Mosab Abu Toha

Abu Toha, poeta, ensayista, periodista, fundador y director de la Biblioteca Edward Said de Gaza, fue secuestrado y torturado en noviembre de 2023 durante la invasión israelí de Gaza, cuando se dirigía con su mujer y sus tres hijos al paso de Rafah. El clamor internacional de sus colegas y lectores lograron su liberación. En la actualidad reside en El Cairo. A su salida de Gaza pudo rescatar un único libro, este poemario, que fue finalista del National Book Critics Circle Award y ganó el American Book Award, y que hace unos días ha sido publicado en España por ediciones del oriente y el mediterráneo con presentación y traducción de Joselyn Michelle Almeida.

La horca de Gaza lo ensoga todo

El libro finaliza con una entrevista realizada por el escritor, poeta y profesor Ammiel Alcalay, en la que Mosab Abu Toha habla de su familia, su infancia, su vida en campamentos de refugiados, “Nunca me di cuenta de que había nacido en un campo de refugiados porque ese era mi mundo”, dice para hablar enseguida –desde que era muy niño–, de los bombardeos, las muertes, el dolor, la tristeza. Cuando descubre la poesía, algo “que siempre ha formado parte de nuestro currículo en Palestina”, confiesa su admiración por Mahmud Darwish, que es también “un poeta universal”, y su descubrimiento de Edward Said, que le llevó a crear la biblioteca que lleva su nombre. A los 26 años viaja a Estados Unidos donde entre 2019-2020, fue poeta y académico invitado por el Departamento de Literatura Comparada en la Universidad de Harvard. También fue bibliotecario residente y visitante en la Biblioteca Houghton y columnista de Arrowsmith Press, para posteriormente regresar a Palestina.

Los poemas de Abu Toha, que recogen los asedios que ha sufrido Gaza desde 2001 hasta 2021, impactan con fuerza en los sentimientos de quienes los leen. En ellos hace un recorrido por la historia de Palestina desde la Nakba de 1948, una historia  que se ha transmitido generación a generación, en la que son constantes el sufrimiento y el dolor de un pueblo sometido a vivir bajo la dominación y la violencia de Israel, el país ocupante. Pero un pueblo también cuya ternura, rabia, firmeza y perseverancia (sumud) golpean con fuerza y se convierten en un canto a la vida, un golpe que va directamente al corazón y no te deja indiferente.

¿QUÉ ES HOGAR?
Qué es hogar:
Es la sombra de los árboles cuando iba a la escuela antes de que los arrancaran de raíz.
Es la fotografía en blanco y negro de la boda de mis abuelos antes de derrumbarse
las paredes.
Es la alfombra de oración de mi tío donde dormitaban decenas de hormigas en invierno antes de que fuera saqueada para colocarla en un museo.
Es el horno que mi madre usaba para hornear el pan y asar el pollo antes de que una bomba calcinara nuestra casa.
Es el café donde miraba partidos de fútbol y jugaba—
Mi hijo me detiene: ¿Puede una palabra de cuatro letras encerrar todo esto?
Uno de los poemas de Mosab Abu Toha.

Este libro es también, y sobre todo, una maravillosa colección de poemas sobre la vida, el amor, la pérdida y todas las cosas que nos rodean. Leyendo estos poemas se puede ver, oler, podríamos decir que tocar Gaza, sus gentes, sus vidas, su sufrimiento, su valentía y su increíble resistencia.

En estos momentos en que Gaza está siendo víctima de un auténtico genocidio por parte de Israel, con la complicidad de Estados Unidos y/o la indiferencia de la mayoría de los países capitalistas occidentales, leer este libro no deja de ser un acto de necesaria solidaridad y empatía con el pueblo palestino.

UNA ROSA RESISTE
No te sorprendas
Si ves una rosa que resiste
entre las ruinas de una casa
Así es como sobrevivimos.

Agradecemos a ediciones del oriente y el mediterráneo su autorización para la reproducción de todas las fotografías que aparecen en este artículo.

Cosas que tal vez halles ocultas en mi oído. Poemas desde Gaza
Mosab Abu Toha
Traducción (del original en inglés) y Presentación de Joselyn Michelle Almeida
160 páginas.
Ediciones del oriente y el mediterráneo (junio de 2024).

Luz Gómez nos ofrece un libro en que recoge la voz de tres poetas palestinos del Interior, escrito así con mayúscula, porque esa mayúscula hace referencia a un importante número de mujeres y hombres palestinos que viven en un territorio particular, ese territorio que, tras la Nakba —la catástrofe que da lugar a la primera expulsión de los palestinos de su tierra y la creación del Estado de Israel— quedó dentro de las fronteras del nuevo Estado.

Lo que queda de Palestina es ese otro territorio que, con el paso de los años y la feroz política colonialista del nuevo Estado, ha ido menguando hasta convertirse en un conjunto de bantustanes inconexos, divididos y separados por muros, vallas y vías de comunicación vedadas a los nativos de esa tierra ocupada. Palestina es también los campos de refugiados, creados con carácter provisional allá por 1948, pero que perduran 76 años después en países limítrofes: Líbano, Jordania, Siria… Y la diáspora palestina por todos los rincones del planeta. Ese conjunto de territorios conforman Palestina.

Volvamos al Interior y a esos casi apátridas, los palestinos del 48. Las voces de Rashid Hussein (1936-1977), Samid al-Qasim (1939 – 2014) y Taha Muhammad Ali (1931-2011) despertaron en esa población palestina apátrida en su propia tierra la conciencia de su identidad y la exigencia de igualdad y reparación. Con el tiempo, las voces de estos poetas dieron cuenta también del fracaso de los sueños y cantaron la lucha común por Palestina.

Cuenta Luz Gómez que «en febrero de 1977 una multitud acompañó los restos mortales del poeta Rashid Hussein al cementerio de Musmus, una aldea de la planicie central de Palestina, donde había nacido en 1936. Se cuenta que a la entrada del pueblo la familia, campesinos, había puesto una pancarta que decía: “Rashid Hussein os da la bienvenida”, una frase que retrata al poeta: visionario, directo, entregado, vivo».

El poeta había muerto en el incendio de su apartamento en Nueva York, donde vivía exiliado (a pesar de ser «ciudadano israelí», Israel no le permitió regresar nunca a Israel, después de que se fuera en 1965). Y continúa la autora: «Entre los que llevaron a hombros el ataúd se contaba otro gran poeta del Interior, Samih al-Qasim, al que Rashid Hussein había escrito desde el exilio una carta con los siguientes versos:

"Nos encontraremos
en la herida de una bandera
en una barca cuyos remos perfilan
la línea del amanecer".

Samih al-Qasim es la segunda voz de esta antología, había nacido en la alta Galilea en el seno de una familia drusa, minoría musulmana que Israel trató de atraerse en su política de división de los palestinos. A diferencia de los demás palestinos del Interior, los drusos están obligados a cumplir el servicio militar israelí. Samih al-Qasim, uno de los  primeros drusos que se negó, lo cual le costó la cárcel en una base militar.

La tercera voz poética de este libro es la de Taha Muhammad, que no formó parte de la llamada «poesía palestina de resistencia». Su voz se escuchó en un contexto muy distinto al de Rashid y Samih, cuyos poemas, en los años 50 y 60 del pasado siglo, se recitaban en «festivales y plazas y se transmitían de boca en boca por Galilea y el Triángulo», en palabras de la autora. Su primer libro se publicó en 1983.

Sin embargo, también él fue testigo y víctima de la Nakba. Ilan Pappé en La limpieza étnica de Palestina:

El escritor Taha Muhammad Ali era un joven de diecisiete años cuando los soldados israelíes entraron en la aldea de Mi’ar el 20 de junio de 1948. Había nacido en la cercana Saffuriya, pero buena parte de su poesía y su prosa actual, como ciudadano israelí, se inspira en los traumáticos hechos de los que fue testigo en Mi’ar. Ese día de junio, al atardecer, vio a las tropas israelíes acercarse disparando de forma indiscriminada a los campesinos que todavía se encontraban trabajando en los campos. Cuando los soldados se cansaron de matar a los aldeanos, empezaron a destruir las casas. Los supervivientes regresaron luego a Mi’ar a continuar viviendo allí hasta mediados de julio, cuando las tropas israelíes volvieron a ocupar la aldea y los expulsaron para siempre. En el ataque del 20 de junio murieron cuarenta personas.

Con su familia se refugió durante unos meses en el Líbano huyendo de las matanzas, regresó después y se instaló en Nazaret, donde transcurrió el resto de su vida, regentando una tienda de recuerdos que se convirtió en lugar de reunión de la intelectualidad del Interior.

A pesar de las dificultades y la escasez de medios, la vida cultural palestina no desapareció gracias a estos jóvenes, que hicieron de la lengua árabe un vehículo de expresión nacional.

Cuando en 1958 se fundó la primera editorial en árabe, la Arab Book Company, la censura se sumó a las restricciones existentes. El poema «Kafr Qasim»* de Samih al-Qasim se publicó censurado, una cruces sustituían sus ocho últimos versos:

Ni un monumento… ni una flor… ni una inscripción.
Ni una casa de la poesía que honre a las víctimas… ni un tupido velo.
Ni un jirón de camisa teñido de la sangre
de nuestros hermanos inocentes.
Ni una lápida con los nombres grabados.
Nada de nada… ¡Vergüenza!
Solo fantasmas que vagan sin descanso
en busca de sus tumbas en los escombros de Kafr Qasim.
+ + + + + + + +

«En la década de los sesenta, Israel todavía temía más a los poetas que a los shaheeds, (“mártires”)», en palabras del historiador israelí Shlomo Sand, citado por la autora. En estos días en que una nueva nakba se abate sobre el pueblo palestino de Gaza, Israel no teme a nadie, actúa con total impunidad, con el silencio cómplice de las naciones que alentaron la creación del Estado de Israel, haciendo suya la falacia de que Palestina era una tierra sin pueblo, y por tanto, podía convertirse en un regalo para un maltratado pueblo sin tierra. Pero la poesía no enmudece, y desde las ruinas de la destruida Gaza sigue escuchándose la poesía…

Luz Gómez
Palestina/48. Poemas del Interior
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, abril 2024

No lo tenía fácil Rosana Acquaroni para superar el magnífico poemario La casa grande. Premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid en 2019, logró atraparnos desde el primer verso… LLEVO ALOJADA EN EL CORAZÓN/una bala de plata./La misma que mi madre/no supo disparar. Un libro con tres ediciones y más de 1.000 ejemplares vendidos. Ahora regresa con la publicación del bello, comprometido y descarnado, 18 ciervas; un viaje emocional a través de la palabra poética que nos interpela con el trasfondo de las relaciones personales, el amor, el desamor, la dependencia afectiva, la libertad, la violencia, el perdón…

Un libro lleno de verdad, sin pliegues, sin fuegos de artificio.

La autora se desnuda y nosotros con ella, consiguiendo que, como señala Manuel Rico, director de la colección, el lector no salga indemne.

Hablamos con Rosana Acquaroni en la vorágine de la Feria del Libro de Madrid, con el horizonte de la lectura que realizará el próximo 28 de julio a 1.700 metros de altura, dentro de la segunda edición del festival Lo Sagrado, en plena naturaleza, en los parajes espirituales del Cerro de la Mesa de Navarrevisca.

¿Por qué el título de 18 ciervas?

Tal y como aparece recogido en la nota a pie de página que acompaña al poema nº 5 (pp. 32-33) el título hace referencia a las dieciocho ciervas que hay pintadas con la técnica del tamponado rojo en la cueva prehistórica de Covalanas, en Ramales de la Victoria, Cantabria, y que tuve oportunidad de visitar en el verano de 2018.

Aquella experiencia junto al hombre que amo fue una verdadera revelación. Sentí que el amor es regreso al origen, tal como luego se dice en ese mismo poema. Lo que empezó siendo deslumbramiento, experiencia vital y sensorial, se convirtió con el tiempo en veta poética. Además, supe enseguida que ese sería el título del poemario. La cierva se convierte en imagen dialógica, en voz interior que reverbera junto a la propia voz poética a lo largo del libro. Hay dieciocho poemas numerados que lo atraviesan, lo vertebran y le dan un vuelo simbólico al relato.

HAY ALGO EN TI/de mí/que ya ha tomado cuerpo… Encontramos tres partes diferenciadas en el libro, en las que emerge siempre un deseo de luminosidad, una reivindicación del amor a pesar de todo, de la violencia, del maltrato… y lo autobiográfico de nuevo como fuente de inspiración. ¿Por qué lo autobiográfico? ¿De donde surge esa necesidad?

No sé si calificarlo de necesidad, en sentido estricto. De hecho, no creo en una poesía encharcada de aquello que yo necesite decir. Busco una poesía que sea capaz de decirme y, sobre todo, de decirse a sí misma, para que el lector encuentre, en ese acopio, su propio sentido. Sin embargo, es cierto que La casa grande (2018) marca un antes y un después en mi escritura y que ese sustrato autobiográfico se mantiene claramente en 18 ciervas. Pero, insisto, los restos argumentales por los que el libro transita se han ido articulando a lo largo del proceso creativo nunca de manera deliberada.

Lo que empezó siendo un ars amandi, un libro de celebración del nuevo amor se fue convirtiendo en un libro mucho más complejo donde se abre también la grieta del desamor que lo precede. Una grieta que no busca la reparación sino la reflexión profunda a partir de lo vivido;  acerca del perdón, de la culpa, del deterioro de una relación: Cómo el amor pudo llegar a ser disparo, dice uno de los poemas. No hay nada mejor que dar tiempo a los poemarios… Dejarlos reposar y que ellos mismos vayan trazando esa organicidad que necesitan más allá del poeta y sus circunstancias.

Fotografía cedida por Rosana Acquaroni y Concha Hernández.

Han pasado cinco años desde que comenzaste a escribir 18 ciervas, ahora el libro ha empezado a caminar, a la espera de la opinión de los lectores ¿te sientes satisfecha con los resultados?

El libro encuentra su sentido esencial a partir de 2021. Y es en 2022 cuando se precipita el proceso de escritura y se convierte en obsesión necesaria y en voluntad de cierre. Tengo al mismo tiempo un sentimiento paradójico de plenitud y vacío que no me había pasado con libros anteriores, ni siquiera con La casa grande. Siento que 18 ciervas conjuga verdad y belleza, dos elementos fundamentales de la poesía que me interesa porque son los que consiguen la emoción en el lector que es, en definitiva, quien tiene la última palabra.

Vimos en la presentación en la Biblioteca Eugenio Trías a un público que llenaba la sala y gente sin poder entrar… ¿qué momento vive la poesía?

Estamos viviendo un momento complejo, en el que hay que estar muy atenta: por un lado, la poesía brota en las redes sociales con fuerza, casi, diría, de manera eruptiva, incluso virulenta; y esta nueva manera hipertextual, inmediata, discontinua y multimodal de leer en las redes sociales ha conseguido una apariencia de renacimiento. Pero no es poesía todo lo que navega en las redes. Hay cierta tendencia a la banalización que no le hace bien a la verdadera poesía.

Un momento de la presentación 18 ciervas en la biblioteca Eugenio Trías, Madrid. Fotografía cedida por Rosana Acquaroni y Concha Hernández.

Publicas 18 ciervas en una editorial, Bartleby, que cumple los 25 años.  ¿Qué dirías de esta tu editorial?

Creo que solo es necesario navegar por su catálogo para entender la enorme labor que Bartleby lleva realizando desde sus inicios. Su arriesgada apuesta por las ediciones bilingües, por ejemplo. Su apuesta por poetas norteamericanas tan importantes como, por ejemplo, Sharon Olds, que no estaban apenas traducidas y que ahora son y siguen constituyendo un referente inspirador. Su compromiso con la poesía escrita por mujeres… y como dice su editor, Pepo Paz, “la radical apuesta por la pluralidad, la independencia editorial y la calidad de las propuestas poéticas”.

El próximo 28 de julio estarás presentando tu libro en Navarrevisca a 1.700 metros de altura, en un paraje natural donde subsisten peñas sacras y ruinas arqueológicas de templos de diferentes épocas, dentro del festival Lo Sagrado, ¿qué supone para ti presentar este libro en este contexto, teniendo en cuenta que, según señalaba Fanny Rubio, el ciervo es el animal místico por excelencia, símbolo también de lo espiritual? ¿Rescata la poesía lo sagrado?

Para mí será una de las citas más importantes que me regala este libro. Poder recitar en plena naturaleza, rodeada de un paisaje mágico, de piedras cargadas de resonancia y ritos ancestrales va a ser un verdadero lujo. Lo sagrado es el lugar de la poesía, su espacio natural. Por otra parte, la figura de la cierva está presente en múltiples iconografías tanto occidentales como orientales, así como en muchas literaturas: desde el antiguo testamento, San Juan de la Cruz, hasta llegar al luminoso poema de la cierva blanca de Jorge Luis Borges, pasando por la cultura grecolatina, celta, etc. Espero que toda esa carga vibre en Navarrevisca  esta vez a través de 18 ciervas.

18 ciervas
Rosana Acquaroni
Bartleby Editores/2023

¡Más libros, es la guerra!

Todas las guerras son guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar, que inducen a los jóvenes varones de todo el mundo a hacer la lucha por ellos.

Emma Goldman

Durante tres años y medio esquivé la guerra tanto como pude. (…) Usé todos los medios posibles para que no me pegaran un tiro y no pegarlo, no usé los peores de los medios. Pero yo habría usado todos los medios, todos sin excepción, si me hubieran forzado a hacer algo así.

Kurt Tucholsky

Con este lema, ¡Más libros, es la guerra!, comienza hoy 4 de mayo, una campaña autogestionada contra la guerra, que ha sido lanzada por varias librerías y editoriales; entre ellas, Katakrak, Traficantes de sueños, Enclave de Libros, La Pantera Rossa y Ediciones del Oriente y el Mediterráneo. Hasta el momento la apoyan unas cuarenta entidades relacionadas con el mundo del libro, y está abierto un enlace en la web para que se puedan adherir tanto entidades como personas físicas.

PRIMERAS LIBRERÍAS Y EDITORIALES ADHERIDAS A LA CAMPAÑA 
LIBROS CONTRA LA GUERRA
Katakrak -- Enclave de libros -- Traficantes de sueños -- La Pantera Rossa 
-- Ediciones del Oriente y del Mediterráneo -- El corral de San Antón -- Zambra/Baladre 
-- Delirio, Diógene–Dyskolo -- La habitación propia -- Irrecuperables/Dado 
-- Louise Michel Liburuak -- Pepitas de Calabaza -- Verso/Manifest -- La Vorágine–Zapateneo
-- Librería Ícaro -- La oveja roja -- Pol.len -- La imprenta -- El local 
-- Urrike liburudenda -- Documenta -- Anònims -- Fundación Anselmo Lorenzo -- La buena vida 
-- Drac Màgic -- Cambalache -- Librería Lentejo y Castañuela -- Librería La Hora Azul 
-- La fuga -- Sputnik librería café -- La revoltosa -- Librería suburbia -- La llocura 
-- Noski liburudenda -- Libros en Acción/Ecologistas en Acción -- La Figaflor–Zuloa -- Anti liburudenda

Con el lema “Libros contra la guerra”, “hemos querido transformar nuestro dolor e impotencia en acción: queremos ser parte responsable de un cambio cultural que contribuya a la eliminación de las causas que provocan las guerras. No queremos apoyar el patriotismo nacional ni el supremacismo imperialista de uno u otro bando, nos negamos a cualquier forma de colaboración con esta injusticia y nos declaramos insumisas a todas las guerras y a la militarización social”, dicen.

Aitor Balbás de Katatkark nos dice que ya son 50 las entidades que se han adherido a la campaña y que la idea surgió en el Congreso que se celebró en Madrid en el pasado mes de febrero Ecosistema crítico del libro en el que analizaron que vivimos en un “espacio comunicativo y político polarizado por dos posiciones que no compartíamos,  y formaron un grupo de trabajo sobre la necesidad de difundir las ideas pacifistas y antimilitaristas entre todas las entidades que integran el mundo del libro: editoriales, librerías, distribuidoras, imprentas, bibliotecas…

Para ello se pondrán en marcha actividades culturales de todo tipo. Mesas redondas, charlas, conferencias, itinerarios de libros… recorrerán diferentes ciudades del territorio de todo el Estado español contra la cultura de la guerra y por la eliminación de todos los conflictos armados.

En el Manifiesto que  han publicado afirman: “La guerra nos atraviesa y determina nuestro presente. La invasión rusa de Ucrania y la guerra civilizadora «occidental» que se ha desencadenado como respuesta han hecho más fuerte al capitalismo y han provocado una nueva crisis a nivel planetario. Una amenaza letal se cierne sobre los derechos humanos, las conquistas sociales y los ecosistemas en los cinco continentes. Nada de esto es accidental, responde a una lógica clásica de partición del mundo entre potencias militares que avanza en un río revuelto de élites corruptas, mercaderes de armas, extractivistas, oligarcas y etnonacionalistas. Es la guerra del capitalismo global.

De cada 10 euros que va a invertir el Reino de España en 2023, tres serán para pistolas, tanques, bombas y cazas de combate. A más guerra más sacrificios salariales, en las pensiones, en la educación o la sanidad públicas”.

Añaden que la disyuntiva militarista de matar o morir se resuelve llamando a la vida, que no puede ser que se hable de paz mientas se aviva la escalada bélica y se militariza nuestra economía, haciendo de la guerra y la muerte un negocio para las grandes corporaciones, fondos de inversión y conglomerados bancarios.

Por último, llaman a apoyar a la deserción y la objeción de conciencia en Ucrania, Rusia y Bielorrusia, y a participar en los movimientos de resistencia a la guerra a través de la campaña internacional  #ObjectWarCampaign. Exigen que se paralice el envío de armamento a Ucrania. Y que el gasto militar español asignado al conflicto ucraniano se dirija a las organizaciones independientes que trabajan sobre el terreno, atendiendo a víctimas de esta y otras guerras .Que se potencien políticas europeas de negociación, conciliación y convivencia entre las poblaciones enfrentadas, y que el presupuesto militar europeo se destine a la reconstrucción de Ucrania sin coste para la sociedad ucraniana ni negocio para las multinacionales occidentales.

Plankton Press es una nueva y recién nacida editorial española. “Una editorial sin rumbo […], de no ficción e independiente, que publica libros para conectarse con el mundo”, se autodefine. Una forma de entender lo que nos rodea a partir de la escritura, que debe servir también para cambiar el mundo.

Y en esta definición encaja perfectamente uno de los primeros títulos que han publicado: Modas y otras neurosis de Katja Eichinger, escritora, fotógrafa y cineasta alemana que escribe de temas sociales, cultura y moda.

El texto, traducido por Núria Ventosa, va acompañado de fotografías realizadas por el  fotógrafo alemán Christian Werner.

En los 10 capítulos que componen el libro, Katja  recorre con agudeza, inteligencia y humor temas tan variados como el streetwear y la libertad. Un encuentro casual con el filósofo Habermas que llevaba unas deportivas blancas, le da pie para hablar de cómo las grandes marcas se apropiaron de la moda callejera y la convirtieron en producto de lujo, como hizo por ejemplo Balenciaga, disparando su facturación al poner su logotipo en las bolsas de plástico utilizadas en las lavanderías. “El auge de la moda urbana demuestra que la libertad se ha convertido más que nunca en un bien de consumo, […] Sí, somos libres de tomar decisiones de consumo: podemos elegir ente contratos de móviles, seguros de vida, destinos de vacaciones, entre Nike y Adidas, entre Puma y Reebok. Pero todo eso no es en realidad la libertad. Y lo sabemos.”, afirma  la autora.

Fotografía de Christian Werner.

El bolso de diseño es otro de los temas que aborda la autora, que nos  cuenta la anécdota de cómo una gran (y barata) bolsa de paja donde llevaba una inmensidad de cosas la cantante Jane Birkin se convirtió en el bolso más codiciado y caro del mundo, fabricado por Hermès, un producto exclusivo al alcance de muy pocos bolsillos, que como todas las mercancías caras se ha convertido también en una inversión. Y además en un símbolo del estatus social de las mujeres que lo pueden llevar. Y entre citas en las que no faltan las de pensadores como Freud o Walter Benjamin, nos enteramos de que los bolsos pueden ser también una metáfora de la vagina femenina.

El selfie, una de las últimas modas más extendidas, es también analizado por Katja Eichinger como lo que en un principio puede parecer una de las representaciones más claras del narcisismo, pero que también significa la necesidad de autoafirmación. Y con estas reflexiones en las que entran Lacan, Marx, Roland Barthes o Rousseau, entre otros pensadores (todos hombres, por cierto), la autora nos habla de que también son un negocio para quienes han abrazado la nueva profesión de influencer: “Una persona que publica fotos suyas en las redes sociales a cambio de dinero y lo aprovecha para promocionar productos”.

La cirugía estética, sobre todo en las mujeres, es otro de los asuntos que no olvida Katja Eichinger. Interesante conocer las cifras de cómo está creciendo esta moda/negocio en todo el mundo, especialmente el aumento de labios y pechos, así como retoques de nariz y de pómulos. El miedo a envejecer es el motor que lleva a muchas mujeres a pasar por el quirófano antes de cumplir los 50 años. No es casual que el ensayo dedicado a este tema comience con una cita de Simone de Beauvoir: “Envejecer es definirse.”

La barba, símbolo de masculinidad, que ha conocido varios booms; o los tatuajes que han ido ganando en popularidad durante las últimas décadas, y han pasado de ser llevados por bandas juveniles o presidiarios a ser exhibidos por millones de personas como un algo mágico en lo que se trasforma el cuerpo, son también algunas de las “neurosis de la moda” en las que entra la autora.

Especialmente crítica es Katja Eichinger con la moda rápida, “de usar y tirar” (fast fashion), cuya cabeza más visible es Zara (Inditex), y de la que también se benefician empresas como Primark, H&M, Mango…  “La moda rápida exige que desechemos prendas rápidamente y en cantidad para que podamos consumir otra vez rápidamente”. Y ello provoca un coste medioambiental y social que no podemos pagar.

No olvida la autora el traje de caballero, indispensable en el atuendo de los hombres para el trabajo o las ocasiones especiales, casi único hasta épocas muy recientes cuando ha sido sustituido por el jersey negro de cuello vuelto o el chaleco polar, que junto a los mocasines Gucci ha conseguido su propio hastagh: #Patagucci (chaleco Patagonia arriba y mocasines Gucci abajo).

La ropa también delimita quiénes forman parte de un club. Y apoyándose en Virginia Woolf, nos dice que “la ropa, y con ella también la moda, es siempre un ritual colectivo”. Y así se van creando clubes de personas que visten de forma similar. Y los más exclusivos son quienes pueden costearse los productos de lujo, definidos fundamentalmente por su exclusividad: solo muy poca gente tiene acceso a ellos. Productos cuyo valor no es de uso, no reside en la utilidad que se les pueda dar, sino en su exclusividad. Porello, muchas firmas de lujo queman al final de año los stocks no vendidos para garantizar que son exclusivos de la élite millonaria.

Fotografía de Christian Werner.

Finalizan estos breves ensayos con algunas reflexiones sobre la moda y la política, su evolución en el tiempo y su importancia en la época actual en la que la visibilidad se ha convertido más que nunca en un tema político.

Una mirada rápida, que no superficial, sobre el mundo de la moda y la moda en el mundo, realizada por una mujer muy despierta y aguda, que sigue y ama la moda. Moda y otras neurosis, además de muy interesante es también un libro muy divertido.

Modas y otras neurosis
Katja Eichinger
Fotografías de Christian Werner
Traducción de Nuria Ventosa
Plankton Press, 2023

La tendencia a describir etapas o pensadores del pasado con nombres del futuro (como cuando a Kierkegaard se le llama existencialista) se da también en el otro sentido cuando catalogamos la actualidad con etiquetas del pasado. Es lo que hace el filósofo italiano Giacomo Marramao en un libro de reciente publicación en nuestra lengua. Por un nuevo Renacimiento trata de examinar esta corriente histórica al tiempo que traza paralelismos con el pensamiento de nuestros días.

Comienza el libro con un capítulo dedicado a la figura de Leonardo Da Vinci. De modo didáctico, y recurriendo a distintas fuentes, entre las que destaca un texto de Paul Valéry, Marramao trata de establecer lo que, a su juicio, es el rasgo más importante de esta importante figura del Renacimiento. En su opinión, Da Vinci es el ejemplo de que filosofía y ciencia no solamente deben colaborar, sino que son variantes de la misma idea de ars, prácticas de conocimiento y construcción. Es como si la separación en ambas disciplinas fuera completamente artificial y moderna y fuera necesario volver a leer el legado renacentista intentando realizar una lectura más ajustada al espíritu personificado por Da Vinci. De esta forma, lo renacentista, al igual que lo barroco según Eugenio d’Ors, no es tanto un periodo bien delimitado de la historia, sino un movimiento cultural que puede aparecer en distintas épocas. Marramao, en este libro, trata de trazar las líneas maestras de la recuperación para la actualidad de ese espíritu del Renacimiento.

Por cierto, no es el filósofo italiano el primero en formular la necesidad de que ciencia y filosofía colaboren. En los capítulos finales de la Teoría del todo, Stephen Hawking advierte cómo los físicos de nuestro tiempo han avanzado en la difícil y extraña comprensión del tiempo mientras los filósofos han ignorado estos descubrimientos, lanzando quizás una pulla al que ha sido el pensador más importante del pasado siglo, Heidegger, cuya concepción del tiempo no tiene nada que ver con la de la física más moderna. Como lectores, debemos extraer la lección, formulada de dos maneras distintas por Marramao y Hawking, de que un libro de filosofía debe combinar distintos saberes: literatura, historia, arte, y también ciencia. Un buen libro de filosofía, como los que escribía George Steiner, es aquel que es capaz de combinar muchas ideas provenientes de diversos campos y con ellas formular una crítica o una teoría que ayude a contestar las preguntas trascendentales. Otra lección que como lectores debemos extraer: la filosofía reciente es un extravío, una fantasía de las ideas como la que construye Hegel en el siglo XIX. Esto pueden pensar los lectores, que deben pensar también muchas otras cosas, hasta lo contrario de lo que se ha dicho en el presente párrafo.

La segunda parte de este breve libro trata de construir una genealogía de la palabra humanidad, echando mano de la etimología y la crítica cultural. Si bien el lector deberá descubrir estos razonamientos por sí mismo, queden las siguientes ideas como invitación a la lectura. Uno: el que vive fuera de la polis es una bestia o un dios. Esto tiene gran importancia: muchos filósofos (Mill, Nietzsche) han animado a vivir una vida singular y distinta, lo que supone poner en práctica la verdadera libertad. Ello supone apartarse de la costumbre y la comunidad. Ser libre, por lo tanto, puede convertirnos tanto en bestias como en dioses. Hay que esforzarse en ser diferente, podría sugerir Marramao. Dos: la libertad irrumpe en muchas ocasiones en lugares, situaciones y épocas en las que no habría debido darse. Quisiera añadir una tercera idea, aunque esta es de mi propia lectura (tres): el renacimiento sirve para construir un ser humano libre y total, un ser humano de muchos conocimientos. Un ser humano solitario y que por lo menos espiritualmente vive apartado.

POR UN NUEVO RENACIMIENTO
Giacomo Marramao
Traducción de Francisco Amella
Gedisa, 2022

 

Un viaje culinario por Palestina, Laila El-Haddad y Maggie Schmitt

No es un libro de cocina al uso este libro. Ya el título nos puede alertar: Las cocinas -que no la cocina- de Gaza, ese lugar que, como recuerda Raquel Martí, directora de la UNRWA en España, en su documentada Presentación, los informes de la ONU califican de inhabitable. Y, sin embargo, sí que es un libro de cocina… y mucho más. Es el fruto del trabajo de campo emprendido durante el año 2010 por las autoras Laila El-Haddad y Maggie Schmitt.

Desde el principio, optaron por las comidas caseras -patrimonio casi exclusivo de las mujeres- en lugar de la comida de restaurante, mucho más uniforme en toda la región y patrimonio casi exclusivo de los hombres.

Las mujeres que con extremada calidez y amabilidad abrieron las puertas de sus cocinas a Laila y Maggie provienen de todos los puntos de la Palestina histórica, pues Gaza, esa prisión al aire libre, fue tierra de acogida de aquellas familias que tuvieron que abandonarlo todo para no perder la vida. Primero fueron tiendas de campaña, sustituidas más tarde por construcciones precarias, que fueron creciendo a lo largo de los años de negativa israelí a acatar las resoluciones de Naciones Unidas sobre el derecho al retorno de los refugiados.

Muchas de las mujeres protagonistas de este libro, de segunda y tercera generación de refugiadas, si ese derecho se hiciera efectivo, no podrían volver a sus pueblos porque fueron destruidos por las milicias y el ejército israelí entre 1948-1949 (418, en concreto desaparecieron literalmente del mapa).

Las autoras nos revelan el misterio de cómo Um Hana, que proporciona la receta de dugga -esa mezcla de trigo, legumbres trituradas y especias, todo tostado y molido, tan nutritiva-; Um Zaher, que corta acelgas y cebollas para preparar la fogaía, un delicioso guiso de acelgas, garbanzos y arroz; Fátima Qaadan, que cocina una espléndida comida de Ramadán, y tantas otras consiguen llevar a la mesa esos manjares cotidianos…

Si bien, debido al asedio israelí, solo en contadísimas ocasiones, como mucho una vez por semana, pueden elaborar esos deliciosos platos de comida casera, ricos en verduras variadas, carnes tratadas con esmero y sazonadas con una paleta de hierbas y especias -y guindilla, mucha guindilla: esos pequeños pimientos rojos hacen furor en las cocinas gazatíes-, sin olvidar los pescados. “Si no fuera por el luminoso horizonte azul del Mediterráneo, Gaza podría parecer una mazmorra”, nos dicen las autoras. El pescado, básico en la dieta de Gaza, está presente en variadas y apetitosas recetas: hbari u ruz, chipirones con arroz tostado, saiadía, arroz marinero, kefta sardina, croquetas de sardina, saltaone mashui, cangrejos rellenos al horno… Pero, hoy en día, es casi imposible acceder a él: los barcos pesqueros no pueden salir de una zona de exclusión marcada arbitrariamente por Israel, a pocos metros de la costa. Por ello, piscicultores “de agua dulce”, como los hermanos Iyad y Ziyad se presentan a las autoras, tratan de suplir ese escaso y caro pescado de mar criando tilapia y mújol. Aunque, se lamentan nuestras cocineras, su sabor nada tiene que ver con el pescado que hizo a Gaza famosa en toda Palestina.

Pero ellas no reblan, en solitario en sus cocinas o unidas formando cooperativas, salvando todas las dificultades -agua contaminada (el 96% de las aguas del acuífero de Gaza están contaminadas), cortes de electricidad cada vez más prolongados- sostienen la vida y perpetúan la cultura.

Han pasado más de diez años de la primera edición de este libro, y las autoras, en la Introducción a la edición en castellano, lamentan el empeoramiento de la situación: la pobreza se ha enquistado, dicen, y las expectativas disminuyen. Y vuelven a asombrarse porque “mientras algunas de las circunstancias que aquí se describen han cambiado, los relatos y las tradiciones, y el infatigable buen humor que observamos a lo largo de nuestra investigación subsisten inalterados”.

Y añaden “después de diez años de pobreza en aumento en Gaza, este libro ha asumido una triste función: documentar para los propios habitantes de Gaza tradiciones culinarias que no pueden ser transmitidas a las generaciones más jóvenes sencillamente porque las familias no tienen los medios necesarios para hacerlo”.

Las recetas, las historias y las anécdotas narradas entre pucheros y sartenes se maridan en el libro con un considerable número de fotografías tomadas por las autoras, que nos guían durante ese viaje culinario por Palestina.

Las cocinas de Gaza. Un viaje culinario por Palestina
Laila El-Haddad y Maggie Schmitt
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2021.

Quizás, una de las máximas dificultades para un escritor sea la de adentrarse en la dificultad, que concentra en cada palabra su espesura, sin perder de vista cuestiones de la novela que aluden a su todo como son la estructura o la trama. Es esta dificultad (dificultad poética, expresiva, de ideas) lo que hace que el libro de Marina Closs brille de forma especial.

Dificultad, por lo tanto, entendida como la complejidad que todo gran libro debe poseer: la complejidad encubre un misterio que el lector debe desentrañar. Esto, en el fondo, no es más que la proyección de un concepto tan básico como clave de los textos literarios: hay un texto y un subtexto, algo que se ve y parece evidente y otra cosa que debe descubrirse. Esto explica el arte de la literatura, pero también es una de las razones por la cual la lectura es, sobre todo, una diversión.

Resulta estimulante leer libros como Tres truenos. Para empezar, Closs consigue expresiones de gran intensidad que obligan a detenerse en el texto y releer (“yo trataba de morderme el grito que me saltaba de los labios”, “escribir, escribía con letras muy grandes, como si estuviese siempre gritando”). Esta expresividad la consigue, además, acudiendo a un gran repertorio de figuras que pasan desapercibidos a los ojos del lector por la intensidad con que consiguen enunciarse y construirse. Metáforas, adjetivos, comparaciones… Repeticiones (tanto en la misma frase para producir efectos de extrañamiento y misterio como más repartidas en el texto para apuntalar la estructura de los monólogos) o el uso sorprendente de los infinitivos, las comas y las conjugaciones verbales.

Marina Closs

El título describe plásticamente lo que son las tres historias. Tres mujeres. Vera Pepa, la primera, pertenece a la comunidad mbyá guaraní, donde parir gemelos es símbolo de adulterio y maldición. La segunda es Demut, una alemana que, a principios del siglo XX llega a la provincia argentina de Misiones con su hermano, con el que mantiene una relación incestuosa. La tercera mujer, Adriana, es una estudiante que descubre el amor y la sexualidad en la época presente.

Las historias de Marina Closs están atravesadas por el sacrilegio, la moral fronteriza, la violencia y el placer culpable. Resulta muy interesante, también, la forma en que estas tres mujeres parecen tener que traducir en palabras sus experiencias. Esto es importante y parece caracterizar nuestra cultura: para expresar un sentimiento o una experiencia, hay que hacer el esfuerzo de verbalizarlas. La palabra no surge de forma natural y hasta se intuye que podría prescindirse de ella y substituirse por un mordisco o una canción si lo que tuviéramos entre las manos no fuera una novela. Esto, por supuesto, puede ser un gesto irónico: recurrir a las palabras al mismo tiempo que se nos transporta a un territorio que las excluye.

Pero, y esta sería la tercera opción y la que creo que más se ajusta a Tres truenos, el espacio que existe entre lo verbal y lo no verbal podría ser también el espacio donde crece lo poético: palabras en que el significado se extiende, por composición, a la interioridad invadiéndola por completo, de forma que lo dicho (¿más que lo escrito?) no podría haberse dicho de ninguna otra forma. Un camino a lo esencial. Así, llegamos a alumbrar otra característica muy llamativa de muchos creadores contemporáneos: la mezcla de géneros y lenguajes, una novela que es más narración que novela. Narración, incluso, oral, con lo que se toca otro elemento del genio estilístico de Closs: convertir un texto en un pedazo de oralidad mediante el ornamento y la figura, igual que Lope de Vega o Góngora conseguían hacer pasar por literatura oral sus estilizadas imitaciones del romancero.

Notas:

Tres truenos, Marina Closs, editorial Tránsito, 2021

Guillem Santacruz es escritor y ensayista. Ha ganado el Premio Ateneo de novela joven 2021 con La conjetura de Reiner.

Ya va siendo hora de que perdamos el miedo a la autoridad masculina que se cree por encima de cualquier razonamiento si no viene avalado por la RAE (María Martín Barranco)

Si a usted le interesa el tema del lenguaje inclusivo nada mejor que acudir, leer o escuchar a María Martín Barranco. Feminista, licenciada en Derecho, aficionada por su importancia a las palabras, los diccionarios y los medios de comunicación, lleva más de quince años trabajando como formadora en diversas áreas de los estudios de género tanto para organismos públicos como privados, ha impartido clases y ha dado conferencias en universidades españolas y mexicanas. Es autora de tres libros muy recomendables: «Ni por favor ni por favora» (2019), «Mujer tenías que ser» (2020) y el recientísimo «Punto en boca» (febrero de 2022), los tres publicados por la editorial Catarata.

Con motivo de la publicación de este último título conversamos con ella en Espacio Publico.

El lenguaje es un instrumento de poder. Puede nombrar o invisibilizar. Las mujeres somos la mitad de la población pero en el lenguaje estamos siempre dentro del género masculino. Para la Real Academia «hablar con el plural masculino no supone alguna discriminación sexista«. ¿Qué le parece esta afirmación?

La versión corta: Una sandez.

La versión larga: La RAE es tenida y se tiene por autoridad en materia lingüística, de lo que no sabe nada es de igualdad, de discriminación ni de sexismo. Pueden decir “hablar con el plural masculino es la norma” y no podemos hacer sino darles la razón (otra cosa es que obedezcamos), pero ¿Qué no supone discriminación sexista? ¿con qué argumentos lo sostienen? ¿Cuál es su conocimiento del tema? En la RAE entran profesionales de diferentes especialidades y no solo lingüistas para poder definir con propiedad acerca de lemas de muy diferentes contenidos. ¿Especialistas en sexismo, en igualdad, en género? Cero.

Al no existir un plural único a veces resulta un tanto pesado emplear constantemente el masculino y femenino. En su libro «Ni por favor ni por favora» Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado)» usted afirma que hablar sin discriminar a las mujeres puede ser un proceso ameno y creativo. ¿Cómo podemos hacerlo?

Teniendo en cuenta dónde se producen las discriminaciones para evitarlas. No se trata, como pretenden hacernos creer, de cambiar una letra por otra, o de hacer todo neutro. Se trata de tomar conciencia de los modos diversos en los que el lenguaje reproduce discriminaciones (a las mujeres continuamente, pero también a colectivos en situación tradicional de discriminación). Cuando te entrenas para ver esas discriminaciones y quieres evitarlas, cualquier persona adulta con un vocabulario medio tiene ya las herramientas lingüísticas que necesita.

Se necesita, antes de practicar con la lengua, entrenar la mirada para ver las desigualdades, también las lingüísticas. Porque se nos hace pasar la discriminación por lo natural, por la norma. Pero ni es natural ni las normas son, no ya inamovibles, ni siquiera tan rígidas como pensamos.

¿Existe en otras lenguas este mismo problema de discriminación de las mujeres en el lenguaje?

Cualquier sociedad machista tendrá formas de reflejar en el idioma que le sea propio esas desigualdad cultural. Lo que no podemos esperar es que discriminen en la misma forma que se hace en español. Por eso se pude concordar en femenino, por decir algo, y que esa lengua sea discriminatoria con las mujeres en otros aspectos. En Punto en boca pongo ejemplos del inglés, el ruso o el guajiro.

En libro «Mujer tenías que ser. La construcción de lo femenino a través del lenguaje» habla de cómo hemos sido históricamente narradas las mujeres. ¿Puede comentarnos algunos ejemplos de cómo se ha construido la imagen de lo femenino en el lenguaje, los refranes,  expresiones…?

La cultura académica y popular ha construido una narración completa del deber ser de las mujeres que ha ido cambiando con el tiempo (pues es una construcción cultural que varía) para mantener una posición inamovible de estas (porque es el eje del sistema patriarcal): subyugadas bajo el poder masculino. La forma de moverse, vestirse, estar en los espacios público o privado, dónde son bienvenida y dónde no y cómo se castigará el no acatar esos mandatos. Cómo deben verse (y cómo debemos ver) los cuerpos, los procesos biológicos y fisiológicos de las mujeres; nuestras “fallas” morales: charlatanas, mentirosas, volubles, intrigantes, pierde hombres; nuestras virtudes ideales: abnegación, sacrificio, entrega, pasividad, abstinencia… Esa imagen está idealizada (para santificar la figura de la madre como ángel del hogar y demonizar la de la mujer libre, asimilada a la prostituta, la que es de todos los hombres y por ello candidata a ser usada por ellos), subordinada a los intereses masculinos y, lo que es más importante: alejada del derecho de ser por sí misma. En el caso de las lenguas, apartadas históricamente del derecho a decidir quienes son y cómo ser nombradas, de contar sus propias historias y, lo que es más importante, desde sus propios puntos de vista y no desde el punto de vista masculino identificado con el de la sociedad (cuando solo era el de los hombres en situación de poder).

