La tendencia a describir etapas o pensadores del pasado con nombres del futuro (como cuando a Kierkegaard se le llama existencialista) se da también en el otro sentido cuando catalogamos la actualidad con etiquetas del pasado. Es lo que hace el filósofo italiano Giacomo Marramao en un libro de reciente publicación en nuestra lengua. Por un nuevo Renacimiento trata de examinar esta corriente histórica al tiempo que traza paralelismos con el pensamiento de nuestros días.

Comienza el libro con un capítulo dedicado a la figura de Leonardo Da Vinci. De modo didáctico, y recurriendo a distintas fuentes, entre las que destaca un texto de Paul Valéry, Marramao trata de establecer lo que, a su juicio, es el rasgo más importante de esta importante figura del Renacimiento. En su opinión, Da Vinci es el ejemplo de que filosofía y ciencia no solamente deben colaborar, sino que son variantes de la misma idea de ars, prácticas de conocimiento y construcción. Es como si la separación en ambas disciplinas fuera completamente artificial y moderna y fuera necesario volver a leer el legado renacentista intentando realizar una lectura más ajustada al espíritu personificado por Da Vinci. De esta forma, lo renacentista, al igual que lo barroco según Eugenio d’Ors, no es tanto un periodo bien delimitado de la historia, sino un movimiento cultural que puede aparecer en distintas épocas. Marramao, en este libro, trata de trazar las líneas maestras de la recuperación para la actualidad de ese espíritu del Renacimiento.

Por cierto, no es el filósofo italiano el primero en formular la necesidad de que ciencia y filosofía colaboren. En los capítulos finales de la Teoría del todo, Stephen Hawking advierte cómo los físicos de nuestro tiempo han avanzado en la difícil y extraña comprensión del tiempo mientras los filósofos han ignorado estos descubrimientos, lanzando quizás una pulla al que ha sido el pensador más importante del pasado siglo, Heidegger, cuya concepción del tiempo no tiene nada que ver con la de la física más moderna. Como lectores, debemos extraer la lección, formulada de dos maneras distintas por Marramao y Hawking, de que un libro de filosofía debe combinar distintos saberes: literatura, historia, arte, y también ciencia. Un buen libro de filosofía, como los que escribía George Steiner, es aquel que es capaz de combinar muchas ideas provenientes de diversos campos y con ellas formular una crítica o una teoría que ayude a contestar las preguntas trascendentales. Otra lección que como lectores debemos extraer: la filosofía reciente es un extravío, una fantasía de las ideas como la que construye Hegel en el siglo XIX. Esto pueden pensar los lectores, que deben pensar también muchas otras cosas, hasta lo contrario de lo que se ha dicho en el presente párrafo.

La segunda parte de este breve libro trata de construir una genealogía de la palabra humanidad, echando mano de la etimología y la crítica cultural. Si bien el lector deberá descubrir estos razonamientos por sí mismo, queden las siguientes ideas como invitación a la lectura. Uno: el que vive fuera de la polis es una bestia o un dios. Esto tiene gran importancia: muchos filósofos (Mill, Nietzsche) han animado a vivir una vida singular y distinta, lo que supone poner en práctica la verdadera libertad. Ello supone apartarse de la costumbre y la comunidad. Ser libre, por lo tanto, puede convertirnos tanto en bestias como en dioses. Hay que esforzarse en ser diferente, podría sugerir Marramao. Dos: la libertad irrumpe en muchas ocasiones en lugares, situaciones y épocas en las que no habría debido darse. Quisiera añadir una tercera idea, aunque esta es de mi propia lectura (tres): el renacimiento sirve para construir un ser humano libre y total, un ser humano de muchos conocimientos. Un ser humano solitario y que por lo menos espiritualmente vive apartado.

POR UN NUEVO RENACIMIENTO
Giacomo Marramao
Traducción de Francisco Amella
Gedisa, 2022

 

“Como bien observó Carlos Marx, no habrá capital sin trabajo asalariado, y viceversa”, afirma el profesor Albino Prada en su último libro Trabajo y capital en el siglo XXI. Mutaciones, consecuencias, alternativas”, recientemente publicado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Vigo. Y arranca de esta premisa para ahondar en las claves del capitalismo actual. La preocupación de Prada por el trabajo asalariado y el origen de este libro surgen después de haber leído las dos voluminosas obras de Thomas Piketty “El capital en el siglo XXI” (2014) y “Capital e ideología” (2019),  y de la sorpresa que le produjo el hecho de que del trabajo asalariado y su creciente productividad se hable en pocas páginas en ambos libros. “El primero es un análisis certero del crecimiento y concentración del capital y sus rentas, pero solo en 40 páginas de 650 se centra en analizar el otro lado de la ecuación: el trabajo”, ha afirmado Prada, que  manifiesta también que en el ensayo de 2019 solo cinco páginas de sus 1.248 están dedicadas a este segundo elemento indisoluble del capital, tema que es precisamente el núcleo central de su libro, en el que reflexiona sobre el presente y el futuro del trabajo asalariado.

La Primera Parte está dedicada a la “Desalarización capitalista”. Generamos una producción excedente con costes menguantes que se monetiza monopolísticamente y se despilfarra con obsolescencia programada, empleo en declive y jornadas de trabajo creciente, afirma el autor, que se pregunta si pueden considerarse como una solución las propuestas neoliberales de la jornada a tiempo parcial o la prolongación de la vida laboral.

En los tiempos actuales de robotización, digitalización e inteligencia artificial cada vez se necesitan menos trabajadores y la relación no salarial es cada vez más frecuente y más dependiente del capital. Los contratos por proyectos, falsos autónomos, el trabajo online, las horas extras no pagadas y otras características del trabajo actual no responden muchas veces a la lógica laboral sino a la mercantil, de tal forma que las clases trabajadoras están sufriendo una merma considerable de sus derechos.

Si las jornadas laborales eran de 55 horas semanales a finales del siglo XIX y se han ido recortando hasta las menos de 40 horas semanales actuales, ¿no podemos ir pensando en establecer unas jornadas de cinco horas laborales al días sin que haya desempleo y sin prolongar los años de vida laboral?

A responder a esta pregunta está dedicada la segunda parte del libro, “Productividad, jornada y vida laboral” que trata de dar una respuesta a la pregunta de si es posible generar en la sociedad actual la misma riqueza con una estructura laboral más igualitaria e inclusiva. Desde el punto de vista del autor sí que es posible. La solución está en establecer la jornada laboral de 26 horas semanales, “sin desempleo y sin prolongar los años de vida laboral, siempre que las ganancias de productividad no sean apropiadas únicamente por los dueños del capital”. Es decir, si hay una redistribución de la riqueza más justa socialmente. Y en este sentido, plantea que es necesario un nuevo contrato social para que la sociedad pueda protegerse del excesivo poder de los propietarios del capital.

En la Tercera y última parte, “Más allá de la sociedad salarial”, Prada considera que una renta básica, a escala del conjunto de la sociedad y en combinación con una creciente reducción de la jornada laboral semanal sin pérdida de ingresos, modificaría en su raíz la apropiación creciente, por los dueños jurídicos del capital, de los frutos obtenidos en buena medida gracias a nuestro acervo tecnológico-científico colectivo.

En definitiva, una renta básica, una profunda reforma fiscal y una socialización del capital productivo son las alternativas que propone Albino Prada en este interesante ensayo, que incluye también tres breves Anexos: “La Seguridad Social más allá de los salarios”, “El camino hacia una renta básica en España” y “Trabajo y capital: Robotización, Algoritmos e Inteligencia Artificial.

Notas:

*Albino Prada es doctor en Ciencias Económicas por la USC, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo, miembro de ECOBAS y del Consejo Científico de Attac.

Trabajo y Capital en el siglo XXI
Mutaciones, consecuencia, alternativas
Albino Prada Blanco
Universidad de Vigo (2022)

El éxito sin precedentes al que asistió el movimiento feminista en la huelga del 2018 ha marcado un punto de inflexión. En el pasado era un asunto minoritario, cuyas propuestas pasaban inadvertidas a pesar de afectar a la mitad de la población. Hoy su fortaleza política como movimiento ha provocado situaciones imprevistas, y sobre todo inimaginables para muchas de nosotras. La división de este año en dos convocatorias en un día tan señalado como el 8M debe ser un motivo para acercarnos a la reflexión sobre cómo podemos construir juntas no sólo desde la diversidad, sino también desde la pluralidad ideológica.

Independientemente de las luchas partidistas por el control del feminismo ya tratadas en los medios de comunicación, que probablemente expliquen la división de facto en un día clave como es el 8M, hay un debate legítimo y necesario sobre cuál tiene que ser la agenda feminista que no se está produciendo por la tensión creciente a la que asistimos como movimiento. La polarización se ha convertido en una barrera difícil de sortear, pero no puede caer en el olvido que es imprescindible afrontar los debates y las diferencias ideológicas de cualquier espacio político para evitar caer en posiciones paralizantes y cerradas.

La comisión 8M de carácter transinclusiva cuenta entre sus demandas con el acceso al aborto seguro, libre y gratuito o la educación sexo-afectiva en la enseñanza junto a otra serie de reivindicaciones clásicas de la lucha de las mujeres. En todo caso, su incidencia política se debe a que plantea nuevos horizontes deseables para el conjunto de la sociedad desde un enfoque interseccional que genere sinergias poderosas de cara a proponer un cambio sistémico.

Por ello, reivindicaciones como la derogación de la ley de extranjería o la ratificación del convenio 189 de la OIT son centrales en esta propuesta política que conjuga el género, la clase y la raza desde la radicalidad y la transversalidad. Aunque es de justicia reconocer que si la manifestación es de todas, no es exclusivamente por su interseccionalidad, sino por sus procesos asamblearios que la legitiman, así como por erigirse como la punta de lanza de las movilizaciones con vocación transformadora de los últimos años.

A pesar de contar con un papel protagonista dentro del movimiento feminista, no se organiza en estructuras suficientemente articuladas como para canalizar muchos de los debates que llevan anquilosados desde hace demasiado tiempo en los feminismos. Este reto requiere de un abordaje participativo, informado, pausado y con pretensión de alcanzar consensos mínimos que nos permitan tener voz e incidencia política en temáticas feministas que atraviesan los cuerpos de las mujeres en el ámbito reproductivo y en el sexual. La prostitución (motivo de división histórica dentro del movimiento), pero también la explotación reproductiva, la pornografía y la “donación” de óvulos son cuestiones propias del feminismo al guardar una estrecha relación con la opresión sexual que viven las mujeres fruto del significado cultural que se asocia al sexo identificado como el femenino, es decir, con el género.

La falta de estructuras que caracteriza a algunos feminismos cercanos al 8M refuerza la influencia de las redes informales que fomentan la colaboración y la cooperación en el mejor de los casos, al mismo tiempo que generan dinámicas excluyentes dentro de los procesos asamblearios como ya recogió muy acertadamente Jo Freeman por el año 1972.

Por otro lado, la principal demanda que recogía la manifestación minoritaria bajo el lema de “el feminismo es abolicionista” es la abolición del género, pero ¿a qué se refieren con esto? Es la expresión que han utilizado las feministas transexcluyentes para enunciar que el proyecto de Ley Trans del Ministerio de Igualdad que lidera Irene Montero reforzaría los estereotipos de género. El reconocimiento de la autodeterminación de género pondría en grave riesgo el sujeto del feminismo y, por lo tanto, su incidencia política. Existen más diferencias ideológicas entre ambas convocatorias, pero este es el verdadero motivo de la tensión interna de los últimos meses e incluso hace ya algunos años. Pertenecen a una corriente de corte conservador que también se da en otros países por lo que es un fenómeno internacional. En general, sostienen algunas posiciones cercanas a la extrema derecha, y en España llegan a compartir algunos posicionamientos ideológicos de Vox.

En esta coyuntura política, dicha cuestión ha sido el motivo, pero sobre todo la excusa de los dos partidos del gobierno de coalición, para disputar la hegemonía del feminismo en el plano electoral. Además, una reivindicación como “abolir el género” que por sí sola carece de relevancia ha sido apoyada por una parte del movimiento al vincularse a demandas legítimas como son el cuestionamiento de la prostitución como institución patriarcal, la construcción de un imaginario machista y misógino mediante la pornografía mayoritaria, o la explotación reproductiva de las mujeres a lo ancho del globo como la actual guerra de Ucrania ha vuelto a poner de manifiesto. Temáticas que no son abordadas por el argumentario, ni por el comunicado del 8M, pero que sí plantean retos para aquellas que nos consideramos feministas y que con demasiada frecuencia no se tratan para no reforzar las divisiones internas.

El uso del significante “abolicionismo” con legitimidad dentro de una parte importante del movimiento, que hace alusión a posiciones críticas con la prostitución como práctica social, ha sido instrumentalizado para vincular una reivindicación, que es histórica desde el sufragismo, con posicionamientos que deberían hacer cuestionar su asistencia a esa manifestación a toda persona que se considere comprometida con los derechos humanos. Por no mencionar que el manido lema “el feminismo es abolicionista” no es cierto, ya que es un movimiento plural hasta el punto de que muchas veces hablamos de feminismos. De hecho, en su seno hay corrientes muy críticas con la prostitución (incluso entre las abolicionistas tenemos disensos sobre cómo debería enfocarse), así como posturas “regulacionistas” que también tienen diferencias significativas entre ellas.

En un momento en que desde la izquierda movimientista hasta la izquierda institucional pasando por el sindicalismo de clase mayoritario no llenan las calles, el 8M cobra un protagonismo que lo sitúa como una de las fechas señaladas del año. La pregunta, por lo tanto, es cómo mantener una agenda propia cuando su capacidad movilizadora coloca a las feministas en un lugar estratégico que desborda con mucho lo que podrían ser sus demandas clásicas. Estamos asistiendo al momento en que el feminismo es el espacio transversal en el que incidir políticamente, y no la izquierda mixta en la que estábamos acostumbradas a intervenir en calidad de feministas “pesadas” que siempre tenían que colocar sus demandas ante las resistencias patriarcales. Esto puede llevar incluso a que nuestras reivindicaciones sean relegadas en nuestros propios espacios con el fin último de llegar a consensos más amplios o incluso a que pasen al olvido dado el carácter altruista y sacrificial que se espera de nosotras. Esos roles de género que nos acaban pesando inexorablemente en todas las facetas de nuestra vida; la personal, la laboral e incluso la militancia política.

Ahora que parece que todo el mundo es feminista, que todas las mujeres de izquierda parecen no renegar de las demandas propias de las mujeres, tenemos que asegurar que nuestros espacios no pierdan su especifidad, ni su apuesta crítica por colocar los derechos de todas en el centro, también aquellos que tienen su origen en la opresión de género. La omisión de algunas cuestiones centrales que nos atraviesan en cuanto mujeres pueden ser un arma de doble filo y servir de excusa para aquellas que en nombre del feminismo excluyen a las mujeres trans.

De hecho, este año asistimos a como la convocatoria transexcluyente canalizó la indignación generada por una serie de debates sin resolver que tienen que ver con cómo afrontar las diferencias ideológicas relacionadas con nuestra sexualidad y la delimitación del acceso a nuestros cuerpos por parte del mercado. El hecho de que sea precisamente este sector el que ocupe el lugar de la irreverencia cooptando la bandera feminista es un motivo de preocupación. No hay que olvidar que en la actualidad la apariencia de radicalidad, aunque sea falsa, la búsqueda de identidad grupal, y los movimientos políticos construidos en torno a la exclusión en clave reaccionaria cobran fuerza.

La unidad en torno a determinados días señalados como el 8M tiene que ser un objetivo del feminismo no por mera romantización, sino porque se carece de estructuras que permita gestionar las diferencias sin que eso reste voz, e impacto a nuestras reivindicaciones a nivel mediático. Para ello alcanzar una agenda feminista que recoja los derechos de las trabajadoras domésticas, de las trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio y de las limpiadoras junto con la crítica a la prostitución, o la pornografía como realidades que ahondan en la desigualdad de género es inaplazable.

No nos vamos a poner de acuerdo en qué pensamos sobre la prostitución, pero sí podemos encontrar consensos en defender bolsas de empleo en condiciones dignas con ayudas específicas para mujeres que independientemente de la modalidad de prostitución en la que se encuentren quieran abandonarla. Esta medida implicaría garantizar una mayor agencia para ellas, ampliar su libertad y su posibilidad de elección. Un ejemplo de una política pública en esta dirección es Barcelona Fem Tech, una propuesta que pretende acercar a mujeres precarias a trabajos relacionados con la tecnología a través de la formación.

Por otro lado, la guerra de Ucrania ha puesto a la vista de todas la deshumanización de las mujeres cuya capacidad reproductiva se mercantiliza en beneficio de parejas del norte global, ¿por qué no exigimos que se prohíba inscribir a esos niños y niñas estableciendo una moratoria que permita disminuir paulatinamente esta situación de explotación? Estos son dos ejemplos que deberían ser fruto de debate y reflexión conjunta que reflejan la dirección que nos debe guiar; construir una agenda feminista que articule las demandas cruzadas por el género fruto de la crisis de la reproducción social con consensos sobre los debates históricos del feminismo sobre la sexualidad y la reproducción sin temores.

Lo anterior no implica renunciar a nuestros posicionamientos, sino valorar que no podemos dedicar energías a enfrentarnos las unas a las otras cuando la ultraderecha cuenta con recursos para poner anuncios en el metro cuestionando nuestro derecho al aborto. Y para todo lo anterior, es necesario construir estructuras democráticas feministas acordes con el cada vez creciente número de mujeres politizadas en el feminismo, para que la reacción patriarcal que ya llevamos sufriendo varios años no nos arrastre con la resaca de la ola. Sólo así podremos construir pensamiento y praxis colectiva para pasar a la ofensiva, parar los pies a la ultraderecha y construir alternativas a la crisis climática que nos acecha.

Notas:

*Inés Morales Perrín es politóloga especializada en género.

En estos días en los que la mayoría de mujeres feministas alzan sus quejas al poder judicial y piden en distintos actos, más o menos públicos, el indulto para María Salmerón, aparece el libro de Beatriz Gimeno, titulado “Misoginia Judicial” con el subtítulo esclarecedor en sí mismo de La guerra jurídica contra el feminismo. Título que anticipa la descripción de algunos casos de la violencia ejercida contra las mujeres y muy especialmente contra las madres que protegen a sus hijos de padres maltratadores, incluso con hechos probados y sentencias en firme. Título, por lo tanto, que no se aloja estrictamente en un afuera externo a todo lo que nos cuenta Beatriz Gimeno; más bien abre, enseguida, todas las cuestiones que afectan jurídicamente al feminismo y nos aclara, si cabe, la propia misoginia de una Institución que mantiene vigentes leyes del pasado. De esta manera nos encontramos ante un texto tejido con estos vaivenes que, una vez más, sirven para expresar la fluctuación entre la Justicia y el Derecho.

La hija de María Salmerón le pidió en 2019 a su madre que le defendiera de estar con su padre, condenado por malos tratos. La desobediencia de María consistió en suspender el régimen de visitas para proteger a su hija. Algo tan Justo como eso le llevará, antes que acabe este mes de mayo, a la cárcel, cumpliendo así la condena con respecto al delito señalado y dictaminado por Derecho. Ya en 2018, Naciones Unidas pedía a la Justicia española la revisión urgente de eliminar la discriminación de las mujeres en las resoluciones judiciales, así como escuchar las voces de los niños y niñas que viven la violencia vicaria en las familias. Ejemplos como este de María Salmerón son los que ilustra el último libro de Beatriz Gimeno. Escribe sobre la sentencia, conocida como “Campo algodonero” que enlaza perfectamente la cuestión de la desigualdad estructural con la violencia específica que sufren las mujeres y Naciones Unidas condenó al Estado de México porque no dispuso los medios adecuados para luchar contra los estereotipos de género. Sobre violencia específica contra las mujeres, y ya muy particularmente sobre la denegación del indulto a María Salmerón por parte de la Ministra de Justicia, que considera vinculante la sentencia del Tribunal que la dictó, vienen al caso sus propias palabras.

Le hemos escuchado, tanto en la prensa como en la concentración del día 4 de mayo, delante del Congreso, y de viva voz, cómo siente sobre ella y su hija esa violencia institucional al denegarle el indulto que el Consejo de Ministros rechazó el pasado 26 de abril por ser reincidente y atendiendo a la negativa del tribunal que dictó su sentencia. Actitud esta, tanto del Tribunal como del Gobierno, similar al caso Juana Rivas. No se puede olvidar que en España desde 1996 la mayoría de los gobiernos de la democracia española han indultado a políticos y no sólo eso, han perdonado casos de corrupción. En esto último la cuestión de reincidencia es probable que necesite alguna que otra consideración.

Otro de los casos que cuenta Beatriz Gimeno en el libro es el de Irune Costumero y Ángela González Carreño, que se justifican con el SAP (Síndrome de alienación parental). A la hija de Irune la secuestró el padre violando el régimen de custodia. Pero la policía no consideró la denuncia y ni siquiera buscó al padre. Un claro ejemplo de desigualdad institucional. Interesante, también, leer las explicaciones en situaciones de violencia vicaria, abusos sexuales y estereotipos de género; los tribunales han pasado de la madre cuidadora, admitida como custodia de los hijos, a la madre protectora para la que despliegan en su contra las recomendaciones del SAP, interesado en que cualquier padre, aunque sea maltratador, es mejor para los niños y niñas que un padre ausente y es necesario mantener esa relación, contra viento y marea. La judicatura no puede dejarse llevar por estos estereotipos, como dice Gimeno, “esto es falso, además de peligroso”. Unido a otros casos, la ONU ha condenado a España porque estima que todo lo referente a esta artimaña es un claro sesgo de genero. Sin ninguna duda el feminismo anima a las madres a denunciar los abusos de todo tipo contra sus hijos e hijas, el estereotipo patriarca se siente amenazado y el SAP, en tanto que maniobra sectaria, sale en su defensa a ultranza empleándose como arma contra ellas.

¿Qué otra cosa puede ser sino misoginia y machismo en los órganos judiciales con las madres protectoras, se pregunta Violeta Assiego, en su artículo aparecido el día 4 de abril en la revista Pikara. A pesar de que los órganos internacionales han calificado de “falsos” los síndromes de alienación parental, se siguen aplicando en los tribunales de familia? Assiego compara estas decisiones judiciales “con el Código Civil y Penal franquista que retiraba la patria potestad a mujeres separadas, no escuchaba a los niños y negaba la violencia sexual dentro del matrimonio”. Escritoras feministas señalan al patriarcado como síntoma revelador de la desigualdad estructural en la sociedad que vivimos. Síntoma, estructuralmente también, poco analizado antes de la aparición de los feminismos a los que se deben su desvelamiento y que poco a poco y paso a paso van transformando la sociedad en un ámbito más agradable y más justo para vivir. Sugerente también, en cuanto los síntomas poco analizados históricamente, es el análisis de Federici sobre la llamada “caza de brujas”. Nos recuerda que la historia la mandó casi al olvido y al silencio o, en todo caso, ha tratado las torturas, condenas a la hoguera y persecuciones terribles, casi como algo meramente folclórico.

Somos las feministas quienes nos sentimos llamadas a escribir la historia traumática padecida por las mujeres y desvelar las características del poder patriarcal. Y no, no es nuevo, como se deduce de la caza de brujas y de otras muchas instancias en las que secularmente se sometió a la estricta obediencia y sumisión a las mujeres. Quizá lo actual, que inspira temor, es una cierta querencia protagonizada por algunos sectores del neoliberalismo patriarcal al mirar a un pasado terrible del que más proclives a olvidarlo, se tiene algo parecido a la nostalgia.

Resumiendo: de la madre cuidadora a la madre protectora hay un patriarcado en connivencia con el capitalismo que pretende ahogar todos los avances conseguidos hasta la fecha por el/los feminismo/s. Y sí, queda mucho por hacer, como se ve en los textos y situaciones que aquí se citan, puestos en negro sobre blanco. Dice Esther Vivas que la mamá desobediente no es tarea fácil en esta sociedad que se vislumbra hostil a la maternidad.

Notas:

*Concha Torralba es filósofa.

Misoginia judicial
La guerra judicial contra el feminismo
Beatriz Gimeno
Catarata, 2022

¿Existen otras formas de afrontar un conflicto como el de Ucrania? ¿Cómo se articula el derecho de la población a defenderse sin el envío de armas a Ucrania desde una perspectiva pacifista? ¿Quiénes son los principales interesados en que se produzca un aumento en el gasto militar? ¿Está recibiendo la población información correcta sobre la guerra en Ucrania? A estas y a otras preguntas respondieron Jordi Calvo, vicepresidente de la International Peace Bureau; Pere Ortega, del Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs; y Itziar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid; participantes en este debate organizado por Espacio Público y moderado por Virginia Pérez Alonso, directora de ‘Público’.

A veces tenemos la posibilidad de leer y/o escuchar a personas que se pronuncian clara y sinceramente en favor de la igualdad, la paz, en contra de la extensión de la injusticia y que lo hacen con especial elocuencia. Gente que tiene capacidad de promover solidaridad. Mujeres y hombres que demuestran más o menos abundancia de conocimiento pero que comunican bien y saben exponer ideas de contenido social, contrarias a la violencia, dirigidas a las colectividades. Algunas de estas personas, en algún momento, puede ser que ganen poder de convocatoria. Pueden resultar convincentes y esto las puede convertir en candidatas a ocupar determinados espacios dentro de las instituciones. De hecho, algunas ganan lo que se conoce como capacidad de liderazgo.

Necesitamos gente de este tipo, no cabe duda, siempre y cuando no pongan esta cualidad al servicio de ambiciones de acumulación de poder personal.

Esta decantación se produce a menudo y los efectos resultan nefastos para las entidades, organismos, sectores sociales y/o naciones que consiguen “liderar”, porque no solo quieren poder, sino que intentan incrementarlo y perpetuarse en sus cargos. Lo hacen a veces en nombre de “valores” siempre invocados por los autoritarios: la patria, los intereses reales de la ciudadanía, la seguridad, las razones de Estado, el bienestar… Se trata de personas que intentan monopolizar el derecho a la palabra, que difícilmente participan en movimientos o iniciativas que no encabecen, que sólo les interesa la presidencia, el ministerio, la alcaldía, la secretaría general, el cargo parlamentario, la magistratura, el mando, la dirección… y que desde estas posiciones no dudan en acusar a sus antagónicos de su propio mal, de querer poner sus proyectos personales por encima de los proyectos públicos de interés general.

Algunos de ellos manifiestan una acusada tendencia a perpetuarse en posiciones de control. Cuando les parece que se acerca o ha de llegar el momento de su relevo alegan que tienen que seguir en el cargo para terminar el «trabajo pendiente», a pesar de que sólo les pide su permanencia gente que ha hecho cierta carrera a su lado, personas que llevan tanto tiempo en la vida política o institucional que tienen dificultades para ejercer una profesión u oficio cualquiera. Si aparece algún discrepante le acusan de querer dividir, de romper la necesaria unidad.

Afortunadamente existen respetables excepciones, numerosas, pero el anhelo de poder, económico, administrativo, militar… es una plaga social contra la cual no se han encontrado fórmulas definitivas de curación. Es una enfermedad que transforma personas en “líderes”, más o menos carismáticos, inteligentes o preparados, que se sienten capacitados para marcar caminos a seguir al resto de la población y castigar violentamente o marginar a quién no siga sus directrices. Personajes que prescriben pensamientos y comportamientos, que interpretan el ejercicio de la libertad de los otros como un gesto de enemistad y que toman distancias con cualquier ser humano inclinado a reflexionar por su cuenta. Los celos en relación a personas que les puedan hacer sombra les lleva a construir un entorno de colaboradores grises, atemorizados, dóciles y sumisos, dispuestos a actuar contra el disidente o el contestatario.

La enfermedad se agrava a veces hasta el punto de hacer aparecer como ‘líderes’ a personas mediocres, incapacitadas para transmitir ni el más mínimo conocimiento, sin otra virtud que la habilidad para utilizar márgenes de maniobra dentro de los aparatos.

Convendría que dentro de la vida política y social exploráramos caminos para corregir estos comportamientos. A lo largo de la historia hemos visto dirigentes que se han presentado a sí mismos como ‘proyectos políticos’ en sí mismos. Los vemos también en la actualidad. ‘Proyectos’ sin ideas, sin propuestas ni modelos que puedan generar, razonablemente, esperanzas en un futuro pacífico e igualitario, sin amenazas, en el cual los comportamientos solidarios no sean la excepción, donde no se imponga la ley del más fuerte.

Hay que desconfiar de los individuos que esperan encarnar de alguna manera en su cuerpo y alma lo que desea la población y que aspiran a convertirse en autoridades facultadas para restringir libertades y pedir lealtad y respeto por el poder que han logrado. Su discurso a menudo se encuentra muy vacío de contenido, pero lo tienen que llenar de palabras y tienen que buscar adjetivos. Entonces dicen que representan algo diferente, patriótico, nuevo, moderno, amplio, muy grande, progresista… No precisan en qué sentido hay que progresar y cuando lo hacen a menudo se constata que se adaptan a los objetivos del poder principal, el económico.

Lamentablemente a menudo estos personajes también identifican el ejercicio de su autoritarismo con la defensa de la democracia. Y de la libertad y de la paz. Incluso de la solidaridad. Lo hacen sin complejos y procuran hacerse con el aparato comunicativo suficiente para extender esta idea. Si les hace falta y pueden, silencian al disidente, lo criminalizan, lo expulsan o lo reprimen.

Por fortuna hay gente que practica el pensamiento libre, y crítico, que propicia el debate como fuente de conocimiento, que no ambiciona ningún tipo de poder personal y no permite que ninguna autoridad invada su cerebro.

Gente que explica en estos días lo que es obvio, que la democracia es incompatible con el capitalismo, que la paz no se construye con armamento y que denuncia que la industria militar no desaprovecha ocasión para crecer, en base a la destrucción de medios de subsistencia y al empobrecimiento de franjas cada vez más amplias de población.

La nueva guerra trae consigo y traerá más pobreza y sufrimiento, dentro y fuera de Ucrania y de Rusia y a la vez más enriquecimiento de los más ricos. “Las armas exigen guerras y las guerras exigen armas”. Para hacerlas, tal como señaló de forma bastante elocuente el periodista Eduardo Galeano, “siempre se invocan nobles motivos, se mata en nombre de la paz, de Dios, de la civilización, del progreso”.

Resulta imposible no recordar hoy a un pacifista radical, impulsor de la economía social y solidaria, respetado por sus argumentos sobre la existencia de otro mundo posible basado en la justicia social y el respeto por los derechos humanos. Nos dejó ahora hace un año. Arcadi Oliveres, tan elogiado por todo el mundo y al mismo tiempo tan ignorado por muchos de quienes le aplaudieron, no aspiraba a ninguna posición de poder. Denunciaría a todos aquellos que ante la guerra en Ucrania recetan más gasto militar. Denunciaría a los beneficiarios y a sus cómplices, pero no dejaría de explicar que los habitantes de nuestro planeta podemos encontrar caminos para gobernarnos de otro modo.

¿Cuándo llegará este momento?

Notas:

*Foto destacada: Devastación en Borodyanka, cerca de Kíiv, Ucrania — Oleg Petrasyuk / EFE

Relatos compartidos de mujeres en el Villaverde industrial y en la Cuenca minera de Asturias

Las búsquedas comunes en el territorio, entre diferentes grupos de mujeres abordando el olvido y la falta de reconocimiento de la presencia de mujeres en el espacio industrial, propició bajo este título, un encuentro en la Nave Boetticher el día 22 de marzo y al calor del 8M.

Un ejercicio de recuperación de la memoria de nosotras mismas, imprescindible ahora en el tiempo de la construcción del paradigma mujer para rescatar de la invisibilidad su contribución y presencia ignorada en la industria. La perspectiva de género ha de ir sacando a la luz el papel de las mujeres allí donde ha estado oculto. Una visión necesariamente feminista entendida como la aplicación de principios democráticos, igualitarios, a las relaciones entre hombres y mujeres, del mundo laboral y de la participación en las luchas políticas y sindicales, que hemos de visibilizar dotándola de una narrativa propia.

Esta conversación fue un intercambio de experiencias frente a frente: un análisis de Villaverde, la periferia industrial madrileña, y un libro, Carboneras[1], recopilación de relatos protagonizados por mujeres en las minas de carbón en la Cuenca minera asturiana. Dos planos superpuestos, complementarios descubrían un ángulo de mirada que abre un camino de reflexión.

El descubrimiento mutuo de dos periferias que desvela similitudes: dos espacios de trabajo estratégicos que sustentan el Desarrollo español ya en la postguerra, y abarcan desde la extracción de la materia prima para activar el motor de la máquina de acumulación del capitalismo industrial, hasta la gran empresa concentrada del sur que consumía el 50,4% de la energía motriz del total de la ciudad de Madrid. Ambos, territorios subsidiados al servicio de otros territorios. Espacios con identidad del mestizaje que conlleva la emigración y unas condiciones de vida extremas en términos de explotación laboral y ambientalmente insalubres, nocivos, peligrosos. Y las sensaciones compartidas, la neblina espesa de los humos de las chimeneas, el olor del hierro, las sirenas. Y las enfermedades asociadas.

Presentación en la Nave Boetticher

El rol de la mujer trabajadora en la industria ha sido difuso. La mujer no es un sujeto no se reconoce el trabajo que hace, aparece como una especie de acompañamiento. Prevalece una mentalidad que considera que las mujeres quitan puestos de trabajo a los hombres. Su acreditada presencia en el proceso de manufactura siderúrgica y su valor en el proceso productivo se vincula a trabajos inferiores (limpieza, comedores o auxiliares en oficinas). Un sujeto invisible en un entorno masculinizado, un submundo dentro del mundo laboral de los trabajadores.

Las distintas invisibilidades se solapan en planos: la de las trabajadoras de la industria, que durante el predominio de la metalurgia (fundiciones, acerías) las borraba. Ellas no tenían oficio para estar en naves y talleres y solo componían un escalafón secundario. En un segundo momento, llegan las cadenas de producción, Standard o Marconi, las petroquímicas, suponen una incorporación cuantitativamente importante de mujeres, que llegan a alcanzar puestos de cierta responsabilidad. La cifra de mujeres en el proceso productivo no se conoce ya que no se desagregan los datos de los trabajadores por sexo.

En el interior de las minas, por disposición de un viejo decreto de Primo de Rivera, estaba prohibido el trabajo de las mujeres (no podían ser picadoras) pero fuera, sí. Las tolvas volcaban el carbón extraído y  ellas seleccionaban, eran las carboneras. Expuestas a la aspiración de toneladas de polvo negro, como los mineros enfermaban de silicosis. Pero ellas eran la 7ª categoría (por detrás solo los niños, la 8ª). Los hombres cobraban 8 veces más que ellas.

Mujeres en los procesos de lucha. Apenas hay referencias a su participación en organizaciones y luchas sindicales de movilización por derechos sociales y salarios, pero ahí estuvieron, ignoradas. En la “huelgona” de 1962 fue muy importante su movilización y sus enfrentamientos con los esquiroles. Es muy reciente el intento de recuperación de luchas ejemplares protagonizadas por mujeres (INDUYCO, Rok o A Pontesa).

Las mujeres de los trabajadores. Un sujeto oculto en el que se acopla su intervención en el proceso de producción con ser el soporte del proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. Acompañan en las movilizaciones de las fábricas, gestionan los cuidados del hogar, los accidentes y enfermedades laborales y sustentan las huelgas (empeños, comprar fiado).

Subempleadas que mantienen a sus familias. La crisis de la desindustrialización supuso, en Villaverde una pérdida de 25.000 puestos de trabajo directos. En la Cuenca minera la cifra alcanza a ser 20.484. Un proceso de pérdida de trabajo y de la cultura de trabajo. Las mujeres serán decisivas para salvar la situación trabajando en precario, sin derechos, limpiando oficinas, casas, bancos, hostelería. Un hecho tan inadvertido como imprescindible, otro sacrificio silenciado.

En Villaverde tras el desmantelamiento aparece en el polígono industrial la prostitución, mujeres mercancía repartidas por calles según nacionalidad. Y se produce una invisibilidad inversa, ya que mientras ellas están en el escaparate, se invisibilizan los clientes. Pero con similar resultado: abandonadas al comercio sexual y el desamparo.

Durante decenios las mujeres en el paisaje industrial han soportado más cargas: más abusos y esfuerzos, menos oportunidades. Transitando por espacios inhóspitos, caminos intimidatorios. La conciliación no existía y fueron creando redes de ayuda mutua dentro del modelo familista. Había que comportarse como los hombres, el único patrón válido, para trabajar. Una intensidad más intensivista en la explotación laboral.

Aún hoy, en el polígono industrial con 11.000 trabajadores se desconoce el porcentaje de mujeres. Cuántas y dónde trabajan. Cualquier regeneración urbana en un espacio laboral ha de integrar que la construcción de los espacios sociales no es neutra y configura jerarquías, brechas y desigualdades de usos, segregación y huellas de marginalidad. Según confirman los diferentes estudios llevados a cabo por mujeres[2], básicamente, que evidencian la necesidad de incorporar la perspectiva de la mujer en los procesos comunitarios de planificación territorial[3]. La igualdad de derechos de las trabajadoras ha de materializarse en espacios habitables, seguros, inclusivos, adaptados a su presencia. Es necesario romper la normalidad de la ausencia de las mujeres y formular las exigencias específicas de género con voz propia.

Notas:

*Concha Denche Morón es socióloga (Plataforma Nave Boetticher).

[1] Carboneras. Aitana Castaño/Alfonso Zapico. Ed Pez de Plata

[2] Género y espacio industrial. PNB 2020

[3] Aproximación desde una perspectiva de género del área industrial y residencial de Marconi. PNB 2021

Espacio Público reunió el jueves 31 de marzo en la sala Ecooo a líderes de los partidos madrileños Más Madrid, PSOE, Unidas Podemos, Izquierda Unida y Anticapitalistas en el debate Cómo ganar Madrid: la izquierda ante el espejo. Fue un encuentro para fomentar el diálogo en torno a la situación de la izquierda y preguntarse cómo desarrollar estrategias para recuperar el poder para las fuerzas progresistas en el Ayuntamiento y la Comunidad. Participaron Manuela Bergerot (Más Madrid), Pilar Sánchez Acera (PSOE Madrid), Jesús Santos (Podemos Madrid), Álvaro Aguilera (IU Madrid) y Lorena Cabrerizo (Anticapitalistas Madrid) y fue moderado por Ana Pardo de Vera, Directora Corporativa y de Relaciones Institucionales de Público. Se centró en los elementos clave para entender fenómenos como como la deriva hacia la ultraderecha, el caso Isabel Díaz Ayuso, la influencia de Vox en los gobiernos del PP, la tolerancia institucional hacia la corrupción, la privatización de lo público, la hostilidad hacia el feminismo de fuerzas que apoyan al gobierno regional, la aporofobia, la xenofobia, o el crecimiento de la propaganda reaccionaria.

Un mínimo vital

El 8 de mayo de 1561 Felipe II instaló su Corte en Madrid, mayo tenía que ser… A partir de ese momento se inició una búsqueda constante de reservas de agua potable en la incipiente ciudad que, con el crecimiento constante de su población, ya no podía abastecerse con la mera excavación de pozos ni con la explotación de manantiales cercanos. Se creó entonces la Junta de Fuentes con el propósito de utilizar las galerías subterráneas de origen árabe y conducir el agua de los acuíferos a las fuentes públicas de la ciudad. Estas conducciones subterráneas recibieron el nombre de “viajes de agua”, y “aguadores” a quienes distribuían el agua a las casas. Madrid llegó a tener 77 fuentes públicas con 128 caños y 950 aguadores que repartían en cubas el agua equivalente a 2150 m³ diarios. Y así hasta mediados del XVIII en que el agua del subsuelo se agotó…

Los proyectos provisionales que se plantearon para enfrentar ese grave desabastecimiento demostraron ser insuficientes o simplemente fracasaron, hasta que llegado el año 1851, y siendo reina de España Isabel II, se dictó el Real Decreto de 18 de junio, disponiendo la ejecución del proyecto presentado por los ingenieros Rafo y Ribera que apostaron por conducir las aguas del río Lozoya hasta la capital, a través de un canal que llevaría por nombre Canal de Isabel II (CYII). Siete años más tarde, el 24 de junio de 1858, tuvo lugar la inauguración oficial de la llegada de las aguas a Madrid, en la calle ancha de San Bernardo.

Las numerosas infraestructuras hidráulicas necesarias para el abastecimiento en la provincia de Madrid, a las que contribuyeron con su patrimonio decenas de municipios de la región a lo largo de un siglo, procuraron que en 1977 el CYII se convirtiera en una entidad de derecho público. En 1984, pasó a depender de la Comunidad de Madrid y se le encomendó, además de los servicios tradicionales de abastecimiento, la depuración de las aguas residuales y la mejora y conservación de los ríos. Pero con la llegada del Partido Popular al Gobierno de la Comunidad, el CYII inició un proceso de mercantilización y posterior privatización con la constitución de una sociedad con ánimo de lucro, vehículo para que inversores privados pudieran detentar el 49 % de sus acciones, y la Comunidad de Madrid junto con sus municipios el 51 % restante. Los bienes de dominio público pertenecientes al CYII y que integran la Red General de la Comunidad de Madrid fueron adscritos a la sociedad. Como consecuencia de este proceso privatizador se llevó a cabo la ejecución de más de 70.000 cortes de suministro de agua en una situación menos grave que la actual.

Por suerte en 2010 se iniciaron también las movilizaciones ciudadanas en contra de la privatización, las cuales que se extendieron al ámbito municipal, con iniciativas populares, y al ámbito judicial y constitucional, con la interposición de recursos ante los tribunales, alcanzando su punto culminante el 4 de marzo de 2012, con una consulta pública no vinculante convocada por la Plataforma contra la privatización del CYII, la Marea Azul y el movimiento 15M. En dicha consulta los madrileños fueron llamados a manifestarse a favor o en contra de que la titularidad del CYII siguiera siendo completamente pública, y se contó con la participación de 177.685 personas de las que el 99 % se mostró en contra de la privatización. Este hecho, más la crisis financiera y la respuesta social a la escalada de casos de corrupción en que la sociedad anónima del CYII ocupó portadas de periódicos a uno y otro lado del Atlántico, lograron detener temporalmente, hasta nuestros días, el proceso promovido por el partido popular.

Hoy son más y más graves las dificultades que nos asedian respecto a la gestión del ciclo integral del agua. El cambio climático, con el consecuente avance de la sequía, ha acelerado la formulación de propuestas con que debemos dar respuesta a las exigencias actuales y los problemas ingentes que ya no son sólo de abastecimiento de agua, también hay que garantizar su accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad (acceso equitativo); participación en su gestión, transparencia (toma de decisiones participativa, rendición de cuentas sobre la distribución de beneficios, pago de dividendos, honorarios de gestión, etc.); y acceso a la información (facturas detalladas y compresibles, de manera que se pueda establecer una comparación con el precio del agua embotellada); además de la seguridad de poder denunciar los cortes o la denegación del suministro, haciendo uso del beneficio a una justicia gratuita.

Todo ello sin olvidar que las guerras en las que España está involucrada, directa o indirectamente, están provocando continuas oleadas de personas refugiadas que se suman a los colectivos de población vulnerable y marginada (personas sin hogar; personas en asentamientos informales o que habitan en los espacios comunes; personas trabajadoras agrícolas temporeras; nómadas o de culturas minoritarias e itinerantes, sean sedentarias o no), que ya viven en nuestro territorio en condiciones de pobreza, cuando no de miseria, condiciones que se verán incrementadas dramáticamente cuando desaparezcan las medidas del llamado «escudo social» que expiran el 30 de junio de 2022.

De ahí el importante impulso que supuso la iniciativa ciudadana Right2water y que se concretó en una serie de peticiones a la Comisión Europea, entre las que están las de manifestar la vigencia del derecho humano al agua, garantizar el acceso universal de los servicios de agua y saneamiento en todo el ámbito de la Unión Europea, asegurar la continuidad de los servicios para las personas en situación de vulnerabilidad sin que sea posible los cortes de suministro, así como garantizar el acceso a la información y la transparencia en torno a la gestión de los gestores de los servicios, y promover la participación ciudadana.

Esta iniciativa debe intensificarse en el estado español, no sólo trasponiendo la Directiva europea 2020/2184 a escala estatal, sino profundizando, mejorando y adoptando todas las medidas que aseguren la vigencia de esos derechos y garantías en nuestra Comunidad, en concreto los relacionados con el reconocimiento, realización y puesta en práctica del derecho al agua potable como un derecho humano, pues, en este contexto, son las administraciones públicas competentes las que tienen la obligación de cumplirlo, respetarlo y protegerlo, siendo la disponibilidad del agua de consumo humano lo primero que hay que cumplir, respetar y proteger en el sentido de que debe garantizarse el acceso al agua así como su suficiencia para satisfacer las necesidades higiénico-sanitarias de la población.

Por tanto, la prohibición de los cortes del suministro en situaciones de vulnerabilidad económica y social debe estar estrictamente regulada, siendo obligada la aplicación del principio de precaución (imposibilidad de realizar cortes si no se cuenta con información de los servicios sociales correspondientes), así como la dotación neta o de consumo medio de un mínimo vital que debería ser al menos 100 litros de agua por habitante y día, apta para el uso personal y doméstico, y para prevenir enfermedades; con sistemas de suministro alternativos (como dispositivos de tratamiento individuales, depósitos, camiones y cisternas) allí donde se carezca de infraestructuras normalizadas o éstas sean deficientes. Para ello es necesaria la promulgación, en nuestra Comunidad, de una Ley que garantice ese suministro mínimo vital de agua a todos sus habitantes, que involucre a los ayuntamientos como garantes del derecho humano al agua y al saneamiento.

En definitiva, tal y como hicieron nuestros antecesores en 1851, apostando decididamente por hacer frente a los graves problemas de abastecimiento de agua de la población madrileña, debemos con urgencia adoptar las medidas oportunas, responsables y decisivas para afrontar lo que se nos viene encima, que no es precisamente –ojalá lo fuera- el agua que cae del cielo de Madrid…

Liliana Pineda es miembro de Attac.

(Campaña por el derecho humano al agua y al saneamiento de la Red de Agua Pública de Madrid).

En la misma semana, veo el espectáculo Pundonor*, una excepcional muestra del mejor teatro que nos invita a revisitar Foucault, cuando tanta falta nos hace y se publica la noticia del boicot a una profesora** de la clase de un máster por su posicionamiento antiqueer, que despierta una encendida reacción de denuncia por el uso arbitrario de la política de la “cancelación” como forma de censura.

Vaya por delante: estoy fervientemente a favor de la libertad de cátedra, de expresión, del derecho a la discrepancia y en contra de toda imposición de pensamiento único.

Pero vuelvo a constatar que en casi todos los órdenes de la vida diferentes opiniones, creencias, lecturas, es habitual que cada enfoque opte o privilegie una idea o una interpretación de «la» verdad y lo exponga como incuestionable (una especie de tótem conceptual) refutando el argumento “contrario” aislándolo del conjunto de formulaciones y forzando el “lxs que no están conmigo, están contra mí”.

Las respuestas reivindicadoras de no tolerar la cancelación, quedan silenciadas cuando la damnificada no es “una de las nuestras”. De uno y otro lado. Nos revuelven las injusticias, cuando “nos” parecen injustas.

Otra vez Foucault nos recuerda que el poder no es algo que se tiene sino que se expresa en actos y bien sabemos que la Universidad es una de las instituciones donde los juegos del poder/saber se ejercitan con mayor virulencia dialéctica… Y que ha sido siempre un laboratorio de pruebas, donde se despliegan hipótesis, se refutan argumentos, cada departamento, profesor, doctorandx, opta por defender y criticar sus ideas en un laboratorio social que en muchos casos antecede a otras esferas públicas. Se cumple a rajatabla que «el poder está en todas partes y viene de todas partes», dependerá de a qué nos estemos refiriendo. Hace apenas unos meses una doctoranda decide cambiar de director de tesis por no estar de acuerdo con el planteamiento del enfoque que se le propone. Se pacta una codirección pero se la insta a mantenerlo, por protocolo. Él no se pronuncia y de facto se abstiene de toda participación ni corrección del material. No obstante, decide el día anterior a su entrega, que no está apta, contrariamente a la aprobación de la codirectora que había sido elegida por la doctoranda y otra codirectora, “cancelando” así la continuidad del proceso. Y procurando nuevamente que se incluyan referencias que respaldan su línea, no la de la redactora de la tesis. O sea, uno más entre los numerosos ejemplos de cancelaciones diversas, muchas desde el ejercicio de diferentes niveles y estrategias de poder. ¿Todas igualmente visibilizadas, criticadas, o refrendadas? No, indudablemente.

Fotografía de Pundonor del Teatro de La Abadía.

En mi propia experiencia, habiendo estudiado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, y finalizado en 1976 casi coincidiendo con el golpe militar, los debates, enfrentamientos, desautorizaciones y “cancelaciones” se manifestaban  entre otras modalidades en que entraban frecuentemente  a clase un grupito de alumnos de diferentes agrupaciones políticas estudiantiles contrarios a que se diera esa asignatura, o que estuviese a cargo de ese profesor o ayudante de Trabajos Prácticos (como se llamaban), o a infinidad de motivos y nos conminaban al resto a salir…y la clase quedaba cancelada y convertida en otra asamblea espontánea más. En ese momento (y con esa edad) nos parecía el colmo del anti-establishment.

Lamentablemente no podré llegar a saber qué pensarán de lo sucedido dentro de cincuenta años las alumnas que lo protagonizaron hace unos días,…

Foucault escribió sobre Vigilar y castigar en 1975 y desarrolló la idea del disciplinamiento como la forma de control propia de la época. La etapa universitaria es un entrenamiento privilegiado en diferentes formas de disciplina, algunas propias de la formalidad curricular y otras informales y de sometimiento/subordinación a diferentes estilos de poder, ligados tanto al mundo de las ideas como a las necesidades de pertenencia. Pero como “donde hay poder, hay resistencia” quiénes ocupan uno u otro lugar dependerá de nuestra lectura, que a su vez reproduce estos mismos mecanismos mentales.

Escribo esto desde el malestar que me produce la dificultad para encontrar canales de diálogo dentro del feminismo. Para salir del estancamiento del “y tú más y peor”, de las lecturas reduccionistas que como escribe Lakoff “cuando negamos un marco, evocamos el marco”.

Sería deseable que pudiésemos encarar y encarnar nuestro “lo personal es político” desde el saber que nuestras opciones ideológicas están teñidas de filias y fobias, no solamente de ideas producto de profundas reflexiones y mucho más frecuentemente de lo que deseáramos son estos deslices emocionales los que definen que sigamos uno u otro camino. Con retornos y dudas persistentes.

Para Edgard Morin el Yo es el acto de ocupación del sitio egocéntrico… no el de ninguna verdad y es desde allí donde juzgamos, cuestionamos, nos adherimos, sufrimos y gozamos.

Tal vez la única opción para salir del impasse sea lograr posicionarse en un lugar que la psicoanalista Jessica Benjamin llama de tercero moral que trata de superar el encapsulamiento en mi mismidad mediante el reconocimiento del hago y me hacen, sufrimos y hacemos sufrir. Considerar un espacio entre yo y la otra, y las otras, para legitimar las diferencias, y sentarnos a hablar. Buscar líneas de avance, comenzando por las cuestiones más abordables, enmarcado en un clima de búsqueda de acuerdos para seguir debatiendo. Elegir interlocutoras dialogantes. Dispuestas a escucharse. Llevo un par de años llamándolo tender puentes.

Nora Levinton Dolman es doctora en Psicología y psicoanalista, especialista en la psicoterapia con perspectiva de género, reflejada en su práctica docente y en numerosas publicaciones.

Notas:

*PUNDONOR
Andrea Garrote
Dirección: Rafael Spregelburd y Andrea Garrote
Producción: Carolina Stegmayer
La fotografía de portada es de la obra Pundonor del Teatro de La Abadía.

**Juana Gallego.

Profesionales de la educación discuten sobre las grandes dudas que plantea el presente y futuro de colegios, escuelas e institutos. Contamos con la participación de Cynthia Martínez Garrido, investigadora de la cátedra UNESCO en Educación para la Justicia Social de la UAM; Carmen Heredero de Pedro, miembro del Consejo Escolar del Estado; y Xavier Martínez Celorrio, profesor de Sociología de la Educación en la UB. Modera el debate el el profesor de Geografía e Historia Pedro González Molina.

Las próximas elecciones andaluzas, que podrían ser en junio o en octubre, según le den las encuestas a Juanma Moreno Bonilla, no son unas elecciones autonómicas normales. Estas elecciones son las primeras del nuevo ciclo político lleno de incógnitas y en una situación internacional y nacional inestable. La inflación escala y la crisis energética se acentúa en el contexto de una guerra entre Rusia y Ucrania, que ha supuesto duras sanciones a Rusia, por ser el país agresor. Las consecuencias de esta guerra no van a ser inocuas en el Continente y, salvo que se haga una política social y económica decidida, va a golpear con dureza, especialmente a los más vulnerables.

Andalucía es la frontera sur de la UE, con un vecino conflictivo y por el que pasan desde tuberías con gas provenientes de Argelia (muy necesarias en la actual crisis energética provocada por la guerra de Ucrania y por el conflicto de Argelia y Marruecos) hasta una gran cantidad de mercancías. Es una frontera muy sensible a los cambios que se están produciendo de manera acelerada con el cambio climático, las llegadas de inmigración irregular, o los choques entre Argelia y Marruecos. La UE necesita una frontera Sur calmada, que evite choques innecesarios como los protagonizados por Salvini, cuando fue Ministro de Interior en Italia. Además, el PPE ve con malos ojos la entrada de los amigos de Órban, Putin, Salvini, Le Pen, etc., en el gobierno de Castilla y León, y verían con mucha alarma la entrada de estos en Andalucía. Por tanto, las elecciones tienen una importante dimensión europea.

Las elecciones andaluzas no son unas más debido al peso demográfico de nuestra Comunidad (ocho millones y medio de personas), por la cantidad de diputados que elige (61), además de por el peso simbólico de ser una Comunidad Autónoma que ha sido baluarte de la izquierda, y que vivió con sorpresa la llegada a la Junta de la derecha con la carambola que supuso el récord de abstención en la izquierda y máxima movilización de la derecha en 2018. Si el gobierno de coalición pretende continuar necesita un buen resultado en Andalucía (y como mínimo en Cataluña y/o Valencia). Si Yolanda Díaz quiere que su movimiento tenga futuro necesita de un buen resultado en Andalucía, como ella misma ha reconocido. Si Feijóo quiere ver desbrozado su camino a la Presidencia necesita retener la Junta para su partido. Por lo que podemos afirmar que estas elecciones son “la madre de todas las batallas”.

Si aterrizamos en el terreno nacional, tras la defenestración de Pablo Casado, ha asumido el poder en el PP el dirigente gallego Núñez Feijóo, con la promesa de lograr formar gobierno en un viaje “hacia Ítaca” (el centro político) pero que ha asumido la contradicción de que en Castilla y León la extrema derecha entre en las instituciones de manos del PP, que pone en entredicho “giro centrista”.  Este giro queda desmentido ya que le han abierto el espacio a VOX, vuelve a utilizar “fake news” contra el gobierno de coalición, y sigue entrampados en la corrupción, tal y como se ha demostrado con el caso de las facturas del hermano de Ayuso. Si VOX es necesario para la gobernabilidad, en un contexto de hundimiento de CS, no nos cabe la menor duda de que estos entrarán en el gobierno de manos del “moderado” Moreno Bonilla.

Por otro lado, el gobierno de coalición navega en aguas turbulentas, con cierto desgaste, y con una de sus patas (UP) en una crisis existencial, a la espera de que Yolanda Díaz lance su proyecto. A pesar de todo, lo único estable en nuestro país en la actualidad es el Gobierno de coalición de izquierdas y progresista, y más ante la crisis del PP y sus problemas con su relación con VOX y con la corrupción.

Sin embargo, el crecimiento de la inflación, y las consecuencias de la guerra de Ucrania se sienten en Andalucía y proyectan un futuro incierto y generan ansiedad en la población. La recuperación podría descarrilar si no se toman medidas. El “futuro es un país extraño y amenazante”, parafraseando al maestro Fontana. Por consiguiente, existe la necesidad de ofrecer certidumbres, de construir un proyecto sólido, que no pretenda cambiarlo todo en pocos años, y que tenga una proyección de futuro. Si no acometemos la ardua tarea de ofrecer un proyecto transformador y realista no tendremos éxito frente a aquellos que lo único que defienden es volver al pasado.

¿Qué riesgos corremos en estas elecciones? Que la derecha se normalice en la Junta de Andalucía y siga con su labor de colapsar los servicios públicos, mientras favorece a las grandes empresas que se reparten espacios de negocio a costa del Estado del Bienestar. Nos jugamos que la extrema derecha continúe marcando la agenda al Presidente Juanma Moreno Bonilla, que pese a que se ha labrado una “imagen” de moderado, no deja de realizar políticas muy de derechas en nuestra Comunidad. Nos arriesgamos a que la extrema derecha gobierne nuestras instituciones democráticas, y logren cambiar la sociología de nuestra tierra e influyan en las políticas de la Junta, así como que los Fondos Europeos acaben en manos de cuatro empresas amigas del Presidente y de su Partido. Nos jugamos la democracia, nada más y nada menos.

Las políticas de la actual Junta son lesivas para los intereses de la mayoría social y pretenden revivir el modelo de los “pelotazos urbanísticos” de las décadas infaustas de inicios del 2000. Un ejemplo de ello ha sido tratar de amnistiar a los regantes que obtienen agua ilegal del Parque nacional de Doñana, que está en estado crítico por la falta de lluvias, el permitir la construcción de hoteles en parajes naturales, echar a 8000 sanitarios antes de la sexta ola, echar a 2500 docentes además del cierre continuado de aulas públicas, echar a 1000 trabajadores del INFOCA, realizar una reforma fiscal regresiva que beneficia a los que más tienen, etc. Un giro hacia el pasado que no tiene ninguna respuesta a los problemas del presente ni del futuro. Un repliegue hacia recetas fallidas que ya sabemos hacia donde nos llevan: al aumento de la desigualdad, a enriquecer a los que más tienen, a aumentar el cambio climático, aumentar la pobreza, y mantener en la precariedad a miles de andaluces y andaluzas.

El PSOE-A ha escogido a un candidato con poco fuelle en Andalucía para tratar de ganar la Junta. Juan Espadas es un político centrista, del aparato, con poco carisma y sin muchas ideas. Ha dado bandazos intentado realizar una “oposición útil” (no se sabe a qué) y casi acaba metido en la trampa presupuestaria que hábilmente le puso Moreno Bonilla. El PSOE-A está en un estado de apatía y tiene unas perspectivas mediocres. No podemos, salvo sorpresa de última hora, esperar grandes movimientos dentro del PSOE para revertir la situación. Siguen empeñados en querer “pescar” en el voto centrista que votaba a Ciudadanos, y que ahora se ha derechizado. Estrategia que tuvo escaso éxito en las campañas de Madrid y Castilla y León.

