  Así, la violencia es una veta miserable que cubrimos con himnos de todo tipo pero que nunca podrán justificarla.

 Marifé Santiago (Fotografía de Ana Lavesa de Santiago)

–“Si hacemos el ejercicio desprejuiciado de que sean las mujeres las que relaten”, dice en la presentación del libro, muchos estereotipos y lecturas se vienen abajo. Se está dando en muchos estudios de la Historia y de la Historia de la Cultura un cambio de lectura en la medida en que las mujeres están tomando la palabra.

–Es lo que yo llamo la caída del velo, la caída del telón. A veces aceptamos sin pensar relatos asumidos en cualquier tema que no cuestionamos. Pero un día te das cuenta de que no te encuentras cómoda en ese relato porque te han dicho cómo tienen que ser las relaciones entre hombres y mujeres, como si los valores entre los seres humanos fueran una fórmula matemática. Incluso puedes estar cómoda hasta que un día, como digo, cae el telón. Yo he contado muchas veces cómo fue en mi caso.

Yo era una joven profesora de filosofía que creía tener todo muy claro, que, por supuesto no aceptaba el papel que a las mujeres se les había asignado a lo largo de la historia, y que yo no estaba siguiendo los estereotipos. Pero un día una alumna, en el contexto de amistad y confianza que había en la clase, me dijo: Marifé, ¿cómo es que hemos llegado a febrero y no nos has hablado de ninguna filósofa? ¿Es que no había mujeres pensadoras? Me quedé parada. Podía haber contestado siguiendo el canon, siguiendo lo que hasta ese momento no se había cuestionado. Pero fui consciente de que yo misma, que me creía de vuelta de todo, eso estaba repitiendo los mismos estereotipos, el mismo relato heredado. Y me propuse estudiar y trabajar para sacar a la luz todas esas pensadoras silenciadas.

–Una de las muchas reflexiones que condensa el libro es sobre el desgaste de las palabras “a las que la violencia deja heridas y hasta llega a asesinar”. ¿Estamos viviendo una época en que ciertas palabras como ‘libertad’, ‘democracia’, están desgastadas, manoseadas?

–Las gastamos porque las palabras tienen poder. Cuando salen de nuestra boca, de nuestra alma, y caen a tierra pueden fructificar o caer en un estercolero, dar en un espacio yermo. No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad. Desgraciadamente las palabras se convierten en un disfraz que justifica acciones que ni son democráticas ni son liberadoras porque nace del odio y la desconfianza. El discurso de la violencia utiliza palabras que son el disfraz de algo que no significan. Y, como digo en el libro, “acariciar el alma de las palabras deja una delicada sensación de verdad en la punta de los dedos, como mirarle a los ojos a los relatos bíblicos”.

No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad

–Una de las pensadoras que aparecen en el texto es María Zambrano, una mujer a la que ha estudiado con frecuencia y a la que vuelve una y otra vez. En este caso para recordar que ella nos avisa de que la democracia es ese orden social donde no sólo está permitido ser persona, sino que ser persona es una obligación.

–El concepto de persona es social y político. El concepto nos remite al término máscara-papel-rol. Y solo en democracia ese rol se ejerce en un espacio compartido en términos de igualdad. Si el concepto persona se desvirtúa entramos en la posverdad, en el final de la historia. La libertad tiene sentido en un contexto donde todos estamos capacitados para elegir.

–Otro de los pilares del libro es la educación, la educación frente a la barbarie, la educación para la igualdad y la democracia.

–Como ciudadana demócrata creo que la educación ha de ayudar a solventar las desigualdades inevitables que, en lo social y también en lo biográfico personal, arrastramos. Imagino siempre esa cultura, esa civilización en la que no hay niños ni niñas que tienen que dejar la escuela porque en casa necesitan su trabajo. Imagino ese espacio escolar donde los niños y las niñas aprenden que la libertad y la belleza existen y, además, les pertenecen. Y trabajo, desde que tenía 24 años de un modo profesional, en conseguir que esa cultura y esa civilización existan.

–Se antoja un largo camino.

–Es un camino larguísimo y lentísimo, casi cósmico en su temporalidad. Pero cuando se mira hacia atrás, encontramos el cambio sustancial, ético por tanto, que España ha logrado a este respecto. No tengo que remontarme al siglo XIX y traer a colación la Institución Libre de Enseñanza, aunque lo hago. Es suficiente con ver a mi madre o pensar en mi padre, que forman parte de esos miles, millones de niños y niñas esclavos que entregaron sin preguntas su infancia, su adolescencia y su juventud sin tener claro un para qué, puesto que las cosas eran de ese modo, en ciertos entornos, en la posguerra española. Ellos son la mayoría. Salieron adelante, incluso se formaron cuando tuvieron conciencia y posibilidad, porque tenían claro que solo la educación permite elegir, que la libertad es ese horizonte al que nunca llegamos, pero nos guía.

–La educación pública es fundamental en este aspecto, pero ¿se la apoya suficientemente?

–Es crucial que la educación pública sea encomiable, y que quienes nos ocupamos de ella seamos vistos como algo más que primeros auxilios. La educación en sus versiones concertada o privada son siempre opciones, y está muy bien que las haya para que se pueda elegir. Pero socialmente hablando, el apoyo a la educación pública significa estar partiendo de un principio, desde mi punto de vista, innegociable: la igualdad, en todos los ángulos, solo será tal cuando se expliciten espacios de justicia, de dignidad, donde no sean obstáculos las marcas de punto de partida, esa es su grandeza: en un aula no hay orígenes ni hay vetos ni hay clases sociales; hay presente y hay porvenir. La educación es cimientos y es, a la vez, cumbre. Y entre los cimientos y la cumbre está la cultura, que es algo parecido al aire, a la savia de la educación. Una educación “difusa”, que decían los Institucionalistas. De modo que teniendo cada una su obligación, podemos decir que dialogan constantemente porque la una enciende a la otra.

Notas:

*Marifé Santiago es escritora y profesora de Filosofía

Conversación con Luis García Jambrina

El pasado 14 de abril, en la Universidad de Salamanca, se presentó el libro “La doble muerte de Unamuno” (publicado por Capitán Swing). El rector de la Universidad Ricardo Rivero y la directora de la Casa-Museo Unamuno, Ana Chaguaceda, junto a Luis García Jambrina y Manuel Menchón, hablaron de las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte del escritor.

Una indagación histórica que tiene su origen en la exitosa película/documental “Palabras para un fin del mundo” de Manuel Menchón, en la que se cuestiona la versión oficial de la muerte de Unamuno que durante décadas dio el régimen franquista, y en la que se sugiere la posibilidad de que fuera asesinado. Con Manuel Menchón tuvimos ocasión de conversar antes del estreno de su película, que además ha sido uno de los últimos grandes éxitos de taquilla (https://espacio-publico.com/entrevista-a-manuel-menchon-director-del-documental-palabras-para-un-fin-del-mundo).

Hoy lo hacemos con el escritor Luis García Jambrina, profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Además de escritor de éxito (es autor entre otras obras de la serie “Los manuscritos” cuyo protagonista es Fernando de Rojas), García Jambrina conoce muy bien la figura y la obra de Unamuno, ya que ha sido miembro de la Comisión Asesora de la Casa-Museo de Unamuno y es director de la revista “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”.

EC. Antes de entrar en faena, la primera pregunta se refiere a la génesis de este libro. ¿Cómo surgió su encuentro con Manuel Menchón y la idea de divulgar en forma de libro las dudas sobre la muerte de Unamuno?

LGJ. Nos conocimos hace poco más de un año en Madrid, en una mesa redonda sobre Unamuno y el incidente del 12 de octubre en el paraninfo. Por entonces él estaba preparando el documental “Palabras para un fin del mundo” y yo me interesé por su investigación. Como muchas de las cosas que Menchón había ido encontrando iban a quedarse en el tintero, pues no tenían cabida en la película, comenzó a plantearse la idea de hacer un libro con el fin de profundizar en esos materiales y ampliar un poco la investigación y ahí es donde entré yo.

Hace unos quince años yo había publicado en un libro un cuento sobre la muerte de Unamuno. Ese cuento luego se ha traducido y ha aparecido en alguna antología. En él parto de los recuerdos de una mujer que era casi una niña cuando murió Unamuno, del que era vecina. Y luego me quedé con las ganas de seguir indagando en ese asunto, que siempre me ha interesado. La idea es que el libro vaya más allá de lo expuesto en el documental, con un tono más reflexivo y una mayor argumentación. Es un libro escrito con rigor y documentación, pero también con pasión.

EC. Ustedes definen este libro como un “cruce de crónica y reflexión”.  Y dicen que lo que pretenden es crear un “contrarrelato”. Su objetivo  es desmontar y desenmascarar la versión oficial de la muerte de Unamuno, aunque tampoco pretenden ofrecer la verdad. ¿Cree que este suceso, como tanto otros de la historia, permanecerá en la oscuridad del misterio y que nunca se podrá saber la verdad completa?

LGJ. Es probable que nunca se pueda llegar hasta el final, como ha ocurrido con tantos casos. Pero al menos hemos intentado ir más allá de lo que hasta la fecha se había llegado en cuanto a la investigación de ese enigma y de todas las circunstancias que rodearon la muerte de Unamuno. Por otra parte, nuestro libro no pretende ser un punto de llegada, sino un punto de partida para posteriores investigaciones que ahonden más en el asunto, tal vez desde otras perspectivas.

EC. La figura de Unamuno es controvertida, ambigua. Defensor de la República al principio, pasó después a ser apoyado y utilizado contra la República por los sublevados encabezados por Franco. ¿Cree que el escritor fue consciente de esta utilización de su imagen?

LGJ. No era la primera vez que intentaban utilizar propagandísticamente a Unamuno. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del escritor e intelectual más importante de su tiempo y del más conocido y respetado fuera de España, un autor que siempre ha levantado pasiones. De modo que son muchos los que han pretendido que apoyara sus causas o que se han declarado discípulos suyos, sin serlo verdaderamente. Pero él nunca se dejó clasificar ni etiquetar. Era muy escurridizo. A veces se dejaba querer. Pero enseguida ponía las cosas en su sitio. Él siempre fue un solitario, libre e independiente. Los falangistas tenían un empeño especial en que él los apadrinara. Pero Unamuno no estaba ni con los “hunos” ni menos aún con los “hotros”, como él escribía.

EC. En el libro se habla de que la muerte de Unamuno de alguna manera era presentida por él, que temía por su vida. ¿De qué o de quién tenía miedo?

LGJ. Está claro que de los sublevados. Había precedentes inmediatos de cómo habían acabado algunos amigos y conocidos suyos, tanto en Salamanca como en otros sitios. Sabía, por ejemplo, lo que le había pasado a Lorca, una muerte que él lamentó mucho. Así que se esperaba que cualquier día los sublevados lo fusilarán a él. Si no lo hicieron fue porque no les convenía desde el punto de vista propagandístico; ya estaban un poco escarmentados con el caso de Lorca. Esto hizo que Unamuno se convirtiera en un problema, en una bomba de relojería que en cualquier momento podía estallar. De ahí que Unamuno estuviera convencido de que lo iban a asesinar en su propia casa. Eso lo vemos en varias cartas y escritos de los días y semanas previos a su muerte. Son comentarios estremecedores.