«No hay que sospechar que la doctrina se vaya a cambiar ni cabe esperar que se hagan recomendaciones sobre cambios en el lenguaje. La RAE no hace políticas legislativas, sino que simplemente explica cómo hablan la mayoría de los hablantes y recoge las normas»,  dice Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, institución que es reacia a admitir el femenino en las profesiones: pilota, por ejemplo. Generalmente se usan expresiones como «el médico y la enfermera», «el piloto y la azafata», «el jefe y la secretaria» (nunca a la inversa: «la médica y el enfermero», «la pilota y el azafato», etc.),  que reflejan una situación de subordinación profesional de las mujeres, cuando la realidad nos demuestra que hoy día hay muchas mujeres médicas, pilotas, jefas…  ¿No es esto una muestra del poder que tiene el lenguaje para mantener situaciones discriminatorias contra las mujeres?

Por supuesto que lo es. En Punto en boca Muñoz Machado y sus dislates sobre el lenguaje inclusivo tienen más de un hueco. No solo él, he de aclarar, hay más señoros de los que me gustaría, pero ya va siendo hora de que perdamos el miedo a la autoridad masculina que se cree por encima de cualquier razonamiento si no viene avalado la RAE. Porque esas afirmaciones tan rotundas unas veces se desdicen por sí mismas (porque son erróneas o directamente falsas) y otras las desdicen la Gramática (que no conocen tanto ni tan bien como deberían ocupando las posiciones académicas que ocupan).

Si la RAE no hace políticas legislativas ¿por qué hicieron por iniciativa propia un informe recomendando usar la expresión violencia doméstica en lugar de la que se anunciaba de violencia de género? ¿Por qué reconocen en el informe sobre la CE que habría que decir rey y reina, príncipe y princesa pero las mujeres sin sangre real no lo merecemos?

¿Por qué se empeñan en decirnos no uses el femenino, hacer la flexión en género es innecesario, no digas esto o lo otro? Que esperen, observen y no sean juez y parte. Si la RAE no hubiera puesto el grito en el cielo por el lenguaje inclusivo (o lo que creen que es) o solo dejaran de ridiculizarlo muchas personas no estarían en contra. No legislan, pero meten cizaña. Nos acusan de ideología y creen que su machismo no es ideología (o quieren que lo creamos, que es peor).

Las resistencias a nombrar las profesiones en femenino son ideológicas siempre. La lengua es lo suficientemente flexible para adaptarse a los usos de quienes la hablamos.

Vemos aún cartas iracundas a los periódicos o partidos que se niegan a decir “presidenta” una palabra admitida por la RAE no ayer por la mañana por presiones feministas (como dicen por ahí) sino por el diccionario académico en el siglo XIX.

Uno de los argumentos empleados por la RAE y por quienes se oponen al lenguaje inclusivo es la «economía del lenguaje». En su último libro, «Punto en boca», usted afirma que el lenguaje inclusivo no solo nos permite precisar, sino también economizar, si de ahorrar palabras se trata. ¿Puede ponernos algún ejemplo?

No es que se trate de eso, porque no se trata de economizar, esto no es un mercado de las palabras, aunque hace poco un académico dijera justo eso “mercado de las palabras”. Lo que trataba de demostrar en el libro es que usar un lenguaje que no discrimine a las mujeres no es, necesariamente largo o farragoso. Casi cualquier frase discriminatoria puede hacerse no sexista, o puede hacerse inclusiva, con menos palabras, menos letras, menos caracteres (si me apuras, ahora que son tan importantes en las redes sociales). Si no se hace es porque no se sabe o porque no se quiere. El primer problema tiene una solución más fácil que el segundo porque quien no quiere, no quiere. Pero que digan “no quiero” y se dejen de excusas.

Por último, ¿qué parte de responsabilidad tienen los medios de comunicación en el uso del lenguaje que discrimina a las mujeres?

Tanta como espacio ocupan en nuestras vidas y, cada vez, ese espacio es más y más grande. El caudal de información que consumimos (uso este verbo consciente de lo que digo) es enorme incluso cuando intentamos ponerle filtros. Sin ellos, en sociedades capitalistas, es imposible avanzar.

“Las palabras enseñan, los ejemplos arrastran” (Dicho latino).

“Si las elites traicionan, las sociedades fracasan” (Albert Camus, 1950).

“El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Pascal, matemático francés y teólogo. Siclo XVII).

“Si una mentira se repite constantemente, acaba por convertirse en verdad” (Goebbels).

La lectura del libro del profesor Tamayo me ha abierto todo un mundo de interrogantes.

En principio solo veo actitudes no compasivas e inmisericordes:

Actitud de la Conferencia Episcopal Española, incapaz de visitar durante años, a los niños de la Cañada Real.

Oigo, en un programa de televisión la voz inmisericorde de un cocinero: “¡Concursantes, quedan cinco minutos!” Una concursante derrotada se quitó posteriormente la vida (¿)

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” (José Ortega). Hemos heredado las circunstancias de millones de años de historia anterior. Tenemos que conocerlas para actuar, cambiando continuamente para seguir “haciendo camino”.

Por mi formación y profesión científico técnica he tenido que estudiar geotecnia y geología para poder cimentar “sobre roca” o terreno firme. Los arqueólogos profundizan mucho más en la historia al quitar la roña de siglos nos descubren tesoros antiguos que relucen al sol.

Los paleontólogos, como Arsuaga, nos descubren muchos más tesoros. Creo que era un poeta el que afirmaba que la Verdad era como una joven pudorosa que gustaba de esconderse y que había que descubrirla. Cuando Poncio Pilatos pregunta a Jesús: “¿Qué es la Verdad?” Éste no contesta, sus silencios son muy elocuentes.

En los campos de lo infinitamente pequeño, mecánica cuántica, el ser es reemplazado por la probabilidad de existir, o de lo infinitamente grande el Universo creciendo y muriendo la mente se nubla y solamente unos privilegiados son capaces de vislumbrar lo maravilloso.

Si nos adentramos en el cerebro humano estamos en pañales todavía.

El ansia de saber y conocer es innata y no se sacia nunca “Si no os hacéis como niños…”. Mateo, el apóstol, nos recuerda posteriormente: “Cualquier pecado será perdonado menos el pecado contra el Espíritu”.

En un principio y para “educar” las religiones primitivas han empleado el soborno, premiando al sumiso, y el miedo al castigo, expulsión del paraíso, castigando al díscolo. El proceso continúa. Nuestros antepasados expulsaron a judíos y moriscos, que se llevaron consigo los conocimientos matemáticos filosóficos, médicos… Dejaron una península yerma y estéril, dominada por la incuria y el miedo a la Inquisición.

Posteriormente fuimos una especie de apéndice del Primer Reich o Sacro Imperio Romano Germánico, fundado por Carlomagno, y al que perteneció Carlos V: «Entre septiembre de 1547 y junio de 1548 Carlos celebró en Augsburgo el «Reichstag acorazado» (Geharnischte Reichstag) tutelado por una fuerte presencia militar» (desde «El Sacro Imperio Romano Germánico: Mil años de historia de Europa (Otros títulos)» de Peter H. Wilson, Javier Romero Muñoz).

Las guerras de religión asolaron Europa. Los judíos fueron tanto tolerados como perseguidos en otras ocasiones. Las Españas (denominación de los Austrias al conglomerado de pueblos de la Península), se desangraron en aventuras ajenas. El oro traído de América no cubría los gastos guerreros. Estábamos en manos de prestamistas y banqueros.

Un inciso sobre nuestra actuación en el Nuevo Mundo, los historiadores se dividen en antiespañoles, partidarios de la Leyenda Negra y los contrarios. Charles Darwin, en “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, nos narra, sin juzgar, lo que ve en su viaje en el Beagle al mando del aristócrata Robert FitzRoy. Ambos eran gente de orden.

Es la crónica de una travesía dando testimonio de la aniquilación bestial de tribus indígenas y de las torturas a los esclavos. Darwin, hombre de su tiempo, les considera inferiores pero nos narra sus matanzas sistemáticas por el argentino general Rosas, dictador posterior de su país.

El filósofo protofascista, FiedrichNietsche, propone, en el siglo XIX, el ideal del superhombre capaz de escapar de todas y cada una de las cadenas que atrapan a los hombres normales. El superhombre es el ideal, para él todo es lícito: saltarse todas las reglas, no tiene freno y quiere acabar con todos nosotros.

Para “los divinos” (hospital Puerta de Hierro, “Calle M-30”, tenistas, presidentes de clubs de fútbol, presidentes de bancos, de eléctricas, de televisiones, futbolistas…) todo está permitido, no hay límites para su poder.

Por otra parte, nace la psicología con Freud, que considera al hombre como un haz de instintos que hay dominar. Tiene una visión pesimista del ser humano al llegar a su consulta solamente enfermos patológicos.

Con el tiempo surge la psicología conductista, representada principalmente, por Skinner. Nos considera robots sometidos a estímulos (s) a los que correspondemos con respuestas (r), como los célebres perros de Pavlov o las ratas de laboratorio sometidas a descargas eléctricas.

Finalmente surge la psicología humanista de Maslow y Rogers que estudian las circunstancias en las que se han desarrollado las personas que han alcanzado “experiencias cumbre”.

Mucha ciencia pierde su autonomía para sobrevivir.

Los métodos “goebbelianos” actuales han suplantado al pensamiento y a los sentimientos. El humanismo primitivo ha sido sustituido, lenta y silenciosamente, por la lucha sin cuartel entre los humanos. Se fomenta, subliminalmente, la competencia, en busca de la “excelencia” de la “optimización de resultados”. Lo importante es ganar a cualquier precio para conseguir el ansiado premio ya sea deportivo o de cocina.  El que no lo consigue será excluido del paraíso del consumo y relegado a los bajos fondos separados por muros tanto invisibles como visibles. Los concursos televisivos, reality shows, no tienen otra razón de ser que producir un lavado de cerebro, lo importante es derrotar al adversario. “Comunicadores” de poca monta y sin escrúpulos dirigen el cotarro: se convierten en flautistas de Hamelin que nos conducen, ciegos, tontos y sordos a la felicidad.

Los “influencers” y psicólogos del sistema han encontrado la clave: “piensa en positivo”, es decir no existas, no pienses, adáptate…

Existen muchas ONGs y Fundaciones que pretenden transmitir caridad, buenos sentimientos, misericordia… Casi todas tienen sus Patronatos, encargados de que no se desvíen del “camino correcto”. Consiguen apoyos financieros con tal de que no se investiguen las causas que producen el Cambio Climático, sequías, ciclones, huracanes, emigraciones masivas de pueblos empobrecidos huyendo de hambrunas, guerras y persecuciones.

¿Quién soy yo para juzgar a los miembros de esas organizaciones? No puedo ver en su interior. Si no se atreven a “salvar la circunstancia” y analizar las raíces profundas del empobrecimiento será por algo, tampoco yo soy un héroe.

Agradezco a Tamayo la mención que hace del teólogo posconciliar José María González Ruiz, su pequeño libro “Creer es comprometerse” me despertó. En él figura lo que llama el autor “parábola de los ateos”. En el Juicio Final llama el Padre a su derecha porque le dieron de comer o de beber cuando tuve hambre o sed ¿Cuándo, Señor, hicimos eso? Cuando se lo hicisteis a uno de mis pequeñuelos lo hicisteis conmigo.

El compromiso con el compañero es otro concepto barrido por la inconsistencia en las relaciones humanas en el trabajo, que, como dice Bauman, se han vuelto líquidas y terminan conduciendo a la soledad más inhumana.

Tamayo ha sido perseguido, pero sigue, valiente, encabezando la batalla entre la Autonomía de la Razón Humana y su guerra sin fin contra su domesticación por el poder.

Notas:

Francisco Altemir: Dr. Ingeniero de Caminos.

Una novela que nos habla de la muerte para reivindicar la vida

Guillem Santacruz es poeta y novelista. También es colaborador de este Espacio Público donde escribe artículos y reseñas sobre ensayos y novelas.

Convencido de que la palabra, el conocimiento y la literatura son dos extraordinarias herramientas para hacer más bella la vida, de sus artículos suelen formar parte la historia, la ciencia, la poesía y la filosofía. Y todas estas disciplinas están también presentes en su novela La conjetura de Reiner, que ha obtenido el premio Ateneo Joven de Sevilla de novela (Editorial Algaida, 2021).

Reiner es un viejo profesor que ejerce una fuerte fascinación entre algunos de sus alumnos. Obsesionado hasta la locura por descubrir la fecha de nuestra muerte, cuando está moribundo y ve cercano su fin convoca a Boris Keller, uno de sus alumnos más próximos, para que se haga cargo de esta investigación. Boris, protagonista y narrador de la historia nos adentra en un mundo en el que se mezclan historia, filosofía y ciencia a través de un recorrido por el tiempo y las ideas en una Europa que desde 1914 ha vivido los más terribles y contrapuestos acontecimientos: desde terribles guerras y matanzas hasta los valores de tolerancia y democracia instaurados tras la Segunda Guerra Mundial. Una historia que proclama que tras el horror de la muerte y la violencia nacen los ideales más nobles de los seres humanos.

Boris, que a su vez está embebido en el estudio del problema del Pseudo Pitágoras, se apoyará en sus recuerdos para tratar de descifrar el problema matemático planteado por su maestro. Y a lo largo de la narración iremos conociendo a los personajes que construyen esta novela; mujeres como Berta, Gabriela, Victoria; y hombres como Florín, Franz o el propio Reiner, son los protagonistas de una historia compleja, exigente, escrita no para complacer gratuitamente al lector sino para proclamar la necesidad de la palabra, del amor y del conocimiento como valores supremos de la civilización.

En la presentación de su libro, Guillem Santacruz decía: “He querido hacer una defensa de la poesía, del lenguaje, de la literatura como método de conocimiento, […] La ciencia igual que la poesía tiene un componente mágico. La ciencia actual no es la del siglo XIX, en la que estaba todo reglado, En la ciencia hay campos de misterio que no vamos a conocer nunca. Y es ahí donde la literatura puede tener un papel.”

Guillem Santacruz. © Ana Daganzo

Esperamos y deseamos que esta meritoria novela sea el principio de una larga y exitosa carrera literaria de este joven autor.

Una novela que estremece

Alaíde Ventura Medina es una escritora y antropóloga mexicana. Ha publicado dos novelas: “Como caracol” que ganó el Premio Gran Angular (2018) y “Entre los rotos” (Premio Mauricio Achar 2019).

La editorial Tránsito ha publicado hace unos días en España, en una estupenda edición, “Entre los rotos”, un libro que estremece y conmueve desde la primera página. Con este motivo en Espacio Público conversamos con Alaíde Ventura.

Dos novelas, dos premios. Hay que darle la enhorabuena, tiene usted una estupenda carrera literaria. En “Como Caracol” la protagonista indaga en las relaciones familiares entre su madre y su abuela, tres generaciones de mujeres en las que hay secretos, enfermedad, tristeza y también ternura. En esta nueva novela, “Entre los rotos”, usted narra una historia familiar en la que está presente de principio a fin la violencia patriarcal. ¿Por qué le interesa tanto la familia como tema central de sus novelas?

En origen, la familia no era el tema central. En mi caso las historias salen solitas, las voces me empiezan a hablar, pero la familia palpita debajo, como subterránea. Supongo que es porque es lo que más conozco. No tengo mucha imaginación. Lo que hago más bien es reacomodar las piezas del entorno en esta especie de autoficción o de ficcionalización de la propia experiencia. Será por eso, no hay escape a los patrones mentales. Yo tiendo a caer en las repeticiones y esto se nota en el mundo real pero también en mi literatura.

La lectura de “Entre los rotos” te estremece desde la primera página. La primera guerra a veces es la casa. La primera patria perdida, la familia”. Usted cuenta una experiencia familiar muy dura, de una violencia tapada, que apenas vemos, pero que por desgracia está muy extendida: la violencia patriarcal contra niñas y niños. Y lo cuenta de una manera muy realista, ¿hay algo autobiográfico en su novela?

Yo no escribo autobiografías, yo tomo prestada mi voz para narrar historias posibles, pero no necesariamente relato hechos comprobables. No tengo mucha imaginación, entonces me da más por la especulación, en el sentido aristotélico de reflejar el mundo no como fue sino como pudo o debiera haber sido. Me acuerdo que a Betty Smith, la autora de “Un árbol crece en Brooklyn” le preguntaban si así había sido su infancia. Y ella contestaba que no, que ella narraba su infancia como debía haber sido. Entonces, yo me pongo en hipotéticos, en imaginarios hipotéticos: ¿cómo habrá sido para mí vivir una historia así? Hay muchos pasajes muy parecidos a mi vida, las atmósferas, algunas relaciones familiares, algunos personajes; y sobre todo eso que te digo, mi voz, es ¿cómo habría reaccionado yo? pero no diría que es mi vida o que estoy contando crónica. Y sobre si yo he sido víctima de violencia, eso es muy extraliterario, yo me atengo contestar sobre lo que hay en el interior del texto, sí diría que en mi generación por lo menos en este momento no hay nadie que se libre. Por desgracia no hay nadie que esté exenta de haber sufrido violencia. Los femicidios y la violencia machista que va de lo micro a lo macro, desde el abuso verbal a la violación y el femicidio. Eso ocurre todos los días. En ese sentido sí, he sido víctima de violencia. Hay literatura que sí nace como denuncia y yo la admiro también. Cada escritora tiene sus propios objetivos y el efecto que busca encontrar en las lectoras. Pero mi caso no era denunciar, era narrar, nada más narrar.

En su novela, que transcurre en Veracruz (México) también la madre es víctima de la violencia que ejerce su marido contra ella. En México asesinan a mujeres, también niñas, todos los días. ¿Cree que la sociedad ha normalizado esta violencia?

Más bien siempre la hemos tenido normalizada. Lo que pasa es que desde un tiempo para acá se ve: las voces femeninas, las escritoras han comenzado a contar historias que vienen desde el interior de cuatro paredes en donde suceden horrores peores que en la calle. Eso, pues, ha ayudado a visibilizar. Pero por desgracia, normalizada siempre ha estado. Y justo es lo que nos tiene con estos indicios tan altos.

El libro comienza cuando la protagonista encuentra la colección de fotos de su hermano Julián, menor que ella. Fotografías que no reflejan momentos especialmente felices. ¿Por qué cree que las guardó el hermano, que siempre era el objeto principal de la brutalidad de su padre? ¿Es necesario recordar, no olvidar? ¿Ayuda a curarse la memoria?

Justo esa es la gran pregunta del libro: ¿por qué Julián ha conservado las fotografías? Ese es el detonador narrativo ¿por qué? Pues no sé, hay muchas razones. Yo que me apoyo mucho en la búsqueda de mis mapas mentales, uno de los patrones; a veces no damos con un motivo o una razón, simplemente un mecanismo, cómo sucede es a veces más importante que por qué sucede. Nos volvemos locas buscando explicaciones causales como si las personas fuéramos acción-reacción cuando en realidad somos algo muchísimo más complejo. ¿Por qué las ha conservado? Pues no sé, por la misma razón por la que a veces no logramos salir de patrones destructivos, también porque forman parte de tu historia. Se necesita lo oscuro para conservar también la luz, yo creo que es de los jedis.

Alaíde Ventura Medina. © Sergio Hernández Vega

5. Su prosa es muy personal. Impacta. Los recuerdos de la protagonista nos llegan como trallazos:

La culpa: Recuerdo también las palabras de mi hermano al bajarnos del autobús. La idea maldita que ya nunca había de abandonarlo se enraizó esa tarde en su corazón de niño de ocho años: Todo esto es culpa mía”.

“El silencio: Solamente quien ha vivido con una persona silenciosa entiende de qué manera el silencio puede llenar los espacios, apropiarse de ellos. El silencio de mi hermano invadía todo. Nos dejaba a los demás sin posibilidad de movimiento”.

«Quisiera leer este gesto como una confesión cobarde de que mi existencia también fue de algún modo parte de él mismo. Su rostro un día fue mi espejo. ¿Habrá sido el mío, también, el suyo? Una imagen rota, cada pedazo un yo distinto. Un arma posible. Los vidrios con los que hacerse daño«.

El hermano es el eje principal de su libro. ¿Es este libro un homenaje a su memoria?

No, no es un homenaje. Como contesté en la primera pregunta, no es un libro biográfico, es un libro de voz, así como  está narrado a la manera de un Memoir para construir verosimilitud pero no es mi vida, no lo es. Por eso el libro está dedicado a mi hermano, que está vivo, contento y feliz. Esto para evitar malentendidos. Quizás sea un homenaje a los rotos, a personas que han pasado por procesos similares, ya sea del lado de Julián o del lado de la hermana, o también de la mamá. O también, por qué no, todos hemos sido un poco el papá a veces. Es un homenaje a esos fantasmas que tenemos adentro, pero que son arquetípicos, no necesariamente gente de carne y hueso.

Estremece lo que cuenta de la madre: La espalda de mamá era una constelación siniestra. Cicatrices de varios colores y en distintos relieves. Pinté con yodo un mensaje sobre su piel. Alguna clase de grito sofocado. Igual que el llanto que brotaba de mis ojos algunas noches, sin motivo aparente. Cicatriz: recordatorio. Mamá. Sin embargo, durante su infancia la protagonista no se sintió tan unida a su madre: Mamá era un refugio para los desafortunados. ¿Cómo ve ahora al personaje de la madre?

Al personaje de la madre, desde la distancia le tengo mucha compasión porque le toca una parte muy dura de la historia y sus mecanismos son cortos. No encuentra herramientas y pobre, ¿no? Pero también lleva un poco de responsabilidad porque su mutismo y su hermetismo afectan a otros también.

La protagonista con su padre tuvo una relación muy difícil, La normalidad es esta memoria hecha de fragmentos irrecuperables, dice. De niña tuvo una relación ambivalente. De mayor fantasea con que ha muerto en las más variadas circunstancias y con que es capaz de sentir arrepentimiento. ¿Cree que el personaje del padre llega arrepentirse, a tener conciencia de su brutal conducta?

No creo poder inventar nada de lo que ya está en el libro. Depende de la interpretación de cada lectora. A mí como lectora, pues porque una vez que el libro anda en el mundo ya no me pertenece a mí, también puedo verlo a la distancia. Yo diría que no, habría sido bueno pero no.

En el libro también a aparecen personajes entrañables, como la abuela, Ana (la amiga) o Hugo, el gatito. ¿Hay lugar para la esperanza? ¿Hay lugar para el amor?

Qué bueno que me preguntas esto porque para mí era muy importante darles a mis personajes que lo están pasando tan mal, darles un poco de sosiego, un oasis, un remanso de esperanza. Para mí esos son los personajes más luminosos. Como bien dices, los animales, pero también la abuela y Ana, porque no puede ser todo funesto, nos volveríamos locos. No habría historia. Tiene que haber claroscuros y ambigüedades.

Por último, ¿Cree que su novela, como otras obras de otras autoras influirá para que la sociedad tome conciencia de la brutalidad de la violencia machista, la violencia contra niñas y niños?

No sé si ayudé a tomar conciencia, pero si ayudo a sacudirnos a que las lectoras encuentren algo, ya sea un espejo oscuro doloroso o un remanso, o algo, por lo menos la sensación de no estar solas, de compartir una historia, compartir generacionalmente un pasado aunque sea violento, aunque sea así tan gris. Yo me doy por bien servida con eso. No creo que sea el lugar de mi historia concienciar. Para eso hay otro tipo de escritura. Pero, claro, si funciona pues ¿qué mejor? Pero no era la intención original. Pero es un extra muy bien recibido también.

Muchas gracias, y enhorabuena por este libro.

Valencia, nuestras calles y nuestras plazas por Joan Olmos Lloréns

Nada grande se ha hecho sin pasión” (Hegel)

La frase hegeliana es lo primero que se me ocurre al intentar glosar el libro de Joan Olmos Lloréns que ha dedicado toda su vida a pensar, escribir y enseñar urbanismo y que, ya jubilado, nos hace este regalo dedicado a su amada ciudad de Valencia, por la que sigue luchando en contra de la codicia, ignorancia y corrupción del poderoso caballero, D. Dinero.

Joan Olmos es un ingeniero de mente y corazón: “Imposible parece que un facultativo de corazón que no tiemble al trazar las primeras líneas del plano de una ciudad cuando debe saber que esas líneas deciden el porvenir material y humano de un sinnúmero de familias” (Ildefonso Cerdá).

Para un castellano de la meseta es muy difícil glosar un libro sobre una ciudad mediterránea basado en vivencias. No obstante, trataré con empeño extraer de ellas algo universal que presiento en ellas.

Joan nos transmite sus sentimientos por medio de fotos, de planos y de la historia de Valencia, me recuerda a mi abuela materna, valenciana, cuando me contaba que la comitiva de una boda que transitaba por el cauce del Turia fue arrastrada por una riada.

¿Existe actualmente el Espacio Público en nuestras ciudades? Nos pregunta el autor. Contesta, a priori, que no cuando habla de “reconquista”. ¿Saben las generaciones actuales en qué consiste el Espacio Público?

Tenemos que volver la vista atrás, a los clásicos griegos y romanos para saber cómo nacieron la polis, la civitas y la urbs. La urbanización ha desplazado a la ciudadanía, deshumanizándola y despolitizándola. El poder hegemónico del mercado y de las inmobiliarias ha fomentado el aislamiento (isla) y la fragmentación social. Refiriéndome a Madrid recuerdo los PAU (Plan de Actuación Urbanística). Primero se construye la urbanización, con todos los servicios requeridos (desde las calles al wi-fi, pasando por el agua potable, alcantarillado, iluminación…). Para combatir el miedo e inseguridad ciudadana (posiblemente amplificados), se construyen manzanas amuralladas, con entrada vigilada y toda clase de servicios comunes interiores: piscinas, gimnasios, pistas deportivas, jardines…

En principio los ingenieros de caminos, herederos de los pontífices romanos, son constructores de puentes y carreteras que sirven para unir poblaciones y personas, pero no murallas excluyentes (los muros no nos son ajenos pues son elementos auxiliares e imprescindibles en la construcción de caminos y puentes). Este sistema nos retrotrae a la Edad Media, retroceso de la ciudadanía a épocas dominadas por el miedo, tratando de protegerse mediante murallas y castillos. Los “señores actuales”, el “mercado y el capital” están venciendo a la Razón tanto Intelectual como Cordial (Adela Cortina, valenciana de pro). Es necesario reconquistar la ciudad en su acepción humana de Polis y de Civitas. Lo “actual y moderno” nos lleva a la deshumanización, segregación, fragmentación y desigualdad social, aislamiento, ceguera e ignorancia…Imitando a Kant me atrevería a decir que: El problema del restablecimiento de la civitas y la polis tiene solución, incluso para un pueblo de demonios con tal de que tengan entendimiento y no estén cegados por la necedad, la codicia, el individualismo y el miedo al otro, al diferente…

Notas:

*Francisco Altemir, Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos 

Una voz desde el exilio

Cuarenta años de dictadura franquista prohibieron, escondieron e invisibilizaron las obras creadas por mujeres y hombres que tuvieron que salir de España por oponerse al golpe de Estado contra la República. De esta manera fueron condenados al olvido numerosos libros, muchos de los cuales todavía hoy no conocemos. Son los libros que no se sometieron al pensamiento único, monocolor, al que obligaba la dictadura.

Afortunadamente, desde hace unos años hay editoriales que están trabajando por recuperar la memoria colectiva y rescatar una obra cultural que merece ser conocida. Una de estas editoriales es Renacimiento, que recientemente ha publicado en un solo tomo, con prólogo de Soledad Fox Maura, las obras Tiempo de llorar, Voz de nadie, Cuaderno de Apuntes y el guion cinematográfico En el balcón vacío, obras literarias de María Luisa Elío, una de las voces más significativas del exilio español en México.

María Luisa Elío nació en Pamplona en 1926 y falleció en Ciudad de México en 2009. Hija de un abogado, en 1936 tuvo que abandonar España junto con su familia, tras el golpe de Estado de Franco, y exiliarse primero en Francia y posteriormente en México. Escritora y actriz, ella y su marido, el poeta, cineasta y publicista Jomí Garcia Ascot, se rodearon en México de las personalidades intelectuales más conocidas de la época: Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Ramón Xirau, Emilio García Riera, Alejo Carpentier, Susana Noriega, Fina García Marruz…, y Gabriel García Márquez, que les dedicó a ella y a su marido Cien años de soledad.

Su exilio, el abandono obligado de su hogar siendo una niña, son los temas que marcaron su vida y están presentes en toda su obra. También el dolor y el sufrimiento que vivió de cerca en su madre enferma. “No quiero contar nada de eso, en verdad no quiero, no contaré nada. Pero aunque no lo cuente yo sé que lo sé. Sé que sé, ¿cómo puedo hacer para no saber que sé? Dios mío, si hubiera podido no saber, si pudiera morirme sin saber que he sabido”, confiesa en Voz de nadie.

En 1970 regresó a Pamplona con su hijo (pequeño). Y ese regreso, tema principal de la mayor parte de su obra, es lo que la lleva a explorar el abandono, la profunda herida provocada por el destierro, la búsqueda de esa niña que se vio obligada a dejarlo todo para viajar a una tierra desconocida. El reencuentro con un pasado que ya no existe le llevan a exclamar: “Me habían quitado el pasado, ahora me quitaban el recuerdo del pasado, del que yo hacía el presente, y sin tener ninguno de los dos me era imposible pensar en el futuro. ¿Cómo puede haber un futuro sin pasado ni presente? No había nada. Había que comenzar una historia sin historia; con una presencia, que era mi hijo, y con una ausencia total, que era yo.” Sus recuerdos transmiten desgarro y emotividad, son un relato extensible a todas esas personas que vivieron el trauma de la guerra y se vieron obligadas a exiliarse. Unas con más contactos y medios (como en el caso de María Luisa y su familia), otras con mucha menos suerte ya que carecían de todo. “En España habíamos pasado frío, hambre y miedo; lo que más recuerdo es el frío, no sé por qué […] como si el frío fuera la guerra”, confiesa.

El recuerdo de un preso “rojo” que mantiene vívido desde niña le lleva a visitar la prisión donde estaba encarcelado para descubrir que ya no existía y que “su” preso había sido fusilado y enterrado en una fosa común. “Cogí una pequeña margarita y la puse sobre lo que era, sin duda alguna, la fosa común de tierra non sancta” en la que se supone estaba enterrado.

Tiempo de llorar y Cuaderno de apuntes habían sido publicadas con anterioridad en México, y en 2002 la editorial Turner publicó ambas obras en un solo volumen. El guion cinematográfico En el balcón vacío (1961) es la primera vez que es publicado, aunque sí fue estrenada la película, que fue dirigida por su entonces marido en la que María Luisa Elío interviene como guionista y actriz, y es la primera película realizada en México por el exilio español.

Ahora, estos tres textos, junto con Voz de nadie, forman parte de este volumen dentro de la biblioteca de grandes escritoras del siglo XX de la editorial Renacimiento.

Desarraigo y memoria en un rincón de la España sumergida (Virginia Mendoza Benavente)

En los años sesenta del siglo pasado el tramo final del río Guadalope fue mutilado para dar lugar a un gran embalse, el de Mequinenza, que anegó 3.500 huertas y provocó la desaparición de Cauvaca, una pequeña población cercana a Caspe (Aragón) según cuenta el libro “Cauvaca. El paraíso perdido” de Alfredo Grañer, perteneciente a la colección Tedero de la Asociación de Amigos del Castillo del Compromiso de Caspe, referido en su blog por Dragón Chorche.

Ahora, ha retomado el relato de esta historia la escritora “perioantropodista” Virginia Mendoza Benavente –autora de ¿Quién te cerrará los ojos? Historias de soledad y arraigo en la España rural (Libros del KO, 2017) y Heridas del viento, crónicas armenias (La Línea del Horizonte, 2018)– en Detendrán mi río. Desarraigo y memoria en un rincón de la España sumergida (libros del KO, 2021). Y lo hace con su personalísimo estilo, que impregna de magia literaria la realidad que cuenta.

Personajes inolvidables, reales, y en especial Mercedes, rememoran con nostalgia desde el presente lo que fue su infancia en una tierra de huertas y agua. Una tierra llena de vida y contacto con la naturaleza. Una tierra en la que hay pobreza habitada por personas llenas de dignidad. Un mundo en el que María, una campesina ve morir a varios de sus hijos, uno detrás de otro, mientras pare también uno tras otro. Ciega después de tantos partos, conoce “ve” por primera vez el mar de la mano de su marido. El agua, siempre presente, el agua del río en el que Mercedes aprendió a nadar y que fue el escenario de su infancia y adolescencia. Una niña capaz de cazar serpientes y hacerse con la piel de una de ellas un cinturón que podía predecir la lluvia.

Otros personajes, sobre los que la autora ha investigado y otros a los que la autora ha entrevistado y ha rescatado del olvido forman también parte de este bellísimo relato. Un ingeniero estadounidense especialista en embalses que embarca en el último y trágico viaje del Lusitania. Un niño que quiere ser ingeniero y será años después uno de los encargados de la construcción de la presa. Las maestras, los campesinos, los soldados…

Y la guerra, la terrible guerra de 1936 provocada por las fueras del general Franco, que años después se dedicará a promover nuevos embalses: “Queda inaugurado este pantano”, quedará ya como recuerdo del Caudillo de España “por la gracia de Dios”.  

Virginia Mendoza Benavente

“Se caían las estrellas del cielo y los hombres se reunían y decían: ‘Va a haber guerra, que se caen las estrellas’. Yo veía que se caían, se desprendían del cielo, pero yo no sabía ni lo que era una guerra cuando lo decían.” Recuerda Mercedes de su vivencia cuando la guerra llegó a Cauvaca. Señales que anuncian años de miedo, miseria, tristeza, lo mismo que se vivía en el resto de España.

Es también el recuerdo de los trabajadores de las empresas hidroeléctricas, que no arraigan, que siempre están de paso mientras se mantiene la dura tarea de acabar con pueblos y de enviar a la migración a sus habitantes.

Un relato que cuenta una realidad y parece una fábula. Un libro necesario para mantener viva la memoria de lo que un día fueron tierras llenas de vida.

Un libro para disfrutar leyendo. Una lectura muy recomendable.

Este verano una muy buena amiga me ha regalado el libro Hamnet de Maggie O’Farrell, traducción de Concha Cardeñoso, edición Libros de Asteroide. Lo leí de un tirón. Ha sido considerado el libro del año con 15.000 ejemplares vendidos. Recibió el Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro (National Book Critics Circle Award) y el Premio de Ficción Femenina de Reino Unido (The Women’s Prize for Fiction).

Hace tiempo que tengo pendiente hacer una reseña del libro, pero en estos días otoñales, me he recordado de los paisajes lluviosos ingleses descritos por la autora y decidí ponerme con ello.  

La escritura del libro es impresionante, ¿con qué adjetivos la podríamos definir? Extraordinaria, fluida, expresiva, con descripciones precisas de los paisajes del siglo XVI, que retratan acertadamente las diferencias entre la vida rural y la vida urbana, destacando las maravillas y las desilusiones de vivir en el campo o en la ciudad; aunque la revolución industrial llegaría muchos siglos después, estos contrastes ya se empezaban a delinear en el contexto histórico en que está ambientada la obra.

Como se nota en este párrafo, en que se describen las percepciones de Agnes cuando muda a la ciudad: En vez de ser una unidad en la que varias generaciones trabajan juntas cuidando a los animales, la tierra y la casa, en Henley Street la estructura es otra: están los padres, después los hijos, luego la hija, después los cerdos de la pocilga y las gallinas del gallinero, a continuación, el aprendiz y, al final de todo, las criadas. Cree que su lugar, como nuera reciente es ambiguo entre el aprendiz y las gallinas. (p. 135).

En estas líneas, la protagonista traslada también la representación de la estructura patriarcal que se percibe de forma más clara en la zona urbana. Ojo, que no quiere decir que no haya una estructura patriarcal parecida en la zona rural, solo que en la ciudad se organiza de forma diferente, recalcando quizás la jerarquía patriarcal y socio-económica del ámbito doméstico.

La vida de la familia Shakespeare en un cuadro del siglo 19.

El libro narra la historia de la esposa del escritor, dramaturgo, poeta y conocido por ser el grande fundador de la lengua inglesa, William Shakespeare. Un genio de su época, en su obra trata de los tormentos, angustias, envidias, de la ganancia del poder, pero también aborda las diferencias entre la clase aristocrática y la plebe, del amor que termina en tragedia. Es un autor que retrae el ser humano en el siglo XVI con todas las contradicciones, ambiciones, desgracias y bellezas.

El libro se centra en la que fue supuestamente la pareja de Shakespeare, Agnes. En la obra los hechos reales se mezclan con la ficción. La protagonista es una mujer peculiar que vive en la zona rural de un pequeño pueblo de Inglaterra, en Stratford. Agnes tiene una fuerte vinculación con la naturaleza, que es motivo de extrañamiento y cotilleo en el pueblo. Su conocimiento sobre las plantas y sus características medicinales y curadoras es excepcional. Después de un primer momento de desconfianza, las personas acuden a ella buscando sanación.

Se retrata, por lo tanto, esa vinculación fuerte con la naturaleza, que en algunas ocasiones recuerda al realismo mágico, que mezcla elementos cotidianos con algo fuera de lo común o extraño.

Además, la novela trata especialmente del dolor de perder a un hijo y como esta pérdida afecta a la pareja y a la vida cotidiana de toda la familia. Al principio parece que será la hija la que no tendrá condiciones de vivir, la peste la ha afectado gravemente. Sin embargo, es el niño, que “intercambia” su vida por la de la hermana, y padece irremediablemente de la “muerte negra”, que había llegado hasta Inglaterra a través de las embarcaciones venecianas. El nido vacío que deja la pérdida de un hijo es retratado en la novela con mucha maestría. El dolor que sufren la madre y el padre, la dificultad de seguir la vida sin el hijo, una pérdida de este tipo les persigue por toda la vida. Shakespeare supuestamente acaba escribiendo Hamlet, en homenaje a su hijo:

Me muero […]
Vive tú; […]
Reserva con dolor tu aliento
Para contar mi historia".
(Hamlet, Acto V, escena III).

Es una delicia de libro, en que el lector y la lectora tiene la oportunidad de reflexionar sobre muchos temas, entre ellos, las relaciones de pareja, la sociedad del siglo XVI, la vida del campo y de la ciudad, las estructuras patriarcales, el realismo mágico, la condición de la mujer en este contexto histórico. Recomiendo la lectura.     

Extrañamente, algunas generaciones parecen en su conjunto mejor dotadas que otras y, en consecuencia, construyen una obra de un impacto que resuena durante siglos. No es cierto que todas las generaciones sean iguales en talento y producción. Por eso, los grandes poetas del siglo XX parecen haber compartido marco temporal: Cavafis, Machado, Pessoa, Lorca, J. V. Foix. Listas similares a esta podrían escribirse en relación con los poetas franceses de finales del XIX o los novelistas norteamericanos de la segunda mitad del pasado siglo. La generación de Jena, la generación de oro de la filosofía alemana, entra también en esta categoría.

Peter Neumann con La república de los espíritus libres (Tusquets, 2021) ha escrito un libro sobre ese grupo de escritores, académicos, poetas, filósofos y traductores que durante unos años formaron una comunidad intelectual inigualable en una pequeña ciudad universitaria de calles estrechas y oscuras bajo el auspicio de figuras tan relevantes como Goethe o Schiller, del que abiertamente se mofaban. Durante el día, en la misma casa, trabajaba cada cual en su propia obra y por la noche se reunían para cenar, conversar y discutir ideas. También compartían cotilleos, jugaban a las cartas y se calentaban con el fuego.

Los nombres son conocidos por todos: Novalis, Friedrich y Carolina Schelling, Hegel, Holderlin, los hermanos Wilhelm y Fritz Schlegel, Dorothea y Ludwig Tieck. Excitados por la herencia de Kant, que toman como punto de partida, inician una aventura del pensamiento que Neumann narra con frescura y sin necesidad de internarse en asuntos especialmente densos. Poco a poco, al lector le asalta una pregunta fundamental: ¿cómo es posible que de un grupo de jóvenes de los que se esperaba que se convirtieran en abogados y funcionarios surjan individualidades tan brillantes y originales? Neumann no contesta a esta pregunta. Ni siquiera se la plantea. Se limita a contar, de manera superficial aunque muy placentera, las vidas de los protagonistas.

El libro tiene varios niveles de lectura. Puede leerse como un animado y entretenido relato de unos cuantos escritores famosos. Puede también leerse como la descripción del surgimiento de la vocación filosófica que, en el caso de los alemanes, nace con tanta fuerza como la vocación artística. Ellos, en cierta forma, se sienten tan artistas como filósofos. Al contrario que Adorno, que no se decidía entre ser compositor o filósofo, y así cumplió los cuarenta años, los Schelling, Schlegel, Hegel, Holderlin o Novalis, eran conscientes de estar creando una nueva forma de pensar, sentir y crear. No en vano, los años de Jena son los años de las guerras napoleónicas. Hegel, en pantuflas, verá al emperador a lomos de su caballo y sentirá la presencia del espíritu de la Historia. Esta generación abunda en sentimientos, sentimientos abrumadores. ¡Qué habría escrito Hegel si ese día hubiera calzado unas buenas botas de hebilla!

Friedrich Wilhelm Jospeh Schelling, 1848. Daguerrotipo

Quizás el secreto de esta generación se encuentre en que fueron capaces de tomar la tradición como un hecho simultáneo y revivirla en el presente. Impera la variedad de estilos, géneros e ideas. Se contradicen con frecuencia y discuten. El pasado cultural se integra en la actualidad y no se realizan selecciones ni rígidos cánones. Esta vivencia del pasado es lo que, según Curtius, caracterizaba también al Siglo de Oro español y lo diferenciaba del clasicismo francés. Al final, todo se reduce a una idea muy manida, elaborada hasta la extenuación por Georg Steiner; la idea de que lo nuevo se basa en configuraciones inéditas de lo que ya existe. Por eso, la creación requiere una amplia cultura. Algunos gestos que revelan este modo de pensar son la ironía y la parodia. El Quijote, sin ir más lejos, no es más que una inmensa parodia de los libros de caballerías. Schelling y los Schlegel se entregan a ella también con gusto.

Habría resultado muy grato que Neumann se hubiera explayado en lo concerniente a las fuentes de esta generación. Apenas son nombrados Calderón y Shakespeare y la cámara del escritor ya se ha posado en otro personaje. En Dorothea, por ejemplo. Neumann hace un trabajo necesario al destacar las figuras femeninas intelectuales del grupo, también en el caso de Carolina. En cualquier caso, Neumann, siempre aséptico, está lejos de la crítica cultural feminista. Tampoco menciona la palabra Barroco, lo que habría ayudado mucho a entender el espíritu de este grupo de Jena. Neumann, sin embargo, consigue escribir un libro que disfrutarán sobre todo los nostálgicos de las pasadas épocas y de la tradición y la cultura. Quien escribe esta reseña lo ha hecho. ¡La nostalgia! Otro sentimiento muy barroco (español) y alemán. Pero Neumann tampoco la menciona.

Las nadies de la narrativa española sobre Marruecos (1863-2018)

Fruto de una exhaustiva y paciente indagación de la narrativa española desde 1863 hasta la actualidad, ha nacido este libro de Khadija Karzasi y Yasmina Romero Morales, cuyo propósito es mostrar los títulos de ficción en prosa que versan sobre el tema marroquí, publicados por autoras españolas y en lengua española. De esta forma, el libro analiza las obras (48 novelas y 59 relatos) de 46 autoras españolas, que han ambientado sus trabajos en Marruecos y que fueron publicados entre 1863 y 2018.

