Un recorte de 77.000 millones de euros

  • Ramon Gorriz y Manuel Lago

    Ramon Gorriz y Manuel Lago

    Secretario de Acción Sindical y economista del Gabinete Técnico Confederal de CCOO

23.05.2016

Debate principal: ¿Hacia dónde nos conduce la austeridad?

El negacionismo también está presente en el análisis económico porque por difícil que resulte asimilarlo, hay quien niega los recortes en el gasto público en España. Utilizando torticeramente las dificultades para controlar el déficit y el imparable crecimiento de la deuda, los negacionistas niegan lo evidente: que en 2014 nos gastamos 31.000 millones menos que en 2009 pero, como se han destinado 25.000 millones más a pensiones, 18.000 millones más al pago de intereses de la deuda y 5.000 millones más en gasto energético, en el resto de partidas el gasto se ha reducido en 77.000 millones.

Hace unas semanas CCOO presentó una pormenorizada cartografía de los recortes en la que se analiza la evolución del gasto público consolidado del conjunto de las administraciones públicas entre 2009 y 2014. En ese detallado análisis se concluye que el proceso de consolidación fiscal que se inició en España en 2009 —y que todavía no ha terminado— ha supuesto una intensa caída del gasto público pero también su redistribución.

En 2014 el conjunto de las administraciones públicas gestionaron 30.824 millones de euros menos que en 2009. Esta sería, por lo tanto, la primera cuantificación de los recortes: el gasto consolidado total cayó en tres puntos del PIB. Sin embargo, esta cifra infravalora la dureza del ajuste —y por lo tanto sus efectos reales sobre el bienestar— porque hay un número muy reducido de partidas de gasto que crecieron de una forma muy importante provocando una distorsión de la realidad.

En concreto, las pensiones, el pago de intereses de la deuda y el gasto energético aumentaron en 47.824 millones entre 2009 y 2014. Si dejamos al margen estas tres partidas, en el resto del gasto público el recorte fue de 78.164 millones de euros. Y esta es la cifra que mejor refleja el retroceso que han sufrido en nuestro país los servicios públicos, la protección social o la dotación de infraestructuras físicas, sociales o tecnológicas.

Es un enorme tijeretazo que equivale a casi 8 puntos del PIB y, lo que es todavía peor, es una cifra recurrente, porque si no hay cambios en la política de gasto, este recorte se repetiría en cada ejercicio. Expresado en cifras relativas, esta reducción fue del 21 % en términos nominales y del 30 % en términos reales, al tener en cuenta la inflación acumulada en ese período. Esto es, se ha dejado de gastar casi 1 euro de cada 3 en los últimos cinco años.

Los capítulos que soportan los mayores ajustes son la inversión y la remuneración de los empleados públicos.En los denominados gastos de capital —formados por la inversión directa de las administraciones públicas y por las transferencias de capital que cofinancian inversiones de otros agentes— se produce una caída de 40.569 millones de euros, una reducción equivalente 70 % en términos reales.

Por su parte, el gasto en Investigación y Desarrollo cae en 971 millones de euros en la I+D básica, una cifra a la que hay que añadir la I+D sectorializada que en conjunto elevan el recorte en el gasto en I+D hasta un total de 2.294 millones de euros. Recortar en la inversión es una decisión fácil de aplicar pero con unos costes enormes en el medio y largo plazo porque afecta a la competitividad del país ya que limita su dotación de infraestructuras físicas, sociales y de conocimiento.

Los empleados públicos también pagan una buena parte de la factura, porque el gasto de personal retrocede en 10.626 millones de euros, un 8,5 % nominal y en 17 % en términos reales. Esta caída de la masa salarial se debe a dos factores: la devaluación salarial y al menor número de personas trabajando en el sector público.

La devaluación salarial ha tenido fórmulas diferentes como la reducción del 5 % en los salarios nominales impuesto en 2010, seguida de su congelación a partir de 2011 hasta 2014. Por otro lado, entre julio de 2009 y julio de 2014 el personal empleado por las diferentes administraciones públicas se redujo en 136.183 personas, esto es, el 5,1 % de los que había en 2009. Se recortan los salarios y se reduce el número de personas trabajando y obviamente baja el gasto de personal, pero pagando el elevado precio del deterioro de la calidad de los servicios públicos.

Si pasamos del análisis por naturaleza del gasto al que estudia a que función se destina, se puede determinar cómo han afectado los recortes a los tres grandes grupos que conforman el estado del bienestar: los servicios públicos básicos, las prestaciones de la protección social y las políticas sociales.