Teniendo en cuenta la situación del PSOE-A, nuestro espacio político, la izquierda alternativa, debe de dar un paso al frente. Salir de lugares comunes y avanzar hacia un diseño de candidatura que mire hacia el futuro, y que sea innovadora. No se trata sólo de sumar siglas, que son condición necesaria pero no suficiente, sino de sumar a personas provenientes de la sociedad civil, de los sindicatos de clase, de la Universidad, etc., que hagan más rica la candidatura y permita ampliar el espacio con vistas al futuro. Tenemos que reflexionar con la ciudadanía andaluza de izquierdas y progresista qué modelo de sociedad queremos construir para la próxima década que sea justa socialmente, ecologista, feminista, centrada en el mundo del Trabajo y federalista. Debemos ser “el Partido” del Estado del Bienestar, de la Transición Ecológica y la Justicia Social.

Debemos evitar el repliegue sobre nosotros mismos en momentos de incertidumbre. No podemos caer en buscar un candidato/a del apparátchik, sino a uno/a, que supere y amplíe el espacio político y logre movilizar parte del electorado que ve con perplejidad la situación actual de la izquierda. Las lecciones de Castilla y León son demoledoras, el espacio de la izquierda alternativa, sin un proyecto definido, sin sumar a más gente que la que hay, con falta de implantación territorial, y con liderazgos agotados, tienen un recorrido corto y una curva descendente. Hay que hacer lo contrario a lo que pregona Ignacio de Loyola, “en tiempos de crisis haz mudanza”. La fortuna nos ha dado una nueva oportunidad a la izquierda alternativa con la aparición en escena de Yolanda Díaz, y con su buen hacer en el Ministerio de Trabajo. Si sabemos aprovechar la oportunidad podremos virar el tablero político hacia la izquierda y construir un espacio político que nos permita llegar a la Junta de Andalucía en un gobierno de coalición progresista y de izquierdas, que encare los problemas heredados del pasado, como afrontar los grandes desafíos al que nos enfrentamos en el futuro, como la gestión de los Fondos Europeos o el cambio climático.

Tenemos esta oportunidad. No la desaprovechemos, si no: “la Historia nos juzgará y no nos absolverá”.

Notas:

*Pedro González de Molina Soler es ExSecretario de Educación y Formación de Podemos Canarias. Profesor de Geografía e Historia en el IES Vega de Mar (Málaga).

Un viaje culinario por Palestina, Laila El-Haddad y Maggie Schmitt

No es un libro de cocina al uso este libro. Ya el título nos puede alertar: Las cocinas -que no la cocina- de Gaza, ese lugar que, como recuerda Raquel Martí, directora de la UNRWA en España, en su documentada Presentación, los informes de la ONU califican de inhabitable. Y, sin embargo, sí que es un libro de cocina… y mucho más. Es el fruto del trabajo de campo emprendido durante el año 2010 por las autoras Laila El-Haddad y Maggie Schmitt.

Desde el principio, optaron por las comidas caseras -patrimonio casi exclusivo de las mujeres- en lugar de la comida de restaurante, mucho más uniforme en toda la región y patrimonio casi exclusivo de los hombres.

Las mujeres que con extremada calidez y amabilidad abrieron las puertas de sus cocinas a Laila y Maggie provienen de todos los puntos de la Palestina histórica, pues Gaza, esa prisión al aire libre, fue tierra de acogida de aquellas familias que tuvieron que abandonarlo todo para no perder la vida. Primero fueron tiendas de campaña, sustituidas más tarde por construcciones precarias, que fueron creciendo a lo largo de los años de negativa israelí a acatar las resoluciones de Naciones Unidas sobre el derecho al retorno de los refugiados.

Muchas de las mujeres protagonistas de este libro, de segunda y tercera generación de refugiadas, si ese derecho se hiciera efectivo, no podrían volver a sus pueblos porque fueron destruidos por las milicias y el ejército israelí entre 1948-1949 (418, en concreto desaparecieron literalmente del mapa).

Las autoras nos revelan el misterio de cómo Um Hana, que proporciona la receta de dugga -esa mezcla de trigo, legumbres trituradas y especias, todo tostado y molido, tan nutritiva-; Um Zaher, que corta acelgas y cebollas para preparar la fogaía, un delicioso guiso de acelgas, garbanzos y arroz; Fátima Qaadan, que cocina una espléndida comida de Ramadán, y tantas otras consiguen llevar a la mesa esos manjares cotidianos…

Si bien, debido al asedio israelí, solo en contadísimas ocasiones, como mucho una vez por semana, pueden elaborar esos deliciosos platos de comida casera, ricos en verduras variadas, carnes tratadas con esmero y sazonadas con una paleta de hierbas y especias -y guindilla, mucha guindilla: esos pequeños pimientos rojos hacen furor en las cocinas gazatíes-, sin olvidar los pescados. “Si no fuera por el luminoso horizonte azul del Mediterráneo, Gaza podría parecer una mazmorra”, nos dicen las autoras. El pescado, básico en la dieta de Gaza, está presente en variadas y apetitosas recetas: hbari u ruz, chipirones con arroz tostado, saiadía, arroz marinero, kefta sardina, croquetas de sardina, saltaone mashui, cangrejos rellenos al horno… Pero, hoy en día, es casi imposible acceder a él: los barcos pesqueros no pueden salir de una zona de exclusión marcada arbitrariamente por Israel, a pocos metros de la costa. Por ello, piscicultores “de agua dulce”, como los hermanos Iyad y Ziyad se presentan a las autoras, tratan de suplir ese escaso y caro pescado de mar criando tilapia y mújol. Aunque, se lamentan nuestras cocineras, su sabor nada tiene que ver con el pescado que hizo a Gaza famosa en toda Palestina.

Pero ellas no reblan, en solitario en sus cocinas o unidas formando cooperativas, salvando todas las dificultades -agua contaminada (el 96% de las aguas del acuífero de Gaza están contaminadas), cortes de electricidad cada vez más prolongados- sostienen la vida y perpetúan la cultura.

Han pasado más de diez años de la primera edición de este libro, y las autoras, en la Introducción a la edición en castellano, lamentan el empeoramiento de la situación: la pobreza se ha enquistado, dicen, y las expectativas disminuyen. Y vuelven a asombrarse porque “mientras algunas de las circunstancias que aquí se describen han cambiado, los relatos y las tradiciones, y el infatigable buen humor que observamos a lo largo de nuestra investigación subsisten inalterados”.

Y añaden “después de diez años de pobreza en aumento en Gaza, este libro ha asumido una triste función: documentar para los propios habitantes de Gaza tradiciones culinarias que no pueden ser transmitidas a las generaciones más jóvenes sencillamente porque las familias no tienen los medios necesarios para hacerlo”.

Las recetas, las historias y las anécdotas narradas entre pucheros y sartenes se maridan en el libro con un considerable número de fotografías tomadas por las autoras, que nos guían durante ese viaje culinario por Palestina.

Las cocinas de Gaza. Un viaje culinario por Palestina
Laila El-Haddad y Maggie Schmitt
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2021.

En Banca paga más quien menos tiene.

“Tanto tienes, tanto vales”, decía el clásico de finales de los 80 de El Último de la Fila. “Y sí tú no tienes nada, a galeras a remar”, añadían Manolo García y Quimi Portet en ese tema, convertido ya en uno de los himnos de aquella generación. La frase se puede aplicar a muchos ámbitos, tanto sociales como económicos o políticos. Y desde luego es totalmente aplicable a los clientes del sector financiero en la actualidad.

La caída de los tipos de interés y la consiguiente pérdida de márgenes para los bancos, ha provocado en los últimos años que las entidades tengan que buscar otras fuentes de ingreso alternativas, que permitan mantener los resultados suficientes para asegurar la viabilidad del negocio. Y las comisiones se han convertido en una de las vías principales para lograr ese objetivo. Hasta ahí, todo perfecto, lógico, entendible y asumible. El problema radica en cómo se ha planteado el cobro, o la exención, de esas comisiones.

– Fidelidad sustituida por rentabilidad

Para establecer su estrategia en este aspecto, los bancos acudieron a un término que ya se había acuñado tiempo atrás, el de cliente fiel, pero desviando el concepto primitivo hacia otro con un matiz un poco diferente: el de cliente rentable. Una vez más, asistíamos a un cambio de valores. La fidelidad del cliente era sustituida por su rentabilidad. Una permuta poco perceptible en principio, pero de consecuencias mucho más perniciosas de lo que a priori pudiera parecer.

Porque un cliente, para ser rentable, tiene que tener, no solo domiciliada una nómina consistente, sino que, además, debe tener contratados otros productos. En concreto, tarjetas de crédito, fondos, planes y seguros que, en la situación actual de los tipos de interés, son los únicos que otorgan rentabilidad al banco. Por eso, en su estrategia comercial de comisiones, las entidades decidieron que estarían exentos de pagarlas solo aquellos clientes que, además de la nómina, tuvieran contratado un determinado mix de estos productos.

Aquí es donde surge la paradoja. Un elevadísimo porcentaje de las familias españolas llegan justitas, o ni eso, a fin de mes. Por lo que resulta imposible que puedan destinar ahorros a contratar fondos, planes o seguros privados. Y en cuanto a lo de usar una tarjeta de crédito, la lógica y los datos muestran que, a menor renta, menor uso de la misma. Así que, para acceder a servicios financieros, esa mayoría social de rentas medias y bajas ve mermados aún más sus cortos ingresos con el pago de comisiones bancarias, no precisamente bajas en muchos casos. Mientras tanto, una vez más, quienes más tienen se ven favorecidos por su propia situación de privilegio para ahorrarse unos cuantos euros. Unos euros que, en su caso, apenas representarían una leve migaja en comparación con sus ingresos totales.

– ¿Volverá el colchón?

Se produce así una doble exclusión financiera. A la generacional, de la que tanto se habla en la actualidad, se le une otra más ladina, más oculta, pero no menos real ni menos grave: la exclusión financiera social, directamente relacionada con tus ingresos y tu capacidad de gasto y de inversión. Esta exclusión afecta también, e incluso en mayor medida, a los jóvenes, que no tienen capacidad de ahorro suficiente para contratar el tipo de productos que les permitiría no pagar comisiones. En resumen, si llegas justo a fin de mes, más te vale hacer lo que mis abuelos: guardar tus pocos euros en el colchón e irlos sacando de ahí según vayas necesitando pan y aceite.

Estoy de acuerdo en que el cliente debe pagar por los servicios bancarios, como por cualquier otro servicio de cualquier otra empresa, pero el sistema que se han buscado las entidades, desde luego, no parece el más justo. El cobro porcentual, por ejemplo, similar al pago del IRPF, o un sistema parecido al del IVA, serían prácticas más lógicas desde el punto de vista social. Y seguro que los sesudos responsables de marketing podrían encontrar otras muchas alternativas.

Ahora que tanto se nos hincha el pecho hablando de la “responsabilidad social corporativa” de las empresas, freír a comisiones al cliente que menos tiene evoca los tiempos de la usura. Porque, como entonces, el desfavorecido no tiene escapatoria. Puede irse a otro banco, pero la situación que va a encontrar va a ser la misma o parecida. Una vez más, aquí hay que recordar que las cajas de ahorros nacieron, precisamente, con el principal objetivo de combatir la usura y así constaba, de manera explícita, en sus principios fundacionales. La muerte de las cajas ha resucitado viejos fantasmas y malas prácticas bancarias.

– Los tiempos los construimos nosotros

Llegados a este punto, muchos argumentarán que “eran otros tiempos”. Cierto. Pero los tiempos también se construyen. No nos vienen dados por designios mágicos. Los construimos los seres humanos. Los tiempos de guerra, los de paz, el cambio climático, las crisis energéticas y económicas, incluso las pandemias… no son etapas ajenas a la mano humana, a nuestras conductas, a nuestros errores o a nuestros aciertos.

Los tiempos actuales, además de las amenazas globales de sobra conocidas, no avanzan hacía un mayor equilibrio social, sino todo lo contrario. La desigualdad económica se acentúa cada vez más en nuestra sociedad y no se vislumbran muchas medidas, ni capacidades ni, tal vez, ganas de solucionarlo. Todo suma, o más bien en este caso, todo resta. Y que los bancos carguen el mayor peso de las comisiones a espaldas de quienes, al final, suelen pagar el pato de todo, no ayuda precisamente a avanzar hacia una sociedad más justa y más equitativa.

Notas:

*Jose Luis Cantalejo es exdirector de Comunicación Interna de Caja Madrid y Bankia. Twitter: @Singsfar

Desde el 11 de febrero de 2022, los colectivos y movimientos de las mujeres y madres por la derogación de la Ley de Alienación Parental celebran lo que, tal y como ha manifestado a través de su cuenta de twitter la Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, es “una noticia muy bienvenida”. Nos referimos a las Recomendaciones del Consejo Nacional de Salud de Brasil solicitando la derogación de la Ley de Alienación Parental y la prohibición de los términos “alienación parental” (AP), “actos de alienación”, “síndrome de alienación parental” (SAP) y sus derivaciones en el sistema judicial y en las prácticas en el área de la salud. Este logro se basa en pronunciamientos internacionales, destacando en especial la reciente declaración de la ONU sobre las violaciones a los derechos de las mujeres y las niñas y los niños en España.

Lamentablemente no hubo manifestaciones de las entidades correspondientes en Brasil ni de los medios de comunicación, tampoco existió suficiente repercusión en las redes sociales. Afortunadamente, el apoyo internacional se multiplicó, feministas de todo el mundo se sintieron aliviadas de saber que el país finalmente había reconocido el gran error cometido con la institucionalización del supuesto síndrome de alienación parental. De acuerdo con la investigación académica publicada por Sibele Lemos y Sheila Stolz, la búsqueda de los términos “alienación parental” y “síndrome de alienación parental” en el sistema del tribunal de Justicia del estado brasileño de Rio Grande do Sul, arrojó 547 decisiones tomadas entre 2006 y 2020. Tan solo entre 2019 y 2020, existieron 118 decisiones judiciales que implicaban acusaciones de alienación parental, de las cuales 107 estaban dirigidas a mujeres.

Esta recomendación del Ministerio de Salud brasileño es acorde al posicionamiento de los organismos internacionales y procedimientos especiales de derechos humanos. Por ejemplo, en 2021, 4 mandatos de Naciones Unidas se dirigieron al Estado español manifestando su preocupación por la utilización de este supuesto síndrome, y conceptos y términos similares en España -indicando que sucede también en otros países-, resaltando que: “… el 15 de febrero del 2020 la Organización Mundial de la Salud eliminó la alienación parental de su índice de clasificación”.

Además, la Plataforma EDVAW, compuesta por los mecanismos de expertas independientes sobre discriminación y violencia contra la mujer, desde 2019, trabaja para combatir la pseudo-teoría, que surgió en Estados Unidos y que está ocasionando víctimas en todo el mundo, teniendo en Brasil como uno de los casos más paradigmáticos el de la muerte de la niña Joanna Marcenal. El caso se refiere a una niña de 5 años, alejada de su madre que había denunciado por abusos físicos al padre. A pesar de esta denuncia, se le otorgó la custodia al padre bajo el argumento de que se trataba de un caso del supuesto “síndrome de alienación parental”. Situaciones similares ocurren en Brasil y en el mundo y, por este motivo, la ya mencionada Plataforma EDVAW emitió una declaración conjunta con una alerta global sobre los peligros del uso de los conceptos SAP y AP. Alerta basada en casos concretos por la falta de diligencia en la determinación de la custodia de menores en situaciones de violencia de género y que cita recomendaciones anteriores, entre las cuales se incluye la prohibición explícita del uso del concepto síndrome de alienación parental emitida por el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI) en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Al igual que España (que no cuenta con una ley, pero se da en la práctica), Brasil también está siendo observado por organismos internacionales. La OEA, en su informe de 2019, indicó que las denuncias de violaciones de los derechos de los niños y las niñas mediante el uso de la Ley de Alienación Parental, como forma de garantizar la custodia de un/a menor/a para el padre acusado de violencia, constituía el 50% del total de las denuncias sobre violaciones contra niños y niñas en Brasil. El Comité CEDAW (Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer de Naciones Unidas) ha preguntado al Estado brasileño sobre las consecuencias de Ley de Alienación Parental en Brasil, enviando nuestro Colectivo información en este sentido al Comité. El Estado brasileño ha declarado que está al tanto las “grandes injusticias” que ocurren a través de esta ley y que se encuentra en proceso de revisión.

Los medios locales no denuncian de forma exhaustiva que en Brasil, 12 mujeres son asesinadas todos los días, 7 mil niños y niñas son asesinados/as y 45 mil son víctimas de abuso sexual cada año. Se intenta ocultar, por lo tanto, a través de la pseudo-ciencia, el verdadero estatus que tiene la alienación parental, así como su amplio rechazo por la comunidad internacional, lo que es preocupante. Consideramos imprescindible que las supervivientes de violencia de género en Brasil encuentren apoyo y visibilidad a través de la comunidad internacional, dada la situación tan grave que estamos viviendo al estar este supuesto síndrome en la propia ley, buscando legitimar y construir un falso reconocimiento científico. Necesitamos una amplia divulgación de las Recomendaciones del Consejo Nacional de Salud para que se avance, con urgencia, en la derogación de la Ley de Alienación Parental. Esta conquista sería un importante paso para que esta pseudo-teoría no pueda causar más víctimas ni en Brasil ni en ninguna otra parte del mundo. 

Notas:

*Colectivo de mujeres/madres que luchan por el reconocimiento del derecho a la maternidad sin violencia. Entendemos que la lucha de las madres es la lucha de todas las mujeres y que romper con los ciclos de violencia y proteger a nuestras hijas e hijos de sus padres agresores no es un crimen, es parte del ejercicio de la maternidad. Mujeres/madres y niños y niñas tienen el derecho de vivir una vida libre de violencias, es un principio universal de los derechos humanos. Somos resistencia, lucha y acogida. Divulgamos información y denunciamos el uso de la ideología de la alienación parental, en forma de ley, como estrategia de defensa de los agresores en procesos de litigio sobre la custodia de los hijos e hijas, dado que se legitima la violencia institucional contra las víctimas y se obstaculiza el acceso a las leyes de protección por la mordaza impuesta por el Poder judicial brasileño. Facebook @cpivozmaterna, Instagram @cpivozmaterna2017, Twitter @cpivoz.

Quizás, una de las máximas dificultades para un escritor sea la de adentrarse en la dificultad, que concentra en cada palabra su espesura, sin perder de vista cuestiones de la novela que aluden a su todo como son la estructura o la trama. Es esta dificultad (dificultad poética, expresiva, de ideas) lo que hace que el libro de Marina Closs brille de forma especial.

Dificultad, por lo tanto, entendida como la complejidad que todo gran libro debe poseer: la complejidad encubre un misterio que el lector debe desentrañar. Esto, en el fondo, no es más que la proyección de un concepto tan básico como clave de los textos literarios: hay un texto y un subtexto, algo que se ve y parece evidente y otra cosa que debe descubrirse. Esto explica el arte de la literatura, pero también es una de las razones por la cual la lectura es, sobre todo, una diversión.

Resulta estimulante leer libros como Tres truenos. Para empezar, Closs consigue expresiones de gran intensidad que obligan a detenerse en el texto y releer (“yo trataba de morderme el grito que me saltaba de los labios”, “escribir, escribía con letras muy grandes, como si estuviese siempre gritando”). Esta expresividad la consigue, además, acudiendo a un gran repertorio de figuras que pasan desapercibidos a los ojos del lector por la intensidad con que consiguen enunciarse y construirse. Metáforas, adjetivos, comparaciones… Repeticiones (tanto en la misma frase para producir efectos de extrañamiento y misterio como más repartidas en el texto para apuntalar la estructura de los monólogos) o el uso sorprendente de los infinitivos, las comas y las conjugaciones verbales.

Marina Closs

El título describe plásticamente lo que son las tres historias. Tres mujeres. Vera Pepa, la primera, pertenece a la comunidad mbyá guaraní, donde parir gemelos es símbolo de adulterio y maldición. La segunda es Demut, una alemana que, a principios del siglo XX llega a la provincia argentina de Misiones con su hermano, con el que mantiene una relación incestuosa. La tercera mujer, Adriana, es una estudiante que descubre el amor y la sexualidad en la época presente.

Las historias de Marina Closs están atravesadas por el sacrilegio, la moral fronteriza, la violencia y el placer culpable. Resulta muy interesante, también, la forma en que estas tres mujeres parecen tener que traducir en palabras sus experiencias. Esto es importante y parece caracterizar nuestra cultura: para expresar un sentimiento o una experiencia, hay que hacer el esfuerzo de verbalizarlas. La palabra no surge de forma natural y hasta se intuye que podría prescindirse de ella y substituirse por un mordisco o una canción si lo que tuviéramos entre las manos no fuera una novela. Esto, por supuesto, puede ser un gesto irónico: recurrir a las palabras al mismo tiempo que se nos transporta a un territorio que las excluye.

Pero, y esta sería la tercera opción y la que creo que más se ajusta a Tres truenos, el espacio que existe entre lo verbal y lo no verbal podría ser también el espacio donde crece lo poético: palabras en que el significado se extiende, por composición, a la interioridad invadiéndola por completo, de forma que lo dicho (¿más que lo escrito?) no podría haberse dicho de ninguna otra forma. Un camino a lo esencial. Así, llegamos a alumbrar otra característica muy llamativa de muchos creadores contemporáneos: la mezcla de géneros y lenguajes, una novela que es más narración que novela. Narración, incluso, oral, con lo que se toca otro elemento del genio estilístico de Closs: convertir un texto en un pedazo de oralidad mediante el ornamento y la figura, igual que Lope de Vega o Góngora conseguían hacer pasar por literatura oral sus estilizadas imitaciones del romancero.

Notas:

Tres truenos, Marina Closs, editorial Tránsito, 2021

Guillem Santacruz es escritor y ensayista. Ha ganado el Premio Ateneo de novela joven 2021 con La conjetura de Reiner.

El mítico disco del músico canadiense cumple hoy 50 años

Quiero vivir,
Quiero dar,
He sido un minero
Por un corazón de oro.

Un minero a la búsqueda del tesoro, de la gema más valiosa, de aquel mineral que se transfigura en precioso, único e irrepetible. Así son las joyas artísticas, cinceladas con precisión, modelando la roca bruta en una alhaja luminosa y refulgente. Crear belleza a partir de la nada, como los alquimistas que cristalizan lo imposible. Heart of Gold, corazón de oro, es seguramente una de las canciones más famosas de Neil Young, un artesano que supo redefinir con maestría las profundas tradiciones musicales norteamericanas en un disco histórico, a menudo olvidado, pero que marcó la música rock para siempre.

¿Qué hace que un disco se convierta en legendario? Depende de una multiplicidad de factores diversos que deben converger espontáneamente en un momento concreto, pero que, al mismo tiempo, necesitan de manera indispensable: innovación, genialidad y legado. Harvest es una obra excepcional. No forma parte de los 50 mejores discos de la historia, pero nadie discute su impronta artística. Seguramente se debe al personaje, hosco, poco amigo del showbusiness, antidivo, que a diferencia de otros artistas no crean una figura notoria y vendible. Neil Young es un antihéroe americano, siempre ha sido molesto, no ha dejado nunca de denunciar los gobiernos de turno, en una posición contestataria, insobornable y disidente. Así no se forjan las estrellas, así es él, cómo también lo es Bob Dylan, artistas que incomodan y que lejos de relucir se convierten en personajes incomprendidos, en sospechosos habituales. Su carácter indomable le ha llevado a suprimir este mes de enero todas sus canciones de Spotify por razones éticas. Hace años un periodista le preguntó si creía que los artistas tenían la responsabilidad de compartir su visión del mundo. “No” contestó. “Lo sé, es irresponsable por mi parte, pero es simplemente algo que hago. Así soy yo”.

Neil Percival Young nació en la ciudad canadiense de Toronto, el 12 de noviembre de 1945. Con 5 años ya empezó a interesarse por la música popular norteamericana y su ídolo de adolescencia fue Elvis Presley, a quién quería parecerse. Su primer grupo fue los The Squires y poco después conoció Stephen Stills con quien formó Buffalo Springfield. En solitario grabó su primer disco en 1968 y un año más tarde Everybody Knows This is Nowhere, con grandes temas como Cinnamon Girl o Down by the River. En 1969 se unió a una de la superbandas más famosa de todos los tiempos, Crosby, Stills, Nash & Young que en agosto de 1969 tocaron en el mítico Festival Woodstock. En 1970 abandonó la banda y grabó su tercer disco en solitario, el magnífico After the Gold Rush, su primer gran éxito.

Febrero de 1971, Young fue a Nashville para tocar en el programa de televisión The Johnny Cash Show donde Linda Ronstadt y James Taylor también aparecían. El productor Elliot Mazer había inaugurado el estudio Quadrafonic Sound en la ciudad, e invitó a Young a cenar el 6 de febrero para convencerle de que grabara ahí su siguiente disco. Young tenía trabajadas nuevas canciones que ya tocaba en directo en su última gira, y comentó a Mazer que necesitaba una banda. Young tomó la decisión de comenzar a grabar esa misma noche.

Aquí empezó la gestación de la que es considerada para muchos su obra maestra, Harvest, y también fue el inicio del idilio que tengo con este disco que me ha acompañado todos los días de mi vida, en vinilo, casete, cd, radio, streaming y también a la guitarra. Aquella fría noche de invierno en Nashville, Mazer encontró al batería Kenny Buttrey, al bajista Tim Drummond y al guitarrista Ben Keith. Tras grabar su participación en The Johnny Cash Show el domingo por la noche, Young invitó a Ronstadt y a Taylor, se sentaron los tres en un sofá y grabaron los coros de Heart of Gold y Old Man. Las canciones más roqueras fueron grabadas en el granero del rancho que Young había comprado hace poco en California.

          

Kenny Buttrey (batería), Tim Drummond (bajo), Jack Nitzsche (piano), John Harris (teclado) y Neil Young (guitarra) – REPRISE RECORDS.

10 temas, 10 gemas, 10 maravillas que brillan y que fluyen en una obra que se ha convertido en el disco más conocido y vendido de Young tras alcanzar en 1972 el primer puesto en la lista Billboard 200, y con el sencillo Heart of Gold que también llegó al número uno. El éxito de Harvest fue inesperado. Un personaje como Young, en cierto modo huraño, no pudo aceptar el estrellato y se alejó de los focos: “Ese disco me puso en medio de la carretera. Viajar ahí pronto se convirtió en un aburrimiento, así que me dirigí a una zanja. Un paseo áspero pero vi gente más interesante ahí”, dijo entonces. No quería ser estrella y se convirtió en una, a pesar suyo. Harvest, “cosecha”, es un disco que, como dice su nombre, nace de la tierra americana, de las raíces, de las músicas folk, del country y de la música negra. Young supo mezclar toda esta tradición para crear una nueva sonoridad que le ha acompañado en una larga carrera creativa, prolífica, honesta y coherente. Se ha convertido a pesar de él mismo, en una respetada leyenda de la música, y sigue tocando con una energía inusitada a sus 71 años de edad, rocanroleando en un mundo libre…

Es difícil destacar algún tema, pero si tuviera, elegiría estos tres: Old Man, mi preferida, una canción que se mueve entre el folk y el rock, no es ni una cosa ni la otra, es una combinación superlativa que encumbra a Young como un músico capaz de reinventar los sonidos clásicos del folclore norteamericano. Alabama, es un crítica al racismo, a la homofobia, al pensamiento conservador que rige los principios morales del Sur. Aquí gana el rock y muchos ven en este tema la semilla de lo que después fue el Grunge, y Young como uno de sus padrinos aventajados. Y por último el majestuoso Words Between the Lines of Age. Aquí tenemos un Young crepuscular, que reflexiona con tristeza sobre la esterilidad de su vida como músico de rock, que se sorprende al ser admirado, cantando palabras vacías, cuando inexorablemente, se desvanecen los años.

Harvest se publicó hoy, hace exactamente 50 años. Fue uno de los mejores discos de aquel 1972, un año que también produjo obras maestras, como Exile on Main Street, el mejor disco de los Rolling Stones, Machine Head de Deep Purple, Close to the Edge de Yes, Transformer de Lou Reed, Foxtrot de Genesis, Honky Château de Elton John, Facing You de Keith Jarrett, Talking Book de Stevie Wonder, sin olvidar que en mayo de ese mismo año, Pink Floyd entraba en los estudios Abbey Road de Londres para grabar The Dark Side of the Moon

Harvest ya forma parte de la historia de los top álbumes de todos los tiempos, no es el más conocido ni el más comercial, pero es seminal, heterogéneo, conforma el complejo universo sonoro del artista, donde el folk, el country y el rock se entrelazan para descubrir nuevas maneras de combinar nuevos y viejos sonidos. Armonías que  inspiraron miles de artistas, músicos que no sospechan lo mucho que el “anciano” Neil Young hizo por ellos y que, sin saberlo, se parecen mucho a él.

He sido el primero y el último,
Mira cómo pasa el tiempo,
Pero estoy completamente solo por fin,
Yendo a casa contigo.
Viejo, echa un vistazo a mi vida, me parezco mucho a ti.

Recientemente la Asociación para la Transparencia y la Calidad Democrática, entidad caracterizada por su opacidad y sin más actividad demostrada que su oposición a la remunicipalización del agua en Valladolid y la pugna judicial que ha emprendido contra el ayuntamiento de Barcelona, ha conseguido que la alcaldesa de esta ciudad sea investigada por temas que ya fueron descartados por la Justicia al archivar otra querella similar.

También es significativo el recurso presentado por la Cámara de Concesionarios de Infraestructuras, Equipamientos y Servicios Públicos (CCIES) integrada, entre otras, por multinacionales como Abertis, Alsa, Saba o Suez, contra el acuerdo adoptado por el Concello de Arteixo el pasado mes de octubre, en el que se aprobó cambiar la modalidad de la gestión del servicio de abastecimiento, pasando de ser prestado directamente por el Ayuntamiento a que lo haga una empresa de titularidad pública. Asimismo, es relevante que, desde el pasado mes de noviembre, Aguas de Barcelona y CCIES están enviando requerimientos e, incluso, interponiendo recursos ante el Tribunal Catalán de Contratos del Sector Público, que afectan a numerosos ayuntamientos a los que la empresa pública Aguas de Manresa suministra agua, en los que se cuestionan las encomiendas de gestión que estas administraciones realizan con la citada empresa pública y así abrir paso a la gestión privada de este servicio.

Estos casos, que se pueden calificar de actos de intimidación contra ayuntamientos que reivindican la gestión pública del agua, no son circunstanciales ni aislados, sino que se incardinan en una práctica sistemática del lobby privado del agua en defensa de sus intereses empresariales y de las políticas en pro de la privatización de los servicios de abastecimiento y saneamiento y contrarias a su remunicipalización y a la gestión pública. Manifiestan un claro posicionamiento ideológico que reivindica las políticas neoliberales, y que no dudan en imponerlo aprovechando los desequilibrios de poder que existen entre las empresas multinacionales y las administraciones locales y los movimientos ciudadanos.

En el último informe que Leo Heller, anterior Relator especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, presentó en 2020 a la Asamblea General de Naciones Unidas, se pone en evidencia que la gestión privada conlleva riesgos relevantes para el disfrute de estos derechos humanos, como consecuencia de la combinación de tres factores: la maximización de los beneficios, el monopolio natural de los servicios y los desequilibrios de poder. A partir de la publicación de este informe, Leo Heller pasó de ser un referente para el lobby privado del agua en temas de derechos humanos, a convertirse en la diana de sus críticas más acerbas y en el objeto de una campaña infame de desprestigio tanto a nivel nacional como internacional que llegó, incluso, hasta la presidenta del Consejo de Derechos Humanos y a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

De esta forma, el lobby privado del agua puso en evidencia el poder de influencia que dispone cuando se trata de defender sus intereses económicos y sus posicionamientos ideológicos. Pero este despliegue de medios y capacidad de influencia no es nuevo, sino que se manifiesta continuamente en numerosos aspectos que abarcan los ámbitos político, económico, legislativo, judicial, académico y de los medios editoriales y de comunicación. Siempre en defensa de políticas neoliberales y de la gestión privada de los servicios de abastecimiento y saneamiento, llámese gestión indirecta, privatización o colaboración pública-privada.

Existen numerosos ejemplos de estas prácticas que significan, en los términos que Leo Heller emplea en su informe, claros desequilibrios de poder entre el lobby privado del agua y las administraciones locales y la ciudadanía, y los movimientos y organizaciones que reivindican la gestión pública del agua, y que, en lo sustancial, se concretan en:

  • Su capacidad de relacionarse con el poder judicial al más alto nivel y transmitirle, a través de cursos de formación, el marco conceptual y práctico que justifica la privatización (Convenios entre el Consejo General del Poder Judicial y la Fundación Agbar entre 2011 y 2015). Las consecuencias de estas formaciones se pueden rastrear en numerosas sentencias favorables a los intereses del lobby privado, emitidas por algunos de los magistrados asistentes a los cursos.
  • La incidencia política para influir en las políticas públicas y en el contenido de leyes estatales en su propio beneficio, como es el caso de la Ley 27/2013 de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, que favorece la privatización de los servicios de agua y limita drásticamente su remunicipalización.
  • La sistemática judicialización de procesos de remunicipalización para obstaculizarlos, cuando no impedirlos, bien directamente, bien a través de asociaciones fantasma o de instituciones afines (Valladolid, Terrassa, Barcelona, Arteixo, Alcázar de San Juan, entre otros).
  • La aplicación de procedimientos judiciales para cuestionar la gestión democrática de aquellos ayuntamientos que defienden la gestión pública del agua. Esta práctica, conocida como lawfare, se ha aplicado singularmente en Valladolid, Terrassa, Alcázar de San Juan y recientemente, como ya se ha puesto en evidencia, en Barcelona, Arteixo y en los ayuntamientos abastecidos por Aguas de Manresa.
  • La utilización de prácticas de presión a los movimientos sociales para impedir la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones sobre el modelo de gestión de los servicios de abastecimiento y saneamiento. Al respecto, son significativos casos como los de la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II de Madrid cuando en 2012 se señaló a uno de sus dirigentes y se emprendió una campaña de descrédito hacia su persona y a la propia Plataforma. Más recientemente, fue relevante el boicot realizado entre 2017 y 2019 a través de nueve recursos contra el ejercicio del derecho a la participación en Barcelona para realizar la consulta ciudadana sobre el modelo de gestión en el Área Metropolitana de Barcelona.
  • El impulso y financiación de cátedras de agua en universidades públicas, que son un instrumento fundamental en la generación del conocimiento justificativo, entre otros temas, de las políticas, planteamientos e intereses del lobby privado del agua. Actualmente hay más de once de estas cátedras en universidades de Huelva, Granada, Málaga, Almería, Valencia, Cartagena, Murcia, Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
  • La utilización de medios de comunicación afines y propios para desprestigiar a la gestión pública y democrática del agua, tergiversar el alcance y contenido de los derechos humanos al agua y al saneamiento y colaborar con las campañas de desprestigio, incluso personales, de organizaciones que defienden alternativas a la privatización. Es muy relevante el caso del periódico digital Agora diario del agua, que es un medio digital sin publicidad que lo financie, pero con estrechos lazos con Suez, una de las principales multinacionales del agua. Este periódico digital tiene dos temas recurrentes: defensa numantina de las alianzas público – privadas (la privatización) y una campaña sistemática de desprestigio del actual relator especial de Naciones Unidas sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento.

Para llevar a cabo una buena parte de estas actividades de incidencia política y empresarial, el lobby privado cuenta con la Asociación Española de Abastecimiento de Aguas y Saneamiento, otrora prestigiosa entidad dedicada a temas técnicos y profesionales, pero que ahora, junto con la organización de la patronal Asociación Española de Empresas Gestoras de los Servicios de Agua Urbana (AGA), son la punta de lanza de la defensa y promoción de la gestión privada del agua. Precisamente AGA, en marzo de 2020, al inicio de la pandemia de la Covid-19, se opuso abiertamente a que el gobierno garantizara los servicios básicos de agua luz y gas y que se prohibieran los cortes de suministro arguyendo que estas medidas ocasionarían un déficit financiero estructural que pondría en peligro la sostenibilidad económica de las empresas. Con este posicionamiento, el lobby dejó claras sus expectativas de primar la consecución del máximo beneficio frente a la salud colectiva, incluso en una situación de crisis sanitaria. Este es, precisamente, otro de los factores identificados por Leo Heller que pueden poner en riesgo el disfrute de los derechos humanos al agua potable y al saneamiento.

Ante estas manifestaciones del lobby privado del agua de imponer sistemáticamente sus intereses y modelos de gestión privada, la Red Agua Pública (RAP) reivindica los modelos de gestión sin ánimo de lucro, públicos y democráticos basados en los principios y criterios definitorios de los derechos humanos al agua potable y al saneamiento. La RAP se solidariza con los gobiernos municipales que actualmente están sometidos a procedimientos judiciales por defender la gestión pública, y singularmente con Barcelona, Arteixo y los ayuntamientos abastecidos por Aguas de Manresa.

Notas:

*Gonzalo Marín, Miriam Planas y Leandro del Moral son integrantes de la Red Agua Pública.

Un homenaje al compositor Luis de Pablo

Eduardo Chillida, Broto, Marta Cárdenas, Elena Asins, Yturralde, Sistiaga, Victor Ávila, Sempere, F. García Sevilla, Alexanco, José Iges, Dick Rekalde, Jose Ramón Elorza, Palazuelo, Rafols Casamada, Soledad Sevilla, Roscubas, Cruz Novillo, Sistiaga, Jaume Plensa, Zóbel

Bilbaíno de nacimiento, el compositor y musicólogo Luis de Pablo, recientemente fallecido, Premio Nacional de música, además de haber recibido otros muchos reconocimientos y galardones dentro y fuera de España, fue gran amigo de la Galería Altxerri de San Sebastián. Y hoy recibe el homenaje de esta galería, que lo rememora con una de sus ideas sobre la representación del sonido: “la acumulación de fuerzas sonoras por un simple –o complejo– gesto plástico… una especie de premonición plástica de lo que luego va a ser la forma sonora.” (Juan María Solare, «Una conversación con Luis de Pablo», Sibila, nº 11, enero de 2003).

Raquel Ubago, fundadora de la galería, nos comenta que conoció a Luis de Pablos hacia la década de 1990, época en la que ella cambió su profesión de arquitecta por las artes plásticas, lo que le acercó a Marta Cárdenas, esposa del compositor. De esta manera se inició una relación estrecha de amistad basada en el vínculo que existe entre el arte en todas sus variedades y la música.

Por su parte, el director de la galería Javier Balda, añade que esta exposición que permanecerá abierta desde el 18 de febrero hasta el 12 de marzo de 2022, es un breve recuerdo a su memoria con algunos elepés de sus obras emblemáticas, carteles de cine y obras de artistas con un sentido de grafía musical.

La exposición muestra una serie de obras que contienen o aluden algo cercano a ese gesto plástico, a la notación musical o a una imaginaria plasmación gráfica del ruido, de lo musical, de lo sonoro o del silencio, algunas específicamente, otras como una evocación en piezas de varios artistas, algunos coetáneos, que tuvieron alguna relación con él, que coincidieron en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid de los años 70 o que estuvieron presentes en los Encuentros de Pamplona de 1972 de los que fue organizador con José Luis Alexanco (también fallecido el pasado año), con el patrocinio de la familia Huarte y de los que este año se conmemoran 50 años, todo un hito de las artes más radicalmente contemporáneas en ese momento. Con artistas como: chillida, Sempere, Plensa, Palazuelo, Elena Asins, Soledad Sevilla, Yturralde, Alexanco, José Iges, Broto…

Alexanco y De Pablo colaboraron asimismo en la instalación plástico-musical “Soledad interrumpida”.

Luis de Pablo es una de las personalidades sobresalientes de la música contemporánea española y europea de la segunda mitad del siglo XX; no solo compuso, también organizó y programó conciertos desde los años 60 del siglo pasado. Fue pionero en la difusión de la música culta contemporánea, y entre otras muchas iniciativas creó, con el patrocinio de Juan Huarte, ALEA, el primer laboratorio de música electroacústica en España. Trabajó desde la música incidental y la experimentación electroacústica a la creación de bandas sonoras para directores como Víctor Erice, Carlos Saura, o Javier Aguirre, realizadores de algunas de las películas que ya son un clásico fundamental del cine español (El espíritu de la colmena, La caza, Pippermint Frappé, La prima Angélica, Último encuentro…). Una colaboración cinematográfica estrechamente ligada al productor Elías Querejeta. Los carteles de estas películas se pueden ver en esta exposición, así como algunos elepés del músico como WE, Polar, Sonido de guerra, Tornasol o Portrait imaginé, ilustrado por su esposa, la artista Marta Cárdenas.

Queremos con este sencillo homenaje recordar la figura de Luis de Pablo, su incansable conocimiento y por extensión la importante relación del arte contemporáneo, en todas sus disciplinas, con la música y la investigación sonora. Nos dice Raquel Ubago.

Íbamos en la furgoneta de producción, camino a la localización, cuando Pastora me contestó: «El problema no es que los guionistas no piensen en mujeres de mi edad para papeles protagonistas. El problema es que seguimos viviendo en una sociedad donde impera el heteropatriarcado». Pastora Vega que tiene 61 años y ha intervenido en un gran número de series y películas de la gran pantalla (Delirios de amor, Bandolera, Amar en tiempos revueltos, El sueño de Tánger, Casas de fuego, Todos los hombres sois iguales, La sonámbula, Un crisantemo estalla en cinco esquinas, El chevrolé o Un asunto privado) me estaba denunciando la invisibilidad que sufren las actrices a ciertas edades. Era la primera vez que hablábamos. Recuerdo que estaba justo en el asiento de atrás, que no podíamos acercarnos, ni podíamos mirarnos las caras; y que aun así, nos reconocimos comulgando en el mismo dolor. Los estereotipos de género afectan a las mujeres de todas las edades. Yo, que soy una mujer de 33 años, sabía perfectamente desde qué lugar me estaba hablando: el dolor ha sido para nosotras un espacio común en toda la historia. Estuve unos días pensando en aquella conversación que tuvimos que dejar a medias, así que decidí invitarla a comer unas semanas después para poder seguir escuchándola. En el fondo, su denuncia también era esa: quería ser escuchada.

«He transitado el desierto profesional desde los 45 años. Y lo he llevado mal, con paciencia, dejando que pasara el tiempo y dedicándome a hacer otras cosas. Ahora vuelvo a trabajar, pero los papeles que estoy interpretando son los de la madre, de la abuela, de la tía, del o de la protagonista. Acompaño a contar la historia, pero nunca se cuenta desde mi voz, desde mi mirada, desde mi forma de estar en el mundo», siguió contándome. «Las mujeres mayores estamos infrarrepresentadas en el cine y cuando por fin aparecemos, ¿qué roles estamos ocupando? ¿Se refleja realmente nuestra realidad como personas mayores o son estereotipos acerca de nuestros rasgos, de nuestras capacidades?» Hay un largo etcétera de películas en las que la vejez femenina se interpreta desde roles secundarios y con representaciones negativas que apelan a estereotipos de viudas vividoras, de mujeres desamparadas y convertidas en víctimas, de marujas, de dependientes; como una carga social, pasivas, con una función doméstica central, pidiendo permiso para volver a enamorarse o para poder sentirse deseadas. 

«No sé qué mensaje les estamos transmitiendo a la gente joven desde esas representaciones, pero desde luego no me extraña que en mis últimos trabajos haya percibido otro respeto y otra manera de actuar frente a los mayores. Cuando a mí me tocaba rodar con Paco Rabal u otras personas mayores de mi generación, nos poníamos a comer alrededor de ellos y les llenábamos de preguntas. Queríamos saberlo todo. Ahora parece que se haya perdido esa admiración por el que ya ha vivido más. Hay una cierta soberbia, hay un no mirar hacia atrás, como si todo estuviera por hacerse y no hicieran falta los referentes. Nosotras ya hemos sido hippies, veganas y feministas», recordaba con un poco de nostalgia. Las espectadoras necesitamos escuchar todas las voces, reconocernos en la pantalla, tener mujeres-faro. Es relevante quiénes nos narran la historia para que vayamos aprendiendo, nosotras, todas, a transitar por caminos no convencionales. 

© Luis Malibrán

En el ideario colectivo, el valor social de la mujer ha estado ligado a nuestra belleza. La mirada masculina es la que sigue gobernando, es la que nos pone en la posición de ser observadas y en consecuencia la que nos exige estar perfectas para poder levantarles el ánimo. Por eso nuestra vejez no interesa: porque desde su mirada ya no somos una femme fatale. Ya no somos su entretenimiento. Por contra, ellos siguen siendo héroes a los cincuenta y Richard Gere es interesante, no viejo. El cine puede sostener muchos de estos estereotipos y prejuicios sociales. Usémoslo como antídoto contra ellos y no como un transmisor. Que la reyerta a pie de calle no sea sólo por hacer películas sobre mujeres mayores, sino porque su presencia en ellas sea igual de digna como la de cualquier otra persona.

Pastora Vega tiene entre manos un proyecto audiovisual junto a un grupo de actrices argentinas donde ella es la más joven. El principal objetivo de esta iniciativa es luchar contra el edadismo y contar por fin la historia desde sus propias voces.

Notas:

*Cristina Abelló es productora audiovisual y gestora cultural.

**La foto destacada es de Luis Malibrán.

Dijeron que mantendrían la discreción sobre lo que habían tratado o debían hablar en la mesa de diálogo y que no se pondrían ningún tipo de calendario de reuniones ni de plazos.

Sobre la discreción no cabe duda de que la mantienen estrictamente. Pronto se cumplirán cinco meses desde que Pedro Sánchez se reunió durante dos horas con Pere Aragonès y del posterior encuentro entre delegaciones del Gobierno español y del catalán durante dos horas más, y no han explicado nada en público sobre lo que trataron. Fue un éxito, eso sí. En esta valoración coincidieron todos los que participaron. Lástima que no se pueda saber el motivo.

No sabemos tampoco cuándo será la próxima reunión. La ministra Isabel Rodríguez ya dijo que eso tendría lugar cuando tuvieran algo acordado. En conversaciones discretas, hay que suponer.

Además de la ausencia de perspectivas de solución de los problemas generados por la represión contra el soberanismo catalán, de las inhabilitaciones, de los miles de procedimientos judiciales abiertos contra ciudadanos acusados de querer subvertir el orden centralista, de la incapacidad del progresismo español de hacer posible el retorno de los exiliados, además de las multas, amenazas, detenciones… el Gobierno y el aparato judicial españoles lo que hacen de momento es añadir obstáculos a una hipotética agenda de conversaciones. No dejan de crear problemas nuevos, como la aparición y desaparición de 1.700 millones de inversión pública que no podían servir para otra cosa que para hacer más grande el aeropuerto de Barcelona, el olvido de las lenguas diferentes del castellano en los planes de protección de la industria audiovisual, «solucionado» con una partida anual -¡de 15 millones!- para la producción de contenidos en catalán, vasco y gallego; la recuperación de la política educativa de José Ignacio Wert, la de la españolización de los niños catalanes, con la aplicación de sentencias contra la inmersión lingüística, la retirada de las actas de diputado a personas desobedientes que se han expresado y se expresan públicamente en contra de la represión, en favor de la libertad de expresión y en contra de la extrema derecha implantada en el aparato jurídico y policial del Estado.

«Que se respete la ley», dicen los representantes del Gobierno central y de los partidos nacionalistas españoles, en sintonía con magistrados que, por ejemplo, avalan la competencia de la Junta Electoral para poner límites a la libertad de expresión de los miembros del Govern de la Generalitat, particularmente de su presidente y de cualquier diputado. Para dejarlo claro pasan por alto los resultados de las elecciones y privan de sus derechos a todo aquel que no siga las directrices de aquellos jueces que convierten sus tribunales en agentes activos de la vida política.

Los partidos del gobierno catalán, por su parte, hablan muy a menudo sobre las discrepancias estratégicas que mantienen, pero tampoco se sabe de qué estrategias hablan, porque ni unos ni otros han ofrecido pistas sobre cuál es el camino que tienen previsto ya no para conseguir la independencia de Catalunya, tal como lo proclaman de vez en cuando, sino para obligar el Estado a hablar sobre una ley de amnistía y a reconocer de alguna manera el derecho de Catalunya a decidir su futuro como nación. Mucho menos todavía saben explicar en qué se diferencia la Catalunya del futuro que sueñan unos y otros. Pero más allá de estos «detalles» y de las descalificaciones mutuas constantes que se dedican desde hace cuatro años, con evidente menosprecio del desaliento que generan entre la ciudadanía que les vota sin especial predilección partidaria, sí que expresan diferencias, no demasiado claras, sobre la voluntad de diálogo y la conveniencia de la confrontación con el Estado. Hay que suponer que todos tienen conciencia de que cualquier conflicto, por grave que sea, concluye con negociación, y que si se quiere negociar, aunque sea una tregua, hay que sentarse a hablar y tener contrapartidas, porque en caso contrario, si no se puede ofrecer nada o no se tiene capacidad de incomodar seriamente a la otra parte, no hay pacto posible. El ganador impone su voluntad y el perdedor capitula, o se rinde.

El diálogo real parece en estos momentos paralizado por varios motivos, pero el principal es la pérdida de capacidad de presión por parte del soberanismo catalán. El tiempo de las grandes movilizaciones ha quedado atrás y la gente que desearía recuperar la ilusión que tenía hace unos años no puede ocultar su desencanto. Lo que hay entre los dos partidos independentistas con más representación no es más que una batalla permanente y constante para desgastar a la fuerza de la competencia, para conseguir de este modo, se supone, un grado más alto de presencia en las instituciones.

Quién insistía más en la vía del diálogo, sin embargo, se encuentra fuera del Govern. Son aquellas fuerzas que se identifican como progresistas, pero que consideraron que la movilización de millones de personas en defensa de la República catalana no iba con ellos. Algunos que se reivindican como la izquierda transformadora y que incluso todavía se proclaman a veces como herederos del 15M, no consideraron siquiera la posibilidad de jugar un papel en la extraordinaria movilización soberanista vivida durante la pasada década, que parecía que abría una oportunidad para poner en cuestión el régimen del 78.

Ahora los epígonos de los izquierdistas que a finales de los 70 pactaron la reforma política que dio continuidad a una parte sustancial del legado de la dictadura, entre el cual se encuentra la institución monárquica, toman la palabra para decir que no es el momento (1) de exigir reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Catalunya ni de reclamar un referéndum sobre la forma de Estado. Ya no hablan casi nunca de la «nueva política», ni de la casta, ni de procesos constituyentes, ni de la revolución democrática que decían que teníamos a las puertas. La casta debe haber desaparecido y «la nueva política» debe consistir en el intercambio de cromos, de apoyos parlamentarios y de amenazas de retirada de los mismos para conseguir la aprobación de presupuestos de una u otra institución o la convalidación in extremis de un decreto sobre la reforma laboral. Muy nueva esta forma de hacer política no parece.

Aun así algunos de los que se han reconocido como significados «equidistantes» entre el nacionalismo constitucionalista español y el republicanismo catalán, han empezado a detectar escepticismo sobre la viabilidad de la mesa de diálogo y han hecho una serie de sugerencias a los gobiernos catalán y español para «predisponer a los interlocutores a una negociación exitosa» (2). Expresan preocupación por el posible bloqueo del diálogo y para «avanzar» proponen una agenda de negociación sobre las siguientes cuestiones: inversiones estatales en Catalunya, traspaso de las competencias sobre ferrocarriles de cercanías, algún tipo de compromiso sobre el corredor del Mediterráneo, una reorganización territorial que permita la creación de una unidad administrativa del área metropolitana de Barcelona y un compromiso del Estado para la protección y promoción de la lengua catalana.

Cuesta entender que personajes con experiencia política y conocimiento de la historia y la realidad catalana, a pesar de haberse vuelto negacionistas del derecho a la autodeterminación de Catalunya, puedan imaginar una hoja de ruta para la resolución del conflicto entre Catalunya y el Estado sin tocar temas tales como el déficit fiscal, las competencias en materia de educación, economía, medio ambiente, relaciones laborales, vivienda, seguridad, el respeto por la soberanía del Parlament de Catalunya o la reparación del daño causado a miles de víctimas de la represión contra el independentismo.

Hay «progresistas» que niegan desde hace tiempo la posibilidad de una amnistía y argumentan, como lo hicieron en los años setenta a propósito de la reforma política, que la correlación entre fuerzas políticas no permite que se pongan en cuestión determinados asuntos. Una correlación de fuerzas que, obviamente, cambia en un sentido o en otro a lo largo de la historia y que no se puede modificar a favor de los defensores de los derechos elementales y las libertades democráticas si se trabaja para conseguir la desmovilización y la renuncia al cambio social (3).

Los principales partidos independentistas catalanes dilapidaron con sus rifirrafes la fuerza popular extraordinaria ganada con las movilizaciones que tuvieron lugar entre los años 2011 y 2019. La derecha y los constitucionalistas españoles celebran la desmovilización general del soberanismo catalán. Cuesta imaginar en estos momentos, por ejemplo, la recomposición de una red como la que se tejió en torno a los CDR. Eso tranquiliza al centralismo, no cabe duda. Y no lo disimula. Hoy ninguna organización catalana tiene capacidad de convocatoria de actos reivindicativos como la cadena humana de 400 kilómetros del año 2013, formada por 1.600.000 personas; o la marcha hacia Bruselas del 2017, o la manifestación a Madrid del 2019, o las marchas por la libertad en respuesta a las sentencias del Supremo del mismo año, y mucho menos llamamientos a las urnas como la consulta del 2014 y el referéndum del 2017, en los que participaron millones de personas.

Los dirigentes independentistas no han perdido ocasión para descalificarse mutuamente (4) y el destrozo que han dejado en esta batalla no lo podrán reparar con facilidad, pero aun así la sociedad catalana conserva buena parte de su tejido asociativo. Los demócratas necesitan reforzarlo para cuando irrumpa una nueva oleada de protesta popular y de impugnación del régimen del 78. Una nueva oleada que tarde o temprano llegará, cuando los actores políticos menos se lo esperen, pero entonces habrá que disponer de una sólida red de entidades culturales, sindicales, vecinales, políticas que, para ser eficientes, necesitarán una orientación social responsable y una fuerte vinculación internacional.

Hay que suponer que en algún momento de las próximas semanas o meses el Gobierno del PSOE y de UP hará posible la escenificación de una nueva conversación en mesa de diálogo, con una parte del Gobierno catalán si nada cambia, que a estas alturas, después de haber comprobado de nuevo la capacidad del centralismo de olvidar promesas y de sacar provecho de los efectos de la  represión y de la desmovilización del soberanismo, ya pueden prever qué tipo de «concesiones» les ofrecerán en el nuevo encuentro. Alguna nueva «inversión» prometerá el Gobierno de Pedro Sánchez. No faltarán actores que quieran que se asuma como un nuevo éxito del progresismo o como un cambio que hay que apoyar en favor de los intereses de todo el mundo. Los ciudadanos que no viven de rentas se merecen mejoras sustanciales que efectivamente se puedan celebrar.

Notas:

*La foto destacada es de Jordi Bedmar.

(1) Mireia Esteve. Los referéndums que Yolanda Díaz y Ada Colau no ven urgentes. Ara, 7 de febrero de 2022.

(2) Varios autores. ¿Impulsar la mesa de diálogo? El País, 2 de febrero de 2022.

(3) Dossier especial. Por qué pierde la izquierda. Le Monde Diplomatique en español, enero de 2022.

(4) Marc Font y Ferran Espada. La resaca del caso Juvillà vuelve a destapar la falta de una estrategia conjunta del independentismo. Público, 8 de febrero de 2022.

Este artículo surge a partir de una colaboración con el taller ‘Debates feministas contemporáneos: una breve aproximación’ del Instituto de Derechos Humanos ‘Gregorio Peces Barba’ de la Universidad Carlos III de Madrid.

En realidad, es cada vez más difícil -y no más fácil- para mí escribir sobre prostitución. Muchos años, décadas de debates, algunos muy agrios, y miles de páginas leídas y escritas me han producido una sensación de sobresaturación de significados que resulta cada vez más complicado resumir. Con el tiempo, además, es que la propia institución de la prostitución se ha ido haciendo más compleja al tener que incorporar a su estudio mucho de lo aportado por el feminismo interseccional. Ya no se puede hablar de prostitución sin hacerlo de cuestiones como el racismo, el colonialismo, las migraciones el funcionamiento global del mercado neoliberal con todas sus derivadas de clase, así como de cuestiones más culturales como la sociedad de consumo o el imperio de nuevas subjetividades nacidas al amparo del neoliberalismo.

Estamos hablando de una institución poliédrica y cambiante que se ha ido adaptando a cada sociedad a la que tiene que ser funcional. A pesar de todo ello, la comprensión social de lo que es la prostitución no ha cambiado tanto; todo el mundo sabe lo que es o cree saberlo, al fin y al cabo lleva con nosotras miles de años. Pero ese “todo el mundo cree saber” es uno de sus problemas, que la prostitución, quizá, ya no es eso que la gente piensa que es. Eso genera que en algunos de los debates sociales y políticos acerca de la prostitución se combatan fantasmas o, peor aún, que a veces no se tengan en cuenta cambios que se han producido en cuestiones relacionadas con ella: el sexo; el dinero, el trabajo, el cuerpo, la moral, el consentimiento sexual, el feminismo, los estados mafiosos y paralelos…la manera de entender esas cuestiones y otras muchas ha cambiado y no tenerlo en cuenta puede hacer que equivoquemos el discurso. Cuando escucho a mi madre criticar la prostitución siento que sus argumentos no serían hoy compartidos por mucha gente. Pero lo que no ha cambiado es su función: reforzar, reafirmar la desigualdad, aunque haya cambiado la manera en que lo hace.

Una vez explicado esto, que no es más que un intento de explicar mis propias limitaciones al disponer de este espacio, comentaría tres aspectos que creo importantes para el actual debate, pero que podrían perfectamente ser otros tantos, y muchos más.

La prostitución es una institución social y política y como tal ha de ser comprendida y debatida. Es una institución de orden (como todas). Ha servido para marcar un adentro y un afuera entre las mujeres y su disponibilidad para los hombres, unas para el sexo, otras para la procreación; unas buenas y otras malas pero todas sometidas. Y, según la ideología masculina tradicional, ha servido también para evitar que los hombres fueran por ahí violando a las mujeres de otros. Era, por tanto, una institución importante para el mantenimiento del orden social. Tan importante que siempre ha estado, al contrario de la creencia tradicional, protegida por los diferentes poderes: la iglesia, el estado, el rey. Por eso, además, ha estado casi siempre regulada (aunque las putas sufrieran estigma y marginación). En la historia de Europa ha estado prohibida en cortísimos períodos de tiempo, especialmente durante las guerras de religión. La mayor parte del tiempo no sólo ha estado permitida sino intensamente regulada y protegida. Sólo con la llegada del sufragismo, del feminismo organizado como movimiento, la hasta entonces incuestionable necesidad social de la prostitución empieza a cuestionarse y comienza el proceso de deslegitimación política que alcanza, por primera vez, a los pensadores de la izquierda. Hasta el siglo XIX, estos pensaban que esas mujeres lo hacían por vicio. Que la pobreza es un condicionante determinante, aunque parezca mentira, se les había ocurrido respecto a los hombres, pero no respecto a las mujeres; esto no se les ocurrió hasta que las feministas lo pensaron y lo denunciaron.