EC. El falangista Bartolomé Aragón fue la última persona que vio con vida a Unamuno. Fascista declarado y convencido, visitó al escritor en su casa la tarde del 31 de diciembre de 1936 y estaba con él cuando falleció. Háblenos de su contribución al relato de lo que ustedes llaman la versión oficial.

LGJ. La versión oficial se construye a partir de las declaraciones realizadas por Bartolomé Aragón desde la tarde misma en la que Unamuno falleció. Este relato se fue completando luego con nuevas declaraciones, aquí y allá, en las que añade algunos detalles que aumentan el dramatismo del momento o de las horas posteriores. Asimismo, se observan algunas lagunas, incoherencias y contradicciones. A esta versión oficial contribuyeron también algunos escritores y periodistas del entorno de la oficia de Prensa y Propaganda de los sublevados, dirigida en ese momento por Millán Astray. Este falso relato a fuerza de repetirlo se convirtió con el tiempo en una verdad que luego nadie ha intentado desmontar. Se trata, pues, de una gran operación propagandística, casi de manual. Nuestro libro pretende ser una especie de contrarrelato que desmonte y desenmascare esa versión oficial.

EC. Bartolomé Aragón fue impulsor de un “Auto de fe” en Huelva consistente en la quema de libros, práctica que lamentablemente se realizó en más puntos de España por parte de las fuerzas sublevadas y de los seguidores de Franco. Por el contrario, Unamuno es sabido, era amante de los libros y de la cultura. ¿Podían llevarse bien Aragón y Unamuno con prácticas e ideas tan antagónicas?

LGJ. El auto de fe tuvo lugar en Huelva el 29 de octubre de 1936. Se trata de una prueba más de que la relación entre ellos no podía ser de amistad ni de afinidad intelectual ni de maestro y discípulo, y dibuja con claridad el perfil de Bartolomé Aragón, totalmente contrario al de Unamuno. Lo más grave es que Aragón justificaba la quema de libros amparándose en el Quijote, concretamente en el célebre pasaje del Quijote en el que el cura y el barbero prenden fuego a una buena parte de la biblioteca del ingenioso hidalgo, lo que debió de escandalizar a don Miguel si es que llegó a enterarse de ello. Este episodio del auto de fe muestra muy bien la actitud de los sublevados hacia la literatura, el pensamiento y la cultura en general, por eso le hemos dedicado un capítulo en el libro, con abundantes testimonios.

EC. Es conocido el incidente que se produjo el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Ciudad Universitaria de Salamanca, pero ¿cómo fue la relación del escritor y el fundador de la Legión española?

LGJ. Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo. Y algo muy parecido cabe decir de don Miguel con respecto al fundador de la Legión, lo que había dado lugar a ciertas rencillas y desavenencias. De ahí que estuvieran condenados a enfrentarse, ya fuera por una cosa o por otra, en Salamanca en esos últimos meses de 1936. Ya algunos años antes del incidente del paraninfo, en el Ateneo de Madrid, Unamuno había llamado a los legionarios nada menos que «cortacabezas y hampones» y otras cosas más y eso era algo que el fundador de la Legión no había olvidado. Tampoco el 12 de octubre era la primera vez que Millán Astray arremetía públicamente contra los que él consideraba malos intelectuales o intelectuales traidores. Sus vidas pudieron haberse cruzado también en París en 1924.

Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo.

EC. Uno de los aspectos más controvertidos de la versión oficial de la muerte de Unamuno es el dictamen médico. Varias décadas después ustedes destacan las contradicciones y errores de este dictamen. ¿Nos puede hablar de las investigaciones que les han llevado a dudar de este informe médico oficial?

LGJ. En relación con las causas de la muerte de Unamuno hemos contado con el asesoramiento de Francisco Etxeberria Gabilondo, médico especialista en Medicina Legal y Forense, uno de los más prestigiosos y reconocidos de España, que tuvo la amabilidad y la generosidad de contestar por escrito a las preguntas que le formulamos sobre el caso en un cuestionario. Según figura en el acta de defunción de Unamuno, la causa inmediata de la muerte fue una hemorragia bulbar. Pero esto solo podía haberse dictaminado con certeza si Unamuno hubiera estado vivo cuando llegó el médico y lo examinó. Sin embargo, todas las declaraciones de testigos dan a entender que para entonces ya había fallecido. En ese caso, tal tipo de hemorragia solo podía haberse observado por medio de una autopsia. Pero esta no se llevó a cabo. Con lo que llegamos a un callejón sin salida. 

EC. Por último, ustedes hablan de que la muerte de Unamuno fue doble, primero su muerte física y después la utilización de su imagen, la apropiación de su persona por parte de un régimen con el que no comulgó. ¿Cree que es posible que se le haga justicia?

LGJ. Al margen de como muriera, lo más grave en el caso de Unamuno es lo que en el libro llamamos la muerte simbólica, que consiste en el secuestro, en primer lugar, de su cadáver y luego de su memoria, de su legado y de su figura y en el hecho de que los falangistas lo enterraran como un fascista, como uno de los suyos. Como consecuencia de todo ello, don Miguel quedó al final en una especie de purgatorio, considerado como un traidor por unos y por otros, lo que no quitaba para que los sublevados se sirvieran propagandísticamente de él en cuanto se les presentaba ocasión o escarnecieran su figura dándole, por ejemplo, su nombre a un campo de concentración de Madrid. La mejor justicia que se le puede hacer a Unamuno es la recuperación total de su memoria y el esclarecimiento de la verdad, sea la que sea. Como a él le gustaba decir: “primero la verdad que la paz”.

Notas:

*Crédito de la imagen: CRISTINA CANDEL.

Todas las vidas son distintas y todas son importantes. Todas tienen algo interesante que contar. Cada persona tiene su propio recorrido vital. Y eso es ya de por sí atrayente. Pero algunas biografías son excepcionales, bien por la personalidad del, o de la, protagonista, bien por las circunstancias excepcionales que rodean sus vidas o bien por las obras que han realizado.

A pesar de su juventud (nació en 1987), la vida de Najat Kaanache es una de esas biografías singulares y apasionantes.

Nacida en Orio (Guipúzcoa) en 1987, su familia de origen marroquí, emigró a estas tierras vascas donde la mayoría de la gente habla euskera. Allí encontró todas las dificultades posibles para entenderse. Pero Najat, que ahora habla siete idiomas, superó todas las pruebas. Marruecos, España, Euskadi… tres escenarios que le llevan a decir que ella es euskalduna, marroquí y española. En sus pocos más de 30 años, ha recorrido medio mundo y ha pasado por infinidad de circunstancias que hacen que su vida sea algo así como un cuento mágico.

Un buen día, descubrió en Holanda que era capaz de elaborar unos excelentes pintxos fusión vasca-marroquí y entendió que en la cocina estaba su futuro. También supo ver que en el mestizaje, en la fusión, está el camino para avanzar. La suerte o su buena estrella la acompañó, pero lo fundamental lo puso ella con su talento y su trabajo: fue becaria con los chefs mejor considerados y más reconocidos en todo el mundo, aprendió (también enseñó); y con todo ese espléndido y temprano bagaje regresó a Marruecos, a Fez, en cuya medina abrió NUR, su propio restaurante, que ya ha recibido importantes galardones y es uno de los más prestigiosos internacionalmente. Hoy está reconocida como una de las restauradoras más importantes en todo el mundo y en su haber también cuenta su libro Najat (editorial Planeta).

En la infancia de Najat no faltó la pobreza ni la discriminación. Su salvación fue la escuela pública. Educación, cultura, ilusiones… Ella es una mujer que contagia energía y entusiasmo, llena de sueños e ideas que quiere poner inmediatamente en marcha. Y que se preocupa, y mucho, por otras mujeres, con las que trabaja y por las que trabaja.

Y de eso es de lo hablamos especialmente hoy con ella.

Tenemos noticias de que tiene una gran preocupación por el trabajo que realizan las mujeres, que en su empresa gozan de buenas condiciones laborales y que se interesa mucho por su bienestar, porque tengan independencia, su “habitación propia”, también que se esfuerza porque las hijas de sus empleadas vayan a la escuela. ¿Nos puede hablar de esto?

Una de las cosas que para mí es muy importante es que las mujeres que trabajan conmigo  -muchas de ellas están divorciadas o separadas, o se han separado de su marido-, que trabajan en la cocina, en la limpieza y son unas superchampions, tengan su propio espacio. Tienen hijas y lo que yo intento inculcar es que la nueva generación tiene que estudiar, que no pueden dejar el colegio. Y como viven en casas de familiares, lo que busco es que ellas puedan tener su propia habitación, su casa, con su cocina, su nevera, donde puedan dormir y cerrar la puerta con llave y tener su propio espacio. Y con ellas sus hijas o sus hijos. Para mí esto es super importante.

Háblenos de este proyecto que está realizando ahora con mujeres marroquíes: la elaboración de queso de cabra. Nos interesa mucho saber en qué consiste.

En Taza, de donde vengo yo, que está a casi tres horas y 15 minutos desde Fez, hay mujeres que viven en la montaña; allí hay un verde muy natural, está el Parque Nacional más importante de Marruecos. El primer banco  marroquí se fundó aquí en Taza, que es donde estoy en estos momentos. Y encontré algo muy peculiar. Siendo yo una mujer vasca nacida en San Sebastián, siempre me he llevado un pedacito de queso de Idiázabal o de queso manchego de país en país. Me dije, si estas mujeres tienen cabras y tienen vacas, un montón de cabras que dan un montón de leche que dan a sus hijos para que se alimenten y no saben qué hacer con el resto, pues digo yo por qué no montamos una quesería.

Ellas hacen queso fresco que se comen en dos o tres días. Y yo decía por qué no hacer un queso curado, que sea artesano, que sea el resultado de un trabajo hecho por ellas desde el principio hasta el final. Y que además se puedan ganar un sueldito, ¿por qué no? Entonces se me ocurrió la idea de montar esta quesería. Y nos estamos enseñando a nosotras mismas, hablando con veterinarios, hablando con gente que entiende de la materia. Hemos llegado a tener distintos equipos de diferentes países para que nos ayuden a guardar las medidas de higiene, a mantener bien la leche. Trabajar en diferentes propuestas para poder tener fondos, para tener una máquina para cuajar, unos tanques para mantener en frío… Pequeñito pero que sea algo mágico. Que lo podamos usar y que les enseñemos algo que es nuevo para ellas. Hay gente en esta montaña que no ha bajado nunca a la ciudad. Es impresionante cuando eres capaz de hacer un queso en una montaña y ser capaces de venderlo en un restaurante como el Nur en la medina . Y que de ahí salga para el mundo.  Es algo impresionante, ¿por qué no? También es aprender.

¿Es cierto que como muchas de ellas temen la noche de regreso a casa, por peligro y prejuicios evidentes, tiene taxis pintados de rosa que conducen mujeres y llevan a las trabajadoras a sus casas?

La verdad es que por la noche en la medina uno se puede perder; se puede encontrar gente como en Brooklin, como en Madrid, como en Barcelona, como en Donosti, te puedes encontrar gente que te gusta o no. Es cierto que las mujeres a partir de las seis de la tarde tienen inconvenientes para regresar a sus casas. Y sí, sería un sueño para mí hacer taxis rosas para que solo sean conductoras mujeres y que lleven solo a mujeres, únicamente por su seguridad. Nada más.

