Ya cambiaron los dioses. Todo tiene que cambiar

  • José María Fernández Seijo

    José María Fernández Seijo

    Juez

27.02.2015

Debate principal: La Justicia: hay que reinventarla

La crisis de la justicia, escrita con o sin mayúsculas, es una de las cuestiones más debatidas en los mentideros políticos, sociales, culturales y judiciales; se afirma que la justicia es ineficaz, poco garantista, cara, lenta, ineficiente, lejana, politizada, manipulable, voluble, caótica, anticuada, inhumana… Los adjetivos son kilométricos. La discusión sobre la justicia, sus males y sus remedios ha terminado por ser aburrido tanto desde la perspectiva de quienes defienden que no está tan mal y que sólo hacen falta algunos ajustes, como de quienes abogan por una transformación radical partiendo del incremento de medios materiales, la creación de más juzgados, la apuesta por la informatización, el fortalecimiento de su independencia y todo ese conjunto de remedios que se repiten como una letanía en cualquier foro sobre la materia.

Siguiendo la frase de Sánchez Ferlosio puede asegurarse que ya cambiaron los dioses y que, por lo tanto, todo tendrá que cambiar. Los dioses de la justicia se basan en un modelo ya bicentenario, el de Napoleón Bonaparte, que consideró que las bases de la modernización del Estado debían asentarse en una sólida, completa y rígida codificación administrada por funcionarios profesionales, formados en la frialdad y en la distancia de los conflictos; la administración se organizaba siguiendo los patrones y las necesidades de los medios de comunicación y transporte que unía a las distintas poblaciones, se estructuraba asumiendo que la distancia física entre municipios obligaba a largos, a complejos desplazamientos que aconsejaban que en cada ciudad – por lo menos en las más importantes – se produjera una reproducción a escala de la estructura del estado.

Más de doscientos años después llega el momento de agradecer a Napoleón los servicios prestados y configurar una nueva manera de organización del estado, algo que ya se consiguió en ámbitos tan complejos como el fiscal, las infraestructuras, los servicios educativos o sanitarios, incluso las policías han modificado el modo en el que se organizan; sin embargo en la justicia la presencia de Napoleón es tan intensa que en ocasiones se le ve deambular por las salas y corredores de los tribunales.

Ya no es necesario invertir varias jornadas para desplazarse pocos kilómetros, no quedan escribanos o amanuenses, la información se transmite en décimas de segundo y un minúsculo teléfono móvil se convierte en el instrumento más potente de comunicación activa y pasiva.
La justicia se ha convertido en una tribu muy parecida a las colonias Amish que viven aisladas en algunos estados del este de Norteamérica, con la diferencia de que no despierta mucho interés ni turístico, ni antropológico, ni sociológico; sin embargo debe ser un instrumento fundamental en un estado de derecho. Todos los días obligamos a miles de personas a introducirse en los arcanos de la justicia, a conocer su lenguaje, intermediarios y rituales.

Para configurar un nuevo modelo de justicia y de administración de justicia hay que invocar a los dioses romanos como hacía Manuela Carmena en su artículo fundacional del presente debate, y hay que propugnar la abolición sin excusa de los viejos modelos de funcionamiento. Ya no tienen razón de ser los juzgados, ni las oficinas judiciales, cortes y tribunales han perdido todo su sentido. Debe defenderse la desaparición de los partidos judiciales, de todos ellos sin excepción. Hay que olvidarse en la estructura jerárquica del poder judicial y diseñar nuevas formas de hacer y de comunicar. Que nadie vea en estas líneas radicalismos revolucionarios, más bien todo lo contrario, a veces hay que cambiarlo todo para que todo siga igual. ¿Tiene algún sentido que el mismo juez que debe enfrentarse a un procedimiento de corrupción de un altísimo cargo autonómico haya celebrar faltas por las peleas entre dos vecinos? ¿Puede ofrecerse la misma calidad en la administración de justicia si el juez que ha de gestionar la insolvencia de una empresa con 300 trabajadores tiene que compaginar su trabajo con las reclamaciones por la pérdida de maletas en el aeropuerto de la ciudad?

