El fenómeno Trump no fue un accidente, y se puede repetir en 2020

  • Julián Castro Rea

    Julián Castro Rea

    Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Alberta, Canadá

19.06.2019

Debate principal: El Trumpismo, la nueva barbarie

La victoria electoral de Donald J. Trump en noviembre de 2016 tomó por sorpresa a la vasta mayoría de politólogos y científicos sociales, que reaccionaron con sorpresa e incredulidad cuando los resultados electorales fueron anunciados.

Quienes supimos que esa victoria era una posibilidad real habíamos observado las tendencias recientes de la política estadounidense, y los motores que la mueven. El trumpismo es el resultado de la convergencia de por lo menos tres factores: ciertos rasgos inherentes a la cultura política estadounidense, la actividad de la derecha, y una estrategia novedosa para hacer campaña política.

La cultura política estadounidense se define por el llamado excepcionalismo, es decir, la percepción compartida por la vasta mayoría de la población de que su país es único, superior, al resto de las naciones del planeta. De esta convicción se derivan ciertos rasgos de conciencia colectiva históricamente constantes: nacionalismo exacerbado, mesianismo, convicción de superioridad moral, racismo, xenofobia, voluntarismo, militarismo, fundamentalismo constitucional.

En su estudio titulado Fascism. Why Not Here? (Potomac, 2009), provocativo sin duda pero impecablemente argumentado y basado en evidencia sólida, Brian E. Fogarty sostiene que en Estados Unidos se identifican elementos similares a los que llevaron a Hitler al poder: romanticismo, nacionalismo, populismo, racismo y autoritarismo. Nótese que la elección de Trump, un líder que en su imagen pública combina todos esos rasgos, sucedió siete años después de la publicación de ese estudio. Sin embargo, Fogarty no fue profeta. Ya desde 1935 Sinclair Lewis, en su novela It Can Happen Here, tomó nota de los rasgos profundos de la cultura política de su país para argumentar que un régimen fascista no era una posibilidad remota. Más cerca de nuestra época Philip Roth, en su novela The Plot against America (2004), y Joe Conason, en su estudio It Can Happen Here: Authoritarian Peril in the Age of Bush (2007), elaboran un argumento similar. Pocos analistas tomaron esas advertencias en serio, hasta que Trump se convirtió en una realidad inquietante.

El segundo factor es de naturaleza institucional. Donald Trump fue beneficiario neto, aunque no intencional, de los esfuerzos concertados que el movimiento de derecha en Estados Unidos desplegó desde la década de los setenta para recuperar la posición hegemónica en el juego político de ese país. Trump aprovechó un vasto movimiento político, institucional e ideológico que inició en su país hace más de cuarenta años, y que ha progresado en olas sucesivas, añadiendo en cada una de ellas nuevos ingredientes para hacerlo más efectivo. Este movimiento político, que para simplificar podemos llamar de backlash (contragolpe), puede dividirse en cinco etapas, que coinciden en términos generales con sendas décadas. Se han escrito libros enteros sobre cada una de estas etapas, las anoto enseguida solamente a título indicativo:

1. el lanzamiento de la política de contragolpe, representado por el “Memorandum Powell” de 1971; que inauguró el esfuerzo concertado para recuperar el terreno perdido por la derecha ante el Estado de bienestar y el keynesianismo, capitaneado por las grandes empresas privadas. Una pieza fundamental de este esfuerzo concertado es la creación de las grandes fundaciones de la derecha (Ollin, Bradley, Scaife Mellon, y sobre todo Koch) para financiar la abigarrada red de think tanks de derecha y para la inserción de esta ideología en el mundo universitario;

2. el surgimiento de la derecha religiosa, con la creación del movimiento Moral Majority (Mayoría Ética) en 1979 y su heredera, la Christian Coalition (Coalición Cristiana) diez años después. Estos movimientos, que apelan directamente a las creencias religiosas como guía de la acción política, le darían un nuevo impulso a la derecha en la década de los ochenta;

3. la negación del cambio climático, que alcanza su clímax en los noventa, con la consecuente divulgación en los rangos de la derecha del escepticismo ante la ciencia en particular y el racionalismo en general;