En unas declaraciones suyas recientes dice que “Busco transmitir respeto. Por los árabes, por el legado andalusí”.  Usted combina y congenia perfectamente en su trabajo los conocimientos y tradiciones árabes, los judíos, también la tradición culinaria vasca. ¿Es su cocina un ejemplo de convivencia entre diferentes culturas?

Mi trabajo no es cocinar. Es alimentar almas pero al mismo tiempo es romper esa barrera de inmigración. Porque todos somos inmigrantes. Hay gente europea o americana que dice “yo soy un expa [expatriado]” ¿Dónde está la diferencia? Depende de cómo veamos al ser humano. Para mí es muy importante que la gente pueda entender que no elegimos donde nacemos ni elegimos qué pasaporte tener. Ni tampoco elegimos qué nacionalidad o qué religión tener. Pero sí elegimos ser amables, compartir, disfrutar. Y sobre todo, enseñar nuestra cultura de manera pacífica. A través de la cocina lo que yo hago es política.

El legado andalusí es un legado muy importante. La Península española sin ese legado no tendría muchas cosas, y negaría a un grupo como el musulmán, y otro grupo muy importante, que es el judío, que van de la mano por cierto. Compartimos higiene, compartimos la manera de sacrificar a los animales. Compartimos cocina y compartimos historia. El legado andalusí es muy importante, siempre y cuando seamos capaces de  poder contar la historia. En este caso en España, arquitectónicamente, matemáticamente, ¿cómo hacemos posible que sea la grasa de un alimento, en este caso la manteca de cerdo, lo que al final pueda crear la diferencia entre un polvorón, un turrón o una ensaimada, entre un musulmán, un judío o un cristiano? Yo creo que a través de la cocina el ser humano ha establecido sus fronteras, sus creencias. Y la cocina es como un arma. Un arma que hay que usar positivamente. Para unir a los seres humanos y sobre todo para solucionar problemas. Para proporcionar calma, para establecer países, regiones, culturas, creencias. Yo creo que la cocina es un diccionario, va más allá. A través de la cocina podemos acercarnos los unos a los otros.

Para mí es muy importante que la gente pueda entender que no elegimos donde nacemos ni elegimos qué pasaporte tener. Ni tampoco elegimos qué nacionalidad o qué religión tener. Pero sí elegimos ser amables, compartir, disfrutar. Y sobre todo, enseñar nuestra cultura de manera pacífica.

Lo que nos pasó con el legado andalusí es que casi no hay un marroquí, ni un árabe, ni un musulmán que sea bien reconocido por su trabajo, por su persistencia, por su inteligencia, por su resistencia y por su manera de presentar una cocina. Siempre son españoles cristianos, judíos israelíes, judíos con descendencia marroquí, que también es muy importante pero que están fuera de Marruecos. Pero nunca se ha visto otorgar premios a un marroquí que destaque por tener una cocina andalusí. Eso quiere decir que vivimos en una sociedad muy selectiva donde el hombre blanco todavía tiene el poder. Yo creo que ya está bien, ya está, ya está bien (risas).

¿Dónde cree usted que está el secreto del éxito de su cocina?

El éxito de mi cocina yo creo que está en la gente que me rodea, las almas que me rodean, la tierra, la historia, el no tener un ego, o, bueno, dejarlo bien muerto y enterrado dentro de uno y ser humano y siempre ponernos en los zapatos de los demás. Ese creo que eso es el éxito. Bueno, no sé si es éxito pero detrás de los éxitos hay muchas batallas y esas batallas hay que ganarlas todos los días. Hay que leer, hay que disfrutar, hay que ser perseverantes y hay que tener sueños. Esto para mí no es un trabajo es mi vida, un life style.

Por último, ¿cuál es su próximo proyecto?

En junio sale un nuevo libro, que para mí es muy importante. Es un nuevo libro refrescante, es natural, es de la tierra. Es como el ser humano, su comida y la tierra. El mar, las montañas y la naturaleza. Y más adelante abrimos espacios en Europa, que es muy importante. Y seguiremos escribiendo, creando, conquistando almas si nos dejan. Siempre felices y nunca pensando que esto es un trabajo sino que es una responsabilidad. Yo me siento responsable siendo vasca-marroquí de poder reglar un pedacito de mí misma y hacer de ello pues eso, mi trabajo, mi esfuerzo todos los días. Porque para mí ver un ser humano feliz me llega al alma. Eso es lo que me satisface.

Muchas gracias, Najat por este tiempo que nos ha dedicado.

Sucran. Eskerrik asko.

Editorial: Planeta Gastro, 2020

Conversación con Andy Robinson

arobinson@lavanguardia.es

Nació en Liverpool, se licenció en la London School of Economics, comenzó su carrera periodística en Sabadell, hoy es corresponsal de La Vanguardia y ha recorrido el continente latinoamericano con Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano bajo el brazo. Fruto de esos viajes por gran parte de los territorios que visitó el escritor uruguayo son el conjunto de sus crónicas y reportajes personales recogidos en el libro Oro, petróleo y aguacates (Arpa, 2020), que nos ofrecen un mosaico muy lúcido de la América Latina del siglo XXI, cincuenta años después de que Eduardo Galeano dijera aquello de “Somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”. Se llama Andy Robinson y hoy tenemos la suerte en Espacio Público de poder conversar con él.

EP: En tu libro trazas un retrato extraordinario de la realidad, de lo que de verdad está pasando en América Latina. Hablas de un continente muy rico en recursos, tanto en minerales como en fauna y flora: petróleo, oro, coltán, niobio, diamantes, soja, quinoa, carne…pero que eso precisamente es lo que le ha creado una gran dependencia y que a pesar de que haya habido gobiernos progresistas no se ha implementado en la región una economía propia. ¿Qué piensas que ha cambiado desde aquellas “venas abiertas” que apuntaba Galeano?

AR: Mucho ha cambiado desde que Eduardo Galeano escribiera las Venas abiertas hace exactamente 50 años. Entonces, en casi toda la región gobernaban cruentas dictaduras militares que liquidaron físicamente a la izquierda. Ahora con el lawfare solo se ha intentado liquidar jurídicamente la izquierda metiendo a todos en la cárcel… en algo hemos avanzado… (bromeo un poco pero no tanto).

En el libro se trata de resaltar algunas cosas que no han cambiado, concretamente la dependencia de muchos países de la exportación de materias primas, bien sean minerales como hierro oro o coltán, bien sean alimentos como soja o la carne vacuna. Esto no sólo tiene un impacto medioambiental y social muy preocupante conforme se deforesta cientos de miles de hectáreas en la Amazonia desplazando a muchos campesinos, sino también es un obstáculo para el desarrollo económico. Y comento en el libro como el fin del súper ciclo de precios de materias primas hace 5 o 6 años tuvo un impacto muy nefasto para los gobiernos progresistas en el poder y lo sigue teniendo para un país como Venezuela.

Y también en esa comparación histórica entre los momentos que describe Galeano y lo que está ocurriendo ahora, trato de comentar algunos indicios preocupantes de que tal vez está volviendo el golpe de Estado como vehículo de recuperación del poder de las elites locales y sus aliados en Washington o Madrid, aunque sea un golpe de Estado blando como en Brasil. Trato de describir en capítulos sobre el hierro y el petróleo en Brasil cómo la politización de la justicia y una investigación anticorrupción con blancos preseleccionados facilitó un golpe blando contra Lula y Dilma; y en un capítulo sobre el litio el golpe de Estado más clásico el año pasado contra Evo Morales.

No estoy diciendo que estas rupturas con la democracia estén directamente relacionadas con esas materias primas. Trato de rechazar teorías de conspiración reduccionistas como lo que decía Álvaro García Linares del litio y el golpe en Bolivia. Pero al igual que en los tiempos que describe Galeano hay relaciones entre esa nueva política más dura de la derecha y la estrategia geopolítica de Estados Unidos, de controlar los depósitos de recursos críticos en tiempos de competencia global y una suerte de nueva Guerra fría respecto a China, que recuerda en algún sentido a la incidencia de la Guerra fría modelo original en América Latina.  

EP: Nos hablas de la explotación de los mineros y de las mafias que operan en la región; “el oro era un activo financiero y cada vez más líquido, idóneo para blanquear los ingresos ilícitos de las McMafias”. El oro se saca de América Latina, pero se refina en Suiza, “cuyas cuatro refinerías procesaban el 50% del oro producido a escala global”. Es una constante de esta globalización. ¿Es posible entender el empobrecimiento de los países del Sur sin tener en cuenta el enriquecimiento de los países “desarrollados”?

AR: Esa relación entre los países del norte global y América Latina es precisamente lo que Galeano describe, cuando habla de esas paradojas de que la riqueza del subsuelo y de la naturaleza de América Latina, es la causa de su pobreza y subdesarrollo ya que lo convierte en objeto de relaciones de explotación con los países coloniales. Y trato de actualizar un poco esta idea y comentar, que en muchos casos las venas abiertas son las del ecosistema y que existen multinacionales dentro de América Latina, como la minera Vale en Brasil que son tan responsables por la hemorragia como las de fuera.

Dicho eso, sigue habiendo una relación perversa entre los países ricos del norte y América Latina. Y en el capítulo sobre el oro comento eso en un viaje desde Colombia y Centroamérica hasta Utah. En Estados Unidos se trata de explicar por qué la fiebre de extracción tras la crisis financiera de 2008, que se mantiene ahora con precios disparatados y nuevos records de 2000 dólares por onza troy durante esta pandemia provoca caóticas y destructivas actividades mineras en América Latina.

Porque el oro es una inversión refugio en tiempos de miedo y pánico como los que estamos viviendo (un comerciante en lingotes de oro en Inglaterra comparó la demanda con la del papel higiénico…) y cuando sube el precio más multinacionales canadienses, estadounidenses, sudafricanas, europeas abren nuevas minas en América Latina a la vez que cientos de miles de mineros ilegales barequeros en Colombia, garimpeiros en Brasil invaden las reservas indígenas en la Amazonia con las consecuencias catastróficas que estamos viendo en estos momentos en el territorio de los yanomami en el norte de la Amazonía brasileña, invadido por hasta 20.000 garimpeiros. Esto es el resultado de un precio elevado del oro y de los guiños de Bolsonaro.

Es decir, que porque por mucho que nos indignemos en los países ricos por la ilegalidad de esos pequeños mineros de oro, el responsable de verdad es un sistema en el cual la pobreza de estos garimpeiros coincide con una clase inversora que se refugia en el oro en tiempos de crisis y de la industria de ostentación también, joyería, relojes etc. Existen muchos intermediarios en el negocio del oro, desde los grupos de crimen organizado en Colombia, y otros países, que se llevan su comisión o blanquean dinero mediante la compra de oro hasta las refinerías de oro en Suiza y, por supuesto, las grandes multinacionales mineras como Barrick que fichó a José María Aznar como consejero. El oro tiene relaciones extrañas con la extrema derecha que comento un poco en el libro. Y, por supuesto, el responsable ante todo es un sistema que mantiene a tanta gente en América Latina en la pobreza más absoluta, que se ve forzada a recurrir al garimpo en Brasil.