Con ello, sus autoras, investigadoras especialistas en la materia y oriundas de España y Marruecos, pretenden contribuir a que se tengan en cuenta estos textos escritos por mujeres y que se conviertan en referentes literarios y culturales en igualdad de condiciones que las de los hombres.

Espacio Público ha tenido la oportunidad de conversar con ellas.

EP. Yasmina, habéis realizado una investigación muy ambiciosa ¿Cuánto tiempo os ha llevado hacerla?

La redacción del trabajo nos ha llevado algunos meses, pero la recopilación de los materiales ha sido una ardua y paciente observación de la narrativa española sobre Marruecos, que nunca ha parado y que va durando ya muchos años. Por supuesto, ha sido una búsqueda más activa en determinadas épocas, en mi caso, por ejemplo, fueron determinante los años de mi formación predoctoral, pero, de manera tangencial, esta búsqueda no se detiene y se alarga ya a toda nuestra vida académica y profesional. Cada día encontramos nuevas autoras, nuevas nadies y las sumamos a la nómina de autoras rescatadas. Tanto la profesora Karzazi como yo somos amantes de esta narrativa y le dedicamos tanto tiempo que forma parte ya de nuestro bagaje no solo literario sino personal.

EP. Yasmina, en la Introducción decís que en vuestro trabajo subyace el planteamiento de Virginia Woolf de que “cuando un tema genera mucha controversia y, desafortunadamente, cualquier cuestión relativa a los sexos suele generarla, no se puede esperar a decir la verdad sino a explicar cómo se llega a profesar tal o cual opinión.” Y que por eso habéis puesto el foco de atención en las nadies de la narrativa española sobre Marruecos. Vuestra investigación tiene una clara orientación feminista puesto que analizáis la obra literaria generalmente invisibilizada de escritoras españolas que han hablado de Marruecos. ¿Habéis contado con ayuda suficiente para hacerla?

Si con ayuda te refieres a ayuda institucional, la respuesta es no. Este proyecto nació de nuestro propio empeño académico y personal. Estábamos cansadas de ver cómo los catálogos generales omitían a estas escritoras españolas que optaban por el tema marroquí para sus ficciones. Las omitían o las nombraban tangencialmente en el mejor de los casos. Estábamos cansadas de comprobar que no había análisis de conjunto, tampoco revisiones críticas, que no se reeditaban sus textos y que apenas ocupaban atención de la crítica especializada. Con todo, injusto sería no agradecer a la Editorial Diwan Mayrit, una editorial especializada en Oriente Medio, África y en libros universitarios que decidió apostar por nuestra idea y publicó el volumen en una cuidadísima edición de la que estamos muy satisfechas. Pero el motivo fue ese, únicamente la necesidad de dar a conocer a estas escritoras poco conocidas. Sobre todo, porque su obra no se ha divulgado lo suficiente. Con ello no queremos decir que los autores, varones, no hayan tenido también dificultad en divulgar sus obras, sino que ellas han comprobado el peso no solo de esos obstáculos compartidos, sino el de uno añadido, el hecho de ser mujeres. Y, como opina Toril Moi, en una sociedad machista que discrimina a las escritoras precisamente porque son mujeres es fácil justificar el estudiarlas como grupo aparte.

Cecilia Böhl de Faber

EP. Empezáis en 1863 con textos de Cecilia Bölh de Faber y seguís a principios del siglo XX (1909) con Carmen de Burgos para finalizar con la obra de Cristina López barrio Niebla en Tánger publicada en 2017. ¿Qué otras autoras aparecen en el libro?

Aparecen un total de 46 escritoras españolas que ambientaron en Marruecos un conjunto de 107 textos narrativos: 48 novelas y 59 relatos. Un corpus nada desdeñable de más de 10.000 páginas. Por nombrarte alguna, a parte de las que has señalado, Margarita Astray Reguera, una escritora y pianista gallega muy conocida en su época por sus dos vertientes artísticas, pero principalmente por la interpretación musical en la que llegó a ser una figura destacada. Enriqueta O’Neill de Lamo, conocida hoy por ser la madre de la feminista Lidia Falcón y, también, hermana de Carlota O’Neill, pero que por sí misma fue ya una persona singular. Escritora, traductora, guionista, periodista e incluso actriz. Otra autora es Rosa María de Aranda, una escritora que, a diferencia de la mayoría de las demás, sí saboreó el éxito y el reconocimiento en vida. Recibió halagos de otras figuras literarias como Carmen Laforet, quien la consideraba una mujer valiente y transgresora para la época que le tocó vivir. Quedó finalista en premios de la talla del Nadal, Café Gijón, Elisenda de Montcada, Ondas o el Ateneo de Valladolid.

EP. ¿Pensáis que vuestro libro es de alguna forma un ajuste de cuentas contra esta discriminación, contra ese canon parcial e incompleto en el que solo aparecen hombres?

Exactamente. La institución literaria se organiza, desafortunadamente, de una manera sexista y clasista, y esto cala todas las producciones culturales, también esta narrativa española de tema marroquí que, además, es especialmente abundante. Escritores y escritoras han mostrado un interés manifiesto por Marruecos prácticamente desde siempre y hasta la actualidad. De ahí que arabistas como Pedro Martínez Montávez hayan considerado que estamos ante un conjunto literario con entidad y dimensión propias. Y, además, con bastante éxito. Estas novelas y relatos gozaron de gran aceptación en algunos momentos, sobre todo mientras duró el Protectorado, pero también con obras relativamente recientes como El tiempo entre costuras (2009) de María Dueñas. Sin embargo, a pesar de este éxito, son pocos los autores, y muchas menos las autoras, las que han pasado a los anales de la literatura. Entre los privilegiados se suelen recoger los nombres de Ramón J. Sender, José Díaz Fernández, Arturo Barea o Miguel Delibes. En ellas, con suerte se cita a Carmen de Burgos. Esta fue la motivación principal que tuvimos, queríamos prestar atención a estas escritoras españolas, poco conocidas, que relataron a Marruecos.

EP. Yasmina, antes de Las Nadies… publicaste Moras (Plaza y Valdés, 2019), una obra que trata de veintidós escritoras españolas de ficción que se sirvieron de Marruecos para ambientar sus novelas y relatos durante el pasado siglo XX. Y hablas de que la imagen que tiene las españolas de las mujeres marroquíes se aleja mucho de la realidad. ¿Hay demasiados tópicos en la idea que se tiene en España de las mujeres de Marruecos?

Hay muchísimos tópicos sobre las mujeres marroquíes. De ahí el interés de mi trabajo, estudiar las representaciones literarias de las moras (así se denomina a las mujeres marroquíes en estas ficciones). Quería averiguar cómo estas escritoras españolas se las imaginaban o, incluso, cómo no se las imaginaban. Esta es la razón principal por la que no debe sorprender al público lector que estas mujeres imaginadas no armonicen con las verdaderas mujeres marroquíes, las que viven al otro lado del Estrecho, porque en ningún caso Moras ha sido una estrategia para llevar a cabo aproximaciones de tipo factual sobre de las mujeres de Marruecos o de cualquier otro contexto árabe-islámico. Con todo, sí nos acercará a otra realidad, a la de las escritoras que las narran, en la medida que nos aporta inestimable información de contenido ideológico sobre cómo las percibían, las imaginaban y las pensaban.

EP. Khadija, publicaste en 2017 La experiencia de Marruecos en la narrativa española contemporánea, ¿cómo ves que se ha tratado el tema marroquí en la literatura española en general? ¿Y a inversa, cómo se refleja España en la literatura marroquí?

En líneas generales estos textos destapan el imaginario orientalista de la literatura española de tema marroquí y aunque percibimos un implícito y sincero deseo de combatir los clichés, en la mayoría de los casos, los escritores permanecen encerrados en una visión distorsionada y ajena a la realidad marroquí. Lamentablemente, salen a la superficie estereotipos que suponen una manifiesta incapacidad para percibir un Marruecos real, por mucho que los autores españoles de las últimas décadas del siglo XX pretendan reproducir con objetividad lo que perciben. Lo cierto es que sus textos transmiten, más bien, un Marruecos recreado impulsivamente, lastrado por una serie de clichés fuertemente arraigados al subconsciente.

En lo que se refiere a la literatura marroquí con temática española, pues en su mayoría destaca por su hibridez ya que ambienta sus tramas en ciudades fronterizas o proyecta la experiencia migratoria de los propios escritores desde la orilla norte. Sin lugar a duda, novelas como Diario de un clandestino (2008) de Rachid Nini, El séptimo mandamiento (2017) de Husein Majdoubi son un ejemplo claro del choque de culturas que siente el marroquí al pisar tierra española. Su enfrentamiento con el otro diferente es un auténtico terremoto que sacude su conciencia y lo obliga a replantearse sus esquemas de pensamiento. Mención especial requeriría también otra novela fronteriza, Barrio Málaga (2007) de Mohammed Ankar, una novela que se ambienta en el periodo de 1912 y 1956 en un barrio periférico de Tetuán creado durante el Protectorado español con el propósito de albergar a marginales excluidos de la zona urbana de Tetuán. Esto es, miserables campesinos recién llegados, emigrantes españoles procedentes de Málaga, rifeños que huyeron de sus aldeas durante el famoso año de la hambruna, etc. Una novela impactante que encierra la cruda realidad de un espacio marginal pero también fronterizo e híbrido como fue el “Barrio Málaga” y donde no se hace distinción entre el sufrimiento de marroquíes y españoles.

EP. Khadija, ¿crees que es muy diferente el enfoque de las mujeres marroquíes que nos ofrecen las escritoras españolas de las que nos presentan los escritores?

Una de las observaciones que más me impactaron de mi primer libro es la ausencia de la figura femenina como personaje principal en ficciones. Casi no hay rastro de experiencias sentimentales de mujeres marroquíes, por ejemplo, de modo que el mundo femenino aparece ante los ojos del escritor español como un espacio hermético o inaccesible. No obstante, los autores españoles contaron en más de una ocasión experiencias amorosas de personajes femeninos españoles con hombres marroquíes, lo que nos dio a entender que, en realidad, nunca estos escritores han hecho esfuerzo para infiltrarse en el mundo de las mujeres y recrearlo de forma natural. En cuanto a las escritoras españolas, muchas de estas, sin duda alguna con las mejores intenciones, se proclaman como defensoras de la mujer marroquí, no obstante, lo hacen apropiándose de su voz ya silenciada por el patriarcado y por el imperialismo. La pregunta que se impone en este marco y parafraseando a Spivak sería: ¿qué diría la mujer marroquí con su propia voz si tanto la institución patriarcal como la narrativa occidental le permitieran hablar en un espacio dialógico efectivo? Ciertamente, muchas de estas escritoras españolas llevadas por el deseo de denunciar las supuestas atrocidades cometidas contra estos seres dóciles que suponen que son las mujeres, no logran captar la realidad sino que, por el contrario, vierten en sus tramas valoraciones contradictorias y un profundo rechazo a los esquemas socioculturales que, en muchos casos, se interpretan de forma superficial o errónea.

EP. Khadija, ¿te ha sorprendido en especial algún o algunos textos que habéis recogido en el libro?

Quizá el libro que más me ha impactado sea Amira. El destino estaba escrito (2016). Su autora Mara Molla cuenta la historia de Amira, una chica rifeña que, al dar a luz a su primer bebé en Melilla, lo pierde en extrañas circunstancias. En el hospital las enfermeras le hacen creer que su hija nació muerta, pero en realidad la niña fue vendida y trasladada a España. Lo más curioso es que la novela recoge un testimonio vivo de la propia escritora y nos hace revivir en carne propia el abuso que sufrieron muchos bebés vendidos en Marruecos a familias españolas durante los años 70. Mara Molla fue una de estas niñas robadas en Melilla y vendidas en la Comunidad Valenciana.

Yasmina Romero-Morales es Doctora en Estudios Filológicos (Universidad de La Laguna, 2016), Diploma de Estudios Avanzados en Estudios Árabes e Islámicos (Universidad de La Laguna, 2008) y, además, posee dos másteres: uno en Estudios Feministas, Violencia de género y Políticas de Igualdad (Universidad de La Laguna, 2009) y otro en Literatura Comparada y Crítica Cultural (Universidad de Valencia, 2018). Es personal investigador de distintos proyectos nacionales, autonómicos e insulares; investigadora del Centro de Estudos Africanos da Universidade do Porto, en Portugal; investigadora del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la Universidad de La Laguna. En la actualidad, es la presidenta de BETA. Asociación de Jóvenes Doctores en Hispanismo, socia de Clásicas y Modernas, una asociación para la igualdad de género en la cultura y profesora del Departamento de Filología Española de la Universidad de La Laguna.

Khadija Karzasi es Doctora en Filología Española por la Universidad de Valencia en 2004. Actualmente es profesora titular de Literatura Española y Teoría Literaria en la Facultad de Mohammedia. Entre 2013 y 2017 fue directora de la Rama de Estudios Hispánicos. Fue becaria por la AECI en la Universidad de Valencia desde 1998 y 2002 y por el Institut de la Dona, Valencia en 2004. Es autora de Marruecos en la narrativa española contemporánea (Publicia, 2017) y tiene otros trabajos publicados sobre la literatura catalana actual escrita por marroquíes y narrativa española con temática migratoria.

Las nadies de la narrativa española sobre Marruecos (1863-2018) 
Khadija Karzazi y Yasmina Romero Morales
Madrid, Editorial DiwanMayrit, 2021

Una historia gráfica dedicada a la recuperación de la memoria de unos años de fuerte movilización social, trascendentales en la historia contemporánea de Catalunya

Quienes vivieron y participaron de alguna manera en las actividades contrarias a la dictadura franquista encontrarán seguramente en los dibujos y la narración de Lluís Juste de Nin (1945-2020), en Temps de rebel·lia, una gran cantidad de experiencias ya históricas que les resultarán familiares. Se trata de una parte de la obra póstuma de un diseñador, dibujante, ilustrador y guionista, que ha dejado testimonio de una enorme capacidad creativa en muchos ámbitos, y en las últimas décadas de su vida lo hizo en el de la novela gráfica Temps de rebel·lia es un retorno a los orígenes, es ir a su propia vida. De alguna manera es como un cierre de ciclo y además sobre una época que él tenía muchas ganas de explicar, que es la de los años setenta, el momento álgido de la lucha antifranquista, durante la cual convirtió su lápiz en una arma«, explica su hija, la escritora Tània Juste.

«Yo era una niña en medio de barbudos que luchaban por las libertades desde mi casa, de muchas maneras, y en este libro se encuentra dibujada mi infancia. Es como yo la recuerdo y como fue. El piso de Infanta Carlota, que era como se llamaba nuestra calle en aquellos momentos, que hoy es Josep Tarradellas, era donde yo vivía de pequeña con mis padres. Además de ser la redacción del semanario del PSUC, era también el centro de reunión de todos los amigos de la época, porque muchos de ellos no tenían piso todavía y por tanto pasaban por casa día sí y día también. Gente como Ovidi, que yo conocí con ojos de niña».

Dibujo en ‘Temps de rebel·lia’ en el que deja constancia de las reuniones de amigos en su casa, entre ellos, Ovidi Montllor – Lluís Juste de Nin

«Jo sóc fill d’una família molt humil. Tan humil que d’una cortina vella una samarreta en feren: vermella. D’ençà per aquesta samarreta, no he pogut caminar ja per la dreta» (“Soy hijo de una familia muy humilde. Tan humilde que de una cortina vieja hizo una camiseta: roja. Desde entonces por esta camiseta, no he podido caminar ya nunca más por la derecha”) cantaba Ovidi Montllor en La samarreta, recuerda Juste de Nin en su libro, entre otros muchísimos episodios íntimos y sociales vividos en aquellos años sesenta y setenta de toma de conciencia, compromiso y movilización.

En Temps de rebel·lia evoca el impacto que tuvieron acontecimientos tan diversos como la elección de Salvador Allende como presidente de Chile, el primer festival de poesía catalana, los conciertos multitudinarios, las huelgas en empresas como Seat, Maquinista, Harry Walker, la fundación de la Assemblea de Catalunya, la detención de dirigentes de CCOO, entonces en la clandestinidad, el atentado contra Carrero Blanco, la ejecución de Salvador Puig Antich, la revolución de los claveles en Portugal, la derrota de Estados Unidos en el Vietnam y la muerte del dictador Francisco Franco.

Compromiso político y desengaño

Juste de Nin deja constancia de la estrecha colaboración que mantuvo con el PSUC y con el PCE, y de su militancia, pero también reconoce «tremendas decepciones».

«En un momento determinado, como se ve en el libro, queda huérfano de partido«, explica Tània Juste. «Él se inició con todo el tema de las colaboraciones en los semanarios del PSUC, de diferentes barrios. Primero empezó a dibujar, como se ve en el libro, para la revista del PSUC del barrio de Horta, con la firma de El Zurdo (y después en Sant Andreu) y el Bon Pastor, y trabajaba sobre lo que la dirección del Partido le iba encargando… esos muñecos de Franco que hacía y que no podía publicar en la prensa legal, porque en caso contrario le habrían detenido, por culpa del lápiz. Y en aquellos momentos se aproxima evidentemente al PSUC, hasta el punto de que se hace del partido, pero un poco más adelante se produce un punto de inflexión para él muy importante, y también por Neus, su compañera, mi madre, en 1976, cuando viajan por primera vez a la Unión Soviética. Es el momento en el que pueden contrastar sobre el terreno la situación del comunismo allá. Todas aquellas lecturas realizadas, aquella ideología discutida con los compañeros de lucha… encuentran el momento de vivirla in situ y de ver cómo se encuentra implementada en la URSS. Es aquí cuando empieza el desengaño. A mí me lo había explicado muchas veces pero al leerlo la he vivido con él esta decepción. Quedó huérfano pero todavía aguantó en el PSUC, porque de alguna manera consideraba que quedaba mucha lucha para hacer y que era un buen medio para llevarla a cabo y mantiene muchos puntos en común, pero poco a poco empieza a distanciarse, sobre todo en el momento en el que el PSUC renuncia a aquel cuarto punto de la Assemblea de Catalunya del derecho a la autodeterminación. Él siempre lo explicaba esto. Es un punto de inflexión en el cual él dice: ‘Amigos, hasta aquí la lucha con vosotros. Ahora nos tenemos que separar’. Y es cuando empieza a colaborar mucho con Nacionalistes d’Esquerra, en donde encuentra más esta convicción, gracias a la influencia de la lectura de Andreu Nin, de que la liberación social y la nacional tenían que ir de la mano. Para él eran cuestiones indisociables y es aquí donde se acerca más a Nacionalistes d’Esquerra y a toda una serie de gente y de entidades que se ve en el libro».

Libro en el que aparecen dibujos y referencias a las manifestaciones multitudinarias del 76, a las elecciones de 1977 y del 79, a las conversaciones sobre el régimen soviético que había mantenido con personajes clave de aquellos años, como Josep Lluís López Bulla o Paco Frutos, la lectura de textos de Victor Serge y George Orwell, las charlas sobre las opiniones de su pariente Andreu Nin sobre el estalinismo o sobre la cuestión nacional que mantuvo con Manuel Vázquez Montalbán, a quien se refiere reiteradamente.

Dibujo publicado en ‘Temps de rebel·lia’ sobre las movilizaciones antifranquistas de los años 70 – Lluís Juste de Nin

«A Manolo le tenía devoción», asegura su hija. «Recuerdo perfectamente cuando murió y mi padre estuvo muy triste, porque para él era una persona muy importante, tanto por los dibujos y colaboraciones que hicieron juntos como por la amistad, como persona. Se tenían un gran aprecio mutuo. Además a Manolo siempre le estuvo muy agradecido, porque fue la persona que le dijo: ‘Lluís, tú tienes que compartir estos dibujos con la gente. Esto no te lo puedes quedar para ti, lo tienes que publicar’, y a partir de aquí es cuando mi padre empezó a publicar las novelas gráficas». Así una parte de su obra la dedicó a personajes históricos que consideró excepcionales, como Salvador Seguí, El Noi del Sucre; o Joan Pujol, Garbo; o Andreu Nin. «Siempre tenía palabras de agradecimiento para Manolo. Imagino que es uno de los grandes candidatos que tenía para ser dibujado», piensa Tània Juste.

Dibujo sobre Manuel Vázquez Montalbán, a quien el autor se refiere en diversas ocasiones en ‘Temps de rebel·lia’ … Lluís Juste de Nin

Ella misma es otra persona más que destacable en Temps de rebel·lia. «Tal como me ha dibujado es como yo lo recuerdo», nos dice. Aparece a menudo en el libro, por motivos vitales, evidentemente, pero también porque a principios de los ochenta Juste de Nin se encargó de crear un personaje para una campaña de normalización de la llengua catalana, la Norma, en uno de los momentos en los cuales el Gobierno español puso más en cuestión la capacidad de autogobierno del País Vasco y de Catalunya con una ley que llamaron «de armonización autonómica», la LOAPA.

«Él tenía que reproducir la cara de una niña, la Anna Solà, y a partir de aquí ir haciendo la figura del personaje que ilustraba los textos de Tisner, cada semana. Resulta que el dibujante tenía una niña de diez años en casa y por tanto… Mis recuerdos de la Norma eran casi como si fuera una amiga mía y, además, en casa mi padre me utilizaba un poco, porque, claro, no tenía a Anna Solà tan a mano como a mí y cuando construía el personaje me decía “ahora ponte así, ahora asá…” e iba dibujando.

Una herramienta de conocimiento

Lluís Juste de Nin explica en el epílogo de Temps de rebel·lia que a través de sus libros ha «querido construir un gran rompecabezas de la historia contemporánea de Catalunya… deseando que para muchos, especialmente para los jóvenes, pueda ser una herramienta de conocimiento de su país». Su hija nos ha explicado que todavía queda bastante obra por publicar:

«Tenemos la suerte de que mi padre no podía dejar el lápiz prácticamente ni un solo día y por tanto nos ha dejado, además de Temps de rebel·lia, un par de obras más que están acabadas y que en un futuro tenemos intención de publicar. Una es de esta tipología más personal, más biográfica, autobiográfica de hecho, en la cual viaja todavía más hacia atrás, viaja a su juventud, a aquella España rabiosamente franquista y a cómo lo vivía un niño de su edad y de su generación. Y tenemos otro que no te puedo avanzar de qué personaje se trata, pero sería también de esta tipología de biografías dibujadas de personajes históricos».

‘La Norma’, personaje de la campaña de normalización de la lengua catalana – Lluís Juste de Nin

Conversación con la editora Carmen Moreno

“Editamos sueños” es el lema con el que se inicia la web de la editorial Cazador de ratas. Su fundadora, Carmen Moreno, ha tocado infinidad de teclas en el mundo de la cultura: gestora cultural desde 2004, ha sido editora de contenidos para la Fundación Giner de los Ríos, asesora técnica de cultura para el Ministerio de Igualdad, co-directora de la colección de bolsillo de la Diputación de Cádiz, guionista del programa de televisión Cifras y Letras, correctora en diversas editoriales, profesora de creación literaria para la Junta de Andalucía y otras instituciones, entre otras muchas cosas. Los premios literarios tampoco le han sido ajenos: ha ganado el Premio Nacional de Relato Corto Fernando Quiñones, el Premio Andalucía Joven en la modalidad de arte, el Premio Nacional de Relato Corto Pilar Paz Pasamar, y el Premio Internacional de Poesía Francisco de Quevedo, entre otros. Ha publicado una veintena de libros y varias antologías. Además, con su proyecto Sin habitación propia está realizando talleres por la igualdad y la diversidad en diferentes institutos de España.

Defensora de los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+, recientemente, su trayectoria, junto a las de Inmaculada Pavía y Lola Salguero, ha sido reconocida por el Ayuntamiento de Cádiz durante la semana del Orgullo LGBTIQ+ en el homenaje “Para no perder la memoria”.

Espacio Público tiene hoy la oportunidad de conversar con ella.

La primera pregunta es fruto de la curiosidad: ¿Por qué el nombre de Cazador de ratas para una editorial?

Es un homenaje a una de esas mujeres a las que la historia les debe aún mucho, Marina Tsvietaieva. La mejor poeta, junto a Ajmátova, de Rusia en el siglo XX. Mujer que sufrió la represión más bestial que puede sufrir una mujer: ver cómo torturan a sus hijos hasta la muerte y lento.

Hija del creador del Hermitage, mujer culta, muy culta, esposa de un militar del Ejército Blanco, activista por el feminismo, por la igualdad, por la libertad de pensamiento.

Carmen Moreno

En “La  sociedad del espectáculo” Guy Debord dice que en el capitalismo todo se ha convertido en representación, en un espectáculo. Hoy los concursos culturales tienen muy poco de cultura y mucho de espectáculo. Tú has sido guionista de Cifras y Letras, un concurso cultural de TVE ya desaparecido. Con la excepción de Saber y ganar, los demás concursos son una pasarela de gente famosa o una sucesión de situaciones en las que las personas que concursan son puestas en ridículo para mayor diversión de la audiencia. ¿Estás al tanto de estos programas televisivos? ¿Qué te parecen este tipo de concursos?

No veo ninguno, no me interesan. Todo quedó al descubierto en Quiz Show. Ni te cuento esos en los que se ponen en ridículo a quienes van a concursar como si fueran simplemente un elemento más del atrezzo. No estoy en contra de la telebasura, es más soy muy defensora de algunos de ellos porque creo que alienarse un rato al día está muy bien, pero no me gusta que me tomen por idiota. Creo que tan telebasura son esos programas como el Sálvame, con la diferencia de que este último no engaña a nadie. Sabes qué vas a ver. Es uno de los programas que defiendo como método de entrar en estado comatoso después de trabajar dieciséis horas al día.

Tienes una amplísima experiencia en el mundo editorial. Prácticamente has pasado por todas las fases: autora, correctora, editora, crítica literaria. En la web de la editorial el lema es muy claro: “Editamos sueños”. ¿Es posible hoy día? ¿Cómo ves hoy el panorama para una editorial pequeña e independiente?

Es posible editar sueños. Otra cosa es la rentabilidad. Los sueños no siempre son rentables económicamente. Yo trabajo como autónoma no solo en mi editorial sino para otras editoriales y particulares. Mi editorial exige ocho horas al día, siete días a la semana, pero no me permite tener un sueldo. Ni siquiera me permite pagar autónomos, así que tengo que trabajar otras ocho horas para poder darle de comer a mi hija.

¿Podría tirar la toalla y opositar? Claro que sí, pero no quiero porque eso es lo que nos han querido vender: “confórmate”, “no te rebeles”, “sigue las reglas y todo irá bien”… Quiero que mi hija entienda que en la vida no todo es fácil, casi nada lo es de hecho, pero que no tiene que conformarse. Será más difícil, vale, pero puede ser lo que quiera.

Un vistazo a tu bibliografía nos indica que has escrito poesía, ensayo, literatura infantil, novela, también el cómic… ¿con cuál de estos géneros te encuentras más cómoda?

Con la novela. Hubo un tiempo en el que no podía escribir nada que no fuera poesía. El síndrome del impostor pega demasiado fuerte en las mujeres todavía. Ahora hace años que no escribo poesía y tampoco la leía. Dejó de interesarme porque me daban mucha perece quienes se hacían llamar “POETAS”. Dios, Gloria Fuertes nunca lo fue. Ella fue una poeta, de esas que se escriben en minúsculas y se leen con lágrimas en los ojos y escarcha en los dedos.

Ahora estoy terminando un libro de poemas que se llama Elia, como mi hija, y estoy con otro a cuatro manos con Ana Tapia, grandísima escritora almeriense. Un poemario LGBTI+, pero sigo con las novelas e investigando para otro ensayo sobre dos mujeres absolutamente únicas.

El informe “Ditrendia: Mobile en España y en Mundo 2020” dice que los españoles pasan 5 horas y 14 minutos al día utilizando Internet. Y que esta cifra aumenta hasta seis horas en el caso de los jóvenes de entre 18 y 24 años. ¿Crees que esto afecta a la lectura?

Cuanto menos lees y más consumes opiniones precocinadas (muy normales en internet), más fácil de manipular eres. Quien quiera que saque sus conclusiones.

Tu labor en defensa de los derechos de las mujeres y de las personas LGBTIQ+ te ha llevado a poner en marcha el proyecto “Sin habitación propia”. ¿Puedes explicarnos en qué consiste este proyecto?

Sin habitación propia es un libro que reivindica a dieciséis poetas mujeres (odio la palabra “poetisa”, cuestión de gustos lingüísticos). De ahí surgió con Diputación de Cádiz una exposición itinerante para dar a conocer a estas mujeres. Lo que jamás pensé es que institutos de toda Andalucía, pero, sobre todo de Cádiz, se hicieran eco y me llamaran para dar conferencias sobre el papel de la mujer en la educación y sobre estas mujeres en particular.

La juventud piensa que las mujeres estamos en el aula desde siempre, pero hay que recordarles que no es así y que los derechos que tenemos fueron conquistados hace muy poco y están en peligro una vez más. Hay que contarles la historia con espíritu crítico. No existe una sola historia, hay hechos concretos que son objetivos, la guerra civil estalló en 1936, pero la historia cambiará depende de quién la cuente. En cambio, eso es irrefutable.

Hay que ver las cosas desde varias perspectivas, analizarlas y, solo entonces, tomar una decisión. Todo lo demás se llama manipulación.

Las desigualdades están creciendo a un ritmo galopante en un sistema capitalista voraz e incontrolado, que ha alcanzado su cara más descarnada y brutal en la actual época de la financiarización. Hay datos que lo dicen todo: en las últimas cuatro décadas, el 1% más rico de la población mundial se ha apropiado del 27% del crecimiento económico, frente al 13% de la población más pobre, que representa el 50% del total de personas que habitan el planeta. O lo que es lo mismo: 3.500 millones de personas se han quedado con menos de la mitad de lo que ha recibido la reducida elite más acaudalada.

El Atlas de las desigualdades en el mundo se propone reflejar las múltiples y crecientes desigualdades que agobian al mundo y descubrir sus causas profundas, el modo en que se retroalimentan entre ellas y las intolerables injusticias que producen.

Por ello, no solo analiza las desigualdades en el campo meramente económico y lleva sus análisis a otros ámbitos: ecología, derechos civiles, género, educación, distribución de bienes, precariedad laboral. ¿A quién pertenecen los recursos? ¿Quién se apropia de los bienes comunes? ¿Cómo es posible que mientras las grandes potencias siguen acaparando tierras de países subdesarrollados, más de la mitad de la humanidad viva con menos de 5,5 dólares al día? ¿Cómo han ido derivando las condiciones de trabajo hasta llegar a la actual precariedad laboral? ¿Hemos avanzado en el reconocimiento de los derechos civiles en todo el mundo? ¿Están reconocidos y garantizados los derechos de las mujeres, de las personas LGTBI en todos los países, el derecho a la información, el sufragio universal? ¿Tiene acceso a la salud todas las personas que habitan el planeta? ¿Es universal la enseñanza, el derecho a la educación? ¿Hasta qué punto se ha degradado el planeta, cómo es el aire que respiramos, qué agresiones están sufriendo los océanos, los ríos, el medio ambiente?

A estas preguntas y otras muchas da respuesta este Atlas con profusión de datos y análisis.

Nombres reconocidos internacionalmente, también muchos de ellos españoles, como los de Thomas Piketty, Branko Milanovic, François Dubet, Olga Cantó, Antonio Elio Brailovsky, Mariela Baladrón, Javier Padilla, Nazaret Castro, Miguel Presno Linera, Edith Rodríguez, Cachera, Enric Puig Punyet, Leire Salazar, Sergio Federovisky, Rossana Mazzola, Virginia García Beaudoux y hasta una treintena de especialistas en diferentes temas han trabajado en este Atlas de las desigualdades, que ha sido coordinado por Creusa Muñoz y publicado en España por la editorial Clave Intelectual (2021). A los textos acompaña un gran número de mapas, gráficos e infografías.

Para hablar de todo ello, el próximo 7 de julio habrá debate internacional, que se podrá seguir a través del canal internacional de youtube de Capital Intelectual, a las 19:00 h en España, en el que participarán: Creusa Muñoz (editora de la obra), Mélany Barragán, que hablará de género; Mariela Belsky sobre derechos humanos; Antonio Brailovsky de ecología; y Nazaret Castro que intervendrá sobre la riqueza en el mundo.

Este año se cumplen cinco años del asesinato de Berta Cáceres, la activista hondureña que recibió el Premio Goldman, el galardón ambiental más prestigioso del mundo. Su crimen fue liderar una campaña para detener la construcción de una presa hidroeléctrica en el río Gualcarque, un río sagrado para la población indígena en la población de Río Blanco (Honduras).

Un río sagrado, un pueblo indígena, la voracidad de empresas hidroeléctricas depredadoras del medio ambiente, escuadrones de la muerte y una mujer decente y valiente son los elementos de este libro, que hace justicia a una mujer que se ha convertido en todo el mundo en un emblema de la lucha por salvar el planeta.

Nina Lakhani, periodista especializada en Centroamérica es la autora de “¿Quién mató a Berta Cáceres?”, recién publicado por la editorial Icaria. Lakhani conversó muchas veces con Berta Cáceres y conocía muy bien la importante actividad que desarrollaba. La primera vez que se reunieron Berta ya era consciente de la amenaza que se cernía sobre ella y le dijo: «El ejército tiene una lista de asesinatos encabezada con mi nombre. Quiero vivir, pero en este país hay total impunidad. Cuando me quieran matar, lo harán”.

También la propia periodista fue acosada e intimidada cuando investigaba el asesinato de Berta Cáceres, que sospechaba con motivo que querían matarla. Y que los sicarios encargados de hacerlo habían sido contratados por DESA, la empresa constructora de presas, que había presentado falsos cargos contra ella y otros líderes indígenas.

Nina Lakhani fue la única periodista extranjera que asistió al juicio, celebrado en 2018, y lo que presenció fue una especie de farsa judicial que relata en uno de los capítulos del libro. Fueron declarados culpables del asesinato funcionarios de seguridad del Estado, empleados de la empresa de la presa y sicarios a sueldo, pero quedaron sin respuesta demasiadas preguntas sobre quién o quiénes ordenaron y pagaron el asesinato.

El libro hace un recorrido por la historia de Honduras, los intereses de Estados Unidos en los territorios centroamericanos, la lucha y el despertar indígena, los escuadrones de la muerte, el golpe de Estado, los crímenes y la represión.

Para la realización de este libro Lakhani se ha basado en más de cien entrevistas, ha consultado archivos legales confidenciales y documentos corporativos.

“El asesinato de Berta desató la condena internacional, pero no pudo detener el derramamiento de sangre. Al menos veinticuatro defensores de la tierra y del medioambiente han sido asesinados en Honduras desde el 2 de marzo de 2016.

América Latina sigue siendo la región más peligrosa del mundo para defender la tierra y los ríos de megaproyectos como minas, represas, explotaciones forestales y la agroindustria. Entre marzo de 2016 y noviembre de 2019, fueron asesinados en las Américas 340 defensores, según Global Witness. ¿Por qué? Estos delitos de gran repercusión quedan mayormente impunes. La impunidad fomenta el crimen”, concluye Lakhani.

Para hablar de todo ello, el viernes 18 de junio conversarán la autora Nina Lakani; Bertha Zúñiga, hija de Berta Cáceres y coordinadora del COPINH (Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras); la antropóloga, activista y ecofeminsita Yayo Herrero; y Paula Santos de Mujeres Migrantes Diversas. Álex Guillamón de Entrepueblos será el encargado de presentar el acto, que se podrá seguir en youtube:

Es necesario un conocimiento profundo de un autor para escribir una biografía de su vida y su pensamiento, pero para revelar su verdadera sensibilidad se necesita algo más, una especie de conexión entre el biógrafo y el personaje estudiado que extienda un hilo de intimidad entre ambas figuras. Este hilo lo extiende Clare Carlisle con Kierkegaard en su libro El filósofo del corazón. La inquieta vida de Søren Kierkegaard (Taurus, 2021).

Clare Carlisle, al final de su libro, explica la emoción que sintió al reunirse con unas pocas personas en una iglesia de Londres para rendir homenaje a Kierkegaard. Años antes, esta profesora del King’s College tuvo que esforzarse en aprender danés y escribir una tesis doctoral sobre un filósofo que, en principio, no le interesaba especialmente. Sin embargo, en el transcurso de sus estudios una chispa prendió y nació ese hilo de intimidad (posible, quizás, solamente en un mundo como el nuestro, en que leemos en voz baja y soledad). Todos los lectores tienen historias similares a esta, historias en que a través del tiempo y las palabras nos iniciamos en una pasión y una comprensión que va más allá del sentido del texto y llega hasta el corazón del autor.

Ocurre incluso con los autores más esquivos. Kierkegaard pertenece a esta especie. El danés utiliza numerosos pseudónimos, oculta su autoría y no desea ser descubierto. Contradictoriamente, se enfada cuando sus obras no despiertan las críticas deseadas y se pasea todas las tardes por Copenhague, conversando y desplegando sus razonamientos. Kierkegaard quiere la fama y no la quiere. Es un ser lleno de indecisión que, a pesar de ello, supo tomar la decisión más difícil: renunciar a Regine, su amor, para dedicarse por entero a la escritura. Era consciente de que no podría ser escritor si se veía obligado a representar el papel de marido y padre burgués.

Carlisle descompone la vida de Kierkegaard, examinando su correspondencia y analizando sus obras filosóficas más relevantes. En nuestra lengua se pueden encontrar las mejores traducciones de sus obras en las recientes ediciones de la editorial Trotta.

Clare Carlisle

Así, emerge la pregunta más trascendental de Kierkegaard: ¿cómo vivir cristianamente? Seguramente, para los abonados al lugar común de que el filósofo es el predecesor del existencialismo, esta pregunta los decepcione, pero no debemos dejar que el secularismo de nuestra época (secularismo que, precisamente, estaba naciendo en el siglo de Kierkegaard) nos confunda. En el fondo, Kierkegaard interroga sobre la muerte y busca la mejor forma de vivir como seres humanos. Su misión es reformar el cristianismo y eso lo hace desde una ciudad provinciana de la periferia europea, una ciudad puritana y protestante. El filósofo danés se siente como Sócrates, al que dedicó uno de sus primeros textos, y para ello no cesa de incordiar a sus conciudadanos. Estos le respetan, pero al final terminan por reírse de él o lo ignoran.

Kierkegaard es producto de la tradición cristiana, que es una tradición ecléctica y compleja. Si analizamos las distintas corrientes cristianas, nos damos cuenta de que las diferencias entre protestantes, puritanos y católicos son confusas y que las tres tendencias intercambian ideas y hasta a veces se suplantan entre ellas. No se trata solamente de comentarios de pasajes de la Biblia, tipo de ensayo tan prolijo en Kierkegaard, sino de actitudes plenamente filosóficas como la ironía, el lugar de la narración ficticia y la interpretación de los textos. No es necesario ahondar más, pero es importante retener que, al margen del existencialismo (¿afirmaríamos con naturalidad que Goya es surrealista, adscribiéndole así a un movimiento posterior en el tiempo?), Kierkegaard tiene su propio contexto intelectual y cultural: no solo cristianismo, sino también romanticismo e idealismo alemán.

Viñeta satírica en contra de Kierkegaard: todo gira en torno a él.

En cualquier caso, Carlisle ha escrito una brillante biografía del filósofo danés, en la línea de los mejores autores actuales de este género como Rüdiger Safranski y Wolfram Eilenberger. Este tipo de libros deben cumplir dos funciones. La primera, ofrecer una panorámica del autor y su época. La segunda, conseguir que el lector de la biografía sienta ganas de internarse por sí mismo en la obra del filósofo. Esto último se alcanza mediante la extensión del vínculo íntimo que une a Carlisle con Kierkegaard a ese lector (un tercer hilo). Que este sienta la misma emoción, el mismo grado de penetración emocional en el universo que es toda obra. Por mi parte, empezaré con Temor y temblor. En este libro, como explica la profesora del King’s College, Kierkegaard muestra que la mejor forma de vivir es dando salto a la vida con una fe nueva. Este salto, al final, es lo que todos los lectores queremos, por lo menos los lectores modernos.

La editorial Periférica publica “Calle de Sentido único e Infancia berlinesa hacia mil novecientos”. Ambas obras, breves y fragmentarias, pueden servir para introducirse en la compleja obra de Walter Benjamin. Con ello, rescatamos una idea central del escritor alemán: la alegoría.

Walter Benjamin es un escritor que elige conscientemente ponérselo difícil al lector. Es poco didáctico. El prólogo de su libro “El origen del drama barroco alemán” (con el que deben ponerse en conexión los dos textos editados por Periférica) es toda una declaración de intenciones por su parte. Georg Steiner lo considera incomprensible. Y lo mismo les ocurrió a los profesores universitarios encargados de juzgarlo en el tribunal de tesis. Benjamin retiró su trabajo antes de que el tribunal emitiera un juicio, terminando así con sus posibilidades de convertirse en un profesional académico y condenándose a una vida en los miserables márgenes de la intelectualidad no institucionalizada.

El prólogo está lleno de alusiones difíciles de captar, mensajes cifrados y frases colocadas en desconexión con el resto. Siembra las claves que el lector solo podrá comprender si sigue leyendo el texto, y tendrá que hacerlo mediante un proceso de interpretación tan erudito y complejo que la empresa de leer el libro es casi irrealizable. Este procedimiento suele utilizarse en novela más que en filosofía. El escritor nos adelanta detalles de la trama que solo después comprenderemos a la luz de los hechos. Pero este método, que incluso la novela más realista y llena de lugares comunes utiliza, aplicado en filosofía complica hasta niveles inalcanzables la lectura de la obra, en general, de Benjamin.

Sus libros siempre están llenos de referencias lejanas y crípticas. El lector, más que interpretar, descodifica la maraña de citas y motivos recurrentes para intentar sacar algo en claro. El texto de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” es falsamente breve. Una trampa. El aparato de referencias externas es tan voluminoso que para leer correctamente el libro es necesario tener en cuenta centenares de páginas de otros libros (Marx, Verlaine, el mismo Benjamin…). Si bien en el caso de “Calle de sentido único e Infancia berlinesa hacia mil novecientos” no exigen tanto al lector y pueden ser leídos al margen de exégesis desaforadas, sí que conocer algunos datos sobre el método filosófico de Benjamin puede ayudar a guiarse en la lectura.

La alegoría es un concepto clave en Benjamin. La razón por la que este hecho no está tan difundido es que se trata de un concepto sumamente complejo y no ha causado tanta predilección entre los estudiosos y los escritores como sí lo ha hecho el mucho más manejable y evocador ángel de la historia (qué le vamos a hacer…). La alegoría, en rigor, es una cadena de metáforas y en ellas un referente abstracto se mezcla con uno físico, creando efectos que perturban la realidad, mostrando caras de esta inéditas hasta ese momento.

Curtius, el romanista, explica que el ejemplo con el que los estudiantes de retórica antiguos y medievales aprendían lo que era una metáfora es “pratusridet” (el prado ríe). Sin embargo, hasta Santo Tomás las diferencias entre alegoría y símbolo no estaban del todo claras. Un símbolo podría describirse como un objeto que nunca agota su significado. Por ejemplo, una calavera, que evoca la muerte, la brevedad de la vida… Visto así, símbolo y alegoría no tienen mucho que ver, pero es un hecho que durante mucho tiempo ambos conceptos significan lo mismo y así es como Benjamin ve el problema. Por eso, la alegoría, en sus textos, es un emblema evocador que nos remite a otro plano de realidad. Las imágenes infantiles y urbanas son alegorías de la modernidad y el mundo infantil ya perdido y que siguen el método de montaje.