En el primer grupo se produce un grave retroceso en la dotación de los dos grandes servicios públicos: en salud y en educación sumados en 2014 se han gastado 18.400 millones de euros menos que en 2009.

En concreto el gasto sanitario se ha reducido en 9.600 millones de euros, una cifra equivalente al –22 % en términos reales: se han dejado de gastar más de uno de cada cinco euros de los disponibles en 2009. Un recorte que afecta de forma especial al personal sanitario porque su remuneración se reduce en 3.244 millones de euros —menos salarios y menos plantilla— y la inversión, que cae en 2.144 millones de euros.

De forma complementaria hay un menor gasto en los servicios prestados por el sector privado, esto es el gasto en medicamentos en farmacias y en conciertos con hospitales privados, que se reducen en conjunto en 3.402 millones de euros.

Por su parte, el gasto educativo sufre un recorte de 7.394 millones de euros, equivalente al 23,7 % en valores reales: se ha dejado de gastar casi 1 de cada 4 euros desde que empezó el ajuste.Aquí también son los empleados públicos los que sufren con mayor dureza las restricciones de gasto porque la remuneración de los asalariados pierde 3.705 millones de euros. En educación se sigue el patrón general del ajuste y después de los salarios es la inversión la segunda variable con mayor retroceso, 2.235 millones de euros menos, lo que equivale a un desplome del 70 % en términos reales.

La especificad más relevantes del ajuste en el gasto educativo es que apenas ha afectado al sector privado: los conciertos con los colegios privados apenas han caído el –1,2 % en este período en el que la enseñanza pública ha sufrido intensos recortes.

En la categoría de la protección social hay una evolución muy diferente entre las diferentes prestaciones, hasta el punto de que la cifra global esconde una buena parte de los recortes. La razón es que las pensiones de jubilación y las de supervivientes se incrementan en más de 23.500 millones de euros. Este incremento se debe a la lógica del sistema de protección y a la evolución demográfica: cada vez hay más pensionistas porque se alarga la esperanza da vida y la cuantía de la pensión aumenta porque la de los que entran son superiores a la de los que salen.

Hay más pensionistas cobrando una pensión media más alta y por lo tanto aumentan el gasto a pesar de las decisiones de los gobiernos que en los últimos años actúan en el sentido contrario aplicando medidas tendentes primero a reducir el importe inicial de la pensión y después con revalorizaciones anuales mínimas.

Este incremento del gasto en pensiones se contrapone al recorte del mismo en el resto de prestaciones que componen el grupo de la protección social. En cifras absolutas la prestación que más se reduce es la protección por desempleo: de 2009 a 2014 el gasto se ha reducido en 7.231 millones de euros, una cifra equivalente a una caída del 30 % en términos reales.

Hay menos desempleados con protección —tal y como refleja la tasa de cobertura— y además cada vez cobran prestaciones más bajas, lo que se traduce en esa caída tan intensa de los recursos.

Cae también el gasto en enfermedad e incapacidad laboral en algo más de 1.000 millones de euros, una reducción del 13 % en términos reales que en buena medida se corresponde en la reducción del empleo.
Más preocupante si cabe es el retroceso del gasto en apoyo a las familias y a la infancia. En un país que tiene un grave problema demográfico, con un riesgo creciente de caer en una regresión poblacional, los recursos destinados a la política familiar se desploman: caen en 2.692 millones de euros, un 40 % de la cifra de 2009 en términos reales.

Y todavía es peor lo que sucede con la política social de vivienda, la destinada a apoyar a las familias con problemas para pagar su vivienda, tanto en alquiler como en hipotecas. En un país en el que los desahucios han crecido de forma exponencial, convirtiéndose en un gravísimo problema social, los recursos públicos del conjunto de los tres niveles de la administración se han reducido en 633 millones de euros, el 70 % de la cifra disponible en 2009 de tal forma que en 2014 solo se destinaron 415 millones de euros a esta prestación social tan relevante.

Pero los recortes no acaban aquí sino que se extienden por el conjunto de las partidas de gasto con escasas excepciones. En apretada síntesis los más destacados son: el gasto en proteger el medio ambiente pierde 2.817 millones de euros, el 37% de la cifra de 2009; la cultura y el deporte se desploman el 40%, equivalente a 5.656 millones; la cooperación internacional pierde el 70% de sus recursos con 2.060 millones menos; las políticas sectoriales ––desde el apoyo del sector primario a la política industrial–– se reducen en 6.261 millones de euros hasta quedar reducida a algo testimonial en la práctica; el gasto en vivienda y desarrollo comunitario se desploma al perder 8.805 millones de euros.

