El crecimiento sostenido: un paradigma cuestionado

  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Carlos Javier Bugallo Salomón

    Doctorando en Comunicación e Interculturalidad en la Universidad de Valencia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía. Licenciado en Geografía e Historia.

03.08.2022

Debate principal: Debate en torno a la transición ecológica

En su Ponencia Cristina Narbona ha defendido un «necesario cambio de paradigma económico» que dé lugar a una «transición ecológica económica». A continuación ha pasado Narbona a enumerar un conjunto amplio de medidas concretas con las que se podría materializar tal transición ecológica, al tiempo que expone los condicionantes que pueden acelerar o limitar esa transición. Creo que esta presentación de la Ponencia es correcta, porque trata de aspectos de la crisis ecológica que han sido bien estudiados y sobre los que podría haber un cierto grado de consenso político entre las fuerzas de izquierda y una parte de la ciudadanía sensible a la persuasión científica.

Sin embargo lo que echo en falta en la exposición de Narbona son dos cosas. Por una parte identificar con precisión cuál es el paradigma económico que hay que dejar atrás, y ello con el objetivo de no repetir sus errores. Por otra parte bosquejar, al menos a grandes rasgos, el nuevo paradigma económico que debe guiar esas transformaciones. El programa de actuaciones que ella ha expuesto no es más que un conjunto de objetivos y de medios para lograrlos (fines e instrumentos), pero no un paradigma intelectual que le dé al conjunto de propuestas un carácter orgánico, estructurado y con una orientación política clara, asentada en principios definidos.

Soy consciente de que la acción política se parece con frecuencia a la navegación por barco, pues el rumbo se cambia en función de las corrientes de fondo y del ambiente atmosférico, lo que obliga a contemporizar y asumir propuestas inconexas, pero ello no elimina la necesidad de saber de antemano hacia dónde se quiere ir con el barco y de disponer, en consecuencia, de una brújula (o GPS) para orientarse. Esa es precisamente la función de un paradigma.

Así pues para completar la excelente exposición de Narbona me propongo en lo que sigue de mi escrito cumplir las siguientes tareas: analizar los fundamentos del viejo paradigma del crecimiento sostenido y exponer qué paradigmas alternativos hay al mismo y cómo elegir entre ellos. No creo que cumpla con el rigor debido todas estas tareas, pero al menos espero que mis ideas sirvan para orientar este estupendo y necesario debate.

El paradigma del crecimiento sostenido

Creo que el paradigma científico que es responsable intelectual del desastre ecológico al que nos enfrentamos es el que podríamos denominar como “paradigma del crecimiento sostenido”. Este paradigma ha bendecido y justificado el crecimiento económico ilimitado y ha influido de forma decisiva en la acción de empresarios y poderes públicos; también ha influido en el comportamiento de los consumidores, quienes sufrimos agresivas y alienantes campañas de publicidad orientadas a identificar la obtención de la felicidad con la acumulación de bienes materiales. Como afirmó en su día Daniel Bell, «el crecimiento económico se ha convertido en la religión secular de las sociedades industriales para avanzar» (Miguel Ángel Galindo Martín: “Crecimiento económico”, en Información Comercial Española, nº 858, 2011).

Este paradigma intelectual es un fenómeno histórico reciente y trascendental, que se ha impuesto gracias a la aparición de rasgos enteramente nuevos en el modo de producción económico y en las pautas demográficas de las sociedades humanas. En efecto, la historia económica mundial muestra que el crecimiento económico se ha caracterizado por tres regímenes fundamentales. El régimen de la época “malthusiana” ha marcado la mayor parte de la historia de la humanidad, ya que el crecimiento de la renta era anulado por el crecimiento demográfico, lo que daba lugar a que la renta per cápita aumentase muy lentamente. El régimen “post-malthusiano” se inició a principios del siglo XIX en unos países y en otros más retrasados en el siglo XX, vino asociado a la Revolución industrial y se caracterizó por un aumento significativo en la renta que fue, sin embargo, compensado por un aumento de las tasas de fertilidad de la población. El tercer régimen es el del “crecimiento sostenido”, que se inició al final del siglo XIX en unos países y en otros en el siglo XX, basado en una caída drástica de las tasas de fertilidad lo que permitió el aumento vertiginoso de la renta per cápita y, con ello, de los niveles de inversión y consumo (Oded Galor: “Economic growth in the very long run”, en Steven N. Durlauf y Lawrence E. Blume (eds.): The New Palgrave Dictionary of Economics, 2008).

Los grandes empresarios son partidarios naturales del paradigma mencionado porque ven en el crecimiento sostenido la oportunidad de enriquecerse. Para entenderlo pongamos por ejemplo que un empresario obtiene de cada mercancía producida y vendida, un euro de beneficios: por tanto de 100 mercancías obtendrá 100 euros de beneficios; de 1000 mercancías, 1000 euros de beneficios; de un millón de mercancías, un millón de beneficios, etc.; de lo que se deduce que conforme aumenta la escala de la producción, aumenta de forma directa la escala de sus beneficios y el enriquecimiento. Pero la escala de la producción influye además en la obtención de beneficios de una forma indirecta: cuando en un sector económico se dan rendimientos crecientes, entonces los costes unitarios de producción se reducen en paralelo al aumento de la escala de la producción, y con ello pueden aumentar también de forma adicional los beneficios obtenidos. He aquí unas de las claves que explican la enorme concentración del capital en los tiempos modernos.

Algunos de estos grandes empresarios tratan al medio natural de la misma forma que se trataba a la mano de obra antes de la aparición de los sindicatos y de los partidos de izquierda. Es por ello que en la obra de Karl Marx El capital encontramos un clarividente paralelismo entre ambos fenómenos. Después de describir las brutales condiciones de trabajo imperantes en los inicios de la Revolución industrial y la consiguiente baja esperanza de vida de los obreros y obreras, en un capítulo dedicado a analizar la jornada laboral expone este autor lo siguiente:

«La producción capitalista, que en esencia es producción de plusvalor, absorción de plustrabajo, produce por tanto, con la prolongación de la jornada laboral, no sólo la atrofia de la fuerza de trabajo humana, a la que despoja —en lo moral y en lo físico— de sus condiciones normales de desarrollo y actividad. Produce el agotamiento y muerte prematuros de la fuerza de trabajo misma. Prolonga, durante un lapso de tiempo, el tiempo de producción del obrero, reduciéndole la duración de su vida».