Por un lado, el capitalismo de las mercancías y las fantasmagorías. Por otro, la melancolía de la infancia, que ya nunca volverá. Imágenes sin conexión, colocadas la una detrás de las otras como las tomas de una película, que tratan temas distintos, pero en las que cualquier lector notará alusiones a un fondo común que nunca llega a ser revelado. En esto consiste la alegoría: todo el tiempo se nos muestra algo que alude a eso otro… Vemos la calavera y los lectores pensamos en la muerte y la brevedad de la vida. Así es como asoman los temas en Walter Benjamin. En esto consiste el método del montaje. Y así es como una técnica literaria, un recurso retórico tan antiguo como la propia literatura, se revela en método filosófico.

Benjamin no construye siempre sus libros de acuerdo con este método. El texto del drama barroco alemán es ejemplo de ello e, incluso conociendo este dato, muchos de los gestos filosóficos de Benjamin resultan incomprensibles. ¿Por qué quiso titular su “Diario de Moscú”, en el que solo se habla de Moscú, “Diario de España”? ¿Cuáles son las conexiones ocultas? ¿Cómo saber su opinión sobre la novela si se confronta su apasionada labor traductora de Proust con su texto sobre “El narrador”, en que desprecia la novela como forma artística? ¿Cómo entender su brutal crítica del París de Haussmann con su amor por esta misma ciudad que hasta lo llevó a renunciar a viajar a Jerusalén y así salvar su vida? Son tantas las preguntas… El lector interesado en estas cuestiones, sobre todo en la de la alegoría, encontrará respuestas en el libro “Dialéctica de la mirada: Walter Benjamin y el proyecto de los Pasajes”, de la estudiosa SusanBuck-Morss, libro fundamental para acercarse a la figura del filósofo y escritor alemán.

La sensación, sin embargo, es que cualquier acercamiento a su obra acaba por ser tan fragmentario como la misma obra. Igualmente, la experiencia de intentarlo constituye una aventura apasionante. Algunos espíritus ven el mundo también en clave alegórica, en el sentido de que todo lo que podemos ver y tocar tiene un significado oculto que nunca se muestra y el mundo nos revela… El mundo es un texto, una pintura, una calavera… Un misterio…

‘La violencia es una veta miserable que cubrimos con canciones’ es el largo título de un breve pero intenso ensayo de la poeta, narradora y pensadora Marifé Santiago Bolaños. El libro inauguró recientemente una colección de ensayo creativo en la editorial Huso denominada ‘Palabras hilanderas’, que ella misma dirige. Pero antes fue un poema surgido de la conmoción y de la necesidad de entender cómo algunos mitos fundacionales de nuestra Cultura pueden estar rodeados de sombras. Y todo en torno a un hecho concreto: la primera sentencia del llamado juicio de La Manada, que en primera instancia (abril de 2018) condenó a los acusados por abuso sexual y no por agresión sexual. Una vez más, la autora de novelas como ‘Un ángel muerto sobre la hierba’ o ‘El tiempo de las lluvias’; de poemarios como ‘Nos mira a piedad desde las alambradas’ o ‘Celebración de la espera’ y de numerosos ensayos sobre las relaciones entre filosofía y creatividad, nos invita a reflexionar, desde un hecho puntual y de actualidad, sobre temas fundamentales, como civilización, barbarie y democracia.

–Fue una sentencia judicial que nos conmocionó porque nos sentimos huérfanas y desprotegidas, afirma la autora. Parecía que todo daba igual, nos sentimos vulnerables desde el punto de vista democrático, parecía que todo nuestro sistema democrático estaba asentado en unos cimientos muy endebles y que todo podía venirse abajo con facilidad. Entonces escribí este poema en el que me preguntaba qué imaginario colectivo podía permitir acontecimientos de este calibre.

–Y eso le llevó a La Ilíada.

–Sí, a ese texto fundacional de la cultura de Occidente que parece una exaltación de la guerra y que, sin embargo, para mí es un texto lleno de sombras. Quizá Homero quien quiera que fuese estaba tratando de decirnos otra cosa. Para mí hay varias escenas que me hacen reflexionar, pero sobre todo esa escena a la que conduce el texto y que enfrenta a Príamo, el padre de Héctor, y a Aquiles, el vencedor. Príamo tiene que humillarse para pedirle al que ha dado muerte a su hijo que le permita recuperar su cadáver, porque la muerte no es suficiente, porque el vencedor necesita la humillación del vencido.

Y, sin embargo, cuando nada parece conducir a ese final, Príamo y Aquiles se abrazan y lloran. Y entonces Casandra, Andrómaca, las mujeres de La Ilíada que clamaban contra la guerra podían tener razón. Y por qué no pensar que el texto fundacional de Occidente no exalta la guerra, sino que es una llamada al pacto, a la piedad y el perdón, parafraseando al presidente de la República Manuel Azaña cuando clamaba por el fin de la guerra.  Así, la violencia es una veta miserable que cubrimos con himnos de todo tipo pero que nunca podrán justificarla.

 Marifé Santiago (Fotografía de Ana Lavesa de Santiago)

–“Si hacemos el ejercicio desprejuiciado de que sean las mujeres las que relaten”, dice en la presentación del libro, muchos estereotipos y lecturas se vienen abajo. Se está dando en muchos estudios de la Historia y de la Historia de la Cultura un cambio de lectura en la medida en que las mujeres están tomando la palabra.

–Es lo que yo llamo la caída del velo, la caída del telón. A veces aceptamos sin pensar relatos asumidos en cualquier tema que no cuestionamos. Pero un día te das cuenta de que no te encuentras cómoda en ese relato porque te han dicho cómo tienen que ser las relaciones entre hombres y mujeres, como si los valores entre los seres humanos fueran una fórmula matemática. Incluso puedes estar cómoda hasta que un día, como digo, cae el telón. Yo he contado muchas veces cómo fue en mi caso.

Yo era una joven profesora de filosofía que creía tener todo muy claro, que, por supuesto no aceptaba el papel que a las mujeres se les había asignado a lo largo de la historia, y que yo no estaba siguiendo los estereotipos. Pero un día una alumna, en el contexto de amistad y confianza que había en la clase, me dijo: Marifé, ¿cómo es que hemos llegado a febrero y no nos has hablado de ninguna filósofa? ¿Es que no había mujeres pensadoras? Me quedé parada. Podía haber contestado siguiendo el canon, siguiendo lo que hasta ese momento no se había cuestionado. Pero fui consciente de que yo misma, que me creía de vuelta de todo, eso estaba repitiendo los mismos estereotipos, el mismo relato heredado. Y me propuse estudiar y trabajar para sacar a la luz todas esas pensadoras silenciadas.

–Una de las muchas reflexiones que condensa el libro es sobre el desgaste de las palabras “a las que la violencia deja heridas y hasta llega a asesinar”. ¿Estamos viviendo una época en que ciertas palabras como ‘libertad’, ‘democracia’, están desgastadas, manoseadas?

–Las gastamos porque las palabras tienen poder. Cuando salen de nuestra boca, de nuestra alma, y caen a tierra pueden fructificar o caer en un estercolero, dar en un espacio yermo. No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad. Desgraciadamente las palabras se convierten en un disfraz que justifica acciones que ni son democráticas ni son liberadoras porque nace del odio y la desconfianza. El discurso de la violencia utiliza palabras que son el disfraz de algo que no significan. Y, como digo en el libro, “acariciar el alma de las palabras deja una delicada sensación de verdad en la punta de los dedos, como mirarle a los ojos a los relatos bíblicos”.

No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad

–Una de las pensadoras que aparecen en el texto es María Zambrano, una mujer a la que ha estudiado con frecuencia y a la que vuelve una y otra vez. En este caso para recordar que ella nos avisa de que la democracia es ese orden social donde no sólo está permitido ser persona, sino que ser persona es una obligación.

–El concepto de persona es social y político. El concepto nos remite al término máscara-papel-rol. Y solo en democracia ese rol se ejerce en un espacio compartido en términos de igualdad. Si el concepto persona se desvirtúa entramos en la posverdad, en el final de la historia. La libertad tiene sentido en un contexto donde todos estamos capacitados para elegir.

–Otro de los pilares del libro es la educación, la educación frente a la barbarie, la educación para la igualdad y la democracia.

–Como ciudadana demócrata creo que la educación ha de ayudar a solventar las desigualdades inevitables que, en lo social y también en lo biográfico personal, arrastramos. Imagino siempre esa cultura, esa civilización en la que no hay niños ni niñas que tienen que dejar la escuela porque en casa necesitan su trabajo. Imagino ese espacio escolar donde los niños y las niñas aprenden que la libertad y la belleza existen y, además, les pertenecen. Y trabajo, desde que tenía 24 años de un modo profesional, en conseguir que esa cultura y esa civilización existan.

–Se antoja un largo camino.

–Es un camino larguísimo y lentísimo, casi cósmico en su temporalidad. Pero cuando se mira hacia atrás, encontramos el cambio sustancial, ético por tanto, que España ha logrado a este respecto. No tengo que remontarme al siglo XIX y traer a colación la Institución Libre de Enseñanza, aunque lo hago. Es suficiente con ver a mi madre o pensar en mi padre, que forman parte de esos miles, millones de niños y niñas esclavos que entregaron sin preguntas su infancia, su adolescencia y su juventud sin tener claro un para qué, puesto que las cosas eran de ese modo, en ciertos entornos, en la posguerra española. Ellos son la mayoría. Salieron adelante, incluso se formaron cuando tuvieron conciencia y posibilidad, porque tenían claro que solo la educación permite elegir, que la libertad es ese horizonte al que nunca llegamos, pero nos guía.

–La educación pública es fundamental en este aspecto, pero ¿se la apoya suficientemente?

–Es crucial que la educación pública sea encomiable, y que quienes nos ocupamos de ella seamos vistos como algo más que primeros auxilios. La educación en sus versiones concertada o privada son siempre opciones, y está muy bien que las haya para que se pueda elegir. Pero socialmente hablando, el apoyo a la educación pública significa estar partiendo de un principio, desde mi punto de vista, innegociable: la igualdad, en todos los ángulos, solo será tal cuando se expliciten espacios de justicia, de dignidad, donde no sean obstáculos las marcas de punto de partida, esa es su grandeza: en un aula no hay orígenes ni hay vetos ni hay clases sociales; hay presente y hay porvenir. La educación es cimientos y es, a la vez, cumbre. Y entre los cimientos y la cumbre está la cultura, que es algo parecido al aire, a la savia de la educación. Una educación “difusa”, que decían los Institucionalistas. De modo que teniendo cada una su obligación, podemos decir que dialogan constantemente porque la una enciende a la otra.

Notas:

*Marifé Santiago es escritora y profesora de Filosofía

Conversación con Luis García Jambrina

El pasado 14 de abril, en la Universidad de Salamanca, se presentó el libro “La doble muerte de Unamuno” (publicado por Capitán Swing). El rector de la Universidad Ricardo Rivero y la directora de la Casa-Museo Unamuno, Ana Chaguaceda, junto a Luis García Jambrina y Manuel Menchón, hablaron de las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte del escritor.

Una indagación histórica que tiene su origen en la exitosa película/documental “Palabras para un fin del mundo” de Manuel Menchón, en la que se cuestiona la versión oficial de la muerte de Unamuno que durante décadas dio el régimen franquista, y en la que se sugiere la posibilidad de que fuera asesinado. Con Manuel Menchón tuvimos ocasión de conversar antes del estreno de su película, que además ha sido uno de los últimos grandes éxitos de taquilla (https://espacio-publico.com/entrevista-a-manuel-menchon-director-del-documental-palabras-para-un-fin-del-mundo).

Hoy lo hacemos con el escritor Luis García Jambrina, profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Además de escritor de éxito (es autor entre otras obras de la serie “Los manuscritos” cuyo protagonista es Fernando de Rojas), García Jambrina conoce muy bien la figura y la obra de Unamuno, ya que ha sido miembro de la Comisión Asesora de la Casa-Museo de Unamuno y es director de la revista “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”.

EC. Antes de entrar en faena, la primera pregunta se refiere a la génesis de este libro. ¿Cómo surgió su encuentro con Manuel Menchón y la idea de divulgar en forma de libro las dudas sobre la muerte de Unamuno?

LGJ. Nos conocimos hace poco más de un año en Madrid, en una mesa redonda sobre Unamuno y el incidente del 12 de octubre en el paraninfo. Por entonces él estaba preparando el documental “Palabras para un fin del mundo” y yo me interesé por su investigación. Como muchas de las cosas que Menchón había ido encontrando iban a quedarse en el tintero, pues no tenían cabida en la película, comenzó a plantearse la idea de hacer un libro con el fin de profundizar en esos materiales y ampliar un poco la investigación y ahí es donde entré yo.

Hace unos quince años yo había publicado en un libro un cuento sobre la muerte de Unamuno. Ese cuento luego se ha traducido y ha aparecido en alguna antología. En él parto de los recuerdos de una mujer que era casi una niña cuando murió Unamuno, del que era vecina. Y luego me quedé con las ganas de seguir indagando en ese asunto, que siempre me ha interesado. La idea es que el libro vaya más allá de lo expuesto en el documental, con un tono más reflexivo y una mayor argumentación. Es un libro escrito con rigor y documentación, pero también con pasión.

EC. Ustedes definen este libro como un “cruce de crónica y reflexión”.  Y dicen que lo que pretenden es crear un “contrarrelato”. Su objetivo  es desmontar y desenmascarar la versión oficial de la muerte de Unamuno, aunque tampoco pretenden ofrecer la verdad. ¿Cree que este suceso, como tanto otros de la historia, permanecerá en la oscuridad del misterio y que nunca se podrá saber la verdad completa?

LGJ. Es probable que nunca se pueda llegar hasta el final, como ha ocurrido con tantos casos. Pero al menos hemos intentado ir más allá de lo que hasta la fecha se había llegado en cuanto a la investigación de ese enigma y de todas las circunstancias que rodearon la muerte de Unamuno. Por otra parte, nuestro libro no pretende ser un punto de llegada, sino un punto de partida para posteriores investigaciones que ahonden más en el asunto, tal vez desde otras perspectivas.

EC. La figura de Unamuno es controvertida, ambigua. Defensor de la República al principio, pasó después a ser apoyado y utilizado contra la República por los sublevados encabezados por Franco. ¿Cree que el escritor fue consciente de esta utilización de su imagen?

LGJ. No era la primera vez que intentaban utilizar propagandísticamente a Unamuno. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del escritor e intelectual más importante de su tiempo y del más conocido y respetado fuera de España, un autor que siempre ha levantado pasiones. De modo que son muchos los que han pretendido que apoyara sus causas o que se han declarado discípulos suyos, sin serlo verdaderamente. Pero él nunca se dejó clasificar ni etiquetar. Era muy escurridizo. A veces se dejaba querer. Pero enseguida ponía las cosas en su sitio. Él siempre fue un solitario, libre e independiente. Los falangistas tenían un empeño especial en que él los apadrinara. Pero Unamuno no estaba ni con los “hunos” ni menos aún con los “hotros”, como él escribía.

EC. En el libro se habla de que la muerte de Unamuno de alguna manera era presentida por él, que temía por su vida. ¿De qué o de quién tenía miedo?

LGJ. Está claro que de los sublevados. Había precedentes inmediatos de cómo habían acabado algunos amigos y conocidos suyos, tanto en Salamanca como en otros sitios. Sabía, por ejemplo, lo que le había pasado a Lorca, una muerte que él lamentó mucho. Así que se esperaba que cualquier día los sublevados lo fusilarán a él. Si no lo hicieron fue porque no les convenía desde el punto de vista propagandístico; ya estaban un poco escarmentados con el caso de Lorca. Esto hizo que Unamuno se convirtiera en un problema, en una bomba de relojería que en cualquier momento podía estallar. De ahí que Unamuno estuviera convencido de que lo iban a asesinar en su propia casa. Eso lo vemos en varias cartas y escritos de los días y semanas previos a su muerte. Son comentarios estremecedores.

EC. El falangista Bartolomé Aragón fue la última persona que vio con vida a Unamuno. Fascista declarado y convencido, visitó al escritor en su casa la tarde del 31 de diciembre de 1936 y estaba con él cuando falleció. Háblenos de su contribución al relato de lo que ustedes llaman la versión oficial.

LGJ. La versión oficial se construye a partir de las declaraciones realizadas por Bartolomé Aragón desde la tarde misma en la que Unamuno falleció. Este relato se fue completando luego con nuevas declaraciones, aquí y allá, en las que añade algunos detalles que aumentan el dramatismo del momento o de las horas posteriores. Asimismo, se observan algunas lagunas, incoherencias y contradicciones. A esta versión oficial contribuyeron también algunos escritores y periodistas del entorno de la oficia de Prensa y Propaganda de los sublevados, dirigida en ese momento por Millán Astray. Este falso relato a fuerza de repetirlo se convirtió con el tiempo en una verdad que luego nadie ha intentado desmontar. Se trata, pues, de una gran operación propagandística, casi de manual. Nuestro libro pretende ser una especie de contrarrelato que desmonte y desenmascare esa versión oficial.

EC. Bartolomé Aragón fue impulsor de un “Auto de fe” en Huelva consistente en la quema de libros, práctica que lamentablemente se realizó en más puntos de España por parte de las fuerzas sublevadas y de los seguidores de Franco. Por el contrario, Unamuno es sabido, era amante de los libros y de la cultura. ¿Podían llevarse bien Aragón y Unamuno con prácticas e ideas tan antagónicas?

LGJ. El auto de fe tuvo lugar en Huelva el 29 de octubre de 1936. Se trata de una prueba más de que la relación entre ellos no podía ser de amistad ni de afinidad intelectual ni de maestro y discípulo, y dibuja con claridad el perfil de Bartolomé Aragón, totalmente contrario al de Unamuno. Lo más grave es que Aragón justificaba la quema de libros amparándose en el Quijote, concretamente en el célebre pasaje del Quijote en el que el cura y el barbero prenden fuego a una buena parte de la biblioteca del ingenioso hidalgo, lo que debió de escandalizar a don Miguel si es que llegó a enterarse de ello. Este episodio del auto de fe muestra muy bien la actitud de los sublevados hacia la literatura, el pensamiento y la cultura en general, por eso le hemos dedicado un capítulo en el libro, con abundantes testimonios.

EC. Es conocido el incidente que se produjo el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Ciudad Universitaria de Salamanca, pero ¿cómo fue la relación del escritor y el fundador de la Legión española?

LGJ. Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo. Y algo muy parecido cabe decir de don Miguel con respecto al fundador de la Legión, lo que había dado lugar a ciertas rencillas y desavenencias. De ahí que estuvieran condenados a enfrentarse, ya fuera por una cosa o por otra, en Salamanca en esos últimos meses de 1936. Ya algunos años antes del incidente del paraninfo, en el Ateneo de Madrid, Unamuno había llamado a los legionarios nada menos que «cortacabezas y hampones» y otras cosas más y eso era algo que el fundador de la Legión no había olvidado. Tampoco el 12 de octubre era la primera vez que Millán Astray arremetía públicamente contra los que él consideraba malos intelectuales o intelectuales traidores. Sus vidas pudieron haberse cruzado también en París en 1924.

Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo.

EC. Uno de los aspectos más controvertidos de la versión oficial de la muerte de Unamuno es el dictamen médico. Varias décadas después ustedes destacan las contradicciones y errores de este dictamen. ¿Nos puede hablar de las investigaciones que les han llevado a dudar de este informe médico oficial?

LGJ. En relación con las causas de la muerte de Unamuno hemos contado con el asesoramiento de Francisco Etxeberria Gabilondo, médico especialista en Medicina Legal y Forense, uno de los más prestigiosos y reconocidos de España, que tuvo la amabilidad y la generosidad de contestar por escrito a las preguntas que le formulamos sobre el caso en un cuestionario. Según figura en el acta de defunción de Unamuno, la causa inmediata de la muerte fue una hemorragia bulbar. Pero esto solo podía haberse dictaminado con certeza si Unamuno hubiera estado vivo cuando llegó el médico y lo examinó. Sin embargo, todas las declaraciones de testigos dan a entender que para entonces ya había fallecido. En ese caso, tal tipo de hemorragia solo podía haberse observado por medio de una autopsia. Pero esta no se llevó a cabo. Con lo que llegamos a un callejón sin salida. 

EC. Por último, ustedes hablan de que la muerte de Unamuno fue doble, primero su muerte física y después la utilización de su imagen, la apropiación de su persona por parte de un régimen con el que no comulgó. ¿Cree que es posible que se le haga justicia?

LGJ. Al margen de como muriera, lo más grave en el caso de Unamuno es lo que en el libro llamamos la muerte simbólica, que consiste en el secuestro, en primer lugar, de su cadáver y luego de su memoria, de su legado y de su figura y en el hecho de que los falangistas lo enterraran como un fascista, como uno de los suyos. Como consecuencia de todo ello, don Miguel quedó al final en una especie de purgatorio, considerado como un traidor por unos y por otros, lo que no quitaba para que los sublevados se sirvieran propagandísticamente de él en cuanto se les presentaba ocasión o escarnecieran su figura dándole, por ejemplo, su nombre a un campo de concentración de Madrid. La mejor justicia que se le puede hacer a Unamuno es la recuperación total de su memoria y el esclarecimiento de la verdad, sea la que sea. Como a él le gustaba decir: “primero la verdad que la paz”.

Notas:

*Crédito de la imagen: CRISTINA CANDEL.

A medio camino entre el ensayo, la novela y la colección de cuentos, Un verdor terrible de Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980) cuenta la historia de una ciencia que se ha vuelto cruel y ha trascendido al ser humano; la ciencia del siglo XX.

Seguramente, el hecho más reseñable del libro es que nos muestra el cambio de actitud frente a los descubrimientos de la física y las matemáticas, y este cambio viene provocado por el carácter casi apocalíptico de estos mismos descubrimientos. ¿De qué otra forma describir la certeza de que algunos problemas nunca encontrarán solución? Por primera vez, la realidad es incognoscible. Si en el siglo XIX, el siglo del progreso imparable, la ciencia era el instrumento  y el saber que permitiría sacar a la luz todos los misterios del mundo, ahora esta se convierte en el principio de nuestra destrucción como especie. Einstein, explica Labatut, fue un científico que, paradójicamente, tuvo mentalidad del siglo XIX, al tiempo que participaba en los grandes cambios del XX. Por eso, pronunció su famosa frase “Dios no juega a los dados” y se negó a aceptar un universo no mecanicista. Las leyes instauradas por Newton no se tambalearían por la presencia indeseable del azar. Sin embargo, esto es lo que ocurre y lo que demostró Heisenberg con su principio de incertidumbre.

Los personajes del libro son todos científicos y matemáticos ilustres, los protagonistas de la historia de la ciencia de los últimos cien años. Presentados por Labatut, todos comparten una tendencia a la iluminación y la revelación. No son capaces de dar con soluciones a problemas si no es mediante el dolor y la enfermedad. Una mezcla de mística y ascetismo. Son las bocas de una realidad superior. Tendemos a leer nuestro presente en función del pasado inmediato, pero lo que se demuestra es que, para comprender lo contemporáneo, es necesario penetrar en el intrincado sistema de túneles situado bajo la historia y que conecta las épocas de manera no consecutiva. Así, los científicos del siglo XX no se parecen a los XIX. Son gnósticos; descubren un conocimiento capaz de transformar la propia vida (metanoia). Mezclan su trabajo con lo religioso. El mundo, aunque parezca mentira, vuelve a ser mágico.

Benjamín Labatut

El libro, escrito con un estilo impecable y de manera elegante, hace emerger una serie de figuras que, aunque monstruosas, son reales y hasta simpáticas. Labatut tiene la cualidad de ofrecer una descripción de algunos hechos que marcan nuestro tiempo y que no parecen haber sido asimilados por nuestra cultura. La ciencia puede destruir el mundo. El progreso, a su vez, no es tal y, en caso de existir, afecta solo a lo tecnológico. Hay  cosas que no pueden saberse.

Estos hechos tienen un alcance que el libro no describe y que cada lector deberá deducir por su cuenta. Es complejo porque no solo nos afecta como especie, sino también a nivel íntimo.

Inteligente y erudito, Un verdor terrible es, indiscutiblemente, uno de esos libros imprescindibles para comprender la realidad actual. Además, es una muestra excepcional de literatura. En ocasiones sobria, en ocasiones humorística. Es normal, por lo tanto, que siga acumulando ediciones y traducciones. Una lectura obligatoria para aquellos apasionados por preguntar y que no necesariamente esperen respuestas, sino todavía más preguntas.

“Lo esencial es invisible a los ojos” (Antoine de Saint Exupèry)

Sustentable, Guía de restaurantes de la Comunidad Valenciana” (Editorial Mediterránea, 2020; coordinación editorial a cargo de María Diago https://mesamediterranea.com/) no es una guía de restaurantes al uso como la Michelin.

Creo que tenemos que aprovechar los tiempos de crisis planetaria como la actual para sugerir un cambio de valores que permitan una reforma profunda de la forma de ver, pensar, valorar y finalmente de actuar que nos saque del pozo profundo de ignorancia, desinformación y soledad en que estamos sumidos.

Puede ser que la juventud rebelde, que se manifiesta violentamente, lo haga movida por sentimientos de desafección, de falta de expectativas, desaliento, desánimo y de ausencia de esperanza.

Nos han repetido continuamente que la pandemia nos ha hecho valorar a las personas humildes pero esenciales para el normal funcionamiento de la sociedad. Incluye a los pequeños comercios de proximidad, a los barrenderos y recogedores de basura, a tantas personas anónimas que han permitido que se produzca diariamente el milagro de que salga agua al abrir un grifo, o que se encienda la luz o el televisor al apretar el interruptor. No olvidemos a bomberos y policías que han ayudado, de forma anónima, el paso del Huracán Filomena. De los sanitarios todo lo que se pueda decir es poco. Poco valorados económicamente, por algunos dirigentes políticos, han dado hasta la vida por los demás.

Cuando todo esto pase volveremos a continuar pensando y actuando como antes. Concretamente, y centrándonos solamente en la restauración, en el sentido de casas de comidas, los que puedan volverán a los restaurantes de prestigio por las estrellas Michelin que poseen y que exteriormente se caracterizan por el gran tamaño de los platos y la pequeña cantidad de comida que contienen. Olvidamos que la etimología de prestigio es la misma que la de prestidigitador o ilusionista que nos engaña con sus manejos haciéndonos ver cosas que no son, que son irreales. Porque pensemos en las personas que otorgan las codiciadas estrellas Michelin: ¿en qué Universidad se han doctorado u obtenido un “máster”, que les faculta para otorgar tales distinciones que arrastran a personas de poder para codearse con sus similares en sitios exclusivos? Las estrellas Michelin se basan en la vanidad. No se adjudican por métodos racionales y/o científicos. Se aprovecha el ansia de distinción que anula el intelecto de muchos, teniendo como consecuencia que se forman círculos cerrados de vanidosos engañados por los pícaros de siempre.

Los programas de televisión nos meten en el salón de casa a estos “magos” de la cocina haciéndonos ver su vulgaridad y falta de higiene (la pandemia me ha hecho muy observador) al echar el aliento, aerosoles (potencialmente peligrosos) encima de los platos.

Sustentable por el contrario, está redactada coralmente por un equipo de profesionales y científicos de probada valía, coordinados por María Diago, bióloga especializada en sostenibilidad ambiental; profesora acreditada ha sido Directora General de Cambio Climático de la Comunidad Valenciana y autora de libros sola o en colaboración sobre el cuidado de la Tierra.

Trata ante todo de la Dieta Mediterránea, tan alabada como desconocida en su sustancia, historia y razón de ser que ha sobrevivido milenios al paso de civilizaciones y que tiene sus raíces en: calidad, proximidad y sostenibilidad.

Con arreglo a eso se otorgan hasta cinco soles a:

 1º.-Gastronomía (calidad), evidentemente es necesario que los platos elaborados sean apreciados por el paladar y atractivos en su presentación.

 2º.-Proximidad, sus ingredientes se deben producir en la proximidad, se les conoce y no ha lugar a engaño. Tanto el que vende como el que compra saben lo mismo del producto lo que no pasa cuando se compra un producto(delicatessen) envasado en tierras lejanas. La proximidad ahorra gastos desmesurados de transporte y de construcción de medios de transporte y almacenamiento. (del huerto a la cazuela).

3º.-Sostenibilidad, energía empleada (renovable o sucia), separación y reciclaje de los diferentes tipos de residuos. Edificios energéticamente eficientes.

Agradezco personalmente la publicación de esta guía, me ha recordado las paellas y arroces caldosos que hacía mi abuela valenciana.

“¡Cuán gritan esos malditos ¡” “Don Juan Tenorio por José Zorrilla

Hubo silencio y también grandes voces que enrarecían los sentidos solo con el ruido atroz de sus gestos vacuos” Alberto Corazón

Rosa María Artal es un lujo del periodismo español actual. Por esa razón L´Associació de Dones Periodistes de Catalunya le acaba de conceder un premio a su trayectoria periodística que ha recogido personalmente.

Rosa se distingue por la defensa que hace en sus escritos de la dignidad de todos, sobre todo de los más desvalidos. Graham Greene decía en una de sus novelas algo parecido a “nadie conoce mejor la religión que el pecador”. De igual forma pienso que solamente el que ha recibido algún tipo de humillación en su vida (como yo) puede sentir en el hondón del alma la humillación que sienten otros. De otra forma no me explico la sensibilidad patente en todas sus obras.

Cito, también de memoria, un refrán francés que creo que utilizaba Pierre Benoit: “Mi padre ha vendido el arado y se ha comprado un tambor” Con la edad y la jubilación muchos afortunados conquistan la libertad perdida por la cuenta de resultados o los índices de audiencia. Rosa María la ha conquistado sobradamente.

De igual forma Rosa es un lujo en una profesión que dice “presencialidad” por presencia; “a través de” en lugar de: “por medio de”, o “mediante”; “de cara a mañana” por simplemente “para mañana”, y lo que es peor confundir CONFRONTAR (comparar dos cosas poniéndolas una frente de otra) con  ENFRENTAR. Las ideas se sopesan, se comparan, se confrontan mediante un diálogo tranquilo y sosegado. Pobre Cervantes, todo el mundo habla del Quijote pero pocos son los que lo han leído o, como decía un compañero (ya difunto): “En el Vaticano todo el mundo habla de Dios pero nadie cree en Él”

Se dice que los suramericanos hablan mejor español que los españoles porque no quieren ser colonizados por USA. Cosa que, desgraciadamente, no ocurre en España. Ahora sabemos hablar inglés a costa de ser colonizados e inclinarnos servilmente ante el “Poder”.

“La Bolsa o la Vida” (Roca editorial, 2021) es una crónica mundial de un año sacudido por una pandemia universal, dedicando una atención especial a lo ocurrido en España. Es un libro memorable que utilizarán los historiadores dentro de muchos años para escribir sobre la España actual, su intrahistoria y sus “mandamases”.  

Es un libro imprescindible para leerlo y releerlo viendo cómo actúa la “internacional del odio” denunciada por Juan José Tamayo en todo el planeta: Brasil, EE UU y también aquí que se expande por radios, televisiones, redes sociales.

Con la Constitución pasa lo mismo que con el Quijote, todo el mundo habla de ella pero casi nadie la ha leído, como expone reiteradamente Rosa María. Supuestamente según el art 14 todos somos iguales ante la Ley, en la práctica somos esencialmente desiguales, como se le ha escapado a alguien que no ha hablado al “diktat” del argumentario diario. Caso especial es el de la Iglesia Católica (pero poco cristiana) que, ignorando el Evangelio que proclama la igualdad absoluta de todos, el Nazareno lo repite continuamente, le riñe a Pedro por eso, porque tenía una mollera muy dura. Es una pena pero ésta no es la Iglesia con que soñaba. Se ha convertido en una estructura piramidal y jerárquica en la que cada escalón trata de ocultar sus vergüenzas al siguiente. Acaparadora de poder (Sacro Imperio Romano Germánico) que tantas muertes ha producido (cruzadas, guerras de religión europeas y siguen. En España tiene unos privilegios (leyes privadas) no reconocidas en la Constitución pero existentes “de facto”: exenciones de impuestos, inmatriculación de propiedades como La Mezquita de Córdoba, la giralda de Sevilla y centenares de propiedades propiedad de las comunidades rurales desde tiempo inmemorial. “No se puede servir a dos señores” dijo el Nazareno y la Archidiócesis de Madrid echa a ancianos de sus residencias, a inquilinos de sus viviendas… porque avispados administradores se aprovecharon de la dejadez y soberbia de obispos más atentos a sus ropajes, mantos y capirotes que al bien del “rebaño”. El Cardenal-Arzobispo de Madrid no ha dignado acercarse a la Cañada Real Galiana en la que cientos de niños inocentes, junto con miles de adultos viven en situación deplorable, anta la mirada inmisericorde de los sucesivos gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid que mantienen esta situación ANTICONSTITUCIONAL desde hace decenas de años. “Deles Dios mal galardón” como dijo un poeta.

No faltan las alusiones a ruido de espadones que quieren imponer su poder. No llegan a situaciones como cuenta Baroja que, en el XIX, llegaron a batirse en la antecámara de la Reina para disfrutar de ella, anhelante de sexo.

En tanto siguen los insultos, descalificaciones, risas en el Congreso, Senado, Asamblea o Ayuntamiento, convertidos en auténticos “patios de monipodio”

Y la mierda de la corrupción desborda todo lo imaginable. No existe depuradora capaz de absorber tanta desvergüenza.

En tanto en Beirut estalla un depósito de municiones. En Siberia aparecen cráteres inmensos emanando metano y vayamos a saber qué virus congelados vagan descontrolados por la atmósfera.

No importa, Bolsonaro y Trump siguen con sus papeles de matones de poca monta, el segundo parece que llega a organizar un asalto al Capitolio. Pero ha prometido continuar.

Filomena nos coge en Madrid con “el culo al aire” se arma la de Dios es Cristo pero al final con el tiempo y la abnegación de los humildes servidores públicos, parece que el problema se ha resuelto. Hasta la próxima.

Pero la pandemia sigue su marcha triunfal ante la inoperancia de políticos, autonómicos (suya es la ley, la competencia, los servicios, pero no la inteligencia, la visión, la empatía…) Ayuso sigue con sus “ingeniosidades” sin gracia retrechera ni salero, tiene una mala sombra que se la pisa. Pero continúa jaleada por sus conmilitones.

Se empieza a vacunar. Los listillos de siempre se aprovechan y lo hacen incumpliendo el orden. Hace un par de horas me han puesto la primera dosis, dentro de poco cumpliré 86.

Las televisiones hacen su agosto.  A falta de procacidades en playas exóticas la pandemia da mucho que hablar. Al Ministro de Sanidad se las dan por la derecha, a Simón también. Aparecen “todólogos” por doquier. Cualquier botarate puede sembrar la inquietud.

El libro es imprescindible. Es tan increíble lo que ha pasado, sigue pasando y pasará que Rosa María Artal tendrá que continuar.

Confieso que a algunos les puede deprimir su lectura. A mí me ha pasado. Se me han revuelto las entretelas del alma. Pero será necesario releerlo dentro de unos años, Porque es increíble que exista tanta cerrazón en la derecha española. Si está claro: o nos salvamos todos o nos vamos todos a pique sin la orquesta del Titanic. Los que no resucitarán serán los ancianos fallecidos de las residencias, víctimas de la dejadez e incuria.

Termino dando las gracias a Rosa María, porque sus ojos claros siguen viendo los que otros no ven, porque sigue teniendo conectados todos los lóbulos cerebrales que le permiten, no solo ver la realidad como es, sino prever las consecuencias.  La roña y el ruido no lograrán vencer su valentía, su tozudez de baturra así como la ilusión que pone en todo lo que emprende.

“Esta escritura es un conjuro”. Esta frase, con la que empieza el último de los cuentos que componen este libro (publicado por Páginas de espuma), podría servir para captar en unas pocas palabras el espíritu de la nueva publicación de Mónica Ojeda (Ecuador, 1988). La autora despliega en sus textos una mezcla de literatura gótica y leyendas andinas. Ambos universos convergen para formar personajes que parecen sacados de una película giallo, género al que se refiere la escritora en uno de sus cuentos, y que abren los brazos al cielo, desmenuzan el lenguaje hasta grabarlo sobre piedras blancas y llegan a acariciar los labios de una divinidad innombrable cuyo nombre es más un ruido que una palabra.

La mayoría de los cuentos tienen un fondo macabro que, a manera de dato escondido, va alumbrando el interés del lector quien, por otra parte, se sumerge en el lenguaje poético del que resulta imposible despertar hasta las últimas líneas. Esta mezcla de lo macabro con un tipo de escritura vertebrada por potentes y visuales metáforas pudimos disfrutarla también en Mandíbula. Lo que, junto a estos elementos, destaca en Las voladoras es el imaginario de las leyendas andinas: el cóndor, las montañas, los volcanes, las brujas.

Es extraña, casi contradictoria, la sensación de estar leyendo algo profundamente bello, pero que también da miedo y hasta en ocasiones es divertido. El conjunto es mágico en el sentido más literal de la palabra. Durante todo el libro se tiene la certeza de estar leyendo las paredes de una cordillera o las constelaciones que las alumbran por la noche. Por arte y talento de Mónica Ojeda, la lectura también es un conjuro.

Quien no se haya acercado a la literatura de esta autora descubrirá en este libro una puerta a un mundo y un estilo que son solo de esta escritora y no podrá evitar continuar investigando en sus obras. Es un lugar en que las mujeres vuelan, tienen los cabellos largos y muy negros y las cabezas salen disparadas al cielo (también las nuestras). Las voladoras debe ser leído desde la primera página a la última, incluyendo los agradecimientos finales, que contienen, en el párrafo final, un alegato a tener en cuenta. Libro de maravillas, comenzando por la portada: una mujer-pájaro, la luna y las montañas.

El último libro del profesor Tamayo, publicado por la editorial Icaria, trata de temas de rabiosa actualidad. ¿Cómo han surgido personajes como Trump en USA o Bolsonaro en Brasil que han accedido al poder mediante elecciones? También lo hizo Hitler pero fue elegido por un pueblo humillado por el pago de las indemnizaciones de la Gran Guerra (1914-1918). Son personajes que representan el odio hecho carne que, como un virus, produce una pandemia de la que no se librará ningún país.

El título de capítulo 1 lo dice todo: La internacional cristoneofacista al asalto del poder blandiendo la Biblia.

En España, Tamayo denuncia la alianza entre Hazte Oír, organización católica ultraconservadora, fundadora de un lobby internacional (Citizen Go) y VOX a los que se unen: Abogados Cristianos, Derecho a Vivir, Comunidades Neocatecumenales, El Yunque, etc. Organizaciones apoyadas por algunos obispos españoles nombrados por los dos Papas anteriores a Francisco, a quien califican en privado de filocomunista por apoyar a las personas y países empobrecidos.

Juan José Tamayo

El odio en España es visible, sólo hay que ver y escuchar las sesiones parlamentarias en las que no se hablan de los múltiples problemas que la pandemia ha originado en el planeta Tierra, sino que se insulta y descalifica a todo el gobierno de coalición cuando debería sumar sus esfuerzos para resolver los problemas.

El odio es un virus mucho más contagioso que la Covid, ¡Qué fácil e indigno es echar la culpa a los demás de los propios errores! A base de repetirlo y propagarlo cala en las mentes sencillas como ya previó el nazi Goebbels, servidor de Hitler.

Es humano que nadie quiera reconocer las propias faltas. Cada uno de nosotros trata, inconscientemente, de aparentar ser mejor. No en vano la palabra persona proviene del latín: máscara, actor. Cada uno de nosotros puede tener múltiples personalidades. Padre amantísimo, marido cariñoso, directivo ambicioso sin escrúpulos ni corazón y temido por sus subordinados, macho mujeriego y fanfarrón o piadoso, religioso y cumplidor fiel.

¿Cómo es posible que el mensaje del amor, fundamento del cristianismo, se haya convertido en mensajes de odio virales transmitidos por las redes sociales?

Animo al Profesor Tamayo que nos aclare este giro copernicano. Me atrevería a apuntar alguna pista con la máxima humildad y aprovechando la amistad y admiración que profeso a Juan José Tamayo.

Sin considerar el maleficio, que supuso en 313 al cristianismo convertirse en religión del Imperio con Constantino, coparticipando en los errores del poder, me atrevería a asegurar que a finales de la Edad Media los cristianos en lugar de practicar las virtudes rescatadas por Tomás de Aquino de la obra de Aristóteles se limitan a obedecer los mandamientos del Antiguo Testamento, olvidando adrede que el Nazareno dijo que vino a darles sentido. Se acatan simplemente por temor al infierno o amor al paraíso (castigo o soborno, palo o zanahoria). Al mismo tiempo la Inquisición quema al que piensa y sus libros. Se observan escrupulosamente los rituales mientras se trafica con negros, se explota a los subalternos, se evaden impuestos, se llevan las riquezas a paraísos fiscales, se especula, no se cuida el medio ambiente (casa común) etcétera.

Se utiliza la Iglesia enviando a los hijos a colegios religiosos para que tengan “buenos contactos”. A los débiles y desprotegidos se les margina bien lejos, abandonándoles en la Cañada Real Galiana de forma inconstitucional sin que los poderes públicos responsables (regionales y locales) hagan nada por solucionar el “problema”.

El sistema y la Internacional del Odio marginan a los que les crean problemas.

Es un libro imprescindible.

Dice nuestro compañero Juan Tortosa en uno de sus últimos artículos que ahora todo el mundo asegura que lo que ha hecho el trumpismo “se veía venir”. “¿Allí sí y aquí no?”, pregunta, para advertir a continuación que aquí “no estamos blindados”.

Tiene razón. Estamos desprotegidos. Lo estamos desde hace tiempo, como lo hemos estado en otros momentos a lo largo de la historia.

Para defender la democracia hay que hacer algo más que escandalizarse ante las manifestaciones de la ultraderecha. Lo que pasó en Washington el pasado día 7 es una expresión espectacular pero también dramática del crecimiento del autoritarismo.

La ultraderecha crece y se crece en Estados Unidos, pero también en América Latina, en países de Europa y en otros continentes. A menudo parece delirante. Incluso hay quién le ríe las gracias, pero se hace fuerte internacionalmente y avanza con todas sus amenazas.

Más allá de la voluntad de resistencia y de decir muchas veces que “no pasarán” hay que saber el motivo por el cual pasan y entran con fuerza dentro de instituciones formalmente democráticas. Crecen, entre otros motivos, porque la izquierda es débil, se adapta a la derecha y hoy no presenta un proyecto propio socialmente alentador o esperanzador.

“Sólo se vencerá al fascismo con la defensa de las conquistas democráticas, pero con una política social que corte las raíces de las que se alimenta, ya sea en los países capitalistas desarrollados como en otros sectores del planeta”, dejó dicho el profesor de filosofía Daniel Bensaïd en un libro, Una mirada crítica al siglo XX[1], que recoge la transcripción de doce respuestas relativamente breves a preguntas sobre momentos clave del siglo XX. Doce textos especialmente útiles para pensar sobre el tiempo que nos toca vivir con la perspectiva que ofrece el análisis histórico.

Bensaïd murió hace ahora exactamente 11 años, y estas reflexiones suyas fueron recogidas entre 2007 y 2008. En Francia la extrema derecha ya había demostrado su capacidad de crecimiento, pero faltaban 10 años para que Jair Bolsonaro se convirtiera en presidente del Brasil, Donald Trump no había entrado en política, nada se sabía por ejemplo en aquellos años sobre Qanon. La oleada reaccionaria global todavía no se percibía con tanta claridad como ahora, pero Bensaïd hacía tiempo que advertía sobre la deriva del autoritarismo neoliberal y sobre la necesidad de plantar cara con la articulación de políticas sociales.