Para pasar de las abstracciones a medidas concretas pueden articularse algunas propuestas:

1. Debe crearse una justicia de primer circuito, una justicia que se llamó municipal o de proximidad, una justicia de sala, entendiendo como tal una justicia cuya labor fundamental sea la de la celebración de vistas o de juicios orales que se inicien tras una sencilla reclamación que pueda realizar cualquier ciudadano. Las pequeñas disputas vecinales, las reclamaciones de cantidad que no superen los 3.000 euros, los recursos a las sanciones administrativas cotidianas, las resolución de los conflictos originados por los contratos básicos para la convivencia, los despidos injustificados … Toda esta batería de reclamaciones tendría que solucionarse de modo rápido, máximo en 15 días, partiendo de una reclamación que pudiera formalizarse siguiendo una sencilla plantilla colgada en la red, o un formulario que pudiera cumplimentarse por una persona con formación básica. Recibida la reclamación se convoca a una vista o juicio inmediato en la que las partes exponen sus posiciones y pareceres, traen una prueba sencilla y el juez resuelve oralmente. Por descontado que esas vistas se deben filmar, por descontado que debe haber un retén de abogados de oficio que puedan asistir a quien lo necesite, por descontado que antes de celebrar la vista se puede ofrecer una mediación vinculante para los intervinientes. Todos estos por descontados se deben gestionar en ese mismo acto de modo oral, con la agilidad de retrasar unas horas o unos días los juicios que se compliquen.

Estas vistas deben celebrarse por la mañana, también por la tarde, seguramente domingos y festivos. No se trata de encadenar a un juez en una sala durante horas, sino la de establecer un sistema de tandas que permita cargas de trabajo razonables para los funcionarios. Un sistema de asistencia judicial primaria que da un diagnóstico y una solución a los asuntos en apariencia más leves pero en ocasiones generadores de malestar y conflictividad económica o social. Se dicta sentencia oral y, si las partes reclaman la documentación de ese fallo, el juez se compromete a facilitarlo en 48 horas, apoyado por un asistente debidamente cualificado que redactará la resolución partiendo de lo visto y realizado en la sala.

Estos juicios de primer circuito deberían celebrarse en los municipios que tuvieran una población determinada, agrupando en una sola sede las localidades de distintas comarcas; sólo excepcionalmente se podrían habilitar salas y plazas judiciales para localidades que tienen una accesibilidad más compleja – algunas zonas montañosas o todavía mal comunicadas.

Este primer circuito lo asumirían los jueces y jueces que acabaran de acceder a la carrera judicial.

Esa carrera judicial se conformaría a partir de una prueba de acceso a la escuela judicial, prueba a la que podrían acceder aquellos que optaran por la fórmula tradicional de la oposición, es decir, la capacidad de aprendizaje de los cuerpos legislativos básicos; pero también podrían optar quienes acreditaran una sólida formación jurídica previa. Los opositores realizarían un examen de ingreso que nada tendría que ver con el actual modelo de oposición; los juristas experimentados sólo tendrían que acreditar curricularmente su formación. Una vez en la escuela judicial se plantearía una formación rigurosa que excluyera a los no aptos para la función de juzgar.

2. El segundo circuito se destinaría a aquellos procedimientos más complejos, aquellos que exigen una reclamación escrita asistida por un abogado, los que reclaman trámites probatorios más elaborados, aquellos procedimientos en los que el demandado también ha de contestar por escrito. Este segundo circuito también debería acoger los procedimientos de instrucción penal de los delitos más complejos.

En el segundo circuito no debería haber juzgados, o por lo menos no concebidos como compartimentos estancos, sino órganos colegiados en los que se distribuyera el trabajo entre los jueces conforme a criterios objetivos, predeterminados, fijando una carga de trabajo razonable. En este segundo circuito es inevitable la especialización en jurisdicciones, las tradicionales de civil, penal, laboral y administrativo, a las que habría que incorporar las de familia, menores, incapacidades, mercantil, probablemente también órganos especializados en derecho de consumo y en contratación administrativa.