A lo que añade:
«El capital no pregunta por la duración de la vida de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa es únicamente qué máximo de fuerza de trabajo se puede movilizar en una jornada laboral. Alcanza este objetivo reduciendo la duración de la fuerza de trabajo, así como un agricultor codicioso obtiene del suelo un rendimiento acrecentado aniquilando su fertilidad».

Cuando Marx hablaba de atrofia de la fuerza de trabajo, hoy se habla de degradación de los sistemas ecológicos; y cuando Marx hablaba de agotamiento y muerte prematuros de la fuerza de trabajo misma, hoy se habla de esquilmación de los recursos naturales. Son distintos resultados que obedecen a las mismas causas. Si en la Biblia se nos advierte de que no se puede servir del mismo modo a Dios y a Mammón (deidad de la riqueza), hoy habría que actualizar este aforismo y afirmar que no se puede ser codicioso y respetuoso con el medio ambiente, al mismo tiempo.

Marx no sólo criticaba la avaricia de los burgueses de su época, sino también su irresponsabilidad moral. Para muchos de ellos era evidente —Marx así lo demuestra a través de varios testimonios de coetáneos— que el sistema fabril se había convertido en un matadero de personas, y que existía un peligro evidente de degeneración y de extinción de la raza humana: ¡Un temor que no data de ahora, cuando asusta la posibilidad de una hecatombe ecológica!

«No hay quien no sepa —afirmaba Marx—que algún día habrá de desencadenarse la tormenta, pero cada uno espera que se descargará sobre la cabeza del prójimo, después que él mismo haya recogido y puesto a buen recaudo la lluvia de oro. Après moi le déluge! (¡Después de mí el diluvio!), es la divisa de todo capitalista y de toda nación de capitalistas. El capital, por consiguiente, no tiene en cuenta la salud y la duración de la vida del obrero, salvo cuando la sociedad lo obliga a tomarlas en consideración».

Esta lección se podría aplicar con provecho al problema de la crisis ecológica que se nos avecina. Pero el genio de Marx no reside en estas reflexiones éticas, que estaban al alcance de cualquier persona con un mínimo de fibra moral. Lo novedoso en Marx es que acompaña su filosofía humanista —compartida con los socialistas utópicos que le precedieron— con un estudio profundo de las condiciones económicas y sociales que posibilitan y determinan tal estado de degradación humana. (Creo por ello que la ciencia social que Marx predicaba es la misma, mutatis mutandis, que recientemente el economista y exconseller Vicent Soler ha alabado en las figuras de Ernest LLuch y Albert O. Hirschman: «una ciència social en la qual l’ènteniment i el cor no estiguen separats».) Dice así Marx de nuevo:

«Al reclamo contra la atrofia física y espiritual, contra la muerte prematura y el tormento del trabajo excesivo, responde el capital: ¿Habría de atormentarnos ese tormento, cuando acrecienta nuestro placer (la ganancia). Pero en líneas generales esto tampoco depende de la buena o mala voluntad del capitalista individual. La libre competencia impone las leyes inmanentes de la producción capitalista, frente al capitalista individual, como ley exterior coercitiva».

El economista marxista Bernard Rosier (Crecimiento y crisis capitalistas) ha abundado en la idea de que existe una relación entre el modo capitalista de desarrollo de las fuerzas productivas y la valorización de la ventaja privada instantánea, que recompensa —por el beneficio— toda forma de trasladar una parte de los costes sobre la naturaleza y sobre otras clases sociales. Se puede así hablar de socialización de los costes y privatización de las ventajas. Y cita para ilustrar su idea el siguiente texto de Marx: «La producción capitalista no desarrolla por consiguiente la técnica y la combinación del proceso de producción más que agotando al mismo tiempo las dos fuentes de donde surge cualquier riqueza: la tierra y el trabajador».

Retomo ahora mi hilo argumental sobre el crecimiento sostenido. Como expuse en otro documento (La métrica del bienestar) publicado por Público.es en uno de sus anteriores debates, también los poderes públicos han creído que mediante el crecimiento económico se podría evitar hacer juicios distributivos, pensando que si cada uno tenía un ingreso más alto, entonces la sociedad no tendría que afrontar la cuestión de la equidad; pues los individuos se sentirán felices con sus nuevos ingresos superiores, independientemente de su posición relativa.

Pero esta presunción ha sido desmentida por las investigaciones recientes, ya que no existe ningún nivel de vida absoluto mínimo que deje contenta a la gente. Las necesidades individuales no se sacian cuando el ingreso se incrementa, y los individuos no se muestran más dispuestos a transferir parte de sus recursos a los pobres cuando se tornan más ricos. Si los ingresos de algunos se elevan menos rápidamente que los de otros, o con menor rapidez de cuanto esperan, incluso pueden sentirse más pobres cuando aumentan sus ingresos. Según el economista Lester Thurow (La sociedad de suma cero), de quien tomo estas reflexiones, el crecimiento económico para todos no puede solucionar el problema, porque las demandas no son de más, sino de paridad.

El “paradigma del crecimiento sostenido” también afirma que el libre mercado se autorregula y que es el instrumento más eficaz para enfrentarse a la crisis ecológica: ante los problemas futuros de escasez de recursos naturales, defiende que el sistema de precios reaccionará para orientar la búsqueda de fuentes alternativas e incentivar los cambios tecnológicos oportunos. Con ello se postula que el crecimiento capitalista no sólo es sostenido, sino también sostenible. Los defensores de este paradigma niegan incluso que los recursos naturales sean un bien público, pues los consideran:

«[…] categorías especiales de “capital” (que llaman “capital natural”, “recursos energéticos” o incluso “factor medioambiental”) sometidas al proceso de apropiación, remuneración y acumulación capitalistas, en una lógica exclusivamente centrada en el beneficio» (Rémy Herrera: Estado y crecimiento).