La situación legal de la prostitución, históricamente, pues puede leerse como la protección de un privilegio masculino, quizá uno de los mayores: el de poder acceder a cuantas mujeres se quiera, cuando se quiera y por un precio accesible a todos los hombres, a todos. Los niños crecen sabiendo que todos los hombres del mundo, tengan el dinero que tengan, poco o mucho, cuando quieran, tendrán cuerpos de mujeres a su disposición. Sólo por ser hombres estarán en ese lado y ellas, sólo por ser mujeres (en este caso pobres, muy a menudo racializadas) estarán en el otro lado; lados, por cierto no intercambiables. Esto configura mucho del mundo: del mercado, de las subjetividades, del privilegio y la opresión, de las desigualdades en las que se cruzan varios ejes: de raza, de clase, de sexo, de origen.

Para empezar determina que la subjetividad masculina es inseparable del conocimiento de esta realidad. Se podrá usar o no, pero está ahí. Desde ahí construye emociones en torno al sexo. El feminismo es un movimiento que ha conseguido politizar lo sensible, como dice Sara Ahmed, es decir, los afectos, los aspectos emocionales –cuestiones complicadas de introducir en el ámbito de la política– por eso no podemos continuar fingiendo que las emociones masculinas en torno al sexo no tienen importancia, cuando sabemos de sobra que el funcionamiento de las economías sexuales regula en gran parte las relaciones patriarcales. Y no podemos continuar negando que la existencia de la prostitución y todo lo que gira en torno a ella es un enorme configurador de emociones masculinas y también de políticas sexuales. 

Es un privilegio puro: el de sentir deseo y tener un supermercado de cuerpos accesible a cualquier economía personal. Y es un privilegio puro la sensación que eso procura, sobre ellas, de control del mundo, de potencia, de poder. Esto es especialmente importante en un momento en el que las identidades masculinas tradicionales se están fragilizando porque el neoliberalismo global ha significado, entre otras cosas, una emasculación simbólica para la masculinidad hegemónica. Se ha roto aquello que ha configurado desde el nacimiento del capitalismo la identidad masculina: poder en la familia, sobre las mujeres; autoestima proporcionada por un salario capaz de mantener a su familia. Eso se ha acabado. Pero la prostitución sirve también para que la situación no estalle. Al fin y al cabo, recordemos que lo que hacen siempre los ejércitos, los tiranos, los empresarios explotadores, es proporcionar mujeres para acallar el conflicto. Falte lo que falte, lo que no faltan son mujeres

Finalmente, ese privilegio masculino, tiene un coste en términos de igualdad. Es incompatible con la igualdad. Ese enorme mercado, esa enorme industria global de miles de millones de dólares, necesita producto para seguir funcionando. Y el producto son las mujeres. Y ninguna industria puede presumir de ser tan rentable y de obtener mayor plusvalía. Las mujeres son inacabables, no requieren costes de transformación, todo es ganancia. Pero para eso, tiene que haber suficientes mujeres pobres y desiguales.

Hay países, continentes, cuyo PIB depende en gran parte de la llamada industria del sexo. Si esos países invierten en igualdad, si hacen políticas públicas feministas, si se esfuerzan en educar a las niñas, habrá menos materia prima. ¿Para qué invertir en igualdad si lo que da dinero es mantener un contingente de mujeres en la pobreza que puedan ser convertidas en la mercancía necesaria? El inmenso negocio de la prostitución -uno de los mayores del mundo- necesita mujeres pobres y sin alternativa. La industria necesita también alimenta la demanda; por eso necesita alimentar el machismo, combatir la igualdad, o de lo contrario la demanda disminuye. Todo eso tiene un coste: en igualdad. La prostitución es una institución profundamente contaminante, de la igualdad, de su posibilidad siquiera. Hoy es una institución convertida en un dique de contención del patriarcado frente al feminismo. Hay otros, pero este crece aupado por un enorme caudal de dinero y por complicidades políticas e institucionales. Acabar con ella no será fácil y no será con una ley, aunque la ley sea imprescindible. 

Ya va siendo hora de que perdamos el miedo a la autoridad masculina que se cree por encima de cualquier razonamiento si no viene avalado por la RAE (María Martín Barranco)

Si a usted le interesa el tema del lenguaje inclusivo nada mejor que acudir, leer o escuchar a María Martín Barranco. Feminista, licenciada en Derecho, aficionada por su importancia a las palabras, los diccionarios y los medios de comunicación, lleva más de quince años trabajando como formadora en diversas áreas de los estudios de género tanto para organismos públicos como privados, ha impartido clases y ha dado conferencias en universidades españolas y mexicanas. Es autora de tres libros muy recomendables: «Ni por favor ni por favora» (2019), «Mujer tenías que ser» (2020) y el recientísimo «Punto en boca» (febrero de 2022), los tres publicados por la editorial Catarata.

Con motivo de la publicación de este último título conversamos con ella en Espacio Publico.

El lenguaje es un instrumento de poder. Puede nombrar o invisibilizar. Las mujeres somos la mitad de la población pero en el lenguaje estamos siempre dentro del género masculino. Para la Real Academia «hablar con el plural masculino no supone alguna discriminación sexista«. ¿Qué le parece esta afirmación?

La versión corta: Una sandez.

La versión larga: La RAE es tenida y se tiene por autoridad en materia lingüística, de lo que no sabe nada es de igualdad, de discriminación ni de sexismo. Pueden decir “hablar con el plural masculino es la norma” y no podemos hacer sino darles la razón (otra cosa es que obedezcamos), pero ¿Qué no supone discriminación sexista? ¿con qué argumentos lo sostienen? ¿Cuál es su conocimiento del tema? En la RAE entran profesionales de diferentes especialidades y no solo lingüistas para poder definir con propiedad acerca de lemas de muy diferentes contenidos. ¿Especialistas en sexismo, en igualdad, en género? Cero.

Al no existir un plural único a veces resulta un tanto pesado emplear constantemente el masculino y femenino. En su libro «Ni por favor ni por favora» Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado)» usted afirma que hablar sin discriminar a las mujeres puede ser un proceso ameno y creativo. ¿Cómo podemos hacerlo?

Teniendo en cuenta dónde se producen las discriminaciones para evitarlas. No se trata, como pretenden hacernos creer, de cambiar una letra por otra, o de hacer todo neutro. Se trata de tomar conciencia de los modos diversos en los que el lenguaje reproduce discriminaciones (a las mujeres continuamente, pero también a colectivos en situación tradicional de discriminación). Cuando te entrenas para ver esas discriminaciones y quieres evitarlas, cualquier persona adulta con un vocabulario medio tiene ya las herramientas lingüísticas que necesita.

Se necesita, antes de practicar con la lengua, entrenar la mirada para ver las desigualdades, también las lingüísticas. Porque se nos hace pasar la discriminación por lo natural, por la norma. Pero ni es natural ni las normas son, no ya inamovibles, ni siquiera tan rígidas como pensamos.

¿Existe en otras lenguas este mismo problema de discriminación de las mujeres en el lenguaje?

Cualquier sociedad machista tendrá formas de reflejar en el idioma que le sea propio esas desigualdad cultural. Lo que no podemos esperar es que discriminen en la misma forma que se hace en español. Por eso se pude concordar en femenino, por decir algo, y que esa lengua sea discriminatoria con las mujeres en otros aspectos. En Punto en boca pongo ejemplos del inglés, el ruso o el guajiro.

En libro «Mujer tenías que ser. La construcción de lo femenino a través del lenguaje» habla de cómo hemos sido históricamente narradas las mujeres. ¿Puede comentarnos algunos ejemplos de cómo se ha construido la imagen de lo femenino en el lenguaje, los refranes,  expresiones…?

La cultura académica y popular ha construido una narración completa del deber ser de las mujeres que ha ido cambiando con el tiempo (pues es una construcción cultural que varía) para mantener una posición inamovible de estas (porque es el eje del sistema patriarcal): subyugadas bajo el poder masculino. La forma de moverse, vestirse, estar en los espacios público o privado, dónde son bienvenida y dónde no y cómo se castigará el no acatar esos mandatos. Cómo deben verse (y cómo debemos ver) los cuerpos, los procesos biológicos y fisiológicos de las mujeres; nuestras “fallas” morales: charlatanas, mentirosas, volubles, intrigantes, pierde hombres; nuestras virtudes ideales: abnegación, sacrificio, entrega, pasividad, abstinencia… Esa imagen está idealizada (para santificar la figura de la madre como ángel del hogar y demonizar la de la mujer libre, asimilada a la prostituta, la que es de todos los hombres y por ello candidata a ser usada por ellos), subordinada a los intereses masculinos y, lo que es más importante: alejada del derecho de ser por sí misma. En el caso de las lenguas, apartadas históricamente del derecho a decidir quienes son y cómo ser nombradas, de contar sus propias historias y, lo que es más importante, desde sus propios puntos de vista y no desde el punto de vista masculino identificado con el de la sociedad (cuando solo era el de los hombres en situación de poder).

«No hay que sospechar que la doctrina se vaya a cambiar ni cabe esperar que se hagan recomendaciones sobre cambios en el lenguaje. La RAE no hace políticas legislativas, sino que simplemente explica cómo hablan la mayoría de los hablantes y recoge las normas»,  dice Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, institución que es reacia a admitir el femenino en las profesiones: pilota, por ejemplo. Generalmente se usan expresiones como «el médico y la enfermera», «el piloto y la azafata», «el jefe y la secretaria» (nunca a la inversa: «la médica y el enfermero», «la pilota y el azafato», etc.),  que reflejan una situación de subordinación profesional de las mujeres, cuando la realidad nos demuestra que hoy día hay muchas mujeres médicas, pilotas, jefas…  ¿No es esto una muestra del poder que tiene el lenguaje para mantener situaciones discriminatorias contra las mujeres?

Por supuesto que lo es. En Punto en boca Muñoz Machado y sus dislates sobre el lenguaje inclusivo tienen más de un hueco. No solo él, he de aclarar, hay más señoros de los que me gustaría, pero ya va siendo hora de que perdamos el miedo a la autoridad masculina que se cree por encima de cualquier razonamiento si no viene avalado la RAE. Porque esas afirmaciones tan rotundas unas veces se desdicen por sí mismas (porque son erróneas o directamente falsas) y otras las desdicen la Gramática (que no conocen tanto ni tan bien como deberían ocupando las posiciones académicas que ocupan).

Si la RAE no hace políticas legislativas ¿por qué hicieron por iniciativa propia un informe recomendando usar la expresión violencia doméstica en lugar de la que se anunciaba de violencia de género? ¿Por qué reconocen en el informe sobre la CE que habría que decir rey y reina, príncipe y princesa pero las mujeres sin sangre real no lo merecemos?

¿Por qué se empeñan en decirnos no uses el femenino, hacer la flexión en género es innecesario, no digas esto o lo otro? Que esperen, observen y no sean juez y parte. Si la RAE no hubiera puesto el grito en el cielo por el lenguaje inclusivo (o lo que creen que es) o solo dejaran de ridiculizarlo muchas personas no estarían en contra. No legislan, pero meten cizaña. Nos acusan de ideología y creen que su machismo no es ideología (o quieren que lo creamos, que es peor).

Las resistencias a nombrar las profesiones en femenino son ideológicas siempre. La lengua es lo suficientemente flexible para adaptarse a los usos de quienes la hablamos.

Vemos aún cartas iracundas a los periódicos o partidos que se niegan a decir “presidenta” una palabra admitida por la RAE no ayer por la mañana por presiones feministas (como dicen por ahí) sino por el diccionario académico en el siglo XIX.

Uno de los argumentos empleados por la RAE y por quienes se oponen al lenguaje inclusivo es la «economía del lenguaje». En su último libro, «Punto en boca», usted afirma que el lenguaje inclusivo no solo nos permite precisar, sino también economizar, si de ahorrar palabras se trata. ¿Puede ponernos algún ejemplo?

No es que se trate de eso, porque no se trata de economizar, esto no es un mercado de las palabras, aunque hace poco un académico dijera justo eso “mercado de las palabras”. Lo que trataba de demostrar en el libro es que usar un lenguaje que no discrimine a las mujeres no es, necesariamente largo o farragoso. Casi cualquier frase discriminatoria puede hacerse no sexista, o puede hacerse inclusiva, con menos palabras, menos letras, menos caracteres (si me apuras, ahora que son tan importantes en las redes sociales). Si no se hace es porque no se sabe o porque no se quiere. El primer problema tiene una solución más fácil que el segundo porque quien no quiere, no quiere. Pero que digan “no quiero” y se dejen de excusas.

Por último, ¿qué parte de responsabilidad tienen los medios de comunicación en el uso del lenguaje que discrimina a las mujeres?

Tanta como espacio ocupan en nuestras vidas y, cada vez, ese espacio es más y más grande. El caudal de información que consumimos (uso este verbo consciente de lo que digo) es enorme incluso cuando intentamos ponerle filtros. Sin ellos, en sociedades capitalistas, es imposible avanzar.

“El futuro es un lugar extraño”, como diría el maestro Josep Fontana en su último libro, y añadiríamos que también es un lugar “amenazante”. Estamos viviendo la descomposición del orden neoliberal, que ha multiplicado los problemas a nivel internacional. Estamos ante la amenaza de la crisis climática, que puede hacer inhabitable gran parte del Planeta, por no hablar de la crisis migratoria, en parte derivada del anterior, la crisis económica y de salud derivada de la pandemia del COVID19 con las restricciones que se han tenido que imponer, crisis internacionales (Ucrania, Taiwan, Nigeria, etc.) cada día más graves, crisis energética, subida de la inflación, reverberaciones del trumpismo por el mundo, crisis existenciales por las cargas de trabajo y la precariedad, etc. El futuro no parece un lugar de optimismo ni de esperanza.

En este marco que se dibuja aparecen dos posturas contrapuestas, una demanda de reformas para solventar los problemas que se dibujan en el horizonte, y otra demanda que exige orden y certidumbre, que es vehiculada hacia posiciones autoritarias. Esta demanda de orden y certidumbre es un intento de buscar en los valores “eternos”, frente a un mundo que gira a demasiada velocidad y que produce cambios difíciles de digerir en todos los planos (laboral, social, económico, etc.), esa promesa de algo a lo que aferrarse que disipe dichos miedos y ansiedades hacia ese futuro extraño y amenazante. Los grupos políticos de la derecha y de la extrema derecha juegan con los conceptos de nación, ley dura, en muchos casos, religión desde su perspectiva ultra, mientras mantienen un sistema económico agonizante para seguir beneficiando a los de siempre. Esto sería una salida autoritaria, un intento de imponer una hegemonía negativa, que trata de evitar que la decadencia del neoliberalismo arrastre las conquistas realizadas por la oligarquía. Estos síntomas mórbidos del sistema neoliberal, que no termina de morir, están provocando una reacción ante su declive que utiliza la violencia verbal y, en algunos casos, física, contra la democracia y los demócratas, en un momento que el nuevo paradigma, si es que se logra imponer, no termina de nacer.

Este movimiento es global. Tiene en la figura de Donald Trump una imagen de lo que hay que hacer, y sus métodos han traspasado fronteras y están siendo imitadas por las extremas derechas populistas, y por los partidos de la derecha que se han ido dejando arrastrar hacia posiciones ultras.

Las derechas internacionales y patrias están usando la estrategia de los neoconservadores de Bush Jr., que luego perfeccionó Trump, de “tensión política”. Partiendo de la base de que el electorado progresista y de izquierdas es más susceptible de abstenerse en unas elecciones, se trata de considerar al gobierno “ilegítimo”, como hizo Trump acusando a Biden de fraude, para comenzar una campaña de acoso y derribo por todos los medios. Desde los medios de comunicación. Desde la Judicatura conservadora con los métodos del “Lawfare”, mintiendo día sí y día también, e incluso llegando a la coacción física, si es necesario. Esta estrategia terminó con el asalto al Congreso de los EEUU, que tuvo la connivencia del Presidente saliente y de parte de las fuerzas de seguridad, lo que fue un atentado contra la democracia sin precedentes.

Dicho de otra manera, la democracia se utiliza de manera instrumental, sin ser realmente un demócrata. Se rompen cualquier consenso constitucional, y se usan cualquier arma a su disposición para lograr derribar al gobierno salido de las urnas.

En el caso español, el consenso del 78 roto por la derecha en 2011, que inició un ataque sin precedentes contra la “constitución material” de la Constitución del 78, empezando por las relaciones laborales, pasando por la Educación y la Sanidad, etc. Dirigido a desguazar el Estado del Bienestar para favorecer los intereses privados, encaminado a socializar las pérdidas de constructoras y bancos hacia la ciudadanía, y con el objetivo de que una minoría saliese reforzada de la crisis del 2008 a costa de la mayoría de la población. La moción de censura exitosa en 2018 desalojó del poder a Rajoy por una alianza amplia de las izquierdas, y parte de las derechas, periféricas, de UP y del PSOE.

A partir de la caída de Rajoy, y la llegada a la Presidencia del PP del neoconservador Pablo Casado, más la subida de VOX en el Congreso, se inició una fase de acoso y derribo al gobierno que ya había inaugurado el defenestrado Albert Rivera. Se acusó al Presidente Sánchez de ser un okupa del poder, por lo que se trataba de instalar la idea de que lo había okupado ilegalmente, que traída aparejada la idea de que el poder es propiedad de la derecha en este país. Nunca hay que olvidar de que la derecha tiene un concepto patrimonialista del poder y que esta es escasamente democrática.

Si Sánchez había llegado al poder de manera ilegal, pactando con la “banda” de bolivarianos, terroristas e independentistas, cualquier método para derribar al gobierno se convierte en bueno. Hemos visto al PP, porque de VOX ya nos lo esperábamos, realizar campañas utilizando bulos como lo de las macrogranjas contra Garzón, apoyando el acoso que duró meses contra Pablo Iglesias, Irene Montero y sus hijos, bloqueando la renovación del CGPJ y otros órganos de Justicia desde los que se ha interferido en la práctica del Ejecutivo y del Legislativo a través de una mayoría conservadora caducada, apoyándose en una ofensiva mediática continua contra el gobierno, tratando de boicotear que España recibiese los fondos europeos (la Comisión Europea apoyó al gobierno sin fisuras), apostaron por derribar al gobierno en plena pandemia, se entrevistaron días antes de la crisis con Marruecos con partidos marroquíes que defienden la anexión de Ceuta y Melilla, escorando hacia la extrema derecha su discurso legitimando el discurso de VOX, dando un tamayazo en Murcia para impedir una moción de censura contra su gobierno, usando un lenguaje incendiario para caldear a su electorado e impedir cualquier tipo de acuerdo, etc. El PP echado al monte. Un PP acomplejado por VOX que le abre camino.

No contento con esto se ha producido en estos días dos hechos aún más graves, si cabe. En Lorca personas vinculadas al PP y a VOX han alentado a los ganaderos a asaltar el ayuntamiento en un momento en el que se estaba votando limitar las macrogranjas. Este movimiento es escuadrismo y nos recuerda peligrosamente a los años 30. Lo que el PP no logra por la vía democrática, lo intenta a través de los juzgados, o, como en este caso, a través de la coacción y la violencia, con el silencio cómplice de parte de los conglomerados de los medios de comunicación, que están jugando un papel nefasto en la defensa de la democracia. Si la izquierda hubiese cometido tal desafuero, o hubiese habido violencia en una manifestación de trabajadores, sería portada en todos los periódicos.

Y para rematar, ayer se producía la votación de la reforma laboral, medida estrella del gobierno. Parte de los socios de la investidura han votado en contra, esperando que el Gobierno tuviese los votos amarrados, por motivos electoralistas, ya que, por ejemplo, ERC, BILDU y el BNG ven con ansiedad las posibilidades electorales de Yolanda Díaz, por lo que han intentado desgastarla y casi se llevan por delante el gobierno de coalición. El PSOE había amarrado su flanco derecho ante la desafección de los antes mencionados y del PNV, esto garantizaba una votación favorable, pero por un margen estrecho. Sin embargo, Teodoro García Egea, Secretario General del PP, tenía preparado un nuevo tamayazo al estilo murciano, logró que los dos diputados de UPN rompiesen la disciplina de partido y votasen no. Sólo un error de un diputado del PP, que se equivocó votando, ha salvado la reforma y al gobierno. Ahora empezarán la campaña de juego sucio para seguir con aquello de “gobierno ilegítimo”.

Lo que está en juego no es derribar el “Régimen del 78”, ni la revolución, lo que está en peligro es la democracia. ERC, el BNG, BILDU y el PNV lo tendrían que tener claro, o sacar alguna conclusión de lo que pasó ayer. El electoralismo se puede llevar por delante la legislatura y darle una oportunidad a que la derecha y la extrema derecha llegue al poder, con un programa autoritario que pretende asaltar el Estado del Bienestar. El PSOE debe aprender a que no hay otra mayoría que la mayoría de la investidura. El giro al centro es una ensoñación. Algunos dirigentes de Podemos deberían de realizar menos aspavientos y crear conflictos innecesarios. El izquierdismo y el tacticismo se nos puede llevar por delante.

En este país sigue habiendo una mayoría de centro-izquierda, aunque no sabemos por cuánto tiempo. La izquierda debe de entender que en una situación de pandemia, y con tantas amenazas en el horizonte, deben de encarnar un proyecto sólido, confiable, que aporte seguridad, con menos tacticismos y más mirada amplia, que vaya a la raíz de los problemas y mejore la vida de la ciudadanía, que reduzca la ansiedad y los miedos. Si no logramos armar ese proyecto y una práctica política más sólida, y menos de política espectáculo, lo que terminaremos perdiendo es la democracia y una oportunidad de oro, que no sabemos cuándo se volverá a repetir, de construir un país más justo socialmente y poder lograr que la gente viva con dignidad.

De la derecha antidemocrática no podemos esperar nada. No fallemos nosotros.

“Las palabras enseñan, los ejemplos arrastran” (Dicho latino).

“Si las elites traicionan, las sociedades fracasan” (Albert Camus, 1950).

“El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Pascal, matemático francés y teólogo. Siclo XVII).

“Si una mentira se repite constantemente, acaba por convertirse en verdad” (Goebbels).

La lectura del libro del profesor Tamayo me ha abierto todo un mundo de interrogantes.

En principio solo veo actitudes no compasivas e inmisericordes:

Actitud de la Conferencia Episcopal Española, incapaz de visitar durante años, a los niños de la Cañada Real.

Oigo, en un programa de televisión la voz inmisericorde de un cocinero: “¡Concursantes, quedan cinco minutos!” Una concursante derrotada se quitó posteriormente la vida (¿)

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” (José Ortega). Hemos heredado las circunstancias de millones de años de historia anterior. Tenemos que conocerlas para actuar, cambiando continuamente para seguir “haciendo camino”.

Por mi formación y profesión científico técnica he tenido que estudiar geotecnia y geología para poder cimentar “sobre roca” o terreno firme. Los arqueólogos profundizan mucho más en la historia al quitar la roña de siglos nos descubren tesoros antiguos que relucen al sol.

Los paleontólogos, como Arsuaga, nos descubren muchos más tesoros. Creo que era un poeta el que afirmaba que la Verdad era como una joven pudorosa que gustaba de esconderse y que había que descubrirla. Cuando Poncio Pilatos pregunta a Jesús: “¿Qué es la Verdad?” Éste no contesta, sus silencios son muy elocuentes.

En los campos de lo infinitamente pequeño, mecánica cuántica, el ser es reemplazado por la probabilidad de existir, o de lo infinitamente grande el Universo creciendo y muriendo la mente se nubla y solamente unos privilegiados son capaces de vislumbrar lo maravilloso.

Si nos adentramos en el cerebro humano estamos en pañales todavía.

El ansia de saber y conocer es innata y no se sacia nunca “Si no os hacéis como niños…”. Mateo, el apóstol, nos recuerda posteriormente: “Cualquier pecado será perdonado menos el pecado contra el Espíritu”.

En un principio y para “educar” las religiones primitivas han empleado el soborno, premiando al sumiso, y el miedo al castigo, expulsión del paraíso, castigando al díscolo. El proceso continúa. Nuestros antepasados expulsaron a judíos y moriscos, que se llevaron consigo los conocimientos matemáticos filosóficos, médicos… Dejaron una península yerma y estéril, dominada por la incuria y el miedo a la Inquisición.

Posteriormente fuimos una especie de apéndice del Primer Reich o Sacro Imperio Romano Germánico, fundado por Carlomagno, y al que perteneció Carlos V: «Entre septiembre de 1547 y junio de 1548 Carlos celebró en Augsburgo el «Reichstag acorazado» (Geharnischte Reichstag) tutelado por una fuerte presencia militar» (desde «El Sacro Imperio Romano Germánico: Mil años de historia de Europa (Otros títulos)» de Peter H. Wilson, Javier Romero Muñoz).

Las guerras de religión asolaron Europa. Los judíos fueron tanto tolerados como perseguidos en otras ocasiones. Las Españas (denominación de los Austrias al conglomerado de pueblos de la Península), se desangraron en aventuras ajenas. El oro traído de América no cubría los gastos guerreros. Estábamos en manos de prestamistas y banqueros.

Un inciso sobre nuestra actuación en el Nuevo Mundo, los historiadores se dividen en antiespañoles, partidarios de la Leyenda Negra y los contrarios. Charles Darwin, en “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, nos narra, sin juzgar, lo que ve en su viaje en el Beagle al mando del aristócrata Robert FitzRoy. Ambos eran gente de orden.

Es la crónica de una travesía dando testimonio de la aniquilación bestial de tribus indígenas y de las torturas a los esclavos. Darwin, hombre de su tiempo, les considera inferiores pero nos narra sus matanzas sistemáticas por el argentino general Rosas, dictador posterior de su país.

El filósofo protofascista, FiedrichNietsche, propone, en el siglo XIX, el ideal del superhombre capaz de escapar de todas y cada una de las cadenas que atrapan a los hombres normales. El superhombre es el ideal, para él todo es lícito: saltarse todas las reglas, no tiene freno y quiere acabar con todos nosotros.

Para “los divinos” (hospital Puerta de Hierro, “Calle M-30”, tenistas, presidentes de clubs de fútbol, presidentes de bancos, de eléctricas, de televisiones, futbolistas…) todo está permitido, no hay límites para su poder.

Por otra parte, nace la psicología con Freud, que considera al hombre como un haz de instintos que hay dominar. Tiene una visión pesimista del ser humano al llegar a su consulta solamente enfermos patológicos.

Con el tiempo surge la psicología conductista, representada principalmente, por Skinner. Nos considera robots sometidos a estímulos (s) a los que correspondemos con respuestas (r), como los célebres perros de Pavlov o las ratas de laboratorio sometidas a descargas eléctricas.

Finalmente surge la psicología humanista de Maslow y Rogers que estudian las circunstancias en las que se han desarrollado las personas que han alcanzado “experiencias cumbre”.

Mucha ciencia pierde su autonomía para sobrevivir.

Los métodos “goebbelianos” actuales han suplantado al pensamiento y a los sentimientos. El humanismo primitivo ha sido sustituido, lenta y silenciosamente, por la lucha sin cuartel entre los humanos. Se fomenta, subliminalmente, la competencia, en busca de la “excelencia” de la “optimización de resultados”. Lo importante es ganar a cualquier precio para conseguir el ansiado premio ya sea deportivo o de cocina.  El que no lo consigue será excluido del paraíso del consumo y relegado a los bajos fondos separados por muros tanto invisibles como visibles. Los concursos televisivos, reality shows, no tienen otra razón de ser que producir un lavado de cerebro, lo importante es derrotar al adversario. “Comunicadores” de poca monta y sin escrúpulos dirigen el cotarro: se convierten en flautistas de Hamelin que nos conducen, ciegos, tontos y sordos a la felicidad.

Los “influencers” y psicólogos del sistema han encontrado la clave: “piensa en positivo”, es decir no existas, no pienses, adáptate…

Existen muchas ONGs y Fundaciones que pretenden transmitir caridad, buenos sentimientos, misericordia… Casi todas tienen sus Patronatos, encargados de que no se desvíen del “camino correcto”. Consiguen apoyos financieros con tal de que no se investiguen las causas que producen el Cambio Climático, sequías, ciclones, huracanes, emigraciones masivas de pueblos empobrecidos huyendo de hambrunas, guerras y persecuciones.

¿Quién soy yo para juzgar a los miembros de esas organizaciones? No puedo ver en su interior. Si no se atreven a “salvar la circunstancia” y analizar las raíces profundas del empobrecimiento será por algo, tampoco yo soy un héroe.

Agradezco a Tamayo la mención que hace del teólogo posconciliar José María González Ruiz, su pequeño libro “Creer es comprometerse” me despertó. En él figura lo que llama el autor “parábola de los ateos”. En el Juicio Final llama el Padre a su derecha porque le dieron de comer o de beber cuando tuve hambre o sed ¿Cuándo, Señor, hicimos eso? Cuando se lo hicisteis a uno de mis pequeñuelos lo hicisteis conmigo.

El compromiso con el compañero es otro concepto barrido por la inconsistencia en las relaciones humanas en el trabajo, que, como dice Bauman, se han vuelto líquidas y terminan conduciendo a la soledad más inhumana.

Tamayo ha sido perseguido, pero sigue, valiente, encabezando la batalla entre la Autonomía de la Razón Humana y su guerra sin fin contra su domesticación por el poder.

Notas:

Francisco Altemir: Dr. Ingeniero de Caminos.

¿Por qué no hay reacción y la gente no se aterroriza? Eso se preguntan los protagonistas de No mires arriba. Y se lo preguntarán ustedes, si aceptan identificarse con ellos en este juego, que entra en su segunda y última parte. Así transcurrió la primera, dedicada a políticos y periodistas. Juguemos, de nuevo, a ponernos en la piel de Kate – J. Lawrence – y Randall – L. DiCaprio. Y hablemos ahora de movilización ciudadana, nacionalismo, belicismo, corporaciones digitales, gurús tecnológicos e industria cultural.

El motivo de la inacción ante el desastre que se avecina estriba en que lo que la propia película muestra: todo el mundo –literal, el planeta entero- permanece expectante y paralizado ante las pantallas. Mientras, estas emiten promociones electorales, bélicas y corporativas.

La “movilización popular” se prefabrica en las pantallas, cuando la perspectiva de perder las elecciones recomienda realizar un ataque preventivo contra el “planet killer”. Esto ya lo hemos vivido. Recuerden a cuántas elecciones han sido convocados y en qué plazos, sufragando campañas de “nosotros o el caos” y sin apenas mejorar el nivel de vida ni la gobernanza del país.

¿A que No mires arriba también ofrece una lectura voxista? Aunque también denuncia operaciones bélicas, comandadas por héroes de la patria y aderezadas por spin doctors que copian a Spielberg… con la consiguiente subida de las acciones de la industria de armamentos. O de las tecnológicas y las farmacéuticas.

La primera movilización de la película tiene carácter bélico-espacial. Pero es un movimiento especulativo electoral y de grandeza nacional que se transfiere a quien la encarna: la presidenta xxx. Pongan ustedes un nombre y unos apellidos de por aquí. El “pueblo” participa montando un picnic masivo, haciendo así de figurante en un media event: algo hecho para y por los medios y a escala planetaria. Este lo retransmite un supremacista blanco y homófobo que acabará disparando al cielo y representando a la Asociación del Rifle.

Pero esta operación de la NASA será revertida por una –sí, en singular y régimen de monopolio- Corporación Tecnológica. Ofrece un espectáculo más lucrativo en términos de audiencia y cotización bursátil del “mercado de futuros”. “La salvación de la Humanidad” vendrá, una segunda vez, de la mano de un magnate tecnológico que reemplaza a los gobiernos del mundo y elude el control científico. Algo así, como que la próxima invasión norteamericana será llevada a cabo por los satélites Starlink de Elon Musk, que colaboran con la US Air Force. En el ámbito doméstico, sería que gracias a Telefónica recuperásemos, al fin, Gibraltar y Perejil. (A falta de link que avale este último despropósito, podría servirles este).

El Mark Zuckerberg/Elon Musk/Jeff Bezos/Tim Cook de No mires arriba representa al CEO-gurú digital que actúa, según ciertos académicos, como un “déspota benevolente”. Encarna la deidad de los macrodatos, capaz de predecir la muerte de cualquier ser humano. (Menos la de Randall y volveremos sobre ello). Los teléfonos móviles de esta compañía ya incorporan también el Neuralink de E. Musk. Conectados a nuestros cerebros y sensores psico-biométricos, dictan lo que consumimos –hacen órdenes de compra- y prescriben los contenidos o la terapia que recibimos. El CEO, bautizado Peter -¿será Peter Thiel, uno de los personajes más oscuros de Silicon Valley– ordena y manda. El mundo, convertido en su metaverso, obedece.

La ONU amaga y, como viene siendo norma, demuestra impotencia. Las potencias extranjeras –China, Rusia y la India– también se ven rebasadas por este empresario, que se niega a definirse como “hombre de negocios”. Se cree un motor turbo de la evolución humana. Considera a un robot, que bautiza como Primo, su primer hijo. Junto a sus hermanos autómatas –esa es toda la familia del gurú- extraerá metales preciosos que convertirán “la amenaza y la tragedia en una oportunidad de negocio”. Anuncia, pues, “la gloria de una edad dorada de la especie humana”. Y la cotización bursátil de la compañía le exime de someterse a la supervisión de la comunidad científica.

La cobertura “informativa” de esta segunda misión espacial corporativa es una promoción sin fin. Incluye una plegaria del spin doctor, hijo de la presidenta. En el culmen del materialismo, reza “por las cosas”: por vivir para consumir. Las noticias-propaganda de esta pseudocracia -el régimen del poder de la mentira- se acompañan de teléfonos de asistencia psicológica. Pretenden ser un gesto “filantrópico”, de responsabilidad social corporativa. Pero se trata de una vía fraudulenta de ingresos, con cargos y “costes de itinerancia” apenas audibles en el anuncio.

La esfera pública de No mires arriba, como la nuestra, solo da cabida al consumo y al lucro corporativo. No hay opción a la disidencia porque, en esos términos, no hay competencia. Si el baremo fuese el interés público, el número de afectados y la gravedad de la amenaza Kate y Randall habrían sido escuchados. Pero los astrónomos y el cargo de la NASA afín son “sacados del mapa”; es decir, de las pantallas y los medios.

Eso mismo viene ocurriendo con los “alertadores” de verdades incómodas como Edward Snowden, Julian Assange y Chealsie Manning. También sobre ellos se hicieron canciones y biopics laudatorios. Pero ni siquiera uno de cada diez de “mis” alumnos de Periodismo les conoce. Casi nadie les admira y menos aún revindica. La ausencia de “hackers” disidentes en el grupo activista de los astrónomos rebeldes aleja No mires arriba del inconformismo “ciberpunk” y “criptopunk” que Assange y compañía invocan como modelo.

Borrar la disidencia digital priva a la generación Netflix de la rebeldía y la capacidad de respuestas necesarias para revertir la situación. Las llamadas a la desconexión digital son desoídas y reprimidas en la película. El catastrofismo de los astrónomos, convertidos en celebrities, se diluye en programas infantiles. Una película de gran presupuesto sobre el colapso, lejos de tomar partido, recomienda “mirar arriba y abajo para evitar la división”.

La alianza de Kate y Randall con la pareja musical del momento evidencia la imposibilidad de movilizar a la ciudadanía desde la industria cultural. Para empezar, ese no es su objetivo. Y, en caso de que lo fuese, apagar la pantalla y tomar las calles perjudicaría el negocio. Las iniciativas de Bob Geldorf y de Bono de U2, en los años 80 y 90, ya demostraron en plena hegemonía neoliberal la inanidad política del pop-rock convencional. Ni el hambre ni la deuda externa fueron ni serán erradicadas desde los escenarios. Tampoco por las estrellas del K-Pop que representa Ariana Grande en No mires arriba.

La sentimentalización y la hiper-personalización del activismo, lo convierten en show y exhibicionismo de marcas identitarias. Lucir “productos críticos” -sean camisetas, canciones o libros- es apenas una marca de distinción, sin impacto político alguno. Consumismo cultural para progres autocomplacientes y autoindulgentes: encantados de haberse conocido y saciados con clickactivismo. A este público parece dirigida la postura a adoptar que nos sugiere la película. La escena final y dos breves epílogos entre los títulos de crédito así lo aclaran.

En la entrega anterior señalé que la película acaba con una “última cena” de tintes bíblicos. Se desmiente así el pronóstico realizado por el gurú digital de que Randall moriría solo. Como Jesús, aceptará su inmolación, precediéndola de un ágape con los más próximos. El liberalismo estadounidense e incluso la socialdemocracia europea no dan más de sí. Apenas nos dejan con el apoyo y los cuidados mutuos; pero fuera de las instituciones, tras aceptar el desmantelamiento del estado de bienestar.

Instalados en el malestar y antes del apocalipsis, apenas cabe rezar. Y parece bastar con una plegaria como la dirigida por el novio porrero de Kate. Aunque laico o ateo –o eso parece-, recupera la educación evangélica que recibió de sus padres. ¿Estamos ante una llamada a la conversión religiosa, previa al Armagedón? Morir en gracia de Dios –por si acaso- y rodeado de los tuyos consuela ¿O es la escena final una mano fraterna, tendida a los evangélicos que se aliaron primero con Reagan y luego Trump? En cualquier caso, sugieren los guionistas, oremos porque ya es demasiado tarde. Pero como programa político solo se traduce en inacción.

Dos breves epílogos, insertos entre los créditos, desmienten el diálogo o entendimiento con quienes representan a “los malos”. Apenas la mitad de ellos alcanza un nuevo planeta habitable en el avión interestelar en el que desertaron de la Tierra. Y la presidenta acaba devorada por un “bronteroc”, tal como había profetizado el gurú Peter. Este, en un alarde de infantilismo, recomendará no tratar estas alimañas prehistóricas como mascotas. En un segundo epílogo, el spin doctor, abandonado por su madre en tierra, se convierte en “el último habitante” del planeta. Inconsciente de ello y enajenado se inmortaliza con un selfie pidiendo un like.

Fotograma de la película (Netflix)

En resumen, tras implorar valor a Dios Padre para asumir una extinción ineludible –privados de gobernantes, periodistas, científicos y creadores de cultura- los guionistas nos invitan a reírnos de los Poncio Pilatos que nos desgobiernan. La mejor crítica proviene de la autoparodia que la propia película ofrece.

Por si se les había olvidado identificarse con los protas, dice Kate: «Quizás la destrucción de todo el planeta no se supone que sea divertida. [Ni solventable o reparable con plegarias, cabe añadir]. Tal vez se supone que debe ser aterradora [y movilizadora, añado]». Y Randal afirma: «No todo tiene que sonar tan malditamente inteligente o encantador o simpático todo el tiempo. A veces sólo necesitamos ser capaces de decirnos cosas. Necesitamos ser capaces de escuchar cosas». Digámoslas y escuchémonos, pues.

Que las risas y los rezos no apaguen la conversación y las iniciativas que, supuestamente, quiere inspirar esta película con tanto jugo para quien quiera exprimirlo. Por cierto, el juego que les proponía no es el del calamar. Aquí no gana nadie. Se trata de examinar las razones y las responsabilidades del fracaso presente.

Fotograma de la película (Netflix)

BONUS para maestr@s, profes, y sus trasuntos en casa, bar, curro o pachanga musical… Y, sobre todo, en Twitch.

*** REGLAS PARA JUGAR al Mira arriba, abajo, a los lados… y adelante.***

0. Consultar los links de este texto (en sus dos entregas, mejor).

1. Repartirse entre ser Kates y Randalls. El resto, que hagan de secundarios ;-)

2. Dividirse en grupos para identificar * políticos, ** periodistas, *** gurús tecnológicos, **** iconos progres y ***** voces de la ciencia que en este u otros temas no (nos) dejan hacer, ni decir, ni escuchar, ni ver lo evidente, lo necesario y lo urgente.

3. Continuar el relato que, leído de forma más radical –yendo a las raíces– nos propone esta más que aprovechable y nutritiva peli.

El objetivo final sería (r)escribir otra escena final y otros dos epílogos, tan breves o más que los que están en los títulos de crédito. Propongo estas interpretaciones y versiones de los mismos.

– Reunámonos para cocinar juntos, comer y charlar. Démosle la mano a próximos y a quienes no lo son tanto. No digamos en público cuándo fuimos más felices en este mundo sino en el que vamos (re)construir. Y entonemos las oraciones más transversales: las que atraviesan más fronteras. Si es necesario, démosle la vuelta a las que heredamos de nuestros padres. Apropiémonos de ellas para “salvarnos”.

Y pensemos en “los malos” viéndolos de esta manera:

– Cuando los hiperricos y plutócratas inmundos llegan a crear un nuevo planeta demuestran que son parásitos de los trabajadores. De hecho, este era uno de los finales que estaba pensado (aunque nos privaría del desnudo masivo: ¿El emperador va desnudo).  Proponían los guionistas que arrancase una puja entre estos inútiles magnates -gurús-megaVIPs por contratar a alguien que les construyese una casa. No encontraban a nadie. Y, claro, la puja especulativa no paraba de subir. ¿Lo pillan? ¿Se les ocurren otros finales?

– Creo que el segundo y último epílogo nos representa a todos y todas. Confesémoslo, quisiéramos ser (o contratar los servicios de) Iván Redondo. Somos huérfanos de la presidenta mala madre. Estamos empantallados. Tanto que cuando llegue el fin no percibiremos que no queda nadie más vivo, excepto nosotros. Y, aún así, pediremos un like, un retuit… una suscripción.

INSTRUCCIONES PARA USUARI*S AVANZAD*S: Doblad el final y los epílogos, filmad otros en línea con los propuestos. Viralizadlos como hámsters en una jaula que saben abrir.

La humanidad se enfrenta en nuestro tiempo a retos de gran magnitud: agravamiento de la crisis ecológica, intensificación de las desigualdades sociales, creciente poder de las grandes empresas capitalistas, persistencia de las desigualdades de género, aumento de los autoritarismos nacionalistas, etc.

Ante ellos, el espacio progresista lleva décadas apostando, de forma más o menos explícita, por una estrategia basada en actuar principalmente a través de partidos políticos, de movimientos sociales, de sindicatos, y de fundaciones, institutos de investigación y editoriales. Sin embargo, y si bien estos actores son condición necesaria para lograr abordar los retos de nuestro tiempo, no son, como se viene observando durante décadas, condición suficiente.

En este sentido, y siguiendo el espíritu del Foro Social Mundial, es pues necesario incorporar a dicha estrategia a, al menos, un nuevo actor: las cooperativas y entidades de economía social y solidaria. Ello estaría justificado por los importantes impactos positivos que tiene dicho actor en relación con los retos de nuestro tiempo. Unos impactos positivos que se producen gracias a, al menos, cuatro elementos característicos de las cooperativas y entidades de economía social y solidaria.

En primer lugar, la propiedad y gestión cooperativa de los medios de producción por parte de los trabajadores de las cooperativas y entidades de economía social y solidaria garantiza que, en caso de haber beneficios, los mismos no se acumulen en unas pocas manos, sino que se distribuyan equitativamente entre todos los trabajadores. Además, y por su parte, las cooperativas y entidades de economía solidaria directamente no tienen ánimo de lucro, por lo que los beneficios no se distribuyen entre los trabajadores, sino que se destinan o bien al impulso de proyectos sociales o bien se reinvierten en la propia empresa. Igualmente, la propiedad y gestión cooperativa de los medios de producción favorece una menor brecha salarial entre los trabajadores, garantizando con ello, también en este aspecto, la no acumulación de recursos en unas pocas manos. De esta forma, y ante los retos de nuestro tiempo, las cooperativas y entidades de economía social y solidaria fomentan pues una mayor igualdad social y de género.

En segundo lugar, la propiedad y gestión cooperativa de los medios de producción por parte de los trabajadores conlleva también la existencia de una democracia interna en la empresa. Frente a las “órdenes” de los “jefes” de las empresas capitalistas, en las cooperativas y entidades de economía social y solidaria, los trabajadores deciden colectivamente qué se produce, cómo se produce, cuánto se produce, cómo se organizan, cuánto cobran, etc. En la actualidad, en las democracias occidentales, donde reina el capitalismo neoliberal o el capitalismo bienestarista según el país, existe una dicotomía al vivir en una democracia en el ámbito político y en un régimen autoritario en el ámbito empresarial. Es pues fundamental romper esa dicotomía y defender tanto una democracia política como una democracia económico-empresarial. Además, la democracia económico-empresarial fomenta positivamente la democracia política: por un lado, y siguiendo las investigaciones de Carole Pateman, a mayor participación en la empresa por parte de un trabajador, mayor sentido de eficacia política (es decir, mayor sentido de que sus acciones sí pueden tener un impacto político) y, con ello, mayor probabilidad de participación política por parte de ese trabajador. Y, por otro lado, para garantizar la calidad de esa participación política es necesario, como bien apuntan Cornelius Castoriadis o Martha Nussbaum, una paideia democrática; y ésta, en el caso del trabajador de una cooperativa, no sólo se adquiere en la esfera política, sino también en el día a día de su propio lugar de trabajo. De esta forma, las cooperativas y entidades de economía social y solidaria fomentan la democracia política frente al aumento de los autoritarismos.

En tercer lugar, el cooperativismo, al contrario que la empresa capitalista, no tiene el ánimo de lucro y la maximización de los beneficios como principio rector. El cooperativismo entiende que es necesaria la viabilidad económica de la empresa, y con ello que es necesario tener beneficios en cada ejercicio económico, pero apuesta por, o bien un ánimo de lucro reducido en el caso de las entidades de la economía social, o bien, y como se señalaba previamente, por no tener ánimo de lucro en el caso de las entidades de la economía solidaria. Por este motivo, el cooperativismo sitúa de forma general y equilibrada el bienestar de sus trabajadores, la viabilidad de la empresa y el bien común de la sociedad en el centro de su modelo de producción. De esta manera, las cuestiones laborales, de cuidados, de sostenibilidad de los ecosistemas, de integración en la comunidad, de no deslocalización de la producción, de no evasión fiscal, etc., se encuentran, de forma general, entre sus principios esenciales. Así, y con ello, las cooperativas y entidades de la economía social y solidaria fomentan la igualdad social, la igualdad de género y la lucha contra la crisis ecológica.

Y, en cuarto y último lugar, las cooperativas y entidades de la economía, principalmente, solidaria, abogan, frente al consumismo salvaje del capitalismo, por un modelo de consumo consciente y organizado. Un consumo consciente y organizado que tendría, al menos, cinco características principales: por un lado, se considera fundamental distinguir entre necesidades y deseos. Por otro, el consumo de bienes y servicios debe estar más orientado a la satisfacción de necesidades que a la de deseos. Igualmente, el consumo de esos bienes y servicios debe realizarse desde la moderación para no agravar la crisis ecológica. Por su parte, dicho consumo ha de llevarse a cabo en el mayor grado posible en las cooperativas y entidades de la economía social y solidaria, favoreciendo así también con ello el apoyo mutuo entre consumidores y productores. Y, por último, y además de un consumo consciente de carácter individual, es fundamental fomentar un consumo organizado en grupos de consumo, en cooperativas de consumidores (como podría ser el caso de La Osa, La Corriente, Som Energia o Som Connexió) y en cooperativas integrales (como podría ser el caso de Opcions o del Mercado Social de Madrid). Con este modelo de consumo, se fomenta pues una mayor igualdad social y de género (al consumir en, y con ello dar dinero a, cooperativas y entidades de la economía social y solidaria), una reducción del poder de las grandes empresas capitalistas, y una mayor sostenibilidad de los ecosistemas.

Sin embargo, a pesar de los impactos positivos señalados, y a pesar también de que destacados autores contemporáneos como Mario Bunge, Alec Nove, Richard Wolff o Robert Dahl han realizado importantes aportaciones en defensa del cooperativismo, en estos momentos ninguna de las principales ideologías del espacio progresista incorpora el cooperativismo y la economía social y solidaria como un pilar esencial de su propuesta económica. Por un lado, el eurocomunismo todavía no se ha podido librar del todo de la estéril dicotomía comunista entre el Estado y el Mercado. Por otro, la socialdemocracia, para poder construir el Estado de Bienestar tras la Segunda Guerra Mundial, tuvo que aceptar de forma casi acrítica el rol del Mercado capitalista y la empresa capitalista, y se olvidó de la posibilidad de fomentar un modelo empresarial propio que le ayudara a conseguir sus objetivos. Por su parte, el anarquismo, que históricamente siempre se encontró cercano al cooperativismo (piénsese, por ejemplo, en las experiencias desarrolladas en la revolución social española de 1936), en la actualidad apuesta principalmente por la vía sindical de defensa de los derechos laborales de los trabajadores en las empresas capitalistas, más que, de forma clara, por la constitución de cooperativas por parte de los trabajadores. Y, por último, los movimientos ecologistas y los partidos verdes, si bien podrían ser actualmente los más cercanos a la defensa del cooperativismo, tampoco han llegado a introducir, posiblemente por su focalización en el eje productivismo/antiproductivismo, el cooperativismo como elemento esencial de su propuesta económica. De esta forma, y como sostiene Bunge, el espacio progresista sigue teniendo guardado en un cajón su principal y más seria, transformadora y emancipadora apuesta de modelo empresarial.

Una escuela para el activismo económico

Con este marco, en 2019 surgió en Madrid -de la mano de Ecooo-, y en 2020 se extendió a Barcelona -de la mano de LabCoop-, la Escuela de Activismo Económico. Y lo hizo con tres objetivos principales: por un lado, movilizar las fuerzas de la juventud universitaria y de ciclos superiores de FP hacia la (re)construcción del movimiento cooperativista y de la economía social y solidaria. Por otro, ofrecer a dicha juventud un programa de formación de carácter principalmente práctico en otro modelo de hacer economía y empresa -el del movimiento cooperativista y de la economía social y solidaria-. Y, por último, que dicha juventud mejore su empleabilidad en cooperativas y entidades de la economía social y solidaria, favoreciendo con ello su acceso al mercado laboral.

«Sesión de formación de la Escuela de Activismo Económico»

Y si bien durante los peores momentos de la pandemia la Escuela tuvo que bajar su nivel de actividad, gracias a la mejora de la situación sanitaria la sede de Madrid volvió en el presente curso 2021/2022 a retomar su actividad a pleno rendimiento. En este curso, el programa de formación -de carácter práctico, presencial y gratuito- está compuesto por cinco actividades. En primer lugar, tres sesiones de formación inicial, donde se introduce al alumnado en los principales modelos económicos y empresariales, y se presentan las seis cooperativas sin ánimo de lucro que forman parte de la Escuela y donde el alumnado realizará su activismo económico (La Corriente, Som Energia, La Osa, SuperCoop, Fiare Banca Ética y Mercado Social de Madrid). En segundo lugar, siguiendo la metodología learning by doing (aprender haciendo), y como actividad principal de la Escuela, el alumnado desarrolla un activismo durante al menos tres meses en una de las cooperativas sin ánimo de lucro de la Escuela. En tercer lugar, el alumnado, a lo largo de sus meses de activismo, disfruta también de tres sesiones de formación complementaria que versan sobre cómo trabajar en equipo, cómo realizar buenas presentaciones en público, y cómo diseñar y ejecutar estrategias de comercialización. Igualmente, y en cuarto lugar, el alumnado también lleva a cabo, al menos, una sesión de compartir experiencias y reflexiones tanto sobre el activismo que está realizando, como sobre la propuesta teórica y práctica del cooperativismo y la economía social y solidaria. Y, por último, el alumnado asiste a, al menos, un encuentro destacado de la economía social y solidaria de la Comunidad de Madrid.

De esta forma, y con este programa de formación, la Escuela de Activismo Económico ofrece así una educación económica y empresarial a la juventud universitaria y de ciclos superiores de FP para que ésta se convierta en un actor destacado de la necesaria y urgente (re)construcción del movimiento cooperativista y de la economía social y solidaria. Un movimiento que, junto al resto de actores políticos, sociales, sindicales e intelectuales, está llamado a jugar un rol fundamental a la hora de abordar los grandes retos de nuestro tiempo.

Debatir si No mires arriba, el reciente estreno de Netflix, nos llama a actuar ante el cambio climático resulta aburrido y, sobre todo, estéril. Una película pensada para el consumo masivo, como es esta, no pretende convocar solo a la chavalada seguidora de Greta Thunberg. También hará guiños a los retardistas y negacionistas del colapso. Por otra parte, reírse del desastre que se avecina y parodiar nuestra inactividad amplía la audiencia, rebaja la crítica y consuela.

Se me ocurre proponerles un juego en dos tiempos –esta es la primera entrega– que parta de las obviedades anteriores. No mires arriba no es cine político ni social, sino un relato apocalíptico que busca un público masivo. Para alcanzar ese reto, hace digerible la distopía que anticipa. Aborda con humor la imbecilidad individual y colectiva con la que asistiremos al fin del mundo. Cuando este llegue, como ahora, nos limitaremos a negarlo y, luego, a esperar sin poder hacer apenas nada para evitarlo. No mires arriba, ayuda a reconocer el problema; pero no a resolverlo.

Les propongo sacar provecho de la mayor virtud de la película. Diría que reside en la dificultad para distinguir la parodia futurista del relato crítico y veraz sobre nuestro presente. La sátira es el ingrediente base de este pretendido cuasi-documental, que rebaja su tono ficticio con referencias a la actualidad. Pero anticipar el fin acarrea un riesgo inmovilizador. ¿Para qué luchar contra lo inevitable? La risa rebaja la crudeza del pronóstico y normaliza el horror con cinismo.

No les anticipo, aún, el final de la película. Pero adelanto que propone aceptar la inmolación a escala planetaria. No se precisa mucho análisis fílmico para lanzar esta tesis. Y sobran aspavientos por no estar ante una obra altermundista y anticapitalista. ¿Alguien se esperaba otro The End? El “This is the end, my friend” de los Doors, que Coppola filmó con un fondo de Vietnam-USA en llamas y olor a napalm, no cabe en Netflix. La plataforma nunca producirá una segunda parte de Apocalypsis Now emplazada, por ejemplo, en Afganistán. Para empezar, porque Coppola se arruinó haciendo la suya. Y Netflix, por modelo de negocio, no financia proyectos que no aseguren beneficios.

El mayor riesgo de las plataformas –y, por extensión, de la tecnología digital– reside en que cortocircuiten la conversación social y, así, cercenen nuestras facultades para percibir la realidad y actuar sobre ella. No mires arriba aborda este asunto de forma muy lúcida: no queremos saber, sino posicionarnos a favor o en contra. Así que les invito a desplegar ante las pantallas un juego de rol. En esta primera parte deben pensar en los políticos y periodistas que salen en la película.

Vuelvan a ser niños viendo esta peli. Escoja quién será en ella, como ensayo de quién quiere ser “de mayor”. Solo vale pedirse un personaje. Y hay que mantenerlo. Queda prohibido cambiar según las tornas del guion. A lo dicho, hecho y pecho.

Apechugar con lo que escojas ser y hacer esta vida. Esta es la máxima. Porque este juego de rol va sobre nuestra responsabilidad personal y colectiva, sobre lo que decimos y callamos, hacemos o evitamos, en este caos que hemos montado. Lo que sigue, por tanto, contiene spoilers.

Les “estropearé la peli” proponiéndoles que la comenten, antes, durante y después de verla. Miren arriba, abajo y a los lados de la pantalla. Paren la proyección cuando les pete. Encuéntrense allí y entonces con otros espectadores. Se trata de que la sonrisa descreída, el consumo “crítico” y los rezos de una “última cena” no sean las únicas propuestas de acción. Se trata de abrir el debate que los creadores de No mires arriba se arrogan haber planteado pero que, de hecho, clausuran.

Elijan entre ser la joven astrónoma o el investigador senior que protagonizan la película. Cuentan ustedes con seis meses y dos semanas para preparar el mundo ante una “extinción masiva”. Asuma, por tanto, la misión de certificar la inminencia de un “planet killer”: una verdad, una certeza empírica, avalada con datos incontestables y que nadie quiere escuchar. Si la ciencia le trae al pairo, escoja otro personaje. Pero acepte que es un secundario.

La pareja de astrónomos y el cargo de la NASA que les respalda lo tienen claro. El resto del elenco se dedica a boicotearles, con contadas excepciones. Son dignas de ser identificadas, porque sus lazos no se basan en el interés sino en los afectos. Y, con todo, se demuestran impotentes. Los cuidados que se brindan en la película se limitan a convocarse por última vez en familia ante una mesa. Aceptan el final anunciado y dan gracias “por haberlo intentado”. Pero ¿qué? Si además han fracasado.

Identificarse con la pareja de astrónomos ayuda a identificar el resto de roles que nos impiden hacer lo necesario. No quieren consensuarla realidad, porque se niegan a aceptarla. Por eso la endulzan, la niegan o la imputan a conspiraciones y bulos del bando contrario. De modo que la comunicación se convierte en un ejercicio constante de manipulación. Escamotean lo evidente con realidades “alternativas” al gusto del consumidor desaforado y el espectador desquiciado. Y la realidad que se impone depende del lucro que genera para una plutocracia que se sabe impune.

Imaginando que somos los protas de esta historia, Kate –interpretada por Jennifer Lawrence– y Randall –Leonardo DiCaprio–, identificaremos con facilidad los trasuntos del resto de personajes que pueblan nuestra cotidianeidad. En eso consiste el juego: asumida nuestra reticencia a actuar ante tamaña amenaza, señalemos e interpelemos a quienes nos lo ponen imposible y aceleran el desastre. Agrupemos personajes, repasando la película de principio a fin. Convertidos en Kates y Randalls, a ver si desmienten o completan este repaso a políticos, periodistas, gurús tecnológicos y celebrities-creadores de contenidos. Ahora nos fijaremos solo en los dos primeros grupos.

La “clase política” está representada por una presidenta populista, por su hijo y principal consejero, y por un sheriff –antes estrella porno– nominado al Tribunal Supremo. Pónganles nombres y apellidos patrios. Recuerden titulares de quienes negaban tesis científicas por no brindar el 100% de certeza. Y a quienes se sentaron a “aguardar y evaluar” medidas inaplazables, sin permitir que se fiscalizaran las que ellos llevaban a cabo. Y cómo las supeditaron a las encuestas que, a pesar de su enorme incertidumbre, determinaron los calendarios electorales y las designaciones de cargos.

Señalar al clan familiar trumpista y al ayusismo como los correlatos reales de esta forma de hacer “política” apenas tiene mérito. ¿Cuánto tiene de Hillary Clinton o de Kamala Harris la presidenta de No mires arriba que interpreta Meryll Streep? Se lo pregunta Forbes, no yo. ¿Cuánto del Sr. X o M.R. –no son letras al azar–, la presidenta de la CAM? Rebusquen otros perfiles, pero con la óptica del cuñao/á voxista que le amargó estas Navidades. Y encontrarán, entonces, razones comunes para señalar otras muchas dianas. Revestidas de “autoridad y legitimidad democráticas” también han renunciado a hacer política sustantiva. Y también la reemplazan con esa retórica de autobombo que se apaga en el momento de enunciarla.

La inacción política ante los retos que afrontamos también es consecuencia de una inanidad ideológica y programática generalizada. Gestores y representantes públicos la disimulan con gestos, postureos y puestas en escena. Pero, de seguir así, el espectáculo democrático final, como ocurre en el último mitin de la presidenta que encarna M. Streep, se saldará con el apedreamiento de los actores. Esa toma del escenario por los espectadores en No mires arriba ya se produjo el 6 de enero de 2021 ante el Capitolio. Un año después, la degradación de la democracia estadounidense se evidencia en las encuestas: la condena a los instigadores de la subversión y la aceptación de los resultados electorales dividen a la población.

