Una puntualización sobre el «consenso de Washington»

  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Carlos Javier Bugallo Salomón

    Doctor por la Universitat de València

26.02.2026

Debate principal: Tras el vendaval trumpista

Los moderadores de este necesario y oportuno debate han planteado varias preguntas clave: si el segundo mandato de Trump supone un antes y un después en la agenda político-institucional y en el modelo de desarrollo capitalista; en qué medida implica un abandono de los acuerdos de Bretton Woods de 1946 y del llamado Consenso de Washington de los años ochenta; y si introduce cambios sustantivos en la geopolítica mundial.

Como puede apreciarse, estas preguntas remiten a un término de uso frecuente en los medios de comunicación, pero también ampliamente mal comprendido: el «Consenso de Washington». Si se consulta a ChatGPT sobre esta expresión, se obtiene la siguiente definición sintética:

El Consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones de política económica formuladas a finales de los años 80 para países en desarrollo, especialmente América Latina, con el objetivo de estabilizar sus economías y promover el crecimiento.

El término fue acuñado en 1989 por el economista John Williamson. “Washington” no alude a un gobierno concreto, sino a instituciones con sede allí, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de EE. UU.

Hace tiempo leí el artículo en el que Williamson explicó el significado de este término —What Washington Means by Policy Reform— y me llamó la atención un aspecto que ha pasado desapercibido para muchos comentaristas: la incoherencia sistemática de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos con respecto a las recomendaciones asociadas al propio Consenso de Washington. Esta incoherencia queda claramente reflejada cuando se examinan las explicaciones que el propio ChatGPT ofrece al respecto:

Según John Williamson, Estados Unidos no practica de forma coherente los ideales que él resumió bajo el nombre de Consenso de Washington.

Williamson fue explícito en este punto en varios textos posteriores. Para él, el Consenso de Washington no describía la política económica interna de Estados Unidos, sino el conjunto de recomendaciones que Washington promovía hacia los países en desarrollo, especialmente en América Latina.

De hecho, señaló varias incoherencias claras:

  1. Proteccionismo: Mientras se recomendaba a América Latina liberalizar el comercio, Estados Unidos mantenía aranceles, subsidios y barreras no arancelarias en sectores sensibles como la agricultura, el acero o los textiles.
  2. Intervención estatal selectiva: EE.UU. utiliza activamente políticas industriales, subsidios, compras públicas y rescates financieros (por ejemplo, en el sector bancario), algo contrario a la imagen de “Estado mínimo” asociada al Consenso.
  3. Déficits fiscales persistentes: La disciplina fiscal era una recomendación central para países en desarrollo, pero Estados Unidos ha operado durante largos períodos con déficits elevados y deuda creciente sin enfrentar las mismas exigencias.
  4. Doble rasero institucional: Williamson subrayó que muchas políticas exigidas a países latinoamericanos no eran políticamente viables ni socialmente aceptables en EE. UU. o Europa.

En síntesis, para Williamson el Consenso de Washington fue un diagnóstico de lo que Washington aconsejaba, no un modelo que Estados Unidos siguiera estrictamente. Esta asimetría es una de las razones por las que él mismo criticó el uso dogmático y simplificado del término en el debate público.

Desde esta perspectiva, en lo que respecta a la política económica, no parece que el llamado «trumpismo» represente una ruptura clara con el pasado. Sugiero que puede interpretarse como la prolongación exacerbada y desprovista de hipocresía de una tradición imperial que hoy resulta cada vez más difícil de mistificar.

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Intervenciones
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    22/01/2026

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