El problema con este planteamiento es que la destrucción de recursos naturales se está agravando a un ritmo acelerado y para cuando el mercado encuentre una solución —si es que la encuentra, pues no es seguro que lo haga— la situación sea tan grave que resulte irreversible (“A largo plazo todos estaremos muertos”, decía Keynes). Aún en el caso de que se encuentren alternativas energéticas, no está tampoco claro que no sean contaminantes, y el mercado no encuentra otra solución al problema de la degradación medioambiental que no sea la segregación espacial: los países ricos consumen y los países pobres acumulan los desperdicios. Otra limitación de este paradigma es que utiliza los tradicionales modelos matemáticos lineales, que implican proporcionalidad o constancia de efectos que pueden ser predecibles de forma determinista o probabilística, cuando la moderna teoría económica del caos rechaza que esos modelos sean siempre útiles y propone modelos no lineales con efectos que se retroalimentan y se vuelven impredecibles (Andrés Fernández Díaz: La economía de la complejidad. Economía dinámica caótica; David Kelsey: “The Economics of Chaos or the Chaos of Economics”, en Oxford Economic Papers, 40(1), 1988); James Gleick: Caos. La creación de una ciencia; Ziuddin Sardar e Iwina Abrams: Caos para todos).

Alternativas al paradigma

Examinemos ahora qué alternativas hay al paradigma dominante y cómo valorarlas. Esta exposición habrá de ser, por mor de la brevedad que exige este espacio de debate, necesariamente sintético y esquemático, y por lo tanto debe considerarse como antesala de otros debates más profundos y pormenorizados. También se tendrá en cuenta dos hechos importantes subrayados por Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas): 1) un paradigma no es relevado, por muchas anomalías que acumule, hasta que surge uno alternativo al mismo; y 2) no hay paradigmas que no contengan «anomalías» o contradicciones, y a la hora de elegir un paradigma esto habrá de hacerse en términos de ventajas comparativas sobre los demás paradigmas alternativos.

En mi opinión existen en la actualidad tres opciones posibles: 1) los objetivos del desarrollo sostenible (ODS) que conforman la llamada Agenda 2030, 2) la teoría del decrecimiento y 3) la teoría marxista. La primera no representaría un «revolución científica» con respecto al paradigma dominante, sino una evolución sustantiva —en la terminología de Bunge— en la medida en que no cuestiona al sistema capitalista pero introduce importantes cambios en su funcionamiento. Por su parte el decrecentismo y el marxismo sí suponen un cambio cualitativo de paradigma, ya que cuestionan el sistema capitalista y porque sus categorías de análisis son muy diferentes.

De las tres opciones, la primera de ellas (ODS) es la que tiene más capacidad de influir en la realidad concreta. Es un programa elaborado por las Naciones Unidas y que cuenta con el apoyo de más de 150 jefes de Estado y de Gobierno del mundo. Con todas las limitaciones y contradicciones que se quiera ver en los 17 objetivos marcados, lo cierto es que este programa supone una confrontación directa con respecto al “paradigma del crecimiento sostenido”, pues no sólo prescribe que el crecimiento debe ser sostenible medioambientalmente, sino también inclusivo e igualitario (por eso se cambia el término “crecimiento” por el de “desarrollo”).

En mi opinión este programa supone una victoria en toda regla del movimiento ecologista sobre sus oponentes, en cierto modo igual que las primeras leyes de reducción del tiempo de trabajo en el siglo XIX supusieron el triunfo «práctico» de «un principio»: el «de la Economía política de la clase obrera» (Karl Marx: Manifiesto inaugural de la asociación internacional de los trabajadores). Pero no debemos olvidar, como ilustró con detalle Marx en El capital, que las leyes que limitaban la jornada laboral (primero a 12 horas diarias, luego a 10 horas diarias) se impusieron en Inglaterra durante «medio siglo de guerra civil», y que los empresarios aceptaron estas leyes a regañadientes y las boicotearon permanentemente hasta que la fuerza de los sindicatos y de la ley les obligó a aceptarlas sin remilgos.

En cuanto a la teoría del decrecimiento, voy a exponer la que ha sido explicada recientemente por Carlos Taibo (Decrecimiento. Una propuesta razonada). He seleccionado esta obra por dos razones: la primera, porque Taibo es un intelectual al que respeto y aprecio; la segunda, porque esta obra es de publicación reciente (2021) y supongo que será una versión actualizada de la teoría del decrecimiento. Expondré mis opiniones al respecto señalando en primer lugar los puntos fuertes de tal versión, y en segundo lugar los puntos débiles. Mis críticas serán amigables y buscarán el acuerdo y no la imposición doctrinal.

Según Taibo, «La perspectiva del decrecimiento señala que en el Norte del planeta hay que reducir, inexorablemente, los niveles de producción y consumo. Y agrega que, para ello, es necesario aplicar principios y valores muy diferentes de los que hoy abrazamos». Para justificar esta tesis, el autor expone una cantidad ingente de hechos económicos, sociales, culturales y ambientales como señales de alarma de que nuestro estilo de vida actual no funciona adecuadamente y da muestras de graves patologías. Esta parte de la exposición de Taibo es un tesoro de información, pues recoge y sintetiza admirablemente las mejores y más progresistas tradiciones intelectuales en los campos de la sociología, la antropología, el feminismo, la filosofía… y, por supuesto, el ecologismo.

También me parece una aportación importante y valiosa de Taibo —que yo asumo íntegramente— la lista de principios y valores que deberán fundamentar y acompañar la política decrecentista. El autor sintetiza muy bien esta lista en el siguiente texto:

«Si se trata de enunciar de manera somera esos cambios, bien podemos identificar media docena, en el buen entendido de que, más allá de ellos, y como habré de subrayar en su momento, es necesario apostar por lo que por fuerza tiene que ser un abandono urgente de las reglas propias del capitalismo que conocemos. Ya me he referido al primero de los cambios anunciados: la recuperación de una vida social que nos ha sido robada. El segundo no es otro que el despliegue de fórmulas de ocio creativo. El tercero propone […] el reparto del trabajo, una vieja demanda sindical que por desgracia fue muriendo con el paso del tiempo. El cuarto nos habla de la conveniencia de reducir el tamaño de muchas de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte que empleamos. El quinto anota la urgencia de restaurar la vida local frente a la lógica desbocada de la globalización, y en un escenario de reaparición de la autogestión y la democracia directa. El sexto, y último, refiere la necesidad de asumir, en el terreno individual, lo que significa la sobriedad y la sencillez voluntarias».

Paso ahora a exponer mis críticas a la exposición de Taibo. Estas críticas son de distinto orden: terminológico, expositivo y metodológico. Empecemos pues con la primera.