EP: Hablando de Colombia dices que “A la cabeza de las multinacio­nales estaban las canadienses, cuya complicidad con gobier­nos corruptos en América Latina y hasta con grupos violen­tos de paramilitares y narcotraficantes desmentía la fama de Canadá de ser el país más social y medioambientalmente res­ponsable de las Américas. La Bolsa de Toronto ya era la principal fuente de capi­tal de las multinacionales mineras”. 

Le monde diplomatique publicó un interesante artículo en el que se decía que el 75% de las compañías mineras del mundo eligen Canadá para registrarse y el 60% de estas compañías que cotizan en Bolsa se inscriben en el Toronto Stock Exchange (TSX). Todo esto se debe a que Canadá, y más concretamente Toronto, es un paraíso fiscal y judicial para las compañías mineras. ¿No crees que si hubiera una Justicia Fiscal Global se evitarían muchas de estas explotaciones tan injustas?

AR: Canadá desde luego es responsable de crear un entorno financiero y bursátil que permite que las empresas llamadas junior de exploración minera puedan lanzarse asumiendo enormes riesgos en busca de depósitos de oro, plata, etcétera. Y trato de contar en el libro cómo existen indicios en México y Colombia de colaboración entre las multinacionales mineras canadienses y el crimen organizado. En cuanto a justicia fiscal global, ojalá fuera posible. Las iniciativas globales son deseables, pero mi experiencia es que las iniciativas multilaterales para prevenir la evasión fiscal y los delitos financieros se eternizan sin ser implementadas. Habría que esperar que los movimientos ciudadanos y medioambientales dentro de Canadá puedan resolver el problema.

EP: Uno de los temas más importantes de la minería, del extractivismo, es el impacto tan negativo sobre la Madre Tierra. ¿Cuáles son los casos, los desastres ecológicos que más te han impresionado?

AR: Creo que el desastre más impactante que he visto es la materia del capítulo dos sobre el hierro, es decir la catástrofe provocada en el río Doce en Minas Gerais, en Brasil, por el colapso de un dique de contención en una mina de hierro de la multinacional minera Vale y su socio BHP Billiton. Se puede ver un poco lo que vi, leyendo ese capítulo. Uno de los cronistas más interesantes sobre ese desastre es Ailton Krenak, un filósofo indígena cuyo librito Ideas para posponer el fin del mundo, merece mucho la pena. Los krenak viven en la orilla del río Doce, el segundo rio de Brasil después del Amazonas y su entorno medioambiental y medio de subsistencia (pescado) ha sido aniquilado. 

La reivindicación que hace Ailton de una visión panteísta en la que la naturaleza no es independiente de los seres humanos sino parte de ellos, creo que es muy importante para que podamos afrontar el reto del colapso medioambiental y el cambio climático. Él comenta en relación con el desastre de contaminación provocado por el colapso del dique de contención de la mina, que los krenak llaman “Watu” al río Doce que quiere decir “abuelo».  Es decir, que como dice Ailton “el río es una persona, no es un recurso, como dicen los economistas”. En el pasado tal vez la izquierda habría calificado ese tipo de reflexión como místico, supersticioso. El proyecto de modernización, en mucho casos ha sido basado en una relación antagónica con la naturaleza. Incluso el desarrollismo de izquierdas a veces plantea la naturaleza como algo externo que debe ser “conquistado” para el proyecto de desarrollo nacional; y esto es algo que tenemos que replantear aprendiendo de las ideas de filósofos indígenas como Ailton Krenak, que por cierto habla de Galeano en su librito, y de Davi Kopenawa, autor del libro El cielo cayó.  

Andy Robinson

EP: Otra de las terribles consecuencias que mencionas, hablando por ejemplo del niobio en Brasil, son los efectos tan perversos que esta actividad tienen sobre las poblaciones indígenas. ¿Se ha hecho algo por respetar la vida, la cultura de estos pueblos?

AR: Bueno, la Constitución brasileña de 1988 protege en teoría muchos territorios indígenas y la cultura de los pueblos originarios. Evidentemente Bolsonaro está poniendo en peligro esa protección, pero el Estado de derecho brasileño funciona hasta cierto punto y los tribunales y el Congreso le han parado los pies al presidente en varias ocasiones. El problema es que la deforestación y los atropellos contra los indígenas son ilegales, fuera de la ley. Esto ocurría antes de Bolsonaro, aunque el discurso de la ultraderecha en Brasil está autorizando de alguna manera las actividades extractivas ilegales sin cambiar la legislación y esto es una amenaza para los indígenas.

Pero los indígenas en América Latina tienen una capacidad para organizarse y protestar que se ha visto en repetidas ocasiones a lo largo de los siglos y cada vez más en las últimas décadas, sobre todo en los países andinos. En el libro comento lo que se puede aprender de las organizaciones quechua y aimara y su democracia asamblearia, en defensa del medio ambiente del altiplano. En Brasil muchas mujeres indígenas se presentaron a las elecciones municipales. Joenia Wapcihana, de la etnia wapichana y doctora en derecho por la universidad de Roraima ya es diputada por ese Estado donde, tal y como se comenta en el capítulo tres, Bolsonaro quiere abrir la minería del niobio, cobalto, bauxita, oro, etc. Así que hay una resistencia indígena importante. 

EP: Un caso especial es el de Venezuela, un país riquísimo en materias primas, pero con una población que está sufriendo una terrible situación económica. ¿Qué crees que se debería hacer para implementar una economía propia, no dependiente, en el país?

AR: Creo que se debería haber utilizado los ingresos petroleros durante los años de bonanza para diversificar la economía. Chávez lo intentó pero el 98 por 100 de las divisas generadas en Venezuela provienen del petróleo. Y ahora con el embargo estadounidense se está pagando el precio. El embargo es una auténtica vergüenza; supone un castigo colectivo a todos los venezolanos porque Venezuela no puede comprar bienes esenciales, alimentos, fármacos, etcétera, si no genera ingresos por las exportaciones de petróleo. De modo que el gobierno de España tiene que presionar urgentemente para que se vaya levantando ese embargo y dejar de apoyar las sanciones. Es terrible como la utilización de Venezuela en la política interna tanto en Estados Unidos como España está agravando una crisis humanitaria.  

EP: En toda la región operan multinacionales, muchas europeas, que se acogen a cláusulas legales establecidas en los Tratados de Comercio e Inversión que les favorecen prácticamente en todo. ¿Crees que es posible establecer algún tipo de tratado comercial distinto al que impera hoy en el mundo globalizado?

AR: Creo que lo mejor sería que América Latina buscara tratados comerciales regionales para fomentar su propio desarrollo. No me fiaría mucho de tratados comerciales diseñados por corporaciones multinacionales, ni tan siquiera por los países del norte global. China ofrece algo más, pero también sería mejor negociar con China desde una plataforma regional en vez de que cada país busque su propio acuerdo bilateral. 

EP: Impresionan los casos que cuentas de turistas que invaden por miles territorios hasta ahora casi nunca visitados. Es el caso del El Salar de Uyuni en Bolivia, por ejemplo. Dañan el entorno natural pero por otra parte “crean riqueza”. ¿Es es esto pan para hoy y hambre para mañana?

AR: Leí una entrevista con José Mansilla en la cual dijo que el turismo es como una mina, extractivista. Y creo que hay algo de verdad en eso. Cuando estuve en el Salar de Uyuni y en Machu Picchu la sensación que tuve fue que el patrimonio cultural y la naturaleza se convierten en mercancías y “experiencias”, lo cual hace mucho daño. Comento en el capitulo sobre el litio cómo turistas viajan decenas de miles de kilómetros para hacerse un selfie en el Salar. Y se comenta también en el capítulo de la patata cómo los servicios de tren públicos en el los andes peruanos se han privatizado para convertirse en experiencias retro gestionadas por la marca de lujo LVMH. Es difícil porque para países en busca de modelo de desarrollo menos dañinos el turismo siempre se plantea como una opción buena. Pero sabemos en España el daño que el turismo puede hacer a la cultura. Es interesante que la editorial en Nueva York, de una versión del libro en inglés que va a salir este año, haya agrupado los capítulos de forma distinta, y en una categoría de “ocupación” incluye no solo los golpes de Estado en Honduras y Bolivia sino el capítulo sobre la patata “por una suerte de golpe por canales más insidioso de cultura y comercialización” que también abarca el turismo de “experiencia”. 

EP: La segunda parte de tu libro está dedicada a alimentos: quinoa, aguacates, alimentos que los países desarrollados desean por sus propiedades saludables. Estas comidas que habían sido consideradas de pobres, de repente se han convertido en preciados tesoros alimenticios, cuyos precios han experimentado unas subidas vertiginosas ¿Qué ha supuesto la exportación de estos productos para las poblaciones de esos países?

Curiosamente, el aguacate puede ser el monocultivo que más recuerda a las venas abiertas de Galeano, y sobre todo ese capítulo sobre el rey azúcar y las plantaciones azucareras en Brasil. En el sentido de que un capricho de una clase consumidora en los países ricos acaba causando estragos en América Latina. Por supuesto lo ocurrido con el azúcar fue mucho peor. Pero el cultivo del aguacate en Michoacán en México está agotando todos los acuíferos. Todo porque se puso de moda en EEUU comer guacamole con el perrito caliente, mientras ves el partido del superbowl etc. Y que el aguacate se convierta en un súper alimento. La quinua es otra historia pero con algo en común. Un producto que fue promovido por Evo y por la FAO para ayudar a la economía campesina de autoconsumo, pero que al incorporarse al mercado internacional de precios volátiles, fuera del control de los productores, y al mercado de consumo de alimentos sanos, antigluten etc., acabó cayendo en el ciclo boom busto que siempre caracteriza las comodities, solo que esta vez los perjudicados son campesinos quechua en el altiplano andino.

EP: Un caso especial es el de la soja, cuyo cultivo se ha cuadruplicado, ocupando enormes extensiones de tierra. ¿De qué forma está afectando este cultivo a la tierra, a los cultivos tradicionales?

AR: la soja es neo natura (lo dijo Susan Hecht) y realmente es terrible ver lo que hace al ecosistema. Acabo de escribir un tema para La Vanguardia sobre la soja brasileña importada en España que procede de zonas deforestadas de la amazonia y el cerrado brasileño. Más que en el caso de China cuy soja procede del sur de Brasil ya deforestado hace un siglo o más. La soja se usa para hacer piensos para cerdos, pollos y pavos, así que la comida navideña se celebra gracias la deforestación de la Amazonía.

EP: China se ha convertido en uno de los principales agentes exteriores en toda América Latina?¿Qué influencia crees que tendrá en el futuro?

AR: Creo que China va a invertir mucho en América Latina y tendrá cada vez más influencia. Y probablemente veremos un enfrentamiento muy fuerte con EEUU que, aun con Biden, querrá recuperar su esfera de influencia en América Latina con el fin de garantizar suministros de minerales críticos para la transición energética y la industria tecnológica (y militar). Así que esto va a ser un frente importante de la nueva guerra fría.

EP: Estados Unidos ha tenido tradicionalmente un papel dominador en toda América Latina. ¿Crees que la derrota de Trump y la victoria de Biden puede cambiar en algo la política estadounidense en el continente latinoamericano?