La implantación de estos órganos de segundo circuito debería ser en principio provincial, sin perjuicio de que excepcionalmente se pudieran establecer para algunas jurisdicciones o especialidades un ámbito territorial menor en función del núcleo de población que deba atenderse o de las circunstancias específicas de cada uno de estos núcleos de poblaciones.

No habría juzgados como tal sino un servicio común que recibiría las demandas, atribuiría las mismas a un juez o jueza competente que se pronunciaría sobre la admisión del procedimiento y la adopción, en su caso, de medidas cautelares o diligencias previas de prueba e instrucción. En función de la complejidad de los asuntos el juez podría ordenar la celebración de una vista preliminar que debería celebrarse dentro del mes siguiente a la contestación a la demanda.

La organización administrativa, gestionada por secretarios judiciales, debería ser común estableciendo un área que se ocupara sólo de atención al público -profesionales o no-, un área de gestión o impulso de los procedimientos y un área de tramitación. En estas funciones administrativas habría que aprovechar la experiencia de otras administraciones que tienen servicios de atención e información al público con cita previa, con períodos de espera inferiores a una semana, habilitando tanto la información presencial con otros sistemas que eviten desplazamientos innecesarios.
Los señalamientos de vistas, juicios o audiencias los realizaría un servicio común que fijaría las fechas tanto en horario de mañana como de tarde, de lunes a viernes, incluyendo el mes de agosto. No se trata, de nuevo, de esclavizar a ningún juez dado que se fijarían previamente cargas razonables de trabajo de cada órgano judicial. No sería necesario crear nuevos juzgados, sino de dotar a cada uno de los órganos del número de jueces adecuados a las cargas reales de trabajo.

Este segundo circuito lo ocuparían jueces profesionales que, habiendo trabajado ya en el primer circuito, accedan a pruebas de especialización por materias o acrediten su especialización en las mismas.

Cada juez de este segundo circuito dispondría de un asistente personal –funcionario de carrera con conocimientos jurídicos– y de un funcionario que haría las tareas de enlace con los servicios comunes.

En materias complejas o novedosas a requerimiento del juez que tiene atribuido el asunto o del juez decano se podrían articular sistemas colegiados para conocer de los asuntos o para sentenciar los mismos, colegios que podrían formarse con 3 miembros, 5 miembros o 9 miembros en función de la complejidad o novedad.

3. El tercer circuito se destinaría a la segunda instancia, a los recursos tanto de decisiones de los jueces del segundo como del primer circuito. Estos órganos de apelación tendrían ámbito de comunidad autónoma, siempre serían colegiados, en salas de 3 ó 5 miembros, también por especialidades. El acceso a ese tercer circuito respondería a principios de mérito y capacidad, no sólo la mera antigüedad.

4. El último escalón sería para los recursos de casación y para el amparo frente a vulneración de derechos fundamentales. No tiene ya ningún sentido ni teórico ni práctico que un particular haya de esperar un lustro para que se determine si se han conculcado derechos fundamentales básicos durante los procesos judiciales.

Estos serían los grandes trazos sobre organización y funcionamiento de la justicia; trazos básicos, seguramente susceptibles de puntualizaciones o matices. Seguramente el problema mayor no sea tanto el de plantear la reforma integral, sino el de establecer un régimen transitorio que permita pasar de uno a otro modelo de modo eficaz.

Rediseñar el tablero del gobierno de la justicia

Para el gobierno de la justicia es evidente que han de buscarse alternativas ya que todos los consejos anteriores, se elijan como se elijan, han generado serias suspicacias y disfunciones. Se ha centrado la discusión sobre el modelo de elección de los vocales, pero se ha olvidado que el órgano de gobierno, como tal, tiene disfunciones derivadas de la convivencia de varias administraciones con competencias solapadas en estas materias.

En algún momento debería ponerse un poco de orden y rediseñar el tablero partiendo en primer lugar de la desaparición del ministerio de justicia, sus competencias deberían ser o bien transferidas a las comunidades autónomas o bien redistribuidas entre el ministerio de presidencia, el de administraciones públicas, el de exteriores y el de cultura.