Mi crítica terminológica se refiere al error en la elección del término “decrecimiento” para nombrar la perspectiva que se defiende. Este término me parece desacertado porque es impreciso, contradictorio y equívoco, todo ello dentro de los supuestos propios de la teoría decrecentista. Es impreciso porque la política decrecentista sólo se prescribe para los países de Norte planetario y deja fuera por el momento —con toda la razón del mundo— a los países que no pertenecen a esta zona geográfica: a estos se les debe permitir «un crecimiento mesurado», salvo a aquellas áreas «que exhiban una huella ecológica alta». Pero con ello el decrecentismo debe reconocer que sustrae de la exigencia de reducción del crecimiento a casi tres quintas partes de la población mundial.

El término también es contradictorio porque si bien implica la prescripción de reducir en los países del Norte la actividad de sectores económicos enteros —v. gr. la industria del automóvil, de la aviación, de la construcción, la cárnica, la militar, o de la publicidad—, por otro lado exige, en palabras de Taibo, «propiciar el desarrollo de aquellas actividades económicas que guardan relación con la atención de las necesidades sociales insatisfechas y con el respeto del medio natural; si queremos decirlo así, estas actividades seguirán “creciendo”». Finalmente el término me parece equívoco para las personas mal informadas acerca del espíritu y la filosofía que animan al movimiento decrecentista: estas gentes pueden pensar que el decrecentismo no es más que una política tecnocrática que los poderes públicos pueden lograr mediante el ajuste óptimo de las tasas de crecimiento per cápita. Así pues si yo fuera un decrecentista convencido no insistiría en la idea del decrecimiento, sino que más bien abogaría por esta otra consigna mucho más clara, directa e informativa: “control democrático y uso racional y equitativo” de los recursos naturales y económicos.

Mi crítica expositiva se refiere a la forma en que Taibo presenta sus argumentos. Como ya se ha dicho, el autor enumera y analiza un conjunto formidable de patologías culturales al objeto de sustentar la conveniencia de sus propuestas, pero apenas dice nada de los paradigmas u opciones alternativos. Taibo rehúye la lucha cuerpo a cuerpo con la economía neoclásica, y no dice nada de la Agenda 2030, que es una propuesta que, nos guste o no, es de gran relevancia política. Dedica el grueso de sus críticas a las propuestas de un “capitalismo verde” y el Green New Deal estadounidense –que luego comentaré—, y unas brevísimas líneas a la teoría marxista, por la que muestra un notorio desdén salvo en aspectos muy puntuales.

Por supuesto que Taibo tiene todo el derecho del mundo a criticar al marxismo, pero su postura soslaya el hecho crucial de que la producción científica marxista no se deja resumir fácilmente en unas frases, pues ha dado lugar a un conjunto vasto, heterogéneo y cambiante de doctrinas y propuestas, y que cualquier exposición razonada sobre estas investigaciones —tanto para criticarlas como para alabarlas— debe tener en cuenta esta circunstancia. En este sentido la situación del marxismo es similar a la de la propia teoría decrecentista, de la que dice el mismo Taibo lo siguiente: «Son muchas las críticas que se han vertido ante la propuesta del decrecimiento —o ante alguna de sus manifestaciones, que no es exactamente lo mismo—, un fenómeno tanto más lógico cuanto que aquella muestra versiones eventualmente diferentes que facilitan las contestaciones y los recelos». Sin embargo Taibo se muestra benevolente con el decrecimiento y exigente con el marxismo. Por ello le pido a este autor que revise si administra de forma imparcial sus criterios evaluativos.

Mi crítica metodológica se dirige a cómo piensa el decrecentismo llevar a la práctica sus ideas. Expone Taibo que «el decrecentismo no se limita a anunciar la catástrofe que se avecina: señala, antes bien, que hay remedios, no sin antes subrayar al tiempo que reclaman transformaciones radicales en nuestras sociedades y en nuestras conductas». Y yo me pregunto: ¿no hay nada que decir sobre cómo y por quién se van a ejecutar estas transformaciones? ¿Cómo piensa Taibo que se acometan todos los cambios profundos que él propone, que además deberán verse acompañados —según su opinión— por una «abolición de privilegios»? Estos cambios no se van a producir espontáneamente: los grandes sectores ecológicamente insostenibles no se van a hacer el harakiri de forma voluntaria y altruista; y los privilegios no desaparecerán sin una gran resistencia por parte de quienes son sus detentadores. Unos y otros recurrirán a su influencia sobre las instituciones del Estado para ralentizar o paralizar esos cambios, o incluso para volver a etapas más regresivas de civilización (fascismo). La presión será tanto más fuerte cuanto mayor sean los cambios previstos. Esto no es una especulación sino un truismo para cualquiera que conozca la Historia. (El reciente escándalo de la empresa “Uber” es un buen ejemplo de ello.)

Así pues, ¿qué piensan los decrecentistas sobre sobre la necesidad de utilizar las instituciones del Estado para impulsar estas transformaciones? Sobre esto expone Taibo lo siguiente:
«[…] en los últimos tiempos se aprecia cierta distancia entre el discurso y las propuestas del estamento académico que trabaja sobre el decrecimiento, más propicios, tanto el uno como las otras, a trabajar con las instituciones, y la perspectiva que abrazan, en cambio, muchos de los activistas de base, que más bien asume un perfil libertario o libertarizante».

En resumen: falta un pensamiento unitario sobre esta cuestión fundamental; sobre la que, por cierto, el propio Taibo no se pronuncia de forma clara. Él lanza una dura crítica al “capitalismo verde” y al New Green Deal como formas tecnocráticas de apuntalar al sistema capitalista, aunque reconoce honestamente que la propia teoría decrecentista puede tener el mismo efecto no pretendido. Pero a mi modo de ver todo esto no son más que evasivas.

Estoy convencido de que todos los poderes corporativos, mediáticos y policiales que han conspirado en este país para que nuestro Gobierno de coalición no saliera adelante aplaudirán con las orejas cualquier propuesta que deje “intacto” al Estado y lo siga dejando en “sus” manos. Aunque soy de los que piensan que no hay que hacerse demasiadas ilusiones a este respecto: cómo de lejos se llegue con la utilización de esas instituciones dependerá de la correlación de fuerzas de los actores políticos implicados y de sus pretensiones ideológicas. También es cierto que la lucha por el control del poder ejecutivo y administrativo no excluye, sino que al contrario es su complemento, la lucha por influir y movilizar a la sociedad civil. Pero en todo caso el principio fundamental en el que apoyar el movimiento de los heterodoxos debería ser, en ambos casos, este formulado por Marx en otra época: «Cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas» (Crítica del programa de Ghota).