4. el encumbramiento del neoconservadurismo a la cima del poder político en 2001, con consecuencias mayúsculas para el fomento del unilateralismo, el militarismo y el excepcionalismo en la política exterior de Estados Unidos; y finalmente

5. la irrupción del movimiento denominado Tea Party en 2009, que introduce el fundamentalismo constitucionalista —incluyendo una interpretación absoluta de la segunda enmienda, que autoriza a los ciudadanos estadounidenses a portar armas—, la xenofobia y el populismo como ingredientes adicionales de la mezcla conservadora. Además, el Tea Party consagró la práctica del llamado astroturfing (pseudomovilización popular patrocinada por grandes fundaciones y empresas) para promover causas políticas y manipular a los medios de comunicación.

A pesar de ser ajeno al movimiento de derecha hasta el momento de la campaña electoral, Trump logró montarse en la ola del movimiento gracias al hábil uso del populismo. En su versión de populismo, Trump diseñó al “pueblo” tomando como base los temas del movimiento de derecha. Definió al pueblo como todos aquellos que han sufrido por las transformaciones recientes de la economía, la sociedad y la política en ese país: los desempleados, las víctimas de la crisis de 2008, los veteranos de guerra descuidados por el gobierno, quienes han sido víctimas de crímenes violentos, los hombres blancos heterosexuales, blanco favorito del movimiento identitario, etc. Por extraño que parezca, incluye también en esta definición retórica del “pueblo” a empresarios nacionalistas, de pequeñas, medianas y hasta grandes empresas. Por supuesto, para ser integrante legítimo de este “pueblo” es también necesario haber nacido en Estados Unidos, ser ciudadano de ese país, profesar alguna religión cristiana, y no ser de un origen étnico, cultural o racial sospechosamente diferente al de la mayoría dominante de la población.

La “élite” es ese amplio y difuso grupo humano que se beneficia directamente del statu quo o que contribuye a su preservación: políticos profesionales, beneficiarios de los programas sociales, empresarios globalizadores, líderes sindicales, académicos de izquierda, los medios de comunicación tradicionales, etc. Una vez más, por extraño que parezca son también por exclusión miembros de la “élite” todos aquellos que no cumplan con los requisitos para pertenecer al “pueblo”: los migrantes indocumentados o provenientes de países no cristianos, los refugiados, quienes no han hecho servicio militar o sido miembros regulares del ejército, quienes no idolatran los símbolos nacionalistas del país, etc.

Por lo tanto, en la retórica populista de Trump se trata de darle todo el poder a sus legítimos dueños, el pueblo como él lo define, desplazando a la élite falaz y convenenciera. En esta misión que presenta como heroica, todos los medios son válidos, y la élite no merece siquiera el beneficio de una explicación. Ajeno a los círculos de poder antes de ser presidente, Trump puede presentarse como ajeno a los círculos políticos corruptos, invariablemente del lado del pueblo común. Por eso entusiasmó a todos los sectores anteriormente marginados, que de repente se ven reivindicados y validados con la retórica de Trump; por simplista y etnocentrista que nos parezca.

Finalmente, el tercer elemento es estratégico: el hábil uso de las redes sociales para diseñar mensajes personalizados, dirigidos a simpatizantes potenciales. Por instrucciones del equipo de campaña de Trump, la compañía privada Cambridge Analytica accedió a la información privada de millones de usuarios de Facebook radicados en Estados Unidos. En base a esa información —los “me gusta”, las páginas de internet visitadas, los grupos de conversación, las compras en linea, etc.— la compañía pudo elaborar perfiles de los votantes, a quienes enseguida se les envió propaganda electoral prácticamente personalizada. Se calcula que la campaña de Trump difundió así más de 75 mil mensajes individualizados, adaptados a los gustos, las preferencias y los valores de cada elector. Trump pudo así hacer creer a millones de ciudadanos que pensaba igual que ellos, lo cual naturalmente incitó el entusiasmo por su candidatura el día de las elecciones.

El triunfo de Trump resulta pues principalmente de la alineación de esas tres estrellas: cultural, institucional y estratégica. Tal alineación pasó desapercibida para la mayoría de los analistas académicos y periodísticos, e incluso para los estrategas del partido Demócrata, por lo que no pudieron siquiera imaginar que Trump ganaría, o hacer algo para impedirlo.