Desaparecido el ministerio de justicia el consejo del poder judicial podrá centrarse en sus funciones básicas, las referidas a la selección y formación de jueces, la garantía de su independencia a la hora de juzgar, la inspección y responsabilidad de la judicatura. El gobierno de la justicia debería tener un órgano de control que fuera de representación amplia, en la que tuvieran cabida las comunidades autónomas, Congreso, Senado, incluso los representantes de los propios jueces. Un órgano que se reuniera 4 veces al año de modo ordinario, que recibiera las cuentas de los órganos de gestión y que conociera de las líneas esenciales del gobierno de la justicia. Junto con este órgano de representación, que se renovara parcialmente cada 2 años, debería configurarse un órgano de gobierno que se ocupara de la gestión cotidiana, un órgano que debería ser elegido por las Cortes y por el propio consejo de representación amplia; este órgano no debería tener más de 10 miembros que deberían elegir un presidente, que lo sería del órgano de gestión y del de representación. La gestión sería fiscalizada por el órgano de representación y, en último término, por el parlamento o por las cámaras autonómicas. Se trata de fiscalizar sus tareas de administración, de uso de medios, no las jurisdiccionales propias de cada juez.

Mejorar la técnica legislativa deplorable y frívola

Diseñada a grandes rasgos la administración y el gobierno de la justicia, no debería olvidarse la necesidad de mejorar la técnica legislativa, no deja de ser el instrumento básico con el que ha de trabajar el juez. La técnica legislativa es en general deplorable, frívolo, poco eficaz y poco preocupada por la eficacia; parece que dictar leyes o reales decretos funciona como varita mágica que ha de solucionar los problemas. No es así, muchas de las leyes aprobadas en los últimos años han empeorado el funcionamiento de los tribunales y han debilitado los derechos procesales y materiales de los ciudadanos; otras leyes, sin embargo, se han contentado con ser inocuas o no aplicarse jamás. Las leyes deberían elaborarse de otra manera, deberían ir acompañadas de las memorias económicas correspondientes y de planes de implantación de los medios necesarios para su desarrollo. Antes de dictarse una ley debería identificarse qué problema quiere resolverse y cuál es el modo más eficaz para hacerlo. Bastaría con que se marcaran los objetivos de la reforma, dejando a los tribunales ciertos márgenes para poder conseguir estos objetivos en caso de conflicto, fijar unas reglas mínimas similares a las de las directivas comunitarias y permitir que la concreción de esos objetivos pudiera abordarse de modo más flexible; tal vez de ese modo evitaríamos una legislación hecha con remiendos, con decretos aprobados a salto de mata y con reglamentos que sirven para desdibujar las normas que deben desarrollar.

No cabe duda de que estas medidas apuntadas aquí burdamente obligarían a cambios estructurales importantes, quienes abordaran las mismas deberían tener un respaldo político y social amplio, deberían tener además las ganas y el ímpetu para querer que cambien las cosas.

Mientras esperamos a que lleguen estos días de cambio habrá que contentarse con las buenas prácticas y los ajustes que eviten que en algunos casos se ahonde la brecha que existe entre la justicia y las necesidades reales de justicia en la calle. Tampoco podemos quedarnos parados a la espera de una revolución que no llega mientras aceptamos que cada uno en su área de actuación deje pudrir los asuntos.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    Bien está que se critique a los jueces cuando su comportamiento no responde a las exigencias de la moral o de la ley pública; o por la acumulación, en algunas instancias, de privilegios abusivos que los separan de la ciudadanía y los convierte, como decía Marx, en un poder hostil a la misma ciudadanía. Pero la crítica debe ser, al menos tal y como yo la entiendo, constructiva y no sesgada. Digo esto a raíz de la intervención de Jaume Asens. Dejando de lado los indudables méritos del documento –valiente y directo, como debe ser-, encuentro en él cierto estilo...
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  • La casta judicial

    08/04/2015

    Jaume Asens

    Abogado

    La administración de justicia, hegemonizada por sectores conservadores, se enfrenta hoy en día a una gran encrucijada. Con la sacudida del 15-M arrancó un ciclo de movilizaciones que desbordó los marcos establecidos. Las hegemonías, los relatos sistémicos, saltaron por los aires y se abrió paso un nuevo ciclo de impugnación a lo viejo. Desde entonces el régimen de los últimos 30 años se tambalea y su capacidad de regeneración es cada vez más baja. Los recortes en derechos, la degradación democrática y la metástasis de la corrupción alimentan la desafección ciudadana. En ese contexto, no resulta extraño que normas o...
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  • Mariano Casado