“Nuestra humanidad, encaramada a un polvorín sin precedentes, hace frente a la inminencia de un nuevo episodio -cada vez más grave que el anterior- de una crisis económica de larga duración del capitalismo contemporáneo, un episodio que no conduce por sí mismo a un sobresalto político emancipador, sino a las peores regresiones y al fascismo”, advierte en la introducción del libro la filósofa marxista Isabelle Garo, que hace hincapié en la actual inexistencia “de una voluntad transformadora”, para poder “iniciar la larga y difícil tarea de abolición democrática y concertada del capitalismo”.

Abolición del capitalismo”. En otro tiempo no muy lejano era una perspectiva compartida por un número más que significativo de intelectuales y militantes de organizaciones políticas y sociales de todo el mundo. Hoy no se encuentra más que en boca de grupos relativamente restringidos.

Daniel Bensaïd

Bensaïd se daba cuenta de las consecuencias del fracaso de los “primeros intentos de avanzar hacia una sociedad socialista” y las explicaba sin tapujos. “Hay que decir que aquello terminó con una derrota, sí”. “Eso hipotecaría cualquier nuevo intento de hacer algo diferente a una sociedad capitalista, que obviamente se estrellará”. “Se estrellará”. Parecía casi una premonición de los efectos catastróficos de la actual pandemia.

Hablaba para este libro sobre lo que ocurrió después de la revolución de octubre, sobre “lo que habría podido suceder pero no sucedió”. Dice [dejó dicho] que “entramos en una nueva etapa” y, para caracterizarla con cierta dosis de optimismo, recupera una expresión de Gilles Deleuze: “vuelve a comenzar por la mitad”, porque “nunca se vuelve a empezar desde cero”.

Responde en este libro a la pregunta sobre lo que significó el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en 1919 por parte de fuerzas que el gobierno socialdemócrata llamó para liquidar el movimiento revolucionario de los trabajadores alemanes. Aquella derrota representó el inicio de la frustración de la esperanza de extensión de la revolución social hacia Europa. “En política las consecuencias son acumulativas y cada ocasión perdida compromete la siguiente”, argumenta el filósofo revolucionario. “A menudo se evalúan e incluso se contabiliza el coste de las revoluciones y de las guerras civiles, pero en general se olvida el coste de las revoluciones perdidas y el de las no realizadas. En el siglo XX la humanidad ha pagado un precio desorbitante por el fracaso de la revolución alemana a través de la victoria del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial”. Un ejemplo más que evidente de lo que ocurre cuando la izquierda se niega a sí misma, busca el apoyo de la derecha, utiliza la represión contra su gente y demasiado a menudo desprecia o ridiculiza el ascenso de la ultraderecha.

Y a propósito de las revoluciones perdidas, este pensador internacionalista no deja de referirse al triunfo del fascismo en el Estado español. Además de recordar que Andreu Nin, dirigente del POUM, no fue asesinado por las tropas de Franco, sino por los estalinistas, como está más que probado, señala como uno de los “grandes crímenes” de las democracias europeas, incluyendo en ellas a sus componentes socialistas o socialdemócratas, el de “la no intervención” en el conflicto generado por los militares que se levantaron contra la República. Los nazis alemanes y los fascistas italianos intervinieron abiertamente, hace notar.

Daniel Bensaïd evoca también lo que significaron los movimientos de emancipación nacional, como el que consiguió la independencia argelina, que durante los años 60 y 70, constituyó para muchos jóvenes “una referencia casi tan importante como la experiencia cubana o la vietnamita”. O la relevancia de la figura de Patrice Lumumba para las independencias africanas. Y reflexiona con todo tipo de detalles sobre lo que representa Salvador Allende y su partido de entonces, socialista, que se encontraba a la izquierda del PC y alimentó la idea según la cual “las elecciones podían ser el inicio de un proceso social de radicalización que desembocara o transitara hacia una revolución social radical”. Señala, sin embargo, la fatal “extensión de las alianzas gubernamentales hacia la derecha” y las “garantías suplementarias dadas al Ejército, con los nombramientos de puestos ministeriales que incluían el de Augusto Pinochet”.

Resultan también especialmente interesantes sus reflexiones sobre la revolución cubana y el guevarismo. Dice que en América Latina existen miradas críticas hacia Cuba “sobre cuestiones democráticas, y con toda razón”, pero sobre la figura del Che explica que es “uno de los pocos símbolos del siglo XX que ha escapado a la corrupción, desmarcado voluntariamente de una lógica de burocratización”. “Su gesto quizás fracasó”, admite, “pero lleva consigo en sí mismo el simbolismo de revolución permanente que no puede detenerse en Cuba desde el momento en que hay una oportunidad… ¡La única oportunidad para una isla como Cuba, todavía más que para la URSS, es abrir ventanas!”, proclama.

Bensaïd fue uno de los dirigentes más reconocidos de Mayo del 68. En este libro hace una serie de precisiones remarcables para los historiadores y se podría decir que imprescindibles para quienes quieran hacer cavilaciones sobre lo que se puede hacer en el futuro.

Si el movimiento de mayo del 68 fue simbólico en todo el mundo es, en primer lugar, porque se produjo “la huelga general más larga y más masiva de la historia de Francia”. “¿Fue la prefiguración de los movimientos sociales del siglo XXI?, se pregunta. Y también representa un hito porque entró en “resonancia con una serie de acontecimientos acumulados en aquel mismo año”, desde la Primavera de Praga hasta la ofensiva del Tet en Vietnam, además de con movilizaciones juveniles en diferentes países de América Latina, Europa y Asia. Fue un movimiento “efímero”, reconoce, “pero mostraba un ánimo anticapitalista, antiburocrático y antiimperialista”. El más importante, según él, es el de “poner el acento en lo que se podría haber hecho para ir más lejos”.

Deja clara la necesidad de estimar las correlaciones de fuerzas, pero no para observarlas como circunstancias inamovibles: “En mi opinión, la política no funciona por pronóstico… Hay que decir lo que sería deseable o necesario e intentar actuar de forma que se vuelva real y posible”.

Daniel Bensaïd también rescata de la memoria de aquellos años 60 y 70 la ruptura del orden moral y familiar, respetado también hasta entonces por buena parte de la militancia del comunismo tradicional, el establecimiento “de una relación relativamente estrecha” entre el ascenso potencial del movimiento social, del movimiento obrero y el de las mujeres. Expresa cierta nostalgia por las publicaciones feministas desaparecidas, que vinculaban las reivindicaciones específicas de las mujeres con lo que en aquel tiempo se conocía como movimiento obrero. Algo queda según él de todo aquello. “Digamos que existe una herencia, una cultura y también una memoria del movimiento de mujeres” que se ha difundido en la sociedad. Aun así no deja de diferenciar la existencia de opresiones diferentes: la explotación social y la dominación de género. “Nada indica que poner fin al capitalismo implique, de manera mecánica, automática, acabar con la opresión de las mujeres”.

Bensaïd responde finalmente sobre lo que representó la caída del muro de Berlín y explica que le gustaba hablar de una imagen impactante de una película de Margarethe van Trotta sobre Rosa Luxemburgo, en la cual se ve a “todas las figuras históricas de la socialdemocracia alemana… en la fiesta del primero de mayo del año 1900, festejando el nuevo siglo que anunciaría el final de las guerras y de la explotación”. “Hay que decir que aquello acabó con una derrota”, afirma de forma bien explícita. “Hay que afrontar el enigma para encontrar elementos que nos permitan comprender lo que nos ha ocurrido, a nosotros, a todos los soñamos finalmente con otro mundo”.

En este libro aporta no pocas claves para entender lo que se podía ver a venir, pero tal como señala Michael Löwy en su prólogo, Bensaïd “denuncia sin piedad la miserable concepción fatalista de la historia”, que “está hecha de bifurcaciones”. “El estalinismo, el nazismo, nada estaba decidido por adelantado. El futuro no se puede prever, depende de nuestras propias acciones”.

Notas:
1. Daniel Bensaïd Una mirada crítica al siglo XX. Fragmentos radiofónicos. Editorial Sylone y Viento Sur. Barcelona, octubre 2020. (Original en francés: Daniel Bensaïd FragmentsRadiophoniques12 entretiens pour interroger le vingtième siècle. Du Croquant, febrero 2020).

Conversación con Andy Robinson

arobinson@lavanguardia.es

Nació en Liverpool, se licenció en la London School of Economics, comenzó su carrera periodística en Sabadell, hoy es corresponsal de La Vanguardia y ha recorrido el continente latinoamericano con Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano bajo el brazo. Fruto de esos viajes por gran parte de los territorios que visitó el escritor uruguayo son el conjunto de sus crónicas y reportajes personales recogidos en el libro Oro, petróleo y aguacates (Arpa, 2020), que nos ofrecen un mosaico muy lúcido de la América Latina del siglo XXI, cincuenta años después de que Eduardo Galeano dijera aquello de “Somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”. Se llama Andy Robinson y hoy tenemos la suerte en Espacio Público de poder conversar con él.

EP: En tu libro trazas un retrato extraordinario de la realidad, de lo que de verdad está pasando en América Latina. Hablas de un continente muy rico en recursos, tanto en minerales como en fauna y flora: petróleo, oro, coltán, niobio, diamantes, soja, quinoa, carne…pero que eso precisamente es lo que le ha creado una gran dependencia y que a pesar de que haya habido gobiernos progresistas no se ha implementado en la región una economía propia. ¿Qué piensas que ha cambiado desde aquellas “venas abiertas” que apuntaba Galeano?

AR: Mucho ha cambiado desde que Eduardo Galeano escribiera las Venas abiertas hace exactamente 50 años. Entonces, en casi toda la región gobernaban cruentas dictaduras militares que liquidaron físicamente a la izquierda. Ahora con el lawfare solo se ha intentado liquidar jurídicamente la izquierda metiendo a todos en la cárcel… en algo hemos avanzado… (bromeo un poco pero no tanto).

En el libro se trata de resaltar algunas cosas que no han cambiado, concretamente la dependencia de muchos países de la exportación de materias primas, bien sean minerales como hierro oro o coltán, bien sean alimentos como soja o la carne vacuna. Esto no sólo tiene un impacto medioambiental y social muy preocupante conforme se deforesta cientos de miles de hectáreas en la Amazonia desplazando a muchos campesinos, sino también es un obstáculo para el desarrollo económico. Y comento en el libro como el fin del súper ciclo de precios de materias primas hace 5 o 6 años tuvo un impacto muy nefasto para los gobiernos progresistas en el poder y lo sigue teniendo para un país como Venezuela.

Y también en esa comparación histórica entre los momentos que describe Galeano y lo que está ocurriendo ahora, trato de comentar algunos indicios preocupantes de que tal vez está volviendo el golpe de Estado como vehículo de recuperación del poder de las elites locales y sus aliados en Washington o Madrid, aunque sea un golpe de Estado blando como en Brasil. Trato de describir en capítulos sobre el hierro y el petróleo en Brasil cómo la politización de la justicia y una investigación anticorrupción con blancos preseleccionados facilitó un golpe blando contra Lula y Dilma; y en un capítulo sobre el litio el golpe de Estado más clásico el año pasado contra Evo Morales.

No estoy diciendo que estas rupturas con la democracia estén directamente relacionadas con esas materias primas. Trato de rechazar teorías de conspiración reduccionistas como lo que decía Álvaro García Linares del litio y el golpe en Bolivia. Pero al igual que en los tiempos que describe Galeano hay relaciones entre esa nueva política más dura de la derecha y la estrategia geopolítica de Estados Unidos, de controlar los depósitos de recursos críticos en tiempos de competencia global y una suerte de nueva Guerra fría respecto a China, que recuerda en algún sentido a la incidencia de la Guerra fría modelo original en América Latina.  

EP: Nos hablas de la explotación de los mineros y de las mafias que operan en la región; “el oro era un activo financiero y cada vez más líquido, idóneo para blanquear los ingresos ilícitos de las McMafias”. El oro se saca de América Latina, pero se refina en Suiza, “cuyas cuatro refinerías procesaban el 50% del oro producido a escala global”. Es una constante de esta globalización. ¿Es posible entender el empobrecimiento de los países del Sur sin tener en cuenta el enriquecimiento de los países “desarrollados”?

AR: Esa relación entre los países del norte global y América Latina es precisamente lo que Galeano describe, cuando habla de esas paradojas de que la riqueza del subsuelo y de la naturaleza de América Latina, es la causa de su pobreza y subdesarrollo ya que lo convierte en objeto de relaciones de explotación con los países coloniales. Y trato de actualizar un poco esta idea y comentar, que en muchos casos las venas abiertas son las del ecosistema y que existen multinacionales dentro de América Latina, como la minera Vale en Brasil que son tan responsables por la hemorragia como las de fuera.

Dicho eso, sigue habiendo una relación perversa entre los países ricos del norte y América Latina. Y en el capítulo sobre el oro comento eso en un viaje desde Colombia y Centroamérica hasta Utah. En Estados Unidos se trata de explicar por qué la fiebre de extracción tras la crisis financiera de 2008, que se mantiene ahora con precios disparatados y nuevos records de 2000 dólares por onza troy durante esta pandemia provoca caóticas y destructivas actividades mineras en América Latina.

Porque el oro es una inversión refugio en tiempos de miedo y pánico como los que estamos viviendo (un comerciante en lingotes de oro en Inglaterra comparó la demanda con la del papel higiénico…) y cuando sube el precio más multinacionales canadienses, estadounidenses, sudafricanas, europeas abren nuevas minas en América Latina a la vez que cientos de miles de mineros ilegales barequeros en Colombia, garimpeiros en Brasil invaden las reservas indígenas en la Amazonia con las consecuencias catastróficas que estamos viendo en estos momentos en el territorio de los yanomami en el norte de la Amazonía brasileña, invadido por hasta 20.000 garimpeiros. Esto es el resultado de un precio elevado del oro y de los guiños de Bolsonaro.

Es decir, que porque por mucho que nos indignemos en los países ricos por la ilegalidad de esos pequeños mineros de oro, el responsable de verdad es un sistema en el cual la pobreza de estos garimpeiros coincide con una clase inversora que se refugia en el oro en tiempos de crisis y de la industria de ostentación también, joyería, relojes etc. Existen muchos intermediarios en el negocio del oro, desde los grupos de crimen organizado en Colombia, y otros países, que se llevan su comisión o blanquean dinero mediante la compra de oro hasta las refinerías de oro en Suiza y, por supuesto, las grandes multinacionales mineras como Barrick que fichó a José María Aznar como consejero. El oro tiene relaciones extrañas con la extrema derecha que comento un poco en el libro. Y, por supuesto, el responsable ante todo es un sistema que mantiene a tanta gente en América Latina en la pobreza más absoluta, que se ve forzada a recurrir al garimpo en Brasil.

EP: Hablando de Colombia dices que “A la cabeza de las multinacio­nales estaban las canadienses, cuya complicidad con gobier­nos corruptos en América Latina y hasta con grupos violen­tos de paramilitares y narcotraficantes desmentía la fama de Canadá de ser el país más social y medioambientalmente res­ponsable de las Américas. La Bolsa de Toronto ya era la principal fuente de capi­tal de las multinacionales mineras”. 

Le monde diplomatique publicó un interesante artículo en el que se decía que el 75% de las compañías mineras del mundo eligen Canadá para registrarse y el 60% de estas compañías que cotizan en Bolsa se inscriben en el Toronto Stock Exchange (TSX). Todo esto se debe a que Canadá, y más concretamente Toronto, es un paraíso fiscal y judicial para las compañías mineras. ¿No crees que si hubiera una Justicia Fiscal Global se evitarían muchas de estas explotaciones tan injustas?

AR: Canadá desde luego es responsable de crear un entorno financiero y bursátil que permite que las empresas llamadas junior de exploración minera puedan lanzarse asumiendo enormes riesgos en busca de depósitos de oro, plata, etcétera. Y trato de contar en el libro cómo existen indicios en México y Colombia de colaboración entre las multinacionales mineras canadienses y el crimen organizado. En cuanto a justicia fiscal global, ojalá fuera posible. Las iniciativas globales son deseables, pero mi experiencia es que las iniciativas multilaterales para prevenir la evasión fiscal y los delitos financieros se eternizan sin ser implementadas. Habría que esperar que los movimientos ciudadanos y medioambientales dentro de Canadá puedan resolver el problema.

EP: Uno de los temas más importantes de la minería, del extractivismo, es el impacto tan negativo sobre la Madre Tierra. ¿Cuáles son los casos, los desastres ecológicos que más te han impresionado?

AR: Creo que el desastre más impactante que he visto es la materia del capítulo dos sobre el hierro, es decir la catástrofe provocada en el río Doce en Minas Gerais, en Brasil, por el colapso de un dique de contención en una mina de hierro de la multinacional minera Vale y su socio BHP Billiton. Se puede ver un poco lo que vi, leyendo ese capítulo. Uno de los cronistas más interesantes sobre ese desastre es Ailton Krenak, un filósofo indígena cuyo librito Ideas para posponer el fin del mundo, merece mucho la pena. Los krenak viven en la orilla del río Doce, el segundo rio de Brasil después del Amazonas y su entorno medioambiental y medio de subsistencia (pescado) ha sido aniquilado. 

La reivindicación que hace Ailton de una visión panteísta en la que la naturaleza no es independiente de los seres humanos sino parte de ellos, creo que es muy importante para que podamos afrontar el reto del colapso medioambiental y el cambio climático. Él comenta en relación con el desastre de contaminación provocado por el colapso del dique de contención de la mina, que los krenak llaman “Watu” al río Doce que quiere decir “abuelo».  Es decir, que como dice Ailton “el río es una persona, no es un recurso, como dicen los economistas”. En el pasado tal vez la izquierda habría calificado ese tipo de reflexión como místico, supersticioso. El proyecto de modernización, en mucho casos ha sido basado en una relación antagónica con la naturaleza. Incluso el desarrollismo de izquierdas a veces plantea la naturaleza como algo externo que debe ser “conquistado” para el proyecto de desarrollo nacional; y esto es algo que tenemos que replantear aprendiendo de las ideas de filósofos indígenas como Ailton Krenak, que por cierto habla de Galeano en su librito, y de Davi Kopenawa, autor del libro El cielo cayó.  

Andy Robinson

EP: Otra de las terribles consecuencias que mencionas, hablando por ejemplo del niobio en Brasil, son los efectos tan perversos que esta actividad tienen sobre las poblaciones indígenas. ¿Se ha hecho algo por respetar la vida, la cultura de estos pueblos?

AR: Bueno, la Constitución brasileña de 1988 protege en teoría muchos territorios indígenas y la cultura de los pueblos originarios. Evidentemente Bolsonaro está poniendo en peligro esa protección, pero el Estado de derecho brasileño funciona hasta cierto punto y los tribunales y el Congreso le han parado los pies al presidente en varias ocasiones. El problema es que la deforestación y los atropellos contra los indígenas son ilegales, fuera de la ley. Esto ocurría antes de Bolsonaro, aunque el discurso de la ultraderecha en Brasil está autorizando de alguna manera las actividades extractivas ilegales sin cambiar la legislación y esto es una amenaza para los indígenas.

Pero los indígenas en América Latina tienen una capacidad para organizarse y protestar que se ha visto en repetidas ocasiones a lo largo de los siglos y cada vez más en las últimas décadas, sobre todo en los países andinos. En el libro comento lo que se puede aprender de las organizaciones quechua y aimara y su democracia asamblearia, en defensa del medio ambiente del altiplano. En Brasil muchas mujeres indígenas se presentaron a las elecciones municipales. Joenia Wapcihana, de la etnia wapichana y doctora en derecho por la universidad de Roraima ya es diputada por ese Estado donde, tal y como se comenta en el capítulo tres, Bolsonaro quiere abrir la minería del niobio, cobalto, bauxita, oro, etc. Así que hay una resistencia indígena importante. 

EP: Un caso especial es el de Venezuela, un país riquísimo en materias primas, pero con una población que está sufriendo una terrible situación económica. ¿Qué crees que se debería hacer para implementar una economía propia, no dependiente, en el país?

AR: Creo que se debería haber utilizado los ingresos petroleros durante los años de bonanza para diversificar la economía. Chávez lo intentó pero el 98 por 100 de las divisas generadas en Venezuela provienen del petróleo. Y ahora con el embargo estadounidense se está pagando el precio. El embargo es una auténtica vergüenza; supone un castigo colectivo a todos los venezolanos porque Venezuela no puede comprar bienes esenciales, alimentos, fármacos, etcétera, si no genera ingresos por las exportaciones de petróleo. De modo que el gobierno de España tiene que presionar urgentemente para que se vaya levantando ese embargo y dejar de apoyar las sanciones. Es terrible como la utilización de Venezuela en la política interna tanto en Estados Unidos como España está agravando una crisis humanitaria.  

EP: En toda la región operan multinacionales, muchas europeas, que se acogen a cláusulas legales establecidas en los Tratados de Comercio e Inversión que les favorecen prácticamente en todo. ¿Crees que es posible establecer algún tipo de tratado comercial distinto al que impera hoy en el mundo globalizado?

AR: Creo que lo mejor sería que América Latina buscara tratados comerciales regionales para fomentar su propio desarrollo. No me fiaría mucho de tratados comerciales diseñados por corporaciones multinacionales, ni tan siquiera por los países del norte global. China ofrece algo más, pero también sería mejor negociar con China desde una plataforma regional en vez de que cada país busque su propio acuerdo bilateral. 

EP: Impresionan los casos que cuentas de turistas que invaden por miles territorios hasta ahora casi nunca visitados. Es el caso del El Salar de Uyuni en Bolivia, por ejemplo. Dañan el entorno natural pero por otra parte “crean riqueza”. ¿Es es esto pan para hoy y hambre para mañana?

AR: Leí una entrevista con José Mansilla en la cual dijo que el turismo es como una mina, extractivista. Y creo que hay algo de verdad en eso. Cuando estuve en el Salar de Uyuni y en Machu Picchu la sensación que tuve fue que el patrimonio cultural y la naturaleza se convierten en mercancías y “experiencias”, lo cual hace mucho daño. Comento en el capitulo sobre el litio cómo turistas viajan decenas de miles de kilómetros para hacerse un selfie en el Salar. Y se comenta también en el capítulo de la patata cómo los servicios de tren públicos en el los andes peruanos se han privatizado para convertirse en experiencias retro gestionadas por la marca de lujo LVMH. Es difícil porque para países en busca de modelo de desarrollo menos dañinos el turismo siempre se plantea como una opción buena. Pero sabemos en España el daño que el turismo puede hacer a la cultura. Es interesante que la editorial en Nueva York, de una versión del libro en inglés que va a salir este año, haya agrupado los capítulos de forma distinta, y en una categoría de “ocupación” incluye no solo los golpes de Estado en Honduras y Bolivia sino el capítulo sobre la patata “por una suerte de golpe por canales más insidioso de cultura y comercialización” que también abarca el turismo de “experiencia”. 

EP: La segunda parte de tu libro está dedicada a alimentos: quinoa, aguacates, alimentos que los países desarrollados desean por sus propiedades saludables. Estas comidas que habían sido consideradas de pobres, de repente se han convertido en preciados tesoros alimenticios, cuyos precios han experimentado unas subidas vertiginosas ¿Qué ha supuesto la exportación de estos productos para las poblaciones de esos países?

Curiosamente, el aguacate puede ser el monocultivo que más recuerda a las venas abiertas de Galeano, y sobre todo ese capítulo sobre el rey azúcar y las plantaciones azucareras en Brasil. En el sentido de que un capricho de una clase consumidora en los países ricos acaba causando estragos en América Latina. Por supuesto lo ocurrido con el azúcar fue mucho peor. Pero el cultivo del aguacate en Michoacán en México está agotando todos los acuíferos. Todo porque se puso de moda en EEUU comer guacamole con el perrito caliente, mientras ves el partido del superbowl etc. Y que el aguacate se convierta en un súper alimento. La quinua es otra historia pero con algo en común. Un producto que fue promovido por Evo y por la FAO para ayudar a la economía campesina de autoconsumo, pero que al incorporarse al mercado internacional de precios volátiles, fuera del control de los productores, y al mercado de consumo de alimentos sanos, antigluten etc., acabó cayendo en el ciclo boom busto que siempre caracteriza las comodities, solo que esta vez los perjudicados son campesinos quechua en el altiplano andino.

EP: Un caso especial es el de la soja, cuyo cultivo se ha cuadruplicado, ocupando enormes extensiones de tierra. ¿De qué forma está afectando este cultivo a la tierra, a los cultivos tradicionales?

AR: la soja es neo natura (lo dijo Susan Hecht) y realmente es terrible ver lo que hace al ecosistema. Acabo de escribir un tema para La Vanguardia sobre la soja brasileña importada en España que procede de zonas deforestadas de la amazonia y el cerrado brasileño. Más que en el caso de China cuy soja procede del sur de Brasil ya deforestado hace un siglo o más. La soja se usa para hacer piensos para cerdos, pollos y pavos, así que la comida navideña se celebra gracias la deforestación de la Amazonía.

EP: China se ha convertido en uno de los principales agentes exteriores en toda América Latina?¿Qué influencia crees que tendrá en el futuro?

AR: Creo que China va a invertir mucho en América Latina y tendrá cada vez más influencia. Y probablemente veremos un enfrentamiento muy fuerte con EEUU que, aun con Biden, querrá recuperar su esfera de influencia en América Latina con el fin de garantizar suministros de minerales críticos para la transición energética y la industria tecnológica (y militar). Así que esto va a ser un frente importante de la nueva guerra fría.

EP: Estados Unidos ha tenido tradicionalmente un papel dominador en toda América Latina. ¿Crees que la derrota de Trump y la victoria de Biden puede cambiar en algo la política estadounidense en el continente latinoamericano?

AR: Creo que Biden será igual de intervencionista en América Latina pero de forma más sutil. Mas del deepstate, la national endowment, la CIA. Y menos tuits.

EP: Por último, en Chile se han producido en los dos últimos años importantes movilizaciones democráticas populares. Bolivia ha visto el regreso del MAS, el partido de Evo Morales, que fue víctima de un golpe de Estado… ¿Son indicios de nuevos cambios?

AR: Creo que el péndulo se desplaza otra vez hacia la izquierda. En Chile sobre todo. Estuve en Chile en verano del 2019 y fue alucinante como casi toda la ciudadanía se hubiera dado cuenta colectivamente de la mentira del modelo neoliberal tan elogiado en el FMI. Debiera servir de modelo en España. Y tal vez Andrés Arauz ganara en Ecuador. Hablo bastante de Gustavo Petro en el libro y creo que puede haber una elección presidencial muy importante en Colombia en el 2022 con la posibilidad de una victoria de la izquierda y Petro por primera vez en la historia. Ahora bien, las condiciones económicas esta vez van a ser mucho más complicadas que con la ola rojiza a principios de siglo.

Seis escritoras y trece escritores escriben en este libro, coordinado por Bruno Estrada, sobre historias relacionadas con las Comisiones Obreras, un sindicato que se autodefine como reivindicativo, de clase, unitario, democrático, independiente, participativo, de masas, de hombres y mujeres, sociopolítico, internacionalista, pluriétnico y multicultural, y que tiene en su horizonte la construcción de una sociedad socialista.

Desde la década de 1960, las Comisiones Obreras han sido referencia de las movilizaciones de la clase trabajadora en España, tanto durante la dictadura, cuando sufrieron persecución, detenciones, encarcelamientos y torturas, como en las décadas posteriores.

Comienza el libro con el Prólogo del escritor y periodista Joaquín Estefanía, para dar paso a “Petra”, la contribución de Elvira Lindo: “Petra solía decir: ‘Si luchas puedes perder, si no luchas estás perdida’. Hay algo que mi memoria no pudo ni quiso borrar: el ejemplo de la mujer que luchó sin dejar que la amargura la venciera. A eso se le llama valentía”.

“Mi propia infancia como pastor de vacas, con hambre de ir a la escuela y aprender. No me sentía triste, pero sí rebelde. Fue la rebeldía lo que me liberó de la tristeza”, escribe Manuel Rivas en “El aprendiz”.

“Ganamos perdiendo. O perdimos ganando, lo que prefieras. No pudieron con nosotros más que usando la fuerza, las amenazas, el chantaje. Desnudamos al régimen, y eso lo entendieron los que vinieron después”, dice Isaac Rosa en “O todos o ninguno: memoria de la huelga más larga del franquismo”.

“Para matar un monstruo hacen falta muchos valientes”es el relato de Benjamín Prado: “Eran seres indomables, las protestas se sucedían desde mediados de la década de los sesenta. Desafiaban a un Estado totalitario cuyo único argumento era el uso de la fuerza”.

“María la Perraquilla”, de Pedro A. Jiménez Manzorro, “El último héroe de la Camocha”, de José Babiano y Ana Fernández Asperilla. “Milán, 1972: Amnistía. Que trata de Spagna”, de Susana Alba Monteserín y Ana Abelaira Huertos; “El proceso 1001: el principio del fin del régimen franquista”, de Mayka Muñoz Ruiz; “Monos azules: clase y comunidad en la huelga de Laforsa», de Javier Tébar Hurtado; “Sangre de marzo”, de Miguel Ángel Sánchez Sebastián. “Palíndromo”, de Pedro García Ríos; “Gloria y la Rok”, de Amaya Olivas Díaz; “Muerte de un albañil”, de Antonio Campos, “Ataque al corazón de la clase obrera: la matanza de los abogados de Atocha”, de Rafael Fraguas y Fundido a negro”, de Jesús Montero, completan los 15 relatos del libro, que finaliza con “El sindicato en tiempos de pandemia. Una misma lucha en cinco entremeses”, el Epílogo de Unai Sordo y Bruno Estrada:

 “El gerente se ha encerrado en su despacho. No recibe a nadie. No hace más que llamar por teléfono, pero es incapaz de resolver nada. No tenemos equipos de protección, ni material sanitario, ni respiradores, ni camas. No tenemos nada de nada”.

Conciencia de clase. Historias de las Comisiones Obreras está publicado por  la Fundación 1º de Mayo y la editorial Catarata.

La Feria del Libro de Madrid ha sido tradicionalmente uno de los principales acontecimientos del mundo del libro en España. Una Feria que trasciende la Comunidad de Madrid y en la que se emplean a fondo librerías, editoriales, autores y autoras, y el público, ya que millones de personas visitan anualmente el parque de El Retiro donde desde sus inicios se celebra este acontecimiento cultural. Sin embargo, este año el coronavirus lo ha trastocado todo, también la Feria, que en un principio debería haberse celebrado en junio y luego se trasladó a octubre. Como las condiciones creadas por la pandemia no han mejorado, tampoco se ha podido celebrar presencialmente este mes. Pero sí que se está realizando en directo y a través de la televisión de la FLM, que se emite a través de su facebook y redes sociales.

Este año no hay casetas en El Retiro, pero sí están abiertas las librerías donde se pueden comprar los libros. Tampoco habrá autores y autoras firmando, pero sí se puede asistir a múltiples actividades y debates online en los que participan.

La FLM comenzó este año el 2 de octubre, y estará abierta hasta el 18 de octubre.

El programa de actividades se puede seguir a través de su web:

https://www.ferialibromadrid.com/

La internacionalización, el feminismo y la sostenibilidad son los tres grandes ejes de esta 79 edición de la FLM, donde también se hablará de la evolución del ecosistema del libro y su futuro poscovid-19 y se reconocerá el importante trabajo de la traducción. 

Los libros en Internet forman parte también de los contenidos de estos debates mediante la participación de youtubers y especialistas en redes sociales. De nuevo, como ocurrió en la edición de 2019, las mujeres tienen un papel destacado. Y podremos conocer a una serie de mujeres deportistas que han hecho Historia, cuyas voces escucharemos, desde las páginas de la publicación De niñas a leyendas, libro de pequeños relatos sobre grandes mujeres del deporte español que está editado por la Fundación Taller de Solidaridad.

Los días 13, 14 y 15 de octubre (a las 16 h de España) se brindará la oportunidad de compartir un debate internacional sobre la desigualdad, la democracia inclusiva, el racismo estructural y la ecología del desarrollo sostenible.

Por último, esta Feria del Libro En Directo abrirá una reflexión sobre diversos temas que afectan de manera directa a toda la industria del libro y sus cadenas de valor, y sobre cómo puede evolucionar la industria del libro en la próxima década.

El ciclo se cerrará con una mesa online sobre Políticas Culturales, con la intervención de Emilio del Río (Director Gral. Bibliotecas, Archivos y Museos, Ayuntamiento de Madrid), Elena Hernando Gonzalo (Directora Gral. de Patrimonio Cultural, Comunidad de Madrid) y María José Gálvez Salvador (Directora Gral. del Libro y Fomento de la Lectura, Ministerio de Cultura y Deporte).

Como ha dicho Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid, se trata de que esta ‘Feria en Directo’ no deje a nadie fuera. Una Feria multi-público; con niños y niñas, jóvenes, mayores; escritores y escritoras; con actividades enfocadas a los mercados latinoamericanos, para que se escuchen sobre todo en el ámbito hispano-hablante.

Manuel Gil y Carolina Barco Isakson, Embajadora de Colombia en España, país que había sido invitado a la 79 edición presencial de la Feria del Libro de Madrid, hoy suspendida.

Las relaciones sexuales entre niñas y hombres mayores, en la literatura y en la vida real, ¿son consentidas o son abusos?

En las últimas semanas, con motivo de la publicación de la novela El consentimiento de la editora y escritora francesa Vanessa Springora (Lumen, 2020), ha vuelto al primer plano el debate social sobre relaciones sexuales entre niñas y hombres mayores, en la literatura y en la vida real: ¿son consentidas o son abusos? En este libro, Springora relata cómo cuando tenía 14 años fue víctima de Gabriel Matzneff, un escritor francés que entonces tenía 50 años y siempre ha alardeado en sus libros de sus relaciones sexuales con adolescentes, incluso con niños y niñas. La autora denuncia la hipocresía de una sociedad que miró para otro lado y dio por consentida, y por tanto aceptada voluntariamente, la relación sexual de una niña de 14 años con un hombre que casi le cuadruplicaba la edad.

Las revelaciones de Springora, que por otra parte eran sobradamente conocidas, han levantado una auténtica polvareda en el país vecino y demuestran la complicidad de una sociedad que calló entonces y calla ahora, no queriendo ver o dando por consentida una relación en la que no hay dos partes iguales, sino verdugo y víctima. 

Muy poca gente denunció entonces a Gabriel Matzneff, sí lo hizo la escritora y psicoanalista española Lola López Mondéjar en su novela Cada noche, cada noche (Siruela, 2016).

En esta novela, López Mondéjar resucita a Lolita (el mito creado por Nabokov), a través de Dolores Schiller, la hija desconocida de Lolita, que en el año 2009 se acerca a los 60 años y padece una enfermedad terminal. Cuando cumple 20 años recibe de su padre el diario de su madre que, en la novela de Nabokov, falleció al darla a luz. Al leer este diario, Dolores se da cuenta de que su madre y Lolita son la misma persona. Y así comienza una narración valiente y muy original, en la que Lola López Mondéjar utiliza varios recursos literarios que nos permiten conocer de forma muy viva lo que piensan Lolita, a través de su diario; su hija Dolores, la voz narradora; o Humbert Humbert, en los diálogos que mantiene con esta.

Para hablar de Cada noche, cada noche, de los mitos interesadamente creados por el patriarcado, de niñas “enamoradas” que en realidad son víctimas de violaciones, conversamos hoy con Lola López Mondéjar.

Lola López Mondejar. Fotografía de Isabel Wageman

Hay que ser muy valiente para escribir una novela dentro de otra novela, sobre todo si tenemos en cuenta que has elegido nada menos que Lolita. Todo indicaría que un ejercicio como este, en el que se mezclan personajes, realidad y ficción, tiempos, voces…, podría haber resultado mal. Sin embargo, te ha salido una novela redonda, una reflexión literaria muy inteligente, y socialmente necesaria, contra esa imagen universalmente establecida de Lolita como una niña seductora y perversa. ¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta novela?

La escritura de la novela me llevó unos cinco años, aunque venía pensando en ella desde 2008, cuando me di cuenta de que mi lectura juvenil de Lolita había sido complaciente con lo que fue la recepción de la novela de Nabokov, que Lolita era una niña seductora y que se trataba de una historia de amor, aspectos que la película de Kubrick acentuó sobremanera. Entonces reflexioné sobre el privilegio epistémico masculino que impone una interpretación de los hechos y la universaliza, y sobre cómo una joven como yo, militante troskista y antifranquista, no había sabido ni podido eludir esa interpretación que el propio Nabokov rechazaba, cayendo en la interpretación hegemónica patriarcal.

Para explicar estas contradicciones escribí un extenso artículo sobre esa sumisión intelectual de las mujeres (De Lolas y Lolitas: la sumisión intelectual de la mujer) como una forma de hacerle justicia a la niña abusada y seducida por Humbert Humbert que yo no había sabido ver.

Sin embargo, aún así no podía dejar de sentirme culpable de haber caído en la trampa, necesitaba hacerle justicia a mi tocaya, e inventé a su hija, Dolores Schiller. Con ella de la mano escribí poco a poco la novela. Las primeras líneas surgieron en diciembre de 2011.

Respecto a la valentía, creo que tuve que superar algunos de los obstáculos que tenemos las mujeres a la hora de escribir: la ansiedad ante la autoría de la que hablan Gilbert y Gubar, el temor a medirme con Nabokov, un autor de referencia para mí, y el de denunciar el estado de opinión que había en Europa en los años sesenta, justo cuando se publica la novela, complaciente con la pederastia que se justificaba como una forma más de la enarbolada libertad sexual de los sesenta, en unos años donde esta estaba en el centro de la revolución feminista y social.

No cuestionas en ningún momento el valor literario de Lolita, pero has creado a Dolores Schiller, la hija que según Nabokov murió con Lolita en el parto, y que tú has ideado para de alguna forma rescatar a ese personaje de la literatura universal. ¿Has querido redimir en esta novela a todas las “lolitas”?

Así es. Me irritaba que incluso en la contraportada de la edición española de la novela se insistiera en que nos encontrábamos frente a una historia de amor. Me irritaba que los jueces siguieran pensando que son las chicas quienes con sus actitudes provocan el abuso de los hombres, o que Sánchez Dragó hable de sus relaciones con niñas de nueve o doce años con impunidad, cuando se trata, en todos los casos, de relaciones de dominación y de poder del hombre sobre la mujer, de abuso y de violación. El patriarcado hace creer a los hombres que sus deseos son imperiosos y que tienen derecho a satisfacerlos mediante la prostitución, infantil o no, la violación y el abuso, y coloca la provocación en la mujer para desculpabilizarlos, en una inversión de la responsabilidad que parecería imposible si no sufriéramos hasta hoy sus consecuencias.

En tu novela sacas muy pronto a relucir a Gabriel Matzneff. Cuando se encuentran Dolores y Humbert (el protagonista de Lolita) este último le dice a Dolores sobre el escritor francés: “Hace dos años publicó un libro defendiendo abiertamente la pederastia. Mis tímidas metáforas sexuales son pura mojigatería al lado de las suyas, créame”. ¿Matzneff es un caso único o crees que hay más escritores como él?

La osadía de Matzneff solo puede comprenderse con la complicidad de toda una sociedad que él sabía que sería permisiva con su defensa de la pederastia. Leí su libro, Ivre du vin perdu, en el que describe cómo dos amigos hacen turismo sexual en Indonesia y se acuestan con niñas y niños de menos de diez años que les prepara para su regocijo una madame a la que adoran. Me pareció una defensa tan explícita de la pederastia que no podía dar crédito a lo que leía. Por eso decidí denunciarlo en mi novela. Entonces, cuando la escribí y cuando se publicó posteriormente en 2016, todavía no existía el movimiento #Metoo, me encontraba sola y tuve que vencer mi propio miedo, ya que Matzneff era un escritor de prestigio aplaudido hasta por mi admirado Bernart Pivot, que le dedicó uno de sus Apostrophe en 1990.

Enfrentarme a mis miedos fue uno de los trabajos que llevó implícita esta novela, lo que también me sirvió para construir el personaje de Dolores Schiller, una mujer fuerte y segura de sí misma, mucho más segura que yo misma lo era entonces.

Matzneff no es el único escritor que defiende la pederastia, pero quizás el más explícito. García Márquez habla de relaciones entre un anciano de noventa años y una menor, en Memorias de mis putas tristes, Kawabata hace lo mismo en La casa de las bellas durmientes, Pablo Neruda describe la violación de su sirvienta tamil, joven, no sabemos si menor, en Confieso que he vivido. El citado Sánchez Dragó… Los hombres han abusado abiertamente de las mujeres y lo han compartido porque no dudaban de la complicidad de la mayoría de los otros hombres, a quienes sus libros se dirigían.

“¿Qué arrogancia, qué inconmensurable orgullo lleva a un hombre a imaginar que una niña de doce años desea que la viole?, se pregunta Dolores Schiller mirando a Humbert. ¿Por qué crees que se ha instalado en la sociedad una idea tan fuera de toda lógica, como lo de hacer pasar por consentimiento lo que es miedo?

Creo que una de las fallas ontológicas del ser humano es la dificultad de reconocer al otro como sujeto. La encontramos desde el principio, desde la relación de los hijos con la madre donde vemos las dificultades para comprender su subjetividad; a la madre la solicitamos siempre como madre, como una función, olvidando el ser humano-mujer que hay en ella. Contemplar la sexualidad o los deseos de su madre sigue siendo uno de los obstáculos más serios para los hijos. De esto hablé en otra de mis novelas, Mi amor desgraciado (Siruela 2010), donde pretendía interrogar el mito del amor materno como puro y sin ambivalencias.

Esta falla ontológica, decía, cognitiva y afectiva, esta dificultad de contemplar la alteridad como tal, la acrecentó el patriarcado al convertir al hombre en un sujeto de deseos y a la mujer en el objeto de su satisfacción. Las mujeres sufrimos esta asimetría desde siempre. Los hombres han sido los amos del discurso hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el feminismo comenzó a intentar arrebatárselo. Y ese discurso nos construyó a unos y a otras. Las propias madres son quienes educan a sus hijas para que amputen su libertad y se sometan a los hombres, para convertirse en los objetos de su deseo.

El consentimiento exige igualdad y simetría, si no estas no existen, hay dominación. El matrimonio infantil, todavía presente en muchas sociedades, es otro síntoma de un deseo masculino de Pigmalión, de esculpir a la mujer para que satisfaga sus necesidades; por eso imaginan que son deseados a pesar de la desigualdad. Les cuesta ver la realidad de las niñas y de las mujeres.

La definición que el DRAE da de lolita es esta:  f. Adolescente seductora y provocativa. ¿No ayudan estas definiciones a aumentar esta imagen tan falsa?

Por supuesto que ayudan. Esta definición subraya el estereotipo machista de que son las chicas quienes desean y provocan a los hombres. Cierto que puede haber púberes seductoras, pero, en realidad, cuando esto se produce, se trata de niñas que han sufrido un déficit de atención en sus familias, que no tienen reconocimiento de los padres y que, en una sociedad cada día más precozmente hiperxualizada, desean obtener afecto y reconocimiento a través de la mirada de los hombres, utilizando aquello que se nos enseña a las mujeres que les gusta por encima de nuestro intelecto, el cuerpo de las mujeres.

Las lolitas son jóvenes desamparadas que recurren a la erotización de sus comportamientos imitando los modelos propuestos por una cultura hipersexualizada, para obtener una mirada de reconocimiento que por supuesto no encuentran.

En tu novela, según cuenta Dolores Schiller, Lolita amaba a su padre, pero tenía una relación muy difícil con su madre. Me gustaría que nos hables de Charlotte, la madre de Lolita, un personaje femenino que no sale demasiado bien parado en tu novela.