AR: Creo que Biden será igual de intervencionista en América Latina pero de forma más sutil. Mas del deepstate, la national endowment, la CIA. Y menos tuits.

EP: Por último, en Chile se han producido en los dos últimos años importantes movilizaciones democráticas populares. Bolivia ha visto el regreso del MAS, el partido de Evo Morales, que fue víctima de un golpe de Estado… ¿Son indicios de nuevos cambios?

AR: Creo que el péndulo se desplaza otra vez hacia la izquierda. En Chile sobre todo. Estuve en Chile en verano del 2019 y fue alucinante como casi toda la ciudadanía se hubiera dado cuenta colectivamente de la mentira del modelo neoliberal tan elogiado en el FMI. Debiera servir de modelo en España. Y tal vez Andrés Arauz ganara en Ecuador. Hablo bastante de Gustavo Petro en el libro y creo que puede haber una elección presidencial muy importante en Colombia en el 2022 con la posibilidad de una victoria de la izquierda y Petro por primera vez en la historia. Ahora bien, las condiciones económicas esta vez van a ser mucho más complicadas que con la ola rojiza a principios de siglo.

El secretario general de Comisiones Obreras responde con rotundidad y sin dudar cuando se le pregunta si efectivamente su sindicato mantiene la exigencia de derogación de las reformas laborales aprobadas por gobiernos del PSOE y del PP. Explica la voluntad de corregir la normativa que “precarizó la contratación, facilitó el despido, cuestionó la negociación colectiva y otorgó un poder mucho más fuerte al empresariado para poder modificar de forma unilateral o casi-unilateral las condiciones de trabajo”, pero advierte que no pretenden un retorno a la regulación del año 2009. A lo largo de esta entrevista sobre la realidad actual del sindicalismo, desgrana argumentos sobre los cambios en el mundo del trabajo en tiempos de pandemia y responde a un buen número de cuestiones planteadas en el debate abierto por Espacio Público.

¿Cómo se plantean la derogación de las reformas laborales? ¿Cómo la pretenden conseguir? ¿Qué dificultades encuentran?

Lo que le estamos planteando al Gobierno es:

Derogar los aspectos centrales de la reforma laboral con los que atacaron contra la negociación colectiva; recuperar la capacidad de la negociación colectiva de auto-regularse, y eso implica que los convenios de empresa no puedan reducir los salarios de los convenios sectoriales, porque han abierto focos de precariedad extrema, por ejemplo en el sector de las camareras de piso; evitar la desaparición de los convenios colectivos; regular mejor la subcontratación y la externalización productiva, porque ha significado el gran impulso de la precarización general del empleo, y limitar la capacidad del empresariado para modificar las condiciones laborales. Yo creo que este es el paquete de medidas que en el mes de marzo teníamos muy avanzado y que le vamos a exigir al Gobierno que, en cuanto acabemos la regulación del trabajo en plataforma, lo abordemos en el marco del diálogo social, pero sin otorgar derecho de veto a nadie. Es decir, diálogo sí, pero si no hay acuerdo el Gobierno tiene que mover piezas.

“Diálogo sí, pero si no hay acuerdo el Gobierno tiene que mover piezas”

Y a partir de esta primera fase de cambio en la regulación laboral, creo que ha de venir una segunda que tiene que ver con el aprovechamiento del gran salto de legitimidad que creo que los ERTE han dado a fórmulas de regulación distinta de la precariedad en la contratación y la facilidad en el despido. Se trata de cambiar esa inercia, que es muy vieja y que viene desde los años 80 en España.

Es decir, hay que buscar fórmulas para que, ante los ciclos y los problemas económicos, la última opción para una empresa sea el despido, y buscar fórmulas alternativas. Y sobre esa nueva fórmula de gestión de los problemas en la empresa, limitar seriamente la contratación temporal y establecer trabas al despido como fórmula ordinaria de ajuste de las empresas. Si tocáramos todos estos palos, en la práctica habríamos derogado todas las líneas básicas de las últimas reformas laborales y creo que mejoraríamos y modernizaríamos de forma clara nuestro modelo laboral.

¿Pretenden la aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores?

Sobre la base de esto, yo creo que le damos un viaje importante al Estatuto de los Trabajadores, porque lo que requiere es una adaptación. El concepto que maneja mucho el Gobierno sobre el “nuevo Estatuto de los Trabajadores” a veces me parece un poco grandilocuente. Yo creo que lo que hace falta en el Estatuto es corregir procedimientos y fórmulas que han quedado bastante obsoletas, porque están pensadas para empresas antiguas. El Estatuto actual da un poder de organización muy unilateral al empresariado, incluso antes de la reforma laboral. Se supone que toda la organización del trabajo es potestad empresarial y creo que tenemos que ir a un modelo laboral que fomente más la participación y la organización de los trabajadores, también como una forma de democratización de las relaciones laborales, porque las empresas del futuro no se van a mover en las viejas claves fordistas tayloristas, sino que la aportación del trabajo y del talento de los trabajadores va a cobrar muchísima importancia. Esto tiene que verse reconocido y normalizado, con niveles consolidados de participación de los trabajadores en decisiones estratégicas de las empresas y que hoy están ausentes de la regulación laboral en nuestro país. Por ahí creo yo que debería ir la modernización del modelo laboral español.

Para conseguir esos objetivos han de tratar con el Gobierno y en el actual conviven sensibilidades opuestas en torno a lo que hay que cambiar en el mercado laboral. ¿Qué percepción tiene usted de ese escenario de confrontación?

Esas sensibilidades siempre han existido en los gobiernos, aunque fueran solo de un partido. Siempre ha habido sensibilidades más pro-laborales, en los ámbitos del Ministerio de Trabajo, y que han sido bastante contrarrestadas desde los ministerios de Economía. Lo que pasa es que en un gobierno de coalición se supone que estas cosas emergen más. Pero nosotros, más que ese tipo de valoraciones sobre lo que piensan unos ministros, una u otra ministra, nos remitimos en primer lugar a un programa de Gobierno y, en segundo lugar, a lo que nosotros ya estábamos hablando con ese Gobierno. Cuando hablamos con el Gobierno no lo hacemos con un ministerio. Hablamos con el Gobierno. En el mes de marzo ya teníamos bastante avanzada la negociación sobre este tipo de materias. Soy consciente de que en este momento hay dos palancas de presión que se van a manejar para que nada se mueva. Una es la situación de crisis, provocada por la pandemia, con el discurso ese de que ‘en tiempo de zozobra no hay que hacer mudanza’. En un año tan complicado como el 2020 se lanza el mensaje de que no se puede tocar el mercado laboral ni generar inseguridad jurídica, ya lo sabemos. Y otro mensaje que también se quiere vender es el de que la condicionalidad de los fondos de reconstrucción europeos para España tiene que ver con la no corrección de la reforma laboral. Nosotros no vamos a comprar ninguno de esos dos mensajes. El de la condicionalidad europea porque no es cierto, y el de la situación de crisis porque creemos precisamente que la crisis requiere que en el año 2021 la economía española se active de forma muy intensa, la demanda interna y la inversión pública jueguen un papel fundamental en la recuperación de la economía, una reforma pensada para devaluar los salarios no solo es injusta sino que va a ser económicamente ineficaz.

Sabemos que hay tensiones y que las habrá pero desde luego la posición de CCOO va a ser taxativa. Queremos que se cumplan los compromisos, queremos negociar en el marco del diálogo social lo que ya veníamos negociando, estamos por la labor del diálogo y no vamos a aceptar vetos de nadie.

Si se impusiera el criterio de los ministerios de Economía entiendo que eso comportaría conflictividad. Y no sería la primera vez que los sindicatos se enfrentan radicalmente con un gobierno de izquierdas. ¿Hasta dónde creen que pueden presionar ahora para contrarrestar esas dos palancas que citaba?

Si nosotros vemos que el Gobierno no cumple con sus compromisos iremos a un proceso de denuncia en primer lugar, y posteriormente de movilización. Es verdad que estamos en un momento absolutamente inédito en la sociedad española, y hablar de movilización cuando tienes medio país con restricción de movilidad es complicado de prever. Ante la típica pregunta, ¿llegaríais a una huelga? Ya veremos, pero desde luego si el Gobierno no mueve piezas en materia de reforma laboral va a tener un conflicto con los sindicatos esto es más que evidente. Y que pondría una piedra inmensa en el camino del diálogo social que tan buenos rendimientos está dando es también más que evidente.

A mí no me gusta estar con amenazas cotidianamente. Prefiero ir cubriendo las fases y nadie en el Gobierno me ha dicho que no esté por la labor de cumplir con los compromisos que ha adquirido.

Por lo tanto ¿es verosímil que la actual normativa que permite la rebaja unilateral de las condiciones de trabajo por parte de las empresas se pueda revertir?

Evidentemente ese tipo de normativas hay que revertirlas. Los sistemas de inaplicación de convenios o de descuelgue han existido en España siempre y van a seguir existiendo, pero han de tener procedimientos de negociación equilibrados y ha de haber posibilidades de demostración de causa. Es decir que el hecho de modificar a la baja lo pactado en un convenio colectivo sirva para salvar los empleos o para salvar la empresa.

La actual legislación permite que sin ninguna causa económica se puedan reducir los salarios prácticamente hasta el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), y ahí está la prueba de las camareras de piso, ahí está la preferencia de aplicación en salarios de los convenios de empresa respecto a los sectoriales y ahí están las llamadas comisiones de trabajadores designados, que en la práctica permiten que sin ninguna intervención sindical y sin ningún proceso de negociación con una representación democrática real de los trabajadores, se pueda dejar de aplicar un convenio colectivo. Esto viene, por cierto, de la reforma del año 2010, no del 2012. Y todos esos elementos nosotros nos los queremos cargar de la legislación. No puedo ser más claro y queremos, taxativamente, que eso se mueva cuanto antes.

¿Es verosímil también que cuando existan convenios de empresa y convenios de sector los trabajadores se puedan acoger a los que les resulten más favorables?

Los sindicatos defendemos los convenios de empresa. Son muy útiles para adecuar a la realidad de las empresas lo que son normas colectivas que, al ser de sector, afectan necesariamente a empresas que no tienen nada que ver unas con otras. Claro que tiene que haber convenios de empresa y pactos de empresa. Nosotros lo que decimos es que esos convenios no pueden ser una excusa para reducir las condiciones salariales y laborales básicas. Eso es lo que no puede ser. El convenio de sector tiene que ser una especie de red y no puede ser que, sin ninguna causa económica, un trabajo que se externaliza, en el caso de las camareras de piso se ve de forma más obvia, cómo a través de la preferencia de aplicación del convenio de empresa y la existencia de empresas multiservicios, sectores como las grandes cadenas de hoteles, que en los últimos años han ido como un tiro, han batido récords de facturación en España, a la vez se externalizaba una actividad para reducir hasta el extremo los salarios y hacer que las personas que trabajaban allí tuvieran que hacer 23 habitaciones al día para poder llevarse un salario un poco por encima del SMI y tener enfermedades profesionales la gran mayoría. Esto es lo que hay que romper radicalmente.