    Secretario General de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME)

    Hace tiempo que vengo diciendo que en el debate general sobre la Justicia, sobre su evolución, sobre cómo ha de organizarse, con qué medios y a través de qué procedimientos, siempre se olvida analizar cómo se otorga el derecho fundamental a la obtención de tutela judicial efectiva a los ciudadanos de uniforme. Es decir, a los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil. Parece que este ámbito de la Justicia es desconocido para todos los que, de una u otra manera, juegan algún papel en esta transcendental cuestión. Lo cierto es que lo que se puede...
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  • Margarita Robles

    Magistrada del Tribunal Supremo

    El análisis de cualquier planteamiento sobre la Administración de Justicia en España debe hacerse no solo desde el punto de vista utópico, sino mirando la realidad del país, que atraviesa un complicado momento de crisis económica, y que hace unos años no existía. ¿Qué Justicia queremos en ese contexto actual de crisis económica, y de clara restricción de los derechos y libertades de la ciudadanía? La obligación de los juristas es ser realistas. Los jueces tienen que ser el punto esencial y básico de la protección de los derechos de los ciudadanos. El Poder Judicial debe de tener un compromiso...
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  • Joaquim Bosch

    Magistrado y portavoz de Jueces para la Democracia

    En nuestro país hay áreas de gestión, servicios públicos o prestaciones sociales que no funcionan adecuadamente. Y se discute con toda la razón sobre sus niveles de eficacia y los grados de implicación de los poderes públicos. Sin embargo, es probable que no haya ningún ámbito como el de la Justicia en el que exista una coincidencia tan generalizada en la percepción de un patente abandono institucional. Esta perspectiva es muy visible tanto por parte de los profesionales como por parte de la ciudadanía, a la vista de los estudios de opinión que han sido publicados. Intentaría aportar cinco claves...
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  • Antonio Segura Hernández

    Abogado miembro de ALA y vicepresidente del Foro de abogados de izquierdas

    A nadie se le escapa que los poderes de un estado y sus estructuras están construidos con y por la ideología dominante. A nadie debería pues sorprender que cada régimen diseña sus estructuras en relación con la correlación de fuerzas dominantes en el momento de su constitución. Los poderes actuales en nuestro estado, se constituyeron hace 36 años, en el año 78, y todos ellos nacieron, no de una ruptura con la dictadura, sus instituciones y poderes, sino con un encaje de las viejas estructuras en la nueva democracia. El paso del tiempo y la necesidad de más democracia y...
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  • Ignacio González Vega

    Magistrado

    Un reciente artículo publicado en The New York Times (“Why Judges tilt to the Right”) se preguntaba cómo es posible que, siendo los abogados norteamericanos mucho más progresistas que la población en general, los jueces, que se extraen de aquel colectivo, sean más conservadores. La respuesta se encuentra, evidentemente, en el procedimiento de selección. Fuera de esas latitudes, entre nosotros, José Luis Requero, antiguo vocal del Consejo General del Poder Judicial y hoy magistrado del Tribunal Supremo, escribió en su día que “la izquierda sigue teniendo a la Justicia como objetivo político e ideológico. Sabe que, según como se seleccione,...
    - Seguir leyendo
  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    Como es bien sabido, ‘De los delitos y las penas’ es el título de un libro publicado por el filósofo ilustrado Cesare Beccaria (1738-1794). Según la Wikipedia, este libro fue uno de los primeros alegatos contra la pena de muerte, e inspiró reformas en los códigos penales de muchos países europeos. En él se dice cosas tan importantes como la siguiente: «Toda pena (dice el gran Montesquieu) que no se deriva de la absoluta necesidad, es tiránica: proposición que puede hacerse más general de esta manera. Todo acto de autoridad de hombre a hombre, que no se derive de la...
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  • Una idea feliz