Si el poder no actúa, quizás la Prensa le empuje a hacerlo. Sí, aquel periodismo que se escribía así mismo con mayúsculas. ¿Ya le han encontrado pariente español al New York Herald –¿Times? al que acuden los científicos para filtrar información? ¿Muestran la misma impotencia para convertir un escándalo de tal magnitud en algo más que un pico de visitas a la web? ¿Y ya han dado con los representantes domésticos de los conductores del Daily Rip? Atrévanse a pensar en un pack Ana Rosa/Ferreras/Évole/Motos/Risto; jueguen a los parecidos y las diferencias. No propongo igualarles ni que apliquen la equidistancia. Piensen en qué coinciden y qué deberían diferenciarse quienes se arrogan la condición de informadores profesionales.

Adam McKay, director y productor de No mires arriba

Resultaría burdo imputar la banalización y la mercantilización informativas a un puñado de prestitutos o pseudoperiodistas. Y denotaría una enorme irresponsabilidad eximirnos de la lacra que comportan la trivialización y la polarización digitales. Tanto meme-memez, en su obsesión por el contagio y los baremos de popularidad, conlleva el vaciamiento de sentido y la imposibilidad de diálogo. ¿Cuál es la capacidad de Randall para responder a sus detractores en las redes? ¿Encarna otro papel que el de científico madurito sexi-follable? ¿En qué personaje convierten las plataformas y los medios a Kate? Destrozan su credibilidad y la presentan como una desgraciada por decir a bocajarro lo innombrable. Incluso los padres, en quienes busca refugio, se niegan a acogerla: “ya hay bastante división en este país, no la queremos en casa”.

Queda un segundo tiempo de juego. La que antes fuera heroína en Los juegos del hambre no ha dicho la última palabra.

 

Cuando a finales del pasado año se anunció la dotación de un fondo europeo para la recuperación económica post-pandemia, la reacción general fue desesperanza, generando grandes expectativas. El fondo se presentó como un cambio de estrategia respecto a la crisis de 2008 que partía del reconocimiento, cuando menos implícito, del fracaso de las políticas de austeridad, proponiendo una importante inyección de fondos públicos. Esta vez a través de los sectores productivos y no directamente a los bancos. El núcleo duro de la nueva estrategia, orientada a la reestructuración tecnológica de la economía, es la transformación digital de la sociedad, acompañada de una transición ecológica y resiliente con la vista puesta en la próxima generación, queda nombre a los fondos (Next Generation Funds).

Sin embargo, también ha suscitado recelos. La posible relajación del control de ejecución presupuestaria y de las evaluaciones del impacto ambiental de las medidas y proyectos, así como su distribución entre todos los sectores y territorios implicados, ha motivado ya manifestaciones que relativizan la capacidad de producir las transformaciones estructurales que se atribuyen a los fondos [1]. El propio volumen de los fondos anunciados y su distribución entre todos los sectores y territorios implicados, obliga a relativizar su capacidad de producir tales transformaciones. Las cuantías anuales asignadas grosso modo a las acciones relacionadas con el agua (no llegan a 900M€) son inferiores a la media anual de lo ejecutado en el conjunto de los Planes Hidrológicos durante el periodo 2015-2019 (1.100M€, aproximadamente) y distan mucho de cubrir los 3.750M€ anuales necesarios para financiar el conjunto de medidas previsto y no ejecutados en los mismos.

Las principales inversiones y reformas que el Estado español tiene previsto acometer con este fondo fueron presentadas en junio pasado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). Lo primero que hay que señalar es que los mecanismos de gobernanza y participación puestos en marcha y previstos por el Plan son muy insuficientes: se prevé el diálogo entre administraciones y se pone en marcha una Mesa de Diálogo Social, con organizaciones sindicales y empresariales, pero no hay previsto mecanismo alguno para el diálogo y participación de otros actores de la sociedad civil organizada, entre los cuales se cuenta con entidades cuyos objetivos son, precisamente, impulsar una transición verde y justa, en línea con los objetivos declarados del Plan[2].

En ese sentido, la política del agua ha de ser una pieza fundamental en cualquier estrategia de transición ecológica, dado el deterioro generalizado de los ecosistemas acuáticos y las perspectivas derivadas del cambio climático. El PRTR, el documento que recoge las principales inversiones y reformas que el Estado español tiene previsto acometer con este fondo, se estructura en treinta componentes, el quinto de los cuales Preservación del litoral y recursos hídricos, agrupa los principales ítems relacionados con la política del agua.

Para la realización de los proyectos el Plan se apuesta por un modelo de colaboración público-privada. Aunque no se detalla la forma de esa colaboración, hay que tener presente que, en lo concerniente al sector del agua –un bien común de dominio público- y más específicamente del abastecimiento de agua potable y el saneamiento, dicha colaboración no está exenta de riesgos.

Debido a su carácter de derechos humanos fundamentales, el acceso al agua potable y el saneamiento deben estar garantizados por el estado y protegidos de los riesgos que se derivan de su provisión con fines de negocio. Como ha puesto de manifiesto el relator especial de NNUU para los derechos al abastecimiento y el saneamiento, Leo Heller, la privatización comporta riesgos para el ejercicio de dichos derechos debido a la combinación de tres factores relacionados con el suministro privado de agua y saneamiento: el objetivo empresarial de maximización de los beneficios, el monopolio natural de los servicios y los desequilibrios de poder [3]. En el estado español, el modelo dominante de privatización se articula a través de empresas mixtas, constituidas en la mayor parte de los municipios más poblados por unos pocos grupos empresariales. Los factores señalados por el relator Heller -junto con el de la corrupción que los acompaña (Pokémon, Caso Aquagest, Operación Lezo)- caracterizan la actividad de este sector empresarial también en nuestro país.

El PRTR combina reformas estructurales, sometidas a los lentos ritmos de la tramitación legislativa, con medidas de reactivación de la economía de carácter urgente. Para las segundas la administración y las empresas han acudido a proyectos maduros, que se pudieran poner en marcha en cuanto se dispusieran de la financiación necesaria.

En el caso del agua, el PRTR coincide con la revisión de la segunda generación de planes de gestión de las cuencas hidrográficas que, entre otras cuestiones, comparten la característica común del escaso nivel de ejecución. Según los últimos datos disponibles, a diciembre de 2019, es decir transcurridos dos tercios del periodo de vigencia del plan, se había ejecutado menos de un 10% de las medidas correspondientes a dicho periodo[4].

El anuncio de los planes ha sido recibido como una ocasión para impulsar las medidas ya planificadas, pero pendientes de ejecución. Así, las asociaciones de regantes se han empleado a fondo en una campaña para reclamar las obras de instalación de sistemas de riego localizado, conocidas como modernización y muy cuestionadas por sus efectos rebote de intensificación y/o extensión de los regadíos. A pesar de que el gobierno ha dejado claro que estas obras quedarán excluidas de los fondos, lo cierto es que el ministerio de agricultura (y algunas consejerías) verán incrementados sus recursos presupuestarios a través del PRTR y podrán liberar fondos con destino a la modernización.

Otra medida fundamental de la política de oferta que inspira la planificación hidrológica es la reutilización de aguas residuales urbanas. Aceptada por los regantes –siempre que les resulte a coste cero- cuenta con el apoyo de las constructoras, reunidas en la organización patronal SEOPAN[5], que ven en el ámbito de la depuración de aguas y la reutilización un ámbito de negocio compensatorio del agotamiento de los proyectos de presas y canales. A diferencia de las obras de modernización, éstas sí están incluidas en el PTRT. No hay que olvidar, que el Reino de España abona cada semestre una multa coercitiva de casi 11 M€ por el incumplimiento reiterado de la directiva 91/271/CEE de aguas residuales. Por otro lado, hay que recordar que en el caso de los pequeños y medianos municipios la prestación del servicio de agua presenta deficiencias básicas: no siempre se prestan todos los servicios del ciclo urbano -saneamiento y, principalmente, depuración de aguas; el servicio no es de suficiente calidad- no se cumplen con los estándares de calidad del agua; y, de manera generalizada, no se obtienen ingresos suficientes para cubrir todos los costes asociados al servicio[6].

En un programa que se presenta como de transición hacia una sociedad ecológica y resiliente cabe esperar que los aspectos relacionados directamente con la protección de los ecosistemas y la diversidad biológica que sustentan ocupen un lugar central. El PRTR recoge algunas medidas en éste ámbito sin que se pueda afirmar su centralidad, mucho mejor representada por las ayudas a la trasformación tecnológica de ciertos sectores productivos. Con todo, se reserva una partida (C4.I2; 551.5M€) para muy diversos aspectos relacionados con la biodiversidad que incluye los humedales, pero no los ríos. Sí existe, en cambio, una línea (C5I2) destinada al seguimiento y restauración de ecosistemas fluviales, recuperación de acuíferos y mitigación del riesgo de inundación, de la que cabe presumir una orientación ecológica.

El PRTR incluye entre sus previsiones un conjunto de reformas legislativas encaminadas a adecuar el marco normativo a las necesidades de gestión. Estas propuestas, con ser importantes, son escasamente ambiciosas y, por lo publicado hasta la fecha, de muy escaso alcance. Así, por ejemplo, se anuncia una revisión del canon de vertidos para repercutir a los usuarios urbanos las mayores exigencias en depuración (tratamiento terciario) necesarias para posibilitar la reutilización de las aguas depuradas en la agricultura, pero se renuncia a una revisión en profundidad de los instrumentos para posibilitar de manera eficaz y equitativa la imputación de los costes financieros y ambientales a quien se beneficia de los servicios de dicha reutilización (frecuentemente los usuarios agrarios) o deteriora el medio, respectivamente; es decir, para dar cumplimiento a la DMA.

Sin embargo, existen otras reformas pendientes que no aparecen en la agenda del PRTR. Cabe destacar la ausencia de cualquier referencia a la regulación de los derechos humanos al agua y el saneamiento; pero también, la democratización de la administración del agua, especialmente de las confederaciones hidrográficas, un caso paradigmático de secuestro del regulador desde su misma concepción, que superó la reforma del franquismo de 1978 prácticamente incólume.

La información publicada hasta la fecha es insuficiente para tener una imagen nítida de la aplicación de los fondos. A pesar de ello, situada en el contexto general de la planificación hidrológica y de los graves problemas estructurales de la gestión del agua en nuestro país (deterioro ambiental, distribución asimétrica e injusta de los costos, vulnerabilidad de los sistemas urbanos del agua por falta de inversión, riesgos para los derechos humanos al agua y el saneamiento derivados de la privatización de la gestión, etc.) la información disponible es suficiente para apreciar indicios de divergencia entre la aplicación de los fondos programada y las necesidades prioritarias en la política hídrica, desde el punto de vista de la protección ambiental, el fomento del uso sostenible y la garantía de los derechos humanos fundamentales.

Aun asumiendo la hipótesis de la plena realización de las reformas enumeradas en el PRTR relativas a diversos aspectos normativos de la gestión del agua, resulta difícil aventurar un cambio de rumbo estratégico que reoriente la política de aguas española hacia un modelo de protección ambiental y uso sostenible del agua necesario para frenar la crisis socioecológica. Las referencias retóricas compartidas con las más recientes de la UE –Pacto Verde, Economía circular- pueden inducir a pensar en avances en ese sentido. Pero, con todas las cautelas derivadas de la falta de concreción del documento, es legítimo concluir que no hay un cambio sustancial en el modelo de política del agua consolidado a lo largo del pasado siglo. Insistimos, a falta de conocer la distribución de los fondos entre las diversas acciones mencionadas en el texto y su concreción en proyectos, el subtexto transmite continuidad y no permite aventurar ni actuaciones sobre las causas de los problemas (fuerzas motrices) que supongan una reducción de las presiones sobre los ecosistemas acuáticos, ni una reorientación del modelo de gestión de los abastecimientos y el saneamiento urbanos acorde con el enfoque de gestión de riesgos de la nueva directiva de aguas potables y la protección de los derechos humanos.

De la crisis de 2008 queda aprendida la lección de los costes que sobre el conjunto de la economía tiene la respuesta basada en la transferencia directa de fondos públicos al sector financiero y la austeridad de la mayor parte de la población. La corrección estratégica de la recuperación post-pandemia no parece, sin embargo, apuntar a la superación de una crisis que, más allá de los aspectos coyunturales derivados de la pandemia, tiene su origen en la explotación de los ecosistemas por encima de su capacidad de renovación y asimilación de residuos. En lo que se refiere a los ecosistemas acuáticos y la gestión de los usos del agua, las medidas contenidas en el plan refuerzan, ahora amparadas en una retórica verde, un modelo que erosiona la base biofísica sobre la que se sustenta. La privatización, mercantilización y financiarización del agua ha mostrado sus riesgos en el ámbito de los derechos humanos al acceso al agua y el saneamiento. La extensión de este modelo de negocio privado al riego, mediante la construcción de redes de distribución artificiales y la digitalización de la gestión, producirá cambios profundos en el estado de los ecosistemas acuáticos incompatibles con cualquier transición ecológica posible.


Notas:

*El presente artículo es un resumen de un texto más extenso, que está disponible con el mismo título en la página web de la Fundación Nueva Cultura del Agua https://fnca.eu.

** Francesc La-Roca, Julia Martínez y Leandro del Moral son miembros de la Red Agua Pública y de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

[1] Aportaciones de la FNCA a un análisis preliminar del proyecto de Plan de recuperación, transformación y resiliencia, principalmente desde la perspectiva del agua y los recursos hídricos, 23 abril 2021https://fnca.eu/biblioteca-del-agua/documentos/documentos/20210423_Aportaciones_FNCA_Fondos_Covid.pdf.

[2] El gobierno de España, junto con otras instituciones ha organizado una serie de Diálogos sobre el futuro. El celebrado en Alacant los días 22 y 23 de noviembre de 2021 bajo el título El futuro del Agua ha motivado un escrito de la Red Agua Pública dirigido al presidente del gobierno en el que se denuncia que no se haya contado con la participación activa de la ciudadanía, ni en su organización ni en la composición de los talleres previstos en esta iniciativa. La exclusión de las organizaciones cívicas que desarrollan actividades en el campo del agua de un programa que concede el protagonismo hegemónico a los intereses privados del sector sesga el debate desde su planteamiento inicial. https://fnca.eu/107-novedades/1568-la-rap-muestra-su-malestar-ante-la-jornada-el-futuro-del-agua-22-11-21

[3] Heller, L. (2020) Informe del Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, Naciones Unidas. Asamblea General, A/75/208 https://undocs.org/es/A/75/208.

[4] A diciembre de 2019, la inversión ejecutada acumulada desde diciembre de 2015 es de un 19,8% respecto a la prevista para el horizonte de 2021 […]: un 6.7% corresponde a medidas finalizadas, un 1,2% a medidas completadas-periódicas y un 11,9% a medidas que aún estaban en marcha. MITERD (2020) Informe de seguimiento de Planes Hidrológicos y Recursos Hídricos en España. Año 2019. [Avance diciembre 2020]; p. 124.

[5] SEOPAN (2015) Infraestructuras: consideraciones, desafíos y previsiones, Presentación de Julián Nuñez, Presidente de SEOPAN, marzo 2015.

[6] García Rubio, M.A., y González Gómez, F. (2020), Informe temático.  Informe sobre el ciclo integral del agua en pequeños y medianos municipios, Libro Verde de la Gobernanza del Agua en España. Noviembre de 2020.

Una novela que nos habla de la muerte para reivindicar la vida

Guillem Santacruz es poeta y novelista. También es colaborador de este Espacio Público donde escribe artículos y reseñas sobre ensayos y novelas.

Convencido de que la palabra, el conocimiento y la literatura son dos extraordinarias herramientas para hacer más bella la vida, de sus artículos suelen formar parte la historia, la ciencia, la poesía y la filosofía. Y todas estas disciplinas están también presentes en su novela La conjetura de Reiner, que ha obtenido el premio Ateneo Joven de Sevilla de novela (Editorial Algaida, 2021).

Reiner es un viejo profesor que ejerce una fuerte fascinación entre algunos de sus alumnos. Obsesionado hasta la locura por descubrir la fecha de nuestra muerte, cuando está moribundo y ve cercano su fin convoca a Boris Keller, uno de sus alumnos más próximos, para que se haga cargo de esta investigación. Boris, protagonista y narrador de la historia nos adentra en un mundo en el que se mezclan historia, filosofía y ciencia a través de un recorrido por el tiempo y las ideas en una Europa que desde 1914 ha vivido los más terribles y contrapuestos acontecimientos: desde terribles guerras y matanzas hasta los valores de tolerancia y democracia instaurados tras la Segunda Guerra Mundial. Una historia que proclama que tras el horror de la muerte y la violencia nacen los ideales más nobles de los seres humanos.

Boris, que a su vez está embebido en el estudio del problema del Pseudo Pitágoras, se apoyará en sus recuerdos para tratar de descifrar el problema matemático planteado por su maestro. Y a lo largo de la narración iremos conociendo a los personajes que construyen esta novela; mujeres como Berta, Gabriela, Victoria; y hombres como Florín, Franz o el propio Reiner, son los protagonistas de una historia compleja, exigente, escrita no para complacer gratuitamente al lector sino para proclamar la necesidad de la palabra, del amor y del conocimiento como valores supremos de la civilización.

En la presentación de su libro, Guillem Santacruz decía: “He querido hacer una defensa de la poesía, del lenguaje, de la literatura como método de conocimiento, […] La ciencia igual que la poesía tiene un componente mágico. La ciencia actual no es la del siglo XIX, en la que estaba todo reglado, En la ciencia hay campos de misterio que no vamos a conocer nunca. Y es ahí donde la literatura puede tener un papel.”

Guillem Santacruz. © Ana Daganzo

Esperamos y deseamos que esta meritoria novela sea el principio de una larga y exitosa carrera literaria de este joven autor.

Este artículo se enmarca en el nuevo Espacio Feminista de la Fundación Espacio Público. Este espacio surge desde la necesidad de abrir una ventana inclusiva, con diversas voces, un abanico amplio de temas, desafíos y retos que debe afrontar el feminismo. Además, pretende fortalecer una línea editorial y una agenda específicamente feminista, desde una perspectiva interseccional, que teja redes con mujeres de ámbitos distintos, las acompañe y las apoye.

El pasado 25 de noviembre conmemoramos el día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres. Podría haber sido cualquier fecha, porque todos los días, en todas partes, las mujeres sufrimos violencia por el hecho de serlo. Latinoamérica eligió en 1981 el 25-N por ser el día del asesinato de las hermanas Mirabal por orden del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en 1960, y la ONU se sumó a esta fecha en 1999.

España fue pionera y sigue siendo referente internacional en la protección integral contra la violencia de género, considerada desde la Ley Orgánica 1/2004 como una de las más graves manifestaciones de la discriminación, de la desigualdad y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres que hayan sido sus cónyuges o hayan mantenido relaciones similares de afectividad con ellas, aun sin convivencia. Una ley cuyo ámbito abarca tanto los aspectos preventivos como educativos, sociales, asistenciales y jurídicos. Pero que, en la actualidad, solo reconoce y protege la violencia de género que sufrimos las mujeres como parejas o esposas de un hombre, pese a que hace ya diez años del Convenio de Estambul. Las hermanas Mirabal y tantas otras no serían en nuestra ley estatal víctimas de violencia contra las mujeres, ni entrarían en nuestras estadísticas oficiales.

Desde el 1 de enero de 2022 España va a cumplir por fin el compromiso de computar todos los feminicidios, los asesinatos de mujeres por el hecho de serlo; y cuando en el próximo año se apruebe la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la ley de “solo sí es sí”, se va a cerrar esa gran brecha de protección de las víctimas y supervivientes de violencia sexual. Esta segunda ley integral comprenderá también todos esos ámbitos, aunque, como pasó con la Ley Orgánica 1/2004, la más debatida y conocida sea su parte penal, un síntoma manifiesto de la concepción autoritaria de las leyes que tenemos en nuestra sociedad. Al igual que cuando hablamos de memoria democrática, no sólo hablamos de castigo, cuando hablamos de las víctimas y supervivientes de violencia sexual, hablamos de que necesitan y merecen verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Y sólo en la búsqueda de la “verdad” ya nos encontramos con un gran obstáculo: según los datos oficiales de la Macroencuesta de 2019 de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, sólo el 8% de las víctimas de violencia sexual la denuncian. Sumando otras fuentes que nos permiten ampliar el conocimiento de la violencia sexual realmente existente -partes médicos, atestados policiales, otras instituciones- la cifra alcanza un paupérrimo 11,1%. Es decir, que cuando hablamos de delitos sexuales, estamos obviando casi el 90% de la realidad.

Es importante recordar de dónde venimos: hasta 1979 en España eran delito el adulterio, el amancebamiento (las parejas de hecho), los anticonceptivos y, por supuesto, también el aborto. Ya en democracia y hasta 1989 la violencia sexual más grave se penaba como “delito contra la honestidad”, no como delito contra la libertad sexual. Esto implicaba que la condición de víctima quedaba supeditada a un enfoque patriarcal y de clase. El prejuicio sexista determinaba que, si la mujer no era considerada “honesta”, no podía ser sujeto pasivo -nunca mejor dicho- de estos delitos. En realidad, el estereotipo cultural de “honestidad” equivalía prácticamente a virginidad, y de ahí que, en nuestra tradición judicial, para la determinación del delito siempre se colocara en primer plano quién era esa mujer o qué vida llevaba. Lo que ella hubiera hecho ocupaba más tiempo del proceso judicial que la actuación del agresor.

Esto no solo afectaba a las mujeres sin una vida estable y “ejemplar” a ojos del poder patriarcal. En la práctica, ni las mujeres prostituidas podían ser víctimas de violencia sexual, ni las mujeres casadas podían ser violentadas sexualmente dentro del matrimonio. Conocer esto es esencial para comprender que la relación de subordinación era de tal intensidad que en realidad se penaba, como en el siglo XIX, que la mujer yaciera con otro, deseara a otro; y que el hombre robara o raptara a la mujer de otro, aún con su consentimiento. Esto era, literalmente, lo que penaba el Código de 1822. Ese que Pablo Casado esgrimió en el debate electoral de noviembre de 2019 para argumentar que el consentimiento sexual lleva más de un siglo en el Código Penal, haciendo gala de nuevo de la fragilidad de su formación jurídica. Si se pena que una mujer tenga relaciones sexuales “aún con su consentimiento”, lo que se está castigando es que un hombre acceda a lo que es propiedad de otro hombre. Por eso hasta 1963 era legítimo que el marido matara a la mujer adúltera -no al contrario, claro- o el padre a la hija. En el ámbito civil, legalmente el testimonio de las mujeres no tenía en mismo valor que el de los hombres; en algunos artículos del Código Civil se equiparaba al de menores o personas con discapacidad; hasta 1975 no se reconoció a las mujeres plena capacidad de obrar, y hasta 1981 la patria potestad sobre los hijos y la administración de los bienes correspondía al marido por delante de la mujer. Un sistema jurídico que de forma manifiesta no creía a las mujeres.

La cultura masculina que considera a las mujeres una propiedad de los hombres está en los cimientos de nuestra tradición jurídica aún en democracia. Por eso el consentimiento libre, la ley de “solo sí es sí”, es un paso trascendental para el cambio de la cultura del sometimiento a la del consentimiento. Decir “no es no”, ha sido un lema feminista básico al reclamar al sistema el mínimo respeto exigible como seres humanos. Pero la igualdad sexual va más allá de la cultura del no, del veto. Ésta presupone un derecho de los hombres a acceder al cuerpo de las mujeres, y un deber de las mujeres de establecer los límites, de decir “no”. La posición de partida sigue siendo desigual, y se transmite a los varones de forma más o menos consciente esa situación hegemónica derivada de una suerte de derecho natural sobre unos seres subordinados y discriminados, que somos las mujeres. Sin embargo, cuando damos el paso al “solo sí es sí”, hay un cambio de paradigma que presupone que mujeres y hombres son sujetos libres e iguales. Sólo desde la igualdad el valor del consentimiento de ambas personas se equilibra y podemos hablar de la existencia de una libertad sexual entre iguales.

Por eso la agresión sexual no será el acto sexual con violencia o intimidación: será el acto sexual no consentido. Y por eso es importante desterrar el concepto de abuso sexual. Abusar significa hacer uso de algo de modo excesivo o indebido. Pero las mujeres y la infancia, víctimas de un 98% de las violencias sexuales, no serán ya objetos para el Derecho, sino sujetos de derechos. Ya no habrá que buscar explicación, porque no la tiene, a la diferencia de trato legal entre la víctima de la “manada de Pamplona”, que sufrió violación por intimidación ambiental, y la de la “manada de Manresa” que, sin embargo, sufrió legalmente abuso sexual, no agresión, porque aun siendo menor de edad, estaba inconsciente y por tanto los cinco agresores no ejercieron contra ella violencia o intimidación, ni ambiental ni de ningún tipo. Que esto deje de ser abuso para pasar a ser agresión sexual no significa, sin embargo, que se equiparen las penas de acciones de distinta gravedad. La proporcionalidad de las penas es una garantía esencial, que además tiene efectos prácticos evidentes: la huida del derecho penal bajo cualquier tipo de subterfugio cuando se consideran penas excesivas es tan evidente como que, si la pena de violación se equipara a la del homicidio, estaríamos permitiendo que al agresor le merezca la pena asesinar a la única testigo.

Habría mucho más que decir de este proyecto de ley, sobre todo en aspectos que no han merecido la atención de los medios: la creación de centros de atención 24 horas a víctimas de violencias sexuales -actuales o pasadas- sin requerir denuncia. La garantía de una atención especializada. La implantación del modelo de las “casas de infancia” que básicamente implica que las instituciones sean quienes acudan a donde se encuentran las víctimas menores de edad, y no al revés. La previsión de que la asistencia sanitaria a las víctimas incluya la recogida de todas las muestras y pruebas biológicas con su consentimiento, y su debida custodia, no condicionada a tener que tomar la decisión de denunciar en ese momento. La regulación del derecho a la reparación integral: física, psíquica, económica, social y simbólica. La reforma del artículo 443 del Código Penal para que sea delito no solo la solicitud sexual a personas bajo custodia en comisarías, prisiones y centros de menores, sino también en CIEs, centros de estancia temporal o cualquier otro de retención y custodia. La proscripción de la divulgación de datos de las víctimas sin su consentimiento y de las preguntas innecesarias sobre su vida privada en los juicios.

Esta ley no es punitivista, porque el feminismo no lo es; porque el punitivismo, bajo una falsa apariencia de protección y seguridad, obedece a esa cultura radicalmente patriarcal, a esa tradición jurídica que considera a la mujer una propiedad del hombre. Es esa tradición y no el respeto a la libertad sexual de las mujeres, la raíz del severo castigo formal e informal al delincuente sexual. El cambio de paradigma de una ley integral con perspectiva feminista y de derechos humanos lo constituye la seguridad basada en los derechos, a los que corresponden las obligaciones del Estado: prevenir, educar, investigar, cuidar, sancionar, reparar. Frete al negacionismo reaccionario que transmite miedo, domesticación, silencio, y que trata la violencia sexual como casos aislados de monstruos, locos o extranjeros, las instituciones públicas asumen que la violencia contra las mujeres es un problema estructural y sistémico que no solo no es extraño a nuestra cultura patriarcal, sino que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra tradición. Y responde por fin con un mensaje claro y rotundo a las mujeres: yo sí te creo.

Notas:

Vicky Rosell es magistrada y actualmente delegada del Gobierno contra la Violencia de Género.

Jornada ‘Transición digital y cambios en el mundo del trabajo’ en la que distintas voces del mundo laboral, como la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que inauguró la jornada, el secretario general de CCOO, Unai Sordo, el presidente del CES, Antón Costas o el presidente de AMETIC, Pedro Mier, abordaron los retos y desafíos a los que se enfrenta el mercado de trabajo en España.

Este artículo se enmarca en el nuevo Espacio Feminista de la Fundación Espacio Público. Este espacio surge desde la necesidad de abrir una ventana inclusiva, con diversas voces, un abanico amplio de temas, desafíos y retos que debe afrontar el feminismo. Además, pretende fortalecer una línea editorial y una agenda específicamente feminista, desde una perspectiva interseccional, que teja redes con mujeres de ámbitos distintos, las acompañe y las apoye.

En octubre de 2019 Chile vivió uno de los momentos que pasarán a la historia de esa larga y angosta faja de tierra, el estallido social chileno llevó a la calle a millones de personas que alzaron su voz en uno de los países con mayor desigualdad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) después de México y la recientemente incorporada Colombia[1]. De ese momento histórico devino un proceso político en el que chilenos y chilenas eligieron no solo escribir una nueva Constitución sino que ésta fuera redactada por una Convención Constitucional paritaria[2].

Dentro de este contexto, el 4 de julio este año Elisa Loncón Antileo fue elegida presidenta de la Convención Constitucional, en su discurso saludó a las mujeres “que caminaron contra todo sistema de dominación”. Esa misma dominación contra la que dos años antes, en los días previos a la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Colectivo feminista LasTesis se rebeló a través de la intervención artística “Un violador en tu camino”, convirtiéndose en un himno feminista extendido por todo el mundo y que dos años después sigue resonando en nuestros oídos. En la performance son apuntados por el dedo –cuestionador e inquisidor— de las feministas el Estado y algunas de sus instituciones, entre ellas los jueces, ante el reconocimiento que la culpa no es mía, ni donde estaba o cómo vestía, y como el patriarcado nos juzga y castiga con una violencia que no es visible o más bien se invisibiliza, y que se ejerce de distintas formas: el homicidio, la desaparición, la violación y la impunidad.

La letra de este himno nos llama a reflexionar sobre las violencias contra mujeres y niñas y el sistema de justicia, catalogado por el movimiento feminista como una (in)justicia patriarcal, y de algunas de las herramientas para combatirla y lograr imperiosas transformaciones en pos del pleno goce de los derechos humanos de aquellas.

La violencia contra la mujer ha sido reconocida en diversos instrumentos del Sistema de Protección de Derechos Humanos como una violación a los mismos, una forma de discriminación en su contra, y que incluye no solo la violencia perpetrada por agentes no estatales, sino también por el Estado y aquella tolerada por éste[3]. Respecto de esto último y llevado al ámbito judicial, la Recomendación General Nº 35 del Comité de la Cedaw de 2017 establece que todos los órganos judiciales tienen la obligación de (i) “abstenerse de incurrir en todo acto o práctica de discriminación o violencia por razón de género contra la mujer” y (ii) “aplicar estrictamente todas las disposiciones penales que sancionan esa violencia, garantizar que todos los procedimientos judiciales en causas relativas a denuncias de violencia por razón de género contra la mujer sean imparciales, justos y no se vean afectados por estereotipos de género o por una interpretación discriminatoria de las disposiciones jurídicas, incluido el derecho internacional” (§24).

Para cumplir ambas obligaciones se hace necesaria la incorporación de una serie de estrategias en lo jurídico, entre ellas, la incorporación de la perspectiva de género en la labor jurisdiccional, metodología que ingresó en el ámbito de las políticas de desarrollo y que se ha extendido entre otras áreas, al sistema de justicia, junto con la capacitación y formación de quienes imparten justicia sobre estas materias.

La incorporación de la perspectiva de género en la labor jurisdiccional conlleva, el uso “de ese potencial crítico y autorreflexivo que la categoría género lleva implícito” y “ayuda a interrogar y a analizar la realidad y sobre todo, a impulsar trasformaciones sociales, pues entender la perspectiva de género, reta y obliga a tomar posturas reflexivas frente a esas realidades que colocan en desventaja a las mujeres”[4]. Su incorporación conlleva garantizar los derechos humanos, en especial el derecho de igualdad y no discriminación y el derecho de acceso a la justicia mediante el cual “la persona humana se emancipa, se defiende y se afirma frente a las manifestaciones del poder arbitrario”[5].

Por otro lado, la capacitación de jueces y juezas en materias de género, siguiendo a Ronconi y Vita parte del supuesto que “existe una relación de pertinencia entre la capacitación que reciben quienes aspiran a ocupar o desempeñan cargos en la magistratura y un perfil de juez que colabore con la construcción de un modelo de sociedad igualitario”, pudiendo no solo el Derecho reproducir las desigualdades entre hombres y mujeres, sino que los jueces y juezas a través de la aplicación del mismo, consolidando jerarquizaciones de género[6].

La necesaria formación y capacitación de quienes administran justicia en estas materias, tal como ha sostenido la Corte Interamericana de Derechos Humanos debe implicar no solo un aprendizaje de las normas, sino el desarrollo de capacidades para reconocer la discriminación que sufren las mujeres en su vida cotidiana, tomando en cuenta cómo ciertas normas o prácticas en el derecho interno, sea intencionalmente o por sus resultados, tienen efectos discriminatorios en la vida cotidiana de las mujeres[7], como también para “deconstruir los estereotipos de género negativos o perjudiciales y así asegurar que las investigaciones y enjuiciamientos de este tipo de hechos se realicen de acuerdo a los más estrictos estándares de debida diligencia”[8].

Jueces y juezas pueden incurrir en el incumplimiento por parte del Estado de las obligaciones internacionales, en especial, en relación al derecho de las mujeres a una vida libre de violencia[9], debiendo no solo no cometer actos de violencia sino además actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar, enjuiciar y castigar este tipo de violencia. Para ello, propongo dos herramientas, la incorporación de la perspectiva de género en la labor jurisdiccional y la formación y capacitación de jueces y juezas sobre estas materias, buscando con ello que el sistema de justicia no siga siendo apuntado con el dedo como parte de aquella estructura que sostiene y perpetua el patriarcado, en cuanto juez que nos juzga por nacer.


Notas:

*Pilar Maturana Cabezas es jueza feminista chilena.

[1] OECD, 2019. Inequalities. “Society at a Glance 2019. OECD Social Indicators”.

[2] Ley Nº 21.216, Diario Oficial, 24 de marzo de 2020.

[3] Entre otros, la Recomendación General Nº 19 y Nº 35 el Comité de la Cedaw; la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; y, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer.

[4]Cuaderno de Buenas Prácticas para Incorporar la Perspectiva de Género en las Sentencias del Poder Judicial chileno (2018). Santiago de Chile: Poder Judicial República de Chile – Eurosocial, p. 60.

[5] Cançado, Antônio (2008). El derecho de acceso a la justicia en su amplia dimensión. Santiago de Chile: Librotecnia, p. 79

[6] Ronconi, Liliana, y Vita, Leticia (2013). La perspectiva de género en la formación de jueces y juezas. En Revista sobre enseñanza del Derecho de Buenos Aires, 11 (22), p. 115.

[7] Cfr. Corte IDH, Caso González y otras (“Campo Algodonero”) Vs. México. Sentencia de 16 de noviembre de 2009 (Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas). Serie C No. 205; y, Corte IDH, Caso Espinoza Gonzáles vs. Perú. Sentencia de 20 de noviembre de 2014 (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas), Serie C No. 289.  

[8] Corte IDH, Caso López Soto y otros Vs. Venezuela. Sentencia de 26 de septiembre de 2018 (Fondo, Reparaciones y Costas). Serie C nº 362, § 338.

[9] Artículo 3 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer.

Una novela que estremece

Alaíde Ventura Medina es una escritora y antropóloga mexicana. Ha publicado dos novelas: “Como caracol” que ganó el Premio Gran Angular (2018) y “Entre los rotos” (Premio Mauricio Achar 2019).

La editorial Tránsito ha publicado hace unos días en España, en una estupenda edición, “Entre los rotos”, un libro que estremece y conmueve desde la primera página. Con este motivo en Espacio Público conversamos con Alaíde Ventura.

Dos novelas, dos premios. Hay que darle la enhorabuena, tiene usted una estupenda carrera literaria. En “Como Caracol” la protagonista indaga en las relaciones familiares entre su madre y su abuela, tres generaciones de mujeres en las que hay secretos, enfermedad, tristeza y también ternura. En esta nueva novela, “Entre los rotos”, usted narra una historia familiar en la que está presente de principio a fin la violencia patriarcal. ¿Por qué le interesa tanto la familia como tema central de sus novelas?

En origen, la familia no era el tema central. En mi caso las historias salen solitas, las voces me empiezan a hablar, pero la familia palpita debajo, como subterránea. Supongo que es porque es lo que más conozco. No tengo mucha imaginación. Lo que hago más bien es reacomodar las piezas del entorno en esta especie de autoficción o de ficcionalización de la propia experiencia. Será por eso, no hay escape a los patrones mentales. Yo tiendo a caer en las repeticiones y esto se nota en el mundo real pero también en mi literatura.

La lectura de “Entre los rotos” te estremece desde la primera página. La primera guerra a veces es la casa. La primera patria perdida, la familia”. Usted cuenta una experiencia familiar muy dura, de una violencia tapada, que apenas vemos, pero que por desgracia está muy extendida: la violencia patriarcal contra niñas y niños. Y lo cuenta de una manera muy realista, ¿hay algo autobiográfico en su novela?

Yo no escribo autobiografías, yo tomo prestada mi voz para narrar historias posibles, pero no necesariamente relato hechos comprobables. No tengo mucha imaginación, entonces me da más por la especulación, en el sentido aristotélico de reflejar el mundo no como fue sino como pudo o debiera haber sido. Me acuerdo que a Betty Smith, la autora de “Un árbol crece en Brooklyn” le preguntaban si así había sido su infancia. Y ella contestaba que no, que ella narraba su infancia como debía haber sido. Entonces, yo me pongo en hipotéticos, en imaginarios hipotéticos: ¿cómo habrá sido para mí vivir una historia así? Hay muchos pasajes muy parecidos a mi vida, las atmósferas, algunas relaciones familiares, algunos personajes; y sobre todo eso que te digo, mi voz, es ¿cómo habría reaccionado yo? pero no diría que es mi vida o que estoy contando crónica. Y sobre si yo he sido víctima de violencia, eso es muy extraliterario, yo me atengo contestar sobre lo que hay en el interior del texto, sí diría que en mi generación por lo menos en este momento no hay nadie que se libre. Por desgracia no hay nadie que esté exenta de haber sufrido violencia. Los femicidios y la violencia machista que va de lo micro a lo macro, desde el abuso verbal a la violación y el femicidio. Eso ocurre todos los días. En ese sentido sí, he sido víctima de violencia. Hay literatura que sí nace como denuncia y yo la admiro también. Cada escritora tiene sus propios objetivos y el efecto que busca encontrar en las lectoras. Pero mi caso no era denunciar, era narrar, nada más narrar.

En su novela, que transcurre en Veracruz (México) también la madre es víctima de la violencia que ejerce su marido contra ella. En México asesinan a mujeres, también niñas, todos los días. ¿Cree que la sociedad ha normalizado esta violencia?

Más bien siempre la hemos tenido normalizada. Lo que pasa es que desde un tiempo para acá se ve: las voces femeninas, las escritoras han comenzado a contar historias que vienen desde el interior de cuatro paredes en donde suceden horrores peores que en la calle. Eso, pues, ha ayudado a visibilizar. Pero por desgracia, normalizada siempre ha estado. Y justo es lo que nos tiene con estos indicios tan altos.

El libro comienza cuando la protagonista encuentra la colección de fotos de su hermano Julián, menor que ella. Fotografías que no reflejan momentos especialmente felices. ¿Por qué cree que las guardó el hermano, que siempre era el objeto principal de la brutalidad de su padre? ¿Es necesario recordar, no olvidar? ¿Ayuda a curarse la memoria?

Justo esa es la gran pregunta del libro: ¿por qué Julián ha conservado las fotografías? Ese es el detonador narrativo ¿por qué? Pues no sé, hay muchas razones. Yo que me apoyo mucho en la búsqueda de mis mapas mentales, uno de los patrones; a veces no damos con un motivo o una razón, simplemente un mecanismo, cómo sucede es a veces más importante que por qué sucede. Nos volvemos locas buscando explicaciones causales como si las personas fuéramos acción-reacción cuando en realidad somos algo muchísimo más complejo. ¿Por qué las ha conservado? Pues no sé, por la misma razón por la que a veces no logramos salir de patrones destructivos, también porque forman parte de tu historia. Se necesita lo oscuro para conservar también la luz, yo creo que es de los jedis.

Alaíde Ventura Medina. © Sergio Hernández Vega

5. Su prosa es muy personal. Impacta. Los recuerdos de la protagonista nos llegan como trallazos:

La culpa: Recuerdo también las palabras de mi hermano al bajarnos del autobús. La idea maldita que ya nunca había de abandonarlo se enraizó esa tarde en su corazón de niño de ocho años: Todo esto es culpa mía”.

“El silencio: Solamente quien ha vivido con una persona silenciosa entiende de qué manera el silencio puede llenar los espacios, apropiarse de ellos. El silencio de mi hermano invadía todo. Nos dejaba a los demás sin posibilidad de movimiento”.

«Quisiera leer este gesto como una confesión cobarde de que mi existencia también fue de algún modo parte de él mismo. Su rostro un día fue mi espejo. ¿Habrá sido el mío, también, el suyo? Una imagen rota, cada pedazo un yo distinto. Un arma posible. Los vidrios con los que hacerse daño«.

El hermano es el eje principal de su libro. ¿Es este libro un homenaje a su memoria?

No, no es un homenaje. Como contesté en la primera pregunta, no es un libro biográfico, es un libro de voz, así como  está narrado a la manera de un Memoir para construir verosimilitud pero no es mi vida, no lo es. Por eso el libro está dedicado a mi hermano, que está vivo, contento y feliz. Esto para evitar malentendidos. Quizás sea un homenaje a los rotos, a personas que han pasado por procesos similares, ya sea del lado de Julián o del lado de la hermana, o también de la mamá. O también, por qué no, todos hemos sido un poco el papá a veces. Es un homenaje a esos fantasmas que tenemos adentro, pero que son arquetípicos, no necesariamente gente de carne y hueso.

Estremece lo que cuenta de la madre: La espalda de mamá era una constelación siniestra. Cicatrices de varios colores y en distintos relieves. Pinté con yodo un mensaje sobre su piel. Alguna clase de grito sofocado. Igual que el llanto que brotaba de mis ojos algunas noches, sin motivo aparente. Cicatriz: recordatorio. Mamá. Sin embargo, durante su infancia la protagonista no se sintió tan unida a su madre: Mamá era un refugio para los desafortunados. ¿Cómo ve ahora al personaje de la madre?

Al personaje de la madre, desde la distancia le tengo mucha compasión porque le toca una parte muy dura de la historia y sus mecanismos son cortos. No encuentra herramientas y pobre, ¿no? Pero también lleva un poco de responsabilidad porque su mutismo y su hermetismo afectan a otros también.

La protagonista con su padre tuvo una relación muy difícil, La normalidad es esta memoria hecha de fragmentos irrecuperables, dice. De niña tuvo una relación ambivalente. De mayor fantasea con que ha muerto en las más variadas circunstancias y con que es capaz de sentir arrepentimiento. ¿Cree que el personaje del padre llega arrepentirse, a tener conciencia de su brutal conducta?

No creo poder inventar nada de lo que ya está en el libro. Depende de la interpretación de cada lectora. A mí como lectora, pues porque una vez que el libro anda en el mundo ya no me pertenece a mí, también puedo verlo a la distancia. Yo diría que no, habría sido bueno pero no.

En el libro también a aparecen personajes entrañables, como la abuela, Ana (la amiga) o Hugo, el gatito. ¿Hay lugar para la esperanza? ¿Hay lugar para el amor?

Qué bueno que me preguntas esto porque para mí era muy importante darles a mis personajes que lo están pasando tan mal, darles un poco de sosiego, un oasis, un remanso de esperanza. Para mí esos son los personajes más luminosos. Como bien dices, los animales, pero también la abuela y Ana, porque no puede ser todo funesto, nos volveríamos locos. No habría historia. Tiene que haber claroscuros y ambigüedades.

Por último, ¿Cree que su novela, como otras obras de otras autoras influirá para que la sociedad tome conciencia de la brutalidad de la violencia machista, la violencia contra niñas y niños?

No sé si ayudé a tomar conciencia, pero si ayudo a sacudirnos a que las lectoras encuentren algo, ya sea un espejo oscuro doloroso o un remanso, o algo, por lo menos la sensación de no estar solas, de compartir una historia, compartir generacionalmente un pasado aunque sea violento, aunque sea así tan gris. Yo me doy por bien servida con eso. No creo que sea el lugar de mi historia concienciar. Para eso hay otro tipo de escritura. Pero, claro, si funciona pues ¿qué mejor? Pero no era la intención original. Pero es un extra muy bien recibido también.

Muchas gracias, y enhorabuena por este libro.

Valencia, nuestras calles y nuestras plazas por Joan Olmos Lloréns

Nada grande se ha hecho sin pasión” (Hegel)

La frase hegeliana es lo primero que se me ocurre al intentar glosar el libro de Joan Olmos Lloréns que ha dedicado toda su vida a pensar, escribir y enseñar urbanismo y que, ya jubilado, nos hace este regalo dedicado a su amada ciudad de Valencia, por la que sigue luchando en contra de la codicia, ignorancia y corrupción del poderoso caballero, D. Dinero.

Joan Olmos es un ingeniero de mente y corazón: “Imposible parece que un facultativo de corazón que no tiemble al trazar las primeras líneas del plano de una ciudad cuando debe saber que esas líneas deciden el porvenir material y humano de un sinnúmero de familias” (Ildefonso Cerdá).

Para un castellano de la meseta es muy difícil glosar un libro sobre una ciudad mediterránea basado en vivencias. No obstante, trataré con empeño extraer de ellas algo universal que presiento en ellas.

Joan nos transmite sus sentimientos por medio de fotos, de planos y de la historia de Valencia, me recuerda a mi abuela materna, valenciana, cuando me contaba que la comitiva de una boda que transitaba por el cauce del Turia fue arrastrada por una riada.

¿Existe actualmente el Espacio Público en nuestras ciudades? Nos pregunta el autor. Contesta, a priori, que no cuando habla de “reconquista”. ¿Saben las generaciones actuales en qué consiste el Espacio Público?

Tenemos que volver la vista atrás, a los clásicos griegos y romanos para saber cómo nacieron la polis, la civitas y la urbs. La urbanización ha desplazado a la ciudadanía, deshumanizándola y despolitizándola. El poder hegemónico del mercado y de las inmobiliarias ha fomentado el aislamiento (isla) y la fragmentación social. Refiriéndome a Madrid recuerdo los PAU (Plan de Actuación Urbanística). Primero se construye la urbanización, con todos los servicios requeridos (desde las calles al wi-fi, pasando por el agua potable, alcantarillado, iluminación…). Para combatir el miedo e inseguridad ciudadana (posiblemente amplificados), se construyen manzanas amuralladas, con entrada vigilada y toda clase de servicios comunes interiores: piscinas, gimnasios, pistas deportivas, jardines…

En principio los ingenieros de caminos, herederos de los pontífices romanos, son constructores de puentes y carreteras que sirven para unir poblaciones y personas, pero no murallas excluyentes (los muros no nos son ajenos pues son elementos auxiliares e imprescindibles en la construcción de caminos y puentes). Este sistema nos retrotrae a la Edad Media, retroceso de la ciudadanía a épocas dominadas por el miedo, tratando de protegerse mediante murallas y castillos. Los “señores actuales”, el “mercado y el capital” están venciendo a la Razón tanto Intelectual como Cordial (Adela Cortina, valenciana de pro). Es necesario reconquistar la ciudad en su acepción humana de Polis y de Civitas. Lo “actual y moderno” nos lleva a la deshumanización, segregación, fragmentación y desigualdad social, aislamiento, ceguera e ignorancia…Imitando a Kant me atrevería a decir que: El problema del restablecimiento de la civitas y la polis tiene solución, incluso para un pueblo de demonios con tal de que tengan entendimiento y no estén cegados por la necedad, la codicia, el individualismo y el miedo al otro, al diferente…

Notas:

*Francisco Altemir, Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos 

Este artículo se enmarca en el nuevo Espacio Feminista de la Fundación Espacio Público. Este espacio surge desde la necesidad de abrir una ventana inclusiva, con diversas voces, un abanico amplio de temas, desafíos y retos que debe afrontar el feminismo. Además, pretende fortalecer una línea editorial y una agenda específicamente feminista, desde una perspectiva interseccional, que teja redes con mujeres de ámbitos distintos, las acompañe y las apoye.

El politólogo Cas Mudde nos recuerda a menudo que el peligro para las democracias liberales no es tanto la derecha radical sino sus políticas. Nuestra preocupación suele centrarse en el mayor o menor éxito electoral de estos partidos; en si entrarán o no en un gobierno de coalición. Sin embargo, su mera presencia en las instituciones, o a veces incluso solamente en la esfera mediática, es suficiente para que puedan contaminar el debate político, las posiciones de otros partidos e incluso las decisiones de ejecutivos de los que no forman parte. Este escenario se hace más plausible allí donde los partidos tradicionales -y especialmente los de derecha- se abren a establecer una estrategia de colaboración. La adopción de políticas migratorias cada vez más restrictivas y punitivas en muchos países europeos se suele citar como uno de los ejemplos más significativos de esta capacidad de influencia.

Hace tiempo que el feminismo viene advirtiendo que el cuestionamiento de los derechos de las mujeres constituye también un objetivo central para la derecha radical que debe preocupar, y ocupar, a las democracias europeas. Estos partidos comparten una visión de la desigualdad como una realidad importada de otras culturas y que en occidente constituye un fenómeno del pasado. Se presentan como defensores de las mujeres y garantes de su seguridad y libertad, mientras proponen eliminar todo vestigio de políticas públicas que fomenten una transformación de los roles de género. Las medidas de lucha contra la violencia machista representan un objetivo político habitual para estos partidos, dado que contribuyen a dibujar este fenómeno como sustento básico de unas desigualdades estructurales que siguen atravesando las vidas de las mujeres.

No es necesario trasladarse a la Hungría de Orbán para observar los efectos de este tipo de agendas. El ejemplo de Vox resulta paradigmático de una derecha radical con capacidad de socavar las políticas de igualdad a pesar de no ocupar el poder político. Andalucía constituye aquí uno de los casos más interesantes, por tratarse de la primera institución de relevancia en la que obtiene representación; también por reproducir el escenario más favorable para la influencia para este tipo de partidos: un gobierno en minoría formado por fuerzas de centro-derecha con voluntad de colaboración.

La presentación de un candidato como Francisco Serrano para liderar las listas autonómicas representó toda una declaración de intenciones. Su perfil estaba marcado por la oposición a las políticas de lucha contra la violencia de género. Las negociaciones inter-partidistas para apoyar la investidura de Juanma Moreno pusieron pronto sobre la mesa que este sería un ingrediente central para conseguir pactos. Ciudadanos y Partido Popular se habían comprometido a fortalecer el marco legislativo existente, tanto en sus programas electorales como en su acuerdo de coalición, siendo las medidas incorporadas en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género su punto de referencia.

Es precisamente este compromiso previo, junto con el amplio consenso social y político, lo que hace especialmente atractiva la consecución de concesiones por parte de Vox. Permiten mostrar una posición diferenciada y revelan una clara capacidad de determinar la toma de decisiones del gobierno. En este contexto no resulta sorprendente que los tres acuerdos presupuestarios firmados por estos tres partidos en Andalucía hayan incorporado diferentes medidas para dar desarrollo por primera vez a un teléfono de violencia intra-familiar. Estas actuaciones suponen un intento de volver atrás en el tiempo y recuperar un enfoque en el que la violencia ejercida hacia las mujeres era enmarcada como un asunto doméstico, desprovisto de conexión con la pervivencia de las desigualdades.

Este retroceso no es si no un ejemplo más de la importancia de las políticas de igualdad en la agenda política de la derecha radical y su voluntad de desmantelarlas, también cuando no ocupan el gobierno. Comprender la deriva iliberal de aquellos países donde alcanzan poder y/o influencia requiere poner los derechos de las mujeres en el centro y considerar su garantía como un compromiso irrenunciable. Todo retroceso en este ámbito representa un paso hacia atrás en la calidad de nuestras democracias.

En Europa y en España, la democracia será feminista o no será.

Notas:

*Alba Alonso es doctora en Ciencias Política y profesora de la Universidade de Santiago de Compostela.

Hace unos días se presentó en la Fundación Carlos Amberes en Madrid el libro Ursula Hirschmann, una mujer por y para Europa, cuya autora es Silvana Boccanfuso y que ha sido publicado por la editorial Icaria.

En este libro, Silvana Boccanfuso reconstruye con sensibilidad femenina la trayectoria vital emocional y política de la protagonista, cuyas reflexiones, emociones, aspectos psicológicos y sensaciones también restituye.

Ursu­la Hirschmann, joven socialista berlinesa (hermana del intelectual y economista antifascista Albert O. Hirschmann), tuvo que huir de su ciudad en 1933 a causa de la persecución política que sufría por parte del régimen nazi. Residió en París y en Italia, donde participó de las conversaciones clandestinas entre los desterrados antifascis­tas de la isla de Ventotene. Allí nació el Manifiesto de Ventotene – Por una Europa libre y unida (1941), documento fundacional del federalismo europeo. Fue también una de las principales artífices de la difusión de este texto entre los opositores al régimen fascista de Mussolini. Participó activamente en la creación del Movimiento Federalista Europeo en Milán (1943), apoyó la acción política de Altiero Spinelli en Suiza y Francia, y participó activamente en la organización de la Conferencia Federalista de 1945 de París, evento que también promovió Albert Camus y en el que participaron varias personas de la Resistencia y de la cultura antifascista en Europa, como George Orwell.

Desde el Berlín de la República de Weimar hasta el feminismo de los años 70, pasando por el París del exilio antinazi, el Trieste de la inmediata preguerra, la Suiza de los antifascistas, una Francia que aún no era libre, la Roma ya liberada y por reconstruir, y la Bruselas de las Comunidades Europeas: Ursula Hirschmann, casada primero con Eugenio Colorni y más adelante con Altiero Spinelli, vivió en estas coordenadas geográficas e históricas, cosmopolita –no importa si por elección o por destino– hasta el punto de perder con los años cualquier sentido de identidad o pertenencia nacional. Quizá sea precisamente en la evanescencia de la identidad nacional de Úrsula donde esté la clave para entender la profundidad de su compromiso europeísta, como ella misma señala: «Nosotros, los deracinés de Europa, que hemos cambiado de fronteras más veces que de zapatos como dice Brecht, ese rey de los deracinés-, tampoco tenemos nada que perder, salvo nuestras cadenas en una Europa unida, y por eso somos federalistas».

Con esta obra, Silvana Boccanfuso ha sacado del olvido a una de las figuras femeninas más interesantes del siglo XX.  Para Ursula Hirschmann la elección del federalismo europeo no fue una reacción temporal y emocional a los dramáticos acontecimientos contingentes (el desastre de los totalitarismos de la guerra) sino un objetivo de acción convencido que llevó adelante a lo largo de toda su vida, incluso cuando la urgencia del momento había pasado, e incluso en aquellos momentos de crisis, económica o política, en los que la idea de una Europa unida no era especialmente popular. Fue precisamente en respuesta a uno de los periodos de crisis más importantes para la construcción de la comunidad que el proyecto más significativo de Ursula Hirshmann –entendido como su propia y original contribución a la causa federalista– tomó forma a mediados de los años 70: el grupo «Femmes pour l’Europe». 

Además de la autora participaron en esta presentación Miguel Ángel Aguilar de la Fundación Carlos Amberes, Brando Benifei (Spinelli Group de Bruselas), el editor del libro Marcello Belotti, Hana Jalloul (Secretaria de Política Internacional y Cooperación al Desarrollo PSOE), Francisco Aldecoa (Presidente Consejo Federal Español del Movimiento Europeo) y  la periodista Eva Orúe, que fue la encargada de moderar el acto.

Este artículo se enmarca en el nuevo Espacio Feminista de la Fundación Espacio Público. Este espacio surge desde la necesidad de abrir una ventana inclusiva, con diversas voces, un abanico amplio de temas, desafíos y retos que debe afrontar el feminismo. Además, pretende fortalecer una línea editorial y una agenda específicamente feminista, desde una perspectiva interseccional, que teja redes con mujeres de ámbitos distintos, las acompañe y las apoye».

“Lucha por las cosas que te importan, pero hazlo de tal manera que los demás se unan a ti”. Ruth Bader Ginsburg (1933-2020)

Casi cincuenta años después de la ley 92/1966, que derogaba la prohibición a las mujeres de acceder a la carrera judicial española, bajo el poderoso motivo de ser estos trabajos actitudes contrarias al «sentido de la delicadeza consustancial en la mujer», en noviembre de 2015 los medios de comunicación españoles de norte a sur, se hacían eco del nacimiento de la primera Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE).

La curiosidad por conocer el origen, la composición y los fines de esta “extraña” asociación de mujeres y juezas se extendió por todo el país con rapidez traspasando incluso la judicatura española, donde nunca antes se había dado un fenómeno asociativo judicial similar.

Pero los orígenes de la AMJE se sitúan mucho más allá de las fronteras españolas, en tierras australianas y allí hemos de trasladarnos para entender nuestro devenir.

Fue durante el verano de 2014, cuando tres magistradas del Tribunal Supremo del Estado de Queensland (Australia), a las que conocí en mi viaje a la ciudad de Brisbane (Australia), me hablaron, por primera vez, de la existencia de la International Association of Women Jutges (IAWJ). Una de ellas, Catherine Holmes, brillante jurista, ha sido nombrada recientemente presidenta del Tribunal Supremo de dicho Estado. Su nombre ha dado la vuelta al mundo, por ser la primera mujer que accede a un cargo institucional de tal envergadura en el continente australiano. Ellas me explicaron la importancia e influencia internacional de dicha asociación, que representa a todos los niveles del poder judicial y promueve la igualdad (real) desde la Justicia.

Una de las peculiaridades de la IAWJ, que la diferencia del resto de asociaciones, es la solidaridad de sus integrantes. Las juezas con mayor capacidad retributiva ayudan económicamente a sufragar los gastos del viaje de aquellas juezas con menor nivel adquisitivo (Afganistan, Irak, Pakistán, Malawi, Siria, Nigeria, etc.), para que puedan explicar en sus conferencias bienales la situación de las mujeres y niñas en sus respectivos países.

Más recientemente, en 2021, la internacional ha vuelto a poner a prueba su faz más activista, en una misión sin precedentes muy alejada de lo judicial, aunque no de la justicia: la evacuación de las juezas afganas ante la amenaza talibán.

Las juezas afganas han peleado desde sus tribunales, a golpe de sentencias, por los derechos humanos de las mujeres, atreviéndose a plantar cara a un sistema que las negaba como seres humanos y, son, ahora, un estratégico objetivo talibán, para aleccionar a una población en shock. Pero la IAWJ no ha permanecido impasible y ha pasado de la dicción a la acción creando un estratégico comité internacional de apoyo a las juezas afganas, desde el que ya han logrado evacuar a más de 160 colegas y sus familias. De las deliberaciones telemáticas de las magistradas de ese peculiar “comité judicial” dependen, ahora, las vidas de sus compañeras afganas.

Y me enamoré de la IAWJ en 2014.

Quedé tan fascinada por su funcionamiento y fines que, durante el viaje de vuelta a España, trazaba ya una estrategia para promover una delegación española.

El siguiente paso fue entablar contacto con Washington DC (su sede social), donde tuve la gran suerte de topar con Vanessa Ruiz, de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia y presidenta de la IAWJ (2018-2021), una mujer fascinante, no solo por su profunda formación jurídica sino por sus valores humanos y su incansable afán por ayudar y tender puentes a otras colegas para acelerar el camino hacia una justicia (realmente) igualitaria. Una mujer sensible ante las injusticias, inteligente y cercana con gran capacidad comunicativa y de liderazgo.