Delante de estos recortes generalizados y de enorme dureza no deja de sorprender el brutal incremento de gasto en algunas partidas. En estos años se ha producido una redistribución del gasto público en beneficio del oligopolio eléctrico y del bancario. Así, las subvenciones y los pagos compensatorios al sector energético se dispararon el 469 %, esto es, se multiplicó casi por cinco veces hasta alcanzar casi los 6.000 millones de euros. Por su parte, el pago por intereses a los acreedores ––básicamente la gran banca y los fondos de inversión–– aumentó en 18.206 millones en 2014 en comparación con 2009, más del 100 % en términos reales lo que eleva hasta casi el 4 % del PIB la cuantía del servicio de la deuda soberana.

Esta es una aproximación a la cartografía de los recortes al servicio de la consolidación fiscal aun inacabada: la combinación de una menor cifra global de gasto y su intensa redistribución a favor de intereses minoritarios y en contra de los servicios y las prestaciones públicas que ha deteriorado gravemente nuestro ya débil estado del bienestar.

De este análisis se puede sacar una conclusión más que evidente: la política de la austeridad compulsiva y de los recortes generalizados ya no tiene más recorrido. Ya se está tocando el hueso del estado del bienestar y no se puede seguir reduciendo el gasto sin debilitarlo de forma extrema, algo que ya se reconoce no solo desde organizaciones como el FMI sino por miembros del mismo gobierno en funciones del PP.

Por lo tanto hay que cambiar ya la estrategia de la consolidación fiscal, acordando nuevos plazos y ritmos para hacerla compatible con el crecimiento y, sobre todo, haciéndola pivotar sobre el aumento de los ingresos. Necesitamos una verdadera reforma fiscal que tenga como objetivo explicita incrementar los ingresos públicos que se necesitan por un lado para corregir el déficit y por otro para empezar a reconstruir los niveles perdidos en los servicios públicos y en las prelaciones sociales.

Para concluir, España no tiene un problema de exceso de gasto público sino de falta de ingresos lo que debilita la capacidad del estado para actuar sobre la economía. El fracaso constatado del modelo de gestión neoliberal de la crisis hace necesario un cambio radical en las políticas publicas que deberían incluir, al menos, los siguientes ejes: la derogación de las dos últimas reformas laborales; el incremento de los salarios, empezando por el salario mínimo interprofesional; un reforzamiento del Estado del Bienestar; una reforma fiscal progresiva que refiscalice las rentas del capital; una moderna política industrial que impulse un cambio de modelo productivo basado en la sostenibilidad medioambiental y en la competencia por creación de valor añadido, no en la reducción de costes laborales; la recuperación del poder adquisitivo perdido por las pensiones y una Prestación de Ingresos mínimos, son las bases de una nueva política económica que permitiría recomponer los niveles de renta quienes más han sufrido la crisis y afianzar la frágil recuperación.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    Marx distinguía (en sus ‘Teorías de la Plusvalía’) dos tipos de economistas: por un lado, las personas serias y rigurosas, es decir los buenos profesionales; por otro lado, «los retóricos de largos discursos» y «los vulgarizadores». Entre los primeros yo sitúo a Gabriel Flores, economista al que leo siempre con mucho interés; y entre los segundos, a Luis Garicano por hacer esa defensa a ultranza del liberalismo económico que ninguno de los economistas clásicos, empezando por Adam Smith, se atrevió nunca a realizar. Entrando en materia, me gustaría puntualizar y también ampliar algunas de las ideas vertidas por Gabriel Flores...
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  • Gabriel Flores

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  • Iván H. Ayala

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  • Jesús Pichel Martín

    Profesor de Filosofía

    La socialdemocracia fue el resultado de un pacto entre la burguesía capitalista industrial y el movimiento obrero tras la Gran Guerra y la Revolución de 1917. Los partidos y sindicatos obreros renunciaban a la revolución y aceptaban la propiedad privada de los medios de producción y la democracia liberal a cambio del reconocimiento de derechos sociales; la burguesía aceptaba contribuir al sostenimiento de la protección social a cambio de paz laboral. Fue en la Constitución de Weimar de 1919 donde por primera vez aparecen esos derechos como principios constitucionales. Esa fue la base teórica de la socialdemocracia. El neoliberalismo actual...
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  • Francisco Javier Braña Pino