Esta indecisión ideológica mostrada por Taibo —que contrasta con su gran capacidad intelectual— no es fruto de la casualidad, sino que a mi modo de ver es una consecuencia de la ideología “libertaria” que este autor defiende. Si estuviésemos en el siglo XIX o incluso en el primer tercio del siglo XX, cuando el anarquismo poseía una gran influencia social, Taibo podría rechazar la participación en las instituciones políticas y anteponer a ello la consigna de la “huelga general revolucionaria” como método de transformación social y de lucha contra el cambio climático. Pero estamos en el siglo XXI y ni el anarquismo ni el decrecentismo tienen esa influencia. Taibo reconoce esta situación —a diferencia de ciertos activistas sectarios—, por lo que cabe especular si ante la urgencia del «colapso que se avecina» —medioambiental, pero también económico y demográfico— acaso este autor intuya que ya no fuera conveniente renunciar a los poderes del Estado para enfrentar tal amenaza. No sabemos si Taibo piensa que esta crisis medioambiental pueda ser también una anomalía para el pensamiento libertario, pero en todo caso sostengo que las personas de izquierda debemos afrontar nuestras propias contradicciones y dar solución a las mismas: no sólo por honestidad intelectual sino también, en esta precisa cuestión, por pura supervivencia de la especie humana.

Quedaría finalmente hablar del paradigma marxista. Pero no acometeré esta empresa por dos razones: porque ya se han apuntado en este texto algunas ideas centrales de este paradigma, y porque estoy seguro que otros estudiosos podrían hacerlo con más competencia que yo.

Otras intervenciones en el debate

Intervenciones
  • Fernando Prieto

    Observatorio Sostenibilidad

    Alejandro Sacristán

    Club Nuevo Mundo

    Agnès Delage Amat

    Catedrática de ciencias sociales en la Universidad Aix Marseille (France). Milita en Rebelión Científica y Extinction Rebellion.

    Un estudio reciente del Observatorio de Sostenibilidad para Aliente señala que es posible el situar hasta 10 veces la producción fotovoltaica del PNIEC con un mínimo impacto ambiental situándolos en zonas ya artificiales. Las placas se distribuirían en el 50% aproximado sobre suelos ya construidos e industriales y el resto se distribuiría en zonas muy antropizadas y de escaso valor ambiental, tales como minas de carbón, vertederos, escombreras, también en zonas de invernaderos ya consolidados como los de Almería que podrían producir hasta 45GW, zonas mineras con sus 42GW, infraestructuras viarias, autovías, autopistas carreteras y vías de ferrocarril, que podrían contribuir con otros 15 GW, (que podrían pagar parte de su mantenimiento,) cubrimiento de canales con 8,5 GW (que además podrían ayudar a la disminución de la evaporación). Los vertederos y escombreras podrían producir 3,5GW.  Los cálculos de estas producciones se han realizado de una forma muy conservadora por lo que puede considerarse que la producción de energía sería mucho mayor. Se han dejado fuera todas las zonas de la red natura, zonas importantes para las aves, para los mamíferos y el total de reservas de la Biosfera. Es decir, se ha tenido muy en cuenta la biodiversidad. Las ratios de producción también han sido muy conservadores, por ejemplo, el CIEMAT ha establecido una producción solar en tejados de unos 300 GW, (en nuestro informe se cifran en unas 155 GW). Para el resto de parámetros se han utilizado variables tales como disponibilidad de suelos recortando con cientos de imágenes y contrastándolo con los datos procedentes del SIOSE, y con iniciativas ya en marcha como el Canal de Navarra, iniciativas como las de ADIF para el caso de vías férreas donde ya habla de 35 GW al año, o de carreteras como hacen otros países como Alemania. Pero el mayor...
    - Seguir leyendo
  • Marià de Delàs

    Periodista

    “El riesgo de colapso social y económico es demasiado grave para no emprender la transición energética de manera inmediata y a gran escala”, se dice en un manifiesto (1) reciente en favor de la aceleración de los “proyectos de renovables en Catalunya”, un llamamiento para conseguir apoyo social y político a la instalación de placas fotovoltaicas y aerogeneradores. “Centrales fotovoltaicas y parques eólicos -terrestres y marinos- tienen que pasar a formar parte de nuestro paisaje”. “Solo con un aprovechamiento decidido del viento allá donde más sopla y del sol donde más irradia avanzaremos hacia el ineludible cambio que encaramos...
    - Seguir leyendo
  • Miguel Aguado

    Divulgador ambiental y Socio Director de la consultora B Leaf

    Hace unos ocho años me llamaron de una televisión que podíamos ubicar en el extremo político, muy a la derecha. Querían hablar sobre el cambio climático en un debate. Tenían cuatro negacionistas de este y necesitaban a un “pringado” que afirmase que si existía. Ese era yo, y como me gustan los retos, acepté. No estuvo nada mal; creo que, modestamente, me defendí bien. Cuatro años después me volvieron a llamar. Querían volver a tratar el tema, y para ello, contar conmigo. Esta vez el cambio era sutil: ya no negaban el cambio climático, pero sí que el responsable...
    - Seguir leyendo
  • Gabriela Vázquez

    Área de agroecología Fundación Entretantos.

    Cuando hablamos de transición agroecológica justa, queremos decir no sólo que caminemos hacia sistemas alimentarios sostenibles – es decir, capaces de funcionar a largo plazo sin destruir las bases que los sostienen – sino que estos sistemas alimentarios deben construirse y funcionar sin poner el bienestar de unas personas por encima del de otras, y considerando los intereses de todas ellas en el proceso. El concepto de soberanía alimentaria, acuñado por La Vía Campesina en los años 90, reivindica el derecho de las comunidades de tomar sus propias decisiones respecto a cómo producir, distribuir y consumir sus alimentos. Como...
    - Seguir leyendo
  • Alberto Fraguas Herrero

    Ecólogo. Asesor de Sostenibilidad en Alianza por la Solidaridad y miembro del Grupo Futuro Alternativo

    El Fin de la abundancia Hace unos meses Cristina Narbona, Presidenta del PSOE, en un excelente artículo que iniciaba las reflexiones en torno a la Transición Ecológica en ese ESPACIO PÚBLICO(1), planteaba la imprescindible "transformación gradual del sistema productivo de forma que se reduzca el consumo de recursos naturales así como todo tipo de contaminación y que se preserven y restauren los ecosistemas" y realizar esto en un contexto prioritario para la supervivencia y con principios de justicia global. Claramente este es el objetivo a cumplir dentro del ya históricamente denominado Desarrollo Sostenible, si bien hay algunos matices que la evolución...
    - Seguir leyendo
  • Daniel Albarracín Sánchez

    Consejero de la Cámara de Cuentas de Andalucía. Sociólogo y economista. Miembro de Anticapitalistas y del Consejo Asesor de Viento Sur.