    24/03/2015

    Alfonso Ruiz Miguel

    Catedrático de Filosofía del Derecho de la UAM

    La propuesta de Manuela Carmena de reinventar la Justicia tiene la virtud de poner la mirada más allá de una mera reforma de nuestra Administración de Justicia. Ante las reformas de nuestro sistema judicial, incluido el Consejo General del Poder Judicial, casi siempre resulta pertinente el comentario de Lord Astbury ante la presentación de otra reforma del inglés: "Realmente, me pregunto por qué. Me sorprende que no se considere ya lo bastante malo". Cierto que se puede apostillar que no toda reforma es por fuerza mala. Sin ir más lejos, si en una legislatura se comienza introduciendo un severo desincentivo...
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  • Gloria Elizo

    Vicepresidenta Tercera del Congreso y Secretaria Anticorrupción de Podemos

    O de cómo –y por qué- el Régimen del 78 acabó con de la Separación de Poderes. La Ley Orgánica del Consejo General del Poder Judicial, de 10 de enero de 1980 desarrollaba sin más la interpretación literal del artículo, ocho miembros del CGPJ eran elegidos por el Parlamento y doce por los componentes del Poder Judicial. "Partidismo: 1. m. Adhesión o sometimiento a las opiniones de un partido con preferencia a los intereses generales 2. m. Inclinación hacia algo o alguien en un asunto en el que se debería ser imparcial.” - Diccionario RAE “Un político divide a la humanidad en dos...
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  • Rafael Lafuente

    Portavoz del Sindicato de Secretarios Judiciales @rafalafuentese

    En el antiguo Restaurante Nostromo de Barcelona, un grupo de personas decidimos impulsar en 2012 el Manifiesto de la Plataforma Ciudadana Justicia de Todos. Los objetivos de esta iniciativa eran contribuir al cambio definitivo en la justicia, su mayor democratización, la superación del corporativismo y su conquista por parte de la ciudadanía. Al hilo de esta declaración, dicho cambio debe producirse desde una doble vertiente, la transformación democrática del poder judicial y la modernización organizativa de la administración de justicia. Para ello debemos de partir de una premisa: los protagonistas del cambio no son jueces, secretarios judiciales, fiscales, abogados o demás...
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  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    A estas alturas del siglo XXI se ve claro que la legitimidad social de la Justicia va a depender de muchos factores: del carácter democrático del régimen político en el que se inserta, de sus reglas de funcionamiento también democráticas y transparentes, de sus medios de funcionamiento materiales y humanos, y del propio contenido del ‘corpus’ normativo cuyo cumplimiento trata de asegurar. Como bien han señalado varios intervinientes en el Debate con relación al contenido de las Leyes, es necesario que la formulación e implementación de las mismas responda a una estricta racionalidad, y sean sometidas a una evaluación continua....
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  • Piter

    Parado

    Una de las grandes conquistas del derecho (que ya se han apuntado por otros comentaristas) fue el paso de la presunción de culpabilidad a la presunción de inocencia, constituyendo ésta última una de las garantías judiciales (y derechos) fundamentales del Estado de Derecho Democrático. Pero la realidad nos demuestra, nuevamente, que existen dos tipos de “derechos” y, en consecuencia, dos tipos de justicia, o lo que es lo mismo, la inexistencia de la justicia como derecho universal. Nuevamente lxs robagallinas frente a lxs ciudadanxs de pleno Derecho, las élites. Todxs recordamos el revuelo que recientemente se formó a raíz del...
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  • Héctor Maravall

    Abogado de CCOO

    Como es habitual en ella, Manuela Carmena en sus reflexiones sobre la Justicia, que vienen de muy lejos, siempre aporta una perfecta combinación de experiencia, de imaginación y frescura, de capacidad de alternativa y de ambición política. Comparto lo esencial de sus análisis y propuestas y por ello me voy a limitar a algunas reflexiones en unos casos quizás más ideológicas y en otros más periféricas. Siempre me ha llamado la atención que siendo los derechos ciudadanos una cuestión importante para la vida de la gente, la inmensa mayoría de las personas se encuentran desvalidos, perdidos, angustiados, cuando de una...
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  • Piter