Las externalizaciones y la subcontratación van a seguir existiendo y entiendo que los sindicatos no se van a oponer, porque están muy relacionadas a veces con la industria auxiliar, pero significan a menudo una cesión ilegal de trabajadores ¿Cómo trazar líneas divisorias?

Se trazan porque aquellas empresas que trabajan con subcontratas han de tener una estructura de empresa. Un empresario no puede ser un tratante de mano de obra, que se dedique únicamente a reclutar trabajadores para ponerlos a disposición de otra empresa sin contraer mayor responsabilidad y sin tener una mínima estructura. La subcontratación tiene toda la lógica del mundo, la externalización productiva de hecho puede ser una buena fórmula de especialización productiva. Yo puedo tener una empresa que se dedique a la producción de un bien determinado, pero que tenga actividades aparejadas y que tienen poco que ver con el objeto social de mi empresa. El mantenimiento, por ejemplo, de los equipos informáticos, pintar la nave, reparar el techo cuando se rompe. No voy a tener 10 trabajadores para reparar techos porque normalmente el techo está bien, pero a veces se rompe.

“Un empresario no puede ser un tratante de mano de obra, que se dedique únicamente a reclutar trabajadores para ponerlos a disposición de otra empresa”

La economía hoy en día no está integrada por inmensas empresas que cubren todo el proceso productivo. Esto es un absurdo a estas alturas. Pero que tú tengas una parte de tu producción externalizada no quiere decir que las responsabilidades se diluyan. Si yo externalizo una parte de la producción y pago a otra empresa una parte, he de tener algún tipo de responsabilidad si esa empresa finalmente impaga a sus trabajadores.

Expresiones como clase trabajadora o movimiento obrero parece que han desaparecido de nuestro lenguaje. Ni siquiera en las publicaciones de los sindicatos se utilizan. ¿No hay que recuperar estos conceptos?

El concepto de clase trabajadora está vigente en mi opinión, ya que sigue habiendo una parte muy importante de la población cuya forma de vivir depende directamente de su trabajo, y no tiene otros recursos fiables para poder desarrollar un proyecto de vida autónomo. Ocurre que el concepto de clase trabajadora tiene un componente objetivo. Se trata de gente que en cierto modo depende de su trabajo para vivir, pero también tiene una cierta subjetividad ese concepto. Clase trabajadora es aquella que se siente parte de una misma situación social, marcada por la dependencia de su fuerza de trabajo para poder llevar a cabo su vida. Esta subjetividad es la que de algún modo ha quebrado en las últimas décadas, porque las personas se sienten involucradas con sentimientos de pertenencia y de identidad que no están directamente ligados con el hecho de ser trabajador, sino con un estatus relacionado con la capacidad de consumo y, a veces, se ha interpretado erróneamente que trabajadores con acceso a crédito, en los años de la expansión inmobiliaria y crediticia, era algo así como una clase media.

Creo que en los últimos años eso se ha vuelto a poner en valor y la pandemia ha hecho emerger mucho el valor del trabajo, pero ese factor de subjetividad colectiva es verdad que en cierto modo se ha volatilizado en la sociedad.

“La pandemia ha hecho emerger mucho el valor del trabajo”

Su sindicato edita ahora un libro, ‘Conciencia de clase e historias de CCOO’, y realiza con ello un cierto ejercicio de recuperación de la memoria del sindicato, con relatos de gente ya mayor. ¿Pudo ver usted la puntuación que le dieron los jóvenes a los sindicatos en la encuesta realizada hace poco por la Plataforma de Medios Independientes? Les valoran mejor que las personas mayores. ¿A qué cree que se puede atribuir?

En el libro, una serie de personas escriben sobre el pasado de Comisiones Obreras mediante historias concretas.

Cuando leí la encuesta, que lo hice con cierto detenimiento, tengo que reconocer que el dato me sorprendió, porque no era un estudio menor y creo que rompe algún estereotipo, según el cual las personas que tienen en su imaginario colectivo las viejas Comisiones Obreras daban una puntuación menor que la de las generaciones que se supone que ni tienen conciencia de clase ni se vinculan en sus entornos por el hecho de ser trabajadoras y trabajadores. Puede tener algo que ver con el momento en el que se realiza la encuesta. Creo que en estos últimos meses la sensación de reforzamiento del papel sociopolítico se ha reforzado con la pandemia y desde luego a nosotros es una encuesta que nos motiva. Si te soy sincero, no tengo muy clara la razón por la cual entre la gente más joven los sindicatos se encuentren entre lo más valorado, después de sanitarios y un par de colectivos más. Rompe estereotipos, sin ninguna duda.

La clase obrera industrial ha perdido visibilidad, eso parece claro, pero también hace ya tiempo que perdieron peso los puestos de trabajo para toda la vida en grandes centros. La pandemia ha destrozado más todavía la estabilidad ¿Qué cree que han de hacer organizativamente los sindicatos para responder a esta realidad?

Primero hay que ser conscientes de esa realidad. Los sindicatos se gestan en el espacio de las grandes concentraciones de trabajadores industriales, entre plantillas muy masculinizadas, y hoy en día la mayor parte de la clase trabajadora no es de hombres, y trabaja de forma reticular, externalizada, en empresas de dimensión mucho menor, en el sector servicios. Esto hay que tenerlo claro para hacer el diagnóstico de forma correcta.

En segundo lugar hay que tener en cuenta que la capacidad de generación del sindicato, de forma autónoma, en los centros de trabajo, en esas empresas diseminadas, atomizadas, más pequeñas y del sector servicios, es más difícil. Esos trabajadores, en esos centros de trabajo, requieren de la presencia del sindicato, incluso de la presencia externa. Se trata de que el sindicato vaya a los centros de trabajo y que no piense que la gente se autoorganizará y que a partir de ahí ya vendrá al sindicato. En nuestro último Congreso llegamos a conclusiones de carácter organizativo que sintetizábamos con una frase: “El sindicato tiene que integrar lo que la empresa desintegró”. Hemos de poner en relación las partes más fuertes de la organización sindical, allí donde tenemos secciones sindicales, donde somos capaces de generar masa crítica, con ese mundo precarizado, atomizado, externalizado, subcontratado y mercantilizado. Ese es el gran salto organizativo que hay que dar. Hemos de poner en relación las partes más fuertes con las más débiles.

Organizativamente hemos de ser conscientes de que hay que acudir a la empresa. El sindicato tiene que aparecer como un agente organizativo en el centro de trabajo y hemos de mejorar la cualidad de la acción sindical. Esta sería la tercera pata. Hay muchas cosas que hacer hoy para representar a la clase trabajadora. Ya no es solo la reivindicación salarial, es la de la igualdad, la formación permanente, la salud laboral, la ordenación del tiempo de trabajo… Hay que mejorar el nivel de cualificación para poder hacer acción sindical.

“Hay que mejorar el nivel de cualificación para poder hacer acción sindical”

Lo que ha ganado visibilidad es la movilización de las mujeres en favor de la igualdad salarial. El feminismo ha hecho últimamente llamamientos a la huelga general. ¿Qué opinión le merecen?

El movimiento de las mujeres es el movimiento social de mayor potencialidad e interés que hemos vivido en los últimos años. Es así porque sintetiza esas dos vertientes que decía sobre la evolución de la clase trabajadora que se habían desgajado. La situación de desigualdad objetiva en la sociedad se conjuga con la capacidad de identificación subjetiva colectiva de las mujeres. Y eso tiene que ver con elementos de la vida profesional, la laboral, la doméstica, porque se siguen ocupando mayormente de los cuidados, y con elementos que creo que aglutinan mucho a las mujeres, como todo lo que tiene que ver con el acoso sexual, el laboral y con la violencia de género. En el movimiento de mujeres creo que se refleja muy bien como esos elementos de desigualdad objetiva y de autorreconocimiento subjetivo crean o agregan un sujeto colectivo de una potencialidad enorme, como hemos vivido en los últimos años.

“El movimiento de las mujeres es el movimiento social de mayor potencialidad e interés que hemos vivido en los últimos años”

Por tanto, desde el sindicalismo, más allá de analizar sobre si hay que convocar huelgas o no, creo que hay que tratar de aprender y de aprehender este tipo de experiencias para recomponer esa idea de clase trabajadora en un momento en el que está muy disperso, diluido y atomizado. Tratar de vincular esas situaciones de precariedad, de explotación o de desigualdad que siguen perviviendo en la clase trabajadora con una cierta identidad colectiva de trabajadores y trabajadoras con intereses en común. Me parece que es el movimiento más interesante que hemos vivido en los últimos tiempos.

La negociación colectiva de condiciones de trabajo en las empresas se ha complicado mucho durante las últimas décadas, pero desde CCOO se reivindica esa práctica y se vive con una cierta nostalgia de la realidad laboral de otro tiempo ¿cierto?

No creo que sea una cuestión de nostalgia. Lo que creo es que se ha vuelto más compleja. Antes el sindicalismo más masculinizado, más industrial y más de centros de trabajo daba una respuesta organizada a realidades bastante homogéneas, y por tanto la respuesta, no digo que fuera fácil, porque el sindicalismo nunca ha sido fácil y a veces se ha dado en situaciones de muchísima más dificultad por la ausencia de libertades, pero por decirlo de alguna manera era más simple. Ahora el ejercicio del sindicalismo es mucho más complejo, porque tienes que dar respuesta a realidades diversas, a prioridades reivindicativas diversas, porque no es la misma reivindicación la que pueda tener una persona con un salario medio alto pero en una empresa que dispone de todo su tiempo, porque lo tiene prácticamente colonizado a través de las nuevas formas de trabajo digital, que la de un trabajador que a lo mejor tiene una jornada absolutamente concentrada en ocho horas pero que tiene un salario que está poco por encima del SMI. Uno te va a exigir una subida salarial y otro que intentes interlocutar con la empresa para poder coorganizar el tiempo de trabajo y su distribución. El sindicato tiene que ser capaz, a través de la negociación colectiva, de agregar esos intereses para que ambas situaciones se vean reflejadas en la organización de los trabajadores. Comisiones Obreras es un sindicato de clase y eso, que parece una frase hecha, quiere decir que no aspiramos solo a representar legítimos intereses corporativos distintos y adyacentes, sino que aspiramos a agregar intereses. Es decir, que no se siga por la vía de la corporativización, que en la función pública se ha dado en las últimas décadas, pero que amenaza un poco con ser la forma de expresión de conflicto en las sociedades modernas o postmodernas. Hay organizaciones parasindicales que representan, por ejemplo, a los técnicos de laboratorio de no sé qué hospital y que únicamente defienden los intereses de esos técnicos. Esto rompe la unidad de clase y tiene muchas contraindicaciones a la hora de defender, por ejemplo, la sanidad pública.

La uberización de la economía parece irreversible, a pesar de que ocurren cosas como la reciente sentencia del Supremo, que obligó a dar de alta a 14.000 trabajadores. También se ha conseguido algo en el sector de la mensajería, pero ¿de qué manera se puede neutralizar la conversión de contratos de trabajo en relaciones aparentemente mercantiles?