En octubre de 2015, Vanessa viajó a España invitada por la Asociación Canaria de Iuslaboralistas, que presido, para la presentación española de la IAWJ durante la celebración de la IV edición anual de las Jornadas Laborales de Lanzarote y cautivó a ponentes, asistencia e incluso a los medios de comunicación españoles.

2015, fue el año de la selección de las juezas que harían realidad el proyecto. Un año de búsqueda y construcción estatutaria de la esencia de una asociación diferente destinada a cambiar el rumbo de la justicia española.

La AMJE nació impulsada por la confluencia de 12 juezas de distintas jurisdicciones, edades y procedencia geográfica, pero con valores e ideales comunes, ilusiones y mucha energía que invertir en un proyecto común de género, universal, transversal y no vinculado a ninguna ideología política, pero capaz de cambiar las cosas. Una nueva asociación que siempre ha defendido los derechos humanos en general, pero especialmente los derechos de las mujeres y la infancia de todo el mundo, invirtiendo para ello tiempo, esfuerzo, conocimientos y la sensibilidad y experiencia de un colectivo de juezas que, ante todo, pretendíamos ser MUJERES ayudando a otras MUJERES.

Y debutamos en noviembre de 2015 con nuestra primera aportación social, un total de 12 propuestas de justicia hacia la igualdad, una por cada jueza fundadora. Propuestas claras, precisas, directas, fundadas en el conocimiento práctico y empírico que nuestra profesión de juezas nos aporta, pretendiendo mejorar todas las variedades de discriminación de género que se proyectan, sin pudor, en una sociedad todavía diseñada y dirigida en masculino.

A partir de aquí empezamos, sin saberlo, a definir nuestra personalidad asociativa. Observábamos los acontecimientos y resoluciones judiciales, de mayor impacto, sin permanecer impasibles cuando se veían comprometidos los derechos de las mujeres y la infancia, posicionándonos críticamente, siempre desde el rigor y el respeto, al lado de los colectivos más vulnerables.

Nuestros comunicados se encarnaron en el devenir social español, hasta el punto de convertirnos en un referente judicial feminista en España y más allá. Las redes sociales se aliaron con nosotras, convirtiéndose en potentes canales desde donde amplificábamos nuestra presencia e impacto social. Nuestro seguimiento en Facebook, actualmente se acerca a los 200.000 seguidores, más de 23.000, en twitter, y vamos hacia los 4.000 en Instagram, con un elevado número de visitas a nuestra activa página web.

Empujamos desde la práctica, la justicia con perspectiva de género que promovíamos a través de nuestras propias sentencias, dando cumplimiento efectivo a los estándares y obligaciones internacionales.

Una buena prueba de dicho compromiso fue nuestro comunicado crítico en relación a la sentencia del caso de “la manada” (abril 2018). Quizás nuestro comunicado más difícil por el rechazo recibido desde dentro de la judicatura, incluso desde posiciones autodenominadas “progresistas”. Pero cerramos filas y nos regeneramos desde dentro. Nos apoyamos entre nosotras y seguimos adelante pensando siempre en el norte de nuestros fines. Teníamos muy claro de donde veníamos y adonde queríamos llegar.

Poco después, el 28 de mayo de 2018, la página web del Consejo General del Poder judicial español publicaba un comunicado bajo el siguiente título: “El Tribunal Supremo aplica por primera vez la perspectiva de género y condena por intento de asesinato, en lugar de homicidio, a hombre que asestó ocho puñaladas a su mujer”. ¡Avanzábamos, desde las entrañas de la Justicia!

Nuestra hiperactividad asociativa culminó en 2019 con la organización en Madrid de la II Conferencia Regional de la IAWJ, sobre “Justicia con perspectiva de género”, que organizamos junto al Instituto de la Mujer del Gobierno de España y la colaboración del Consejo General del Poder Judicial que la incluyó en su programa de formación continua, con la participación de más de 50 jueces y juezas españoles. Se celebró los días 25 y 26 de abril de 2019 en Madrid, con una asistencia de más de 400 personas, procedentes de 35 países del mundo. Y fuimos premiadas por ello, por el Ayuntamiento de Madrid y la “Madrid Convention Bureau” ese mismo año.

Otra insignia de AMJE es el programa educativo “educando en justicia Igualitaria”, nuestra artillería pesada en el abordaje de la violencia de género. Arrancó en 2016 y actualmente se aplica en numerosas localidades españolas e incluso en México, con más de 3000 jóvenes adscritos y más de un centenar de operadores judiciales de todos los estamentos jurídicos (judicatura, forensía, fiscalía, abogacía…). Un programa bidireccional de educación en la igualdad del alumnado, pero también de nuestros formadores/as judiciales. El éxito del programa fue tal que incluso recibió el premio especial “Meninas-2018” de la delegación del gobierno español, por nuestra contribución a la erradicación de la violencia de género y en la búsqueda de la igualdad.

Emitimos más de 30 comunicados entre 2015 y 2019 y colaboramos con el Consejo General del Poder Judicial en la confección del II plan de Igualdad de la carrera judicial que vio la luz en 2020.

Mientras tanto, aumentaba el número de asociadas que actualmente superan el centenar, y con ello nos enriquecíamos con nuevas miradas y aportaciones desde distintos estamentos (abogacía, fiscalía, universidades, forensía, cuerpos y fuerzas de seguridad, psicología, etc.).

Durante este viaje asociativo hemos intentado hacer las cosas lo mejor posible, sin excesos, pero sin perder nuestra mirada crítica y comprometida muy necesaria, desde dentro de la justicia y también hacia fuera. Hemos tenido aciertos y desatinos, pero siempre hemos invertido ilusión, tiempo y esfuerzo por mejorar la justicia, la sociedad y las relaciones humanas. En esta andadura, hemos forjado la reputación social de nuestra asociación, que se ha ganado el respeto de la comunidad jurídica y judicial dentro y fuera de nuestro país.

Años de experiencia enriquecedora para todas nosotras y de orgullo y agradecimiento hacia nuestras socias, que son el activo más potente de AMJE. Ellas nos suben la moral en tiempos difíciles, nos hacen reír y bailar, pero también aportan su infinita sabiduría, paciencia, experiencia y mirada crítica, entregándose a esta causa común que nos hace mejores y más fuertes para ir haciendo realidad, paso a paso, día a día, todos y cada uno de nuestros sueños igualitarios.

En verano de 2019, un periodista me preguntó:

“¿Cuál es el secreto del éxito social de la Asociación de Mujeres Juezas de España?”

“no es una respuesta fácil”, le dije, “pero mi opinión personal es que el secreto son nuestras tres señas de identidad:

la primera. Desde el primer momento tuvimos claro que no pretendíamos ser una asociación endogámica sino abierta a la sociedad. Las juezas nos importan, pero sobre todo nos importan las restantes mujeres y especialmente aquellas más vulnerables.

La segunda. Somos autocríticas y hemos sido capaces de denunciar las brechas de género endógenas de la carrera judicial y aportar propuestas para su eliminación.

– Y la tercera, es que en AMJE somos resolutivas, y no contemplativas, por lo que ideamos y aplicamos propuestas, programas y acciones con incidencia directa en la sociedad y en la justicia, para cambiarla y avanzar hacia la igualdad, real, no formal, desde la justicia.”

Estas tres características definen bien nuestra esencia, y hoja de ruta asociativa.

En la actualidad, la justicia española ha normalizado la perspectiva de género, que años antes era vista por un importante sector judicial, como una amenaza a la “imparcialidad” que debe regir la actividad jurisdiccional. No tengo ninguna duda, de que esta evolución se iba a producir en un momento u otro, pero, tampoco, que la AMJE ha acelerado el proceso.

Notas:

*Glòria Poyatos Matas es Magistrada del Tribunal Superior Justicia de Canarias, Directora Regional de Europa, Norte de África y Oriente Medio de la IAWJ y Cofundadora y presidenta AMJE (2015-2019).

Parece que fue ayer cuando el mundo aún no había experimentado el gran frenazo global y sin embargo hemos seguido. Muchos han, hemos, perdido personas muy allegadas, como en mi caso el marido de una buena amiga, amigo a su vez, a través del cual rindo homenaje a todas las personas buenas, sabias, que nos han dejado una estela de sabiduría, solidaridad y buen hacer. A todas la más sentida de las ausencias y la más cercana y perpetua de las presencias. Para ellas una tierra leve y un universo infinito.

Así y todo, hay algo que ha demostrado ser esencial en las crisis perpetuas de este momento de la historia del planeta: el arte; la belleza entendida como un gran compendio de los sentidos. La necesidad de él como antídoto de las amenazas a la salud de este asteroide errante y sus múltiples habitantes, sean de la categoría que sean. Y por ello retomamos las sugerencias de exposiciones que han seguido manteniendo la llama de la esperanza, de la vida y de la memoria por los ausentes. La mejor medicina para sobrellevar y, eventualmente, superar esta etapa que también es creativa, porque el arte es resurrección constante de la vida.

CENTRE POMPIDOU MÁLAGA

Sophie Calle 19/11/2021 – 17/04/2022

Sophie Calle (Paris, 1953), es una artista referencia del panorama artístico actual francés. Sus campos de trabajo son la fotografía y el videoarte. La intimidad, el amor y la ausencia, esa que tanto nos está acompañando últimamente a tantas personas, son sus temas de referencia.

La exposición abarca gran parte de los cuarenta años que abarca su obra. El recorrido se conforma en cinco etapas donde temas tan personales como “Dolor Exquisito”, creada a partir de una ruptura amorosa, conviven con “Autobiografías”, desarrollada a modo de diario. “El Marido”, “El Hotel” y un proyecto de reciente creación “Souris Calle”. En cuanto a la parte videoartística, durante la exposición se proyectará su cinta del año 1992 “No sex lastnight”, una roadmovie rodada durante un viaje a los Estados Unidos junto con su marido.

Tres Mujeres Magnum: Eve Arnold, Inge Morath y Cristina García Rodero

Centro Niemeyer, Avenida del Zinc s/n, Avilés, Asturias. Del 2 de julio de 2021 al 30 de enero de 2022.

En 1947. Recién terminada la II Guerra Mundial, una serie de fotoperiodistas y corresponsales de guerra de reputado prestigio se juntaron para crear la primera cooperativa de fotógrafos y así ser más independientes al poder elegir los temas, tratamientos, edición, utilización, reproducción y negociación final de sus fotos. Entre ellos se encontraban nombres tales como Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, María Eisner o Rita Vandivert. De los noventa y nueve fotógrafos que en la actualidad pertenecen a la Agencia Magnum solo once son mujeres, tres de las cuales son españolas: Cristina García Rodero desde 2005, de pleno derecho; Cristina de Middel, desde 2019, de pleno derecho; y Lúa Ribeira, desde 2020, como fotógrafa asociada.

En la exposición de las tres artistas Eve Arnold, Inge Morath y Cristina García Rodero, con un total de 60 fotografías, sobre todo aparecen muchas mujeres salvo alguna excepción.

Eve Arnold (Filadelfia, 1912 – Londres, 2012) centra su trabajo en las mujeres. Le gustaba retratar a las mujeres reflejando sus anhelos y luchas con una mirada muy solidaria hacia las personas más humildes.

Inge Morath (Austria, 1923 – Estados Unidos 2002)

Mujer políglota (hablaba siete idiomas); sus temas de interés fueron muy variados con una especial afinidad hacia los lugares donde vivieron artistas, escritores o personas de relevancia histórica. Su vida privada fue especialmente intensa con circunstancias como ser la esposa de Arthur Miller, una vez este se hubo divorciado de Marilyn Monroe. Trabajó con directores de cine como John Huston y actores de la categoría de Montgomery Cliff y Clark Gable.

Expuso en numerosos museos siendo galardonada con varios premios, reconocimiento a una artista cuya trayectoria profesional es muy similar a la de Eve Arnold.

Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949)

Primera española que consigue ingresar en la agencia Magnum. Artista cuya trayectoria se mueve en un entorno de empatía y complicidad hacia el mundo en el que vive. Muy influida por el mundo del barroco al configurar y componer sus imágenes, se considera más artista que fotoperiodista. En la década de los setenta comienza un estudio, con grandes tintes antropológicos, sobre las fiestas y costumbres de España (ritos paganos y creencias religiosas).

Académica de la Escuela de Bellas Artes de Madrid ha sido reconocida como una artista de primera, habiendo recibido todos los premios de fotografía del mundo, exponiendo su obra en una miríada de museos a lo largo del planeta.

MADRID

Madrid continúa siendo el imán de la creación y exposición del arte con una tendencia cada vez más centrípeta con respecto al resto del estado. Una tendencia compleja en el camino hacia una España vaciada, que no vacía de ideas, que debate cómo no invisibilizarse ante tanto desequilibrio centralista.

Fruto de esa tendencia hacia el escoramiento de la capital es la inmensa oferta que tanto museos como galerías proporcionan en estos tiempos de turbulencia. Destacar algunas muy interesantes propuestas de instituciones como los museos de la milla de oro de las artes.

Museo del Prado

En el Museo del Prado se ha trabajado intensamente para que la institución continúe brillando con luz propia. Una de estas tareas ha sido la reordenación de la colección permanente con nuevos criterios que fueron ensayados, con evidente éxito, al reabrirse el museo después de las semanas de confinamiento. A esto hay que añadir las distintas exposiciones que en estos momentos están a disposición del público erudito y al interesado en todo aquello que el museo pone a disposición del visitante.

El Hijo pródigo de Murillo y el arte de narrar en el Barroco andaluz

Museo Nacional del Prado. Madrid 21/09/2021 – 23/01/2022

Tornaviaje. Arte iberoamericano en España

Museo Nacional del Prado. Madrid 05/10/2021 – 13/02/2022

Museo Thyssen Bornemistza

Al igual que en los museos que conforman la triada de la milla de oro del arte, Prado y Reina Sofia, el museo Thyssen, con categoría de museo nacional desde no hace mucho, el Thyssen ha reorganizado sus colecciones y montado extraordinarias exposiciones. A la exposición en torno a Georgia O’keeffe, que tanto atrapó a aquellos que, conociendo parte de su obra, sin embargo, desconocíamos su capacidad de trabajo, técnicas y mirada pictórica muy personal; le ha seguido una magnífica retrospectiva en torno al pintor belga René Magritte. Magníficamente comisariada por Guillermo Solana y Paula Luengo, que definen la obra del pintor surrealista como una “locura razonada”.

La máquina Magritte

Exposición temporal

Del 14 septiembre de 2021 al 30 de enero de 2022

En posteriores crónicas comentaremos las ofertas expositivas de otras instituciones de Madrid con un énfasis en la reordenación de la colección permanente del museo Reina Sofia. Mientras tanto que ustedes lo disfruten con emoción y curiosidad.

No se olviden de la prudencia que nos permite que la cultura sea un lugar seguro y sanador.

Este artículo se enmarca en el nuevo Espacio Feminista de la Fundación Espacio Público. Este espacio surge desde la necesidad de abrir una ventana inclusiva, con diversas voces, un abanico amplio de temas, desafíos y retos que debe afrontar el feminismo. Además, pretende fortalecer una línea editorial y una agenda específicamente feminista, desde una perspectiva interseccional, que teja redes con mujeres de ámbitos distintos, las acompañe y las apoye.

Las Olas feministas llegan y se van. Su punto álgido suele ser breve pero siempre queda un poso de conocimiento feminista y de avances sobre el que ponen sus pies las generaciones futuras. También, desgraciadamente, toda Ola tiene su reacción patriarcal, de la que también se extraen enseñanzas, pero que duele cuando se está viviendo. A estas alturas, no hay duda de que la Cuarta Ola (aunque no hay acuerdo en esta terminología) fue una revolución contra las violencias sexuales, y tampoco hay duda de que estamos en medio de una virulenta reacción patriarcal. Se pudo poner de manifiesto la enormidad de su extensión y que lo que las feministas llamamos “cultura de la violación” es una realidad cotidiana que, como bien escribió Susan Brownmiller, se despliega como un continuo sobre las vidas de todas. Un continuo que, desde la más leve a la más grave, hemos padecido todas las mujeres en algún momento de nuestra vida. La violencia sexual acompaña a todas las mujeres desde el comienzo de la historia. El miedo a la misma está escrito en nuestro ADN, nos socializamos en ese miedo y con razón, porque no hay un solo lugar del mundo en el que las mujeres puedan decir que viven libres de violencia.

El feminismo lleva décadas luchando contra todas las violencias machistas. Las ha denunciado, conceptualizado adecuadamente, ha diseñado estrategias, políticas públicas, ha dedicado recursos, ha conseguido que todas las instituciones se impliquen en esta lucha, pero la violencia no disminuye. Pasadas ya muchas décadas desde que el feminismo definiera la violencia de género y desde que las instituciones dedicaran a esta lucha presupuestos y políticas públicas, la violencia parece estar aumentando, especialmente las violencias sexuales. Es evidente que una parte de dichas violencias tienen su origen en un movimiento de reacción patriarcal contra los avances del feminismo. Seguramente no se trata de que las feministas o las instituciones estemos haciendo cosas mal, simplemente nada es suficiente todavía para tumbar el sistema patriarcal. Quizá lo que peor hagamos sea pensar en la violencia como una “lacra” del sistema, como una excrecencia del mismo, como un mal ajuste, como algo que se puede combatir independientemente del combate contra el sistema patriarcal en su conjunto. Lo cierto es que todo sistema de dominación necesita usar de ciertas dosis de violencia para perpetuarse, especialmente si pierde, como este ha perdido, el poder formal, legal, sobre las mujeres. Sólo la desaparición del patriarcado traerá la desaparición de la violencia y, mientras, no es pensable la dominación sin ella y, además, cuanto más terreno conquistemos a la igualdad, podemos esperar una reacción más violenta por parte de aquellos que se sienten despojados de sus privilegios.

Las feministas también sabemos a estas alturas que para acabar con las violencias sexuales (con todas las violencias) lo que tiene que pasar es que los hombres dejen de ejercerlas; es decir, que sean ellos los que cambien. Y no lo harán solo con castigos, ni con nuestras movilizaciones. Debemos poner el foco sobre la manera en que se construyen subjetividades que desean violar, dañar, golpear, que cosifican, que deshumanizan a las mujeres. Es posible que aquellas violencias sexuales que parece que están creciendo más, las que se comenten en grupo como hermanamiento en la fratría masculina, aquellas que son extraordinariamente crueles, se puedan estar utilizando como reparación simbólica ante los avances del feminismo por los hombres más apegados a subjetividades rígidamente patriarcales. Así pues, tenemos por delante todo un campo de trabajo con ellos, buscando transformar sus emociones más profundas, aquellas que no encuentran otro cauce de expresión que la violencia. Hay que trabajar poniendo todos los recursos posibles para construir en los niños subjetividades igualitarias, subjetividades no cosificadoras, subjetividades empáticas y cuidadoras y para apoyar el trabajo de los hombres rebeldes al patriarcado.

Las mujeres ya hemos cambiado (aunque quede mucho por hacer) ahora es necesario que cambien también ellos, los hombres igualitarios son todavía una minoría. Pero el cambio no vendrá solo con intervenciones educativas en los niños. Vivimos en un orden disociado en el que por una parte luchamos contra el patriarcado y por la otra lo alimentamos de múltiples maneras. Sigue formando parte de esta lucha, por tanto, la denuncia de las costumbres, las instituciones, los discursos, los artefactos culturales, los privilegios, en definitiva, que contribuyen a reforzar la desigualdad. En muchas ocasiones seguimos denunciando los efectos, las consecuencias más evidentes del patriarcado, pero no penetramos con la suficiente profundidad en aquello que lo sustenta y lo reproduce, en aquello que contribuye a que los hombres no estén cambiando al ritmo que necesitamos.   

Pero también tenemos que esforzarnos en cambiar guiones que parecen escritos en piedra, pero que sirven para ocultar la verdad, y el de la epidemia de violaciones es uno de ellos. Las feministas tenemos que movernos en un difícil equilibrio entre la denuncia permanente y el miedo y su gestión social. El otro día aparecía en la televisión el siguiente titular en La Sexta: “Las violaciones se disparan en España: se denuncian seis agresiones sexuales con penetración cada día. Los datos que comparte el Ministerio de Interior son el reflejo de la grave situación social. En lo que llevamos de 2021 se han denunciado un total de 1.601 violaciones”. Además de que hay tantas violaciones ocultas que cuando se denuncian más puede parecer una epidemia, ¿a qué situación social de refieren? ¿al patriarcado? No lo creemos. Más bien pretenden hacerlas aparecer como si las violaciones fueran consecuencia de la acción de un gobierno o de una situación económica y no consecuencia del patriarcado mismo. Es el miedo de las mujeres utilizado con fines políticos espurios, nada nuevo y nada bueno.

Las feministas tenemos que tener cuidado con la gestión social y política del miedo porque este busca limitarnos y coartar nuestro derecho a ocupar todos los espacios y porque se buscan también reacciones viscerales y nada feministas a ese miedo. Tenemos miedo porque somos socializadas en él, y porque las agresiones graves en la calle, que sufren un número pequeño de mujeres, son un aviso para todas; tenemos miedo porque es verdad que es algo que nos puede ocurrir a todas. Esto nos sitúa en una situación perversa. Se crean las condiciones para que tengamos miedo y después somos nosotras las que tenemos que cuidarnos, las que tenemos que protegernos. Nos limita, nos controla, nos infantiliza. Y el miedo también es un arma que utilizan contra nosotras aquellos que no nos quieren libres, sino encerradas; al tiempo que lo convierten también en arma de otras batallas sociales conservadoras o reaccionarias.

Es verdad que hay un aumento de un 9% en las violaciones denunciadas, pero también es verdad que la mayor concienciación puede hacer que haya más denuncias. Y, en todo caso, estas cifras escalofriantes siguen magnificando la figura del hombre en un callejón oscuro, una figura que pretende vetar nuestra presencia en el espacio público, mientras que se sigue invisibilizando el verdadero guion de las violaciones, de las que más del 80% son causadas por hombres conocidos de las víctimas. Y, más aún, que la mitad de este 80% se ejercen sobre niños y niñas menores, víctimas de una violencia sexual intrafamiliar de la que todavía no nos atrevemos siquiera a hablar claramente. La frase “Sola y borracha quiero llegar a casa” es un grito de justicia del movimiento feminista en todo el mundo que pone el foco donde hay que ponerlo.

Una voz desde el exilio

Cuarenta años de dictadura franquista prohibieron, escondieron e invisibilizaron las obras creadas por mujeres y hombres que tuvieron que salir de España por oponerse al golpe de Estado contra la República. De esta manera fueron condenados al olvido numerosos libros, muchos de los cuales todavía hoy no conocemos. Son los libros que no se sometieron al pensamiento único, monocolor, al que obligaba la dictadura.

Afortunadamente, desde hace unos años hay editoriales que están trabajando por recuperar la memoria colectiva y rescatar una obra cultural que merece ser conocida. Una de estas editoriales es Renacimiento, que recientemente ha publicado en un solo tomo, con prólogo de Soledad Fox Maura, las obras Tiempo de llorar, Voz de nadie, Cuaderno de Apuntes y el guion cinematográfico En el balcón vacío, obras literarias de María Luisa Elío, una de las voces más significativas del exilio español en México.

María Luisa Elío nació en Pamplona en 1926 y falleció en Ciudad de México en 2009. Hija de un abogado, en 1936 tuvo que abandonar España junto con su familia, tras el golpe de Estado de Franco, y exiliarse primero en Francia y posteriormente en México. Escritora y actriz, ella y su marido, el poeta, cineasta y publicista Jomí Garcia Ascot, se rodearon en México de las personalidades intelectuales más conocidas de la época: Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Ramón Xirau, Emilio García Riera, Alejo Carpentier, Susana Noriega, Fina García Marruz…, y Gabriel García Márquez, que les dedicó a ella y a su marido Cien años de soledad.

Su exilio, el abandono obligado de su hogar siendo una niña, son los temas que marcaron su vida y están presentes en toda su obra. También el dolor y el sufrimiento que vivió de cerca en su madre enferma. “No quiero contar nada de eso, en verdad no quiero, no contaré nada. Pero aunque no lo cuente yo sé que lo sé. Sé que sé, ¿cómo puedo hacer para no saber que sé? Dios mío, si hubiera podido no saber, si pudiera morirme sin saber que he sabido”, confiesa en Voz de nadie.

En 1970 regresó a Pamplona con su hijo (pequeño). Y ese regreso, tema principal de la mayor parte de su obra, es lo que la lleva a explorar el abandono, la profunda herida provocada por el destierro, la búsqueda de esa niña que se vio obligada a dejarlo todo para viajar a una tierra desconocida. El reencuentro con un pasado que ya no existe le llevan a exclamar: “Me habían quitado el pasado, ahora me quitaban el recuerdo del pasado, del que yo hacía el presente, y sin tener ninguno de los dos me era imposible pensar en el futuro. ¿Cómo puede haber un futuro sin pasado ni presente? No había nada. Había que comenzar una historia sin historia; con una presencia, que era mi hijo, y con una ausencia total, que era yo.” Sus recuerdos transmiten desgarro y emotividad, son un relato extensible a todas esas personas que vivieron el trauma de la guerra y se vieron obligadas a exiliarse. Unas con más contactos y medios (como en el caso de María Luisa y su familia), otras con mucha menos suerte ya que carecían de todo. “En España habíamos pasado frío, hambre y miedo; lo que más recuerdo es el frío, no sé por qué […] como si el frío fuera la guerra”, confiesa.

El recuerdo de un preso “rojo” que mantiene vívido desde niña le lleva a visitar la prisión donde estaba encarcelado para descubrir que ya no existía y que “su” preso había sido fusilado y enterrado en una fosa común. “Cogí una pequeña margarita y la puse sobre lo que era, sin duda alguna, la fosa común de tierra non sancta” en la que se supone estaba enterrado.

Tiempo de llorar y Cuaderno de apuntes habían sido publicadas con anterioridad en México, y en 2002 la editorial Turner publicó ambas obras en un solo volumen. El guion cinematográfico En el balcón vacío (1961) es la primera vez que es publicado, aunque sí fue estrenada la película, que fue dirigida por su entonces marido en la que María Luisa Elío interviene como guionista y actriz, y es la primera película realizada en México por el exilio español.

Ahora, estos tres textos, junto con Voz de nadie, forman parte de este volumen dentro de la biblioteca de grandes escritoras del siglo XX de la editorial Renacimiento.

Desarraigo y memoria en un rincón de la España sumergida (Virginia Mendoza Benavente)

En los años sesenta del siglo pasado el tramo final del río Guadalope fue mutilado para dar lugar a un gran embalse, el de Mequinenza, que anegó 3.500 huertas y provocó la desaparición de Cauvaca, una pequeña población cercana a Caspe (Aragón) según cuenta el libro “Cauvaca. El paraíso perdido” de Alfredo Grañer, perteneciente a la colección Tedero de la Asociación de Amigos del Castillo del Compromiso de Caspe, referido en su blog por Dragón Chorche.

Ahora, ha retomado el relato de esta historia la escritora “perioantropodista” Virginia Mendoza Benavente –autora de ¿Quién te cerrará los ojos? Historias de soledad y arraigo en la España rural (Libros del KO, 2017) y Heridas del viento, crónicas armenias (La Línea del Horizonte, 2018)– en Detendrán mi río. Desarraigo y memoria en un rincón de la España sumergida (libros del KO, 2021). Y lo hace con su personalísimo estilo, que impregna de magia literaria la realidad que cuenta.

Personajes inolvidables, reales, y en especial Mercedes, rememoran con nostalgia desde el presente lo que fue su infancia en una tierra de huertas y agua. Una tierra llena de vida y contacto con la naturaleza. Una tierra en la que hay pobreza habitada por personas llenas de dignidad. Un mundo en el que María, una campesina ve morir a varios de sus hijos, uno detrás de otro, mientras pare también uno tras otro. Ciega después de tantos partos, conoce “ve” por primera vez el mar de la mano de su marido. El agua, siempre presente, el agua del río en el que Mercedes aprendió a nadar y que fue el escenario de su infancia y adolescencia. Una niña capaz de cazar serpientes y hacerse con la piel de una de ellas un cinturón que podía predecir la lluvia.

Otros personajes, sobre los que la autora ha investigado y otros a los que la autora ha entrevistado y ha rescatado del olvido forman también parte de este bellísimo relato. Un ingeniero estadounidense especialista en embalses que embarca en el último y trágico viaje del Lusitania. Un niño que quiere ser ingeniero y será años después uno de los encargados de la construcción de la presa. Las maestras, los campesinos, los soldados…

Y la guerra, la terrible guerra de 1936 provocada por las fueras del general Franco, que años después se dedicará a promover nuevos embalses: “Queda inaugurado este pantano”, quedará ya como recuerdo del Caudillo de España “por la gracia de Dios”.  

Virginia Mendoza Benavente

“Se caían las estrellas del cielo y los hombres se reunían y decían: ‘Va a haber guerra, que se caen las estrellas’. Yo veía que se caían, se desprendían del cielo, pero yo no sabía ni lo que era una guerra cuando lo decían.” Recuerda Mercedes de su vivencia cuando la guerra llegó a Cauvaca. Señales que anuncian años de miedo, miseria, tristeza, lo mismo que se vivía en el resto de España.

Es también el recuerdo de los trabajadores de las empresas hidroeléctricas, que no arraigan, que siempre están de paso mientras se mantiene la dura tarea de acabar con pueblos y de enviar a la migración a sus habitantes.

Un relato que cuenta una realidad y parece una fábula. Un libro necesario para mantener viva la memoria de lo que un día fueron tierras llenas de vida.

Un libro para disfrutar leyendo. Una lectura muy recomendable.

La Conferencia sobre el futuro de Europa comenzó formalmente su andadura el día 9 de mayo de 2021. En general el tono y expectativas de la Conferencia, si nos atenemos a lo expresado por los portavoces de las instituciones europeas, buscaría varios objetivos simultáneos: un ejercicio abierto y sin condicionantes iniciales de escucha de la diversidad de opiniones de la ciudadanía europea; un práctica deliberativa con el propósito de recoger opiniones y propuestas de esta ciudadanía; un empeño por que la propia práctica de debate y discusión contribuya a hacer avanzar un espacio público europeo y un método de articulación del debate de abajo-arriba cuya intención es salir al encuentro de la desconfianza y el malestar ciudadano respecto a la política en general y a la política europea en particular.

No obstante, los enunciados y expectativas están muy lejos de haberse correspondido con una Conferencia que pueda dar respuesta a esas expectativas.

Las diferencias apreciables entre las diferentes instituciones muestran que Parlamento, Consejo y Comisión no esperan lo mismo de la Conferencia. Para el Consejo y, en parte también para la Comisión, el debate público es instrumental y condicionado: debe servir para legitimar lo existente, ceñirse a las perspectivas estratégicas ya diseñadas por las instituciones y, por último, sus propuestas de reforma deben adecuarse a los principios de subsidiariedad y proporcionalidad y no puede afectar a los Tratados. El Parlamento ofrecía una ambición más ajustada con las necesidades de reforma, proponiendo un modelo de abajo-arriba, inclusivo y donde no se ponían condicionantes a las propuestas de reforma.

El modo en el que se ha organizado finalmente la Conferencia está más cerca de las expectativas del Consejo y Comisión que de las propuestas por el Parlamento. Y aunque los procesos deliberativos son procesos abiertos, en el sentido de que se sabe cómo empiezan pero no es posible determinar su final, no parece que haya condiciones para que el desarrollo de la Conferencia lleve hasta sus límites las posibilidades contempladas en la Declaración conjunta de las tres instituciones.

Finalmente, parece que estaremos, en el mejor de los casos, ante un ejercicio de opinión respecto al que las instituciones europeas –particularmente el Consejo- asumen un compromiso ligero y poco concreto. Y lo cierto es que reducida a un ejercicio de opinión la Conferencia resulta un acontecimiento más bien reiterativo e innecesario. La opinión de la ciudadanía europea respecto al proceso de integración en general y respecto a políticas más específicas es suficientemente conocida a través del Eurobarómetro, en primer lugar y de muchas otras experiencias de participación (limitada) de la sociedad civil europea en diferentes temas. El problema no es tanto no saber lo que la ciudadanía piensa, como la voluntad política para llevar a cabo esas demandas y una hoja de ruta para hacerlas posible.

Sin embargo, la Conferencia se realiza en un momento idóneo para repensar el futuro de la UE y los imprescindibles cambios de envergadura que esta debe acometer si quiere, realmente, ser un proyecto al servicio de las mayorías. La década de crisis que comenzó con el colapso financiero y que sigue activa con los coletazos (no sabemos si serán los últimos) del Coronavirus no tiene parangón en la historia del proceso de integración y debe ser evaluada como un hecho excepcional con importantes implicaciones en todos los órdenes.

Las consecuencias de la policrisis han afectado a las instituciones, a su relación, a la legitimidad de la acción de la UE como sistema político y a las principales políticas de la Unión, pero también a sus valores y principios.

La gobernanza política y económica de este turbulento período ha puesto de manifiesto la disfuncionalidad de esta estructura institucional en términos de eficacia, capacidad de gestión de situaciones inesperadas e ilegibilidad del proceso para la mayoría de la ciudadanía. Al mismo tiempo ha sido este un período de creciente politización respecto al proceso de integración. La mayor visibilidad de la UE en el contexto, por ejemplo, de la gestión de la crisis de 2008, ha suscitado enorme preocupación por sus déficits democráticos y de legitimidad pero también por la orientación neoliberal de sus principales políticas y por la presión sobre los estados del bienestar para reducir sus prestaciones y servicios. La ciudadanía ha visto, además, crecer de manera inexplicable las desigualdades sociales y el deterioro de regiones y ciudades que han hecho crecer la sensación de abandono y, en relación con la UE, de vivir un proceso de integración cuyos beneficios alcanzan solo a una minoría.

Las políticas y la retórica de la austeridad se compadecen mal con una realidad de deterioro de los estados del bienestar, de creciente desigualdad al interior de las sociedades, pero también de creciente diferenciación en el plano económico entre países.

Por otra parte, la crisis del Coronavirus ha hecho estallar los corsés de las políticas de austeridad y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Ha puesto de manifiesto, además, la insuficiencia de un Presupuesto comunitario que apenas alcanza el 1% del PIB de la región. Y está obligando a repensar la relación entre lo estatal y lo supranacional, ante la evidencia de que sin la UE la situación provocada por la pandemia habría sido aún peor, pero sin los estados la gestión de la crisis sanitaria y social hubiera sido imposible.

Pese a constatar que la resiliencia de la UE ha sido mayor de lo, probablemente, esperada, los daños causados al edificio plantean la necesidad de una importante reforma estructural. Parece claro que los interrogantes abiertos por este período inacabable de crisis precisan de respuesta globales y de reformas que afectan al conjunto del edificio. El consenso básico cada vez más extendido es que no es posible seguir como hasta ahora y, por tanto, es necesario acometer reformas en profundidad, habida cuenta, además, de que la lógica de las pequeñas reformas y la búsqueda de soluciones “in extremis” no sirve en estos momentos.

Vivimos eso que se ha denominado “momento maquiaveliano” una situación histórica en la que el sistema político no puede seguir operando de la misma manera y precisa de cambios mayores. En este sentido, la situación, no sólo y no tanto la Conferencia en sí misma, son una oportunidad para la izquierda alternativa.

El pasado Libro Blanco sobre el futuro de Europa propuesto en 2017 por la Comisión Europea mostró el agotamiento del modelo de debate y reforma privilegiado por las elites políticas y económicas europeas y nacionales en relación con la UE: negociaciones intergubernamentales, pactos fuera del alcance y seguimiento de la ciudadanía, menosprecio de los parlamentos nacionales, etc. La lógica elitista y despolitizada que ha sido dominante en el proceso de construcción europea se ha convertido, a estas alturas, en un problema para el proceso de integración mismo.

En esta coyuntura la idea de una Conferencia ciudadana organizada de arriba-abajo y con voluntad real de facilitar la participación de las poblaciones de los países europeos, además de una actitud activa de escucha por parte de las instituciones, sonaba como una propuesta prometedora.

Podría haberse pensado, inicialmente, que la Conferencia diera lugar a un “hecho político” novedoso y fuera este la movilización masiva de la ciudadanía a favor de una estrategia de reforma de la Unión. Pero creemos que no se dan las condiciones para esa movilización y los primeros meses de desarrollo de la Conferencia demuestran que ésta está muy lejos de cumplir con sus expectativas. De una parte, los asuntos europeos siguen viéndose como complejos y alejados por buena parte de la ciudadanía y, consecuentemente, suscitan poco entusiasmo e interés. Por otra parte, no se ha creado ese espacio europeo que singularice el debate sobre los asuntos de la Unión. Los debates políticos siguen anclados en los espacios nacionales tanto en términos discursivos cómo simbólicos, de modo que la “agenda UE” se inserta en los conflictos nacionales subordinada a los debates propios y específicos de las agendas nacionales.

Llegados a este punto podría parecer que lo más razonable es dar ya por muerta la Conferencia. Pero parece más productivo un enfoque que articule el “momento maquiaveliano” al que antes hacíamos referencia con las oportunidades que la Conferencia ofrece de visibilización.

Hay opciones para que la izquierda transformadora utilice este espacio para debatir sus propias posiciones en relación con este momento, para que utilice este recurso como una oportunidad para hacer propuestas audaces de cambio y reforma del proceso de integración. Pensando en el momento más que en la Conferencia en sí misma, la izquierda alternativa podría colocar la idea de una Convención Constituyente, después de la Conferencia e incluir propuestas y reflexiones que desborden los estrechos marcos en los que Consejo y Comisión quieren mantener la Conferencia.

Notas:

*Artículo elaborado en el marco del seminario “Una Gobernanza Democrática en la Unión Europea para la Era Post COVID-19”. Subvención para la celebración de acciones de comunicación y actividades divulgativas, sobre asuntos relacionados con el ámbito de sus competencias para el año 2021 de la Secretaría de Estado para la Unión Europea.

**Pedro Chaves, Investigador IELAT y colaborador del Instituto 25M

Este verano una muy buena amiga me ha regalado el libro Hamnet de Maggie O’Farrell, traducción de Concha Cardeñoso, edición Libros de Asteroide. Lo leí de un tirón. Ha sido considerado el libro del año con 15.000 ejemplares vendidos. Recibió el Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro (National Book Critics Circle Award) y el Premio de Ficción Femenina de Reino Unido (The Women’s Prize for Fiction).

Hace tiempo que tengo pendiente hacer una reseña del libro, pero en estos días otoñales, me he recordado de los paisajes lluviosos ingleses descritos por la autora y decidí ponerme con ello.  

La escritura del libro es impresionante, ¿con qué adjetivos la podríamos definir? Extraordinaria, fluida, expresiva, con descripciones precisas de los paisajes del siglo XVI, que retratan acertadamente las diferencias entre la vida rural y la vida urbana, destacando las maravillas y las desilusiones de vivir en el campo o en la ciudad; aunque la revolución industrial llegaría muchos siglos después, estos contrastes ya se empezaban a delinear en el contexto histórico en que está ambientada la obra.

Como se nota en este párrafo, en que se describen las percepciones de Agnes cuando muda a la ciudad: En vez de ser una unidad en la que varias generaciones trabajan juntas cuidando a los animales, la tierra y la casa, en Henley Street la estructura es otra: están los padres, después los hijos, luego la hija, después los cerdos de la pocilga y las gallinas del gallinero, a continuación, el aprendiz y, al final de todo, las criadas. Cree que su lugar, como nuera reciente es ambiguo entre el aprendiz y las gallinas. (p. 135).

En estas líneas, la protagonista traslada también la representación de la estructura patriarcal que se percibe de forma más clara en la zona urbana. Ojo, que no quiere decir que no haya una estructura patriarcal parecida en la zona rural, solo que en la ciudad se organiza de forma diferente, recalcando quizás la jerarquía patriarcal y socio-económica del ámbito doméstico.

La vida de la familia Shakespeare en un cuadro del siglo 19.

El libro narra la historia de la esposa del escritor, dramaturgo, poeta y conocido por ser el grande fundador de la lengua inglesa, William Shakespeare. Un genio de su época, en su obra trata de los tormentos, angustias, envidias, de la ganancia del poder, pero también aborda las diferencias entre la clase aristocrática y la plebe, del amor que termina en tragedia. Es un autor que retrae el ser humano en el siglo XVI con todas las contradicciones, ambiciones, desgracias y bellezas.

El libro se centra en la que fue supuestamente la pareja de Shakespeare, Agnes. En la obra los hechos reales se mezclan con la ficción. La protagonista es una mujer peculiar que vive en la zona rural de un pequeño pueblo de Inglaterra, en Stratford. Agnes tiene una fuerte vinculación con la naturaleza, que es motivo de extrañamiento y cotilleo en el pueblo. Su conocimiento sobre las plantas y sus características medicinales y curadoras es excepcional. Después de un primer momento de desconfianza, las personas acuden a ella buscando sanación.

Se retrata, por lo tanto, esa vinculación fuerte con la naturaleza, que en algunas ocasiones recuerda al realismo mágico, que mezcla elementos cotidianos con algo fuera de lo común o extraño.

Además, la novela trata especialmente del dolor de perder a un hijo y como esta pérdida afecta a la pareja y a la vida cotidiana de toda la familia. Al principio parece que será la hija la que no tendrá condiciones de vivir, la peste la ha afectado gravemente. Sin embargo, es el niño, que “intercambia” su vida por la de la hermana, y padece irremediablemente de la “muerte negra”, que había llegado hasta Inglaterra a través de las embarcaciones venecianas. El nido vacío que deja la pérdida de un hijo es retratado en la novela con mucha maestría. El dolor que sufren la madre y el padre, la dificultad de seguir la vida sin el hijo, una pérdida de este tipo les persigue por toda la vida. Shakespeare supuestamente acaba escribiendo Hamlet, en homenaje a su hijo:

Me muero […]
Vive tú; […]
Reserva con dolor tu aliento
Para contar mi historia".
(Hamlet, Acto V, escena III).

Es una delicia de libro, en que el lector y la lectora tiene la oportunidad de reflexionar sobre muchos temas, entre ellos, las relaciones de pareja, la sociedad del siglo XVI, la vida del campo y de la ciudad, las estructuras patriarcales, el realismo mágico, la condición de la mujer en este contexto histórico. Recomiendo la lectura.     

Extrañamente, algunas generaciones parecen en su conjunto mejor dotadas que otras y, en consecuencia, construyen una obra de un impacto que resuena durante siglos. No es cierto que todas las generaciones sean iguales en talento y producción. Por eso, los grandes poetas del siglo XX parecen haber compartido marco temporal: Cavafis, Machado, Pessoa, Lorca, J. V. Foix. Listas similares a esta podrían escribirse en relación con los poetas franceses de finales del XIX o los novelistas norteamericanos de la segunda mitad del pasado siglo. La generación de Jena, la generación de oro de la filosofía alemana, entra también en esta categoría.

Peter Neumann con La república de los espíritus libres (Tusquets, 2021) ha escrito un libro sobre ese grupo de escritores, académicos, poetas, filósofos y traductores que durante unos años formaron una comunidad intelectual inigualable en una pequeña ciudad universitaria de calles estrechas y oscuras bajo el auspicio de figuras tan relevantes como Goethe o Schiller, del que abiertamente se mofaban. Durante el día, en la misma casa, trabajaba cada cual en su propia obra y por la noche se reunían para cenar, conversar y discutir ideas. También compartían cotilleos, jugaban a las cartas y se calentaban con el fuego.

Los nombres son conocidos por todos: Novalis, Friedrich y Carolina Schelling, Hegel, Holderlin, los hermanos Wilhelm y Fritz Schlegel, Dorothea y Ludwig Tieck. Excitados por la herencia de Kant, que toman como punto de partida, inician una aventura del pensamiento que Neumann narra con frescura y sin necesidad de internarse en asuntos especialmente densos. Poco a poco, al lector le asalta una pregunta fundamental: ¿cómo es posible que de un grupo de jóvenes de los que se esperaba que se convirtieran en abogados y funcionarios surjan individualidades tan brillantes y originales? Neumann no contesta a esta pregunta. Ni siquiera se la plantea. Se limita a contar, de manera superficial aunque muy placentera, las vidas de los protagonistas.

El libro tiene varios niveles de lectura. Puede leerse como un animado y entretenido relato de unos cuantos escritores famosos. Puede también leerse como la descripción del surgimiento de la vocación filosófica que, en el caso de los alemanes, nace con tanta fuerza como la vocación artística. Ellos, en cierta forma, se sienten tan artistas como filósofos. Al contrario que Adorno, que no se decidía entre ser compositor o filósofo, y así cumplió los cuarenta años, los Schelling, Schlegel, Hegel, Holderlin o Novalis, eran conscientes de estar creando una nueva forma de pensar, sentir y crear. No en vano, los años de Jena son los años de las guerras napoleónicas. Hegel, en pantuflas, verá al emperador a lomos de su caballo y sentirá la presencia del espíritu de la Historia. Esta generación abunda en sentimientos, sentimientos abrumadores. ¡Qué habría escrito Hegel si ese día hubiera calzado unas buenas botas de hebilla!

Friedrich Wilhelm Jospeh Schelling, 1848. Daguerrotipo

Quizás el secreto de esta generación se encuentre en que fueron capaces de tomar la tradición como un hecho simultáneo y revivirla en el presente. Impera la variedad de estilos, géneros e ideas. Se contradicen con frecuencia y discuten. El pasado cultural se integra en la actualidad y no se realizan selecciones ni rígidos cánones. Esta vivencia del pasado es lo que, según Curtius, caracterizaba también al Siglo de Oro español y lo diferenciaba del clasicismo francés. Al final, todo se reduce a una idea muy manida, elaborada hasta la extenuación por Georg Steiner; la idea de que lo nuevo se basa en configuraciones inéditas de lo que ya existe. Por eso, la creación requiere una amplia cultura. Algunos gestos que revelan este modo de pensar son la ironía y la parodia. El Quijote, sin ir más lejos, no es más que una inmensa parodia de los libros de caballerías. Schelling y los Schlegel se entregan a ella también con gusto.

Habría resultado muy grato que Neumann se hubiera explayado en lo concerniente a las fuentes de esta generación. Apenas son nombrados Calderón y Shakespeare y la cámara del escritor ya se ha posado en otro personaje. En Dorothea, por ejemplo. Neumann hace un trabajo necesario al destacar las figuras femeninas intelectuales del grupo, también en el caso de Carolina. En cualquier caso, Neumann, siempre aséptico, está lejos de la crítica cultural feminista. Tampoco menciona la palabra Barroco, lo que habría ayudado mucho a entender el espíritu de este grupo de Jena. Neumann, sin embargo, consigue escribir un libro que disfrutarán sobre todo los nostálgicos de las pasadas épocas y de la tradición y la cultura. Quien escribe esta reseña lo ha hecho. ¡La nostalgia! Otro sentimiento muy barroco (español) y alemán. Pero Neumann tampoco la menciona.

El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha nombrado nuevo jefe para la Jefatura Superior de policía en Catalunya, Luis Fernando Pascual, un funcionario aragonés que ya estuvo destinado a las comisarías de L’Hospitalet de Llobregat y la de la vía Laietana de Barcelona, lugar de espantosos recuerdos para tantos y tantos defensores de las libertades democráticas. Un nombramiento que abre de nuevo el interrogante sobre los motivos por los cuales Interior se ha negado hasta ahora a permitir que este inmueble se transforme en un centro de recuperación de la memoria de la represión.

No caben muchas dudas. La complicidad de sectores de la policía, y también del ejército, con la extrema derecha se pone de manifiesto con tanta frecuencia que llega a considerarse casi como un fenómeno normal.

Muchos gobernantes, de diferentes colores políticos, acostumbran a tratar a las fuerzas armadas y policiales con especial atención y delicadeza. En el Estado español, sin embargo, el tufo que dejó en estos cuerpos el régimen franquista se percibe todavía. Es particularmente fuerte e impregna el comportamiento y los discursos de mandos y responsables políticos.

Cuesta olvidar aquellas ruedas de prensa organizadas por el actual Gobierno del Estado, protagonizadas en buena medida por altos cargos uniformados, en las que se llamaba a la ciudadanía a comportarse como «soldados» para combatir el coronavirus o las palabras de quien hasta no hace mucho ejercía como jefe de la Guardia Civil en Catalunya, cuando equiparó la movilización soberanista catalana con actividades terroristas o al comisario de policía, que salió al balcón de la jefatura de la vía Laietana de Barcelona a levantar el brazo y a besar la rojigualda al paso de una manifestación del nacionalismo español.

La lista de ejemplos que ilustran el talante ideológico de fuerzas hipotéticamente dedicadas a velar por la seguridad de la ciudadanía sería inacabable, pero el más preocupante, quizás, es que no se ven signos ni voluntad de rectificación por parte de gobernantes que se reivindican como progresistas.

Parece mentira pero todavía no han enmendado las palabras del magistrado que ocupa la Secretaría de Estado de Seguridad, Rafael Pérez Ruiz, hombre de confianza del ministro Marlaska. La ciudadanía, dijo, «aprecia el trabajo abnegado y callado» de los policías de la Jefatura Superior de Cataluña. Su sede, en la vía Laietana, «ha sido un símbolo de servicio público desde el cual varias generaciones de policías han contribuido y siguen contribuyendo a fortalecer la democracia en nuestro país», añadió, en señal de cruel desprecio por las persones que allí padecieron el sadismo de determinados comisarios e inspectores.

¿Cuándo se considerarán innecesarios o desacertados estos elogios? ¿Qué necesidad hay de ensalzar sistemáticamente a los empleados del Estado que portan armas, como si sus ocupaciones exigieran mayores «sacrificios» cotidianos por amor a la humanidad que los de otros profesionales? Cuando Pérez Ruiz habló de «generaciones de policías» quiso complacer, evidentemente, a quienes deberían sentir vergüenza por la brutalidad practicada en aquel edificio, la de las torturas del franquismo, pero también la que se siguió aplicando después de la muerte del dictador y la que también sufrió recientemente, por poner tan solo un ejemplo, Guillem Padilla (el joven de la sudadera naranja), que no cometió más error que el de no ser suficientemente rápido para levantarse del suelo y correr, para evitar los golpes de una carga policial.

El mismo día en que el secretario de Estado dejaba bien claro el grado de sensibilidad democrática del Ministerio de Interior, el hasta hace pocos días máximo responsable de la policía en Catalunya elogiaba el «trabajo» de sus subordinados de «captación y análisis de información relevante para la prevención de actividades delictivas y otras que pueden afectar de manera grave el orden público y la pacífica convivencia, provenientes de organizaciones radicales que tienen como objetivo la fractura del Estado, tanto política como social, afectando el normal funcionamiento de las instituciones públicas y privadas, incumpliendo reiterada y gravemente la Constitución y las leyes». No eran estos los objetivos de la «policía patriótica» que participó en la «Operación Cataluña»?

Dicen que este comisario, José Antonio Togores, cargado de medallas al mérito policial y experto en unidades antidisturbios, mantuvo una relación impecable con el major Josep Lluís Trapero, que últimamente se ha significado por sus peticiones de respeto a los Mossos d’Esquadra, realizadas en un esfuerzo para mantener prestigio entre los agentes que reclaman al poder político medidas de reconocimiento de su autoridad.
El major, que entró en conflicto con la cúpula policial española durante el otoño de 2017, y que fue cesado por el Gobierno de Mariano Rajoy, procesado posteriormente y absuelto por la Audiencia Nacional, calificó a Quim Forn de irresponsable ante los magistrados del Tribunal Supremo que condenarían a quién fue consejero de Interior a penas de 10 años y medio de prisión y de inhabilitación para ejercer cargos públicos. En una inusual entrevista emitida por TV3 el pasado mes de junio, Trapero no ahorró elogios a los actuales responsables de la policía española y de la Guardia Civil.

El corporativismo que a menudo se pone de manifiesto entre profesionales de muchos oficios se acaba imponiendo con especial intensidad entre agentes policiales de diferentes cuerpos. A veces se disputan ámbitos de competencia y se ocultan datos, como fue el caso de la información sobre la iman de Ripoll, con consecuencias terribles para las víctimas de los atentados del 17 de agosto. Pero a menudo, si reciben críticas desde la sociedad civil, pueden llegar a defender u ocultar comportamientos propios de energúmenos, actuaciones de violencia gratuita, ensañamientos contra manifestantes, maltratos, castigos inhumanos, golpes, insultos, registros sin garantías, interrogatorios humillantes que hieren la sensibilidad de cualquier ciudadano normal…

La ciudadanía tendría que poder tener, en principio, una percepción amable de los agentes policiales, una imagen habitualmente alejada del sentimiento de miedo, pero este objetivo, difícil de lograr en demasiadas partes del mundo, resulta especialmente complicado de alcanzar en el Estado español, donde es evidente la simpatía que genera la extrema derecha entre sectores de las policías, de la Guardia Civil y de las fuerzas armadas. Los resultados electorales en los colegios y distritos donde tienen mayor presencia son bastante elocuentes.

«El orden, desgraciadamente, pocas veces exige el buen hacer», escribió Albert Camus (1), En nombre del orden público se han justificado y se justifican todo tipo de atentados más y menos graves contra la dignidad de las personas, porque demasiado a menudo quién tiene que garantizar seguridad se preocupa más por el respeto por su «autoridad» que por el servicio que tiene que ofrecer.

Los demócratas con responsabilidades de gobierno tendrían que manifestar preocupación por esta realidad, en vez de disimularla. El régimen del 78 otorgó carta de credibilidad democrática a la policía y al ejército franquistas. Los «casting» posteriores para seleccionar agentes y militares de diferente rango no se han realizado cuidadosamente, es obvio. Los representantes de las mayorías de izquierdas, en lugar de intentar combatir esta enfermedad antidemocrática con muestras de «gratitud y respeto» por quien participa en los desfiles de fuerzas armadas, en vez de invitar a la ciudadanía a la reflexión sobre un «pasado compartido» que nunca ha existido, tendrían que pensar en la manera de democratizar unos cuerpos que nunca fueron depurados de ultraderechistas y que necesitan procesos de selección y formación radicalmente diferentes.

No es una tarea sencilla, porque quien acepta responsabilidades políticas en ámbitos de «seguridad» siempre teme posibles reacciones hostiles en comisarías y cuarteles,. De nada sirve, sin embargo, desviar la mirada hacia otro lado y mucho menos la adulación.

Notas:

*La foto destacada es de Emilio Naranjo/EFE.

(1) Camus, Albert. L’home revoltat. Raig Verd editorial, 2021

Con Ana María López Martín como editora del proyecto, textos de Miguel Cuesta Aguirre y, sobre todo, con las espléndidas ilustraciones arquitectónicas de María del Busto Abriqueta, algunas de las cuales reproducimos en este artículo, la editorial Anaya Touring ha publicado recientemente este libro, que nos ofrece un recorrido por veinte ciudades de España y el resto de Europa teniendo como hilo conductor su camino hacia la sostenibilidad.

Siguiendo un orden alfaético nos adentramos en ciudades que han desarrollado edificios y zonas que quieren cumplir con lo dispuesto en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El urbanismo, los ecosistemas, la biodiversidad, los eco-barrios, la economía circular, la utilización de tecnologías inteligentes, la reducción a cero de CO2 son algunas de las medidas necesarias para que los sistemas puedan mantenerse a largo plazo sin agotar los recursos, perjudicar el medio ambiente o generar injusticias sociales, es decir conseguir la sostenibilidad de las zonas y edificios que habitamos. Así, visitamos el edificio Zuidas, el centro de Arquitectura de Ámsterdam o el NEMO en Ámsterdam. Nos adentramos en el Fórum, el hospital San Pau o la Biblioteca Sant Gervasi, entre otros, en Barcelona. Berlín es una de las ciudades que nos ofrece una amplia gama de lugares y espacios: el Futurium, el Foro Humboldt o el vergel Prinzessinnengärten.

Cité du Vin- Burdeos (2016)

En Burdeos, la ciudad del Vino, no podía faltar la Cité du Vin, un museo a orillas del Garona, que además de museo es un espacio urbano ganado por los vecinos, cuyo diseño (de XTU, 2016) se presta a un sinfín de interpretaciones.

Copenhague nos ofrece sus islas flotantes, un nuevo concepto de parque público. En Estocolmo podemos ver las Slussen (esclusas) el Skansen (museo rural) o el Hammarby Sjöstad. El Centro Internacional de Artes José de Guimarães es otra de las visitas que nos ofrece este libro en el que no podía faltar la ciudad de Hamburgo con su Elbphilharmonie (la filarmónica del Elba).

Löyly, Helsinki (2016)

Löyly, en Helsinki, diseño de Avanto Architects, es un edificio que alberga un restaurante y sauna pública y cuya construcción se ha hecho con madera de telas sostenibles.

De Lisboa podemos ver la Terminal de cruzeiros. Y en Londres no podía faltar la Tate Modern, sede del Museo Nacional Británico de Arte Moderno. Madrid Río es el espacio principal de Madrid los que podemos ver en este libro.

Hotel Indigo (2018) Manchester.

El NOMA (North Manchester) es un distrito de usos mixtos que merece la pena ser visitado.

Milán nos presenta su Palazzo Italia, que fue estandarte de la Exposición Universal de 2015. Y en Oslo hay que ver el Vulkan, que ha convertido un viejo espacio industrializado en un barrio de filosofía sostenible, así como el Munchmuseet, diseño de Herreros finalizado recientemente (2021).

Museo Munch (Oslo) 2021 Diseño de Herreros

No podían faltar París con su Museé du Quai Branly (2006) dedicado a las civilizaciones de África, América, Asia y Oceanía, ni el Markthal de Róterdam (2014). De Viena hay una buena muestra de oficinas sostenibles, viviendas sociales y el WU (Universidad de Economía de Viena). Vitoria es otra de las ciudades españolas que aparecen en el libro. En ella destaca el Palacio de Congresos de Europa (2015), un jardín vertical de Urbanobolismo.

Tanzhaus, Zúrich (2019)

Por último, visitamos el Tanzhaus en Zúrich. Diseñado por Barozzi Veiga, esta escuela y escena de danza constituye una espléndida recuperación del paseo fluvial. Un proyecto que ha logrado enriquecer culturalmente al barrio y mejorar la movilidad a pie y en bicicleta.

Notas:

*Foto de portada: Vulkan (Oslo,Noruega) Diseño de LPO Arkitekter (2014). Ubicado a orillas del río Akerselva, un espacio industrializado ha sido convertido en un barrio con filosofía sostenible.

En estos días la Agencia Tributaria ha publicado los datos de las declaraciones de la Renta de 2019 agrupados por códigos postales, que pese a que cogerlos siempre con reservas, nos dan una panorámica de las desigualdades que se producen por barrios en nuestro país, y en especial, en Andalucía. Estos datos van en consonancia con los publicados por el INE en los indicadores urbanos 2020, que vienen a confirmar dos cuestiones, la brecha social y la brecha territorial se agrava desde la crisis del 2008 hasta el año 2019 (últimos con datos disponibles). Como las políticas no se hacen en abstracto, es interesante comparar la situación actual de Andalucía con las medidas que intenta, vía presupuestos de la Comunidad, aplicar el bipartito de derechas que gobierna en la Junta, apoyado por VOX.