    Parado

    Todos conocemos el drama de los desahucios, e incluso trascendiendo el aspecto humano (el fundamental, con mucho), en el daño que ha causado a la economía del país y a la credibilidad del sistema financiero, político y jurídico. Este es un claro ejemplo de cómo no sólo las leyes son para los “robagallinas” -la ciudadanía en general que no está englobada en los pequeños grupos de poder- sino que también la justicia forma parte (colaborando activamente unas veces, con su silencio otras) de un sistema de explotación y expolio planificado por los grandes poderes económicos y políticos. La justicia,...
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  • Lorena Ruiz-Huerta

    Área de Justicia Podemos Madrid

    La Justicia Gratuita (JG), un servicio público imprescindible en un Estado de Derecho, se encuentra amenazada por graves problemas, desde que la Comunidad de Madrid asumió las competencias sobre esta materia, en el año 2003: 1º.- El primero de esos problemas, es que la Consejería de Justicia retrasa el pago de las cantidades destinadas a sufragar el Turno de Oficio (TO), retraso que viene produciéndose de manera sistemática desde el año 2008. 2º.-El segundo, más grave aún, es que el Gobierno de la Comunidad de Madrid no sólo no paga a los letrados y letradas del TO, sino que procura desprestigiar...
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  • Matías Nso

    CEO y co-fundador de Kuorum.org

    "No es país para innovadores". Desde que nuestra organización ha trasladado su sede a las instalaciones de la incubadora del Instituto de Empresa, no dejo de escuchar esta frase. Sin embargo, cuando compartes tu día a día con algunos de los emprendedores más brillantes del momento resulta difícil pensar que la innovación sea algo que se le pueda negar así como así a todo un país. Incluso cuando se intenta con ahínco, como parece que ocurre en España. La innovación se abre camino de las formas más insospechadas; con el ímpetu de Marte, con la velocidad de Hermes. Y...
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  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    En mis anteriores intervenciones me he posicionado claramente a favor de que la Justicia siga siendo un contrapoder del Ejecutivo. Pero lo he hecho aduciendo la lucha contra la ‘razón de Estado’ que eventualmente esgrimen los Ejecutivos, o sea: que el fin justifica los medios, y que para lograr el interés general en ocasiones hay que utilizar medios inmorales o ilegales. Eso debió pensar José Barrionuevo, Ministro de Interior del Gobierno de Felipe González, cuando participó en la trama de los GAL... Esta inclinación autoritaria y antidemocrática no es una enfermedad que haya aquejado solamente a miembros del Partido...
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  • Manuel Ruíz de Lara

    Magistrado

    Una joven jurista que sueña con un país distinto, me decía que la actual situación de la Justicia se asemeja mucho a un drama teatral escrito por Mario Benedetti y cuyos protagonistas eran Pedro y El Capitán. A Pedro le ponía el nombre de Justicia y a El Capitán, el nombre de todo lo que ha atentado contra ella, es decir la política. Y así Berta imaginaba al enemigo delante del dolor del torturado (la Justicia), desconcertado ante el talante del protagonista, el guerrero que a pesar del ataque defiende lo que cree hasta el final. Porque esta es la...
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  • Piter

    Parado

    ¿REINVENTAR LA JUSTICIA? NO, CONSTRUIRLA Con todos mis respetos hacia la ponente (de quien tengo alto concepto) y hacia el resto de comentaristas, aunque pueda estar de acuerdo con bastantes cosas de las que se dicen, no estoy de acuerdo con la cuestión fundamental que se plantea. Ello es debido a que, al menos desde mi punto de vista, se están entremezclando dos cuestiones: El concepto en sí de Justicia, y su puesta en práctica. Probablemente tendré que hacer varios comentarios y, aviso, voy a ser especialmente duro con “la justicia”. Todo ello puntualizando que no tengo ningún tipo de...
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  • José María Fernández Seijo