La uberización y la utilización de nuevas plataformas digitales han dado carta de naturaleza a dos dinámicas. La mercantilización del trabajo, es decir la confusión entre la figura de la relación laboral entre trabajador y empresa con un sucedáneo de emprendedor, de autónomo dependiente o casi de miniempresa. Considerar que una persona que pedalea es poco menos que una empresa individual, es una práctica que se da desde hace mucho tiempo, con la ruptura del proceso productivo. Estas fórmulas de creciente ruptura de las cadenas de valor, de creación de las empresas en red, de la empresas reticulares, de las empresas de subcontratación, precarizan el empleo, cuestionan ideológicamente también que la relación de dependencia entre una empresa y un trabajador se conduzca por la vía de la mercantilización y luego aparece la nueva tecnología que acaba constituyendo una especie de fetiche tecnológico, con el que da la impresión de que si tú te vinculas a la prestación de un servicio, no a través de una oficina de desempleo sino a través de una plataforma, deja de haber una relación de dependencia entre quien marca un tiempo de trabajo, una forma y un precio del trabajo, es decir una empresa, y el trabajador al que se acaba considerando, y a veces se acaba considerando a sí mismo, como una especie de pequeño emprendedor que va pedaleando, por referirnos al ejemplo de las plataformas más conocidas de reparto de comida.

¿Cómo hay que contrarrestar esto? Pues creo que recomponiendo la necesaria responsabilidad de la empresa respecto a las condiciones con las que se prestan los servicios, bien sean trabajadores individuales bien sean otras empresas que trabajan dentro de esas cadenas de valor.

El teletrabajo complica todavía más la negociación colectiva, ¿no?

El teletrabajo ha venido para quedarse, pero convenía regularlo rápidamente, porque ha tenido un impulso muy fuerte con la pandemia y porque tiene sus potencialidades, sus virtudes pero también tiene muchos riesgos. El trabajo en remoto, a distancia, permite desempeñar el puesto de trabajo desde fuera del centro de trabajo. Lo permiten las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación y desde este punto de vista puede ser incluso una forma que facilite a las personas cierta conciliación entre la vida laboral y la personal, pero si no tiene una regulación colectiva adecuada puede acabar rompiendo cualquier tipo de sujeto colectivo de trabajadores y trabajadoras, y puede permitir además que la empresa prácticamente prescinda de conceptos tan importantes como es el tiempo de trabajo y su distribución. El potencial colonizador que tienen los nuevos modos de conectividad para que una empresa poco menos que te invada las 24 horas de tu día son inmensos.

“Si el teletrabajo no tiene una regulación colectiva adecuada puede acabar rompiendo cualquier tipo de sujeto colectivo de trabajadores y trabajadoras”

El deterioro de las condiciones de trabajo provoca, según ustedes, un descenso de la productividad. ¿Los aumentos de productividad mejoran las condiciones de vida de los asalariados, cree?

La productividad es como el colesterol. Hay buena y mala productividad. En realidad es un ratio que tiene que ver con lo que se invierte para conseguir un bien a un servicio y el precio y la venta y la rentabilidad que proporciona ese bien. Si la productividad se logra por la vía de mejorar la eficiencia en el trabajo, porque las máquinas son mejores o porque la formación del trabajador es mejor, porque la empresa produce mejor, pues es una productividad positiva. Pero si se mejora la productividad por la vía de reducir los salarios y de empeorar las condiciones de trabajo entonces es absolutamente negativa. Es un concepto que normalmente tiene una mala venta porque normalmente se vincula la mejora de la productividad por la vía del deterioro de las condiciones laborales, pero esto no tiene que ser necesariamente así.

Nos encontramos en una situación de emergencia ecológica. A menudo las organizaciones sindicales se ven obligadas a defender el crecimiento económico indefinido, incluso la permanencia de industria contaminante. ¿Cómo resolver esta contradicción?

Creo que esta es una contradicción que ha existido dentro del movimiento sindical y obrero y es absolutamente lógico que haya sido así, porque ha habido sectores que es verdad que tenían un impacto ecológico importante pero que eran casi de monocultivo productivo en comarcas y territorios que o tenían esas formas de vida o directamente iban a la ruina, y el más paradigmático es indiscutiblemente la minería, pero hay otros, Creo que estamos en un momento en el que ese cambio de paradigma y de relación entre la sostenibilidad medioambiental y el discurso más productivista creo que nos va a permitir sintetizar mejor la posición sindical. Creo que el reto que tenemos de que la producción limpia en el futuro vaya cobrando más papel es cada vez más indiscutido e indiscutible, porque es también un nicho de puestos de trabajo inmenso, y creo que aquí la clave se encuentra en organizar bien las transiciones ecológicas, para que los sectores que ya no van a desaparecer radicalmente -ya no queda mucha minería en España, ya no hay tantas centrales térmicas- se van a adaptar bien.

El ejemplo más claro es el del automóvil. A veces se plantean debates puntuales sobre impuestos al diesel y este tipo de cosas, pero más allá de estas cuestiones concretas, que vamos hacia un cambio en el modelo de movilidad es evidente. Eso ocurrirá. Que vamos a un cambio del coche del futuro, y cuando hablo del futuro no digo el 2050, porque habrá un cambio dentro de unos pocos años, que habrá coches que se van a tener que mover con combustibles alternativos a los que hoy en día existen es ya indiscutible. La cuestión es cuándo y cómo organizamos estas transiciones para que en la producción de coches, en la que se van a cambiar las formas de trabajar, los materiales… cómo afrontamos en tiempo y forma esos cambios productivos y la adaptación de los trabajadores para poder hacer frente a esa nueva realidad. Pero yo creo que en este momento tenemos una capacidad mayor de hacer una síntesis entre el discurso del cambio energético, de la sostenibilidad, con el discurso sindical.

“En este momento tenemos una capacidad mayor de hacer una síntesis entre el discurso del cambio energético, de la sostenibilidad, con el discurso sindical”

¿Porqué ha habido en general una relación de fricción? Porque siempre que llegaban las fricciones era cuando las cosas estaban ya muy mal. Todos los conflictos en las térmicas, en las nucleares, en la minería… se han planteado cuando las cosas se venían abajo, y ahí es imposible que no se diera en clave de conflicto, porque nunca se han planteado en tiempo y manera transiciones productivas con el tiempo suficiente para buscar alternativas. El problema no era que dejara de haber minas. El problema es que además de no haber minas es que no iba a haber más, es que se arruinaban comarcas enteras, con lo cual el conflicto con los trabajadores era evidente. No es lo mismo que tu cambies de una forma de producir energía A a una forma de producir energía B, en la que España además tiene muchas potencialidades, con la eólica, la solar, la mareomotriz. España tiene ahí un potencial enorme de desarrollar empleos que han de ser de calidad.

Las relaciones sexuales entre niñas y hombres mayores, en la literatura y en la vida real, ¿son consentidas o son abusos?

En las últimas semanas, con motivo de la publicación de la novela El consentimiento de la editora y escritora francesa Vanessa Springora (Lumen, 2020), ha vuelto al primer plano el debate social sobre relaciones sexuales entre niñas y hombres mayores, en la literatura y en la vida real: ¿son consentidas o son abusos? En este libro, Springora relata cómo cuando tenía 14 años fue víctima de Gabriel Matzneff, un escritor francés que entonces tenía 50 años y siempre ha alardeado en sus libros de sus relaciones sexuales con adolescentes, incluso con niños y niñas. La autora denuncia la hipocresía de una sociedad que miró para otro lado y dio por consentida, y por tanto aceptada voluntariamente, la relación sexual de una niña de 14 años con un hombre que casi le cuadruplicaba la edad.

Las revelaciones de Springora, que por otra parte eran sobradamente conocidas, han levantado una auténtica polvareda en el país vecino y demuestran la complicidad de una sociedad que calló entonces y calla ahora, no queriendo ver o dando por consentida una relación en la que no hay dos partes iguales, sino verdugo y víctima. 

Muy poca gente denunció entonces a Gabriel Matzneff, sí lo hizo la escritora y psicoanalista española Lola López Mondéjar en su novela Cada noche, cada noche (Siruela, 2016).

En esta novela, López Mondéjar resucita a Lolita (el mito creado por Nabokov), a través de Dolores Schiller, la hija desconocida de Lolita, que en el año 2009 se acerca a los 60 años y padece una enfermedad terminal. Cuando cumple 20 años recibe de su padre el diario de su madre que, en la novela de Nabokov, falleció al darla a luz. Al leer este diario, Dolores se da cuenta de que su madre y Lolita son la misma persona. Y así comienza una narración valiente y muy original, en la que Lola López Mondéjar utiliza varios recursos literarios que nos permiten conocer de forma muy viva lo que piensan Lolita, a través de su diario; su hija Dolores, la voz narradora; o Humbert Humbert, en los diálogos que mantiene con esta.

Para hablar de Cada noche, cada noche, de los mitos interesadamente creados por el patriarcado, de niñas “enamoradas” que en realidad son víctimas de violaciones, conversamos hoy con Lola López Mondéjar.

Lola López Mondejar. Fotografía de Isabel Wageman

Hay que ser muy valiente para escribir una novela dentro de otra novela, sobre todo si tenemos en cuenta que has elegido nada menos que Lolita. Todo indicaría que un ejercicio como este, en el que se mezclan personajes, realidad y ficción, tiempos, voces…, podría haber resultado mal. Sin embargo, te ha salido una novela redonda, una reflexión literaria muy inteligente, y socialmente necesaria, contra esa imagen universalmente establecida de Lolita como una niña seductora y perversa. ¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta novela?

La escritura de la novela me llevó unos cinco años, aunque venía pensando en ella desde 2008, cuando me di cuenta de que mi lectura juvenil de Lolita había sido complaciente con lo que fue la recepción de la novela de Nabokov, que Lolita era una niña seductora y que se trataba de una historia de amor, aspectos que la película de Kubrick acentuó sobremanera. Entonces reflexioné sobre el privilegio epistémico masculino que impone una interpretación de los hechos y la universaliza, y sobre cómo una joven como yo, militante troskista y antifranquista, no había sabido ni podido eludir esa interpretación que el propio Nabokov rechazaba, cayendo en la interpretación hegemónica patriarcal.

Para explicar estas contradicciones escribí un extenso artículo sobre esa sumisión intelectual de las mujeres (De Lolas y Lolitas: la sumisión intelectual de la mujer) como una forma de hacerle justicia a la niña abusada y seducida por Humbert Humbert que yo no había sabido ver.

Sin embargo, aún así no podía dejar de sentirme culpable de haber caído en la trampa, necesitaba hacerle justicia a mi tocaya, e inventé a su hija, Dolores Schiller. Con ella de la mano escribí poco a poco la novela. Las primeras líneas surgieron en diciembre de 2011.

Respecto a la valentía, creo que tuve que superar algunos de los obstáculos que tenemos las mujeres a la hora de escribir: la ansiedad ante la autoría de la que hablan Gilbert y Gubar, el temor a medirme con Nabokov, un autor de referencia para mí, y el de denunciar el estado de opinión que había en Europa en los años sesenta, justo cuando se publica la novela, complaciente con la pederastia que se justificaba como una forma más de la enarbolada libertad sexual de los sesenta, en unos años donde esta estaba en el centro de la revolución feminista y social.

No cuestionas en ningún momento el valor literario de Lolita, pero has creado a Dolores Schiller, la hija que según Nabokov murió con Lolita en el parto, y que tú has ideado para de alguna forma rescatar a ese personaje de la literatura universal. ¿Has querido redimir en esta novela a todas las “lolitas”?