Si observamos los indicadores urbanos de 2020 publicados por el INE, vemos una imagen escalofriante de nuestra Comunidad. Los 10 municipios más ricos están situados en Madrid y Barcelona. El resto están situados en Cataluña, la Comunidad de Madrid, País Vasco, más Toledo, Oviedo y Santiago de Compostela. De los municipios más ricos de nuestro país ninguno está situado en Andalucía. Sin embargo, tenemos el triste record de tener 34 de los 49 municipios más pobres, entre ellos el que menos renta tiene: Níjar (Almería).

Atendiendo a la variable del empleo, con datos de 2019 que han variado, Linares (30,9%), La Línea de la Concepción (27,4%) y Córdoba (26,7%) presentaron las tasas de paro más elevadas. No hay ninguna ciudad andaluza entre las ciudades con menos paro. Tenemos 11 de las 15 ciudades con más paro de España.

Como es natural, a mayor pobreza y paro, menor esperanza de vida. Andalucía no tiene ninguna ciudad con las mayores esperanzas de vida, pero sí 9 de las que tienen menos, compartiendo esta lista negra con Canarias, Alicante, Melilla y Ceuta (datos de 2017).

Si aterrizamos a las rentas por barrios, las rentas más bajas se localizaron en Sevilla –zonas 5-A (barrio Polígono Sur del distrito Sur), 4-E (barrios de Los Pajaritos y Amate del distrito Cerro-Amate) y 9-A (ocupada parcialmente por el barrio Colores/Entreparques) y en la zona 4-A de Alicante/Alacant (que incluye en su mayor parte al barrio Juan XXIII). No hay ningún barrio andaluz entre los que tienen mayor renta en España. Todos los de mayor renta se encuentran en las ciudades de Madrid y de Barcelona. Con los datos de 2017, de los 15 barrios más pobres de España 13 se encuentran en Andalucía, principalmente en Sevilla, Córdoba, Málaga y Campanillas. También hay dos barrios de Alicante y uno de Madrid.

Con los datos obtenidos de la Agencia Tributaria para 2019, seguimos manteniendo la tendencia. El barrio más rico de Andalucía es la Malagueta-Monte Sancha (53.453 euros brutos de renta, número 43 sobre 606 números estudiados por la Agencia Tributaria), en Sevilla están el Casco Antiguo-Este-Nervión Sur (60) y otros 4 barrios favorecidos. A pesar de esto están lejos de los 245.400 euros de renta media de La Moraleja en Madrid.

Otro de los datos interesantes que obtenemos es que en los barrios más ricos, a pesar de los enormes salarios que cobran, suelen percibir gran parte de sus ingresos a través de las rentas del capital, del ahorro, de los bienes inmuebles, los rendimientos por sus empresas y las ganancias patrimoniales, que están menos gravadas que las del trabajo. A lo que tenemos que añadir que, durante la recuperación económica, éstas han recuperado lo que han perdido y han crecido tres veces (o más) sobre las rentas de las familias e individuos más pobres.

Observando los datos y la realidad que se cierne sobre nuestra tierra, uno pensaría en la necesidad de realizar una política redistributiva y predistributiva enérgica para reducir la desigualdad y lograr una sociedad más equilibrada, cohesionada y justa. Esto sería el sentido común de alguien que cree en la necesidad de evitar la concentración de riqueza, por un lado, que además no es eficiente económicamente ni justa socialmente, con el aumento de la pobreza, la precariedad, el descenso de la esperanza de vida, etc., por el otro. Sin embargo, la Junta de Andalucía, gobernada por el PP y CS, sostenida por VOX, realiza una política distinta a la del sentido común. ¿Qué política realiza?

Por un lado, rebajan los impuestos en torno a unos 329 millones, en un contexto donde la pandemia, aunque ha remitido, no ha desaparecido, y las consecuencias sociales y económicas no se han solucionado. Empiezan por una reducción al ya menguado Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados al 7%, que beneficia principalmente a las rentas más altas y a las empresas, y en menor medida al resto. En 2019 se bonificó el impuesto de sucesiones y donaciones al 99%, que antes sólo pagaban las rentas altas y que es un mecanismo de redistribución de la riqueza muy potente y al que los Think Tanks de la derecha han logrado colgarle un sambenito de mala fama, ahora se pretende reducirlo aún más. En 2019 rebajaron 3 puntos el tramo autonómico a las rentas más altas, y en 2021 pretenden rebajarlo aún más. Se pretenden rebajar la fiscalidad sobre los Tributos sobre el juego (TJ), en plena epidemia de ludopatía, y al Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte. Además de otros impuestos menores, se pretende que se pueda deducir, siguiendo el modelo de Madrid, los gastos de las Escuelas Privadas y de las Academias, dicho de otra manera, todos los andaluces y andaluzas perderemos prestaciones de servicios públicos porque gente que no lo necesita se va a poder deducir de la renta los gastos de las Escuelas privadas a las que sólo va la “élite” y las Academias privadas. Esto es el “triunfo de la injusticia”, tal y como reza el libro de Saez y Zucman sobre las bajadas de impuestos y la desigualdad.

Si estas noticias se unen al cierre de las aulas públicas en la Educación, a la contratación de la mitad de los docentes COVID de refuerzo (2700 docentes menos entre las dos medidas), que redujeron el curso pasado el abandono escolar, o que se vaya a echar a 8000 sanitarios de sus puestos de trabajo mientras se benefician las empresas privadas de Educación o de Sanidad, echar a parte de la plantilla de INFOCA, gracias a la negligencia de este gobierno, uno puede llegar a la conclusión siguiente: Este gobierno no pretende una “Bajada Masiva de Impuestos” sino un “birle masivo de impuestos” a favor de los más ricos y grupos económicos afines a la derecha andaluza.

Justamente, todas las medidas que han beneficiado a las clases populares y a las clases medias en Andalucía vienen de la legislación aprobada por el Gobierno de Coalición de izquierdas en el Congreso y el Senado, o de las ayudas contra la COVID19 aportada por el Gobierno central, que muchas no se saben dónde se han gastado, por consiguiente no dependen de la acción de la Junta. Dicho de otra manera se han logrado pese a la Junta.

Cuando usted vea que pide cita al médico y se lo dan para varias semanas más tarde, que le retrasan una intervención, que su hija o hijo estudia en aulas masificadas, que no hay plazas suficientes para la FP en la Pública y debe desembolsar una cantidad importante en la Privada, que la atención a la Dependencia es lenta, etc. Recuerde, todo esto ha sido gracias a las bajadas de impuestos que reducen los servicios, aumentan las desigualdades, y a ese dinero que se han ahorrado los más pudientes por llevar a su hijo o hija al Colegio Privado religioso y a su Academia de Inglés, a costa de todo lo demás.

Joseph Chamberlain, primer ministro conservador británico, pronunció las siguientes palabras, en plena crisis producida por el crack del 29: “El propósito de mi existencia es hacer la vida más agradable a la gran mayoría; no me preocupa si para ello debe volverse menos agradable para la minoría acomodada.” Sin embargo, los actuales partidos gobernantes pretenden que nuestra tierra retroceda a costa del bienestar de la mayoría de la gente, para que unos pocos vivan mucho mejor de lo que ya viven. No son la solución, son parte del problema.

Esta tierra se merece un gobierno que haga políticas para la mayoría, no para una minoría. Esta tierra se merece un gobierno que priorice la Justicia Social y pretenda dar oportunidades a todos y a todas para que puedan tener un futuro digno. Como hombres y mujeres comprometidos con el cambio social esta debe ser nuestra guía.

moderado por:

  • Pedro González de Molina Soler

    Profesor de Geografía e Historia

  • Irene Bassanezi Tosi

    Doctoranda en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en UC3M

Para pensar la política educativa

  • José Saturnino Martínez García

    Director de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa. Profesor de Sociología de la ULL.

Un debate sosegado sobre política educativa necesita el entendimiento de por qué se producen tensiones en educación. Para ello, debemos empezar por lo que entendemos como educación. Es un concepto con diferentes sentidos, resultado de diversas tensiones. Empecemos por la tensión entre capital humano y capital cultural. Como capital humano, el fin de la educación es lograr una economía más productiva. Por tanto, los saberes deben orientarse hacia aquello que desean quienes disponen de poder de compra, es decir, manda el dinero. Por otro lado, como capital cultural, la educación es el cultivo de la naturaleza humana. Aquí, a su vez, se genera una nueva tensión en torno a qué es cultivar. Por un lado, quienes defienden que para que sea posible el cultivo, es necesario abonar con la tradición. Por tanto, la educación obligatoria debe orientarse a asegurar el canon cultural de una época dada en los estudiantes. Por otro, el cultivo se entiende como apoyar a la propia semilla que cada estudiante lleva en su interior, y por tanto, la educación es acompañamiento de las necesidades e inquietudes individuales. Esta tensión se expresa en polémicas como que es más importante en la educación obligatoria, si saber analizar el Poema de Mio Cid o apostar más por la educación emocional.

Como vemos, al hablar de educación podemos estar hablando de dinero, tradición o desarrollo personal. Que una misma palabra se emplee para realidades tan diferentes lleva a conflictos. Son conflictos que, más que por la razón, se dirimen según la fuerza de las partes implicadas, fuerza que depende de los recursos (dinero y prestigio) de cada posición. Quienes estén más cercanos al mundo de la empresa o más preocupados por el desarrollo económico cuando hablan de educación no hablan de lo mismo que quienes están más preocupados por preservar el canon cultural que define quien es de clase media, o quienes piensan que cada persona debe aprovechar su paso por la escuela para su desarrollo personal. Los contenidos de las materias no serán los mismos, incluso puede diferir la didáctica.

Está bien desear que estas formas de entender la educación fuesen coherentes y su desarrollo integrado, pero el deseo nos oculta el entendimiento. En la realidad lo que se produce es un equilibrio inestable entre estos polos de tensión, un equilibrio que casi como una estructura fractal, se produce tanto al nivel más macro del diseño del sistema educativo como al nivel más micro de cómo en un aula se enfoca la didáctica de un tema en concreto, pasando por todos los niveles intermedios. Hablar de consenso en educación supone aceptar equilibrios entre estas tres concepciones, que obedecen a intereses diferentes. Dinero, religión y pensamiento crítico, son tres de las formas en que se expresa cada una de estas formas de entender la educación.

Hay otros dos elementos de naturaleza educativa que no podemos obviar para encuadrar el debate, y que se confunden al emplear la palabra educación en genérico. Por un lado, el nivel educativo. La experiencia educativa, tanto del alumnado como del profesorado, es muy heterogénea por niveles educativos, tanto en vertical como en horizontal. Nada tiene que ver la educación infantil con la universitaria, o la diferencia entre un cuarto de ESO y un primero de FP Básica es abismal. No hacen falta las mismas competencias y habilidades docentes para dar clase en un segundo de ESO que en un segundo de Bachillerato. La falsa homogeneidad con la que tratamos estas cuestiones se expresa en disfunciones, como, por ejemplo, que la última persona en llegar al centro se queda a cargo de los grupos de mayor complejidad. Si no ponemos al profesorado más veterano con los grupos más complejos, quizá sería interesante distinguir mejor entre el profesorado capacitado para dar en unos u otros grupos, y en vez de dejar que la decisión dependa de un criterio tan poco educativo como que el trabajo más duro sea para el recién llegado.

Por otro lado, tenemos la naturaleza de las disciplinas. No cabe entender la didáctica como algo general, debe ser específica. En una doble especificidad: la madurez del alumnado y la naturaleza de la propia disciplina. Los métodos para enseñar estadística no son los mismos que para enseñar filosofía. Pero además, no se pueden explicar igual si un estudiante tiene trece o veinticuatro años. En demasiadas ocasiones entramos en el debate del deber ser de enseñar sin pararnos antes a analizar las condiciones concretas en las que se enseña según qué materia. El docente debe tener la panoplia de métodos para adaptarse a esta variedad de situaciones, y según su criterio, decidir qué se adapta mejor a la situación concreta. Lo importante es saber adaptar la enseñanza a cómo se produce el aprendizaje y cuál es el contexto social y educativo en que se produce.

Otro elemento fundamental son las experiencias educativas de quienes estudian. El primer día en la vida en que una persona atraviesa el umbral de la escuela, ya trae mucho en la “mochila”. Las capacidades difieren, y el nivel socioeconómico y cultural varía. La experiencia escolar está pensada para personas con ciertas capacidades, intereses y de clase media o alta, cishetero, de un grupo no racializado… Quien se aleje de este retrato robot es etiquetado como un problema, necesitado de recursos adicionales. Dicho de otra forma, se diseña un sistema rígido que acaba produciendo estudiantes problemáticos. Parte de las quejas con lo mal que está el sistema educativo no atinan con el diagnóstico: la culpa no es del alumnado (o las familias) que no se ajusta al retrato robot, sino de unas reglas de juego que lo dejan fuera.

Además, contamos con un currículum obligatorio muy enfocado hacia las disciplinas universitarias, dejando de lado el trabajo manual. Persiste la idea de que el fin esperable de la escuela es la universidad, y de esa forma, los saberes manuales tienen poca cabida y reconocimiento en las etapas obligatorias. Si tan bien les va a los fontaneros, podríamos enseñar un poco más de fontanería u otros oficios manuales en la etapa obligatoria.

Si bien diría que desde la Ley General de Educación de 1970 la escuela toma conciencia de estas limitaciones y se proponen medidas para paliarlas, lo cierto es que hay una inercia que deja en el margen otras experiencias que quieren escapar a este modelo. Un modelo igualitario en tanto que da los mismos medios y espera los mismos resultados de todo el alumnado, pero no reconoce la diversidad y es pacato en recursos para afrontarla. No está demás recordar que, por ley, la población entre 6 y 16 años que debe permanecer obligatoriamente en el sistema. Un indicador sencillo de esta falta de sensibilidad es el peso que sigue teniendo el nivel socioeconómico y cultural de las familias en explicar el éxito educativo del alumnado, especialmente el nivel educativo de la madre. Es una prueba de que una de las condiciones que facilita el éxito educativo en su ambiente familiar que se parezca lo más posible a la escuela, en vez de ser al revés. Recientes estudios muestran que una forma exitosa de compensar estos problemas consiste en reforzar con clases extra materias básicas en grupos con pocos estudiantes (cinco aproximadamente), es decir, que las clases particulares pasen a ser públicas.

Al finalizar la etapa obligatoria el alumnado debe tomar la decisión de si proseguir en el sistema. Aquí intervienen principalmente dos factores. Por un lado, la adaptación que ha mostrado al sistema, que se expresa básicamente en las notas. Por otro, los costes de seguir estudiando. Hemos logrado reducir considerablemente los costes directos de estudiar, pues la educación post-obligatoria pública es prácticamente gratis, a excepción del material escolar, y de la educación universitaria. Y si bien esta es cara en contexto de la Unión Europea, la proporción de alumnado que no paga la matrícula por renta hace que el peso de personas que no estudia por no poder costearse los estudios sea escaso (del 2%). Más importantes son la suma de costes indirectos (manutención), así como los costes de oportunidad, es decir, el ingreso que podría lograr esa persona si estuviese en el mercado de trabajo, en vez de ser inactiva, dedicada a estudiar a tiempo completo. La Gran Recesión nos mostró la importancia de estos costes, pues posiblemente sea la principal explicación del descenso de las tasas de abandono educativo temprano en España, de más del 30% al 16%. La crisis no llevó a más fracaso escolar, a pesar de los recortes en educación, sino a menos, debido a que el aumento de la tasa de paro bajó el coste de oportunidad de estudiar.

La relación entre paro y estudios debe interpretarse no tanto por el nivel medio de paro al que se enfrentan los jóvenes, sino por las diferencias de paro entre niveles educativos. A diferencia de la crisis económica de los noventa, en la iniciada en 2008 la destrucción de empleo fue mucho más selectiva entre los jóvenes según su nivel de estudios. Eso explica que con esta última crisis haya aumentado sobre todo la proporción de jóvenes matriculados en FP, un aumento de la demanda que no está siendo adecuadamente acompañado por el aumento de plazas públicas. Esto se debe a que no es fácil improvisar un grupo de FP (hacen falta infraestructuras, materiales, profesorado cualificado…), pero esta dificultad que experimentan los centros públicos está siento aprovechada por el sector privado.

La sensibilidad de la FP a las condiciones del mercado de trabajo nos muestra que si queremos a más jóvenes estudiando en FP son necesarias mejores becas también para estos estudios, especialmente cuando baja el paro juvenil de quienes no tienen más estudios que la ESO. También ha habido un ligero aumento en la universidad. En el caso de la universidad debe destacarse que en las últimas décadas ha habido un incremento del importe medio de la beca (hasta los recortes de 2011), sin que haya sido acompañado de un aumento en paralelo de estudiantes de orígenes populares que van a la universidad (desde finales de los setenta la proporción ronda en torno a uno de cada cinco). Parece por tanto que las becas universitarias en España no son de una cuantía suficiente como para asegurar que el alumnado de sectores populares estudie más.

El sistema educativo no solo está pensado para un alumnado que encaje en el retrato robot antes aludido, también vive de espaldas a las experiencias educativas que ocurren fuera de sus puertas. En España tenemos a poca gente trabajando con titulaciones medias. Se asume sin reflexión que son trabajadoras y trabajadores sin cualificación, cuando lo que sucede en muchas ocasiones es que no tienen certificaciones de lo que han aprendido a hacer fuera del sistema educativo, en parte por las rigideces para circular entre niveles educativos. Recuerdo que cuando se empezó a exigir título específico para conducir ambulancias, conductores con años de experiencia tenían dificultades para lograr el título, debido a que les pedían saber qué es una sinalefa, y otros conocimientos así, del canon de la clase media. Es necesario un sistema educativo lo suficientemente flexible, en el que sea fácil entrar y salir, sin vías muertas (como pasaba hasta la LOMCE con los ciclos medios de FP o con no titular en la ESO), en el que sea posible reconocer lo que las personas saben hacer y progresen desde ese punto. En este sentido, lo que sabemos de la nueva ley de FP, facilitando el reconocimiento de lo que muchas personas han aprendido a lo largo de su experiencia laboral, está bien encaminado.

Los diversos modelos de entender la educación (dinero, tradición o desarrollo personal) comparten la idea de que quienes estudian son mejores personas que quienes no estudian. No deja de ser un elitismo peligroso, con una deriva en sus versiones más extremas lleva a criticar que una persona que no haya ido a la universidad pueda ser representante político (con el corolario de hay quienes que para estar en política, amañan sus títulos). Se olvidan de que uno de los mejores políticos de las últimas décadas a nivel mundial no fue a la universidad: Lula. Este elitismo nos lleva a un mundo de los salvados y los hundidos, las dos categorías en que los presos se dividían en Auschwitz, según Primo Levi. Quienes se salven por la educación, ya sea porque son personas muy productivas, tienen un conocimiento complejo, sofisticado y distinguido de su tradición cultural o llegan a altos niveles de refinamiento en su desarrollo personal, deben ser recompensadas de forma extraordinaria.

Las tres visiones de la educación se solapan en entender a la educación como un bien de salvación. Quienes lo consiguen, tienen derecho a un pase para el ascensor social y vivir en el último piso. El resto, debe conformarse con sobrevivir. Aquí caben dos observaciones. Por un lado, debemos fomentar que la relación con la educación sea intrínseca, no extrínseca. Es decir, el premio por estudiar es el propio estudio, es la gratificación que experimentamos todos y todas quienes hemos estudiado algo complejo con esfuerzo y luego hemos llegado al eureka, es una recompensa intrínseca por desarrollar una de nuestras más altas capacidades, nuestro cerebro ya se encarga de premiarnos. El problema es que en vez de orientar el sistema educativo hacia el “eureka”, lo enfocamos hacia la nota. De esa forma, el motivo para estudiar es extrínseco, el premio. De pequeño la nota, de mayor el pase para el ascensor social. Sin duda es más fácil el control externo mediante la motivación extrínseca, como ratones de laboratorio, simplifica mucho la tarea educativa, pero corremos el riesgo de degradar el proceso natural de aprendizaje. Esto no quiere decir que desterremos la nota de nuestro sistema educativo, pues además de un valor de recompensa para el estudiante, tiene un valor informativo para el conjunto de la sociedad, pues certifica lo que el estudiante sabe. Pero su papel no puede ser el mismo cuando los estudiantes son niños en la educación a la que están obligados por ley que cuando están en un máster, esperando el título para promocionar en su empresa. Debemos desterrar la idea de que el proceso de enseñanza-aprendizaje se debe interpretar solo como un modelo conductista de sufrimiento y recompensa, en el que la nota es para el estudiante lo que el queso para el ratón.

Más allá de que lo razonable que sea un mayor reconocimiento para aquellos que han destacado en la educación (sea lo que sea lo que entendemos por esta palabra), la posibilidad de llevar una vida digna no puede estar vinculada a los resultados educativos. No podemos basar nuestra sociedad en el chantaje de que si no estudias, quedas a merced total de la incertidumbre y de la voluntad arbitraria de quienes tienen poder, como la persona que te contrata. Un destino reservado a los pobres que no estudian, no a los rentistas. El estudio es lo suficientemente noble en sí mismo, y se degrada cuando lo tratamos como un medio y no como un fin. Un diseño conductista genera estudiantes que en vez de orientar su inteligencia a la curiosidad y a saber más, acaban siendo expertos en minimizar el esfuerzo para maximizar la nota.

Las nadies de la narrativa española sobre Marruecos (1863-2018)

Fruto de una exhaustiva y paciente indagación de la narrativa española desde 1863 hasta la actualidad, ha nacido este libro de Khadija Karzasi y Yasmina Romero Morales, cuyo propósito es mostrar los títulos de ficción en prosa que versan sobre el tema marroquí, publicados por autoras españolas y en lengua española. De esta forma, el libro analiza las obras (48 novelas y 59 relatos) de 46 autoras españolas, que han ambientado sus trabajos en Marruecos y que fueron publicados entre 1863 y 2018.

Con ello, sus autoras, investigadoras especialistas en la materia y oriundas de España y Marruecos, pretenden contribuir a que se tengan en cuenta estos textos escritos por mujeres y que se conviertan en referentes literarios y culturales en igualdad de condiciones que las de los hombres.

Espacio Público ha tenido la oportunidad de conversar con ellas.

EP. Yasmina, habéis realizado una investigación muy ambiciosa ¿Cuánto tiempo os ha llevado hacerla?

La redacción del trabajo nos ha llevado algunos meses, pero la recopilación de los materiales ha sido una ardua y paciente observación de la narrativa española sobre Marruecos, que nunca ha parado y que va durando ya muchos años. Por supuesto, ha sido una búsqueda más activa en determinadas épocas, en mi caso, por ejemplo, fueron determinante los años de mi formación predoctoral, pero, de manera tangencial, esta búsqueda no se detiene y se alarga ya a toda nuestra vida académica y profesional. Cada día encontramos nuevas autoras, nuevas nadies y las sumamos a la nómina de autoras rescatadas. Tanto la profesora Karzazi como yo somos amantes de esta narrativa y le dedicamos tanto tiempo que forma parte ya de nuestro bagaje no solo literario sino personal.

EP. Yasmina, en la Introducción decís que en vuestro trabajo subyace el planteamiento de Virginia Woolf de que “cuando un tema genera mucha controversia y, desafortunadamente, cualquier cuestión relativa a los sexos suele generarla, no se puede esperar a decir la verdad sino a explicar cómo se llega a profesar tal o cual opinión.” Y que por eso habéis puesto el foco de atención en las nadies de la narrativa española sobre Marruecos. Vuestra investigación tiene una clara orientación feminista puesto que analizáis la obra literaria generalmente invisibilizada de escritoras españolas que han hablado de Marruecos. ¿Habéis contado con ayuda suficiente para hacerla?

Si con ayuda te refieres a ayuda institucional, la respuesta es no. Este proyecto nació de nuestro propio empeño académico y personal. Estábamos cansadas de ver cómo los catálogos generales omitían a estas escritoras españolas que optaban por el tema marroquí para sus ficciones. Las omitían o las nombraban tangencialmente en el mejor de los casos. Estábamos cansadas de comprobar que no había análisis de conjunto, tampoco revisiones críticas, que no se reeditaban sus textos y que apenas ocupaban atención de la crítica especializada. Con todo, injusto sería no agradecer a la Editorial Diwan Mayrit, una editorial especializada en Oriente Medio, África y en libros universitarios que decidió apostar por nuestra idea y publicó el volumen en una cuidadísima edición de la que estamos muy satisfechas. Pero el motivo fue ese, únicamente la necesidad de dar a conocer a estas escritoras poco conocidas. Sobre todo, porque su obra no se ha divulgado lo suficiente. Con ello no queremos decir que los autores, varones, no hayan tenido también dificultad en divulgar sus obras, sino que ellas han comprobado el peso no solo de esos obstáculos compartidos, sino el de uno añadido, el hecho de ser mujeres. Y, como opina Toril Moi, en una sociedad machista que discrimina a las escritoras precisamente porque son mujeres es fácil justificar el estudiarlas como grupo aparte.

Cecilia Böhl de Faber

EP. Empezáis en 1863 con textos de Cecilia Bölh de Faber y seguís a principios del siglo XX (1909) con Carmen de Burgos para finalizar con la obra de Cristina López barrio Niebla en Tánger publicada en 2017. ¿Qué otras autoras aparecen en el libro?

Aparecen un total de 46 escritoras españolas que ambientaron en Marruecos un conjunto de 107 textos narrativos: 48 novelas y 59 relatos. Un corpus nada desdeñable de más de 10.000 páginas. Por nombrarte alguna, a parte de las que has señalado, Margarita Astray Reguera, una escritora y pianista gallega muy conocida en su época por sus dos vertientes artísticas, pero principalmente por la interpretación musical en la que llegó a ser una figura destacada. Enriqueta O’Neill de Lamo, conocida hoy por ser la madre de la feminista Lidia Falcón y, también, hermana de Carlota O’Neill, pero que por sí misma fue ya una persona singular. Escritora, traductora, guionista, periodista e incluso actriz. Otra autora es Rosa María de Aranda, una escritora que, a diferencia de la mayoría de las demás, sí saboreó el éxito y el reconocimiento en vida. Recibió halagos de otras figuras literarias como Carmen Laforet, quien la consideraba una mujer valiente y transgresora para la época que le tocó vivir. Quedó finalista en premios de la talla del Nadal, Café Gijón, Elisenda de Montcada, Ondas o el Ateneo de Valladolid.

EP. ¿Pensáis que vuestro libro es de alguna forma un ajuste de cuentas contra esta discriminación, contra ese canon parcial e incompleto en el que solo aparecen hombres?

Exactamente. La institución literaria se organiza, desafortunadamente, de una manera sexista y clasista, y esto cala todas las producciones culturales, también esta narrativa española de tema marroquí que, además, es especialmente abundante. Escritores y escritoras han mostrado un interés manifiesto por Marruecos prácticamente desde siempre y hasta la actualidad. De ahí que arabistas como Pedro Martínez Montávez hayan considerado que estamos ante un conjunto literario con entidad y dimensión propias. Y, además, con bastante éxito. Estas novelas y relatos gozaron de gran aceptación en algunos momentos, sobre todo mientras duró el Protectorado, pero también con obras relativamente recientes como El tiempo entre costuras (2009) de María Dueñas. Sin embargo, a pesar de este éxito, son pocos los autores, y muchas menos las autoras, las que han pasado a los anales de la literatura. Entre los privilegiados se suelen recoger los nombres de Ramón J. Sender, José Díaz Fernández, Arturo Barea o Miguel Delibes. En ellas, con suerte se cita a Carmen de Burgos. Esta fue la motivación principal que tuvimos, queríamos prestar atención a estas escritoras españolas, poco conocidas, que relataron a Marruecos.

EP. Yasmina, antes de Las Nadies… publicaste Moras (Plaza y Valdés, 2019), una obra que trata de veintidós escritoras españolas de ficción que se sirvieron de Marruecos para ambientar sus novelas y relatos durante el pasado siglo XX. Y hablas de que la imagen que tiene las españolas de las mujeres marroquíes se aleja mucho de la realidad. ¿Hay demasiados tópicos en la idea que se tiene en España de las mujeres de Marruecos?

Hay muchísimos tópicos sobre las mujeres marroquíes. De ahí el interés de mi trabajo, estudiar las representaciones literarias de las moras (así se denomina a las mujeres marroquíes en estas ficciones). Quería averiguar cómo estas escritoras españolas se las imaginaban o, incluso, cómo no se las imaginaban. Esta es la razón principal por la que no debe sorprender al público lector que estas mujeres imaginadas no armonicen con las verdaderas mujeres marroquíes, las que viven al otro lado del Estrecho, porque en ningún caso Moras ha sido una estrategia para llevar a cabo aproximaciones de tipo factual sobre de las mujeres de Marruecos o de cualquier otro contexto árabe-islámico. Con todo, sí nos acercará a otra realidad, a la de las escritoras que las narran, en la medida que nos aporta inestimable información de contenido ideológico sobre cómo las percibían, las imaginaban y las pensaban.

EP. Khadija, publicaste en 2017 La experiencia de Marruecos en la narrativa española contemporánea, ¿cómo ves que se ha tratado el tema marroquí en la literatura española en general? ¿Y a inversa, cómo se refleja España en la literatura marroquí?

En líneas generales estos textos destapan el imaginario orientalista de la literatura española de tema marroquí y aunque percibimos un implícito y sincero deseo de combatir los clichés, en la mayoría de los casos, los escritores permanecen encerrados en una visión distorsionada y ajena a la realidad marroquí. Lamentablemente, salen a la superficie estereotipos que suponen una manifiesta incapacidad para percibir un Marruecos real, por mucho que los autores españoles de las últimas décadas del siglo XX pretendan reproducir con objetividad lo que perciben. Lo cierto es que sus textos transmiten, más bien, un Marruecos recreado impulsivamente, lastrado por una serie de clichés fuertemente arraigados al subconsciente.

En lo que se refiere a la literatura marroquí con temática española, pues en su mayoría destaca por su hibridez ya que ambienta sus tramas en ciudades fronterizas o proyecta la experiencia migratoria de los propios escritores desde la orilla norte. Sin lugar a duda, novelas como Diario de un clandestino (2008) de Rachid Nini, El séptimo mandamiento (2017) de Husein Majdoubi son un ejemplo claro del choque de culturas que siente el marroquí al pisar tierra española. Su enfrentamiento con el otro diferente es un auténtico terremoto que sacude su conciencia y lo obliga a replantearse sus esquemas de pensamiento. Mención especial requeriría también otra novela fronteriza, Barrio Málaga (2007) de Mohammed Ankar, una novela que se ambienta en el periodo de 1912 y 1956 en un barrio periférico de Tetuán creado durante el Protectorado español con el propósito de albergar a marginales excluidos de la zona urbana de Tetuán. Esto es, miserables campesinos recién llegados, emigrantes españoles procedentes de Málaga, rifeños que huyeron de sus aldeas durante el famoso año de la hambruna, etc. Una novela impactante que encierra la cruda realidad de un espacio marginal pero también fronterizo e híbrido como fue el “Barrio Málaga” y donde no se hace distinción entre el sufrimiento de marroquíes y españoles.

EP. Khadija, ¿crees que es muy diferente el enfoque de las mujeres marroquíes que nos ofrecen las escritoras españolas de las que nos presentan los escritores?

Una de las observaciones que más me impactaron de mi primer libro es la ausencia de la figura femenina como personaje principal en ficciones. Casi no hay rastro de experiencias sentimentales de mujeres marroquíes, por ejemplo, de modo que el mundo femenino aparece ante los ojos del escritor español como un espacio hermético o inaccesible. No obstante, los autores españoles contaron en más de una ocasión experiencias amorosas de personajes femeninos españoles con hombres marroquíes, lo que nos dio a entender que, en realidad, nunca estos escritores han hecho esfuerzo para infiltrarse en el mundo de las mujeres y recrearlo de forma natural. En cuanto a las escritoras españolas, muchas de estas, sin duda alguna con las mejores intenciones, se proclaman como defensoras de la mujer marroquí, no obstante, lo hacen apropiándose de su voz ya silenciada por el patriarcado y por el imperialismo. La pregunta que se impone en este marco y parafraseando a Spivak sería: ¿qué diría la mujer marroquí con su propia voz si tanto la institución patriarcal como la narrativa occidental le permitieran hablar en un espacio dialógico efectivo? Ciertamente, muchas de estas escritoras españolas llevadas por el deseo de denunciar las supuestas atrocidades cometidas contra estos seres dóciles que suponen que son las mujeres, no logran captar la realidad sino que, por el contrario, vierten en sus tramas valoraciones contradictorias y un profundo rechazo a los esquemas socioculturales que, en muchos casos, se interpretan de forma superficial o errónea.

EP. Khadija, ¿te ha sorprendido en especial algún o algunos textos que habéis recogido en el libro?

Quizá el libro que más me ha impactado sea Amira. El destino estaba escrito (2016). Su autora Mara Molla cuenta la historia de Amira, una chica rifeña que, al dar a luz a su primer bebé en Melilla, lo pierde en extrañas circunstancias. En el hospital las enfermeras le hacen creer que su hija nació muerta, pero en realidad la niña fue vendida y trasladada a España. Lo más curioso es que la novela recoge un testimonio vivo de la propia escritora y nos hace revivir en carne propia el abuso que sufrieron muchos bebés vendidos en Marruecos a familias españolas durante los años 70. Mara Molla fue una de estas niñas robadas en Melilla y vendidas en la Comunidad Valenciana.

Yasmina Romero-Morales es Doctora en Estudios Filológicos (Universidad de La Laguna, 2016), Diploma de Estudios Avanzados en Estudios Árabes e Islámicos (Universidad de La Laguna, 2008) y, además, posee dos másteres: uno en Estudios Feministas, Violencia de género y Políticas de Igualdad (Universidad de La Laguna, 2009) y otro en Literatura Comparada y Crítica Cultural (Universidad de Valencia, 2018). Es personal investigador de distintos proyectos nacionales, autonómicos e insulares; investigadora del Centro de Estudos Africanos da Universidade do Porto, en Portugal; investigadora del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres de la Universidad de La Laguna. En la actualidad, es la presidenta de BETA. Asociación de Jóvenes Doctores en Hispanismo, socia de Clásicas y Modernas, una asociación para la igualdad de género en la cultura y profesora del Departamento de Filología Española de la Universidad de La Laguna.

Khadija Karzasi es Doctora en Filología Española por la Universidad de Valencia en 2004. Actualmente es profesora titular de Literatura Española y Teoría Literaria en la Facultad de Mohammedia. Entre 2013 y 2017 fue directora de la Rama de Estudios Hispánicos. Fue becaria por la AECI en la Universidad de Valencia desde 1998 y 2002 y por el Institut de la Dona, Valencia en 2004. Es autora de Marruecos en la narrativa española contemporánea (Publicia, 2017) y tiene otros trabajos publicados sobre la literatura catalana actual escrita por marroquíes y narrativa española con temática migratoria.

Las nadies de la narrativa española sobre Marruecos (1863-2018) 
Khadija Karzazi y Yasmina Romero Morales
Madrid, Editorial DiwanMayrit, 2021

El sábado, 2 de octubre, a las 7 de la tarde, desde Punta Umbría, nos habían convocado a un encuentro poético dos amigos, el poeta y gestor cultural Uberto Stabile y la poeta Gema Estudillo en la sala de la editorial Huerga y Fierro de Madrid. Llevan entre ambos, desde hace cuatro años, una pequeña editorial con diferentes e interesantes proyectos: la revista Alameda 19, una colección de poesía Garum y unas plaquettes las hojas del baobab. Estas hojas, estos “pliegos de poesía”, comenzaron como una excusa para viajar desde el sur, para visitar a poetas amigos y pedirles su colaboración para una edición primorosa, un pliego, casi, de cordel. Cuando lleguen a cien obras, en ese momento, la colección se acabará. En Madrid se presentaban algunos de los doce pliegos correspondientes a este año: Jorge Riechmann, Alberto García-Teresa, Fernando Beltrán, Pilar González España y Jesús Munárriz.

Yo leo poesía. Una lectura íntima y necesaria, imprescindible. Depende del momento me decanto por uno u otro libro. Y me gusta leer en voz alta, para oír su música también, para que me envuelvan más las palabras. Escuchar poemas leídos por buenos actores, actrices, con esas voces tan educadas, con ese saber pronunciar todas y cada una de las palabras, también me llega. Pero escuchar a poetas leer sus propias obras es sorprendente. A veces es decepcionante y prefiero olvidar esa lectura y sumergirme yo sola en sus palabras. Pero otras veces, ay, otras veces, escuchar un poema con la voz de la persona que lo ha creado, surgiendo con su sentido y sus sentimientos, es un milagro.

Porque sucede, a veces, solamente a veces, que se tiene la sensación de vivir un momento irrepetible. Extraordinario e irrepetible. Eso vivimos las más de setenta personas que asistimos a este acto en Embajadores.

Jorge Riechmann abrió con la lectura de Qué capricho lo de aprender a bien morir. «Y quién te acompaña entre una y otra oscuridad”, una cita de Guadalupe Grande, de ella, de la que nos dejó “el dos de enero del año 21 que nunca hubiera tenido que ocurrir”, conforma sus primeras palabras. Y él nos recordó que “Perplejidad es palabra que oímos tantas veces de su boca” y que llegaba tantas veces “aleteando junto a desconcierto”. Él nos sentó a la mesa de Alenza ocho para esperar la tortilla de Paca en “ese refugio luminoso de inteligencia y piedad y belleza y alegría”. Y cuando nos recordó que “Los ya nunca golpean como hachazos” el silencio, la tristeza, el recogimiento inundó la sala.

Más adelante Fernando Beltrán leyó La jerarquía del ángel, se trata de un largo poema que compone todo el pliego. Comienza “A la naturaleza le da igual que mueras o no mueras”. Y como una letanía desgranó el manzano, la flor, el verde, la montaña. “El pulmón en su afán, la ola en su espuma, el perro en su diván de mirada tristísima”. Todo permanece en su sitio. Porque un ángel le dio la mano y nunca sabrá que ya no era su mano. Juan Ramón Jiménez escribe “Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando”. Y el concepto, la idea es la misma. Pero la lectura temblorosa, emocionada, a veces furiosa o tierna de Fernando hizo de aquel momento un tiempo fuera del tiempo, un sentir, de repente, el dolor de todos los heridos de estos largos meses que han estado en esa frontera terrible “cuando ya nada es tuyo, pero aún es contigo”. Y un inmenso agradecimiento por la valentía de vivirlo frente a todas las personas que allí estábamos apenas respirando.

Alberto leyó Descender la distancia, poemas llenos de amor a los animales, y Pilar La bella durmienteque mantuvieron ese clima. Y finalizó Jesús Munárriz con Yo a lo mío (que es lo vuestro) lleno de ironía y de humor que nos dejó respirar.

El acto lo cerró el editor Francisco Cumpián leyendo, acompañado por Antonio Bueno, su bellísima edición de Aullido de Allan Ginsberg. Con ella se despide de una ejemplar labor editorial de muchos años uniendo la sensibilidad del poeta, el trabajo del artesano y la mirada del artista.

Fue una tarde que nos ayudó a recolocarnos en el mundo, a salir de estos meses buscando a tientas la luz, a encontrarnos y agradecernos que seguimos aquí pero también a reconocer de dónde hemos salido. Como repetía Fernando “Todo tiene sentido cuando todo se pierde”. Escuchar poesía, escuchar poesía de la boca de sus autores, es imprescindible para que todo sea.

                                                       

“Los sueños son buenas historias, pero todo lo importante sucede cuando estamos despiertos.”

Un planeta cubierto de arena, bello pero hostil, no hay agua, la luz ocre lo envuelve todo, un mundo inhóspito donde la humanidad resiste, a duras penas, luchando, en algún lugar del universo, lejos de la Tierra.

Dune parece una profunda ensoñación, es como vivir una fantasía, pero a medida que uno se sumerge en la historia, todo parece familiar, todos sus habitantes son como nosotros, humanos, con sus imperfecciones y soportando el irrefrenable descontrol de sus emociones. La nueva película de Denis Villeneuve, adaptación de la novela homónima de Frank Herbert, te transporta en las entrañas de la compleja mente de nuestra especie.

La trama se desarrolla en un lejanísimo futuro, alrededor del joven Paul Atreides, heredero del ducado de la Casa Atreides. Su padre recibe del Emperador la orden de trasladarse al planeta Arrakis, la única fuente en el universo conocido de la especia “melange”, materia primera esencial para la salud de los humanos y combustible imprescindible para las naves espaciales. Paul, interpretado por Timothée Chalamet, debe enfrentarse a la traición del Emperador, temeroso de la ascendencia del poder de la Casa Atreides y de la Casa Harkonnen, enemigos de los Atreides. El libro de Herbert es considerado una de las obras primordiales de la literatura de ciencia ficción, inspiradora de Star Wars y Juegos de Tronos entre otras. La obra se mueve entre la ficción utópica que proyecta pocas veces un futuro prometedor y la ficción distópica que vislumbra a menudo un porvenir opresivo y violento.

Dune somos nosotros, y resulta desesperante ver lo poco que vamos a evolucionar dentro miles de años. Los mismos errores, los mismos pecados, las debilidades de siempre. No cambiaremos porque siempre nos sentiremos atrapados por el miedo:

“No debo sentir temor. El temor mata la mente. El temor es la pequeña muerte que nos lleva a la extinción total. Haré frente a mi temor. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Cuando el miedo se haya ido, no habrá nada. Solo yo permaneceré”.

Lo dice Paul Atreides, en una letanía recurrente, que pone de relieve la profunda incapacidad para combatir los conflictos más profundos que ponen en jaque nuestra civilización. Él quiere luchar contra el miedo, contra las falsas creencias, los oráculos y las mentiras, creando un nuevo “yo” y una nueva subjetividad. Combate en un mundo del Universo futuro que parece regirse por los mismas estructuras de poder de siempre. El feudalismo, el colonialismo y el capitalismo como motor de progreso. A decir verdad, no parece que hayamos aprendido de la toxicidad de sus consecuencias, de la imposibilidad de combinar la vida, la libertad y la prosperidad para todos. Los pecados se repiten, la codicia, la vanidad, la ira en forma de desconfianza. Los habitantes de Arrakis, los Fremen, son indígenas que han vivido oprimidos desde hace siglos bajo el poder de los colonizadores que explotan sus recursos naturales… Más de lo mismo:

“Los forasteros devastan nuestra tierra frente anuestros ojos. Su crueldad hacia mi gente es todo lo que he conocido. ¿Qué será de nuestro mundo, Paul?

Son escépticos y precavidos, no creen en el otro, luchan por sus tierras y tienen la ayuda de los gusanos de arena gigantes, seres extraordinarios que recuerdan animales mitológicos, guardianes de las esencias y protectores de los justos. Los colonizadores por su parte son implacables, y aunque en algún momento intentaron hacer el planeta habitable para todos, son crueles y avaros. Nada nuevo.

La novela de Herbert ya había sido trasladada al cine. Alejandro Jodorwskylo intentó sin éxito en la década de los 70, con la ayuda de Jean Giraud, más conocido como Moebius, con Orson Welles, MickJaggery Salvador Dalí como actores y la banda sonora que debía componer Pink Floyd. Finalmente fue David Lynch en 1984 quien finalmente rodó “Dune”, un film fallido, incomprendido, que fue un fiasco absoluto en taquilla.

Casi 60 años después de su publicación, Denis Villeneuve se propuso rodar esta obra, de muy difícil adaptación, como también lo ha sido siempre el Quijote. Son obras complejas, repletas de un imaginario intrincado. El espacio de los sueños y la fantasía, pertenecen sobre todo al mundo de lo narrado, luego escrito. Cuesta construir en imágenes este mundo irreal. Pero Villeneuve, que ya había hecho la difícil secuela de Blade Runner, sale airoso del reto. La película es magnífica, bella y profunda, rodada al límite, en el ocaso, como una metáfora de la oscuridad a la que se ve sometida la civilización. El diseño de producción es a menudo majestuoso, el vestuario, las localizaciones en Jordania, Noruega y la Península Arábiga espectaculares.

El rodaje convertido en pinturas crepusculares, el gusano transformado en un dragón omnipresente y poderoso. La arena se transfigura en un elemento acuoso, fluye como un río, crea oleaje, en un océano infinito. El sílice convertido en un mineral protector. La historia es épica, no puede ser de otra manera, la lucha entre el bien y el mal. Paul Atreides es un humanista, no sabe que es el nuevo Mesías, tiene poderes, pero como todos los héroes tiene que luchar contra la violencia y la injusticia. No existen dioses en aquel universo, pero sí superhombres que viven en unos paisajes llenos de símbolos sobrenaturales. Dune contiene toda la historia existencial que hemos construido. Es una epopeya humana, hija de la Odisea odel Mahabharata. En la mayoría de los relatos fundacionales de nuestras civilizaciones, la guerra se erige como eje transmisor del poder, del supremacismo cultural y de la sumisión. Paul es el salvador, como Ulises, un ser sobrehumano, contradictorio también, que deberá salvar unos mundos que sus habitantes, atrapados en sus paradojas, son incapaces de redimir.

Dune nos hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida y del entorno natural, sobre un futuro incierto en el que la Tierra ya no existe. El mañana se proyecta inseguro, allá la supervivencia es difícil y nuestra especie vaga por el espacio sin rumbo, esperando un nuevo Prometeo que nos rescate al fin de nuestra inmadurez. ¿Cómo ahora?

“El misterio de la vida no es un problema para resolver, sino una realidad que hay que experimentar”.

Cuando nosotras tenemos el power

No descubro nada si digo que cuando una mujer llega a un puesto de poder históricamente ocupado por un hombre su día a día se llena de suspicacias y exigencias que su antecesor no afrontaba. A ser la más preparada y la mejor gestora de equipos se sumará la demanda de ser muy amable, simpática, empática y que, por supuesto, su apariencia muestre también su mejor versión. Si además esa mujer con responsabilidad es joven y trabaja en una universidad fundada y mantenida por una raza distinta a la suya, la cosa se pone seria. La directora (Netflix) arranca cuando Ji-Yoon Kim (Sandra Oh) llega a su despacho de jefa del departamento de Literatura Inglesa en la universidad (ficticia) de Pembroke: madera por doquier, retratos de señoros en marcos doradosy una silla regia que se rompe en minutos, presagio de lo que la protagonista vivirá a lo largo de los seis divertidos e interesantes capítulos.

Hasta aquí puedes pensar que esto va de feminismo y de reivindicar cuotas de poder en un contexto tan androcéntrico como el universitario. Y por supuesto la reflexión sobre esto es potente, pero hay mucho más. No te dejes llevar por la posible pereza de ver una serie ambientada en el mundo universitario porque aunque este es el escenario de casi el cien por cien de la trama, acompañar a Ji-Yoon en su día a día supone adentrarnos en cuestiones muy presentes en el debate social actual. En esta primera temporada de La directora (que haya más!) hay reflexiones sobre el rol desquiciado que han adquirido las redes sociales; la familia no normativa; el racismo que erróneamente se cree superado; la sororidad; la inexistencia de la conciliación de la vida familiar y laboral; las relaciones amorosas sin clichés; la poca permeabilidad del sistema educativo ante los cambios sociales y las nuevas metodologías de enseñanza…  Todo ello aderezado con un tono amable donde el humor negro juega sin descanso. Y para capitanear algo tan real y desquiciante qué mejor actriz que Sandra Oh, a la que habrás visto en Anatomía de Grey o más recientemente en Killing Eve. Oh demuestra una vez más que es una gran actriz que se maneja increíblemente bien en guiones como este en los que la frontera entre la comedia y el drama no existe.

Mención especial también para su partanaire, Jay Duplass, quien gusta de peculiares retos interpretativos (como Josh Pfefferman en la magnífica Transparent) y para Holland Taylor, estupenda en ese juego de espejos con la protagonista, con la que comparte espíritu crítico poniendo en valor la importancia de la red femenina en contextos tan hostiles.

Más razones para verla: los capítulos son cortos (bien!), te vas a reír, y es muy probable que te sientas identificada/o al reconocer cómo funciona el sistema y cómo este te obliga a ser. Pero el mensaje de la serie es positivo: se le puede plantar cara y no es tan dramático como lo pintan.

Ilustración: @lafemme_agitee

Una historia gráfica dedicada a la recuperación de la memoria de unos años de fuerte movilización social, trascendentales en la historia contemporánea de Catalunya

Quienes vivieron y participaron de alguna manera en las actividades contrarias a la dictadura franquista encontrarán seguramente en los dibujos y la narración de Lluís Juste de Nin (1945-2020), en Temps de rebel·lia, una gran cantidad de experiencias ya históricas que les resultarán familiares. Se trata de una parte de la obra póstuma de un diseñador, dibujante, ilustrador y guionista, que ha dejado testimonio de una enorme capacidad creativa en muchos ámbitos, y en las últimas décadas de su vida lo hizo en el de la novela gráfica Temps de rebel·lia es un retorno a los orígenes, es ir a su propia vida. De alguna manera es como un cierre de ciclo y además sobre una época que él tenía muchas ganas de explicar, que es la de los años setenta, el momento álgido de la lucha antifranquista, durante la cual convirtió su lápiz en una arma«, explica su hija, la escritora Tània Juste.

«Yo era una niña en medio de barbudos que luchaban por las libertades desde mi casa, de muchas maneras, y en este libro se encuentra dibujada mi infancia. Es como yo la recuerdo y como fue. El piso de Infanta Carlota, que era como se llamaba nuestra calle en aquellos momentos, que hoy es Josep Tarradellas, era donde yo vivía de pequeña con mis padres. Además de ser la redacción del semanario del PSUC, era también el centro de reunión de todos los amigos de la época, porque muchos de ellos no tenían piso todavía y por tanto pasaban por casa día sí y día también. Gente como Ovidi, que yo conocí con ojos de niña».

Dibujo en ‘Temps de rebel·lia’ en el que deja constancia de las reuniones de amigos en su casa, entre ellos, Ovidi Montllor – Lluís Juste de Nin

«Jo sóc fill d’una família molt humil. Tan humil que d’una cortina vella una samarreta en feren: vermella. D’ençà per aquesta samarreta, no he pogut caminar ja per la dreta» (“Soy hijo de una familia muy humilde. Tan humilde que de una cortina vieja hizo una camiseta: roja. Desde entonces por esta camiseta, no he podido caminar ya nunca más por la derecha”) cantaba Ovidi Montllor en La samarreta, recuerda Juste de Nin en su libro, entre otros muchísimos episodios íntimos y sociales vividos en aquellos años sesenta y setenta de toma de conciencia, compromiso y movilización.

En Temps de rebel·lia evoca el impacto que tuvieron acontecimientos tan diversos como la elección de Salvador Allende como presidente de Chile, el primer festival de poesía catalana, los conciertos multitudinarios, las huelgas en empresas como Seat, Maquinista, Harry Walker, la fundación de la Assemblea de Catalunya, la detención de dirigentes de CCOO, entonces en la clandestinidad, el atentado contra Carrero Blanco, la ejecución de Salvador Puig Antich, la revolución de los claveles en Portugal, la derrota de Estados Unidos en el Vietnam y la muerte del dictador Francisco Franco.

Compromiso político y desengaño

Juste de Nin deja constancia de la estrecha colaboración que mantuvo con el PSUC y con el PCE, y de su militancia, pero también reconoce «tremendas decepciones».

«En un momento determinado, como se ve en el libro, queda huérfano de partido«, explica Tània Juste. «Él se inició con todo el tema de las colaboraciones en los semanarios del PSUC, de diferentes barrios. Primero empezó a dibujar, como se ve en el libro, para la revista del PSUC del barrio de Horta, con la firma de El Zurdo (y después en Sant Andreu) y el Bon Pastor, y trabajaba sobre lo que la dirección del Partido le iba encargando… esos muñecos de Franco que hacía y que no podía publicar en la prensa legal, porque en caso contrario le habrían detenido, por culpa del lápiz. Y en aquellos momentos se aproxima evidentemente al PSUC, hasta el punto de que se hace del partido, pero un poco más adelante se produce un punto de inflexión para él muy importante, y también por Neus, su compañera, mi madre, en 1976, cuando viajan por primera vez a la Unión Soviética. Es el momento en el que pueden contrastar sobre el terreno la situación del comunismo allá. Todas aquellas lecturas realizadas, aquella ideología discutida con los compañeros de lucha… encuentran el momento de vivirla in situ y de ver cómo se encuentra implementada en la URSS. Es aquí cuando empieza el desengaño. A mí me lo había explicado muchas veces pero al leerlo la he vivido con él esta decepción. Quedó huérfano pero todavía aguantó en el PSUC, porque de alguna manera consideraba que quedaba mucha lucha para hacer y que era un buen medio para llevarla a cabo y mantiene muchos puntos en común, pero poco a poco empieza a distanciarse, sobre todo en el momento en el que el PSUC renuncia a aquel cuarto punto de la Assemblea de Catalunya del derecho a la autodeterminación. Él siempre lo explicaba esto. Es un punto de inflexión en el cual él dice: ‘Amigos, hasta aquí la lucha con vosotros. Ahora nos tenemos que separar’. Y es cuando empieza a colaborar mucho con Nacionalistes d’Esquerra, en donde encuentra más esta convicción, gracias a la influencia de la lectura de Andreu Nin, de que la liberación social y la nacional tenían que ir de la mano. Para él eran cuestiones indisociables y es aquí donde se acerca más a Nacionalistes d’Esquerra y a toda una serie de gente y de entidades que se ve en el libro».

Libro en el que aparecen dibujos y referencias a las manifestaciones multitudinarias del 76, a las elecciones de 1977 y del 79, a las conversaciones sobre el régimen soviético que había mantenido con personajes clave de aquellos años, como Josep Lluís López Bulla o Paco Frutos, la lectura de textos de Victor Serge y George Orwell, las charlas sobre las opiniones de su pariente Andreu Nin sobre el estalinismo o sobre la cuestión nacional que mantuvo con Manuel Vázquez Montalbán, a quien se refiere reiteradamente.

Dibujo publicado en ‘Temps de rebel·lia’ sobre las movilizaciones antifranquistas de los años 70 – Lluís Juste de Nin

«A Manolo le tenía devoción», asegura su hija. «Recuerdo perfectamente cuando murió y mi padre estuvo muy triste, porque para él era una persona muy importante, tanto por los dibujos y colaboraciones que hicieron juntos como por la amistad, como persona. Se tenían un gran aprecio mutuo. Además a Manolo siempre le estuvo muy agradecido, porque fue la persona que le dijo: ‘Lluís, tú tienes que compartir estos dibujos con la gente. Esto no te lo puedes quedar para ti, lo tienes que publicar’, y a partir de aquí es cuando mi padre empezó a publicar las novelas gráficas». Así una parte de su obra la dedicó a personajes históricos que consideró excepcionales, como Salvador Seguí, El Noi del Sucre; o Joan Pujol, Garbo; o Andreu Nin. «Siempre tenía palabras de agradecimiento para Manolo. Imagino que es uno de los grandes candidatos que tenía para ser dibujado», piensa Tània Juste.

Dibujo sobre Manuel Vázquez Montalbán, a quien el autor se refiere en diversas ocasiones en ‘Temps de rebel·lia’ … Lluís Juste de Nin

Ella misma es otra persona más que destacable en Temps de rebel·lia. «Tal como me ha dibujado es como yo lo recuerdo», nos dice. Aparece a menudo en el libro, por motivos vitales, evidentemente, pero también porque a principios de los ochenta Juste de Nin se encargó de crear un personaje para una campaña de normalización de la llengua catalana, la Norma, en uno de los momentos en los cuales el Gobierno español puso más en cuestión la capacidad de autogobierno del País Vasco y de Catalunya con una ley que llamaron «de armonización autonómica», la LOAPA.

«Él tenía que reproducir la cara de una niña, la Anna Solà, y a partir de aquí ir haciendo la figura del personaje que ilustraba los textos de Tisner, cada semana. Resulta que el dibujante tenía una niña de diez años en casa y por tanto… Mis recuerdos de la Norma eran casi como si fuera una amiga mía y, además, en casa mi padre me utilizaba un poco, porque, claro, no tenía a Anna Solà tan a mano como a mí y cuando construía el personaje me decía “ahora ponte así, ahora asá…” e iba dibujando.

Una herramienta de conocimiento

Lluís Juste de Nin explica en el epílogo de Temps de rebel·lia que a través de sus libros ha «querido construir un gran rompecabezas de la historia contemporánea de Catalunya… deseando que para muchos, especialmente para los jóvenes, pueda ser una herramienta de conocimiento de su país». Su hija nos ha explicado que todavía queda bastante obra por publicar:

«Tenemos la suerte de que mi padre no podía dejar el lápiz prácticamente ni un solo día y por tanto nos ha dejado, además de Temps de rebel·lia, un par de obras más que están acabadas y que en un futuro tenemos intención de publicar. Una es de esta tipología más personal, más biográfica, autobiográfica de hecho, en la cual viaja todavía más hacia atrás, viaja a su juventud, a aquella España rabiosamente franquista y a cómo lo vivía un niño de su edad y de su generación. Y tenemos otro que no te puedo avanzar de qué personaje se trata, pero sería también de esta tipología de biografías dibujadas de personajes históricos».

‘La Norma’, personaje de la campaña de normalización de la lengua catalana – Lluís Juste de Nin

¿Y si el tenis no es lo más importante?

Cuando Naomi Osaka (Osaka, 1997) encendió el pebetero olímpico en Tokio no se imaginaba hasta qué punto su influencia en esta cita deportiva iba a ir mucho más allá de ese momento simbólico o de la medalla que pudiese conseguir. Los Juegos de la era postcovid se han hecho eco de diversos debates sociales que están en la calle (comunidad LGTB+, indumentaria cosificadora de las deportistas, la imposibilidad de conciliar para las madres…) pero quizás el que más ha resonado es cómo se ha ninguneado históricamente la salud mental en el deporte de élite, asunto del que Osaka viene hablando con naturalidad desde que se convirtió en la número 1 del tenis mundial.

Antes de tomar el pebetero, la tenista japonesa había escrito un artículo para la revista TIME con el clarificador título It’s OK not to be OK, en el que explica cómo se siente en un caduco sistema deportivo que te obliga a elegir entre ser persona y atleta. Cuando el pebetero ardía nadie se esperaba que Simone Biles, la aclamada gimnasta perfecta, se acabaría retirando de varios ejercicios por problemas de ansiedad. Muchos/as deportistas la apoyaron públicamente mientras que el tenista Novak Djokovic la cuestionó definiendo la presión como “el privilegio” de estar “en la cima”. Curiosa reflexión de alguien que no gestiona su ira cuando pierde.

Netflix acaba de estrenar Naomi Osaka, una miniserie documental que sigue a la tenista en ese complicado proceso que es convertirse en una estrella del deporte. El documental vale la pena por varias razones. En primer lugar, escapa al típico producto para endiosar al/a la deportista en cuestión quedándose en un discurso sobre el sacrificio y el medallero. Lejos de ello, la directora Garret Bradley apuesta por cómo es Osaka como persona y en consecuencia cómo y por qué actúa. La cámara voyeur de Bradley y las grabaciones caseras de la protagonista nos permiten adentrarnos en una intimidad en la que el tenis se ubica en la justa medida que Osaka considera. Sobre esto, un momento significativo: su hermana le regala un retrato hecho por ella y lo coloca en el lugar ocupado por su imponente trofeo de campeona mundial.