Casi tres años después de las presidenciales, la situación no ha cambiado mucho. El sustrato cultural y la fuerza institucional de la derecha persisten e incluso se han reforzado. Si bien el uso estratégico de las redes sociales está ahora más vigilado y restringido, no está excluido que los estrategas republicanos hallen alguna estratagema para difundir su mensaje en internet de manera eficaz. A esta situación se añade la debilidad del partido Demócrata, que no ha logrado crear un consenso programático interno en torno a un solo candidato. A principios de junio de 2019, 25 demócratas aspiran a ser candidatos presidenciales de su partido. Peor aún, no parecen tomar en serio la solidez de los apoyos políticos de Trump.

De seguir así la situación un año más, Trump tomará una vez más por sorpresa a los analistas y será de nuevo presidente en 2020.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • Gabriela Pinheiro Machado Brochner

    Activista y Doctora en Ciencias Políticas

    Ya es sabido que en Brasil la situación política es compleja, no del todo democrática, y no del todo legal. Sabemos por todo lo que hemos visto hasta el momento que de cierta forma, desde el año 85, la democracia se encuentra en una situación inusitada para el país, y aunque el impeachment de Dilma Roussef no fuese el primero en el período de la redemocratización, post dictadura, es el primero que ahora podemos afirmar con seguridad se ha tratado de un golpe de Estado, en una nueva forma. Nuevos golpes, desde los mecanismos institucionales. En este sentido, y sin...
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  • Irene Bassanezi Tosi

    Doctoranda en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en UC3M

    Diálogos Feministas Europa/América Latina (Nota de la redacción: Publicamos por el interés que tiene para este este debate sobre el “trumpismo” una crónica-resumen del coloquio en el que participaron este mes de septiembre en Madrid la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff y nuestra compañera del grupo promotor de Espacio Público, María Eugenia Rodríguez Palop.) “La ultraderecha ha conseguido protagonismo en muchas democracias y la más corrosiva es la de Brasil”. “Existe una hermandad entre el neoliberalismo y el neofascismo. No existe lo uno sin lo otro”. Así se pronunció el miércoles 25 de septiembre en Madrid la expresidenta de...
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  • Vicenç Navarro

    Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

    Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza...
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  • Jaime Pastor

    Politólogo y editor de Viento Sur

    No es difícil compartir el diagnóstico que nos proponía Pedro Chaves en su introducción a este debate propiciado por Espacio Público, según el cual nos encontramos desde hace al menos 10 años en un periodo de interregno global. En efecto, en pocos años hemos pasado de la perplejidad ante el estallido de la mayor crisis sistémica conocida por el capitalismo desde la vivida en los años 30 del pasado siglo -que hizo pronto famosa la falsa promesa de “refundación del capitalismo”- a una nueva y radical vuelta de tuerca austeritaria y desdemocratizadora, frente a la cual una ola de movilizaciones...
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  • Lorena Fréitez Mendoza

    Psicóloga Social y Analista Política. Doctoranda en Ciencias Políticas y de la Administración (UCM). Activista de movimientos sociales en Venezuela.

    Trump lidera una estrategia que, siendo revolucionaria, funciona para afrontar el problema de la regeneración de las élites conservadoras. Las ideas de igualdad política y libertad de elección de todos los individuos que traducían democracia, han quedado vaciadas de eficacia para un liberalismo que ya no es capaz de gestionar políticamente su conflicto estructural: la desigualdad económica. La legitimidad del dominio capitalista está seriamente cuestionada y estas élites lo saben. Trump lidera una cruzada ideológica para producir un nuevo campo político que legitime estas brutales formas de dominio económico a nivel global. No solo se trata de preservar a Estados...
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  • Julián Castro Rea

    Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Alberta, Canadá

    La victoria electoral de Donald J. Trump en noviembre de 2016 tomó por sorpresa a la vasta mayoría de politólogos y científicos sociales, que reaccionaron con sorpresa e incredulidad cuando los resultados electorales fueron anunciados. Quienes supimos que esa victoria era una posibilidad real habíamos observado las tendencias recientes de la política estadounidense, y los motores que la mueven. El trumpismo es el resultado de la convergencia de por lo menos tres factores: ciertos rasgos inherentes a la cultura política estadounidense, la actividad de la derecha, y una estrategia novedosa para hacer campaña política. La cultura política estadounidense se define por...
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  • Carlos Fernández Barbudo

    Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Colaborador Honorífico en la Universidad Complutense de Madrid.