    El Estado español es, como la mayor parte de países europeos, altamente dependiente de la energía, que se encuentra en el exterior. La disponibilidad de energía propia es fundamentalmente de origen renovable, hidráulica, eólica y principalmente solar, y cuenta apenas con reservas pequeñas de carbón, de escasa calidad comparada con el que tienen otros países europeos. Entre sus potencialidades en la actual coyuntura, se encuentra con unas empresas de refino para adaptar los hidrocarburos al sistema de producción, si bien no contribuiría a una solución desde el punto de vista ambiental y energético a medio plazo. El problema de nuestra...
    - Seguir leyendo
  • Álex Dorado Nájera

    Consejero de Sostenibilidad, Transición Ecológica y Portavocía del Gobierno de La Rioja.

    A menudo, en los últimos tiempos, en muchos debates y en muchos medios, existe una equiparación casi total entre medio ambiente y clima o entre crisis ecológica y crisis climática. Esta asimilación de la parte por el todo es fruto, en parte, por una buena noticia como es el aumento de la concienciación mediática y social sobre la importancia del clima y de la energía en nuestras vidas y las de las generaciones venidas. Sin embargo, esta conquista de la agenda medioambiental por parte de la agenda climática, puede suponer un problema a la hora de eclipsar o minusvalorar otras...
    - Seguir leyendo
  • Paolo Cacciari

    Periodista

    También en Italia el lema “transición ecológica” ha entrado en el lenguaje público corriente después del lanzamiento en 2019 del Green Deal de la Comisión Europea y, gracias a los generosos fondos “en deuda” de la Next Generation Ue (una especie de neokeneysianismo verde), el gobierno decaído del banquero Mario Draghi había bautizado un ministerio en su nombre. Veremos si el nuevo gobierno de las derechas lo querrá mantener. Los dos primeros tramos del Plano Nacional denominado ‘Rilancio e Resilienza’ (Relanzamiento y Resiliencia) ya han sido asignados por la UE (24,9 de prefinanciación, más 21 mil millones destinados a...
    - Seguir leyendo
  • Ramon Folch

    Doctor en biología, socioecólogo. Presidente-fundador de ERF

    Los cambios vienen con la necesidad. Mientras se producen, se llaman transiciones. Si la necesidad es imperativa, la transición es rápida e inevitable. Por eso habrá -ya la hay- transición ecológica, porque a la fuerza ahorcan. El tema no es hacerla, sino lograrla sin excesivos traumas. La transición ecológica es el paso desde el actual sistema socioambientalmente insostenible hasta un nuevo estadio provisionalmente estable. Es una escalera que hay que bajar: elegantemente, a trompicones o rodando. Para hacerlo sin dolor y con elegancia, se necesita un proyecto adecuado. De ahí la conveniencia de una ingeniería de transición, con sus...
    - Seguir leyendo
  • Irene Calvé Saborit

    Ingeniera Industrial y trabajadora en mercados eléctricos

    La (in)elasticidad de la demanda eléctrica Hace unos días estuve leyendo la nota de la comisión europea publicada por el periódico francés Contexte en la que se presentan propuestas de intervención para “optimizar el funcionamiento del mercado eléctrico y disminuir el impacto del precio del gas”. En esta nota se analizan varias alternativas como el tope del gas ibérico o las medidas aprobadas por el gobierno griego. Incluso se valora la suspensión del mercado eléctrico cuyo resultado sería, según la nota de la comisión, el probable colapso del sistema eléctrico y un daño severo sobre los esfuerzos de descarbonización. Esto...
    - Seguir leyendo
  • Victor Viñuales

    Director Ejecutivo de ECODES

    Cuando hablamos de transición ecológica, funcionarios, empresas y pueblo llano piensan o en un cambio de unas tecnologías por otras –por ejemplo, coches de gasolina por coches eléctricos– o en un cambio de leyes. Pero hay un olvido general: la transición cultural. El Plan de Recuperación del Gobierno de España dedica 140.000 millones de euros a cambiar el “hardware” de nuestro país y apenas nada a transformar el “software”. Y sin cambio de valores, de hábitos, la transición ecológica encallará. Para que España lograra un éxito enorme como es reducir los muertos por accidentes de tráfico de más de 5.000 anuales...
    - Seguir leyendo
  • Eulogio González Hernández

    Jubilado - Mecánico Mantenimiento de aviones

    Hace siglos, los obreros se sumaban a las consignas de libertad e igualdad exaltadas en mítines y otras plataformas públicas, pero era evidente que esos obreros tenían una percepción de la libertad y la igualdad muy diferente a la que las autoridades y patronos consideraban constitutivas de la organización social liberal. La huelga de La Canadenca hace 100 años en Cataluña, consiguió un gran triunfo palpable cien años después: la conquista de la jornada de 8 horas en España, el primer país del mundo en establecerla por ley. Esta huelga, considerada una de las más importantes...
    - Seguir leyendo
  • Manuel Garí

    Economista ecosocialista

    Las gentes racionales y sin apego a los dividendos de las eléctricas, gasísticas y petroleras podemos convenir en primer lugar que la transición ecológica es urgente y necesaria para el futuro de la vida en el planeta y que la clave para desencadenar el proceso es asegurar la transición energética desde un modelo carbonizado y despilfarrador a otro basado en los pilares del ahorro y la eficiencia, las energías limpias renovables y el decreciente uso de materiales y energía. En segundo lugar podemos acordar que la cuestión de la energía es estratégica. Y, finalmente, no es una hipérbole que...
    - Seguir leyendo
  • Carlos Tejero

    Periodista. Responsable del Área de Medio Ambiente de Podemos Madrid

    Los últimos días de agosto nos han sorprendido con un giro radical en la política energética europea. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, sorprendió a propios y extraños anunciando la necesidad de “intervenir” el mercado energético para controlar el precio de la electricidad. Una “traición” a la ortodoxia liberal provocada por una imparable espiral inflacionista cuya causa principal han sido, precisamente, los precios de la energía en un mercado liberalizado. Este anuncio espantó a los especuladores y el precio del gas Natural TTF (precio mayorista en Europa) bajó en dos días de 344 a 253€ (más de...
    - Seguir leyendo
  • Agnès Delage Amat

    Catedrática de ciencias sociales en la Universidad Aix Marseille (France). Milita en Rebelión Científica y Extinction Rebellion.