El cinéma vérité de Bradley evidencia que su elección como directora no fue azarosa ya que venía de ganar (primera mujer negra) el Festival de Sundance 2020 con Time, documental que muestra cómo viven Rob G. Rich y sus hijos la condena de 60 años del padre de familia a través de un relato íntimo y poético que despliega también con la tenista japonesa. Osaka confió en alguien que supiese captar las raíces familiares que la han llevado a un valiente compromiso político poco habitual en el deporte de élite. Desde no jugar un partido para unirse a la protesta del movimiento Black Lives Matter a retirarse de Roland Garros por no sentirse bien en las ruedas de prensa… Porque ante todo es una persona.

Ilustración: @lafemme_agitee

#metoo  #withyou   #don´tbesilent

https://www.flowerdemo.org/

Durante estos últimos años se han ido sucediendo una serie de sentencias exculpatorias a los acusados por agresiones sexuales en diferentes ciudades de Japón (Fukuoka, Shizuoka, Nagoya). Pocas voces se han atrevido a alzarse, esgrimiendo la extremada gravedad de los hechos y la falta de conciencia y formación en Estudios de Género por parte de los jueces varones, quienes siempre han respondido de forma prepotente, con risas irónicas y burlándose de las víctimas y de quienes las defendían, tal como le sucedió hace ya dos décadas en nuestro país a la concejala Nevenka Fernández.

En marzo de 2019, tras la enésima sentencia favorable al agresor, llegó la gota que colmó la paciencia, y esas voces contrarias a la trivialización y minimización de las agresiones por parte del mundo jurídico e institucional y por gran parte de la sociedad, hicieron un llamamiento en protesta que tuvo lugar el 11 de abril de 2019. 

Esa noche, ante la estación de Tokio, se reunieron más de quinientas mujeres llevando flores y adornadas con ellas, tal como indicaba la convocatoria. Y…¡sucedió algo totalmente imprevisto, inimaginable…! Una vez acabado el discurso y el acto de protesta, todo el mundo seguía allí… De repente, una mujer anónima tomó el micrófono y empezó a narrar los abusos, violencia estructural y agresiones sexuales de las que había sido objeto a lo largo de su vida. Otras mujeres la apoyaron y también hablaron: «En nuestro caso, el daño ya está hecho, pero tenemos que poner todo nuestro empeño en construir un mundo mejor para que las nuevas generaciones de niñas y mujeres no tengan que pasar por lo que nosotras hemos sufrido en silencio durante tantos años y décadas«.

Tampoco nadie podía imaginar que esa protesta, en principio «aislada», iba a ser la fértil semilla, el punto de partida ya imparable del movimiento #FlowerDemo, el #metoo #withyou #don´tbesilent de Japón.

A partir del mes siguiente y poco a poco, el movimiento se fue extendiendo por todo el país y ya ha llegado a las 47 prefecturas y a casi todas sus ciudades.

Las protestas se siguen repitiendo el día 11 de cada mes, excepto cuando se decreta el estado de alarma, y el pasado abril (2021) cumplió su segundo aniversario. 

#FlowerDemo, ya sobradamente conocido a nivel nacional, cuenta con el apoyo de las escasas, todavía, Asociaciones feministas y periódicos, como Shin Fujin Shinbun 新婦人しんぶん (nombre que hace referencia a las publicaciones de las primeras feministas japonesas, como Raicho Hiratsuka (1886-1971): “Al comienzo, la mujer era el sol”, Genshi, jōsei wa taiyō de atta: 元始、女性は太陽であった, Fusae Ichikawa (1893-1981), la Clara Campoamor japonesa:『“El voto femenino es la llave” Fusen wa kagi nari婦選は鍵なり, “Sin paz no hay igualdad, sin igualdad no hay paz” Heiwa naku shite, byōdō naku, byōdō nakusite heiwa nasi 平和なくして平等なく、平等なくして平和なし, “No nos durmamos en los derechos” Kenri no ue ni nemuru na 権利の上に眠るな, y otras muchas) y ha participado en numerosos debates con el gobierno.

Para entender este movimiento y su gran repercusión hay que adentrarse en la cultura japonesa y conocer la idiosincrasia y el contexto en el que nos movemos.

Sabemos muy bien cómo funcionan estos movimientos en los países occidentales, la gente sale a las calles o avenidas, la plaza mayor de su pueblo o ciudad y, una vez visto el panorama, decide. Y asume con toda naturalidad que cualquiera con un móvil puede hacerle una foto y salir en cualquier medio.

En Japón, participar en este tipo de protestas, conduce con frecuencia a un ostracismo social y/o familiar y también a la pérdida del trabajo: el comienzo de una pesadilla. La sociedad, uniforme, obediente y supuestamente «heterogénea» no perdona a las voces disidentes y los castigos infligidos son desproporcionados.

Quien estas líneas escribe ha participado en estos encuentros desde el otoño de 2020, fecha en que tuve noticia del movimiento. La ciudad más cercana para mi es Chofu, que es a Tokio como Alcalá de Henares a Madrid. Ante la estación hay varios espacios: parque infantil, espacio de ocio para jóvenes que actúan y un espacio repleto de flores con un muro decorativo al fondo. Ese es nuestro lugar de encuentro, donde nos reunimos todos los días 11 unas 20 personas, mujeres en su mayoría.

La coordinadora llega puntualmente con flores y otros preparativos: carteles impecables, impresos y plastificados para indicar donde hay que colocarse si se quiere salir o no, en la foto conjunta. Es la única que hace la foto oficial del grupo, con el muro al fondo y cuidando mucho de que no se cruce una bicicleta o aparezca cualquiera por despiste, insistiendo varias veces en que la foto se va a publicar en Twitter @ChofuDemo, @chofu_flower_demo, por si alguien tiene alguna objeción. 

Por supuesto, antes o después del acto, puedes hacerte las fotos que quieras, siempre a título personal. 

A continuación, escuchamos el informe del mes anterior con turno de preguntas y dudas. Guardamos cinco minutos de silencio por las víctimas, y para finalizar, la coordinadora cede el micrófono a quien desee hablar. Siempre se animan varias personas que relatan los abusos sufridos años o décadas atrás, o alguien que los ha presenciado, y escuchamos sus testimonios en silencio y con gran respeto. 

La gente pasa y nos mira, lee los carteles y pancartas, se para…, escucha a quien habla… a veces se suman o preguntan algo.

Apenas cuarenta minutos, muy intensos y emotivos cuarenta minutos…

Una vez finalizado el encuentro la gente se queda un rato hablando con quienes ya conoce de otros meses.

Yo me quedo hablando con una señora de 90 años, en silla de ruedas, que ha sufrido abusos y todo tipo de violencia a lo largo de su vida por parte de los varones de su familia. Durante años y como consuelo para el profundo desgarro interior que sentía, se dedicó a coser a mano un tapiz, a modo de pancarta, decorada con flores y con las letras en japonés e inglés. Ya no tiene fuerza para sostenerla, pero sí para seguir participando cada mes, y siempre la lleva para que la sostengamos las demás.

Pero… vayamos a las causas, ¿cuál es la razón de tanta permisividad y banalidad en las agresiones sexuales?

Japón ha sido, desde el principio de los tiempos, una de las culturas más patriarcales y el hecho de que sea una gran potencia económica y el número uno en tecnología mundial, no sólo no es incompatible sino que más bien va de la mano y juega a su favor. Veamos tan solo algunos ejemplos.

Durante la tan idealizada época samurai, caracterizada por un sistema feudal y continuas guerras intestinas, que tuvo su origen en el siglo XIII hasta bien entrado el siglo XIX, la mujer era un mero instrumento, una mera mercancía al servicio del hombre, el guerrero, y la perpetuación de su linaje. El samurai tenía en sus manos la vida y la muerte de cualquier persona de «rango» inferior.

La poligamia ha sido natural y hasta bien entrado el siglo XX la «segunda esposa» era inscrita en el libro de familia (koseki). 

En 1886, el primer ministro Hirobumi Ito (1841-1909), uno de los grandes patriarcas del actual Japón, compró, de forma pública y notoria, con el aplauso y admiración de toda la sociedad e instituciones, como quien compra tomates en el mercado, la virginidad de la actriz Sadayakko (1871-1946), que posteriormente triunfó en Estados Unidos, cuando ella contaba tan solo 15 años de edad.

A pesar de que Japón declara abolido el «sistema patriarcal, kafuchosei 家父長制” en su Constitución de 1947, no hay una conciencia social de lo que significa exactamente «patriarcado».

Por otra parte, las lenguas reflejan la cultura, configuran y mediatizan nuestra realidad: son un prisma para ver el mundo. En el caso de numerosas lenguas tenemos el género gramatical como caballo de batalla. En el caso del japonés, aunque no existe la categoría de género, dispone de una larga serie de recursos que encasillan a la mujer, la adoctrinan y colocan en un lugar muy inferior. Pero este tema lo dejaremos para otra ocasión.

Con las palabras “Durante estos últimos años…” comenzaba este artículo. Huelga decir que la violencia existe desde el comienzo de la humanidad. Pero las sentencias por agresiones sexuales o las denuncias interpuestas por mujeres han sido inexistentes o archivadas, en un país como Japón, meca de la tecnología y súmmum del desarrollo económico, debido al miedo a una sociedad tribu, que educa a una mujer sumisa y sometida, feliz de serlo, una Yamatonadeshiko大和撫子: “la ley del Agrado” (Amelia Valcárcel) japonesa, la eterna trampa del patriarcado, que nos coloca entre la espada y la nada, entre el señalamiento o el abismo, que culpabiliza y expulsa de su seno a las víctimas: la segunda violación, la que perpetran miradas y lenguas ajenas.

Cualquiera, una misma, uno mismo.

Si ha sido en estos últimos años cuando se ha ido tomando conciencia, gracias a la repercusión mundial del #Metoo de Hollywood, y a las protestas, juicios y sentencias en los años 90, de las eufemísticamente llamadas “Mujeres-consuelo” ianfu 慰安婦: las 200.000 esclavas sexuales del ejército japonés durante la segunda guerra mundial[1], tras ocho décadas de silencio, quienes a su vez respiraron el aliento de valor que les infundieron las denuncias por las violaciones masivas perpetradas en la guerra de los Balcanes, una vez comenzada la búsqueda de justicia y reparación del daño causado, asistimos a un nuevo nacimiento: la MUJER INDOBLEGABLE, #wakimaenaionnna #わきまえない女.

Sayonara, mujer sumisa, mujer kawaii 可愛い muñequizada, niñificada… Sayooonara.

Larga vida, mil, diez mil años de vida, BANZAI 万歳, no para la casa imperial, para la mujer dueña y ama, que impera en su vida y su destino.

Texto y fotografías de Elena Gallego Andrada (Burgos, 1967). Doctora en Literatura y Culturas Comparadas y Teoría de la Traducción (Universidad de Sevilla, 2002). Traductora pionera de obras clásicas japonesas. Investigadora del SIP (Seminario Investigación para una cultura de PAZ). Reside en Japón desde 1993.

Notas:

[1] Yoshiaki YOSHIMI: Esclavas sexuales. La esclavitud sexual durante el imperio japonés, Barcelona, Ediciones. B, 2010.

Fotografía: Txemi Martínez

Habrá que dedicar esfuerzos, ahora y previsiblemente en el futuro, para enmendar las numerosas insuficiencias del proyecto de Ley de Memoria Democrática, particularmente en aspectos clave, como la inmunidad concedida a los responsables de los crímenes del franquismo mediante la ley de amnistía del año 77 o el rechazo a las exigencias de reparación jurídica a las víctimas de los tribunales de aquella dictadura.

Hay que dejar muy claras las responsabilidades, para que no se borren de la memoria y para fijar en la agenda de los demócratas una tarea pendiente: el cambio y limpieza de las instituciones heredadas de la dictadura. La vida política española sería hoy muy diferente si el poder judicial, la policía, el ejército, el cuerpo diplomático, y tantos otros ámbitos del aparato del Estado se hubieran sometido a un proceso de democratización radical.

Habría que abordar, por otra parte, un aspecto muy olvidado de la historia española contemporánea, que es imprescindible reivindicar.

A menudo, cuando se habla de recuperación de la memoria, se recuerda obviamente lo que fue y significó la República, la guerra y sus episodios, los campos de concentración, los fusilamientos y la desaparición de más 140.000 personas, el exilio, el régimen de terror, las detenciones, torturas, encarcelamientos… Así ha de ser y hay que apoyar resueltamente a quienes investigan sobre este período. Se evoca también la resistencia antifranquista y la actividad política clandestina, pero en este último aspecto se padece en la práctica una amnesia premeditada y consensuada como parte del pacto de Estado que permitió convertir en demócratas a los cancerberos y partidarios del autócrata y que situó al antifranquismo como el huésped incómodo de un nuevo régimen.

Son pocos los historiadores, periodistas y políticos que han dedicado esfuerzos a estudiar en detalle y a dejar constancia de un fenómeno social trascendental vivido durante los últimos años de la dictadura:

Miles de personas dedicaron una parte muy importante de sus vidas a la militancia en organizaciones clandestinas antifranquistas, quizás minoritarias, pero muy significativas en aquellos años y cuya actividad dio al traste con los planes más continuistas del tardofranquismo. Eran ciudadanas y ciudadanos de ideología diversa pero la mayor parte eran comunistas, que de una u otra manera se arriesgaban a sufrir persecución no solo para conseguir un régimen político de libertades, sino porque vivían y actuaban con la ilusión de lograr, un día u otro, una sociedad igualitaria.

La evaluación del número de personas comprometidas en estas militancias en los años sesenta y setenta sería una buena tarea para historiadores, porque el relato de la Transición ha borrado en buena medida la existencia de esta realidad, sin la cual no se puede entender el proceso de descomposición de la dictadura.

Miles de trabajadores y estudiantes que militaban en organizaciones, que se reivindicaban casi todas ellas partidarias de Marx y de Lenin, como el Partido Comunista de España, Partit Socialista Unificat de Catalunya, Partido del Trabajo de España, Organización Revolucionaria de Trabajadores, Liga Comunista Revolucionaria, Organización Comunista de España-Bandera Roja, Movimiento Comunista, Organización de Izquierda Comunista, Partido Comunista de España Marxista-Leninista, diferentes escisiones de Euskadi Ta Askatasuna, Partit Socialista d’Alliberament Nacional, Unión do Povo Galego… -la lista podría ser mucho más amplia- cada una de las cuales contaba con organizaciones juveniles, intervenía en el movimiento obrero a través de diferentes tipos de organismos también clandestinos, participaban en el movimiento asociativo vecinal, abordaban de diferente manera la cuestión nacional vasca, catalana, gallega, que reclamaban soberanía en todos los aspectos, buscaban amparo de alguna manera en organismos legales o paralegales, contaban con organización dentro de las prisiones, trabajaban desde el exilio… y todo esto en plena dictadura.

Y a todo este tejido habría que añadir entidades también ilegales no comunistas, como la CNT, el PSOE, la Federación de Partidos Socialistas y otras organizaciones nacionalistas o independentistas que también se veían obligadas a existir en la clandestinidad. Tampoco se puede pasar por alto la existencia del Frente de Liberación Popular (FLP) y sus homólogos en Euskadi y Catalunya, ESBA y FOC, muchos de cuyos militantes se convirtieron más tarde en destacados cuadros de otras organizaciones.

Pero el relato de Transición se centró mucho más en figuras que en colectivos y se ha impuesto de tal manera que muchas personas implicadas en el acontecer de estas entidades han procurado que posteriormente se olvidara su militancia. Había que limpiar los CV de referencias a cualquier veleidad revolucionaria. Muchos temieron lógicamente que su implicación en actividades subversivas les perjudicara social y profesionalmente y una vez quedó claro que el nuevo régimen se encarrilaba sin ruptura de raíz con el franquismo, tuvieron vergüenza, o cierto miedo de que se recordara aquel activismo de color rojo, tan importante en la vida de tantas personas.

Algunos de estos militantes y/o dirigentes desaparecieron de la vida política, del mismo modo que las organizaciones que impulsaron e hicieron crecer. Algunos cambiaron radicalmente, se implicaron en las instituciones, a través de partidos del régimen del 78, o en actividades empresariales de diverso tipo. Otros se reciclaron profesionalmente en diferentes ámbitos, y algunos mantienen más o menos sus ideales de juventud, pero casi todos, se han retirado poco a poco. Entre otros motivos porque los años no perdonan y los imperativos biológicos obligan.

Se acabó el tiempo en el cual se podía reconstruir la historia de los años 30 y 40 a través del testimonio de quienes vivieron la República, la guerra, la represión de los años cuarenta y principios de los cincuenta, el régimen que se asentó sobre el pánico colectivo… Nos quedan, además de algunos repositorios audiovisuales, valiosos textos y discursos de los protagonistas de aquella época, además de abundantes trabajos de los investigadores, pero ya no queda con vida casi nadie que pueda explicar experiencias vividas de aquellos años. Sobre los episodios políticos y la vida clandestina de finales de los años 60 y de los 70 también se ha escrito bastante, pero en la mayor parte de los casos sin referencias a los documentos de entonces y sin entrar en detalle sobre los debates del momento, los objetivos, las estrategias, la vida organizativa, la formación, las implicaciones en la vida cotidiana y familiar de los militantes. Y no deja de resultar significativa la escasa producción literaria y cinematográfica centrada en la resistencia antifranquista.

Hay que destacar el trabajo realizado por asociaciones memorialistas como La Comuna o la ARMH, que han reclamado la creación de un comisionado para atender a las víctimas de la represión franquista y señalan la necesidad de que el Estado se disculpe por “los miles de personas que han muerto ignoradas”. Y hay que poner en valor también el esfuerzo de colectivos y militantes que han elaborado cronologías (1), han recogido y difundido documentación (2), han abierto foros en redes sociales, han escrito y editado libros (3), impulsado campañas sobre el legado de luchas populares compartidas (4), y también el de un reducido número de investigadores y académicos que han tomado la tarea en sus manos. Todos ellos han informado sobre actos e iniciativas reivindicativas de la memoria del movimiento obrero, pero lo que se explica en las escuelas y universidades, lo que se difunde a través de los medios de comunicación, por encima de cualquier otro relato, son los ejes de un discurso según el cual la dictadura se acabó cuando Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Felipe González, Manuel Fraga, Miquel Roca y algunos otros personajes pactaron el inicio de una nueva etapa en la historia del Estado español, con la activa complicidad del rey Juan Carlos, la aprobación de una reforma institucional del régimen del Movimiento franquista, la legalización de los partidos políticos, la convocatoria de elecciones a Cortes generales y el pacto constitucional del 1978.

Se difumina así, con generalizaciones y anécdotas de cariz cortesano, el excepcional esfuerzo realizado por centenares de miles de personas que participaron durante los años 60 y 70 en movilizaciones populares duramente reprimidas por la policía franquista. Se olvidan las huelgas locales y generales, reivindicativas de condiciones de trabajo dignas, que por el simple hecho de realizarse desestabilizaban el régimen franquista; las reclamaciones de amnistía para las víctimas de la legislación penal, social y laboral de la dictadura; las exigencias de legalización de las organizaciones sindicales, políticas, estudiantiles, feministas, vecinales realmente existentes en la sociedad de aquel momento; las demandas por la vía de la práctica de libertades democráticas plenas y la derogación de toda la legislación que restringía los derechos de huelga, libre expresión, asociación, reunión y manifestación; las reivindicaciones de depuración del ejército, la magistratura, la policía y del conjunto del aparato de Estado, la exigencia de reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Catalunya, Euskadi y Galicia; de convocatoria de asambleas constituyentes, el rechazo a los pactos con la OTAN… Todas estas aspiraciones formaban parte del patrimonio político común de las organizaciones comunistas mencionadas. Todas.

Eran grupos y partidos, algunos de mucho peso, como el PCE y el PSUC, otros con menos implantación, que discrepaban radicalmente sobre formas organizativas, análisis de coyuntura, calendarios y estrategias, que actuaban bajo orientaciones y referencias distintas en política internacional, rivalizaban en su voluntad de hegemonizar y dirigir movimientos reivindicativos en fábricas, centros de enseñanza, asociaciones profesionales, vecinales… pero todas ellas transmitían el mensaje de que, en algún momento, se podría abrir un proceso hacia el socialismo.

Todas formaban parte de la oposición al franquismo y todas deseaban la ruptura de aquel régimen, para dar paso a la democracia, pero los dirigentes de los partidos con mayor influencia optaron por la vía de la reforma. Reforma que exigía un pacto que descartara la ruptura de raíz con el franquismo y una imprescindible capacidad de control sobre lo que se había movilizado hasta entonces, con la contribución decisiva de miles de militantes, disciplinados, muchos de los cuales se encontraban encuadrados en organizaciones con o sin democracia interna, pero dispuestos todos ellos a sacrificar gran parte de su tiempo en la lucha por una sociedad más justa e igualitaria, preparados para resistir la represión policial y empresarial.

Eran ciudadanos que en sus centros de trabajo o de estudio impulsaban la creación de comisiones y comités, repartían octavillas, confeccionaban carteles y pancartas, se ponían al frente de huelgas, convocaban manifestaciones, muchas de ellas por sorpresa para salvaguardar la seguridad de los participantes, mantenían en funcionamiento imprentas clandestinas, en las que se editaban documentos internos de debate y publicaciones periódicas, que luego había que distribuir a través de redes de confianza, se reunían secretamente e intentaban conocer lo menos posible los datos personales de los asistentes, utilizaban pseudónimos (‘nombres de guerra’) para tratarse entre sí, separaban todo lo posible la actividad política de su tiempo de ocio y vida familiar, para dificultar al máximo la acción de las brigadas político sociales de la policía.

Hay que prestar atención a estas personas, muchas de ellas desilusionadas como consecuencia de la frustración de los objetivos e ideales que determinaron su comportamiento social, familiar, profesional durante unos años clave de su vida, ideas que transmitieron por todos los medios que tenían a su alcance. Hace falta que historiadores y especialistas en ciencias sociales les escuchen para poder reconstruir y recuperar de manera fidedigna la memoria de aquellos años.

Quizás de este modo, rompiendo el silencio, se podrá tomar conciencia social de lo que significa que hoy, por ejemplo, no se pueda investigar la corrupción de la monarquía, o que los tribunales consideren como delictivos los debates parlamentarios sobre el derecho de autodeterminación de Catalunya o que se haya castigado con años de prisión a personas por el hecho de ejercer su derecho a la libre expresión y manifestación.

Notas:

*Manuel Garí es economista y Marià de Delàs periodista

**Fotografía: Txemi Martínez

[1] https://psuc.cat/historia/

[2] https://archivodelatransicion.es/ , https://www.historialcr.info/ , https://pce.es/historia-del-pce/

[3] https://www.publico.es/actualidad/marti-caussa-ruptura-raiz-franquismo.html ,

[3] https://www.publico.es/public/jordi-borja-posa-sediment-deixar-bandera-roja-vida-politica.html , https://www.catarata.org/libro/historia-del-pce_118425/

[4] https://www.omnium.cat/ca/campanyes/lluites-compartides/

Pilar Aldea, artista multidisciplinar afincada en Formentera desde hace años, lleva a cabo esta exposición titulada Residir l’instant dentro del programa de Sant Jaume en la Isla de Formentera. La exposición está dividida en dos espacios expositivos, uno es la Sala de Exposiciones del ”Ajuntament Vell”, que se podrá ver hasta el 31 de julio, y la otra estará en el espacio cultural y educativo del “Far de la Mola” y se podrá contemplar hasta el 16 de octubre. Ir a ver esta exposición obliga a transitar la Isla de Formentera de una punta a la otra, con toda la belleza que ello nos suma al hecho expositivo en sí mismo.

En el “Ajuntament Vell” se puede ver un impresionante mosaico de sesenta y seis fotografías de la serie “Instants” y siete fotografías de la serie “Residencias” donde la artista recoge aquellos “instants” y otros que no están presentes en la muestra, jugando a presentarnos, representarnos, encuentros entre los personajes retratados a los que pone en dialogo, logrando de este modo subvertir ese instante congelado en la fotografía. Ese instante que la cámara captó para siempre, que a Pilar Aldea le pesa tener archivado y, que ahora, cambia de valor al dialogar con otra imagen de otro “instante” y con la recreación llevada a cabo a través del ordenador donde da sentido a un “resucitar” cual Lázaro, para resignificar y politizar aquello que su mirada ha atrapado a lo largo de los años.

Años de capturas de cámara en un testimonio conmovedor y, en ocasiones, desgarrador: un intento de comprender y captar la vida. En un intento de elaborar del trauma para, de este modo, escapar del estrés postraumático, mostrando sin señalar, enseñando y, en ocasiones, ocultando bajo el tamaño las fotos que son más políticas.

Recoger los instantes que en su día fueron capturados para concederles otros momentos en el relato de lo que la autora, Pilar Aldea, denomina el efecto Lázaro. Efecto Lázaro recogido en el texto poético con ese mismo título, “Llàzars” que presenta en el Faro de la Mola. Porque es ella, Pilar Aldea, la que dice “levántate y anda”, concediéndose, al fin, la autoridad necesaria para mostrar al público lo que ha estado escondido. Y, así, con mimo y cuidado, se concede hacer escasamente 10 ejemplares de cada edición para que se comprenda que, aunque haya tanto, todas y cada una de las imágenes “resucitadas” son un elemento precioso y único. Aunque hayan salido de esos cajones y armarios llenos de imágenes de toda una vida de recorrer el mundo.

El compendio de 40 años de creación y mirada divergente sobre el mundo, a la búsqueda del otro que finalmente es la búsqueda de una misma. De modo que, al final, no se trata de ellos, se trata de la autora y sus propios encuentros, sus fantasmas y sus modos de exorcizarlos, al amparo de Ortega, Zambrano y Juan de la Cruz. Para lograr que, cuando el espectador mire, no esté tan enfadado con ellos, para que esa manera de mirar que Pilar Aldea posee, altere la percepción de la realidad del que mira y lo lleve a compasión y, siendo posible, a la comprensión.

Por último, la video instalación “Comú”, en la cual, a lo largo de un bucle de nueve minutos, asistimos a un viaje temporal donde se nos muestran realidades paralelas, asistiendo a la visión de una cosa y su contraria. Encuentros cotidianos de usos y costumbres que, en breve tiempo y manejando una tensión narrativa extraordinaria, nos lleva a un recorrido antropológico por el imaginario de su autora.

Como bien dice Marifé Santiago Bolaños en la presentación del catálogo: “Pilar Aldea ha abierto sutiles y elegantes ventanas fotográficas para que no se olvide el nosotras que esconde el todo. Su obra perturba y emociona”. Destacando el relato de niñas y mujeres. De soledades y acompañamientos. Pero, lo más bello de esta presentación, lo más atinado, es denominar a Pilar Aldea “criatura del alba. Claro que sí”. Por méritos propios añadiría yo. Por supuesto que sí.

Pilar Aldea es licenciada en Imagen en la Escuela Superior de Comunicación, Imagen y Sonido en el CEV de Madrid, ha expuesto de modo individual y colectivo en el Palacio de la Audiencia de Soria, La biblioteca María Zambrano de la UCM, en JustMAD y el Centro Cultural Conde Duque entre otros espacios. También es fundadora y codirectora de “Consulta Films Bruselas-Madrid 1994-2009” y “Producciones Como Mola Jugar a las Películas”, proyecto participativo que estrenó su primera producción en el Formentera Film. Pilar Aldea es miembro del Colectivo Espai F desde 2015 y, desde 1988, tiene una fuerte vinculación con la isla de Formentera donde reside en la actualidad.

“Residir l’instant” se podrá ver hasta el 31 de julio en la Sala de Exposiciones Ajuntament Vell; y en el espacio cultural y educativo Far de la Mola, del 14 de julio al 16 de octubre.

*Pilar V. de Foronda @pivifo es escultora y gestora cultural

Muchos fans de Iron Maiden pensaron que el disco en directo titulado Life after Death, Vida después de la muerte, era el legado póstumo del grupo. Nada más lejos de la realidad; ya que, como se ha visto, la vida del grupo británico se ha prolongado después más de 30 años. De igual manera, ¿cómo un monasterio cisterciense pudo seguir vivo tras el abandono provocado tras la desamortización de Mendizábal en 1835 hasta 1973? La realidad es compleja, pero vamos a intentar explicarla. El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias situado en Pelayos de la Presa fue pasando de mano en mano, mientras diversos elementos arquitectónicos iban desapareciendo, la portada renacentista en su exterior, las estatuas del interior, los azulejos talaveranos, columnas, dinteles y capiteles del claustro plateresco y otros muchos elementos. En algunos casos como necesidad para construir casas y corrales en el pequeño municipio de Pelayos, en otros casos para hacer la puerta de entrada o decorar una ermita en una finca de lujo en El Alamín, Toledo, caso del Marqués de Comillas.

Sin embargo, su estado de semiruina en la niebla daba el aspecto perfecto y tenebroso para escenas de películas de horror de los años 60. O eso debieron pensar los guionistas y el director de The Blancheville Monster en 1963 contando con una jovencísima Helga Liné. La película rodada en inglés tiene bastantes minutos en diferentes estancias del Monasterio, la iglesia, el claustro e incluso la capilla mozárabe, lugar donde se encontraba la ermita que dio origen al Monasterio en el siglo XII, según algunos estudiosos del monasterio. Mucho más tarde Helga Liné repetiría como actriz principal con Las garras de Lorelei junto a Tony Kendall.

Escena de The Blancheville Monster, 1963

Después, el conocido director y actor Paul Naschy usó el mismo escenario para varias de sus películas actuando como hombre lobo en los años 70. Quizás, la película más destacada fue La Noche de Walpurgis, una película serie B de vampiros. Cuenta la leyenda que, durante su rodaje se tiraron desde la fachada barroca dos estatuas al suelo, San Benito y San Bernardo. La primera de ellas, tuvo el dudoso honor de aparecer en la película Necrophagus con la actriz Beatriz Elorrieta como una de las protagonistas para iniciar un juego de escondite dentro del Monasterio.

Escena de La noche de Walpurgis, 1970

Muchas películas rodadas en el Monasterio fueron del género de spaghetti western y hay que destacar entre ellas, 100 Rifles con una escena icónica con Burt Reynolds y Raquel Welch montando a caballo frente a la iglesia; destacada también fue la aparición de George Peppard en Cañones para Córdoba, conocido por sus papeles en Desayuno con diamantes y el coronel Hannibal Smith en El Equipo A. No de menor importancia son las películas Garringo, La Hora del Coraje, ¿Quién grita venganza? y ¡Vamos a matar compañeros!, con actores de la talla de Peter Lee Lawrence, Antonio de Teffé, José Bódalo, Mark Damon, Mónica Randall o Fernando Rey.

Escena de 100 Rifles, 1969

¿Se puede usar un monasterio en ruinas para una película de comedia con Tony Leblanc, Concha Velasco, Alfredo Landa y Manolo Gómez Bur? Efectivamente. En la película, Los que tocan en piano, que era una forma de decir en aquella época tardofranquista que algunas personas estaban metidas en asuntos turbios, principalmente estafas y timos. En este caso, el timo consiste en la venta de un cuadro a un coleccionista alemán a las puertas del monasterio en una hilarante escena finalizada con Alfredo Landa portando un cerdo.

Escena de Los que tocan el piano, 1968

Otra película que llama la atención es El Caballero de la Rosa Roja con una jovencísima Raffaella Carrà, fallecida el pasado 5 de julio. Hay varias versiones de esta película de aventuras con la revolución francesa de fondo, en castellano, alemán y francés. La actriz tenía 25 años cuando rodó esta película y algunas partes del Monasterio son usadas en la caratula de la película.

Escena de El Caballero de la Rosa Roja, 1965

Si bien es cierto que en algunas escenas se puede ver que se produjeron daños al monasterio en algunos rodajes, el resultado de todas las grabaciones fue darle una historia al mismo desde los años 60 hasta 1973, momento en que el convento es comprado por Don Mariano García Benito. De otra manera, el monasterio hubiera acabado desmantelado completamente o como una urbanización más; y sin embargo, hoy podemos comprobar la evolución de su arquitectura durante sus siglos de historia: románico, mozárabe, renacentista, barroco y gótico. El monasterio, Bien de Interés Cultural, es un compendio de historia, el único cisterciense de la Comunidad de Madrid y también el más antiguo.

Don Mariano García fue un arquitecto madrileño que compró el Monasterio tras leer un anuncio en el periódico ABC en 1973. A partir de ese momento, dedicó su vida a proteger el monasterio, tanto en solitario como con ayudas de conocidos, pero sin apoyo institucional. En un video comentaba: “Venían camiones a llevarse las piedras y yo evité la destrucción total del monumento”. En los últimos años, la Comunidad de Madrid ha invertido en rehabilitar y consolidar diversas partes del monumento, aunque todavía falta un plan claro de difusión regional y nacional y un proyecto para que tenga un uso más continuado y controlado, como por ejemplo convertirlo en un museo del Cister. La Fundación del Monasterio y muchos particulares trabajan para poner en valor este lugar, aún desconocido para muchos madrileños.

Muchas de sus obras de arte recogidas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1836, se encuentran dispersas en diversos puntos del país. La sillería del coro y el facistol en la catedral de Murcia, muchas pinturas de Correa de Vivar, pintor renacentista están en el Museo del Prado, pero sin exponer. Otros lienzos se encuentran en el Museo de Santa Cruz de Toledo y hay algunas otras piezas en Pontevedra, Barcelona y Málaga. Recientemente se encontraron dos relieves mencionados por Antonio Ponz en sus libros de Viajes por España, Jesucristo con la cruz a cuestas y La Piedad en el Museo del Prado, pero muchos otros cuadros, estatuas y otros dos relieves mencionados en los inventarios que llegaron al convento de la Trinidad continúan en paradero desaparecido. Otras muchas pinturas continúan en el Museo del Prado, pero se perdió su trazabilidad y se tiene que seguir investigando para catalogarlas, incluyendo un lienzo posiblemente de Sofonisba Anguissola.

El monumento vive de nuevo tras 80 años de expolio continuado desde la desamortización, que lo llevaron casi a su desaparición. El cine en este caso es un elemento más a añadir a la dilatada historia del monasterio con sus pleitos, incendios, derrumbes, época de esplendor, declive y narración por parte de un monje en el conocido como Tumbo de Valdeiglesias de sucesos históricos como la muerte del Condestable Don Álvaro de Luna.

Las visitas se han reanudado tras la pandemia y se puede visitar todo el verano, los sábados de 10 a 14 horas.

Lista de películas:

  • TheBlancheville Monster, 1963.
  • Los que tocan el piano, 1968.
  • La marca del hombre lobo, 1968.
  • El aventurero de la rosa roja, 1968.
  • ¿Quién grita venganza?, 1968.
  • Junio 44. Desembarcamos en Normandía, 1968.
  • La hora del coraje, 1968.
  • Los desesperados, 1969.
  • 100 rifles, 1969.
  • Cañones para Córdoba, 1970.
  • La noche de Walpurgis, 1970.
  • Garringo, 1970.
  • ¡Vamos a matar, compañeros! 1970.
  • Drácula vs Frankenstein, 1971.
  • La noche del terror ciego, 1971.
  • El ataque de los muertos sin ojos, 1973.
  • La noche de las gaviotas, 1974.
  • El mariscal del diablo, 1974.
  • Necrophagus, 1973.
  • Hora Cero: Operación Rommel, 1969.
  • El jorobado de la morgue, 1973.
  • La llamada del vampiro, 1972.
  • Las garras de Lorelei, 1973.

* Mario Cuellar es exconcejal de Unidas Podemos e Investigador.

Conversación con la editora Carmen Moreno

“Editamos sueños” es el lema con el que se inicia la web de la editorial Cazador de ratas. Su fundadora, Carmen Moreno, ha tocado infinidad de teclas en el mundo de la cultura: gestora cultural desde 2004, ha sido editora de contenidos para la Fundación Giner de los Ríos, asesora técnica de cultura para el Ministerio de Igualdad, co-directora de la colección de bolsillo de la Diputación de Cádiz, guionista del programa de televisión Cifras y Letras, correctora en diversas editoriales, profesora de creación literaria para la Junta de Andalucía y otras instituciones, entre otras muchas cosas. Los premios literarios tampoco le han sido ajenos: ha ganado el Premio Nacional de Relato Corto Fernando Quiñones, el Premio Andalucía Joven en la modalidad de arte, el Premio Nacional de Relato Corto Pilar Paz Pasamar, y el Premio Internacional de Poesía Francisco de Quevedo, entre otros. Ha publicado una veintena de libros y varias antologías. Además, con su proyecto Sin habitación propia está realizando talleres por la igualdad y la diversidad en diferentes institutos de España.

Defensora de los derechos de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+, recientemente, su trayectoria, junto a las de Inmaculada Pavía y Lola Salguero, ha sido reconocida por el Ayuntamiento de Cádiz durante la semana del Orgullo LGBTIQ+ en el homenaje “Para no perder la memoria”.

Espacio Público tiene hoy la oportunidad de conversar con ella.

La primera pregunta es fruto de la curiosidad: ¿Por qué el nombre de Cazador de ratas para una editorial?

Es un homenaje a una de esas mujeres a las que la historia les debe aún mucho, Marina Tsvietaieva. La mejor poeta, junto a Ajmátova, de Rusia en el siglo XX. Mujer que sufrió la represión más bestial que puede sufrir una mujer: ver cómo torturan a sus hijos hasta la muerte y lento.

Hija del creador del Hermitage, mujer culta, muy culta, esposa de un militar del Ejército Blanco, activista por el feminismo, por la igualdad, por la libertad de pensamiento.

Carmen Moreno

En “La  sociedad del espectáculo” Guy Debord dice que en el capitalismo todo se ha convertido en representación, en un espectáculo. Hoy los concursos culturales tienen muy poco de cultura y mucho de espectáculo. Tú has sido guionista de Cifras y Letras, un concurso cultural de TVE ya desaparecido. Con la excepción de Saber y ganar, los demás concursos son una pasarela de gente famosa o una sucesión de situaciones en las que las personas que concursan son puestas en ridículo para mayor diversión de la audiencia. ¿Estás al tanto de estos programas televisivos? ¿Qué te parecen este tipo de concursos?

No veo ninguno, no me interesan. Todo quedó al descubierto en Quiz Show. Ni te cuento esos en los que se ponen en ridículo a quienes van a concursar como si fueran simplemente un elemento más del atrezzo. No estoy en contra de la telebasura, es más soy muy defensora de algunos de ellos porque creo que alienarse un rato al día está muy bien, pero no me gusta que me tomen por idiota. Creo que tan telebasura son esos programas como el Sálvame, con la diferencia de que este último no engaña a nadie. Sabes qué vas a ver. Es uno de los programas que defiendo como método de entrar en estado comatoso después de trabajar dieciséis horas al día.

Tienes una amplísima experiencia en el mundo editorial. Prácticamente has pasado por todas las fases: autora, correctora, editora, crítica literaria. En la web de la editorial el lema es muy claro: “Editamos sueños”. ¿Es posible hoy día? ¿Cómo ves hoy el panorama para una editorial pequeña e independiente?

Es posible editar sueños. Otra cosa es la rentabilidad. Los sueños no siempre son rentables económicamente. Yo trabajo como autónoma no solo en mi editorial sino para otras editoriales y particulares. Mi editorial exige ocho horas al día, siete días a la semana, pero no me permite tener un sueldo. Ni siquiera me permite pagar autónomos, así que tengo que trabajar otras ocho horas para poder darle de comer a mi hija.

¿Podría tirar la toalla y opositar? Claro que sí, pero no quiero porque eso es lo que nos han querido vender: “confórmate”, “no te rebeles”, “sigue las reglas y todo irá bien”… Quiero que mi hija entienda que en la vida no todo es fácil, casi nada lo es de hecho, pero que no tiene que conformarse. Será más difícil, vale, pero puede ser lo que quiera.

Un vistazo a tu bibliografía nos indica que has escrito poesía, ensayo, literatura infantil, novela, también el cómic… ¿con cuál de estos géneros te encuentras más cómoda?

Con la novela. Hubo un tiempo en el que no podía escribir nada que no fuera poesía. El síndrome del impostor pega demasiado fuerte en las mujeres todavía. Ahora hace años que no escribo poesía y tampoco la leía. Dejó de interesarme porque me daban mucha perece quienes se hacían llamar “POETAS”. Dios, Gloria Fuertes nunca lo fue. Ella fue una poeta, de esas que se escriben en minúsculas y se leen con lágrimas en los ojos y escarcha en los dedos.

Ahora estoy terminando un libro de poemas que se llama Elia, como mi hija, y estoy con otro a cuatro manos con Ana Tapia, grandísima escritora almeriense. Un poemario LGBTI+, pero sigo con las novelas e investigando para otro ensayo sobre dos mujeres absolutamente únicas.

El informe “Ditrendia: Mobile en España y en Mundo 2020” dice que los españoles pasan 5 horas y 14 minutos al día utilizando Internet. Y que esta cifra aumenta hasta seis horas en el caso de los jóvenes de entre 18 y 24 años. ¿Crees que esto afecta a la lectura?

Cuanto menos lees y más consumes opiniones precocinadas (muy normales en internet), más fácil de manipular eres. Quien quiera que saque sus conclusiones.

Tu labor en defensa de los derechos de las mujeres y de las personas LGBTIQ+ te ha llevado a poner en marcha el proyecto “Sin habitación propia”. ¿Puedes explicarnos en qué consiste este proyecto?

Sin habitación propia es un libro que reivindica a dieciséis poetas mujeres (odio la palabra “poetisa”, cuestión de gustos lingüísticos). De ahí surgió con Diputación de Cádiz una exposición itinerante para dar a conocer a estas mujeres. Lo que jamás pensé es que institutos de toda Andalucía, pero, sobre todo de Cádiz, se hicieran eco y me llamaran para dar conferencias sobre el papel de la mujer en la educación y sobre estas mujeres en particular.

La juventud piensa que las mujeres estamos en el aula desde siempre, pero hay que recordarles que no es así y que los derechos que tenemos fueron conquistados hace muy poco y están en peligro una vez más. Hay que contarles la historia con espíritu crítico. No existe una sola historia, hay hechos concretos que son objetivos, la guerra civil estalló en 1936, pero la historia cambiará depende de quién la cuente. En cambio, eso es irrefutable.

Hay que ver las cosas desde varias perspectivas, analizarlas y, solo entonces, tomar una decisión. Todo lo demás se llama manipulación.

En estos días es inevitable referirse, en el 50 aniversario de la muerte de JimMorrison, el líder de The Doors, una de las bandas más controvertidas e influyentes de la historia del rock, a los oscuros y confusos detalles sobre su muerte, y por supuesto, a su papel dentro del imaginario colectivo de lo que significaron los años 60 en su dimensión más rompedora y revolucionaria. Así como por supuesto a su rol como frontman, líder en escena y cantante de un grupo sin el cual no es posible entender aquel periodo en el cual, como bien dijo el prestigioso crítico e historiador del rock David Dalton, “hubo un momento en el que se pudo creer que el rock iba a heredar la tierra”.

A la hora de aproximarse al personaje en este singular aniversario de su fallecimiento, no obstante y en tanto en cuanto la faceta de Jim Morrison como estrella de rock, como líder de los Doors y en relación con toda la literatura ya existente sobre su vida y su muerte –alguna fiable, otra no tanto- será objeto de artículos en diferentes medios, querría compartir con todos y todas las que nos leen unos apuntes sobre una de las facetas quizá menos exploradas acerca de la personalidad de Jim Morrison: su vocación poética.

Más allá de la imagen salvaje de una estrella de rock hedonista, evadida de la realidad por el alcohol y las drogas, más allá del falso estereotipo que creó la muy discutible película de Oliver Stone sobre los Doors en 1991, la cual ha dejado en la memoria de mucha gente la grotesca caricatura de un músico, creador y artista que era mucho más que el exagerado e irreal retrato que Stone mostró en su cinta, Jim Morrison aún con sus episodios de excesos, fue un joven inteligente y cultivado, apasionado lector y que junto a la música, desarrolló como estudiante proyectos e ideas en el campo del cine y del teatro experimental. Y muy especialmente, desarrolló una trayectoria poética tristemente muy breve, pero interesantísima y que es innegable que habría tenido un recorrido mucho más largo de haber seguido vivo. No es en modo alguno baladí el hecho de que cuando decidió en la primavera de 1971 establecerse en París, además de alejarse de toda la presión que suponía vivir en Estados Unidos, tanto por sus problemas con la justicia como por su situación con los Doors, su intención era inspirarse en una ciudad que había sido la cuna de muchas de sus influencias más determinantes para seguir escribiendo poemarios y perseverar en su vena literaria.

Memorial de Jim Morrison en Berlín

Es conocido que el poeta y dramaturgo francés Antonin Artaud llegó en 1936 a México con la intención de conocer y experimentar los rituales iniciáticos de los indios Tarahumaras y de probar el peyote, la llamada planta-origen de la conciencia en tanto que su consumo poseía, para los habitantes de aquel territorio, la virtud alquímica de transmutar la realidad y llevar al iniciado hasta el punto en que todo se abandona para volver a empezar. Le interesaba sobremanera la capacidad de los indios americanos para entrar en otros estados de conciencia y percibir otro tipo de realidad. Años más tarde, es conocido también que Jim Morrison, siendo un niño de apenas cuatro o cinco años, vio morir en la carretera a un indio que había sufrido un accidente de tráfico con su familia. Según las tradiciones y creencias indias, cuando alguien ve morir a una persona, el alma del fallecido se adentra en la persona que le vio despedirse de la vida y le acompañará siempre. Jim Morrison, que se sentía muy identificado con Artaud, conocía esa creencia y siempre pensó que él había vivido esa experiencia, lo cual le inspiro una pieza incluida en su libro ‘Poemas Ocultos’, que decía lo siguiente:

“Ave de rapiña
ave de rapiña volando alto, volando alto, voy a morir
Llévame en tu vuelo
indios esparcidos en el amanecer
carretera sangrante 
los fantasmas se amontonan en los niños pequeños
frágil mente de cáscara de huevo
bajo el agua, bajo el agua…”
“Si pudiera clavarme una pluma en mi corazón y derramar sangre por todo el escenario, ¿te satisfaría? ¿Pensarías que soy un chico extraño?” (The RollingStones, “It´sOnlyRock’n’Roll”)
Antonin Artaud

A Jim Morrison, tanto como poeta como en su faceta de cantante de rock, siempre vio y vivió la expresión artística como vehículo de exploración de los sentidos, llevados siempre más allá de lo que nos permiten percibir convencionalmente y como forma de romper barreras para llegar a vivir la máxima sensación de todo aquello que podemos conocer y sentir. Por ello fue siempre un gran devoto de Arthur Rimbaud, el icono de los poetas malditos franceses del siglo XIX, el autor que consideraba la creación poética como la entrada a un mundo en el que a través de una prolongada, ilimitada y sistemática deconstrucción de todas las experiencias sensoriales –amor, odio, locura- el poeta llega a ser al mismo tiempo el mayor marginado de la sociedad y el supremo científico, porque alcanzará el conocimiento y la ciencia que los demás nunca podrán conocer. Y la autodestrucción, la inmolación, es un precio que el poeta estará dispuesto a pagar para recorrer ese camino.

Es la misma visión del poeta que desarrolló William Blake, otra influencia capital para el líder de los Doors, quien sostenía que las visiones interiores del artista son más reales que las que percibimos del mundo exterior y por tanto, posee la facultad de vivir en otros mundos y dimensiones.

Esa filosofía casa perfectamente no solamente con la concepción de la poesía como experiencia iniciática que Jim Morrison abrazó, sino incluso en su forma de interpretar en el escenario, en la que en aquellos vibrantes momentos en los que entraba en trance para interpretar “Celebration Of The Lizard”, se transmutaba en otro ser, iniciaba ese viaje a los infiernos de Rimbaud atravesado una vez más por Artaud, quien preconizaba que la interpretación escénica era una fuerza viviente transitoria pero con capacidad de trascender, destruyendo los tabúes, los miedos y las prohibiciones para volver a asimilar las energías vitales del mundo sin condicionamientos previos.

Arthur Rimabud

Una idea que tampoco está lejos del Aleph de Borges, ese punto de referencia desde el cual se puede ver todo el universo simultáneamente, que era en el que Jim Morrison necesitaba situarse para escribir, componer e interpretar. En este sentido, el teatro de ruptura de Artaud y el rock psicodélico de los Doors, siendo expresiones artísticas muy diferentes entre sí, comparten una capacidad expresiva y distorsionadora de la realidad de la que Jim Morrison fue con toda seguridad su máximo exponente.

De los suburbios de París a las carreteras americanas

Jim Morrison tuvo como una de sus influencias más destacadas a los poetas malditos franceses como Baudelaire o Rimbaud, además de Dylan Thomas – “Donde una vez las aguas de tu rostro / giraron impulsadas por mis hélices / sopla tu áspero fantasma / los muertos alzan la mirada”, escribió Dylan Thomas. Morrison escribió años después: “Un ángel cruza / la súbita luz / la habitación / un fantasma nos precede / una sombra nos sigue / y cada vez que paramos / nos caemos”-pero también a los autores de la “Beat Generation”, en especial Lawrence Ferlinghetti y Jack Kerouac. El afán, especialmente narrado en el ‘On The Road’ de Kerouac, de vivir intensamente, de sentir la vida como la combustión de una llama de fuego y del rechazo a los estándares sociales de la época fueron otra de las características esenciales de la vida y de la poesía de JimMorrison.

“Todo lo humano
está dejando
su rostro
Pronto desaparecerá
en el tranquilo pantano vegetal
¡Quédate!
¡Mi Amor Salvaje!”

Resulta paradójico que alguien que alcanzó la fama y la popularidad masiva que adquirió nuestro hombre fuera muy reacio a publicar sus poemas y que de hecho, solamente se decidiera a hacerlo presionado por su pareja, Pamela Courson y por muchos amigos que le insistieron en ese sentido. Jim siempre tuvo miedo de que sus libros de poemas no fueran apreciados ni valorados en su medida real al ser la obra de una estrella del rock, cosa que por desgracia así sucedió: Tanto ‘Los Señores” como “Las nuevas criaturas”, los dos primeros libros que editó pasaron desapercibidos para la crítica literaria del momento, siendo tan solo la revista Rolling Stone la que dedicó reseñas a estos libros desde el punto de vista literario. Algo más de repercusión obtuvo en 1970 ‘Una oración americana’, de la que se hizo un disco editado en 1978 con los poemas de Jim recitados sobre una base musical de jazz que sí llegó a ser un éxito comercial.

Versos y rock´n´roll

Aunque el mundo poético de Jim Morrison buscó escenarios, ambientes y personajes no necesariamente vinculados a la música, el rock´n´roll fue la banda sonora de su inspiración para algunos poemas que se recuerdan entre los mejores de su producción.

“Fría música eléctrica
dáñame
desgarra mi mente con tu oscuro sopor
Fría sien de acero
frías mentes vivas
en la estrangulada orilla
Veteranos de guerras extranjeras
somos los soldados de las guerras del rock´n´roll”.

Tal vez nunca imaginó que su muerte se produciría casi exactamente dos años después de la de Brian Jones, fundador de los Rolling Stones, grupo que gustaba muchísimo a Jim. Impresionado y muy afectado por la tragedia de la desaparición de Brian, le dedicó este estremecedor poema:

“Piscina de mantequilla caliente
¿Dónde está Marrakech?
Bajo las cataratas la furiosa tormenta donde los salvajes cayeron al final de la tarde monstruos rítmicos Has dejado que tu NADA le haga competencia a tu SILENCIO Espero que te hayas ido sonriendo
como un niño
en el fresco remanente de un sueño”

La excelente poeta, profesora y periodista Marina Casado, en un magnífico artículo publicado en su página web sobre la figura de Jim Morrison como poeta, se pregunta: “¿Qué fue antes, el poeta o la estrella de rock? Lo primero, siempre. Lo segundo, nada más que un camino temporal por el que se atrevió a dar un rodeo. Si nunca se hubiera producido aquel encuentro en la playa con Ray Manzarek, compañero de la universidad, del que surgió el proyecto de crear una banda de rock, ¿conoceríamos hoy a Jim Douglas Morrison como un poeta, heredero de la Beat Generation, exaltado observador de una América fría y deshumanizada, dominada por unas criaturas inteligentes y manipuladoras a las que bautizó como “Los Señores”?”.

Realmente difícil dar una respuesta adecuada a este interrogante. Creo no obstante que no puede disociarse totalmente una dimensión de la otra. Jim Morrison llevó la poesía al rock, incorporó al espíritu del rock de los 60 en Estados Unidos ese nuevo lenguaje y esa nueva forma de entender la vida que Ginsberg o Kerouac plasmaron en sus poemas y a su vez, fue el primer poeta, tal vez en competencia con Sam Shepard, que tanto en su estilo de escritura como en las imágenes, metáforas, recursos literarios o incluso en las vivencias que se desprendieron de su interior para desvirgar los folios en blanco, mostró que el rock también podía inspirar creaciones poéticas en muchos casos, realmente sublimes. Por ello, a los 50 años de su muerte, es relevante recordar su figura y reivindicar su legado.

Keep your eyes on the road, your head upon the Wheel…

Las desigualdades están creciendo a un ritmo galopante en un sistema capitalista voraz e incontrolado, que ha alcanzado su cara más descarnada y brutal en la actual época de la financiarización. Hay datos que lo dicen todo: en las últimas cuatro décadas, el 1% más rico de la población mundial se ha apropiado del 27% del crecimiento económico, frente al 13% de la población más pobre, que representa el 50% del total de personas que habitan el planeta. O lo que es lo mismo: 3.500 millones de personas se han quedado con menos de la mitad de lo que ha recibido la reducida elite más acaudalada.

El Atlas de las desigualdades en el mundo se propone reflejar las múltiples y crecientes desigualdades que agobian al mundo y descubrir sus causas profundas, el modo en que se retroalimentan entre ellas y las intolerables injusticias que producen.

Por ello, no solo analiza las desigualdades en el campo meramente económico y lleva sus análisis a otros ámbitos: ecología, derechos civiles, género, educación, distribución de bienes, precariedad laboral. ¿A quién pertenecen los recursos? ¿Quién se apropia de los bienes comunes? ¿Cómo es posible que mientras las grandes potencias siguen acaparando tierras de países subdesarrollados, más de la mitad de la humanidad viva con menos de 5,5 dólares al día? ¿Cómo han ido derivando las condiciones de trabajo hasta llegar a la actual precariedad laboral? ¿Hemos avanzado en el reconocimiento de los derechos civiles en todo el mundo? ¿Están reconocidos y garantizados los derechos de las mujeres, de las personas LGTBI en todos los países, el derecho a la información, el sufragio universal? ¿Tiene acceso a la salud todas las personas que habitan el planeta? ¿Es universal la enseñanza, el derecho a la educación? ¿Hasta qué punto se ha degradado el planeta, cómo es el aire que respiramos, qué agresiones están sufriendo los océanos, los ríos, el medio ambiente?

A estas preguntas y otras muchas da respuesta este Atlas con profusión de datos y análisis.

Nombres reconocidos internacionalmente, también muchos de ellos españoles, como los de Thomas Piketty, Branko Milanovic, François Dubet, Olga Cantó, Antonio Elio Brailovsky, Mariela Baladrón, Javier Padilla, Nazaret Castro, Miguel Presno Linera, Edith Rodríguez, Cachera, Enric Puig Punyet, Leire Salazar, Sergio Federovisky, Rossana Mazzola, Virginia García Beaudoux y hasta una treintena de especialistas en diferentes temas han trabajado en este Atlas de las desigualdades, que ha sido coordinado por Creusa Muñoz y publicado en España por la editorial Clave Intelectual (2021). A los textos acompaña un gran número de mapas, gráficos e infografías.

Para hablar de todo ello, el próximo 7 de julio habrá debate internacional, que se podrá seguir a través del canal internacional de youtube de Capital Intelectual, a las 19:00 h en España, en el que participarán: Creusa Muñoz (editora de la obra), Mélany Barragán, que hablará de género; Mariela Belsky sobre derechos humanos; Antonio Brailovsky de ecología; y Nazaret Castro que intervendrá sobre la riqueza en el mundo.

El Tribunal Supremo condenó a siete políticas y políticos catalanes y a dos dirigentes de entidades cívicas, a penas de entre 9 y 13 años de cárcel, por haber impulsado la celebración en Catalunya del referéndum de autodeterminación el 1 de octubre de 2017, en el que participaron 2,3 millones de personas.

El Gobierno español les ha concedido indultos parciales, después de que hayan permanecido entre rejas durante más de tres años y medio, dos de ellos en prisión preventiva.

Durante este tiempo de privación de libertad esas políticas y políticos, elegidos democráticamente, junto a dirigentes de las asociaciones con más afiliados de la sociedad civil catalana (Òmnium Cultural y ANC), han recibido cartas de apoyo de miles de personas. Cartas a la prisión: ventanas entre muros es un documental que recoge una parte de esa correspondencia enviada a las cárceles.

Los autores del documental ponen así de manifiesto “la anomalía democrática que representa en la Europa del siglo XXI” la vulneración de los derechos humanos elementales por parte del poder ejecutivo y judicial español.

En plena “era digital”, de comunicaciones telemáticas inmediatas, la correspondencia en papel de carta, con sobre y sello, ha resultado esencial, porque se convirtió en el principal medio de apertura en las cárceles de ventanas abiertas al mundo, explican autores y productores en un escrito de presentación de su trabajo.

Cartas confidenciales y autorizadas de ciudadanas y ciudadanos anónimos y otras de personajes de relevancia internacional, escritos de presas y presos, y cartas de exiliadas y exiliados, sirven como hilo conductor del documental. Manuscritos redactados en tono íntimo y textos más formales que propician la reflexión sobre “lo que ocurre en Catalunya y sobre la ruptura emocional provocada por la sentencia entre nuevas generaciones, que se ha traducido en centenares de nuevas detenciones de personas que manifiestan en calles y plazas su voluntad de exigir el fin de la represión”.

Los autores del documental se trasladaron además a diferentes lugares de Occitania, Países Bajos, Portugal, España y Catalunya para entrevistar a eurodiputados, activistas y a un abogado especializado en Derechos Humanos, para intentar entender no solo los motivos de la represión sino también los de las miradas hacia otra parte y los silencios frente a los atentados contra las libertades.

‘Cartas a la prisión: ventanas entre muros’ se exhibe en Madrid este jueves 1 de julio, en la Fundación Anselmo Lorenzo (C/ Peñuelas 21).

Montse Bassa, diputada y hermana de una de las condenadas, Dolors Bassa, y Neus Ràfols, directora del documental, se hacen cargo de la presentación del trabajo.

Uno de los rasgos comunes que caracterizan a los movimientos de ultraderecha es su misoginia y antifeminismo. Tanto en las instituciones, cuando llegan a ellas, como en las redes sociales, asistimos a un fenómeno que intenta de forma constante desprestigiar al movimiento feminista, invisibilizar los problemas que afectan a las mujeres, negar la violencia machista y despreciar los derechos de la mitad de la población del planeta.

El debate ‘Antifeminismo y extrema derecha’, con ponentes tan destacadas como María Eugenia Rodríguez Palop, Amelia Martínez Lobo e Hibai Arbide compartirán reflexiones sobre el antifeminismo de la extrema derecha, y cómo el feminismo despliega sus propias estrategias para hacerle frente.

Ex Corde, un festival pionero a nivel internacional, se celebra todos los años (con la excepción de 2020 a causa de la pandemia) en Molina de Aragón (Guadalajara) y centra su actividad en la música contemporánea con la participación de 15 guitarristas internacionales de muy diversas edades, que encuentran en él una manera diferente de enfocar la pedagogía musical. 