    El éxito del trumpismo político difícilmente puede entenderse sin atender a lo que ha sido una de sus señas de identidad más características, a saber, un estilo de comunicación política que ha sabido entender y explotar con éxito la configuración actual del espacio público digital. No me estoy refiriendo, al menos no exclusivamente, al más que comentado fenómeno de las fake news, sino a la peculiar confluencia de fenómenos sociotécnicos que ha permitido movilizar los afectos y la propaganda política a una escala nunca antes ensayada. El escándalo de Cambridge Analytica no sólo puso en cuestión las políticas de Facebook...
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  • Bolsonarismo

    13/06/2019

    Esther Solano

    Profesora de la Universidad Federal de São Paulo

    El tsunami bolsonarista atropelló la política brasileña con una fuerza inesperada. El llamado “Trump de los trópicos” tiene su propia versión del Trumpismo, el Bolsonarismo. Veamos algunos de sus elementos. Neoliberalismo-neoconservadurismo La autora estadounidense Wendy Brown (2006[1]) explica cómo en las últimas décadas asistimos a la confluencia del neoliberalismo y el neoconservadurismo, dos racionalidades diferentes pero que se unifican de modo que el neoconservadurismo se convierte en una justificación moral del neoliberalismo. Brown afirma que el neoliberalismo, transformado en la forma de ordenar la vida social, fuerza reguladora de las subjetividades y la vida colectiva, necesita un conjunto de valores y...
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  • Anibal Garzón

    Sociólogo, docente y analista internacional

    Mucho se ha escrito sobre el fenómeno Donald Trump desde diferentes enfoques políticos y desde diversos objetos de estudio, como podemos ver en este interesante debate de Espacio Público. Sobre los diferentes enfoques políticos desde si Trump rompe con la globalización neoliberal o es un producto más del statu quo de este sistema; desde si Trump es populista de extrema derecha o un republicano reaganista; si Trump es perfil de la élite política o más de la élite empresarial; o incluso si Trump es un loco compulsivo o un estratega de la nueva política comunicativa. Y sobre los objetos...
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  • Leo Moscoso

    Sociólogo y politólogo

    “All governments rest on opinion” (James Madison). Cuenta Jenofonte que —espetado por Sócrates, que le recriminaba no atender adecuadamente a sus obligaciones ciudadanas— Cármides respondió alegando que en la asamblea generalmente prevalecía el argumento del más necio. La verdad es que sí; y esta vez nos hemos superado. Contra todo pronóstico, e igual que habíamos visto venir —sólo cuando ya era inminente— el Brexit de finales de junio, a Trump lo vimos venir el 8 de noviembre de 2016. No antes. Too bad, too late! Yes, we Trumped! Habíamos subestimado la desafección del votante demócrata con respecto a la...
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  • Ignasi Gozalo-Salellas

    Profesor de Estudios Hispánicos y Estudios Cinematográficos en Ohio State University (EEUU)

    Vivimos con estupor, en mi caso desde la misma Nueva York, las elecciones del 2016 en que el outsider Trump se imponía, contra pronóstico, a todas las encuestas y cálculos de las élites políticas y mediáticas: una derrota clara ante la candidata del sistema, Hillary Clinton. Hoy, superado el ecuador de su primera legislatura, nadie se atreve a afirmar que el fenómeno Trump sea simplemente un error del sistema. Porque es, y de hecho lo fue siempre, parte del mismo. Para entender el personaje y su performance política y mediática, hay que mirar a la sociología. En 1965 Norbert...
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  • Juan Manuel Vera