Así es. Me irritaba que incluso en la contraportada de la edición española de la novela se insistiera en que nos encontrábamos frente a una historia de amor. Me irritaba que los jueces siguieran pensando que son las chicas quienes con sus actitudes provocan el abuso de los hombres, o que Sánchez Dragó hable de sus relaciones con niñas de nueve o doce años con impunidad, cuando se trata, en todos los casos, de relaciones de dominación y de poder del hombre sobre la mujer, de abuso y de violación. El patriarcado hace creer a los hombres que sus deseos son imperiosos y que tienen derecho a satisfacerlos mediante la prostitución, infantil o no, la violación y el abuso, y coloca la provocación en la mujer para desculpabilizarlos, en una inversión de la responsabilidad que parecería imposible si no sufriéramos hasta hoy sus consecuencias.

En tu novela sacas muy pronto a relucir a Gabriel Matzneff. Cuando se encuentran Dolores y Humbert (el protagonista de Lolita) este último le dice a Dolores sobre el escritor francés: “Hace dos años publicó un libro defendiendo abiertamente la pederastia. Mis tímidas metáforas sexuales son pura mojigatería al lado de las suyas, créame”. ¿Matzneff es un caso único o crees que hay más escritores como él?

La osadía de Matzneff solo puede comprenderse con la complicidad de toda una sociedad que él sabía que sería permisiva con su defensa de la pederastia. Leí su libro, Ivre du vin perdu, en el que describe cómo dos amigos hacen turismo sexual en Indonesia y se acuestan con niñas y niños de menos de diez años que les prepara para su regocijo una madame a la que adoran. Me pareció una defensa tan explícita de la pederastia que no podía dar crédito a lo que leía. Por eso decidí denunciarlo en mi novela. Entonces, cuando la escribí y cuando se publicó posteriormente en 2016, todavía no existía el movimiento #Metoo, me encontraba sola y tuve que vencer mi propio miedo, ya que Matzneff era un escritor de prestigio aplaudido hasta por mi admirado Bernart Pivot, que le dedicó uno de sus Apostrophe en 1990.

Enfrentarme a mis miedos fue uno de los trabajos que llevó implícita esta novela, lo que también me sirvió para construir el personaje de Dolores Schiller, una mujer fuerte y segura de sí misma, mucho más segura que yo misma lo era entonces.

Matzneff no es el único escritor que defiende la pederastia, pero quizás el más explícito. García Márquez habla de relaciones entre un anciano de noventa años y una menor, en Memorias de mis putas tristes, Kawabata hace lo mismo en La casa de las bellas durmientes, Pablo Neruda describe la violación de su sirvienta tamil, joven, no sabemos si menor, en Confieso que he vivido. El citado Sánchez Dragó… Los hombres han abusado abiertamente de las mujeres y lo han compartido porque no dudaban de la complicidad de la mayoría de los otros hombres, a quienes sus libros se dirigían.

“¿Qué arrogancia, qué inconmensurable orgullo lleva a un hombre a imaginar que una niña de doce años desea que la viole?, se pregunta Dolores Schiller mirando a Humbert. ¿Por qué crees que se ha instalado en la sociedad una idea tan fuera de toda lógica, como lo de hacer pasar por consentimiento lo que es miedo?

Creo que una de las fallas ontológicas del ser humano es la dificultad de reconocer al otro como sujeto. La encontramos desde el principio, desde la relación de los hijos con la madre donde vemos las dificultades para comprender su subjetividad; a la madre la solicitamos siempre como madre, como una función, olvidando el ser humano-mujer que hay en ella. Contemplar la sexualidad o los deseos de su madre sigue siendo uno de los obstáculos más serios para los hijos. De esto hablé en otra de mis novelas, Mi amor desgraciado (Siruela 2010), donde pretendía interrogar el mito del amor materno como puro y sin ambivalencias.

Esta falla ontológica, decía, cognitiva y afectiva, esta dificultad de contemplar la alteridad como tal, la acrecentó el patriarcado al convertir al hombre en un sujeto de deseos y a la mujer en el objeto de su satisfacción. Las mujeres sufrimos esta asimetría desde siempre. Los hombres han sido los amos del discurso hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el feminismo comenzó a intentar arrebatárselo. Y ese discurso nos construyó a unos y a otras. Las propias madres son quienes educan a sus hijas para que amputen su libertad y se sometan a los hombres, para convertirse en los objetos de su deseo.

El consentimiento exige igualdad y simetría, si no estas no existen, hay dominación. El matrimonio infantil, todavía presente en muchas sociedades, es otro síntoma de un deseo masculino de Pigmalión, de esculpir a la mujer para que satisfaga sus necesidades; por eso imaginan que son deseados a pesar de la desigualdad. Les cuesta ver la realidad de las niñas y de las mujeres.

La definición que el DRAE da de lolita es esta:  f. Adolescente seductora y provocativa. ¿No ayudan estas definiciones a aumentar esta imagen tan falsa?

Por supuesto que ayudan. Esta definición subraya el estereotipo machista de que son las chicas quienes desean y provocan a los hombres. Cierto que puede haber púberes seductoras, pero, en realidad, cuando esto se produce, se trata de niñas que han sufrido un déficit de atención en sus familias, que no tienen reconocimiento de los padres y que, en una sociedad cada día más precozmente hiperxualizada, desean obtener afecto y reconocimiento a través de la mirada de los hombres, utilizando aquello que se nos enseña a las mujeres que les gusta por encima de nuestro intelecto, el cuerpo de las mujeres.

Las lolitas son jóvenes desamparadas que recurren a la erotización de sus comportamientos imitando los modelos propuestos por una cultura hipersexualizada, para obtener una mirada de reconocimiento que por supuesto no encuentran.

En tu novela, según cuenta Dolores Schiller, Lolita amaba a su padre, pero tenía una relación muy difícil con su madre. Me gustaría que nos hables de Charlotte, la madre de Lolita, un personaje femenino que no sale demasiado bien parado en tu novela.

Creo que Charlotte está construida por Nabokov siguiendo la mirada de Humbert Humbert a quien le da asco el cuerpo de una mujer madura. El retrato del personaje es casi grotesco. Charlotte es una norteamericana tipo, las mismas que Betty Friedan describió en La mística de la feminidad unos años después: mujeres educadas para el matrimonio, cuya realización personal pasaba por tener un hombre, que nunca les proporcionaba la felicidad soñada, y que acababan víctimas de los psicofármacos, que consumían con fruición. Charlotte se identifica con el glamour de las actrices de Hollywood, salpica su discurso de palabras francesas e intenta seducir a Humbert Humbert, porque no sabe qué hacer con su vida, nadie le enseñó a ser autónoma. Su relación con la hija es ambivalente, Lolita le molesta para hacer realidad sus planes. Tiene un duelo no resuelto con su hijo varón, muerto cuando era un bebé. Su viudedad, probablemente, también la separa de Lolita. Y la juventud y la belleza de su hija le recuerdan su declive físico, que la aleja de sus objetivos. Charlotte es una víctima de la cultura de su tiempo, sin capacidad para comprender su situación.

Tomando prestados estos elementos, yo también quise mostrar la dificultad en las relaciones madre-hija, que están plagadas de ambivalencias, de pequeñas o grandes rivalidades y envidias. A menudo, las madres que se han sometido a los mandatos de una maternidad muy exigente, sacrificando todos sus demás deseos, sienten envidia hacia las hijas, si estas ejercen más valientemente esta libertad.

En un momento dado Dolores se pregunta qué habría sido de Lolita si invirtiéramos los géneros: Humbert es una mujer y Lolita un adolescente. ¿Habría sido verosímil?

En la vida real es muy rara la relación entre una mujer y un adolescente. Creo que porque las mujeres tienen una capacidad mayor para separar la ternura del erotismo, pueden querer y admirar la belleza y la juventud de un joven sin sentir deseos sexuales al mismo tiempo hacia él. En la ficción sería, pues, menos verosímil. Aunque puede ser un reto escribir una historia semejante. Hoy tenemos un ejemplo de atracción entre una mujer que ya es madre de tres hijos y su joven alumno, la pareja del presidente francés Emmanuelle Macron y su mujer, Brigitte, que se conocieron cuando él tenía diecisiete años y ella era su profesora de teatro, ya con cuarenta. Veremos si la igualdad y el poder que las mujeres van adquiriendo en la esfera pública hacen que se incrementen estas relaciones. Pero deseemos que no se repita el abuso y la asimetría que hemos sufrido nosotras.

Dolores Schiller es profesora universitaria, una mujer culta e inteligente. Tú la has dotado de una sexualidad nula, ¿por qué?

Me interesaba mucho destacar la asexualidad de Dolores Schiller. Para empezar, porque quería subrayar la transmisión intergeneracional del abuso: las mujeres abusadas transmiten cierta aversión sexual a sus hijas, o bien, una hipersexualización muy precoz. El abuso sexual constituye un trauma que deja fracturas muy importantes en el psiquismo de quien lo sufre, y me interesaba subrayar esta transmisión, si bien en la novela es una transmisión casi biológica, puesto que Lolita muere al dar a luz a Dolores y no conoce su historia.

Por otra parte, quería que mi protagonista fuese una mujer cuya ausencia de deseo sexual la hiciera más independiente de los hombres, subrayar su capacidad intelectual por encima de cualquier rasgo erótico, construir un personaje que fuese la antítesis de Lolita: madura, inteligente, sin ningún rasgo sexual, y muy independiente.

Finalmente, en el Epílogo entras tú misma en escena. Explicas que por un error en las direcciones de correo electrónico recibes tú los mensajes que Dolores Schiller dirige a otra persona con el ruego de que publique su texto. En esta parte manifiestas tu opinión, bastante desfavorable, sobre el mundo de la edición y de la lectura en la actualidad. ¿Crees que todo está tan mercantilizado?

Totalmente. He dejado de creer que la literatura es un territorio sagrado, como suponía cuando era una lectora joven, ingenua y voraz. Para mí, conocer un poco más de cerca el mundo literario ha sido una fuente constante de frustración. Hipocresía, mentira, intereses creados, en definitiva, los valores del mercado han triunfado sobre los de la calidad, como se ha demostrado hace bien poco en el reciente premio de poesía de una conocida editorial. Buscar autores que tienen de antemano muchos seguidores en las redes, por encima de la calidad de su obra, es la perversión extrema del sistema editorial, la demostración de una falta de honestidad que ya no engaña a nadie; honestidad que deberíamos exigirle al mundo de la cultura. Por otra parte, del lado de los autores, su necesidad de reconocimiento les invita a amoldarse al gusto medio del lector medio, abandonando cualquier ambición estética. Hay una crisis de la imaginación, mucho mimetismo y ombliguismo, por no hablar de la ausencia de un compromiso social que les restaría lectores. En fin, salvo honrosas excepciones, por supuesto, no tengo una buena opinión de este mundo. Aunque me ha dado también muy buenos amigos.

Muchos jóvenes siguen creyendo en la literatura como yo creía antes, de ahí la importancia de cuidar que no se degrade y siga siendo un agente de formación intelectual y moral, como aseguran Marta Naussbaum, o Antonio Damasio que lo fue.