    Rafael Jimenez Aybar

    Director de programas en GLOBE International y experto en democracia medioambiental

    “Creo que los movimientos sociales y las izquierdas institucionales se tienen que responsabilizar y actuar coherentemente con los diagnósticos que se hacen. La cuestión es ver si se puede intentar estar a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir. (…) No olvidemos que, por el momento, a ninguno nos están saliendo muy bien las cosas y que las lecciones que damos desde todas las partes no están avaladas por una práctica exitosa o ganadora en términos de máximos.” Yayo Herrero, Contra el capitalismo del desastre, CTXT, 2022. En un texto reciente, Yayo Herrero nos incita a entrar en el debate sobre transición ecológica, asumiendo todas nuestras responsabilidades, incluso la de nuestros fracasos actuales[1]. Ante el capitalismo del desastre, el actual secuestro de la acción climática por los grupos de intereses económicos[2] y la masiva expansión de un ultra-nacionalismo climático populista de extrema derecha[3], ella tuvo la valentía de reconocer que a ninguno de los actores progresistas de la transición ecológica “nos están saliendo demasiado bien las cosas”. Analizarlo no es tirar piedras en nuestro propio tejado, si somos capaces de no atrincherarnos en lo que Yayo Herrero llama muy acertadamente “los estériles debates entre los...
    - Seguir leyendo
  • Nuria Menéndez de Llano Rodríguez

    Abogada. Directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal y miembro del Oxford Centre for Animal Ethics

    En un contexto tan complejo y desolador de emergencia climática, de pérdida de biodiversidad, de extinción masiva de especies, de explosión demográfica humana y de colapso generalizado como el actual, se hace más necesario que nunca poner el foco en los demás animales con los que compartimos planeta y a quienes estamos, también y principalmente, usurpando toda posibilidad de sobrevivir y de tener un futuro por ir éste irremediablemente unido al nuestro. Lo cierto es que, aunque nos creemos el ombligo de todo, los humanos no somos sino una especie animal más, y no una cualquiera: somos los únicos responsables...
    - Seguir leyendo
  • Joana Bregolat

    Activista ecofeminista y militante de Anticapitalistas

    Érase una vez la historia de una economía capitalista que cada vez compartía más el diagnóstico de un mundo en crisis, de alarma sobre el alto grado de la destrucción ecológica y de los impactos en sus beneficios de la profunda crisis ecosocial y reproductiva que viven aquellos que la sustentan. Una economía capitalista que, con cada conocimiento, devenía más consciente y dejaba atrás el negacionismo clásico de la cuestión ambiental, y planteaba propuestas para abordar las alteraciones del sistema-Tierra. Ambiciosas, que construían un nuevo marco de acción, un marco verde, pero muy lejanas a los cambios estructurales y...
    - Seguir leyendo
  • Juan López de Uralde

    Diputado de UP y coordinador del partido Alianza Verde. Es Presidente de la Comisión de Transición Ecológica en el Congreso de los Diputados. Coordina en Público el blog Ecologismo de Emergencia.

    Corría el año 2007, y dirigía yo entonces la organización Greenpeace en España. Dedicamos más de un año de trabajo a la elaboración de un informe que se llamó España: 100% energía renovable. En él se demostraba por primera vez que era posible un modelo energético basado en fuentes 100% renovables en nuestro país. Ha llovido mucho desde entonces, pero tengo el recuerdo nítido de los ataques brutales que sufrimos del oligopolio eléctrico y su entorno mediático. En resumen nos decían que era imposible llegar a un modelo energético renovable, y que nuestra propuesta era un brindis al sol. Desde...
    - Seguir leyendo
  • Carlos Javier Bugallo Salomón

    Doctorando en Comunicación e Interculturalidad en la Universidad de Valencia. Diplomado en Estudios Avanzados en Economía. Licenciado en Geografía e Historia.

    En su Ponencia Cristina Narbona ha defendido un «necesario cambio de paradigma económico» que dé lugar a una «transición ecológica económica». A continuación ha pasado Narbona a enumerar un conjunto amplio de medidas concretas con las que se podría materializar tal transición ecológica, al tiempo que expone los condicionantes que pueden acelerar o limitar esa transición. Creo que esta presentación de la Ponencia es correcta, porque trata de aspectos de la crisis ecológica que han sido bien estudiados y sobre los que podría haber un cierto grado de consenso político entre las fuerzas de izquierda y una parte de...
    - Seguir leyendo
  • Eva Saldaña Buenache

    Directora Ejecutiva de Greenpeace España

    “El futuro no está escrito, nunca lo está. Depende solo de nosotros, de que seamos capaces de construir un contrapoder lo suficientemente fuerte como para derribar al capitalismo y crear una forma de organización social diferente. Debemos además hacerlo pronto, la crisis ecológica avanza deprisa y nos dificulta cada vez más la tarea. No es una labor fácil, nunca lo ha sido. Es normal sentir miedo y tener vértigo, pero lo importante es lo que hacemos con ello, si dejamos que nos paralice o lo convertimos en combustible para la lucha”. Layla Martínez(1). 1. Un poco de contexto: mirando alrededor...
    - Seguir leyendo
  • Mario Rodríguez Vargas

    Director Asociado de Transición Justa y Alianzas Globales. Fundación Ecología y Desarrollo

    La situación de emergencia climática que vivimos, declarada tanto por el Parlamento como el Gobierno; la degradación sin precedentes de la biodiversidad; el aumento de las ratios de desigualdad y pobreza entre países y dentro de cada país; el doloroso efecto de la pandemia generada por la Covid-19 y finalmente los efectos globales de la guerra en Ucrania y otros conflictos bélicos que ya estaban antes y prosiguen en este momento, nos indican que es necesario repensar y resetear el sistema y que la única vía es una transición ecológica que no deje a nadie atrás y que alumbre...
    - Seguir leyendo
  • Martín Lallana Santos

    Militante del Área de Ecosocialismo de Anticapitalistas. Investigador predoctoral en estrategias de descenso energético.