    Economista, Consejo editorial de Trasversales

    “El fruto está ciego. Es el árbol quien ve” (René Char). Los rostros del poder son desagradables, pero en los últimos tiempos se están afeando cada día más. La podredumbre se agranda. Hay cambios políticos amenazantes en muchas zonas del mundo. El crecimiento global de la nueva extrema derecha debe ser explicado. Se alimenta del miedo, del odio al diferente y de una pulsión extrema hacia el dominio. Me gustaría pensar en estas líneas sobre las condiciones que lo hacen posible, desarrollando brevemente algunas intuiciones y reflexiones, esbozando unas explicaciones provisionales. El vendaval derechista El capitán retirado Jairo Bolsonaro acaba de asumir la...
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  • Francisco Javier Braña Pino

    Investigador asociado en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI)

    Retomando uno de los temas con los que comencé mi carrera académica, el papel de la industria en sociedades y economías que, como la española, están en algún punto de la periferia del capitalismo, el debate se está centrando ahora en si estamos ante una nueva revolución industrial, que sería la cuarta, iniciada a finales del siglo pasado, o estamos en una nueva onda larga del capitalismo, iniciada en el último cuarto del siglo pasado con el declinar del paradigma tecno-económico conocido como fordismo y la crisis de los años 90. Si bien me inclino por esta segunda interpretación,...
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  • Federico Mayor Zaragoza

    Escritor y diplomático

    El nombramiento y primeras decisiones del Presidente Norteamericano Donald Trump, insólito en tantos aspectos, hubiera debido tener inmediata respuesta de desaprobación por muchas razones y muchos sectores… La adopción por las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) “para transformar el mundo”, y de las medidas sobre el cambio climático decididas acto seguido en el mes de noviembre de 2015 en París, aparecieron como un destello de esperanza y como una manera adecuada y oportuna para, por fin, controlar la situación y evitar un deterioro mayor e irreversible de la habitabilidad de la Tierra. Pero el neoliberalismo que...
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  • Aram Aharonian

    Periodista y comunicólogo uruguayo. Creador y fundador de Telesur.

    De la mano de gobiernos de ultraderecha y coincidiendo con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, resurgieron en América latina el neofascismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y el racismo, tras dos décadas de experiencias progresistas en varios países, que colaboraron para este retorno con su reticencia a realizar cambios estructurales y aferrarse a los preceptos de la democracia burguesa. En las últimas siete décadas nunca Argentina, Chile y Brasil estuvieron gobernados por la derecha al mismo tiempo. Hoy, en cambio, una derecha elegida por los votos se ha asentado en el poder no solo en...
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  • Emilio Muñoz

    Profesor de Investigación "ad honorem" del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

    Quienes me siguen no se extrañarán de que aborde esta contribución bajo la perspectiva de una visión particular de la filosofía de la política científica, en un momento crítico asimismo para la ciencia. Trump ha sido una catástrofe para la ciencia y las políticas que promueven su fomento y gestión desde lo público. Trascribo de un texto previo[1]: “… en Estados Unidos la responsabilidad de la política científica reside en el Presidente de la nación con el apoyo de un asesor (Director of the Office of Science and Technology), una personalidad generalmente de altura científica y/o tecnológica, mientras que los...
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  • Mónica Melle Hernández

    Profesora de Economía Financiera, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Secretaria General de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas

    Es difícil que el capitalismo salvaje de mercado nos sorprenda con sus actuaciones a estas alturas de la historia. Pero hay que reconocer que Donald Trump y el “trumpismo” están consiguiendo dar una, o mejor muchas, vueltas de tuerca adicionales a los principios del dios dinero y del todo vale si el resultado es rentable. Ya no es solo la falta de ética y de humanismo la que inspira las decisiones políticas del “imperio”, sino una verdadera ley de la selva, basada en la carencia de escrúpulos, de civilidad y de respeto hacia “los otros”, instaurando un capitalismo de...
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  • Eugenio García Gascón

    Periodista

    Este mes de abril el humorista Volodymyr Zelensky se convirtió en el presidente de Ucrania con más del 73 por ciento de los votos. Un resultado avasallador que vuelve a cuestionar los parámetros habituales de la política en Europa. De hecho, los parámetros habituales de la política en Europa, y en el resto del mundo, hace tiempo que se cuestionan, y la victoria del humorista ucraniano simplemente aporta un nuevo dato en esa dirección. Naturalmente, se puede criticar a Zelensky como un arribista o como un intruso, aunque creo que su elección simplemente refleja uno de los desafíos cruciales a...
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