Creo que Charlotte está construida por Nabokov siguiendo la mirada de Humbert Humbert a quien le da asco el cuerpo de una mujer madura. El retrato del personaje es casi grotesco. Charlotte es una norteamericana tipo, las mismas que Betty Friedan describió en La mística de la feminidad unos años después: mujeres educadas para el matrimonio, cuya realización personal pasaba por tener un hombre, que nunca les proporcionaba la felicidad soñada, y que acababan víctimas de los psicofármacos, que consumían con fruición. Charlotte se identifica con el glamour de las actrices de Hollywood, salpica su discurso de palabras francesas e intenta seducir a Humbert Humbert, porque no sabe qué hacer con su vida, nadie le enseñó a ser autónoma. Su relación con la hija es ambivalente, Lolita le molesta para hacer realidad sus planes. Tiene un duelo no resuelto con su hijo varón, muerto cuando era un bebé. Su viudedad, probablemente, también la separa de Lolita. Y la juventud y la belleza de su hija le recuerdan su declive físico, que la aleja de sus objetivos. Charlotte es una víctima de la cultura de su tiempo, sin capacidad para comprender su situación.

Tomando prestados estos elementos, yo también quise mostrar la dificultad en las relaciones madre-hija, que están plagadas de ambivalencias, de pequeñas o grandes rivalidades y envidias. A menudo, las madres que se han sometido a los mandatos de una maternidad muy exigente, sacrificando todos sus demás deseos, sienten envidia hacia las hijas, si estas ejercen más valientemente esta libertad.

En un momento dado Dolores se pregunta qué habría sido de Lolita si invirtiéramos los géneros: Humbert es una mujer y Lolita un adolescente. ¿Habría sido verosímil?

En la vida real es muy rara la relación entre una mujer y un adolescente. Creo que porque las mujeres tienen una capacidad mayor para separar la ternura del erotismo, pueden querer y admirar la belleza y la juventud de un joven sin sentir deseos sexuales al mismo tiempo hacia él. En la ficción sería, pues, menos verosímil. Aunque puede ser un reto escribir una historia semejante. Hoy tenemos un ejemplo de atracción entre una mujer que ya es madre de tres hijos y su joven alumno, la pareja del presidente francés Emmanuelle Macron y su mujer, Brigitte, que se conocieron cuando él tenía diecisiete años y ella era su profesora de teatro, ya con cuarenta. Veremos si la igualdad y el poder que las mujeres van adquiriendo en la esfera pública hacen que se incrementen estas relaciones. Pero deseemos que no se repita el abuso y la asimetría que hemos sufrido nosotras.

Dolores Schiller es profesora universitaria, una mujer culta e inteligente. Tú la has dotado de una sexualidad nula, ¿por qué?

Me interesaba mucho destacar la asexualidad de Dolores Schiller. Para empezar, porque quería subrayar la transmisión intergeneracional del abuso: las mujeres abusadas transmiten cierta aversión sexual a sus hijas, o bien, una hipersexualización muy precoz. El abuso sexual constituye un trauma que deja fracturas muy importantes en el psiquismo de quien lo sufre, y me interesaba subrayar esta transmisión, si bien en la novela es una transmisión casi biológica, puesto que Lolita muere al dar a luz a Dolores y no conoce su historia.

Por otra parte, quería que mi protagonista fuese una mujer cuya ausencia de deseo sexual la hiciera más independiente de los hombres, subrayar su capacidad intelectual por encima de cualquier rasgo erótico, construir un personaje que fuese la antítesis de Lolita: madura, inteligente, sin ningún rasgo sexual, y muy independiente.

Finalmente, en el Epílogo entras tú misma en escena. Explicas que por un error en las direcciones de correo electrónico recibes tú los mensajes que Dolores Schiller dirige a otra persona con el ruego de que publique su texto. En esta parte manifiestas tu opinión, bastante desfavorable, sobre el mundo de la edición y de la lectura en la actualidad. ¿Crees que todo está tan mercantilizado?

Totalmente. He dejado de creer que la literatura es un territorio sagrado, como suponía cuando era una lectora joven, ingenua y voraz. Para mí, conocer un poco más de cerca el mundo literario ha sido una fuente constante de frustración. Hipocresía, mentira, intereses creados, en definitiva, los valores del mercado han triunfado sobre los de la calidad, como se ha demostrado hace bien poco en el reciente premio de poesía de una conocida editorial. Buscar autores que tienen de antemano muchos seguidores en las redes, por encima de la calidad de su obra, es la perversión extrema del sistema editorial, la demostración de una falta de honestidad que ya no engaña a nadie; honestidad que deberíamos exigirle al mundo de la cultura. Por otra parte, del lado de los autores, su necesidad de reconocimiento les invita a amoldarse al gusto medio del lector medio, abandonando cualquier ambición estética. Hay una crisis de la imaginación, mucho mimetismo y ombliguismo, por no hablar de la ausencia de un compromiso social que les restaría lectores. En fin, salvo honrosas excepciones, por supuesto, no tengo una buena opinión de este mundo. Aunque me ha dado también muy buenos amigos.

Muchos jóvenes siguen creyendo en la literatura como yo creía antes, de ahí la importancia de cuidar que no se degrade y siga siendo un agente de formación intelectual y moral, como aseguran Marta Naussbaum, o Antonio Damasio que lo fue.

Desde Espacio Público queremos dar nuestro adiós al gran Quino con el homenaje que le rinden desde estas páginas tres de nuestros colaboradores.

Huérfanos cual Mafalda en Buenos Aires

José Vales*

Vengo de un país donde últimamente el talento escasea y encima perdió a Quino, el creador de la genial Mafalda, personaje con el que llevó al humor gráfico a su máxima expresión y trascendió todas las fronteras.

Para entendernos, el mío es un país cuya grandeur fue adquirida en un mercado de artículos falsificados en Uruguaiana o Ciudad del Este, de la misma forma que las señoras de la alta sociedad local suelen perder sus estadías en Nueva York buscando en la periferia carteras Louis Vuitton falsas. Un país donde la palabra se devaluó al ritmo de su no-moneda, ya que para elogiar las habilidades del otro se exclama: “¡Qué hijo de puta…!”. Y así podemos seguir hasta poner en contexto el tango Cambalache.

Es ese país que en algunos pasajes de su historia nos brindó milagros geniales en la literatura con Borges y en la música con Piazzolla, o al papa Francisco y pocos más. Allí la craneó Quino, y de esos arrabales viene Mafalda, sumándose a esa cadena milagrosa que se vislumbra en proceso de extinción.

Si el canadiense Marshall Mcluhan (1911-1980), el que nos advirtió de este presente comunicacional y de la sociedad de la información, sostenía que para comprender a una sociedad acudiéramos primero a un humorista para entender al mundo, allá por 1964 y hoy también, hay que acudir a Quino, quien transportó su gran poder de observación y ese humor fraguado en una familia de padres malagueños, a sabiendas que Andalucía es la primera potencia mundial del humor.

Introvertido y de pocas palabras, pero siempre regalaba una sonrisa perenne. Era reacio a las entrevistas y de trato cordial con todos. Salvo en el 2018 cuando los grupos antiabortistas usaron la imagen de la niña más traducida del universo, ahí sí, Quino se cabreó en forma, en una de sus últimas apariciones públicas. Allí volvió a dejar en claro cuál era su compendio ideológico y creativo.

Mafalda educó, enseñó, nutrió de ideas a varias generaciones en todos los idiomas, pero Quino no se daba por enterado.

Administraba así sus angustias, en su trabajo, y su gran humildad en cada gesto. Esa humildad que sólo atesoran los grandes. Cuando se conoció con José Saramago, -cuenta Daniel Divinsky, su editor y amigo-, el autor de Ensayo sobre la ceguera le confesó que Mafalda es mi filósofa preferida, pero Quino se murió sin poder creerlo, un día después del cumpleaños 56 de su personaje más popular.

Acá nos quedamos. Un poco más huérfanos de talento de lo que estamos, pero conscientes de que ella sigue haciendo de las suyas por las calles de San Telmo. En las mismas calles donde Joaquín Lavado, confiando en León Tolstoi, como me lo recuerda un amigo, dibujó su aldea para explicar el mundo…

Mafalda, pura subversión

Marià de Delàs**

Mafalda fue siempre y es subversión en estado puro. En el humor se encuentra muy a menudo un estímulo para el pensamiento crítico. Quino lo propició con un montón de tiras, que se leyeron, se leen y se releerán no importa en qué año.

Cuesta olvidar cuando comparaba a los indios de las historietas con los norvietnamitas, después de escuchar la radio, porque unos lucharon y otros luchaban contra el ejército norteamericano. Unos ‘rojos’ y los otros ‘pieles rojas’. “Mira por donde viene a enterarse una de que los indios son comunistas”, decía la niña.

Una fuente de conocimientos para sus amiguitos, Manolito, Felipe y Susanita, bastante reaccionarios ellos y siempre desconcertados ante las reflexiones que ponen en entredicho sus prejuicios sobre el dinero, el uso de la fuerza y la familia tradicional.

Y a su pobre padre, que no quiere escuchar sus preguntas, porque le angustian y le traen problemas, pero que luego no resiste la tentación de despertarla, ya en pijama, porque las dudas no le dejan dormir.

La verdad es que las ideas de Mafalda en materia de justicia social son casi siempre radicales e inquietan a quien las escucha. Odia la cultura del dinero, se le parte el alma ante la pobreza y pone a caldo a quien la quiere esconder. La igualdad entre seres humanos le parece indiscutible, es ingenuamente pacifista y una niña rebelde ante la discriminación femenina. Lo que más le indigna sin embargo es la sopa. Para ella es algo así como el resultado de la “maldita burocracia”, contra la que debería levantarse solidariamente toda la infancia».

Quino el subversivo tranquilo

Manuel Garí***

El universo de Mafalda, su casa y amigos acabó formando parte de la familia de la gente grande y pequeña que hoy se repone de la mala noticia de la muerte de Quino. No solo se comentaban las viñetas, tiras y libritos entre sus fans adultos, sino que más de una noche cuando tocaba “recoger” -esa pesada rutina previa a que las hijas e hijos de cada cual acepten ir a la cama- el acicate era que tras ordenar podían quedarse leyendo/mirando las peripecias de la heroína junto a sus inseparables Susanita, Manolito, Felipe el vecino y mejor amigo de Mafalda, Libertad, Miguelito o el pequeño hermanito Guille. La influencia de esos tebeos sobre varias generaciones en la creación de unas mentes libre y críticas y dotarles de una ética solidaria fue bastante mayor que miles de discursos pamaternos o las aburridas clases del cole.

En medio de la convulsa historia argentina el mendocino Joaquín Salvador Lavado desde su personal personaje como Quino levantó las banderas de todas las causas que merecen la pena y convirtió sus reflexiones, en gran medida porteñas, en universales. Y nos llegó al corazón y a la razón allí dónde se publicaron sus historietas. Poco se puede añadir a lo mucho que se ha dicho -y con mayor fundamento que el mío- desde hace años sobre este dibujante, filósofo y activista de los derechos humanos y de la justicia social. Por ello opto por compartir dos pequeñas anécdotas.

En 2016 en uno de nuestros viajes a Argentina, tras una desgarradora entrevista con madres y abuelas de la Plaza de Mayo y movilizarnos con ellas y conocer por casualidad a dos hijas de desaparecidos en el colectivo que nos llevaba hasta la ESMA -paradójicamente situada en la Avenida del Libertador- y recorrer mi pareja y yo aquel museo de la maldad de la dictadura, sobrecogidos e indignados sentimos la urgencia de darnos una tregua ante el horror. Decidimos ir al día siguiente a ver la estatua a Mafalda en el cruce de las calles Santelmo y Defensa en el barrio bonaerense de San Telmo, al ladito de dónde vivía Quino. Necesitábamos respirar. Y nos dimos una vuelta buscando más personajes y rincones como tantos turistas lo hacen.

En ese mismo barrio, al día siguiente, teníamos que visitar y conocer a dos de los pocos supervivientes de la ESMA. Una pareja de trabajadores revolucionarios, ambos detenidos y torturados, que, tras reencontrarse al final del infierno, decidieron dedicarse a dar conocer lo que allí ocurrió y a exigir “verdad, justicia y reparación”. Sobreviven de una pequeña y excelente panadería y miden sus éxitos no por la cifra de negocio sino por los criminales que logran llevar a juicio. Mantuvimos una primera y larga conversación en la que nos pusieron al día de sus actividades y les contamos que aquí no habíamos podido hacer ni un museo de la memoria en Carabanchel ni llevar a juicio a nadie de Intxaurrondo y que todas nuestras esperanzas para romper el maleficio de la Ley de Amnistía (y amnesia cabría decir) estaban depositadas en la conocida como Querella argentina. Al final con cierto reparo les contamos nuestra gira turística por el barrio y les preguntamos si la estatua a Mafalda no era una manera de quitarle mordiente a su crítica, la respuesta fue contundente: para un personaje argentino que merece un homenaje no vamos a privarnos de esa figura de colores que anima la calle.

Cuando se montó hace años una exposición de su obra en terrenos del Canal de Isabel II en Madrid unos amigos comunes argentinos me presentaron a Quino. Fuimos a tomar unas tapas un grupito y me causó una gran impresión, persona parca en palabras, de trato afable, me pareció casi tan sabio como Mafalda y tan inocente como Manolito.

Notas:

* José Vales, periodista y escritor argentino

** Marià de Delàs es periodista catalán

*** Manuel Garí es economista

En el prólogo que la escritora Belén Gopegui hizo para la edición de Manhattan Transfer de John Dos Passos, publicada por Debate (Últimos Cásicos, 1995) nos dice: “Hay libros que además de contar, dicen. Son libros que cuentan un argumento, una búsqueda, una amistad, una epopeya un conflicto, pero que además dicen, esto es, rechazan, afirman o nos avisan de algo”.

Es decir, hay novelas que cuentan historias. Y otras que, además de contarlas, transmiten algo que nos permite conocernos mejor y también el mundo en el que vivimos. Me desperté con dos inviernos a los lados (editorial Tres Hermanas, 2020) es uno de estos libros.

Aunque es su primera novela, no es ésta la primera obra de Elsa Veiga, puesto que es autora del poemario Manejemos la pena (Ediciones Torremozas, 2016) y de varios relatos publicados en revistas culturales. Filóloga, realiza trabajos de comunicación, edición y corrección de textos, cosa que se nota en esta novela, que es un ejercicio de buena escritura.

En Me desperté con dos inviernos a los lados la autora narra la historia de Cara Piqueres, una joven que desde niña vive la angustia y el terror del maltrato que sufre su madre por parte de su padre. Veiga crea una atmósfera de miedo y angustia que te invade, contagiados del terror que Cara y su hermano Nato experimentan cada noche cuando su padre llega, borracho, a casa, y saben que algo terrible va a ocurrir. Esa Sombra que Cara percibe, y está presente en toda la novela, también asedia al lector, al que le impregna el horror de una sucesión de golpes, chillidos, angustia, miedo… todo ello en el “hogar” de una familia “normal” dentro de una gran ciudad que permanece sorda y ciega ante lo que ocurre a su alrededor. Porque lo que nos cuenta Elsa Veiga es una historia de crueldad y violencia que lamentablemente se repite en muchas mujeres, en demasiadas familias.

La novela, dividida en cuatro partes conectadas entre sí, cuenta la historia de tres generaciones de mujeres de la misma familia (1938, 1970 y 2005) que han sufrido la violencia machista (física y psicológica). El libro comienza en 2005 cuando Cara Piqueres ve desaparecer a la Sombra “mezclada con la última palada de tierra, junto a los malos bichos, pero no con los malos recuerdos”, que, éstos sí, permanecen y nos llevan a la infancia de Cara y Nato y al terror que no se puede olvidar, ese miedo que lo penetra todo y que solo olvida refugiándose en los cuentos que cada noche le cuenta su hermano. Una vida atormentada hasta que Cara toma la decisión de plantar cara y abandona lo que había sido su casa y su país para encontrar refugio en los libros, en las palabras.

Porque también las palabras, la educación y la cultura tienen un lugar importante en esta novela, en la que varias mujeres víctimas de la violencia machista en distintas épocas se refugian también en un pequeño amuleto como modo de huir, de alejarse de la realidad que sufren. Es un “llamador de ángeles” un recurso que pasa de madres a hijas para espantar su miedo y auto-convencerse de que están protegidas y no van a sufrir daños.

Pero no todo queda en el miedo y la angustia, Elsa Veiga lanza también un mensaje de esperanza, de huir sin mirar atrás, de sororidad y fraternidad, de alejarse de la muerte para mirar de frente a la vida.

Elsa Veiga

Hay episodios de nuestras vidas que queremos olvidar porque duelen, pero no podemos olvidar algo que se vuelve consuetudinario, que repica diariamente y que es tan sangrante que es imposible soslayarlo, porque tampoco podemos desconocer actos de injusticia tan atroces…

Hace unos días releí el libro de Héctor Abad Faciolince El Olvido que seremos, que nos lleva a la historia de su padre Héctor Abad Gómez, un hombre que denunciaba las injusticias y las desigualdades estructurales de Colombia; estuvo comprometido con la justicia social, la defensa de los derechos humanos y de la vida, pero la oscuridad que cubre parte de nuestra población dirigente apagó esta luz que proyectaba alternativas a estos problemas.

Es una realidad que viví de cerca, porque aunque no han asesinado ningún familiar, si han asesinado y desaparecido amigxs y compañerxs cercanxs; así mismo he visto como el asesinato político y la desaparición forzada fueron utilizadas para que organizaciones políticas completas como la Unión Patriótica fueran aniquiladas; asesinando a más de 4.500 de sus integrantes, mientras otros huían para no terminar de la misma forma.

Carta a una sombra

El asesinato de Héctor Abad Gómez es uno entre tantos asesinatos políticos en nuestra tierrita; pero su muerte causó un gran impacto porque no era una figura de ningún partido y en ningún momento enarbolaba la violencia como bandera, sino que denunciaba las situaciones de violencia, torturas, desapariciones forzadas y asesinatos.

Abad era un docente y médico comprometido y activista en el Comité para la defensa de los DDHH de Antioquia y podría simbolizar una persona que es padre, hermano, esposo, amigo y maestro de todxs. Porque son tan innumerables lxs asesinadxs que esta figura tan coherente podría representar todas esas víctimas de un conflicto interminable como el colombiano. Este personaje se ha configurado a través de lo que escribe su hijo en el libro El Olvido que seremos y que después reproducen en parte Daniela Abad y Miguel Salazar, en el documental Carta a una sombra. Fernando Trueba, también se ha hecho eco de esta historia con una película basada en el libro.

La práctica del asesinato como medio de eliminar tanto la denuncia de la injusticia y violación sistemática de los DDHH, así como cualquier oposición política y social no es de ahora. Podría decirse que las elites políticas y económicas, aliadas entre sí y utilizando las fuerza armadas legales (ejército, policía, servicios secretos…) e ilegales (paramilitares), han acabado con gran parte de esta oposición y siguen haciéndolo, siendo la impunidad su gran baza para seguir enseñoreadas y continuar en el poder y acumulando bienes y capitales  procedentes del saqueo y despojo de toda la población.

Pero hay una parte esencial del libro que es el amor, que saca a relucir en medio de tanta tragedia; el amor de este hijo hacia su padre y el de él hacia este hijo predilecto, pero también hacia toda la familia y ese amor hacia todo el entorno a donde llegaba con su práctica médica, conociendo las causas de la miseria, la desnutrición, la enfermedad y la muerte de esa población, que para las altas esferas valían más muerta que vivas. Esto me recuerda la filosofía de Camilo Torres, de su lucha amorosa con la teología de la liberación: “cuya revolución no consiste en otra cosa que en la pretensión de garantizar al ser humano las condiciones requeridas para vivir con dignidad”.

La lucha pacífica de Héctor Abad Gómez también fue fundamental en su concepción del mundo, de un mundo amoroso, solidario, para lo cual se debían garantizar condiciones de vida justa para toda la población y en la que la violencia estructural que es la miseria no tiene cabida.

Estos crímenes y en particular el de Héctor Abad Gómez representan un pedazo de la historia trágica de Colombia; pero no podemos caer en la desesperanza, y en honor a este personaje que era el paradigma de la alegría de vivir y de la confianza hacia gran parte de la humanidad, debemos seguir luchando porque si perdemos la fuerza y la esperanza ya tenemos las batallas perdidas.

Porque Colombia nos sigue doliendo, como nos duele nuestra historia, territorios expoliados y despojados, comunidades negras, indígenas, campesinas y las poblaciones marginadas; nuestras son las razones y las certezas de que la dignidad, la democracia y la paz con justicia social no nos la regalarán…

Porque como dice Héctor Abad Faciolince “los asesinos no han podido exterminarnos y no lo lograrán porque aquí hay un vínculo de fuerza y de alegría, y de amor a la tierra y a la vida que los asesinos no pudieron vencer. Además, de mi papá aprendí algo que los asesinos no saben hacer: a poner en palabras la verdad, para que ésta dure más que la mentira”.

Yo quería ser Marsé – Cristina Fallarás*

Yo me fui a vivir a Barcelona por Juan Marsé. Así es. Corría 1986, tenía 18 años y llevaba desde que me acuerdo sentándome en el murete del malecón de Calafell, frente a l’Espineta, la taberna marinera de los Barral. Era lectora compulsiva y quería ser escritora, lo del periodismo ya vino después, y también tuvo que ver con él.

Me sentaba en el murete porque allí, en las mesas de fuera, estaban los escritores, las escritoras. El editor y escritor Carlos Barral me impresionaba, y Jaime Gil de Biedma, Rosa Regàs, Anna Maria Moix, Alfredo Bryce Echenique. Todos por allí. Pero el que a mí me fascinaba era Marsé. Después leí todos sus libros y encontré la palabra: Compacto. Aquel hombre de manos camperas y cara labrada, su serenidad, su falta de impostura, estaban luego en su obra. Pero antes yo había pasado mi adolescencia y mi primera juventud contemplándolo, sentía que ya lo había visto. Compacto.

He leído bastantes textos sobre él publicados en las últimas 24 horas, desde su fallecimiento este domingo pasado. No es cierto que fuera un macarra. No es poca la gente que tiende a describirlo como tal o como el día después de un chuleta de barrio, seguramente porque resulta cómodo echar mano del Pijoaparte. Era un hombre serio y tímido al que no le gustaba andarse con tonterías. Serio y muy divertido. Los serios divertidos son los mejores.

En una profesión, la de escritor, repleta de petulantes y relamidos, él no fingía, no había impostura en su forma de contar historias, ni en su forma de sentarse, de opinar sin piedad, él no templaba gaitas.

Así que un día, tras años mirando escritores, tras haberme enamorado de Últimas tardes con Teresa, Ronda del Guinardó, Un día volveré y Si te dicen que caí, me largué a estudiar a Barcelona. Elegí periodismo (entonces Ciencias de la Información) desde luego sin ninguna de esas tremendas vocaciones que aseguran haber sentido muchos de mis colegas. Yo no quería ser periodista, yo quería ser Marsé, qué barbaridad, qué idiota.

Sin embargo, ya que tenía lo del periodismo a mano, decidí aprovecharlo. Junto a un puñado de jóvenes acabábamos de montar un periódico gratuito de barrio en Nou Barris, zona obrera. A la primera que pude, por supuesto, me hice con el teléfono de Marsé. “Hola, me llamo Cristina Fallarás, trabajo en un periódico de barrio y quiero entrevistarle”. No han sido pocas las excusas recibidas al principio de mi carrera de llamémoslo “prensa alternativa”. Sin embargo, su invitación fue inmediata, fui a su casa, le entrevisté y seguí entrevistándole después en la SER y más tarde en El Mundo y aún en algunas ocasiones más. Sin duda es la persona a la que más veces he entrevistado en mi vida.

Un día, siendo un chaval, mató un pajarillo con una escopeta de balines. El horror que le produjo ese acto fue tal que ya mayor seguía contándolo. Era un hombre bueno y le repugnaban la idiotez y la crueldad.

Yo quería ser Juan Marsé porque a su alrededor, y con él en el centro, existía un mundo culto pero no fatuo, una forma de andar descalzo por la orilla, de escribir sin hacer alarde de un magisterio ante el que cualquier creador o creadora honesta suspira y sonríe, conversaciones junto al mar, noches largas y, en su caso, una austeridad compacta, una honestidad compacta, un compacto respeto por sí mismo y por su trabajo.

Además, claro, era el suyo un universo político. Por las referencias a la Guerra Civil, por supuesto, por el retrato de una clase obrera también, por todas esas cosas que ha contado. Sin embargo, después de observarlo durante tantos años, creo que lo más político de Juan Marsé estaba en un compromiso íntimo por no pactar con el engaño, con el relato que construye el engaño, el propio y el histórico.

“Yo solo escribo historias”, decía. Y sí, en eso consiste. La Literatura permanece y lanza hacia el futuro aquello que somos, que fuimos. Lo escrito retrata un mundo y ese mundo está en el mundo. Cuando mañana, los hijos de los hijos de mis hijos se interesen por la posguerra española, porque sobre el pasado se construye, sin duda los libros de Marsé les serán mucho más útiles que cualquier tratado de Historia. E inconmensurablemente más bellos, más ricos, más certeros. Compactos.

Tengo la fea sensación de que con la muerte de Juan Marsé desaparece un mundo que no ha encontrado recambio. Y desde luego una enorme parte del mío propio. Hace décadas de dejé de querer ser Juan Marsé, en un sentido amplio. Nadie puede ser Juan Marsé, ni parecérsele de lejos.

Notas:

* Artículo publicado el 21 de julio de 2020 en Público: https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2020/07/21/yo-queria-ser-marse/


Maldita sea. Ha muerto Juan Marsé – Manuel Garí

Así de acertado fue el tuit de Maruja Torres. Así supe la mala noticia y así, de inmediato, me invadió la misma rabia. Ella le conocía, yo no. Pero como si le hubiera tratado. Desde los años sesenta formaba parte de ese mundo entre real e irreal que forman las lecturas que le acompañan a cada cual. Marsé nacido Faneca -como aquel anarquista- hablaba de hombres y mujeres, de ricos y pobres, de trabajadores y maleantes: de la sociedad humana. Como, por cierto, también hizo en los mismos años otro grande y con otro lenguaje, Jean-Marie Straub el cineasta comunista heterodoxo, autor de la inolvidable “Sicilia!”, nacido el mismo día exactamente que Marsé y del que se declaró asiduo lector.

Marsé ha sido demasiado creativo, inconformista e inclasificable como para que sea material de uso en las banderías españolistas versus convergentes o viceversa. Fue un currante nato -de lo contrario es incomprensible su producción- que debía pensar como Baudelaire, otro inclasificable, inconformista y creativo cuando afirmó la boutade de que “para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse”. Me interesa lo que escribió, lo mucho que escribió, no la minucia.

Poco antes del famoso 14 de marzo del Estado de alarma por el Covid-19[1] tuve que preparar unas lecturas para un público muy especial, ávidos lectores, lectoras y escuchantes de menos de 8 años. Y, qué casualidad, les leí en dos tardes seguidas dos Marsé muy refrescantes “El detective Lucas Borsalino” y “La fuga de río Lobo”. Fue un éxito de crítica que se tradujo en petición de ambos en papel para leerlos por su cuenta antes de dormir. ¿Fue una casualidad la elección? Probablemente no, jugaba a valor seguro.

El mismo que había reconocido en «La oscura historia de la prima Montse» que como en “El amante bilingüe” se da una polarización entre dos seres, hombre y mujer, complejos. Conflicto que también asoma en “La muchacha de las bragas de oro” entre ella y el ex franquista reciclado, pero sobre todo se hace evidente en “Últimas tardes con Teresa” entre el buscavidas Pijoaparte y la burguesita Serrat del barrio de los Pujol (entre delincuentes anda el juego). Entre las gentes de los barrios obreros -tal cual son con sus potencialidades y miserias- y las gentes de las “torres” de Sant Gervasi. Entre gentes que desean lo que el otro es. Y que no se mienten llamándole amor a lo que es sexo. Y dónde exuda el conflicto de clases, la desigualdad, la inviabilidad de esa sociedad. Marsé presenta todo ello incardinado en la vida de una ciudad, Barcelona. Precisamente porque profundiza la pequeña historia de las personas dentro de la historia su comunidad con una mirada entre realista e irónica y pegada a unas calles y unas plazas concretas, su obra alberga temas de fondo con dimensión universal.

Esta noche volveré a abrir “El embrujo de Shanghái” después de volver a ver la peli de Trueba. No me aburro nunca ni de una ni de la otra. Que la tierra le sea leve.

Notas:

[1] Me niego usar el femenino con el virus porque lo digan Arturo Pérez-Reverte y sus secuaces de la rancia RAE. No busquen motivo ideológico alguno, simplemente porque no me da la gana cambiar de artículo porque lo digan.


Tratemos a Juan Marsé como se merece – Marià de Delàs

La agenda de narraciones y ensayos pendientes de lectura crece sin parar. Es imposible dar abasto con todas aquellas obras que uno se propone leer y, para colmo, en nuestras estanterías tenemos almacenados, e incluso ordenados, por puro romanticismo, un montón de libros que han marcado de alguna manera nuestras vidas y que merecen relectura. Entre ellos se encuentran, claro está, los de Marsé. Creo que no tengo ningún amigo, salvo aquel que toma ejemplo del detective Carvalho, que no guarde celosamente en su casa al menos una de las historias que nos ha dejado el enorme escritor catalán. Un personaje que no se prodigaba casi nada en los medios.

Apenas se dejó entrevistar, y a pesar de ello, su presencia en la vida pública es y será muchísimo mayor que la de otras celebridades que matarían por aparecer en alguna pantalla.

Un escritor que dio visibilidad a la Barcelona ignorada, la de los barrios, la de su gente de verdad, sus niñas y niños, la vida clandestina, el miedo, la pobreza, los señoritos, la imprescindible delincuencia, los policías…

Marsé militó durante unos pocos años, cuentan, pero en su narrativa a menudo estaba presente el compromiso político, aunque fuera en forma de fantasía.

Los escenarios que describió son los de su ciudad -el del bar Delicias, el cine, los patios, el terrado, los barrancos que ya no existen, el almacén- pero sus historias han llegado a todas partes.

Fue una “figura incómoda para algunos”, quizás porque tal como lo define nuestra compañera Lidia Penelo, “era un insobornable”.

Sus personajes, Teresa, el Pijoaparte, Jan Julibert, Balbina, David y su perro flaco, el escritor falangista y su sobrina Mariana… son ya universales, pero están estrechamente vinculados a tiempos y recuerdos muy concretos, también incómodos y necesarios.

Morirse tiene el inconveniente de que impide hablar y escribir, pero se utiliza mucho a los difuntos, en cualquier sentido. Hay que recordar bien lo que dijeron y escribieron. Conviene releer a Marsé y a las personas que él admiró, para no maltratar su memoria.


La literatura más generosa – Fernando Ruiz-Goseascoechea

Como una gran parte de los españoles de mi edad, el proceso de iniciación literaria se produce a través de la cultura popular, especialmente el cine, los tebeos y la música. Pero también a través de los libros, aunque mi despertar social, una vez pasada la fiebre de Defoe, Verne y Salgari (mentira, eso nunca pasa) no fue como pretendían en los colegios, a través de insignes escritores del Siglo de Oro, o de gigantes de la literatura francesa o inglesa. Mas bien, fue todo lo contrario.

El ejemplo paradigmático es mi bautizo como apasionado lector, que se realiza a través de los tebeos de El capitán Trueno. Eso sí, y aquí viene lo interesante, tardé años en saber que Víctor Mora, la mano que daba vida a mi héroe era comunista y estaba afiliado al PSUC; ningún censor pudo nunca intuir que el más célebre héroe del cómic hispano dedicaba todo su empeño a derrocar tiranos y a colocar en su lugar consejos de ancianos, “que era lo más parecido que se me antojaba a una república”, como diría su creador años más tarde.

Mis futuras inclinaciones literarias jamás las mencionaron en el colegio, bien por desconocimiento o por mala fe. Yo, ávido lector, estaba abierto a todo, por supuesto, pero había algo en aquella Barcelona de los años 70 que me empujaba hacia terrenos extraños y heterodoxos. Estoy hablando de Francisco Candel, Marce Rodoreda, Aurora Bertrana, los Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, María Aurelia Capmany, Alfonso Costafreda…

La Generación del 50, también conocida como la Generación de los Niños de la Guerra, está marcada por la Guerra Civil y por unos valores perfectamente definidos: educación religiosa, represión sexual, nacionalismo españolista, anti-comunismo, autoritarismo, ley y orden social, importancia de la familia, etc. ¡pero con muchas ganas de vivir!

Descubrí en sus lecturas, en especial la de los integrantes de la sección catalana de la generación, la Escuela de Barcelona, un estilo por mí desconocido, aparentemente menos literario pero, a la vez, más sincero. Me hacía sentir bien ese espíritu fuera de los cánones tradicionales y esa mano de procedencia multidisciplinar y autodidacta. Son autores y personajes que donde mejor se desenvuelven es en la calle, y su fuerza reside en el dominio de la ironía y la evocación de la memoria; y eso marca una distancia con la generación anterior, la del 36. Sin embargo, enlaza armoniosamente con muchos de los integrantes de la generación del 27.

Efectivamente, regresa la luz y el color, aunque las historias sean desgarradoras y estremecedoras. La tristeza ya no les inmoviliza, sino todo lo contrario. Hablan de familias rotas, de mujeres maltratadas y humilladas, de niños abandonados, de enfermos desahuciados, pero abordan de frente el amor, el deseo y hasta la muerte. Narran sus historias, fusionando el escritor y el personaje, y con sus historias y su pasado crean un proceso por el que se afirman así mismas.

Mi primera lectura comprometida vino, cuando tenía 16 años, de la mano de Francisco Candel, un hombre que escribía sobre su barrio, Can Tunis, en la ladera de Montjuic, el epicentro de la inmigración barcelonesa en los años 50, y los problemas de adaptación de ésta. Candel, vecino del barrio al que llegó con 2 años, hizo suyas estas preocupaciones, convirtiéndolas en materia literaria, y provocó la censura o la prohibición de muchas de sus obras. Curiosamente, el primer libro de Candel me lo recomendó mi madre, se llamaba Dios, la que se armó, un libro en el que contaba las reacciones sorprendentes que tuvo su novela (crónica en tono anovelado) más exitosa Dónde la ciudad cambia su nombre. 

Tanta fue mi devoción por Candel que es el único autor por el que he formado cola en El Corte Inglés para que me dedique un libro y, por supuesto, conservo todos sus títulos. Candel mantuvo también una actividad destacada en el mundo de la política, fue miembro del PSUC, senador en las filas del partido Entesa dels Catalans, y concejal de cultura del Ayuntamiento de L’hospitalet de Llobregat.

Fue más o menos en ese tiempo cuando caí rendido ante la obra de Mercé Rodoreda, que había nacido no muy lejos de mi casa, en Sant Gervasi, pero en 1908. La menciono aquí, porque esta mujer que su padre no le permitió ir apenas al colegio, llevo una vida agitada con diversos trabajos (se dedicó a la costura, pintura, periodismo, poesía, literatura juvenil…), compromisos, escritura, exilios, amistades y romances (entre ellos Andreu Nin, dirigente del POUM) pero no tuvo auténtico reconocimiento hasta los años 60, especialmente a partir del éxito de La plaza del Diamente.

Traigo también a colación a Rodoreda, porque me gusta imaginarla como puente natural entre su generación y la Escuela de Barcelona. Tiene todos los componentes de narración visual que tuvo la generación del 50.  Influenciada por su compañero Armand Obiols y por Josep Carner, pero también por Marcel Proust, Thomas Mann y Virginia Wolf. Otras escritoras singulares y cercanas de alguna manera a lo que luego fue la Escuela de Barcelona fueron Aurora Bertrana, viajera incansable y creadora de la orquesta Jazz Women, la primera jazz band formada íntegramente por mujeres en Europa, y también  Anna Murià y  María Teresa Vernet…

Con la muerte de Juan Marsé no sólo la literatura se queda huérfana, sino la calle también, a pesar de esa desescalada alocada y a trompicones que los españoles practican hoy en busca de la cerveza y el abrazo. Y es que con la despedida de Marsé nos estamos quedando sin literatos a los que las calles corran por sus venas. Algunos lo intentaron por el camino del postureo señoritingo como Umbral y otros con la minuciosidad y el estudio de laboratorio como Carlos Ruiz Zafón.

Los autores como Marsé son fugitivos de una Barcelona despersonalizada de los años 60, una ciudad a la que el régimen trataba por todos los medios de desdibujar sus rasgos identitarios. Marsé y cuatro más salieron a la calle y disputaron casa a casa, bar a bar, oficina a oficina, plantando cara insolente a la Barcelona inhóspita y triste, marcada por la derrota, y transformada por el fenómeno creciente de la inmigración.

Marsé ha sido del pelotón de los que no se contentó con el flaneo y las noches de bohemia, que también las tuvo, por supuesto. Él fue un currante de las letras, un artesano del relato y un esmerado joyero para diseñar complicados engarces amorosos y vivenciales. Ha sido un moderno, en el mejor sentido de la palabra. De los que empezaron a escribir cuando se acabaron las cartillas de racionamiento y apostaron por una escritura despegada de los rigores de la poesía social, y que se compromete con la resistencia antifranquista, desde su casa, la discoteca y las redacciones de periódicos y revistas. Pero conservan una manera de escribir nueva, más estética y más intimista.

La escritura de Juan Marsé tiene un fuerte componente visual que se deriva principalmente del hecho de que el autor parte de imágenes, no de ideas, a la hora de concebir su creación literaria. Marsé investiga en «Si te dicen que caí», como si fuese un redactor de sucesos, y llega a entrevistarse con el asesino de Carmen Broto, la infeliz protagonista de la novela. Cuenta como si fuese su piel como los charnegos quieren ligar con las niñas pijas de la ciudad; o idealiza al antihéroe perdedor en «Un día volveré», a través de la mirada de un niño muy parecido a él. Y todo eso, mientras ejerce el cargo de jefe de redacción de la revista Por Favor y de la revista Bocaccio, símbolo de la gauche divine, grupo al que Marsé pertenecía pese a su condición de obrero y al que ridiculizó en Noches de Bocaccio.

Pero no todo era Bocaccio; el grupo de Barcelona se crea a partir de la revista Laye, dedicada a promocionar la conciencia civil de un grupo de universitarios de Barcelona, entre los que se encuentran Josep M. Castellet, Jaime Gil de Biedma, Juan y José Agustín Goytisolo, Gabriel Ferrater y Joan Ferraté.

Y la dirige, ni más ni menos que Manuel Sacristán, un comprometido comunista, fundador de las Comisiones Obreras de la Enseñanza, miembro del Comité Antinuclear de Cataluña y fundador de las revistas Materiales, y Mientras tanto.

Más tarde llegan Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza y Terenci Moix; y los más jóvenes Jaume Cabré, Miguel Ángel Riera, Biel Mesquida, Montserrat Roig, Quim Monzó…Una generación nueva muy relacionada con la resistencia al franquismo crepuscular pero que en sus últimos estertores aún tiene las cárceles llenas y el país sin derechos ni libertades. Un tiempo que se agota y se despide igual que como llegó porque no conoce otra manera de hacer las cosas: estados de excepción, fusilamientos y garrote vil. Es en ese marco cuando yo sigo leyendo a los autores que me interesan. A los generosos que transmiten imágenes, antes que ideas.

Begoña Méndez (Palma, 1976) ha escrito un texto que es una mezcla de lección erudita, historia de la cultura y confesión descarnada. Los ensayos ganan profundidad cuando se incorpora, junto a la exposición del tema objeto del libro, la experiencia personal del que lo escribe. Esto ocurre en Heridas abiertas, un texto que explora los diarios íntimos de diez autoras y los espacios existenciales de represión, depresión y libertad artística que transitaron.

Incorporar la experiencia del ensayista en el ensayo quiere decir que el texto se construye desde la propia experiencia de la lectura, una experiencia misteriosa, pero en que el ser íntimo del lector se proyecta y se corresponde con el ser de aquello que está leyendo. Méndez insiste mucho en esta idea: recorrer las páginas de estos diarios y escribir un ensayo sobre ellos no es solo como leer en voz alta ante un auditorio lleno de gente, sino también establecer una comunicación silenciosa en que las experiencias y demonios de la ensayista se relacionan con aquellos otros de los diarios. No se trata de una técnica muy usual. Solo la he encontrado en otro deslumbrante ensayo publicado hace unos años: Gos, una biografía de Rilke escrita por el poeta y profesor de retórica Albert Roig.

Las diez mujeres que centran este ensayo son Santa Teresa, Soledad Acosta, Zenobia Camprubí, Teresa Wilms Montt, Lily Íñiguez, Marga Gil Roësset, Idea Vilariño, Susan Sontag, Alejandra Pizarnik y Mariana Eva Pérez. Si bien corresponde al posible lector el internarse en cada poética, es importante señalar que, desde un punto de vista global, nos encontramos con diez vidas muy distintas que atraviesan más de quinientos años, que el punto de cesura está situado en el siglo XX y que es interesante comprobar como los diarios, que comenzaron (y continuaron) siendo herramientas de control familiares (padre, madre y marido), acabaron por transformarse en espacios de libertad en que las autoras pudieron construir una identidad propia, una identidad como artistas.

He encontrado particularmente sugestivos los capítulos dedicados a Pizarnik, Wilms Montt y Sontag. En ellos se consigue alcanzar la interioridad de estas autoras con una claridad intelectual y una sensibilidad que, al mismo tiempo que emocionan profundamente al lector, desnudan ante sus ojos ideas complejas y extrañas como el suicidio, el sufrimiento y la voluntad de escribir contra viento y marea. Esto último, el compromiso con lo que uno sabe y siente que debe ser es lo que más me ha impresionado. Una lección universal para todos los artistas y que todos los artistas realmente buenos han pronunciado: si tienes que crear, hazlo.

En el caso de las autoras que conforman este ensayo extrajeron de sus tribulaciones y su marginalidad una fuerza para navegar la tragedia y alzarse como artistas de pleno derecho. Individuos plenos, personalidades únicas y extraordinarias, escritoras imaginativas y penetrantes a las que debemos (re)leer. Heridas abiertas es un ensayo por el que cualquier lector culto debería interesarse, un cahier que son unos ojos oscuros y lúcidos sobre los que podemos colocar nuestros propios ojos de lector. Para ver mejor. Para leer mejor.

Heridas abiertas

Begoña Méndez

WunderKammer, 2020

El tema del personaje escindido de sí mismo, que observa el mundo y las cosas que lo componen como objetos muertos con los que es imposible comunicarse es, en cierta forma, recurrente en la literatura más actual. Su plasmación más importante se encuentra en La náusea de Sartre. El libro de Daniela Alcívar Bellolio (Guayaquil, 1982) profundiza en la idea de que el mundo es el perfecto escenario para el sufrimiento y que este nos va convirtiendo en seres aislados para quien la naturaleza y el resto de las personas permanecen mudas, por mucho que nos hablen y gesticulen.

Abundan las descripciones de paisajes yermos y cielos multicolores. La belleza expresiva, una escritura delicada, barroca en muchas ocasiones (“una montaña es un cuerpo, es una arruga en un cuerpo vasto sin cabeza” o “destellaba con precisión cirujana la luz violeta que cortaba la cerrada oscuridad por unos segundos y luego volvía a apagarse, dejando todo otra vez negro”) en que el personaje protagonista va tomando forma en una combinación, extraña, de exuberancia verbal y vacío existencial. Digo extraña porque la forma en que este tipo de personajes se han presentado ha sido la contraria a la que aquí se utiliza. En El extranjero de Albert Camus, por ejemplo, se opta por frases cortas, ausencia de subordinadas y nexos adverbiales, que producen en el lector la sensación de frialdad y distancia que siente el personaje respecto al mundo.

Una madre pierde a su hijo nada más nacer y el vacío es tan grande que el mundo y su propia persona se oscurecen, abriendo paso a la nada, que ocupa todo el espacio, dejando tan solo una existencia desnuda en que el recuerdo y el alcohol son lo único que prolongan la supervivencia de un individuo esclavo de las penas. Nos encontramos también con una reflexión sobre la vida sexual y sentimental de la protagonista. Hay cierta frivolidad en todo ello. La pena del hijo que nace muerte, sin embargo, hace que la realidad se transforme con una violencia y una realidad inusitadas e irreversibles.