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  • Jorge Uxó

    Profesor de Economía

    Toda estrategia de política económica empieza por establecer un orden de prioridades en los objetivos que se quieren alcanzar, para después seleccionar aquellos instrumentos que mejor pueden contribuir a alcanzarlos. En un país con un 21% de desempleo y una elevada precariedad laboral, con un 28% de la población en situaciones de pobreza o de riesgo de exclusión social, y con un modelo productivo que no ha resuelto los problemas que le llevaron a la crisis (baja productividad, dependencia energética, especialización en sectores de bajo valor añadido), estas prioridades deberían estar claras. Si por algo debemos empezar es por reducir...
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  • Gabriel Flores

    Economista

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  • Bruno Estrada

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    Creo que lo más interesante del debate que estamos teniendo en Espacio Público sobre las políticas de austeridad y devaluación salarial imperantes en la zona euro es analizar el horizonte político al que nos conducen. En este sentido, Joaquín Estefanía hace una oportuna cita a Mark Blyth: “la razón de su existencia (de la socialdemocracia) es hacer algo más que simplemente permitir un paraíso para el acreedor en Europa”. Los reiterados y contrastados errores de esta política económica están condenando a una parte importante de los ciudadanos europeos al desempleo, a un profundo deterioro de sus condiciones de trabajo o...
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  • José Molina Temboury

    Economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis

    Un título chocante sabiendo del sufrimiento que la política de austeridad impuesta por la Troika viene causando en grandes porciones de la población de los países que la aplican, incluido España. Pero bajo un sistema que impulsa una desigualdad extrema, creciente y sin límite, caben argumentos tan desquiciados como el propio sistema. Y en este caso no lo es tanto. Basta con preguntarse: ¿un éxito para quién? A los economistas que hace largo tiempo pasamos por la facultad nos enseñaron que el debate debiera ser científico, en el sentido de que si a alguien se le ocurre que una política...
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  • mrisquez

    Miembro de EconoNuestra y de Economistas sin Fronteras

    La austeridad, entendida ésta como el proyecto político-económico que las élites han articulado como estrategia para la gestión de la crisis en Europa, ¿ha sido un fracaso? Y si es así, ¿para quién? Si partimos del hecho de que las políticas económicas implementadas a lo largo de los últimos años tenían como objetivo trazar un escenario de salida de la crisis basado en un crecimiento sostenido y en una corrección de los factores estructurales que se encuentran en el origen de la crisis, obviamente se trata de un fracaso. Sin embargo, más que de una errónea gestión de la crisis,...
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  • Jesús Pichel Martín

    Profesor de Filosofía

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  • Mónica Melle Hernández

    Profesora de Economía Financiera, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Secretaria General de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas

    A principios de mayo de 2010 se unieron varios factores económicos muy negativos: se había desencadenado la crisis de las deudas soberanas en la UE. Grecia estaba al borde de la quiebra y había peligro de contagio a otras naciones. Y ello se solapaba sobre la crisis financiera de las 'subprimes', afectando gravemente al sistema financiero global. Y coincidieron además factores políticos relevantes: la UE estaba gobernada por una mayoría conservadora, que aprovechaba la situación para imponer su ideología neoliberal. Bajo el argumento de la consolidación fiscal se imponía en los Estados miembros, como vía para prevenir situaciones de insolvencia, una...
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  • Ramon Gorriz y Manuel Lago

    Secretario de Acción Sindical y economista del Gabinete Técnico Confederal de CCOO

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  • Carles Manera

    Economistas Frente a la Crisis sobre las políticas de austeridad

    Las políticas de austeridad están fracasando. La afirmación, vehemente, viene avalada por múltiples datos, procedentes de entidades públicas y privadas, que conducen a una conclusión nítida: la situación económica y social ha empeorado, con la aplicación de los recetarios que emanan desde Bruselas y Berlín. Los sacrificios que se exigen a la ciudadanía europea del sur son ingentes. Y difíciles de cumplir, sin erosionar servicios públicos esenciales. La obstinación en mantener las mismas fórmulas que llevan al fracaso constituye la hoja de ruta de los gobernantes europeos. Las cifras del Reino Unido, Francia, Italia, España y la misma Alemania,...
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  • Nalonso

    Profesora en la URJC y miembro de EconoNuestra

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  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    En el pasado Debate sobre las Migraciones, varios intervinientes apuntaron que las últimas decisiones de las autoridades europeas con respecto a los refugiados políticos en particular, y los inmigrantes en general, permiten fechar con precisión la muerte de Europa en el 20 de marzo del corriente año. Sin ánimo de polemizar, me gustaría decir algunas cosas sobre cuándo creo yo que la idea de una Europa solidaria y humanista se fue al traste - si la izquierda no le pone remedio. En mi opinión ello ocurrió unos pocos años atrás, cuando estalló la crisis de la deuda soberana en Europa....
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