    “El Ladrillo” es el nombre que se le puso coloquialmente al documento escrito por el grupo de economistas liberales conocido como los "Chicago Boys"[1]. En él se establecían las políticas económicas a partir de las cuales Chile se convertiría en el laboratorio del neoliberalismo tras el golpe de estado que acabó con el gobierno de la Unidad Popular y la vía democrática hacia el socialismo. Se recogían medidas como acabar con la gratuidad y los subsidios parciales en la enseñanza superior, así como la privatización de áreas de economía como la electricidad, el agua potable, las telecomunicaciones y del...
    - Seguir leyendo
  • Carlos Bravo

    Responsable de políticas de Transport & Environment

    La transición energética hacia la descarbonización de nuestra economía, cada vez más urgente debido a la creciente gravedad de la crisis climática, está siendo literalmente secuestrada por esos mismos combustibles fósiles que provocan el cambio climático y de los que tenemos que prescindir cuanto antes mejor. Por un lado, el gas natural, debido a su participación en la generación eléctrica y a los altos precios que han marcado la evolución de los mercados mayoristas del gas durante el año 2021 y lo que va del 2022, es el principal culpable de que haya subido tanto el precio de la luz....
    - Seguir leyendo
  • Florent Marcellesi

    Coportavoz de Verdes Equo y ex-eurodiputado de Los Verdes/ALE

    Ante la crisis sanitaria y la emergencia climática, la transición ecológica se ha convertido en prioridad para la economía europea post-pandemia. Al mismo tiempo, la guerra en Ucrania ha vuelto a evidenciar la centralidad de la cuestión energética para nuestras sociedades industrializadas, donde inflación, coste de la vida, empleo, vivienda o Estado de bienestar dependen profundamente del acceso, o no, a fuentes de energía barata y abundante. Hay una conjunción de factores que convierten este decenio en una bifurcación peligrosa y, a la vez, en una oportunidad histórica. Según la comunidad científica, nos queda apenas una década para evitar los...
    - Seguir leyendo
  • Jaime Vindel

    Investigador Ramón y Cajal del Instituto de Historia del CSIC

    Un problema de algunos discursos contemporáneos que se aproximan a la crisis ecosocial es su timidez a la hora de poner nombre a las cosas. En mi opinión, emplear expresiones como “modelo económico dominante” para identificar al responsable estructural de nuestra situación supone un ejercicio de vaguedad analítica. Los conceptos que usamos condicionan de partida el alcance crítico de nuestras reflexiones, así como de las alternativas que somos capaces de imaginar. ¿Qué entendemos por “modelo económico dominante”? ¿Estamos hablando del capitalismo o tan solo del neoliberalismo? La tendencia a utilizar este tipo de eufemismos es observable entre las posiciones...
    - Seguir leyendo
  • Jorge Riechmann

    Departamento de Filosofía de la UAM. Ecologistas en Acción Sierras

    1 Un notable editorial de Nature, en marzo de este año, reivindica el estudio de 1972 The Limits to Growth (el primero de los informes al Club de Roma) y señala que “aunque ahora existe un consenso sobre los efectos irreversibles de las actividades humanas sobre el medio ambiente, los investigadores no se ponen de acuerdo sobre las soluciones, especialmente si éstas implican frenar el crecimiento económico. Este desacuerdo impide actuar. Es hora de que los investigadores pongan fin a su debate. El mundo necesita que se centren en los grandes objetivos de detener la destrucción catastrófica del medio ambiente...
    - Seguir leyendo
  • Cristina Rois

    Plataforma por un Nuevo Modelo Energético

    El conocimiento acumulado en las últimas décadas sobre los impactos de las actividades humanas en el medioambiente, y la experiencia de daños y desastres ambientales que confirman las previsiones de la ciencia, han venido calando lentamente en las sociedades humanas avanzadas o enriquecidas. Se añade a todo ello el efecto de las crisis económicas del siglo, y lleva a mirar el futuro con incertidumbre e inquietud, incluso con desesperanza. Ya no basta con “arreglar la economía”, también se están acabando los recursos, el entorno natural se hace más hostil y no se ve claro como será el día...
    - Seguir leyendo
  • Juanjo Álvarez

    Ecosocialista, militante de Anticapitalistas

    La transición ecológica es una cuestión abierta que se construye durante estos años a marchas forzadas. Nadie que tenga una mirada abierta del mundo puede obviar que se está dando una transición global, y sin embargo, esto no determina lo que vaya a suceder, porque la materialización de la transición puede tener tantas variantes y en tantas claves como se puedan imaginar, aunque otras tantas, y cada vez más, aparecen por el avance de la crisis ecológica, que cierra muchas posibilidades a medida que va superando puntos de retorno. En esta aportación pretendemos examinar justamente el factor que suele...
    - Seguir leyendo
  • Carmen Molina Cañadas

    Coordinadora de Alianza Verde Andalucía

    Hay unos cuantos hitos del siglo XX que nos advirtieron de que la evolución del sistema económico empezaba a mostrar claros síntomas de impactar sobre la funcionalidad sistémica de la biosfera. Se hacía evidente la responsabilidad de la actividad económica y su crecimiento permanente en la superación de límites planetarios y deterioro de múltiples servicios ecosistémicos “gratuitos”, y se ha ido elevando el nivel de preocupación al respecto. Las señales que nos alertaban entonces, nos deberían haber puesto en marcha hacia la Transición de que trata este debate. Algunos de estos hitos fueron: 1- La publicación del Informe del Club...
    - Seguir leyendo
  • José Mansilla

    Antropólogo, miembro del Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)

    Decía el ex dirigente de Izquierda Unida (IU) ya fallecido, Julio Anguita, que la tan vanagloriada Transición política en España, el paso de la ley a la ley del régimen franquista a la democracia liberal, fue, más bien, una Transacción, "un apañito para que el poder económico del franquismo siguiera mandando"[1]. A día de hoy, muchas de las afirmaciones que realizó el político cordobés durante sus años en primera línea se han confirmado. Las características de la democracia española se encuentran sobredeterminadas, no solo por el poder que aun mantienen las élites económicas sostenedoras y conformadas en torno a...
    - Seguir leyendo

¿Quiéres participar en este debate?

Ve al apartado 'Cómo participar' y revisa los pasos necesarios para poder intervenir en los debates abiertos.