La escritora ha tratado de crear una atmósfera poética, en que lo verbal construya los sentimientos y no se ocupa tanto de estructurar la acción y los hechos que constituyen la novela. El único personaje que no queda desdibujado por esta nebulosa de la pena y el lenguaje poético es la propia protagonista, a la que, a pesar de todo, solo podemos conocer fragmentariamente. El mundo en el que ella vive, en realidad, también se ha vuelto fragmentario, además de autónomo: “la fuerza que solo pueden tener las cosas sin alma y sin voluntad, las cosas que existen más allá del propósito, con la belleza de la pura materia sin conciencia, eterna, cadencial, impetuosa”.

Esta descripción (casi fenomenológica) podría estar escrita por Sartre si adelgazáramos la lista de adjetivos. En este fragmento, además, se percibe que el vacío existencial, cuando se quiere expresar, es barroco y se describe a partir de la acumulación de metáforas y palabras. Esto no debería ser una contradicción. Al fin y al cabo, la literatura más exuberante y adornada pertenece al periodo en que más conciencia se tomó del trágico destino del individuo, esto es, el Barroco.

Un hermoso libro, bien escrito, sensible, que representa ese dolor en muchos tramos del texto de manera imaginativa y eficaz. Otra buena lectura que, como nos tiene acostumbrados, nos propone la editorial Candaya.

Daniela Alcívar

Leyendo a Katchadjian tenemos la certeza de que se puede escribir una novela que no lo parezca, pero que, a pesar de todo, lo siga siendo

Acertijo:
– Alberto es una momia.
– A Lenin lo momificaron.
– Lenin escribió ¿Qué hacer?
– Alberto me va a decir qué hacer
Solución: Alberto es una momia.

Salvo que, más allá de este juego de correspondencias, no hay solución al acertijo de esta novela, que presenta el interrogante de su título un tanto atenuado, como si la pregunta se disipara al leerla.

Qué hacer (sin interrogantes y sin Lenin de por medio) se escribió en 2006 y lo primero que se piensa cuando llevamos un par de capítulos leídos, lo que no equivale a más de cinco páginas, es que nos encontramos ante un juego. Después, a medida que avanzamos, descubrimos que lo lúdico teje una red de referencias sobre las que se sustenta un relato de trapo, un trapo viejo que en ocasiones deja entrever la tramoya de la escenificación. Luego, nos adentramos en la reflexión.

Dejaré una cita:

“Alberto me dice: todo está ahí pero sólo puede verse la mitad. (…) ¿Cómo podría saberse que lo que se ve es la mitad de algo, es decir, que no es simplemente algo completo que tiene apariencia de mitad de algo? (…) La conclusión a la que llegamos es la siguiente: sean mitades de algo o cosas completas, el hecho de que se presenten como mitades hace que la otra mitad cobre existencia”.

Leyendo a Katchadjian tenemos la certeza de que se puede escribir una novela que no lo parezca, pero que, a pesar de todo, lo siga siendo. Lo que une su narración son los referentes que traviesan cualquier texto de ficción y que unen el argumento. Muchas veces, en general en las novelas, no se ven, ocupan la categoría de símbolos o incluso son utilizados de manera efectista por el escritor para suscitar algún afecto (no efecto) que se desvanece tan pronto como pasamos a la siguiente página.

Las frases son rápidas, las acciones se suceden y transportan al lector y a los personajes de un espacio a otro de manera trepidante; la clave, en esta novela de poco más de cien páginas, es la acumulación y la repetición. Su estructura es musical: un mismo motivo, o una misma nota, que se va repitiendo, produciendo un ruido distinto y similar en el oído del lector, que reconoce los elementos y los vuelve a absorber. Su memoria es trastocada. No se sabe a dónde se dirige la narración hasta que se alcanza la idea de que ha tomado una trayectoria circular, pero un círculo que se va ampliando en su movimiento, hasta que la fuerza centrífuga es tan fuerte que lector se ve arrastrado a su interior y, al acabar, se da cuenta de que está en el ojo del huracán.

Alberto y el narrador son profesores de una universidad inglesa. Un alumno les hace una pregunta que no saben contestar. Después, el alumno trata de devorarlos. El alumno es muy alto. Huele a trapo. Hay ochocientos bebedores. Alberto es una momia.

Y así sigue.

Pablo Katchadjian

Los lectores de este libro podrían reproducir fragmentos parecidos a este. Katchadjian nos enseña un lenguaje y luego nosotros, los lectores, podemos hablarlo. Podría escribirse una tesis entera sobre este libro. Se trataría del diccionario que nos ayudaría a movernos por sus páginas. Leerlo, sin embargo, y hasta aprenderlo de memoria, solo nos ayudaría a comunicarnos mediante fragmentos. Un fragmento tras otro y ni rastro de la totalidad. Dar vueltas en torno a la pregunta de qué hacer y llegar a la conclusión de que no lo sabemos, de que, si existe una mitad invisible, habrá que imaginársela, vivir como lo hacen estos personajes. Y Alberto y el narrador son centauros: medio cuerpo fantástico y medio cuerpo mundano. Y esta novela no es nada más que eso: un ejercicio de imaginación dividido también en dos partes: la del escritor y la del lector. Dos centauros.

Qué hacer
Pablo Katchadjian
Barcelona, Hurtado & Ortega Editores, 2019

“La novela recorre la periferia. Quiero demostrar que en los polígonos pasan cosas”

Conversación de la autora con Queralt C. Cerezuela

La periodista y escritora Anna Ballbona (Montmeló, Vallès Oriental, 1980) acaba de ganar el 5º Premio Llibres Anagrama de novela, de literatura en catalán, con No soc aquí. La entrevistamos cuando apenas se había anunciado la concesión del galardón.

No soc aquí es una historia sobre los lenguajes familiares, aquellos automatismos de los cuales bebemos cada día y que nos construyen y nos destruyen a partes iguales como seres humanos. Se trata de una novela construida a partir de la voz de Mila y sus circunstancias personales concretas. Una vida que se muestra a partir de unos lenguajes familiares aprendidos. «Un artefacto literario que funciona de una manera exacta y perfecta», destacó el jurado del premio Anagrama.

El escenario puede ser cualquiera: un pueblo a media hora de Barcelona, encajonado entre la autopista y los polígonos industriales. «Ahora que espera una criatura, Mila intenta entenderlos motivos de la extrañeza que la ha acompañado desde siempre, un estar y no estar, una cierta perplejidad ante los mismos orígenes», se puede leer en el resumen de la novela, que también trata sobre la distancia social y la necesidad de aceptar y entender los lugares de origen. A partir de una mirada irónica, Ballbona construye y deconstruye una Mila en momento de revisión. La escritora y periodista se dio a conocer con Joyce i les gallines (Anagrama) y también ha cultivado la poesía.

¿De dónde surge No soc aqui? Dice que la acción podría tener lugar en su Montmeló natal, pero eso no ocurre. Y tampoco es una autoficción. 

La novela versa sobre la extrañeza en relación a la herencia familiar; la extrañeza de alguien hacia el mundo del que procede y de los propios orígenes. El personaje principal anda con esta extrañeza, que le acompaña en todo momento. La cuestión de la extrañeza y qué hacemos con aquello que nos han legado ha sido una de mis obsesiones desde siempre. La idea de esta novela surgió en 2014, cuando participé en una estancia en una residencia de escritores en Estados Unidos. Allí pude conversar con diferentes autores, dramaturgos y traductores sobre el tema de la familia; me di cuenta que todo el mundo hacía lo que podía, con aquellos legados familiares, aquellas herencias que nos quedan. Cada persona las gestiona como puede. Me di cuenta de que quería y que tenía que escribir sobre esta cuestión y que era importante confrontar el mundo de Mila, un mundo hecho de mundos que rechinan y de unas maneras de hacer muy anteriores en el tiempo, con otras extrañezas.

¿Por qué dice que en la novela ha intentado salir de los estereotipos de los extrarradios?

Es importante recalcar que los barrios, los polígonos y los pueblos de No soc aquí no tienen nombre, no están ubicados en ningún lugar en concreto. Quiero que el lector se fije en aquello que le estoy describiendo y que no llegue a esta periferia con una idea preconcebida. Quiero demostrar que en los polígonos, que existen de muchos tipos, pasan cosas y que forman parte del entramado urbano.

Mila, la protagonista de la novela, es la primera universitaria de su familia. ¿Tiene la voluntad de abordar el elemento de clase en el libro?

Sí, el desclasamiento es un elemento importante de la novela, que se ve sobre todo en la segunda mitad del libro, cuando Mila va a la universidad y hace un Erasmus en París. Es cuando ella se da cuenta del desclasamiento y de la distancia social que existe entre aquellas personas que vienen de familias universitarias y ella misma. Es cuando toma conciencia de la distancia social y como esto la ha condicionado a lo largo de su vida. Sin embargo, Mila también intenta encontrar el valor y la fuerza del mundo del que viene, un mundo modesto y pequeño. La novela es un viaje para darse cuenta de la fuerza que tienen aquellos orígenes y de las cosas buenas que le han dado.

¿Cómo ha hecho para huir del mundo de los clichés, de esta periferia a menudo maltratada a base de estereotipos?

El mundo particular de Mila hace que no te aproximes con clichés, puesto que todo su bagaje familiar ya escapa del cliché. Además, se recorre la periferia a partir de su mirada, con lo cual los espacios quedan naturalizados. Mila explica la memoria personal e íntima que guarda del polígono y de otros espacios. Esto es importante, porque el lector hace suyo el espacio a través de las vivencias de la protagonista.

En el libro utiliza mucho la ironía. ¿Qué imagen transmite del mundo rural?

Pienso que la ironía pertenece a una manera de mirar de la cual no siempre soy consciente. Hay cosas que no he escrito de manera irónica, pero se han interpretado como tales. En el libro realizo una mirada muy poco romántica del mundo rural porque lo he conocido de cerca. Mi protagonista ha conocido un mundo rural indómito y sin manías; un mundo pragmático e incluso retrógrado. No se idealiza, pero quiere huir del lugar común, romper con él y lo he intentado hacer desde el respeto y el viaje de la protagonista.

Hace cuatro años quedó finalista del Premio Anagrama y finalmente esta vez ha ganado el galardón Premio Llibres. ¿Era importante para usted ganarlo?

Este premio es importante, sí. Hace cuatro años, el hecho de ser finalista me permitió publicar mi primera novela. Es un premio con cinco años y un jurado potente detrás. Con una casa -una editorial- que me da mucha confianza. También estoy contenta de que la novela se haya leído como yo pretendía que se leyera, que esto a veces no pasa.

Una parte del libro lo ha escrito en l’Acadèmia de les Bones Lletres, gracias a la Beca Montserrat Roig. ¿De qué manera ha influido esto en el proceso de creación de la novela?

Ha sido fundamental poderme encerrar durante un tiempo a escribir, estar conectada con aquello que quería decir. En esta novela en concreto, hay muchas cuestiones de lengua, por lo tanto necesitaba tener en todo momento toda la novela en la cabeza. Esto te lo permite un encierro como ese.

Nota: esta entrevista ha sido publicada previamente en Públic.

Existe un tipo de literatura que retuerce el realismo, atraviesa la fantasía y llega hasta la ciencia ficción, en busca de una profundidad en sus textos que es también la profundidad del mundo que intenta describir. Y esto lo hace mediante la acumulación de géneros, historias conectadas más por temas o imágenes que por los elementos de la trama y, sobre todo, echando mano de metáforas y premisas que, en el caso de Yuri Herrera (Actopan, México, 1970) llegan a conformar una vasta red de ficciones en que cada cuento es un intento conseguido de lograr aquella profundidad. Lo más llamativo para el lector, sin embargo, es esa manera de construir la historia que consigue hacer sentir cercano lo fantástico, incluso lo que parece habitar muy lejos en la imaginación o en una región inexplorada del universo.

Yuri Herrera

¿Qué ocurre cuando nuestra imagen del mundo no encaja con la realidad? ¿Cómo nos enfrentamos a una evidencia imposible, pero que, sin embargo, contemplamos ante nuestros ojos? Puede que la mejor manera de averiguarlo sea leyendo este libro de cuentos, Diez planetas, en que nos encontramos con personajes fascinantes que van desde una bacteria que cobra conciencia de su propia existencia, pasando por una especie de lector de narices o un escritor extraterrestre de El Quijote, a una secta que cree que la Tierra es plana o un investigador que pertenece a una sociedad en que todos se ocultan o, por lo menos, no pueden ser vistos.

Cada cuento se lee con la misma tensión con la que se ve un capítulo de Black Mirror, aunque aquí el juego es literario y se acerca inteligentemente a lo filosófico. Y es que cada uno de los textos que componen este libro guardan en su interior la semilla de la reflexión que el lector deberá desenterrar y tragarse cuando lea el libro. Con guiños al escribiente de Melville o a alguno de los cuentos de Borges, Yuri Herrera integra con elegancia una tradición literaria que es también la de muchos lectores: la de lo real más allá de los sentidos, la de la profundidad, la del asombro.

Dan muchas ganas de continuar leyendo a Yuri Herrera y, de hecho, es algo que podemos seguir haciendo. Diez planetas ha sido publicada por Periférica en 2019, editorial que también ha publicado novelas de este autor con títulos tan sugerentes como Señales que precederán el fin del mundo (2010) o La transmigración de los cuerpos (2013).

Noemí López Trujillo es periodista, escritora, feminista; es mujer, vive en España y es joven. Lo que es igual a decir que sufre la inseguridad laboral (ha pasado por las redacciones de varios medios), la discriminación por ser mujer, la incertidumbre que depara el futuro y, como ella dice, una precariedad que “es vital y atraviesa nuestros cuerpos”. En 2017 obtuvo el premio de Periodismo Joven sobre Violencia de Género que otorga el INJUVE y en la actualidad escribe (generalmente) sobre temática social y siempre desde el punto de vista de vista de las mujeres. Hace un par de meses ha publicado en la editorial Capitán Swing  El vientre vacío, con prólogo de María Sánchez.

Lourdes Lucía de Espacio Crítico (EC) conversa con ella.

EC: Buenos días, Noemí. En primer lugar, enhorabuena por este libro. No es un libro cualquiera. Es un texto breve, 120 páginas, pero muy intenso, hay que pararse una y otra vez a reflexionar sobre lo que dices. Porque impacta, no te deja indiferente. Hablas sobre el miedo a tener hijos que tenéis las mujeres de tu generación, pero también del miedo a no tenerlos (Un escenario donde plantearse tener hijos da pánico. Pero no tenerlos, cuando lo deseas tanto, también). Tú dices que ya no existe la posibilidad de predecir cómo serán vuestras vidas en el futuro porque la precariedad ha dinamitado esa posibilidad. ¿Crees que hay salida a esta incertidumbre? ¿Está todo perdido?

No, no lo creo. Darlo todo por perdido sería una cesión al caos propio del individualismo. Yo creo que hay muchas personas organizándose y esforzándose para intentar que el Estado del Bienestar no se vaya del todo al traste, para intentar sostener las estructuras construidas. Si lo diésemos todo por perdido no habría nada por lo que luchar, mi libro siquiera tendría sentido. Me quejo porque creo en un mundo mejor. Y desde ese ejercicio de fe, construimos. Darlo todo por perdido, según qué narrativa, sería casi un lujo o un privilegio.

EC: En una entrevista que hiciste para TVE (La aventura del saber) dices que el título del libro viene por un sueño que tuviste (“Cada vez más imagino mi vientre vacío. Como una tumba a la que algún día llevaré flores”) y liga con un verso de María Sánchez, comentas que  muchas mujeres de tu generación tenéis la sensación del hueco, de ese vacío, de la imposibilidad de algo. Después de escribir un texto tan intenso, tan dolorosamente necesario, ¿cómo te sientes?

Creo que escribir sobre una misma es algo así como practicar el canibalismo. Mi escritura se alimentaba de la miseria propia. Y lo que más me aterraba era no sentir ese miedo que durante años he experimentado y no poder aterrizarlo en palabras. Ahora estoy haciendo la digestión de todo eso, así que no pienso mucho en cómo me afecta emocionalmente.

EC: Hablas en el libro, y lo recoge también Diana Oliver en una entrevista que te hizo para El País, de lo que le escuchaste a Rafaela Pimentel, una activista defensora de los derechos de las trabajadoras domésticas: “El feminismo que se centra en romper el techo de cristal es insuficiente cuando hay limpiadoras que ni siquiera están dadas de alta en la Seguridad Social”, ¿no crees que a veces, también en el feminismo, se ven los problemas desde una situación privilegiada?

Claro, el género y la clase son cuestiones intímamente ligadas. De ahí la potencia del movimiento feminista, de esta cuarta ola a la que asistimos, que es transversal e interseccional: son las mujeres más precarizadas (como las mujeres migrantes o las mujeres trans) quienes están construyendo los discursos más transgresores y están haciendo que el movimiento evolucione. No es que antes no lo hicieran, porque el movimiento siempre ha pertenecido a ellas, pero la hegemonía se visibilizaba y se construía desde el privilegio. Una vez que se han alcanzado ciertos consensos, nos damos cuenta de la enorme deuda que tenemos con compañeras a las que hemos arrebatado espacios.

EC: Últimamente se habla mucho de la Renta Básica Universal, ¿crees que una medida de este tipo mejoraría la situación y podría contribuir a la estabilidad que se necesita para planificar el futuro?

No tengo una opinión formada sobre la Renta Básica Universal. A priori me parece una buena idea, pero no tengo la suficiente información como para relacionar esta medida con lo que expongo en el libro, ni si mejoraría la situación o podría contribuir a la estabilidad. Desde luego necesitamos un gobierno progresista que legisle con perspectiva feminista y que saque adelante propuestas de corte social.

EC: Insisto en que en tu libro no sobra nada, hay que pararse en cada frase. Me parece muy buena esa descripción que haces del paro, viendo cómo, en diferentes etapas de tu vida, iba aumentando la fila de personas que aguardaban su turno ante la oficina de empleo. Es una imagen muy gráfica de las consecuencias de la crisis. Hablas aproximadamente del año 2009. ¿Crees que en estos diez últimos años ha cambiado algo? ¿Qué?

Han cambiado las expectativas: parece que ya no aspiramos a vivir mejor, sino a tratar de mantener lo logrado -en cuestión de derechos-. Y eso es muy peligroso para el progreso: si tenemos que recuperar las luchas pasadas y defender lo que pensábamos que ya se había conseguido, no progresamos, sino que nuestros esfuerzos van dirigidos al mantenimiento. Eso nos sitúa en un estado de latencia permanente donde es muy difícil evolucionar.

EC: Hablamos todo el tiempo de maternidad, pero ¿qué hay de los hombres, de la paternidad?

Bueno, ese es un discurso que deben construir ellos. Esto de que nos pregunten a las mujeres “¿y qué hay de los hombres?”, “¿qué opinan de esto los hombres?”, “¿cómo les afecta?” -como si fuese también nuestro trabajo crearles el mensaje más adecuado- no me convence, no me parece justo. La realidad es que gran parte de los hombres no se preocupa sobre si será demasiado tarde para su cuerpo cuando quieran ser padres, la paternidad apenas les penaliza en el mercado de trabajo, y no hay una narrativa tan bestia del “mal padre” como sí la hay de la “mala madre”. Así que la reflexión de cómo todo esto les interpela es su trabajo. Tenemos que combatir esta imagen de la madre salvadora que sabe dónde se ha dejado el chiquillo esa sudadera que tanto le gusta y que no encuentra entre tanto desorden porque así es ella, omnipresente y atenta a los detalles. Ese rol que se traslada al feminismo, según el cual somos espeleólogas de lo masculino también: siempre con la respuesta perfecta, siempre entregadas a la causa.

Noemí  López, fotografía de JAVIER NADALES

EC: Uno de los temas que planteas en el libro es el proceso de mercantilización de la congelación de óvulos. Sobrecogen las páginas que dedicas a contar las experiencias de mujeres que han tenido que pedir créditos, que se han endeudado para congelar sus óvulos con el deseo de ser madres un día. ¿Crees que se ha creado un negocio con la maternidad?

Sin duda. Las clínicas de reproducción asistida han sido inteligentes y han visto que aunque la maternidad se estaba imposibilitando, muchas mujeres iban a hacer todo lo posible por ser madres. Así que han puesto precio a nuestros deseos y a nuestros miedos. Esto, además, es bueno para el Estado porque aquí se ha descargado parte de la demanda que tenía que asumir la sanidad pública. Pero las listas de espera son incompatibles con la vida y con los proyectos vitales.

EC: Todo lo que dices en el libro es evidente, yo lo veo clarísimo. Sin embargo, leí después de la entrevista que te hizo Carlos Ansina en Onda Cero varios comentarios de personas que te habían escuchado:

Comentarios: Menos seguridades tenían nuestros padres, y todos hemos salido. La problemática de esta sociedad es la falta de compromiso o quizá la falta de confianza en la vida. Un hijo te trae una energía, que te irías al fin del mundo para conquistar la Patagonia si fuera necesario. Fuera cobardías.

Me parece que esta chica refleja perfectamente uno de los grandes paradigmas de la juventud española… Le echa la culpa a otros de las cosas que no están bajo su control.

Mis padres también tuvo [sic] 9 hijos. 4 chicos y 5 chicas. Fuimos muy felices. Entiendo que son diferentes tiempos, pero yo creo que hoy en día esta generación es muy cómoda. Yo tengo 52 años, 3 hijas y 1 hijo. 5 nietos y un bisnieto. Y me siento plenamente feliz con mi maravillosa familia. Todos vivimos en el mismo barrio y somos como una piña.

¿Te sorprenden este tipo de comentarios? ¿Crees que vivimos en una sociedad muy insolidaria, demasiado individualista?

No me sorprenden y en cierta forma los entiendo. Creo que uno de los discursos que más ha calado en las últimas décadas es el del “si quieres, puedes”, esta lógica del “hombre hecho a sí mismo”. Y creo que mucha gente que hace este tipo de comentarios tienen un sesgo del superviviente brutal: si a mí me ha funcionado, significa que a los demás también; y si no les está funcionando, es que algo estarán haciendo mal. Este sesgo del superviviente nos hace interpretar la realidad con unos códigos asentados en el esfuerzo, el talento propio y lo merecido, en vez de en la suerte, el privilegio y la desigualdad. Es casi una historia que nos contamos a nosotros mismos, un relato enunciado en positivo, que nos permite enorgullecernos de lo logrado desquitándonos la responsabilidad de actuar sobre los mecanismos que permiten que haya una sociedad desigual.

EC: Por último, siempre pienso que un libro, un ensayo como es este caso, debe servir para comprender mejor el mundo en el que vivimos, debe ayudarnos para transformarlo, ¿piensas que El vientre vacío está sirviendo para este fin?

Creo que de alguna forma sí, pero porque dialoga con obras y textos que otras mujeres han escrito o están publicando recientemente. Sinceramente, no le busco tanto la utilidad o la productividad a la obra, no la escribí por eso. La escribí porque mi editora y yo pensamos que es un relato importante el de las consecuencias de la crisis, de cómo la violencia económica impacta en nuestros deseos (impacta de muchas maneras, esta es una de ellas). Y pensamos que quizá habría mujeres que se podrían sentir identificadas.

Por último muchas gracias, felicidades de nuevo y quedamos a la espera de tu próxima obra.

Una familia formada por dos padres y dos niños viaja a Arizona. El matrimonio, inmerso en una profunda crisis, decide emprender lo que podría ser una huida hacia adelante, pero que más bien es el descenso en una realidad histórica y política con el que la autora quiere llegar a la médula de la ideología que desde su punto de vista funda Estados Unidos: racismo, disgregación, muerte, conquista y rechazo sistemático del migrante.

La novela, entonces, se lee al mismo tiempo superponiendo dos niveles que se entrelazan en la narración. Por un lado, el nivel moral. El padre lleva a la familia a iniciar este viaje con la idea de centrarse en la búsqueda de los antiguos apaches, que fueron desterrados de sus tierras y encerrados en reservas. La madre, a su vez, busca a los niños que provienen de centro América y que, después de atravesar junglas, montar en trenes bestiales y saltar muros, llegan a un desierto vasto que en ocasiones se los traga para perderse para siempre. Los objetivos de estos dos personajes, por lo tanto, buscan compartir con el lector un problema de índole política y moral que, de acuerdo con la autora, muestran la verdadera cara de Estados Unidos.

Por otro lado, nos encontramos con el drama familiar, el matrimonio que se deshace, los niños que viajan en el coche como metidos en una nave espacial o que escuchan, sin entender y entendiendo todo al mismo tiempo, las historias de apaches que les cuenta su padre o las noticias de niños desaparecidos o deportados en la radio.

Valeria Luiselli

Pero la novela, aunque gire sobre estos dos ejes, es mucho más. Están los paratextos: las cajas en las que cada miembro de la familia va archivando sus documentos y va formando así, como archivistas-viajeros su propio archivo personal, y en las que nos encontramos los libros, las fotos polaroid que el niño mayor toma o las grabaciones de sonido del padre. Hay también una historia paralela que la madre va leyendo a sus hijos y que después se trenza con la principal, insertando lo ficticio dentro de lo ficticio en lo real dentro de lo ficticio, mostrando quizás cual es el objetivo último de Luiselli: construir una literatura comprometida políticamente y que busca recrear sucesos de su propia vida (también ella, en 2014, viajó de Nueva York a Arizona con su familia, cuando una crisis sin precedentes de migrantes subía por América hasta llegar a la frontera de México con Estados Unidos), aunque no sería exacto describir la novela con la manida etiqueta de autoficción. Sí que hay, por el contrario, mucho trabajo de archivo, compromiso y toma de punto de vista sobre lo que es Estados Unidos y como trata a sus migrantes.

Desierto sonoro es una novela en ocasiones dura, en ocasiones tierna, estructurada de manera ordenada, con personajes que tienen objetivos claros y que empujan la narración en una dirección que todo lector puede seguir para así llegar a un final trepidante en el que los niños perdidos siguen su camino infinito por el desierto y los fantasmas de los apaches son ecos que rebotan en el corazón de América.

Una iniciativa en favor de Proactiva Open Arms

Dentro de poco se publicará Blau, un libro que cuenta la historia de las personas migrantes que huyen de la guerra y la pobreza y se juegan la vida atravesando el mar Mediterráneo. El cuento, orientado al público infantil y juvenil, está editado por la editorial Pol·lenedicions y cuenta con una campaña de micromecenazgo que ya está en marcha y que servirá en parte para editar el libro y para contribuir económicamente a la labor de la organización Proactiva Open Arms.

Podéis contribuir y convertiros en mecenas del proyecto en el siguiente enlace: https://vkm.is/blau

El cuento explica la historia de una niña y un niño que conocen a un ser que construye réplicas del fondo del mar con la basura que se va encontrando. Este ser les cantará una canción sobre los desaparecidos en el Mar Mediterráneo. El libro, ilustrado cariñosamente por Gemma Aguasca y escrito con delicadeza por Mònica Ortega y Laia Roca, esconde, como el mismo Mediterráneo, una realidad dramática.

Así, el libro quiere realizar tres denuncias que se cuentan entre las más importantes y urgentes del presente: la basura que nuestra sociedad acumula en el mar como si fuera un vertedero invisible que (como vemos en el cuento) acaba por aflorar, las muertes de migrantes de las que cada semana recibimos noticias en un goteo cruel y constante y, por último, la reivindicación de las historias de estas personas desaparecidas. Igual que ocurre en otros contextos (los asesinatos de mujeres en México o las víctimas civiles en conflictos armados como los de Siria y Yemen), cuando se acumulan los nombres de aquellas personas que han muerto o desaparecido, aumenta también su anonimato. Ya son solo nombres que van componiendo una lista. ¿Pero cómo hacer para que estos nombres sean algo más? ¿Cómo ver a las personas que las estadísticas y la actualidad acelerada ocultan? Blau consigue dar una respuesta a estas preguntas por medio de la ficción.

Y las lectoras y lectores, que también pensamos que estas preguntas son importantes, tenemos la oportunidad de participar en un proyecto que confronta de lleno tanto la alarma ecológica como la alarma migratoria y proyecta sus resultados a la gente más joven. Todo ello con un trabajo en el texto y las ilustraciones que resulta tan emotivo como necesario.

Cabe destacar también su colaboración con Open Arms, cuyos miembros también podrían componer muchas canciones como la que sale en este libro.

En definitiva, más iniciativas como Blau y más historias como esta.

Caballo sea la noche, Alejandro Morellón, Barcelona, Candaya, 2019

El título del libro hace referencia a unos versos de Roy Sigüenza que ya aparecen en la novela de Mónica Ojeda, Mandíbula (Candaya, 2018) y que parecen querer expresar el desbocamiento de los personajes, su deseo por fundirse con una realidad absoluta, en que lo sensual y lo nocturno sirven de montura. Los personajes de Alejandro Morellón (como también los de Ojeda) acarician la frontera entre lo innombrable y lo que puede ser dicho, una caricia que va desde la experiencia del lenguaje hasta la experiencia más carnal y mundana.

Caballo sea la noche cuenta la historia de una familia que una vez fue feliz, pero que ahora sufre, irreconocible y desfigurada. Allí donde antes brillaba el Sol y los dos hijos disfrutaban junto a sus padres, en la actualidad ya solo queda una bruma y un silencio pesado que únicamente rompen las voces de los personajes. Una voz que podría pertenecer a otro o que podría no existir, ser eliminada y de la que, por lo tanto, dudan. Una voz que es su conciencia, un torrente de frases, imágenes y comas en las que, por acumulación de recuerdos, sensaciones y reflexiones, la madre y Alan, el hijo pequeño, van narrando su pasado y su presente. Hay algo que permanece oculto entre ellos, eso que provocó una fisura terrible en la familia, aquello que la destruyó y ha convertido a sus supervivientes en fantasmas silenciosos, fantasmas que no logran comunicarse y que permanecen inmóviles. Ese hecho que quiebra la vida familiar y cotidiana también consigue enmudecer al lector durante las páginas finales.

Tiene la novela una gran riqueza de imágenes que, junto a oportunas reflexiones sobre la palabra y el lenguaje configuran una novela o un poema o un cuento intenso y fulgurante. La historia, además, tomada desde el punto de vista argumental, consigue mantener al lector pendiente del próximo capítulo, no satisfecho su apetito por saber hasta que llega al final, que resulta de lo más satisfactorio.

Alejandro Morellón

La novela (o poema o cuento) se constituye como un magnífico ejemplo de lo que Robert Walser llamó literatura enferma en El bandido. Morellón, a pesar del desconsuelo, el silencio y el terror que animan el texto, reserva unas gotas de esperanza para el final, un futuro en el que un caballo blanco nos aguarda para que lo montemos, para simbolizarnos y fundirnos en su imagen como jinetes extraviados pero felices. Esa literatura enferma, que no es sana, que los lectores sanos que solo leen libros sanos parecen ignorar, nos aporta consuelo vital, y esto ya es bastante. Como también hace Walser, hay que pedir a los lectores sanos que se acerquen a los libros enfermos. Quizás puedan llegar a disfrutarlos, a descubrir un continente inmenso en el que la literatura adopta otro sentido. El mismo que el nuevo libro de Morellón tiene y a cuya lectura debemos invitar. Caballo sea la noche y que lo lectores se adentren en sus páginas….

“Cuando las elecciones municipales que habrían de decidir el destino del Alfonso XII, un terrateniente de Castilla le ofreció diez pesetas a un labrador si votaba por la monarquía. El campesino lo rechazó, dijo que odiaba a la monarquía y votaría en su contra […]. En esta pequeña anécdota se muestra el carácter del trabajador español.
El orgullo, la dignidad española, el sentimiento de justicia, libertad y humanidad es imposible de encontrar en la aristocracia, una clase social inculta y mojigata, tampoco en la burguesía advenediza: en cualquier ciudad, en cualquier pueblo, en cualquier aldea, en Castilla como en Andalucía, en Extremadura y en Cataluña, en Galicia y en Aragón se encontrará en los trabajadores”.

Estas reflexiones son de Ernst Toller y corresponden a uno de los viajes que hizo a España durante la II República. Posiblemente muy pocas personas sepan quién fue Toller. Y sin embargo, la biografía de este revolucionario escritor, poeta y dramaturgo alemán es tan fascinante como dramática y apasionada.

Gracias a la editorial Comares, que ha contado con la colaboración del centro de Estudios Andaluces, tenemos ahora una buena oportunidad de acercarnos a la vida de este idealista personaje a través del libro Ernst Toller. Entre la II República y la Guerra Civil Española, con una excelente y cuidada edición de la profesora de la UCM Ana Pérez, que además ha traducido del alemán los textos de Toller, algunos de los cuales se presentan por primera vez en España.

Precedido por una (breve) Introducción de Dieter Distl, presidente de la Ernst Toller Gesellschaft, el libro se compone de dos partes.

La primera es un Estudio preliminar sobre la obra y vida de Toller, realizado por Ana Pérez. Lo primero que sabemos, nada más comenzar la lectura es el suicidio de Toller en 1939 cuando tenía 45 años en su apartamento de Nueva York. A su funeral asistieron, entre otras muchas personas, los escritores Sinclair Lewis, Oskar María Graf y Klaus Mann, que leyó un emotivo mensaje de su padre Thomas. No faltó Juan Negrín, último presidente del Gobierno de la República española.

Amigo de Thomas Mann e Ilya Ehrenburg, Toller fue un reconocido y afamado escritor traducido a veintiséis idiomas, que produjo con su suicidio una gran conmoción internacional, ya que era una de las figuras intelectuales antifascistas más representativas en el periodo de entreguerras, cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta que siempre hubo una total coherencia entre su vida y su obra. Fue uno de los dirigentes de la malograda República de Consejos de Baviera, el preso político más famoso de la República de Weimar y uno de los más célebres escritores (exiliado) durante el III Reich. Activista infatigable en todas las causas de defensa de la democracia, fue un entusiasta defensor de la II República española. Previno con antelación la llegada del nazismo en Alemania y luchó hasta el final contra la victoria del fascismo en Europa. La derrota de la República en España supuso para él un fuerte golpe emocional y político que le llevó a quitarse la vida.

Ana López traza en esta primera parte del libro una trayectoria vital de Ernst Toller, en la que destaca su defensa de la humanidad a lo largo de toda su vida. Su nacimiento dentro de una familia de comerciantes judíos, su primera juventud y su alistamiento voluntario en la I Guerra Mundial, su defensa de las causas del pacifismo y el socialismo, su participación en la fracasada revolución bávara de 1918, lo que le llevó a ser encarcelado. Toller escribe y se convierte en el preso más célebre de la Alemania de la época, tanto que se le ofrece el perdón. Clemencia que él rechazaría por no haberse hecho extensiva a todos los presos. La autora nos habla del activismo de Toller durante la República de Weimar, de su exilio y sus viajes a España durante la II República gracias a los cuales escribiría diversos artículos publicados en Die Weltbühne en los que Toller profundiza de forma muy realista en la sociedad española. Nos cuenta también su paso por España durante la Guerra Civil y el triunfo del alzamiento fascista con el final de la democracia en España, que influyó de forma decisiva en el deterioro de la salud física y emocional de Toller, que ya no se repuso de este duro golpe que le llevó como dijimos más arriba a quitarse la vida. Todo esto, acompañado de una importante documentación gráfica: reproducción de artículos publicados en los periódicos de la época, cartas, fotografías… ofrecen un retrato preciso y muy completo de la biografía de Ernst Toller.

La Segunda Parte reproduce textos de Ernst Toller sobre la II República y la Guerra Civil española. Comienza por los reportajes periodísticos de 1932: su interesantísimo encuentro con Alcalá-Zamora, su viaje a Sevilla y Córdoba. Deliciosas sus descripciones de las calles, de la gente, de la vida en estas ciudades. Madrid, Barcelona… Sorprendido por la situación de desigualdad de las mujeres escribe: “La situación de la mujer española está marcada por viejas tradiciones árabes, hasta la revolución no podía prestar juramento ante un tribunal, el matrimonio es cosa de los padres, no de los hijos. En familias antiguas los novios no pueden estar juntos a solas, nunca salen solos, impensable que se besen […]”.

Especial relevancia tiene su visita a Victoria Kent y su recorrido por varias cárceles españolas y su llamamiento al mundo desde una emisora madrileña en apoyo del Gobierno de la República: “Es digno de admiración el gran cuidado que el gobierno español pone en proteger las libertades civiles de los ciudadanos. El gobierno legítimo tenía el derecho internacionalmente garantizado de defenderse frente a la pandilla de rebeldes que hicieron venir al país a los fascistas italianos, a los nazis alemanes y a los musulmanes marroquíes para llevar a cabo su guerra contra el pueblo español”.

Una vida y una obra las de Ernst Toller que son en definitiva una lección de dignidad en cualquier época y en cualquier país: “No nos engañemos. En todos los países de Europa están actuando los enemigos de la libertad. Nosotros también amamos el silencio del despacho y el trabajo paciente y humilde en nuestra obra. Pero una época que traiciona la idea de la humanidad nos obliga a denunciar  la traición y a combatir allí donde la libertad está amenazada”.

Tiene algo este libro. Hay en él una voz muy personal. Una música sorda lo recorre de principio a fin, dejando en quien lo lee cierta turbación, una sensación inquietante que no deja indiferente.

En los catorce relatos que forman parte de Lo contrario de mirar, Ana Pellicer, habla, a veces con mucha delicadeza y en ocasiones con una intimidad casi agresiva, de amor, dolor, gozo, alegrías súbitas, engaño, deseo, sexo, erotismo, locura, mujeres, preocupación social, y siempre, con una presencia silenciosa, América Latina, sea México, El Dorado, Bogotá, Buenos Aires, La Habana…

La autora ha escogido cuidadosamente cada frase, cada palabra; y con una prosa muy elegante lo mismo habla de lo dicho que no se ha dicho, que del triunfo y suicidio de un escritor, del rescate de la banca, de la anagnórisis de una poeta, de la fugacidad de un amor, o de lo efímero y de lo duradero.

“Yo quiero creer en la necesidad de llevar cicatrices. Trato de no pensarlas en abstracto sino por significado como emblema de otra cosa: de un rato de amor, de un acto de entrega, de un accidente.”, dice en Semántica de la cicatriz; “el verdadero placer es adelantarse al placer […]. Obtener el gozo de lo que va a ser por lo que ya promete”, leemos en Banquete; “no podemos imaginar cabalmente cuánto dolor son esos millones de euros, cuánto cuesta el gramo de divisa en nuestro cuerpo, el de nuestros hijos, el de nuestros viejitos. La relación entre piel y crédito, vísceras y prima de riesgo” (Rescatados). “Que te olvide una vez. Que empiece a morir para adelante. Que ya va siendo hora” (Lo contrario de mirar).

“Y de pronto recordó, como si su cerebro hubiera bloqueado la idea conscientemente a lo largo de todo el vuelo, aquel cuerpo que la había llevado hasta allí, ese cuerpo que cobraba sentido unido al suyo y por el que había experimentado deseo intenso en un hotel de lujo deshabitado, esa piel infinita, ese doloroso olvido que quizás seremos y que todavía la acompañaba, las risas, el miedo, los llantos e bajito, los tantos besos, la extraña calma y la ubicación en la locura, el no-lugar y, como siempre, el viaje que lleva a otro viaje” (La enfermedad es un invento de los gringos).

Personajes e historias muy heterogéneos protagonizan estos catorce relatos, que con mucho respeto hacia quien los lee, sugieren más que cuentan y, como dice Yuri Herrera, “no se parecen a nada. Ana Pellicer explora a sus personajes como quien va a practicar una cirugía, pero deja esa responsabilidad al lector, a quien le abre espacios a través de silencios y sutilezas y así le da la oportunidad de tener la última palabra».

Poco sabemos de Ana Pellicer, que es doctora en filología, gestora cultural y profesora universitaria, y que Lo contrario de mirar es su primer libro, publicado en una editorial, Sitara, también nueva, muy reciente (2017).

Una autora y una editorial a seguir.

Todo a punto para la 37.ª edición de la Setmana del Llibre en Català

Una iniciativa para fomentar la lectura y potenciar el contacto entre lectores, autores, editores y libreros.

La Setmana del Llibre en Català ha encontrado la fórmula que le funciona. Después de muchas tentativas, durante la últimas ediciones el punto de encuentro entre lectores, autores, libreros y editores solo crece y suma propuestas. La Setmana del Llibre en Català, que este año llega a su 37.ª edición, se celebrará del 6 al 15 de septiembre en la avenida de la Catedral de Barcelona con unas dimensiones que superan las del año pasado. “La Setmana no tiene nada que ver con Sant Jordi, es una fiesta del libro que fomenta la proximidad y ofrece el mayor número de libros en catalán de la historia”, puntualiza Joan Sala, presidente de la Comisión Organizadora de La Setmana.

Los organizadores quieren mostrar la riqueza y diversidad de la edición en catalán y su potencia industrial, por ello en un solo espacio, en 1.750 metros cuadrados y durante 10 días, se concentra la oferta de libros y de publicaciones en catalán más grande de la historia y al alcance de todo el mundo. Serán un total de 219 expositores repartidos en 62 módulos; un 7,5% más de expositores, en relación a la edición de 2018. 

“Los dos últimos años ha funcionado bastante bien para no tener que hacer cambios. Uno de los grandes trabajos es la creación de nuevos lectores tanto jóvenes como adultos. Mucha gente cree que la producción de libros en catalán es minoritaria y es un sector muy fuerte; siempre destaco que en catalán se encuentra de todo, ensayo, libro ilustrado, cómic, ciencia ficción… Además, tenemos la suerte de contar con muy buenos traductores y una hornada de nuevos autores. Las editoriales hacen buen trabajo descubriendo autores, y todo esto hace que tengamos una gran diversidad y que todo el mundo encuentre su libro”, explica Joan Sala.

Fomentar la lectura

Hacer que pequeños y mayores lean más y aprecien los libros es uno de los objetivos de la Setmana del Llibre en Català. Y el contacto directo entre autores, lectores, editores y libreros ayuda. “Por lo que se refiere a los niños tuvimos un éxito espectacular con la biblioteca personal. La idea es muy buena y funciona. Y en el caso de los adultos, funciona la posibilidad de ver a los autores o intercambiar impresiones con editores y libreros”, argumenta Sala.

Uno de los atractivos de la feria es acceder a los libros de fondo, a menudo desplazados por el alud de novedades que pueblan las librerías; además de decenas de actividades de todo tipo para pequeños y mayores como presentaciones, recitales, itinerarios literarios, charlas, cuentacuentos… A la hora de presentar las novedades literarias La Setmana cuenta con una radio propia en la que participarán Guillem Terribas, Albert Sánchez Piñol, Rosa Ribas o Joan Daniel Bezsonof entre otros autores.

Este año, el invitado especial de la feria es David Lagercrantz, el escritor escogido para continuar la serie Millennium escrita por Stieg Larsson. Lagercrantz se ha ocupado de la cuarta entrega, El que no et mata et fa mésforty de la quinta, La noia que va viureduesvegades.

Premio especial para Cavall Fort

Otra de las funciones de la feria es reconocer la tarea de autores, libreros y editores, y el premio especial de esta próxima edición lo ha merecido la revista Cavall Fort. La revista nació en diciembre de 1961 con el objetivo de ofrecer un medio para que los niños pudieran aprender a leer y escribir en catalán. Esta preocupación marcó el formato y el contenido de la revista: desde la decisión de incluir páginas de cómic para estimular el interés del lector, hasta la elección del modelo de lengua. Para poder llevar hacia adelante la revista, sus creadores buscaron el apoyo de los obispados de Vic, Girona y Solsona, que dieron cobertura legal en una época en la que el impulso de una publicación en catalán era un desafío al régimen franquista.