    Juez

    La crisis de la justicia, escrita con o sin mayúsculas, es una de las cuestiones más debatidas en los mentideros políticos, sociales, culturales y judiciales; se afirma que la justicia es ineficaz, poco garantista, cara, lenta, ineficiente, lejana, politizada, manipulable, voluble, caótica, anticuada, inhumana… Los adjetivos son kilométricos. La discusión sobre la justicia, sus males y sus remedios ha terminado por ser aburrido tanto desde la perspectiva de quienes defienden que no está tan mal y que sólo hacen falta algunos ajustes, como de quienes abogan por una transformación radical partiendo del incremento de medios materiales, la creación de...
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  • María Victoria Cinto Lapuente

    Vocal del Consejo General del Poder Judicial, magistrada

    Hay que reinventar la Justicia. Hay que reinventarla y cambiarla, pero hay que cambiarla a mejor. Y para ello hay que trabajar en dos planos: por una parte se debe conocer lo que no funciona, lo que crea insatisfacción, identificar los problemas que es preciso solucionar y las deficiencias estructurales que requieren un cambio, y por otra, se deben definir los horizontes, las metas y los objetivos concretos que se persiguen. En definitiva, la reinvención de la Justicia precisa una hoja de ruta innovadora sustentada en un amplio análisis de la situación que quiere modificarse a fin de alcanzar...
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  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    Me ha gustado mucho la intervención de María Victoria Cinto, Vocal del Consejo General del Poder Judicial: es valiente y dice las cosas claras. Sin embargo ha introducido una propuesta que, modestamente, deseo discutir para perfilarla y mejorarla. Dice en efecto en su intervención que hay que diseñar la Justicia para que funcione «como servicio público y no como poder». Adviértase del riesgo que ello supone: una Justicia convertida en un órgano administrativo sin más, como los servicios sanitarios o educativos, no sería otra cosa que un apéndice del Gabinete, que dispondría de él a su antojo. ¡Sería el sueño...
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  • Sobre la justicia

    24/02/2015

    Mercedes García Arán

    Catedrática de Derecho Penal de la UAB

    Tomo el punto de partida de las muchas y –como siempre- lúcidas propuestas de Manuela Carmena sobre el servicio público de la Justicia, para aportar algunas reflexiones personales que no siempre consiguen superar el nivel de la duda. Me refiero a la sugerente y, a mi juicio, indiscutible idea de que la justicia debe ser útil en la resolución de conflictos y, para ello, constituirse en instrumento de intercomunicación social. En efecto, es posible propiciar una transformación de la Justicia con mecanismos de actuación más horizontal, con participación de agentes sociales y alejada de los ritos que hoy la...
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  • Carlos Carnicer

    Presidente del Consejo General de la Abogacía Española

    Se ha dicho en demasiadas ocasiones que nuestra Justicia quedó desenganchada del último vagón de la transición hacia la democracia; que ni siquiera tiene ya abogados que la defiendan. Desenganchada y, también, olvidada porque durante mucho tiempo, los políticos han pensado que la Justicia ni daba ni quitaba votos. Existen tensiones entre los poderes concurrentes en la Administración de Justicia que generan, como poco, posiciones encontradas cuya falta de acuerdos paraliza o, al menos, retrasa las decisiones necesarias para acceder a un servicio público eficiente que además, como todos los esenciales, debería ser gratuito en su esencia porque persigue...
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  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Licenciado en Geografía e Historia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía.

    Adjunto remito un pequeño texto que por razones de espacio debo enviar como archivo aparte. Sin ser yo mismo jurista, e interesado desde hace tiempo como ciudadano y como científico social por los temas relacionados con el Derecho, hago unas reflexiones para incitar la discusión y abrir las perspectivas del Debate.
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  • Joan Baucells Lladós

    Profesor titular de derecho penal en la Universitat Autònoma de Barcelona y miembro de la Junta del Grupo de Estudios de Política Criminal.

    Coincido en la oportunidad y la necesidad de “reinventar la justicia”, si la utilizamos en los términos que lo hace Manuela Carmena. Es decir, como “el servicio público que precisa la gran mayoría de ciudadanos para resolver sus litigios, basados en los derechos y obligaciones, tanto entre sí como entre ellos y el Estado”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la actual crisis económica y política ha agudizado más el debate sobre este servicio público –piénsese, por ejemplo, en la introducción de tasas judiciales- y si consideramos que se trata de un ámbito, el judicial, profundamente conservador, sin...
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