Pero un dato importante de La Setmana del Llibre en Català que acostumbra a pasar desapercibido para los lectores es la compra y venta de derechos. Por tercer año, el Making Catalan Literature for International Publishers and Agents se celebrará dentro del marco de La Setmana gracias a la colaboración con el Institut Ramon Llull. El Institut dedicará un módulo a la venta, en exclusiva, de libros de autores catalanes traducidos a otras lenguas. “Esto el público no lo ve pero son más de 400 reuniones y esto es fundamental para impulsar los libros en catalán. De este modo La Setmana combina las características del festival literario con la feria y la correspondiente compra venta de derechos”, destaca Joan Sala.

De forma recurrente, el libro de George Orwell, 1984, asoma en el debate público y periodístico como ejemplo de una de esas novelas que parecen haber acertado en sus (funestas) predicciones sobre el futuro. Pero hay ejercicios retrospectivos que ponen igualmente los pelos de punta, sobre todo cuando se comprueba que, en cierta forma, también hablaban de un futuro que ya se ha convertido para nosotros en presente. La conjura contra América es uno de estos ejercicios de ficción.

Ernst Cassirer y Martin Heidegger en Davos.

La novela se basa en un supuesto, el de qué hubiera ocurrido si en 1940, en lugar de ganar las elecciones presidenciales en Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, lo hubiera hecho un candidato antisemita y simpatizante de las potencias del Eje que hubiera optado por la neutralidad del país en la guerra. Y así ocurre en la novela de Philip Roth. Charles Lindbergh, primer hombre en volar en solitario desde el continente americano al europeo (Nueva York-París), héroe nacional, se hace con la presidencia, después de una campaña atípica, siempre enfundado en su traje de aviador, sus discursos lacónicos y su forma de plantear las elecciones: votad por mí o votad por la guerra. Y el pueblo americano, cansado de tener que atravesar una crisis cada década, vota por él.

La historia está contada por un niño, Philip, hijo menor de una familia judía de cuatro, la familia Roth, que vive en Newark. Los hechos históricos se van intercalando con el relato de la familia, demostrando como los primeros pueden llegar a afectar las vidas de los individuos y las comunidades que estos forman.

Philip Roth escribe una historia basada en un supuesto, pero que juega con elementos reales. La extrema derecha y el antisemitismo han existido siempre en Estados Unidos y una organización criminal como el Ku Kux Klan ha sido solo la punta del iceberg de un gran número de agrupaciones que a lo largo de la historia de este país han aflorado (el Bund, el Partido Nazi Americano, la asociación América Primero) y que han tenido en común el racismo y la defensa de una América blanca, cristiana y anglosajona. Estamos hablando de la América WASP (White-AngloSaxon-Protestant), del Partido Demócrata en los estados del sur en esa época, en un gran número de republicanos en todo el país, del general Douglas MacArthur o de Huey Long. 

La novela describe con detalle como la implantación de un gobierno fascista nunca sucede de la noche a la mañana, sino que se enmascara detrás de un rostro atractivo y sonriente como el de Lindbergh, y los cambios que acomete son lentos y progresivos, muy sutiles. Poco a poco, los judíos, la familia Roth, los judíos de Newark, Washington y del resto de Estados Unidos, se van dando cuenta de que ya no son ciudadanos en igualdad de derechos. De que tienen un gobierno que les culpa de los males del mundo, de que no se integran en la sociedad americana, que tienen manía persecutoria. Una gentuza paranoica que vive voluntariamente en guetos. Lo primero que ocurre es que los antisemitas que siempre lo habían sido, ahora lo muestran. Al tener un presidente que piensa como ellos, se sienten impunes y dicen lo que nunca habrían dicho por temor al rechazo. Pero ahora son ellos los que mandan, así que se sienten fuertes. Después está el cambio en lenguaje, los eufemismos. Antisemitismo es una palabra que ya no se usa. Ya solo hay americanos y americanismo. Los judíos tienen que dejar de lado su judaísmo para ser más americanos. Y entonces vienen los cambios en las leyes, la desprotección de la comunidad judía, y las primeras políticas que van en su contra y que buscan destruir su comunidad. En todo este proceso, que dura varios años, no faltan los colaboracionistas y el estallido final de violencia, el asesinato impune de judíos y el último giro hacia una dictadura.

Viendo el relato de Roth, resulta imposible no buscar similitudes entre este gobierno ficticio de Lindbergh y el momento actual. Basta con observar las ideas intolerantes, racistas y aislacionistas de partidos como Vox o Frente Nacional o de gobiernos como el de Hungría o de la Administración Trump. Lo sorprendente no es que leyendo el libro uno se dé cuenta de que estamos en una situación parecida a la de los años treinta (esto resulta exagerado), sino que se aprende la forma en que hace política la extrema derecha. Sutilidad, esta palabra la describe a la perfección. Buenas palabras, sonrisas, seducción, que ocultan un fondo radical que busca el momento adecuado para implantarse con naturalidad en la sociedad.

Philip Roth era un escritor extraordinario, capaz de explicar la realidad desde la ficción, con una escritura tan fluida y tan bien construida (y tan bien traducida por Jordi Fibla) que será capaz de asombrar a cualquier lector.      

La conjura contra América, de Philip Roth (Traducción de Jordi Fibla). Barcelona, Debolsillo, 2005.

Julieta Valero (Madrid, 1971) posee una de las voces más sugestivas y fascinantes de la poesía actual en castellano. Los tres primeros años, su nuevo poemario, constituye en sí mismo una exploración de la maternidad, los límites de la vida y la muerte y el espacio que media entre el mundo y el lenguaje con el que le damos forma.

El título del libro podría indicar al lector que su contenido se desarrolla de forma cronológica, aludiendo, precisamente, a los tres primeros años de vida de su hija. Pero el mecanismo que utiliza la autora es completamente inverso. El tiempo, más que seguir una estructura de causa y efecto, con datos ordenados casi por fecha, se propaga como el espacio por un mapa y, de la misma forma, es visto desde arriba. Los poemas están escritos al límite de la gramaticalidad y los significados son múltiples, las metáforas (los cauces, el hueco) se combinan con titulares de periódico que se mezclan con las imágenes poéticas como el agua sucia en la cristalina.

Julieta Valero intenta expresar lo que le suscita la maternidad (conciencia de vida o nacimiento es también conciencia de finitud y muerte) y con ello se acerca a los márgenes del mundo. Su hija aprende a hablar y así la autora se da cuenta de como funcionan las conexiones del mundo con el lenguaje, como muchas veces lo que queremos expresar se experimenta sin palabras en la experiencia y como el nombrar y los giros lingüísticos (tampoco y concoco) parecen existir incluso antes de que hayamos fijado su significado en la infancia.

Existe una aproximación cognitiva a las palabras antes de comprender su significado (página 34).

Dan ganas de que Julieta Valero escriba una especie de tratado sobre lenguaje y poesía, mundo y experiencia, nombrar y significado y de que los demás lo podamos leer. Y dan ganas porque su libro muestra una mente poética de una profundidad asombrosa.

Los tres primeros años es un poemario que merece ser leído y releído. Da la sensación de que solo a través de las sucesivas relecturas se logrará vislumbrar el amplio rango de alusiones, significados y relaciones metafóricas que se abordan. En todos los poemas hay un misterio. Hay que dejar que las palabras entren en nosotros.

Se plantea Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) en varios momentos de su libro qué es exactamente lo que está escribiendo. Si es un libro de memorias, una pieza de ficción, de autoficción o un ensayo con pinceladas biográficas. Lo cierto es que todas estas etiquetas valdrían para definir Cambiar de idea. Pero no serían nada más que eso, etiquetas. Puede que lo mejor fuera definir su libro sencillamente como una novela. Porque si por algo se define este género literario es por la hibridación. Desde su origen, lo novelesco ha consistido en mezclar elementos distintos entre sí en un mismo recipiente. Y esto es precisamente lo que mejor hace Aixa de la Cruz en su novela: mezclar. Mezclar ideas, planos narrativos y datos biográficos que, puestos en contexto, dibujan una evolución vital animada por un proceso de aprendizaje no muy distinto al que muchas personas están experimentando en la actualidad.

A punto de cumplir los treinta, Aixa revisa su infancia, su adolescencia y la etapa de los veintitantos y lo que descubre es que su trayectoria vital está llena de contradicciones, momentos en los que pensó que obraba bien y en realidad hacía mal, etapas en las que dejó que los prejuicios adquiridos marcaran su manera de ser y actuar, ya fuera de manera inconsciente o fomentando la equidistancia.

Así, a medida que va avanzando el autoanálisis, atravesado de anécdotas expuestas con el grado de dosificación justo para que el lector desee seguir leyendo (algo que ocurre en general con todo el libro, que es imposible no leer de una sentada), se preocupa por mantenerse coherente. Años después se dará cuenta de que esto es imposible. De que falló en muchas cosas que creyó hacer bien. De que podría haber actuado mejor en varias ocasiones y que sus repetidas negativas a ser etiquetada como feminista solo hacían que postergar lo inevitable.  

Si algo se aprende leyendo Cambiar de idea es que en la actualidad ser feminista es la única toma de posición empática y solidaria frente al problema de la violencia machista. Y este es el objetivo del proceso de aprendizaje al que me refería más arriba y que muchas personas están llevando a cabo en los últimos años a raíz del surgimiento despreciable de las manadas (de Sanfermines, de Manresa, de Gran Canaria…). Sucesos que sacuden nuestra mentalidad y nos hacen cambiar de idea, desenmascarando un sistema en el que muchos participan sin necesidad de cometer ningún crimen. Es esta capa trasparente y pegajosa de la sociedad patriarcal (la que atenúa las violaciones, la que dice que la víctima disfrutaba o que se lo buscaba por su forma de coquetear o vestir) la que impone los prejuicios de los que Aixa se va liberando a medida que avanza el libro. Así es como llega a decir que el tema de su novela es la culpa. Y el final es la exposición de una redención, de una conversión en algo mejor.

Es aquí donde se habría podido probar otro enfoque. El tema de la novela no tendría por qué haber sido la culpa. Lo podría haber sido el aprendizaje como, de hecho, lo es en varios tramos del libro. Los/as jóvenes (y me incluyo) tendemos a ser muy morales (en lo político, en lo familiar) y a medida que pasan los años se aprende a ser flexible, a entender que no todo es definitivo (o eso dicen). Algo así también se da en el libro. La escritora aprende a no juzgarse con tanta dureza, a corregir su conducta y su forma de pensar sin necesidad de flagelarse. Es un aprendizaje de la empatía con los demás y hasta con uno mismo. Porque esto sí que es algo que no cambia y se repite en varios momentos del libro: la predisposición a la empatía.  

Así que este libro que no se sabe muy bien a qué género pertenece acaba siendo un instrumento de conocimiento de uno mismo y de la sociedad. En nosotros como individuos descubrimos la huella de la educación y de la sociedad en la que vivimos. Cambiarse uno mismo es cambiar también la sociedad a través, sobre todo, de la forma en que podemos acabar potencialmente educando a otros.

Hay una idea (página 85) que muestra el núcleo de la novela: no hay manera de enfrentarse a lo nuevo sin compararlo con lo conocido. Para llegar a cambiar de mentalidad, hay que confrontar la antigua mentalidad. Y en esto consiste cambiar de idea.

Acaba el libro con unas reflexiones acerca de la violación que el lector deberá descubrir por sí mismo y que ponen el broche de oro a una novela luminosa en lo narrativo y valiosa en las ideas que expone. Cambiar de idea es el último de una serie de grandes títulos publicados en el marco del ambicioso y novedoso proyecto de la editorial Caballo de Troya. Desde el 2014, cada año un editor invitado añade nuevas piezas al catálogo con el objetivo de promocionar nuevas voces en castellano. A Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez debemos el placer de poder disfrutar del último libro de Aixa de la Cruz.

Conversación de Lourdes Lucía con Laura Freixas

Ante todo quiero decir que conozco a Laura Freixas, que he aprendido mucho de ella sobre el valor del feminismo y que admiro su sinceridad y su honestidad. Valga esta introducción para afirmar también que yo no hablaría en este espacio de su último libro A mi no me iba a pasar, recién publicado por Ediciones B, sino me hubiera parecido un gran libro, que merece la pena ser leído y comentado. En esta obra no hay impostura, lo que dice es lo que piensa, lo que siente Laura Freixas. Las vivencias narradas son muy individuales, tanto como la vida de cualquier persona. Pero hay también algo extrapolable a otras muchas mujeres. De ahí que le haya propuesto a la autora mantener esta conversación.

LOURDES LUCÍA (LL). Tu libro es un recorrido por tu infatigable búsqueda de saber qué quieres, quién eres. Desde tu estatus de hija de una familia burguesa con un padre absorbente y dominante al de mujer casada, madre, escritora… lo que describes en el libro es una lucha constante contra el papel que veías tenías asignado por ser mujer. ¿Cómo has conseguido esa sinceridad tan brutal? ¿Te ha dolido escribirlo?

LAURA FREIXAS (LF). Dolido… no demasiado. Escribir este libro lo que ha supuesto es un enorme esfuerzo para entender. Para discernir los conflictos básicos, para identificar los momentos cruciales. Para encontrar el tono. Para no caer ni en victimismos ni en didactismos. En cuanto al dolor, fue lo que sentí, intensamente, en su momento: dolor, desgarro, vergüenza, desconcierto… pero la escritura, tengo la sensación de que por el hecho de confesar (mi cobardía, mis contradicciones…), me absuelvo. Escribiendo me hago dueña de mi vida, en vez de soportarla. Es terapéutico, casi diría: milagroso.

LL. En el libro afirmas: “Da miedo equivocarse sola. Mejor fracasar acompañada, con protección, consuelo, bendiciones, mejor eso, mucho más llevadero, que soportar, encima del fracaso la soledad y el reproche”. ¿Cuánto de miedo a la soledad te ha impedido o frenado tu camino hacia conseguir tu independencia, estar contenta contigo misma?

LF. Mucho. Me daba miedo enfrentarme a mis padres y que dejaran de quererme y protegerme, me daba miedo llevar la contraria a mi marido por la misma razón, me daba miedo ir a contracorriente de la sociedad, desafiarla, decidiendo no tener hijos, por ejemplo… El miedo a la soledad es mecanismo poderosísimo, y uno de los que más nos afectan a las mujeres. Los hombres construyen fratrías, grupos muy sólidos, de todo tipo: partidos políticos, empresas, cofradías, ejércitos, academias… es decir, grupos que comparten el poder y les sirven para reforzarse entre sí, mientras que nosotras estamos solas y aisladas si no estamos dentro de una familia. Y para estar dentro de una familia tenemos que ser la buena hija, la buena esposa, la madre amantísima. Esa situación nos hace dependientes de los hombres, nos fragiliza.

LL. Eres una mujer que tanto por la familia de la que procedes, como por tu matrimonio, tienes un estatus social y económico acomodado. Tus contradicciones, tu lucha personal se da entre tu deseo de ser escritora, de seguir tu instinto para hacer lo que realmente deseas, y el papel que la sociedad te ha adjudicado: buena hija, fiel esposa, madre perfecta, servicial ama de casa. Pero hay muchas mujeres con problemas similares y que además viven en condiciones económicas muy precarias. En el libro se ve claramente que no eres indiferente a la pobreza ajena. ¿Cómo creen que afrontan estas mujeres, que carecen de recursos económicos, su lucha por la igualdad?

LF. Veo a mujeres con pocos recursos saliendo adelante a base de inteligencia práctica y de eso que ahora se llama “inteligencia emocional”, y también del apoyo afectivo que encuentran en otras mujeres, o en sus hijas e hijos. Pero tienen muy pocos recursos -dinero, formación, poder…-, muchos menos, en general, que los hombres de su misma clase, por una serie de motivos ligados al estatus de la mujer; por ejemplo, al hecho de que ellas se responsabilizan de las hijas e hijos mucho más que ellos. Es que el ejercicio de la maternidad, para las que son madres, es obligatorio, mientras que el ejercicio de la paternidad, para los que son padres, se considera optativo. Dicho eso, no puedo ni quiero hablar en nombre de ellas.

LL. Algunos de los mejores momentos, que están constantemente en el libro, son aquellos en los que te refieres a la maternidad. “No es que yo no quisiera tener hijos. Sí querría tener hijos, lo que no sabía si quería era ser madre. Prefería ser padre”. Pero más adelante, cuando ha nacido tu hija: “Era un milagro, un maremoto, un zafarrancho. Era un deslumbramiento, una revelación, un amourfou. Era un idilio, una enormidad… Yo era feliz, feliz, feliz; la felicidad no me cabía, me estallaban las costuras, no podía expresarla con palabras” “Una especie de borrachera de ternura”, citas a Carmen Laforet. Ser madre es como ser Dios, dices en el libro, para después reconocer que la maternidad no es la panacea que lo llena todo, que ser una mujer es algo más. Me gustaría que comentes un poco más este tema.

LF. La maternidad es una experiencia absolutamente crucial en la vida de las mujeres (en un sentido amplio, que incluye la decisión de tener o no hijos, los problemas de la fertilidad, los embarazos no deseados, etc.) y por motivos obvios, es crucial también para la Humanidad. Sin embargo, la cultura apenas ha examinado la maternidad. Las madres en la literatura son vistas desde fuera, por los hijos (últimamente también por las hijas). Ellas no hablan, no escriben, o si lo hacen no queda rastro de sus palabras en la cultura. Todo esto lo fui descubriendo, como cuento en el libro, a partir de mi desconcierto de no encontrar novelas que hablaran del embarazo, del parto, de la experiencia de convertirse en madre. Y esas novelas, obras de teatro, películas… son imprescindibles para que las mujeres podamos construir la maternidad tal como la queramos. Ese vacío contribuyó a que yo viviera la maternidad con mucho asombro. Al principio me deslumbró; luego se fue convirtiendo en una carga. Entre otras cosas porque fue -como he visto después que lo suele ser- el momento en que claramente se marcó la división de roles entre mi marido y yo; un punto, desgraciadamente, que ya no tuvo retorno.

LL. Me ha gustado mucho ese paralelismo que estableces entre escribir, crear y la maternidad: “Y ser madre tenía todavía otra cosa en común con escribir, pintar o componer: era empezar de cero, sacarse de dentro algo nuevo, algo que una misma no conoce hasta que lo extrae y lo despliega”. ¿Piensas que el proceso de creación intelectual tiene que ver con la creación biológica?

LF. La cultura patriarcal está basada en dicotomías: hombre=cultura, mujer=naturaleza, hombre=razón, mujer=emoción, hombre=sujeto, mujer=objeto… y una de ellas es la que atribuye a los hombres en exclusiva la creación artística y no reconoce en cambio en las mujeres otra forma de creación legítima que no sea la procreación. Hay que entender que esas dicotomías son arbitrarias, falsas (y además, jerárquicas: el término asociado al varón siempre se considera superior). Por mi parte, creo que creación y procreación no son opuestas ni incompatibles, sino dos facetas de lo mismo. Producen la misma satisfacción, la de poner algo nuevo en el mundo, algo que lleva nuestra marca pero que a la vez es autónomo, y que no morirá con nosotras.

LL. Tienes una hija biológica y un hijo adoptado, Sasha. El capítulo en el que describes el viaje a Rusia y todas las peripecias para finalizar la adopción es estremecedor, una descripción de la angustia que sufriste paralela a la narración de la agonía del naufragio del Kursk como telón de fondo. ¿Fue tan duro como lo escribes?

LF. Sí, la adopción fue para mí, y sospecho que lo es en general, una experiencia tremenda, muy angustiosa. Pasa como con la maternidad biológica, que tiene muy poco que ver con esa versión idealizada y edulcorada que se nos han dado de ella.

LL. Hay algo que queda claro en todo el libro: el egoísmo de los hombres en una sociedad machista. Tu padre con tu madre, tu tío con tu abuela, tu marido contigo. Ofreces ejemplos literarios muy bien traídos al caso (El libro de mi madre, de Albert Cohen). ¿Piensas que es posible acabar con tantos estereotipos machistas?

LF. En una sociedad machista y clasista, los privilegiados (por su sexo o por su clase) se acostumbran a pensar que sus privilegios son naturales, o que no son privilegios; que quienes les sirven, lo hacen porque quieren, porque les gusta, porque es su naturaleza o su cultura o porque no son capaces de nada mejor, o que no les sirven realmente sino que tienen una relación de intercambio igualitario con ellos… Yo he vivido este proceso desde los dos lados: como mujer soy discriminada, como perteneciente a la burguesía tengo privilegios. Y mi conclusión es que la desigualdad no se combate solo con leyes y políticas públicas, sino que hace falta entender y cuestionar la subjetividad de unos y otros. Hace falta un examen de conciencia personal y colectivo.

LL. No quiero olvidarme de tu profesión, eres una mujer culta que ha trabajado en el mundo de los libro como editora, traductora, escritora… Cuando hablas de la editorial que te contrató vemos que el machismo (y el clasismo) abundan también en el mundo de las letras. Tienes que ser un hombre para que te reconozcan, para que te vean. “Yo no quería mandar, quería crear, confiesas en un momento determinado. ¿Crees que el machismo dominante invade también estos espacios culturales?

LF. La idea de que la cultura se salva, de alguna manera misteriosa y milagrosa, del machismo y del clasismo reinantes, la idea de que es un reino donde solo imperan la libertad, la calidad, la excelencia, la meritocracia… daría risa si no fuera tan perjudicial. Por supuesto, la cultura reproduce, amplifica y legitima la desigualdad, tanto en sus estructuras (ausencia o escasez de mujeres y sobrerrepresentación masculina en todos los espacios de poder cultural, como en los espacios de poder en cualquier otro ámbito) sino en sus contenidos. Películas, novelas, anuncios, libros infantiles… glorifican las fratrías masculinas, ningunean a las mujeres, justifican la violencia contra ellas, exaltan su sufrimiento… Y en cuanto abrimos la boca para criticarlo, saltan todas las alarmas: nos acusan, como un solo hombre, de fanáticas, censoras, inquisidoras… Vaya, ¿desde cuándo no se puede analizar, criticar, sugerir otras lecturas, otros relatos…? A mí me gustaría que la cultura y sus protagonistas fueran un poco más humildes y autocríticos.

Por último, me ha parecido un libro muy bien escrito, estupendamente estructurado. Hay mucho respeto hacia quien lo lee y eso es de agradecer. Como lectora me gusta que no se hagan concesiones gratuitas, que no se trate de agradar, de complacer por encima de todo. Creo que has escrito un gran libro. Enhorabuena.

¡¡Gracias, Lourdes!! Yo te admiro mucho como editora, intelectual, activista… y es un honor para mí lo que dices de mi libro.


Desde el 31 de mayo hasta el 16 de junio, el parque de El Retiro de Madrid recibe a millones de visitantes (en 2018 fueron algo más de dos millones de personas) que podrán ver, comprar y leer, en 361 casetas, cientos de libros, decenas de autores (y autoras). Según Manuel Gil, director de la FLM, este año se espera que haya más autoras presentes en la Feria, cosa lógica si tenemos en cuenta que aproximadamente el 65% de las personas que la visitan son mujeres.

Dato curioso y significativo: sólo 4 de los 78 carteles que anuncian las distintas ediciones de la Feria del Libro de Madrid han sido realizados por mujeres. Y tres de ellos son de las tres últimas ediciones. El de este año ha sido realizado por Sara Morante.

De las 361 casetas, 207 son de editoriales, 113 corresponden a librerías, 30 a instituciones/organismos oficiales y 11 a distribuidoras. Todo esto nos puede hacer pensar que podremos encontrar una gran variedad de títulos, materias, autores, autoras… Y así es, pero no en la proporción que se puede esperar. Existe una tendencia a la uniformización que podemos comprobar al ver que en muchas casetas se repiten los mismos títulos (los más vendidos). También es curioso el fenómeno de la atracción que despiertan personajes muy conocidos a través de la televisión, los cuales se han incorporado al mundo de la escritura con la publicación de algún texto sobre su faceta profesional: cocina, moda, espectáculo. Es un fenómeno ya típico de la FLM la formación de largas colas para obtener una firma o simplemente una fotografía del personaje admirado.

No se puede negar que hay libros excelentes, magníficos autores y autoras y grandes profesionales en las librerías y los editoriales más importantes. Son bien conocidos porque son los que ocupan un lugar preferente en los medios, los vemos en televisión, los escuchamos por la radio, leemos críticas de sus obras en los medios…

Pero hay otros que pasan desapercibidos para los grandes medios, y eso no quiere decir que no existan. Por el contrario, existen y merecen la pena. Siempre me ha parecido muy pretencioso recomendar una lista de “los mejores libros”. Porque para saber cuáles son los mejores habría que conocer la mayoría, cosa imposible si tenemos en cuenta que en España se publican unos 70.000 títulos al año. Aun así, y dentro de estas limitaciones, queremos hablar en este espacio de algunos libros que se alejan del pensamiento único y nos ofrecen ideas y análisis para la reflexión crítica.

Dicen, de Susana Sánchez Aríns, publicado por la editorial De Conatus.

Una obra curiosa e innovadora; todo un descubrimiento: el relato, a través de una voz compuesta por muchas voces, de una historia familiar atravesada por la represión franquista y el terror a las consecuencias de la guerra civil. Sin ser poesía ni ensayo ni novela, bebe de todas estas fuentes, componiendo una narración que te atrapa.

De Pepa Roma, Una familia imperfecta, publicado por Espasa en castellano y por Pagès Editors en catalán. Caseta 211

La historia de una saga familiar, que conocemos a través de una voz en primera persona, que cuenta la historia de tres generaciones de una familia catalana venida a menos, con sus misterios y dilemas. Una novela que nos ofrece también un recorrido por las últimas décadas de la historia de España, especialmente en Cataluña.

Laura Freixas, A mí no me iba a pasar, Ediciones B. Caseta 234

Laura Freixas es uno de los referentes más sinceros del feminismo actual. En este libro se ha atrevido a hacer una reflexión muy valiente, desde el plano más personal, sobre la vida privada y el feminismo.

Continuamos con varias obras de no ficción, ensayos desde un punto de vista crítico. Obras para conocer mejor lo que está pasando, para pensar y saber más.

María Eugenia Rodríguez Palop. Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha.  Editorial Icaria.

Una defensa de los derechos civiles, la alerta ante las involuciones democráticas, la bandera del feminismo como potencia transformadora de la sociedad y el método democrático y solidario para resolver los retos sociales, económicos y ecológicos derivados de las diferentes crisis y de la amenaza de la extrema derecha.

Juan Tortosa Periodistas: El arte de molestar al poder Editorial Roca. Caseta 335

Un recorrido que abarca cuatro décadas de profesión, a través del cual Juan Tortosa relata por medio de anécdotas personales una gran parte de la historia reciente, desde la Transición hasta la actualidad. Haber estado presente en muchos de los acontecimientos que se han producido, le ha permitido al autor ser testigo privilegiado de anécdotas, comportamientos, decisiones, que comparte en este libro con todas aquellas personas que quieran conocer mejor la historia de España en los últimos 40 años.

Bruno Estrada, La revolución tranquila, prólogo de Joaquín Estefanía. Editorial Bomarzo.

Bruno Estrada nos transmite la idea de que los procesos de transformación social profundos sólo se pueden realizar si se plantean desde espacios democráticos, puesto que la Historia nos ha enseñado que los procesos de cambio violentos convierten los avances en retrocesos.

José Manuel López. Microcracia. Política para hacer un país desde su gente. Prólogo de Manuela Carmena. Editorial Clave Intelectual. Caseta 350.

El autor defiende que puede haber un futuro nuevo si se sabe combinar la pluralidad y la energía, la creatividad y la perspectiva de la gente común a la acción de gobierno, al día a día de la política institucional. Este libro representa un loable esfuerzo de construcción teórica a partir de la experiencia directa de la política local.

Juan Carlos Monedero. La izquierda que asaltó el algoritmo (Catarata) Caseta 336

Los tiempos actuales de inteligencia artificial requieren nuevas propuestas por parte de la izquierda. Si durante el siglo XX las formaciones de izquierda lucharon contra enemigos reales en fábricas, calles, parlamentos,  hoy, el poder opera de otra forma, de manera invisible, y le ha encargado a un sofisticado amo del calabozo matemático, el algoritmo, demasiadas decisiones sobre nuestras vidas.

Enrique del Olmo (coautor con Jorge Urdánoz) Reformar el sistema electoral (Gedisa). Caseta 206

Para los autores, el sistema electoral es el corazón de la democracia, ya que de él depende la intuición fundamental de que somos los ciudadanos y las ciudadanas los que estamos al mando. Por eso es lo primero que deberíamos cambiar para poder cambiar todo lo demás.

José Manuel Naredo. Taxonomía del lucro. Editorial Siglo XXI de España. Caseta 164

Para Naredo, en la economía dominante el poder y el dinero caminan siempre juntos, generando redes clientelares que gobiernan la apropiación y redistribuyen el lucro, provocando enormes daños económicos, ecológicos y sociales.

Unai Sordo. ¿Un futuro sin sindicatos? Introducción y epilogo de Bruno Estrada. Editorial Catarata. Caseta 336

Unai Sordo da respuesta en este libro a muchos de los retos del sindicalismo en el siglo XXI: la afiliación y la negociación colectiva; la implicación de los jóvenes en la defensa de sus derechos; los vínculos del sindicato con el feminismo; su relación con los partidos políticos; sus fuentes de financiación; la amenaza, real o ficticia, que suponen la robotización y la digitalización; la influencia de los mercados globales en el futuro del trabajo.

¿Dónde están las mujeres en las bibliotecas, cuántos libros escritos por mujeres hay en ellas?  Esto es lo que trata de averiguar el proyecto Bibliotecas en Igualdad, impulsado por la asociación feminista Clásica y Modernas (https://www.clasicasymodernas.org/), para poner de manifiesto que el porcentaje es muy desfavorable a las autoras, aunque no todo el mundo lo sepa. Por ello, llevan realizando durante varios meses el taller “El misterio de las mujeres desaparecidas en las bibliotecas”. La actividad es muy sencilla: se escoge una biblioteca, se prepara una estantería separada del resto y se pide a las personas que participan en el taller que vayan buscando libros escritos por mujeres y los depositen en ella. El resultado es evidente: son muy pocas las obras de autoras femeninas en comparación con las realizadas por hombres.

Tan clara es la diferencia entre obras de autores y autoras, que Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional de España, explicaba en la Universitat de Valencia durante el simposio “Bibliotecas en igualdad” celebrado el pasado 12 de abril, que un reciente estudio sobre el catálogo bibliográfico de la BNE muestra cómo de 1.351.143 títulos registrados, sólo 232.047 corresponden a autoras. Este estudio ha sido el resultado de un encargo de la BNE al INE para comprobar cuántos de los nombres de las autorías de estas obras coinciden con el listado de nombres femeninos que consta en las bases de datos del INE. Los resultados tendrán que ser afinados, pero la conclusión no puede ser más reveladora: solamente algo más de un 15% de los libros que están en la BNE son obra de mujeres.

Sólo aproximadamente el 15% de los libros que están en la Biblioteca nacional de España son obras escritas por mujeres.

Esta diferencia es consecuencia de la discriminación y sometimiento de las mujeres a lo largo de la historia: tengamos en cuenta que la BNE se fundó en el año 1711 y que sólo 126 años más tarde una mujer fue autorizada a consultar sus fondos. La valiente se llamaba Antonia Gutiérrez Bueno y tuvo que obtener en 1837 un permiso especial de la Reina Regente María Cristina para poder acceder a los fondos de la Biblioteca. Y lo logró porque estaba escribiendo un libro. Aislada y en una habitación especial dispuesta para ella sola, Antonia pudo hacer las consultas que necesitaba para escribir su obra, que, además, tuvo que publicar con el seudónimo de un hombre. Y no fue hasta ochenta y un años después (1918) cuando entró a trabajar la primera bibliotecaria en la BNE, que hasta 1990 no tuvo a una mujer como directora.

En este simposio, durante 10 horas un centenar de personas, en su mayoría mujeres, debatieron, compartieron ideas y experiencias y pusieron de manifiesto la desigualdad que sufren las mujeres hoy en el mundo de la cultura.

La BNE se fundó en el año 1711 y sólo 126 años más tarde una mujer fue autorizada a consultar sus fondos. La valiente se llamaba Antonia Gutiérrez Bueno y tuvo que obtener en 1837 un permiso especial de la Reina Regente María Cristina para poder acceder a los fondos de la Biblioteca. Y lo logró porque estaba escribiendo un libro.

Desde experimentadas escritoras como la académica Carme Riera o la profesora Anna Caballé a jóvenes especialistas en videojuegos: Marina Amores y Diana P. Gómez, autoras del libro ¡Protesto!, los videojuegos desde una perspectiva de género (Editorial AnaitGames), pasando por autoridades académicas, representantes de las instituciones y profesionales del mundo de la cultura hablaron de cómo han vivido (o sufrido) en carne propia la desigualdad de género.

Carme Riera subrayó que  la invisibilidad de la mujer es mundial y destacó los análisis realizados por Amartya Sen que afirman que el 70% de los pobres de la Tierra son mujeres, y que mujeres son dos tercios de las personas analfabetas que existen en el planeta.

Por su parte, Anna Caballé enfatizó en que cuando una mujer toma la iniciativa en cualquier rama de la cultura los hombres piensan que eso no les concierne. Ellos (y la opinión socialmente dominante) ven la cultura hecha por mujeres como un espacio protegido “de mujeres para mujeres”, aunque según Caballé esto afortunadamente está empezando a cambiar. Pero tampoco tanto se destacó a lo largo de esta jornada, porque si el papel de las mujeres es secundario en el mundo de los libros, el cine, la pintura o la música, en nuevas modalidades como pueden ser los videojuegos las mujeres están absolutamente relegadas. No sólo el lenguaje que se emplea es totalmente excluyente, es que en esta modalidad las mujeres han sido prácticamente borradas: Marina Amores destacó que sólo el 3% de las programadoras de videojuegos son mujeres.

Sólo el 3% de las programadoras de videojuegos son mujeres.

Otra importante cuestión que se constató es el desconocimiento que hay de lo que hacen y han hecho las mujeres en otras partes del mundo. Esto se vio claro cuando la periodista María Márquez informó del proyecto la “Feminoteca” que se está realizando en las bibliotecas públicas de Madrid. Un expositor itinerante está recorriendo varias bibliotecas de los barrios periféricos en los que se desarrollan a la vez  debates, conciertos, charlas y otras actividades que tienen por protagonistas a mujeres. En este expositor figuran veinte escritoras destacadas que han sido votadas por un amplio grupo de socias de C&M como las autoras que más les han influido. Pues bien, el perfil general de estas escritoras es que son blancas, europeas y norteamericanas.

Por último, Marina Gilabert, coordinadora del simposio,  informó de que algo va a cambiar, y de hecho ya está empezando a hacerlo, puesto que se están recibiendo centenares de adhesiones a este proyecto provenientes del personal que trabaja en numerosas bibliotecas, en las que se está suscribiendo un compromiso de aumentar los fondos bibliográficos de obras escritas por mujeres.

La Feria del Libro de Madrid, que también apoya y colabora con las Bibliotecas en Igualdad, será el escenario este mes de mayo de nuevas actividades de este proyecto, que no ha hecho más que empezar.

Entrevista a Emilio Sánchez Mediavilla

Emilio Sánchez Mediavilla es uno de los fundadores de Libros del K.O, una editorial creada por tres amigos hace ahora ocho años. Su punto de partida es el periodismo y en su catálogo se pueden encontrar desde clásicos como Josep Plá o Julio Camba a periodistas actuales como Enric González o Ramón Lobo.

Su línea editorial se basa en la publicación de libros, crónicas periodísticas que cuentan historias reales y que les han llevado a tener algún serio disgusto como fue el secuestro de Fariña (Nacho Carretero), pero también grandes éxitos como este mismo título o el reciente El director de David Jiménez.

1.  El sociólogo Pierre Bourdieu  alertaba hace 20 años de las concentraciones editoriales en grandes grupos que en la actualidad están llegando a controlar hasta el 80% de la producción editorial, la distribución y la prensa cultural,  conduciendo el campo literario hacia su valor más comercial. Para una editorial pequeña, competir en esta situación es una tarea complicada, pues es cierto que la labor de una empresa editorial es saber dar salida a la creación literaria, pero también tiene que obtener los recursos suficientes para poder seguir existiendo. Es una tarea nada fácil en estos tiempos en los que también están cambiando los hábitos de ocio a una velocidad de vértigo. ¿Cómo se os ocurrió crear una editorial?

Han pasado casi diez años desde la primera vez que Álvaro y yo empezamos a hablar de montar una editorial, y la verdad es que sigo sin tener muy claro de dónde surgió la idea. Ninguno de los dos, ni del resto de amigos que luego se unieron, teníamos la más mínima experiencia en el mundo editorial. Personalmente, yo siempre había fantaseado con montar una revista, y tal vez eso sea Libros del K.O.: una revista por otros medios.

A pesar de la concentración editorial, a los sellos grandes les siguen saliendo grietas: me gusta pensar que las editoriales pequeñas (no me convence el apellido independiente, es un eufemismo irreal) cada vez somos más capaces de meter la cuchara en su pastel, pero tampoco conviene hacerse ilusiones.

Aunque la concentración empresarial, en cualquier sector, siempre es inquietante, ni yo mismo me creo la división simplista entre grandes malas y heroicas pequeñas buenas. Ni tampoco creo que lo comercial tenga que ser obligatoriamente un concepto negativo. Un editor debe aspirar siempre a que sus libros tengan la máxima difusión posible; otra cosa es que no estés dispuesto a hacer según qué cosas para conseguirlo. Pero todos los editores queremos vender más. En cualquier editorial, grande o pequeña, son los best sellers los que te permiten luego publicar títulos más arriesgados y minoritarios.  

Y sí, como lector no le veo ninguna ventaja a la concentración editorial, pero yo, como editor pequeño, también estoy obligado a mirar para dentro y reconocer que las pequeñas nadamos en una precariedad que luego extendemos al resto de nuestros colaboradores. Muchas editoriales pequeñas están funcionando con la misma lógica que los sellos más grandes: inundar el mercado de novedades a un ritmo delirante.

De izquierda a derecha: Álvaro Llorca, Alberto Sáez y Emilio Sánchez Mediavilla, fundadores de Libros del K.O.

2. El secuestro de Fariña os supuso muchos perjuicios pero también os dio publicidad, levantó una oleada de solidaridad entre libreros, lectores, intelectuales. ¿Cómo valoras este respaldo? ¿Se echa de menos más colaboración y menos competencia en el mundo del libro?

La reacción de los medios y del sector fue fabulosa, recibimos muchísimo apoyo desde el primer momento. El gremio de libreros de Madrid estuvo muy activo desde el primer día y nos apoyaron con campañas tan originales como Finding Fariña (una herramienta con la que se podía leer el libro a través de El Quijote). Su apoyo directo y decidido hizo mucho más ruidoso el silencio del Gremio de Editores, al cual pertenecemos. Seguimos esperando algún mensaje.

Creo que sí existe simpatía y complicidad entre las editoriales pequeñas, pero seguramente, salvo excepciones (Contexto, por ejemplo), no hayamos sido capaces de transformar esa amistad en una plataforma con capacidad de cambio. En la feria del libro nos saludamos, nos tomamos unas cervezas, compartimos miserias, pero luego todos volvemos a nuestras cuevas a seguir peleando cada uno por nuestro lado. A modo de excusa, creo que la inseguridad y la precariedad del sector nos paraliza: estamos demasiado preocupados en sobrevivir como para crear asociaciones o plataformas conjuntas. Y es un error.

3. Hablemos de El director, vuestro último éxito. ¿Cómo os llegó el libro? ¿Fue un encargo o fue el propio autor quien os lo entregó?

Fue el propio David Jiménez el que se puso en contacto con nosotros. Ya había escrito el libro y ya tenía ofertas de otras editoriales, por eso me hace especial ilusión que eligiera al K.O. David rechazó ofertas mucho más jugosas y se arriesgó con nosotros. Fue valiente (además de por el contenido del libro) porque una cosa es hablar con simpatía de las pequeñas y otra, llegado el momento, rechazar a una editorial grande por un sello como Libros del K.O.

4. Circula una viñeta en la que se dice: “Libertad de prensa: dícese de aquello que practican muchos periodistas cuando los despiden”. Según cuenta Jiménez, hay periodistas, los que ocupan los puestos más altos, que han aceptado prebendas para decir los que sus amos quieren. Pero en la situación actual de total precariedad que sufren la mayor parte de los profesionales de la prensa, ¿hasta qué punto se es libre para informar con imparcialidad, objetividad e independencia?

Obviamente, un libro como El Director no lo puede escribir un periodista veinteañero ochocentista. Porque no puede inmolarse tan joven y porque tampoco hubiese tenido acceso a las esferas de poder que narra David en su libro. La precariedad limita la libertad, pero no solo en prensa, sino en cualquier oficio, el editorial incluido.

5. Hay quien plantea que El director es una especie de venganza de David Jiménez por haber sido despedido, pero tengo entendido que se negó a firmar la cláusula de confidencialidad, que le hubiera proporcionado mucho dinero, precisamente para poder ser libre y contar lo que dice en este libro. ¿Es así?

No conozco todos los detalles del acuerdo de David con El Mundo. Lo que sí cuenta él es que en ese documento se incluyó una cláusula que recogía su “libertad de expresión constitucionalmente reconocida”. En esas palabras se ampara para poder escribir el libro.

David recibió dinero del periódico porque se trató de un despido improcedente después de 20 años de trabajo. Algunos críticos, supuestamente de izquierdas, han usado la indemnización como arma para desprestigiar el libro porque, claro, todos sabemos que una indemnización no es un derecho laboral, sino un regalo de la empresa ante la que solo cabe agachar la cabeza y callarse la boca.

 Es un error leer el libro como una venganza. Hay algunos puñales, pero el libro trasciende la “historia de redacción”: su gran valor es cómo describe el ataque del poder político y económico a la prensa. Quienes se quedan en la primera lectura (cotilleo de redacción) y obvian la segunda (denuncia de la corrupción con casos concretos y nombres y apellidos), están teniendo un ataque de corporativismo. Si un exdirector de banco escribiera unas memorias de este tipo, ¿cuántos de esos periodistas le recriminarían la “deslealtad”?

6. Entre los autores de vuestro catálogo hay 52 hombres y 11 mujeres. Es decir, sólo un 21% son autoras femeninas. ¿No hay mujeres periodistas o no son suficientemente buenas para Libros del K.O.?

Sí, claro que hay muchísimas mujeres periodistas, con talento de sobra para publicar en la editorial que quieran. Esos números que das están descompensados por la colección hooligans ilustrados (más de 20 títulos) en los que todos los autores son hombres. Bueno, eran: el 27 de mayo Lucía Taboada y Marta San Miguel se convertirán en las primeras Hooligans Ilustradas. Pero sí, en nuestros inicios hace ocho años había un claro reflejo machista del que no éramos conscientes. Nuestras amigas nos lo decían y nuestra primera reacción era ofendernos: “¿pero qué decís?”. Y respondíamos con excusas: “¿qué le vamos a hacer si no nos llegan apenas propuestas de autoras?”. Nuestra mirada ha cambiado completamente y en los últimos años el reparto de voces en nuestro catálogo es muchísimo más variado.

7. El deporte ocupa un lugar importante en vuestras colecciones. En España hay millones de personas que oyen a través de la radio los programas deportivos, especialmente los dedicados al fútbol. En estos programas hay una inducción constante al juego y a la apuesta, fomentando la ludopatía, uno de los grandes males actuales de nuestra sociedad que está afectando sobre todo a la gente más desfavorecida, y en especial a mucha gente joven. ¿Os habéis planteado tratar este tema en algún momento?

Sí, es un tema que ha salido en varias conversaciones. Pero, como ocurre con todos nuestros libros, a este tema hay que buscarle un enfoque, una estructura, un tono, una trama, que lo haga interesante en formato libro.  

Muchas gracias y mucha suerte