Este festival nació con la idea de crear un espacio musical diferente en el que abordar el estudio de la guitarra y su repertorio desde un punto de vista analítico, técnico e interpretativo distinto, global y multidisciplinar a través del contacto con compositores y compositoras en las jornadas de creación actual. Durante su celebración se realizan conciertos con músicos punteros de la escena contemporánea, talleres de jazz e improvisación, talleres de formación escénica con actores, análisis musical, participación en la orquesta de guitarras, además de clases individuales y másteres con profesores de talla internacional.

Los habitantes de esta población, ubicada en el Geoparque del Alto Tajo, participan también de las actividades de este festival, mientras que el alumnado goza del contacto con la naturaleza, de la flora y la fauna de este lugar privilegiado.

Dirigido artísticamente por Pilar Ríus y Avelina Vidal, Ex Corde es también un ejemplo de programación paritaria y de respeto a la igualdad de género, ya que sus directoras artísticas tienen un firme compromiso con la todavía muy desconocida labor que desempeñan las mujeres dentro del ámbito de la música.

En la programación de este año, dedicada a las mujeres, se celebrarán varios conciertos: “El viento no se llevará las palabras” con Anna Margules (Flauta de pico, voz, electrónica y una sola intérprete); “La voz del interior peninsular” con Vanesa Muela – Música de raíz; “Lo que la historia calla” con Antonio de Innocentis (Guitarra); y “¡Asómate a esa ventana!”, “Sones de calle y de palacio”, “La Sonorosa” (Música y danza de los S. XVII y XVIII)y “¡Doña Blanca nos guíe!”, Concierto molinés con alumnos, profesores e invitados.

Ex Corde incluye también en esta edición de 2021 jornadas de creación actual y composición (con Iluminada Pérez Frutos y Diana Pérez Custodio, compositora residente de esta edición y en cuya obra se centrará su trabajo colectivo), clases máster de guitarra (Antonio de Innocentis), formación escénica (Jesús Barranco y Raúl Marcos), música brasileña para guitarra (Cláudio Tupinambá), un taller de percusión con instrumentos de cocina (Vanesa Muela) y música y danza en los aires ibéricos del Barroco (Edwin García). Hay además una visita al Geoparque de Molina de Aragón.

Del 16 de junio al 18 de julio en el Teatro Galileo tendrá lugar la primera edición del Festival Sala Joven, una cita que reúne once propuestas de creadores y creadoras menores de 35 años. El objetivo es que el público de hoy conozca a quienes serán protagonistas del teatro del futuro.

Los jóvenes toman la palabra en este Festival para hablar de feminismo, memoria, identidad o revisitar clásicos como La Gaviota o El Coloquio de los perros.

La actriz y dramaturga Karina Garantivá es la directora de esta muestra que pretende convertirse en un puente entre el público, la industria teatral y la creación más joven.

Compañía Mujer en obras. Fotografía de Luz Soria

“Los espectáculos que se incluyen en esta edición son solo una pequeña parte de todos los proyectos que están produciendo los creadores y creadoras jóvenes en Madrid, tenemos una auténtica explosión creativa que necesita impulso y reconocimiento para consolidarse”, explica Garantivá.

Títulos como Ahora que nos dejan hablar, Hoy es el día o Ese toro que no veíamos son un grito que pone sobre las tablas la invisibilidad que experimentan los jóvenes y la urgencia de llevar a los escenarios los temas y problemas que les preocupan.

«Creo que este Festival va a servir para desmontar algunos mitos sobre el teatro que interesa a la juventud. Existe el tópico de que en el teatro joven el texto no se valora porque les importa más el espectáculo en sí, nada más lejos de la realidad, la ambición de escribir textos teatrales, de revisar el pasado, de tocar los grandes temas y dialogar con los clásicos está presente en las nuevas generaciones. Así lo demuestran los trabajos de Olga Mínguez, Alberto Fonseca, Esther Berzal o Adrián Perea. Lo que sí tienen los días contados son los compartimentos estancos de la creación, la generación millenial del teatro se mueve con libertad entre todos géneros y disciplinas del teatro. Pasan de actuar a dirigir o de diseñar a producir con bastante naturalidad”, continúa diciendo Karina Garantivá.

La gaviota o los hijos. Fotografía de Jorge Rico

El Festival Sala Joven es una muestra plural que desmonta los mitos que intentan colectivizar a la juventud, cada persona joven es única y así lo demuestran estas obras en las que se incluyen espectáculos de todos los géneros y estilos. Uno de los estrenos más esperados será el de Victoria viene a cenar, de Olga Mínguez, que narra el encuentro de Clara Campoamor y Victoria Kent la noche anterior a la aprobación del sufragio femenino.

Pablo Quijano, clausurará el Festival con una versión libre del clásico de Chejov La Gaviota, junto a la artista malagueña La Dani y a la Compañía Traspasarte con su distopía Furbytale.

“Otro mito extendido es que las plataformas digitales acabarían con el interés de la juventud por el teatro, esto no se sostiene, los eventos en vivo son fundamentales para ellos, lo que si está claro es que estos nuevos formatos sirven para complementar la experiencia de asistir al teatro y las compañías cada vez reúnen más competencias para ofrecer contenidos complementarios para compartir principalmente a través de internet, afirma, por último la directora de la Muestra.

Más información:

https://galileoteatro.es/

https://www.teatrourgente.com/

info@teatrourgente.com

Obviamente, hay que responder a una pregunta que estará en la mente de todos y todas. ¿Por qué un manifiesto del mundo del rock contra el fascismo en el estado español en el siglo XXI? ¿Por qué un grupo tan nutrido de músicos y músicas de todo el mundo se sienten interpelados y se adhieren a una iniciativa así?

Por muchas razones. Enumeremos las más significativas.

La más importante, por que por desgracia en las democracias occidentales pero muy particularmente en el régimen político del estado español, la conciencia ciudadana en el marco de la democracia capitalista y neoliberal, al albur de unas décadas de crecimiento económico y de prosperidad propias de los periodos cíclicos del capitalismo, en su dimensión social, popular, real, quedó adormecida hasta el estallido de la crisis de 2007-2008.

La pobreza, la precariedad, la miseria en la que todas las capas de la sociedad más desfavorecidas quedaron hundidas, unida a la escandalosa corrupción de la clase política dirigente y de su monarquía, provocaron una reacción popular masiva que exigía, a través de muchos movimientos diferentes, que se respetasen sus derechos y puso abiertamente en cuestión el modelo de “democracia” que les había llevado a esa situación.

Tal y como sucedió en los orígenes del fascismo en el siglo XX en Italia y Alemania, y más tarde en América Latina –Cuba, Chile, Nicaragua, etc.- cuando la sociedad se organizó y exigió una democracia no solo formal sino real, es decir, económica y social, la reacción, las élites crearon el fascismo como movimiento político para combatir bien fuera mediante golpes de estado militares o bien mediante la organización de partidos hábilmente dirigidos por demagogos, al movimiento social y democrático organizado.

Hoy, en muchos países del mundo, pero singularmente en el estado español, el nuevo fascismo está creciendo, en una sociedad manipulada por los medios de comunicación y manejando mensajes de odio contra las mujeres que sufren la violencia de género, contra los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes, contra los pueblos que luchan por su derecho a decidir su futuro, y que pretenden volver a implantar la censura contra los artistas críticos con el discurso oficial, la idea de una “patria” unida a sangre y fuego y hermética, continuadora de las décadas de terrorismo franquista.

El rock, que en el estado español siempre estuvo en la vanguardia de la defensa de la libertad, del cambio, de la cultura, de los valores de democracia y rebeldía más esenciales, no puede callar ante esta situación. El rock, como decimos en este manifiesto, tiene que reivindicar su naturaleza inconformista, crítica, rebelde y transgresora como movimiento social y cultural, o lo que es lo mismo, tiene que declarar abiertamente su ANTIFASCISMO.

El rock surgió como una música antirracista, que reivindicó y puso en valor la expresión musical de la población negra más oprimida, que defendió la libertad sexual, que se opuso a las guerras imperialistas como la de Vietnam, y que en España, formó parte de la banda sonora del cambio por la democracia, de la lucha contra la violencia y la guerra sucia en el estado español y de la lucha por todas las causas de la libertad y el progreso.

Por tanto, el rock no puede callar ni mirar hacia otro lado cuando se niega la violencia de género, se blanquea un régimen terrorista como el franquismo, se propaga el racismo y se pretende retroceder a épocas del pasado. El rock tiene que ser, y ES, un arma de combate contra el fascismo en todas sus manifestaciones.

Por eso estamos hoy aquí, para empezar ese combate desde nuestra música y nuestro mundo, organizadas, unidas, y por supuesto, llenas de fuerza para que la música, la cultura, el arte y sobre todo el rock ametralle con todo el poder de sus wattios y aplaste para siempre el discurso del odio, de la ignorancia, de la violencia y de la podredumbre.

El Lunes 21 de Junio a las 17.45h en Madrid, en el Auditorio Marcelino Camacho (Calle López de Vega, 40, Madrid) se presentará oficialmente la nueva plataforma ROCK CONTRA EL FASCISMO.

Notas:

Mariano Muniesa es periodista musical, moderador y presentador del acto “Rock Contra el Fascismo”

Este año se cumplen cinco años del asesinato de Berta Cáceres, la activista hondureña que recibió el Premio Goldman, el galardón ambiental más prestigioso del mundo. Su crimen fue liderar una campaña para detener la construcción de una presa hidroeléctrica en el río Gualcarque, un río sagrado para la población indígena en la población de Río Blanco (Honduras).

Un río sagrado, un pueblo indígena, la voracidad de empresas hidroeléctricas depredadoras del medio ambiente, escuadrones de la muerte y una mujer decente y valiente son los elementos de este libro, que hace justicia a una mujer que se ha convertido en todo el mundo en un emblema de la lucha por salvar el planeta.

Nina Lakhani, periodista especializada en Centroamérica es la autora de “¿Quién mató a Berta Cáceres?”, recién publicado por la editorial Icaria. Lakhani conversó muchas veces con Berta Cáceres y conocía muy bien la importante actividad que desarrollaba. La primera vez que se reunieron Berta ya era consciente de la amenaza que se cernía sobre ella y le dijo: «El ejército tiene una lista de asesinatos encabezada con mi nombre. Quiero vivir, pero en este país hay total impunidad. Cuando me quieran matar, lo harán”.

También la propia periodista fue acosada e intimidada cuando investigaba el asesinato de Berta Cáceres, que sospechaba con motivo que querían matarla. Y que los sicarios encargados de hacerlo habían sido contratados por DESA, la empresa constructora de presas, que había presentado falsos cargos contra ella y otros líderes indígenas.

Nina Lakhani fue la única periodista extranjera que asistió al juicio, celebrado en 2018, y lo que presenció fue una especie de farsa judicial que relata en uno de los capítulos del libro. Fueron declarados culpables del asesinato funcionarios de seguridad del Estado, empleados de la empresa de la presa y sicarios a sueldo, pero quedaron sin respuesta demasiadas preguntas sobre quién o quiénes ordenaron y pagaron el asesinato.

El libro hace un recorrido por la historia de Honduras, los intereses de Estados Unidos en los territorios centroamericanos, la lucha y el despertar indígena, los escuadrones de la muerte, el golpe de Estado, los crímenes y la represión.

Para la realización de este libro Lakhani se ha basado en más de cien entrevistas, ha consultado archivos legales confidenciales y documentos corporativos.

“El asesinato de Berta desató la condena internacional, pero no pudo detener el derramamiento de sangre. Al menos veinticuatro defensores de la tierra y del medioambiente han sido asesinados en Honduras desde el 2 de marzo de 2016.

América Latina sigue siendo la región más peligrosa del mundo para defender la tierra y los ríos de megaproyectos como minas, represas, explotaciones forestales y la agroindustria. Entre marzo de 2016 y noviembre de 2019, fueron asesinados en las Américas 340 defensores, según Global Witness. ¿Por qué? Estos delitos de gran repercusión quedan mayormente impunes. La impunidad fomenta el crimen”, concluye Lakhani.

Para hablar de todo ello, el viernes 18 de junio conversarán la autora Nina Lakani; Bertha Zúñiga, hija de Berta Cáceres y coordinadora del COPINH (Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras); la antropóloga, activista y ecofeminsita Yayo Herrero; y Paula Santos de Mujeres Migrantes Diversas. Álex Guillamón de Entrepueblos será el encargado de presentar el acto, que se podrá seguir en youtube:

Es necesario un conocimiento profundo de un autor para escribir una biografía de su vida y su pensamiento, pero para revelar su verdadera sensibilidad se necesita algo más, una especie de conexión entre el biógrafo y el personaje estudiado que extienda un hilo de intimidad entre ambas figuras. Este hilo lo extiende Clare Carlisle con Kierkegaard en su libro El filósofo del corazón. La inquieta vida de Søren Kierkegaard (Taurus, 2021).

Clare Carlisle, al final de su libro, explica la emoción que sintió al reunirse con unas pocas personas en una iglesia de Londres para rendir homenaje a Kierkegaard. Años antes, esta profesora del King’s College tuvo que esforzarse en aprender danés y escribir una tesis doctoral sobre un filósofo que, en principio, no le interesaba especialmente. Sin embargo, en el transcurso de sus estudios una chispa prendió y nació ese hilo de intimidad (posible, quizás, solamente en un mundo como el nuestro, en que leemos en voz baja y soledad). Todos los lectores tienen historias similares a esta, historias en que a través del tiempo y las palabras nos iniciamos en una pasión y una comprensión que va más allá del sentido del texto y llega hasta el corazón del autor.

Ocurre incluso con los autores más esquivos. Kierkegaard pertenece a esta especie. El danés utiliza numerosos pseudónimos, oculta su autoría y no desea ser descubierto. Contradictoriamente, se enfada cuando sus obras no despiertan las críticas deseadas y se pasea todas las tardes por Copenhague, conversando y desplegando sus razonamientos. Kierkegaard quiere la fama y no la quiere. Es un ser lleno de indecisión que, a pesar de ello, supo tomar la decisión más difícil: renunciar a Regine, su amor, para dedicarse por entero a la escritura. Era consciente de que no podría ser escritor si se veía obligado a representar el papel de marido y padre burgués.

Carlisle descompone la vida de Kierkegaard, examinando su correspondencia y analizando sus obras filosóficas más relevantes. En nuestra lengua se pueden encontrar las mejores traducciones de sus obras en las recientes ediciones de la editorial Trotta.

Clare Carlisle

Así, emerge la pregunta más trascendental de Kierkegaard: ¿cómo vivir cristianamente? Seguramente, para los abonados al lugar común de que el filósofo es el predecesor del existencialismo, esta pregunta los decepcione, pero no debemos dejar que el secularismo de nuestra época (secularismo que, precisamente, estaba naciendo en el siglo de Kierkegaard) nos confunda. En el fondo, Kierkegaard interroga sobre la muerte y busca la mejor forma de vivir como seres humanos. Su misión es reformar el cristianismo y eso lo hace desde una ciudad provinciana de la periferia europea, una ciudad puritana y protestante. El filósofo danés se siente como Sócrates, al que dedicó uno de sus primeros textos, y para ello no cesa de incordiar a sus conciudadanos. Estos le respetan, pero al final terminan por reírse de él o lo ignoran.

Kierkegaard es producto de la tradición cristiana, que es una tradición ecléctica y compleja. Si analizamos las distintas corrientes cristianas, nos damos cuenta de que las diferencias entre protestantes, puritanos y católicos son confusas y que las tres tendencias intercambian ideas y hasta a veces se suplantan entre ellas. No se trata solamente de comentarios de pasajes de la Biblia, tipo de ensayo tan prolijo en Kierkegaard, sino de actitudes plenamente filosóficas como la ironía, el lugar de la narración ficticia y la interpretación de los textos. No es necesario ahondar más, pero es importante retener que, al margen del existencialismo (¿afirmaríamos con naturalidad que Goya es surrealista, adscribiéndole así a un movimiento posterior en el tiempo?), Kierkegaard tiene su propio contexto intelectual y cultural: no solo cristianismo, sino también romanticismo e idealismo alemán.

Viñeta satírica en contra de Kierkegaard: todo gira en torno a él.

En cualquier caso, Carlisle ha escrito una brillante biografía del filósofo danés, en la línea de los mejores autores actuales de este género como Rüdiger Safranski y Wolfram Eilenberger. Este tipo de libros deben cumplir dos funciones. La primera, ofrecer una panorámica del autor y su época. La segunda, conseguir que el lector de la biografía sienta ganas de internarse por sí mismo en la obra del filósofo. Esto último se alcanza mediante la extensión del vínculo íntimo que une a Carlisle con Kierkegaard a ese lector (un tercer hilo). Que este sienta la misma emoción, el mismo grado de penetración emocional en el universo que es toda obra. Por mi parte, empezaré con Temor y temblor. En este libro, como explica la profesora del King’s College, Kierkegaard muestra que la mejor forma de vivir es dando salto a la vida con una fe nueva. Este salto, al final, es lo que todos los lectores queremos, por lo menos los lectores modernos.

El mítico disco de Marvin Gaye cumple hoy 50 años

Madre, madre,
hay demasiadas como tú llorando.
Hermano, hermano, hermano,
hay demasiados de vosotros muriendo.
Sabes que tenemos que encontrar la forma
de traer algo de amor aquí hoy, sí.

Escuchar la canción What’s going on, cinco décadas más tarde, continúa revelándose como una emotiva y estimulante experiencia iniciática. Su ritmo hipnótico, jazzy, va creciendo atravesando momentos melancólicos y entrando en espacios de luz estremecedores, cómo si Marvin Gaye nos invitara a reflexionar sobre el devenir de las cosas, sobre lo que está pasando. Hay lamentos, tristeza, pero también esperanza, la música como terapia antidepresiva de una época convulsa.

Así, con esta canción, comenzaba el LP What’s going on, valorado como una de las grabaciones fundamentales en la historia de la música pop y considerado uno de los discos más importantes de todos los tiempos. En 1999 una encuesta de críticos musicales publicada por el diario británico The Guardian lo nombró como «El álbum más grande del siglo XX».

Hermano, hermano, hermano, hay demasiados de vosotros muriendo. Así lo cantaba, en 1971, indignado y apesadumbrado, Marvin que sufría en aquellos años una profunda depresión sumado a su adicción a la cocaína, se unía a los miles norteamericanos que se oponían a la guerra del Vietnam. Su hermano pasó allí tres años y el disco refleja en todas su canciones un profundo humanismo, reflejo del final de la década de los 60, de los movimientos contraculturales que removían la mentalidad conservadora norteamericana de aquellos años. El disco tiene un discurso homogéneo, es como una obra conceptual, un ciclo de canciones que denuncian “lo que está pasando” en Estados Unidos, que en aquellos años vivían el escándalo Watergate, la guerra, con una juventud movilizada en contra del odio, la violencia, la pobreza y las injusticias del sistema. El sueño americano se tambaleaba.

Marvin Gaye, sobrevuela con su música el desaliento, y lo combate componiendo canciones llenas de amor, poesía y compromiso. El disco empieza con la majestuosa What’s going on, y lo que hoy parece una evidencia, no lo fue en su época. El propietario de la discográfica Motown, Berry Gordy no le gustaba la temática de la canción, temía ser censurado y por ello la despreció. Marvin amenazó a Gordy con abandonar la Motown si no publicaba la canción como sencillo. Afortunadamente, las dudas y los temores se esfumaron, y el single fue todo un éxito.

Luchar por la integridad artística como motor de cambio, así lo entendía Marvin. El disco fluye y las melodías soul no decrecen en su intensidad y se encadenan sin interrupción como un río, dulce y emocionante, crudo y etéreo, entre sonido mestizos, orgánicos y líquidos. La segunda pista, “What’s Happening Brother”, una canción que Gaye le dedicó a su hermano Frankie, la tercera “Flyin’high in a friendly sky” trata sobre la dependencia de la heroína: “Lo sé, estoy enganchado a mi amigo, al chico (la droga), que convierte a los hombres en esclavos”. El disco crece sin parar, Marvin Gaye vuela, se vuelve un chamán musical, capaz de convertir la voz en un harmonía litúrgica, en un canto lisérgico, susurros de una sensualidad que evocan una espiritualidad profunda y liberadora.

¿A quién le importa?
¿Quién está dispuesto a tratar de salvar un mundo
¿Eso está destinado a morir?
Cuando miro el mundo, me llena de tristeza
Los niños pequeños de hoy realmente van a sufrir mañana
Salvemos los niños
Si quieres amar, tienes que salvar a los bebés

El cuarto tema «Save the Children» se convierte en una súplica, en un canto a la salvación, en una advertencia. No podemos construir un futuro sin ellos, sin creer en el presente. Estamos escuchando el Marvin Gaye más místico, alegatos de redención para humanos descarriados, en una América que pierde sus valores, sumida en una crisis social insoportable. Luego “God is love” dice: “Él nos ama, lo sepamos o no, Solo nos ama, Y perdonará todos nuestros pecados”. Y llegamos al otro momento cumbre del disco con «Mercy Mercy Me (The Ecology)», un inicio suspendido en el tiempo, una cadencia sugestiva y entra la voz, implorando:

Piedad, ten piedad de mí
Las cosas no son lo que solían ser, no, no
Petróleo desperdiciado en el océano
y nuestros peces llenos de mercurio.

Marvin Gaye como pionero de la lucha verde, hace suyos los preceptos fundacionales de los incipientes movimientos ecologistas que surgen en los países occidentales. En la vecina Canadá, aquel mismo 1971 nace Greenpeace y esta canción se convierte en una auténtico himno iniciático. Mercy Mercy Me cuenta con un solo de saxofón tenor memorable de la leyenda de la música de Detroit, Wild Bill Moore.

El disco sigue surcando espacios emocionales cambiantes, luminosos unos, sombríos otros, siempre manteniendo un sonido magnético y brillante. «Right On«, es una extensa jam de siete minutos influenciada por el funk rock y los ritmos del soul latino, «Wholy Holy» y finalmente, la última pieza del LP, el tercer diamante del disco: «Inner City Blues«. El bajo, percusión, unos riffs ambientales nos transportan con un ritmo modal, de raíces jazzísticas, un experimento minimalista de blues oscuro, de brujería musical que te envuelve, y te lleva como levitando, hacia el final del disco, con un reprise de What’s going on.

Así se cierra la obra maestra de Marvin Gaye, un disco donde el artista expresa sus demonios, iras y esperanzas como pocos lo han conseguido. Canciones que se suceden como un concepto lineal, que forman un todo, un ciclo de vida con reminiscencias psicodélicas, sonidos de un nuevo soul, convertido en una referencia para futuras generaciones.

Pero What’s going on no es el único disco que cumple los 50. Sin duda 1971 fue uno de los años más fantásticos que ha dado nunca la música popular. Entre los muchos discos irrepetibles editados destacan seis. Tras la disolución de The Beatles, John Lennon compone la que es para muchos la mejor canción de todos los tiempos, Imagine. The Rolling Stones editan en abril StickyFingers, número 1 del Billboard durante semanas y quizás el mejor disco de la banda británica. David Bowie publica Hunky Dory, su cuarto LP, el mejor de su carrera. Los Doors lanzan su último disco, L.A.Woman, tres meses antes de la muerte de su cantante Jim Morrison. La legendaria banda Led Zeppelin edita en noviembre su cuarto trabajo que cuenta con la antológica Stairway to heaven, en la que Jimmy Page interpreta el mejor solo de guitarra de toda la historia. Finalmente, Jethro Tull, la banda del flautista y cantante Ian Anderson crean su obra maestra, Aqualung.

Quién sabe, si con el tiempo alguno de estos discos irrepetibles formará parte del que es considerado el arte universal, obras que sin sonrojo se podrán codear con los cuadros de Cézanne, composiciones como El Réquiem de Mozart, libros como Cien años de soledad, películas como El Séptimo sello o series como Los Soprano.

El 21 de mayo de 1971 se publicaba What’s going on, un disco que ya es historia, que surgió así, de la nada, de una mente atormentada que buscaba vías de salida creativas para sublimar la depresión. Un artista en estado de gracia que encontró la libertad diciendo lo que pensaba, lo que tenía dentro. Inspiración y dolor, energía y fragilidad, furia y compasión, la combinación perfecta, imprescindible, para crear una obra eterna.

Hoy hace 50 años.

Domingo 1 de abril de 1984, esto es Lo que está pasando en Los Ángeles:

Marvin Gaye pasa el fin de semana en casa de sus padres, otra discusión fuerte, se oyen dos disparos… La policía lo encuentra sin vida y su padre con una arma en las manos, homicidio, en defensa propia, dijo. Su hijo le había agredido, las drogas, el problema de siempre. Era la víspera de su 45 cumpleaños. Así se apagaba la leyenda, con una paradoja inexplicable…

Padre, padre,
no necesitamos aumentar la tensión,
verás, la guerra no es la respuesta,
porque solo el amor puede conquistar el odio.
Sabes que tenemos que encontrar la forma
de traer algo de amor aquí hoy.

Un proyecto iberoamericano de Argentina-Brasil-España

¿De quién son los museos? ¿Para quién están destinados? ¿Dónde están las mujeres en los museos? ¿Son los museos espacios de presencia y autoridad femenina? ¿Cómo trabajan las mujeres en los museos? ¿Dónde están las mujeres racializadas, empobrecidas, indígenas?¿Han cambiado los museos con respecto a las mujeres? ¿Cómo marcar una agenda en igualdad que abra los museos?

Desde hace décadas asistimos a un nuevo contexto político y sociocultural, en el que los debates sobre la dinámica feminista es protagonista en la agenda académica, social y política. Los museos se enfrentan al reto de discutir su definición de museo, su papel en la sociedad y la resignificación de su patrimonio. 

La irrupción de las mujeres en los museos está suponiendo una reflexión sobre los presupuestos que interrogan al supuesto sujeto del museo, develando la falsa «universalidad» del museo de origen europeo y al carácter masculino, occidental, burgués y de clase media urbana como simbólico subyacente, que entra en contradicción con los actuales objetivos del museo: nuevas audiencias, igualdad, educación inclusiva, implicación social, reconocimiento de las culturas indígenas y ancestrales, ecología, el museo como espacio de reconocimiento y transformación.  

Es necesario ampliar y fortalecer la vinculación entre instituciones y profesionales del campo de la museología, la antropología, las artes, la educación, la cultura y el activismo en temáticas de género, que vienen trabajando desde el feminismo, las identidades indígenas, quilombolas, los colectivos invisibilizados y las disidencias sexuales a fin de pensar en la política cultural y en la redefinición del concepto de patrimonio. Por ello nace la red “Las mujeres cambian los museos”.

Las relaciones entre las instituciones museológicas, la universidad y la sociedad civil han sufrido transformaciones que generan nuevas prácticas institucionales, formas de trabajo en red, elaboración de proyectos compartidos y la emergencia de otros relatos. Por ello el proyecto es entramado coordinado desde tres sectores clave: universidades, museos y centros de arte, y asociaciones de mujeres.

  • Universidades intercontinentales (Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Buenos Aires y Universidad de São Paulo) 
  • Museos y centros de arte y cultura de los tres países.
  • Sociedad Civil, a través de asociaciones que forman parte del sistema cultural y social y de derechos humanos, entre ellos WILPF, Women International League for Peace and Freedom.

Los museos hoy deben ser instituciones abiertas, democráticas e inclusivas, reflexionando sobre sus fundamentos epistemológicos, museográficos y sus criterios expositivos.

La forma de lograr ese objetivo no consiste simplemente en la apertura cuantitativa a mayor cantidad de público o incluyendo más mujeres, sino en una revisión crítica de sus propias prácticas, desde una mirada interdisciplinar que permita deconstruir los postulados del pensamiento hegemónico y occidental que hasta hace poco tiempo han sostenido estas instituciones. El trabajo y la reflexión en red permitirá generar otras maneras de pensar la sociedad, los grupos excluidos por cuestiones de género, clase, étnico, religión, y cuestionar el sentido común, los prejuicios y la discriminación desde una reestructuración cognitiva del pensamiento occidental y repensar los espacios como espacios educativos y simbólicos.

La red, en marcha desde enero del 21, está generando el intercambio de buenas prácticas, seminarios conjuntos en torno al feminismo y la decolonialidad y la construcción de nuevas narrativas de mujeres que emerjan sobre y desde la cultura, el patrimonio, material e inmaterial.

Su primer foro virtual, los días 10 y 11 de junio de 2021 acogerá a expertas en museos, arte y en memoria de las mujeres, que se reunirán para debatir y evaluar el recorrido en red desde enero, y donde se llevarán a cabo videocartas desde los dos lados del Atlántico para intercambiar propuestas y proyectos en construcción.

Marián López Fernández

Más información en: https://www.mujerescambianlosmuseos.com/

Este proyecto cuenta con el apoyo del Instituto de las Mujeres, Ministerio de Igualdad, Gobierno de España.

Notas:

Marián López Fernández es Catedrática de Educación Artística de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Instituto de Investigaciones Feministas de la misma universidad, impulsora del convenio entre el Ministerio de Cultura y la Universidad Complutense sobre el estudio de fondos museísticos desde la perspectiva de género.

«Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten» Margaret Atwood.

Fui al cine a ver Una joven prometedora (Promising Young Women), dirigida por Emerald Fennell, y salí de allí con una mezcla de sentimientos entre la venganza cumplida, la rabia acumulada, la tristeza y la excitación.

Esta película tan maravillosa en lo que se refiere a la banda sonora, a la fotografía, y a la estupenda actuación de Carey Mulligan, como Cassandra. También captura la atención de lxs espectadores por la trama original, galardonada justamente por esto recientemente en los Oscar de Hollywood.

Al contrario de otras películas -como por ejemplo Mátame de Michael Greenspan- que utiliza la venganza, como arma de guerra, matando a las personas para resarcir todo el daño que el sistema patriarcal les ha causado. En Una joven prometedora la venganza es un juego de seducción e inteligencia, es una venganza más sutil, que tiene el mismo objetivo de la venganza que mata, que el miedo pase de bando, que los hombres sientan la misma inseguridad, vergüenza, terror, que sufrimos las mujeres diariamente; porque este sistema patriarcal nos está matando y demasiadas veces somos escuchadas solamente a través del grito de la venganza.

En esta película se encuentran muchas denuncias: en primer lugar, la directora selecciona de forma acertada el tipo de hombre violador y el contexto en que la violación se desarrolla. Se habla de hombres blancos, de clase media alta, médicos, los que son considerados por la sociedad “buenas personas” y que en diferentes ocasiones tienen los medios materiales y la aceptación social para cubrir sus crímenes.

Otro elemento a destacar, es la naturalización de la violación, especialmente cuando las mujeres no pueden defenderse, están solas y borrachas en algún bar, en el que se demuestra que todos los hombres que se acercan a ella, intentan ejercer algún tipo de violencia sexual.

Asimismo, narra la fuerza del vínculo de los afectos, la lealtad y sororidad de la protagonista por la violencia sufrida por su amiga. La búsqueda por la justicia de Cassie, es una forma de dar voz a quien ya no puede, de proteger a otras mujeres y de poner en jaque este sistema patriarcal, que cuestiona cualquier intento de denuncia de las violencias machistas. Así, ella mantiene viva la memoria y trasfiere su legado a otras mujeres.

La protagonista vive en una desesperación y desamparo profundo, no comparte con nadie sus planes de venganza y su sufrimiento, y acaba encontrando en la venganza su objetivo de vida. Ella pone su cuerpo e inteligencia, las únicas armas que le quedaron, para enfrentarse ante esta grande maquinaria machista. 

La aparente seguridad de Cassie y su empoderamiento acaba asustando y desnortando a los hombres. Su capacidad de enfrentarse a todos, llega a ser en algunas ocasiones surrealista; como decía una amiga es poco creíble que nuestros cuerpos feminizados puedan asustar a los hombres debido solamente a una mirada más empoderada o engañándoles. Sabemos que los hombres no son unos valientes, justamente por eso y porque crecieron en un sistema que construye masculinidades más agresivas y violadoras no pensarían dos veces antes de utilizar la fuerza y la violencia hacia nosotras. Como dice Galeano el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Termino, recomendando este peliculón, no solamente porque denuncia las atrocidades que comete el patriarcado, especialmente el patriarcado más velado y justificado por la sociedad, también porque conecta con la rabia, frustración, dolor que miles de mujeres sufrimos y que, en demasiadas ocasiones, no encontramos apoyo, empatía y justicia en ningún rincón de la sociedad que interpelamos. Así que hombres, espero que vayan a ver esta película. Sería un buen comienzo para empezar a deconstruir vuestras masculinidades.

Tráiler oficial:

Nómada: 1. adj. Dicho de un individuo, de una tribu, de un pueblo, carente de un lugar estable para vivir y dedicado especialmente a la caza y al pastoreo. 2. adj. Que está en constante viaje o desplazamiento.

La Rae no se ha actualizado del todo, como si fueran todavía cazadores-recolectores de tiempos remotos. La Real Academia no considera los que ahora se desplazan por otros motivos, los que ya no tienen dónde vivir, los que están en los márgenes del sistema, los que huyen, los que buscan a ser libres… Ya no viajan, tantean; no se desplazan, resisten; no es turismo, sobreviven; no son negocios, combaten. Subsisten en un mundo desigual y violento donde no se permite la fragilidad y la disidencia se paga con el exilio.

La película Nomadland dirigida por Chloé Zhao, recientemente galardonada con tres Oscar de Hollywood, transita entre mundos desconocidos, hacia donde no queremos mirar, cruzando paisajes ciegos en los que el camino significa superar el presente para sobrevivir el mañana.

La actriz Frances McDormand encarna magistralmente a Fern, una mujer que ha perdido a su marido, y después del cierre de la empresa donde trabajaba, emprende con su furgoneta un viaje existencial para explorar otras manera de vivir, como una nómada moderna. La actriz había leído el libro País nómada (publicado por Capitán Swing), de la periodista Jessica Bruder y fue a buscar a alguien para adaptar el texto al cine y protagonizarlo. Frances vio la película The Rider y quedó cautivada por el trabajo de Zhao, por su manera de rodar, espontánea, libre y directa. El libro y los vídeos de YouTube de Bob Wells, el gurú de los nómadas contemporáneos, inspiraron al equipo de la realizadora nacida en Pekín y se lanzaron durante seis meses a la carretera, percibiendo las sensaciones del movimiento, de no tener un punto fijo, observando, localizando, sintiendo los paisajes con sus atardeceres, encontrando personajes…

La carretera, la gran metáfora de la vida de los norteamericanos, que desde sus orígenes, como pioneros, han atravesado paisajes, han conquistado territorios para convertirse en habitantes y luego ciudadanos. La carretera conforma parte del imaginario colectivo de su cultura. De William Faulkner a John Steinbeck que en su obra Las uvas de la ira ya nombraba “La 66 es la ruta de la gente en fuga, refugiados del polvo y de la tierra que merma” y más tarde Jack Kerouac en El camino: “Todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida”. O Bruce Springsteen en Thunder Road:

Tenemos una última oportunidad de hacerlo real
De cambiar estas alas por unas ruedas
Así que sube
El cielo nos espera al final del camino

Extensiones inacabables, líneas y horizontes infinitos, paisajes muy fotogénicos retratados magistralmente por John Ford y luego convertidos en carreteras de cine, Thelma y Louise, Easy Rider, Una historia verdadera, Green Book, Mad Max y tantas otras…

Nomadland no existiría sin toda esta tradición de obras que reivindican la carretera como una travesía de huida, aventura, emancipación y dolor. De hecho la película tiene mucho que ver con la novela de Jon Krakauer Into the Wild (Hacia rutas Salvajes, publicado por Ediciones B) que explica la historia de Chris McCandles, un joven que decide dejarlo todo y echarse a la carretera: «No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada… No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente».

No tenía otra salida, Fern ve cómo su pueblo desaparece a causa de la crisis económica, sin hijos y sin marido, sólo irse cobra sentido. Intenta dejar atrás el sufrimiento, a la deriva, sin rumbo fijo, sola, frágil, insegura, sin saber si amar de nuevo, intentando ahuyentar la aflicción.

“Algunas personas sienten que no merecen el amor. Caminan tranquilamente en espacios vacíos, tratando de tapar las brechas del pasado” (Krakauer).

La vida no es dual, no es ni blanca ni negra, son sus matices los que la convierten en una aventura imprevisible. Del dolor a lo soportable, Nomadland sortea la tristeza, la melancolía de la vida de los nómadas y transforma sus existencias en epifanías, en futuro e ilusiones. Los personajes de la película no son actores, son reales, viven en la carretera, en caravanas, son mujeres y hombres inconformistas que no se resignan al papel de perdedores de una crisis que los ha expulsado. Son antisistema y practican nuevas formas de vivir que podrían formar parte de las nuevas teorías del decrecimiento y de la economía sostenible. Desafían el individualismo que el mismo sistema favorece, desarrollan la solidaridad directa y el comunitarismo. Son tan pobres como libres.

Nomadland es el reflejo de una sociedad decadente, de un país que acostumbra a vender su hegemonía económica y cultural gracias a sus películas y series, mostrando una ficción falsa de prosperidad y riqueza. La película de Zhao es diferente, es dura, no tiene filtro, pero desprende humanidad a raudales. Trata de problemas reales, actuales, de crisis agravadas ahora por la pandemia, que han convertido en marginales a millones de ciudadanos, clases bajas y medias que son víctimas del sistema y que han pagado un peaje muy alto. La película nos interpela y nos revela que el exilio no deshumaniza, al contrario, evita lo que la economía depredadora provoca, desigualdad y marginación. La película nos hace vivir el tránsito, entre realidades, lejos de las convenciones sociales, practicando la soledad y la solidaridad. “Eres una afortunada que puedes viajar donde quieras. ¿Y os llaman nómadas?”, le dice una mujer a Fern. Otra le dice “Veo cosas bonitas”. Energía vital para combatir el desconcierto contemporáneo.

“Una de las cosas que más amo de esta vida es que no hay un adiós definitivo. ¿Sabes? he conocido a cientos de personas aquí y nunca me despido por última vez. Siempre digo: Te veré en el camino”, le dice Bob Wells.

Atardeceres majestuosos, encuentros cruzados, amores fugaces, vitalidad y tristeza, actuaciones memorables, poesía visual, espiritualidad, todo cabe, todo es vida.

La editorial Periférica publica “Calle de Sentido único e Infancia berlinesa hacia mil novecientos”. Ambas obras, breves y fragmentarias, pueden servir para introducirse en la compleja obra de Walter Benjamin. Con ello, rescatamos una idea central del escritor alemán: la alegoría.

Walter Benjamin es un escritor que elige conscientemente ponérselo difícil al lector. Es poco didáctico. El prólogo de su libro “El origen del drama barroco alemán” (con el que deben ponerse en conexión los dos textos editados por Periférica) es toda una declaración de intenciones por su parte. Georg Steiner lo considera incomprensible. Y lo mismo les ocurrió a los profesores universitarios encargados de juzgarlo en el tribunal de tesis. Benjamin retiró su trabajo antes de que el tribunal emitiera un juicio, terminando así con sus posibilidades de convertirse en un profesional académico y condenándose a una vida en los miserables márgenes de la intelectualidad no institucionalizada.

El prólogo está lleno de alusiones difíciles de captar, mensajes cifrados y frases colocadas en desconexión con el resto. Siembra las claves que el lector solo podrá comprender si sigue leyendo el texto, y tendrá que hacerlo mediante un proceso de interpretación tan erudito y complejo que la empresa de leer el libro es casi irrealizable. Este procedimiento suele utilizarse en novela más que en filosofía. El escritor nos adelanta detalles de la trama que solo después comprenderemos a la luz de los hechos. Pero este método, que incluso la novela más realista y llena de lugares comunes utiliza, aplicado en filosofía complica hasta niveles inalcanzables la lectura de la obra, en general, de Benjamin.

Sus libros siempre están llenos de referencias lejanas y crípticas. El lector, más que interpretar, descodifica la maraña de citas y motivos recurrentes para intentar sacar algo en claro. El texto de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” es falsamente breve. Una trampa. El aparato de referencias externas es tan voluminoso que para leer correctamente el libro es necesario tener en cuenta centenares de páginas de otros libros (Marx, Verlaine, el mismo Benjamin…). Si bien en el caso de “Calle de sentido único e Infancia berlinesa hacia mil novecientos” no exigen tanto al lector y pueden ser leídos al margen de exégesis desaforadas, sí que conocer algunos datos sobre el método filosófico de Benjamin puede ayudar a guiarse en la lectura.

La alegoría es un concepto clave en Benjamin. La razón por la que este hecho no está tan difundido es que se trata de un concepto sumamente complejo y no ha causado tanta predilección entre los estudiosos y los escritores como sí lo ha hecho el mucho más manejable y evocador ángel de la historia (qué le vamos a hacer…). La alegoría, en rigor, es una cadena de metáforas y en ellas un referente abstracto se mezcla con uno físico, creando efectos que perturban la realidad, mostrando caras de esta inéditas hasta ese momento.

Curtius, el romanista, explica que el ejemplo con el que los estudiantes de retórica antiguos y medievales aprendían lo que era una metáfora es “pratusridet” (el prado ríe). Sin embargo, hasta Santo Tomás las diferencias entre alegoría y símbolo no estaban del todo claras. Un símbolo podría describirse como un objeto que nunca agota su significado. Por ejemplo, una calavera, que evoca la muerte, la brevedad de la vida… Visto así, símbolo y alegoría no tienen mucho que ver, pero es un hecho que durante mucho tiempo ambos conceptos significan lo mismo y así es como Benjamin ve el problema. Por eso, la alegoría, en sus textos, es un emblema evocador que nos remite a otro plano de realidad. Las imágenes infantiles y urbanas son alegorías de la modernidad y el mundo infantil ya perdido y que siguen el método de montaje.

Por un lado, el capitalismo de las mercancías y las fantasmagorías. Por otro, la melancolía de la infancia, que ya nunca volverá. Imágenes sin conexión, colocadas la una detrás de las otras como las tomas de una película, que tratan temas distintos, pero en las que cualquier lector notará alusiones a un fondo común que nunca llega a ser revelado. En esto consiste la alegoría: todo el tiempo se nos muestra algo que alude a eso otro… Vemos la calavera y los lectores pensamos en la muerte y la brevedad de la vida. Así es como asoman los temas en Walter Benjamin. En esto consiste el método del montaje. Y así es como una técnica literaria, un recurso retórico tan antiguo como la propia literatura, se revela en método filosófico.

Benjamin no construye siempre sus libros de acuerdo con este método. El texto del drama barroco alemán es ejemplo de ello e, incluso conociendo este dato, muchos de los gestos filosóficos de Benjamin resultan incomprensibles. ¿Por qué quiso titular su “Diario de Moscú”, en el que solo se habla de Moscú, “Diario de España”? ¿Cuáles son las conexiones ocultas? ¿Cómo saber su opinión sobre la novela si se confronta su apasionada labor traductora de Proust con su texto sobre “El narrador”, en que desprecia la novela como forma artística? ¿Cómo entender su brutal crítica del París de Haussmann con su amor por esta misma ciudad que hasta lo llevó a renunciar a viajar a Jerusalén y así salvar su vida? Son tantas las preguntas… El lector interesado en estas cuestiones, sobre todo en la de la alegoría, encontrará respuestas en el libro “Dialéctica de la mirada: Walter Benjamin y el proyecto de los Pasajes”, de la estudiosa SusanBuck-Morss, libro fundamental para acercarse a la figura del filósofo y escritor alemán.

La sensación, sin embargo, es que cualquier acercamiento a su obra acaba por ser tan fragmentario como la misma obra. Igualmente, la experiencia de intentarlo constituye una aventura apasionante. Algunos espíritus ven el mundo también en clave alegórica, en el sentido de que todo lo que podemos ver y tocar tiene un significado oculto que nunca se muestra y el mundo nos revela… El mundo es un texto, una pintura, una calavera… Un misterio…

Blanco, Negro y Magenta

Este es el nombre de una Asociación de mujeres artistas que trabaja desde las artes visuales sobre el concepto de género. Y es también el nombre de una revista, especializada en arte y feminismo, cuyo objetivo es dar visibilidad a las mujeres artistas, denunciar las injusticias que se producen contra las mujeres y luchar contra la violencia machista. De periodicidad cuatrimestral, el último número publicado lleva por título “Revisando la Historia del Arte”, tema central con el que quieren poner en valor el trabajo de artistas actuales empeñadas en rescatar y mostrar al gran público las obras de escultoras, dibujantes, grabadoras, etc., que han sido olvidadas, ignoradas o ninguneadas a lo largo de la historia.

La revista “es nuestro particular homenaje a aquellas artistas estadounidenses que iniciaron el camino del arte feminista con su proyecto The Womanhouse. Sentimos verdadera admiración por Judy Chicago y Miriam Schapiro, que en 1972 comenzaron un proyecto para ayudar a las estudiantes a superar algunos problemas de ser mujer. Para ello tomaron una vieja mansión abandonada en una calle residencial de Hollywood y durante un duro invierno comenzaron a repararla y convertirla en el espacio expositivo referencial en la lucha por la igualdad en el mundo del arte”, nos dicen Concha Mayordomo y Dora Román, responsables de la revista.

“Sus espacios están tratados como si mostraran la estructura de un edificio constituido por varias salas y una antesala, lo que supone un velado homenaje a aquellas pioneras del arte feminista que crearon The Womanhouse”. Y así, en efecto, la revista tiene recibidor, diferentes salas numeradas, un taller, una sala de lectura y otros espacios.

Cada uno de sus números está dedicado a un colectivo o a un concepto, por lo que adquieren cierto carácter de especialización. Sirva de ejemplo el hecho de que se han dedicado ciertos números a las performeras, las fotógrafas, las collagistas o las modelos de artista.

La idea de crear esta revista, nos dicen Concha y Dora, surgió para dar difusión a la asociación, y también porque tenían (y tienen) la pretensión de llegar a un público más amplio. Sin olvidar otros intereses: “quisimos desde nuestras páginas poder revisar la actualidad y la historia, denunciar las injusticias que afectan especialmente a las mujeres… en fin, continuar gráficamente con esos compromisos por los que un día, un grupo de artistas, decidimos formar una asociación”. 

Aunque por motivo de la pandemia han tenido que frenar las actividades en museos, con anterioridad han hecho recorridos por los espacios de la Colección del Museo Reina Sofía sobre el feminismo en las vanguardias históricas. También una visita guiada de la exposición “Musas Insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80” y  otra visita, esta vez guiada por Dora García con motivo de su exposición “Segunda vez”.

“En realidad todas y cada una de nuestras actividades, es decir exposiciones, visitas, tertulias y publicaciones que realizamos tienen un carácter bien reivindicativo o bien de protesta. Denunciar la desigualdad es algo que llevamos implícito como artistas feministas”, afirman.

Lo sospechábamos. Al menos desde la época aquella de tanto ex abrupto, codo con codo con lo más granado del entonces existente Partido Popular del País Vasco, en contra del Lehendakari Ibarretxe y de su malograda propuesta soberanista. Éramos muchos los que sospechábamos desde hacía tiempo que el filósofo vasco era, en realidad, de derechas. Muy de derechas. Aunque le está pasando al profesor un poco como al cómico ese que cambia de partido con más frecuencia de lo que exigirían la coherencia y el recato. Cada día era más difícil saber dónde estaba Savater, pero ahora ya lo sabemos: está en el PP. Él mismo lo dice con inusitado entusiasmo.

No es que tenga nada de malo estar con el PP, aunque en España, la verdad, un poco de malo sí tiene alinearse con una derecha como la española que no ha sido capaz de condenar con firmeza los crímenes del franquismo o de rendir el debido tributo a sus centenares de miles de víctimas y a sus deudos. Nuestra todavía mediocre democracia les debe mucho a todos aquellos luchadores antifascistas de las más diversas persuasiones ideológicas. Está un poco feo y no es, que se diga, muy patriota no reconocerlo.

Es cierto que si miramos en la otra dirección, hacia el “centro izquierda”, tampoco lo que asoma por el horizonte tiene mejor pinta. Tiene gracia escuchar a los de la generación que ha monopolizado el poder político y la influencia durante los últimos cuarenta años: ahora quieren pagarles el primer mes de alquiler a los menores de treinta. Aunque es posible que en este momento estén pensando en sus propios hijitos, la verdad es que hace más de cuarenta años que conocían los problemas de la juventud para acceder a la vivienda, y nunca se les había ocurrido mover un dedo y hacer algo para remediarlos. Al contrario, en su partido las hubo incluso partidarias de “agilizar los desahucios”.

Unos y otros tienen mucho en común. En seguida han adoptado ese gesto tan característico de una oligarquía que lleva decenios creyendo que el país es suyo y que quienes no comulgamos con sus planteamientos no tenemos derecho a existir o se nos puede insultar impunemente. Los del “centro izquierda” nos llaman cabezones; los del  “centro-derecha” nos dicen cosas mucho peores. Y ahora el filósofo vasco de derechas llama “cráneos privilegiados” a los que hemos firmado un manifiesto que, entre otras cosas, dice que el último cuarto de siglo de hegemonía electoral del Partido Popular en Madrid ha sido una “época infernal”.

Pero fue, en efecto, una época infernal: regalos fiscales a los ricos, dumping fiscal frente a otros territorios, privatizaciones fraudulentas, recortes y corrupción. Y cuando han llegado los que no se llevaban su quiñón del botín de los fondos públicos en forma de propiedades inmobiliarias, o los que no dejan que las tramas universitarias corruptas les expidan títulos académicos sin haber estudiado, o simplemente cuando han llegado los que no roban en los supermercados, entonces ha llegado Ayuso. Es la expresión perfecta de esa especie de ley de hierro de la sociología de la corrupción: como los negocios exigen cierto pragmatismo y no principios, los corruptos no suelen ser muy fanáticos; de manera recíproca, los muy fanáticos tampoco suelen dejarse corromper. Es lo que tienen las convicciones.

Ayuso marca un cambio de época. Es verdad que presenta un fuerte parecido de familia con el resto de los liberales españoles: les parecen mal las subvenciones y el crédito público barato excepto si son para las personas y empresas de su entorno. Pero al menos está claro que esta luminaria del liberalismo español no trafica con apartamentos en la costa del sol, ni guarda un millón de euros en el altillo de la casa de sus suegros, ni obtiene títulos universitarios por la cara. Tampoco, por lo que parece, roba en los supermercados. Ha traído aviones con material sanitario, y está apoyando a los hosteleros de Madrid, o eso dicen ellos.

Convendrá no olvidar que Ayuso también ha dejado extraviar remesas de material sanitario, o fondos públicos contra la pandemia que no se sabe bien dónde han ido a parar, ha sobre-financiado la construcción de un centro de reclusión de infectados que parece una granja de pollos, y que no habría hecho falta hacer funcionar si se hubieran dotado las plantas vacías, las camas sin ocupar y los contratos del personal sanitario necesario dentro de la red asistencial ya existente. Ha abandonado a su suerte a los mayores que no disponían de un seguro médico privado, y los ha dejado morir sin cuidados dignos en residencias no medicalizadas convertidas en auténticos morideros. Ha dejado marchar a sus consejeros de salud más coherentes y ha nombrado en su lugar a consejeros y vice-consejeros de salud tan necios que ni siquiera han entendido que no son las relaciones sociales voluntarias (familiares) sino las forzosas (transporte hacinado, prestaciones laborales presenciales, etc.) las responsables de los contagios.  Esos políticos mediocres y técnicos ineptos han tenido la desfachatez de contar al pueblo de Madrid la fábula idiota de que el virus se origina espontáneamente en nuestros cuartitos de estar, y que por eso es mucho mejor —¡dónde va a parar!— ir a ver a la abuela en una cafetería. Y lo peor: se ha servido de la tragedia sanitaria que vivimos para enfrentar a los ciudadanos de Madrid con el gobierno de la nación y está dispuesta a gobernar con esa escisión del Partido Popular que es actualmente el mejor remedo del viejo fascismo made in Spain.

Por todas estas cosas, francamente —y de cráneo a cráneo— querría volver a decirle al profesor vasco —no a Gabilondo, sino al otro— que el dilema no es comunismo o libertad, sino democracia o fascismo. Eso es justo lo que hay que recordar, porque algunos estamos hartos de tanta brocha gorda: ni a todos los comunistas les falta compromiso con la democracia, ni todos los campeones de las libertades privadas están libres de connivencia con el fascismo. Lo que socava la fuerza de nuestras democracias son los discursos de odio contra las mujeres, contra el colectivo LGTBI, contra las minorías racializadas o contra los pobres. Si eso no es el fascismo, la verdad es que se le parece mucho. Y esa, la del fascismo, sí que era una mala idea.

Llegados a este punto cabría preguntarnos qué podemos hacer con las convicciones. Si no las tenemos, podemos sentirnos huérfanos de principios y buscarlas. Es posible que algunos (generalmente los que menos presumen de ello) incluso las tengan, pero lo que no podemos hacer con ellas es emplearlas para arrojárselas a nadie a la cara. Si principio es lo que va primero, nuestros principios han de ser la premisa de la acción. De ningún modo pueden ser su objetivo. Estaríamos frente a una cruzada moral y las cruzadas morales sólo conducen hacia esas sociedades fanáticas y rotas en las que todos acaban haciendo lo contrario de lo que dicen y diciendo lo contrario de lo que piensan. Si queremos vivir con principios necesitamos lazos de solidaridad. Es difícil imaginar el entusiasmo sin la fraternidad. Por eso es poco creíble el entusiasmo de un liberalismo que en lugar de la solidaridad prescribe la competencia a degüello entre los seres humanos.

Me parece que fue el poeta William Butler Yeats quien escribió aquello de que mientras los mejores pierden toda convicción, los peores se hinchan de ardor apasionado. Nada más peligroso que un cretino convencido de tener razón. Por ello deberíamos andar con cuidado de tanto lobo solitario del entusiasmo: el método del entusiasmo, que es la esperanza, no puede estar suspendido de la nada, sino que ha de encontrarse radicado en una acción mancomunada. De lo contrario, lo más probable es que lo que tenemos enfrente seguramente no sea un entusiasta sino un exaltado idiota.

#estassonnuestrasarmas  #estassonnuestrasbalas (3)

Hace más de un año, al inicio del confinamiento, un grupo de artistas plásticos y visuales lanzó un Manifiesto en defensa de lo Público como iniciativa que expresaba su apoyo a la Sanidad Pública y en defensa de los servicios públicos.

Durante este tiempo, uniéndose a Salva lo Público, un buen número de artistas han enviado obras creadas expresamente por ellos para ser difundidas como muestra de su compromiso con la iniciativa del Manifiesto.

Con ocasión de la presente campaña electoral madrileña la invitación de un artista a la creación de mensajes que apoyaran la defensa de los servicios públicos y de los valores democráticos como derecho irrenunciable ha sido acogida por SalvaLoPúblico difundiendo a través de nuestra web y redes sociales las colaboraciones enviadas por los artistas.

Espacio Público ofreció sus páginas para difundir las creaciones artísticas y solidarias, contribuyendo a difundir y extender durante varias semanas esta iniciativa. Como hemos hecho en días anteriores, hoy volvemos a acogerles publicando la tercera y última entrega de esta serie, llamando a la participación ciudadana el 4 de mayo para llenar las urnas de votos  que defiendan la democracia, los servicios públicos y el bienestar social. Porque en lugar del odio, el fascismo y la violencia, nuestras armas son la democracia, las urnas, la convivencia y la solidaridad.

Colaboración de Eneko para Salva lo Público
Emilio Gallego

“Pasado de rompe y rasga”. Anónimo
Gaspar García
 Antonio Merinero
Antonio Merinero
Enric Bardera
Mariana Laín
J. L. Santalla
Mariana Laín
Gaspar García
Monica Alberola. “Stop fascismo”
Gaspar García

Notas:

*La foto de portada es de Gaspar García.

#estassonnuestrasarmas  #estassonnuestrasbalas (2)

Hace más de un año, al inicio del confinamiento, un grupo de artistas plásticos y visuales lanzó un Manifiesto en defensa de lo Público como iniciativa que expresaba su apoyo a la Sanidad Pública y en defensa de los servicios públicos.

Durante este tiempo, uniéndose a Salva lo Público, un buen número de artistas han enviado obras creadas expresamente por ellos para ser difundidas como muestra de su compromiso con la iniciativa del Manifiesto.

Con ocasión de la presente campaña electoral madrileña la invitación de un artista a la creación de mensajes que apoyaran la defensa de los servicios públicos y de los valores democráticos como derecho irrenunciable ha sido acogida por SalvaLoPúblico difundiendo a través de nuestra web y redes sociales las colaboraciones enviadas por los artistas.

Espacio Público ofreció sus páginas para difundir las creaciones artísticas y solidarias, contribuyendo a difundir y extender durante varias semanas esta iniciativa. Hoy volvemos a acogerles, publicando la segunda entrega de esta serie, para contribuir a un mayor conocimiento de estas obras, que defienden la democracia, los servicios públicos y el bienestar social. Porque en lugar del odio, el fascismo y la violencia, nuestras armas son la democracia, las urnas, la convivencia y la solidaridad.

Enric Bardera. “A las Armas”
Mariana Laín. “La sanidad pública está en tus manos”
Gaspar García. “4M-Tú decides”
Raúl Arias. “Estas son nuestras balas”
Ira Tierra. “Madrid vota cultura”
Ira Tierra. “Vota vivienda pública”
Ira Tierra. “Por un Madrid más verde, por favor”
Ira Tierra. “Vota transporte Público”
Mariana Laín. “Vota por la educación pública”

Notas:

*Foto de portada de Ira Tierra.

CAPÍTULO II

Una violación en Ibiza, una cacería en África, venta masiva de armas a Arabia Saudí y el descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi. La herencia que recibe Felipe VI del emérito con los ‘hermanos’ árabes.

Soraya H. tenía 20 años cuando viajó a Ibiza para disfrutar de unas vacaciones. Esta joven modelo hispanoalemana no se imaginaba que aquello iba a cambiar su vida para siempre. La noche del 12 de agosto de 2008, Soraya salió con unas chicas árabes que había conocido el día anterior, fueron a una discoteca de Ibiza y allí empezó a sentirse mal, habían diluido una droga en su bebida. Sus acompañantes la llevaron al lujoso yate Turama que habían alquilado miembros de la familia real saudí. Fue a la embarcación contra su voluntad [mejor dicho, sin su voluntad a causa de la droga que le habían hecho ingerir], tras haber pedido a sus nuevas amigas que la acompañaran al hotel, pero éstas se dirigieron al muelle del puerto. Según recuerda en una entrevista a Público concedida en 2019, allí se encontró una orgía en toda regla y terminó siendo la elegida por el jeque para ser violada.

Casi inconsciente, se vio atrapada en un abuso sexual que denunció. “Recuerdo que estaba como en un sueño, como si alguien estuviera encima y me besara. A la vez sentí un fuerte dolor en mis partes íntimas y en ese momento me desperté, tendida en una cama, en una habitación oscura”, relata esta mujer que hoy tiene 33 años, y quien sigue buscando justicia.

Siempre según el testimonio de Soraya, el jeque que la violó fue el príncipe Al-Waleed. Sí, el mismo que recibió a Corinna en Riad en 2007 cuando viajó en representación del emérito y que aparece en la foto de la discordia con el embajador Manuel Alabart. Soraya denunció al príncipe, al reconocerle en fotografías, y éste se defendió alegando que aquella noche de agosto de 2008 se encontraba en Francia. Pero el testimonio de la joven, quien también presentó una denuncia en Alemania, y el tesón de su madre, pusieron contra las cuerdas al jeque. Y éste le pidió a Juan Carlos de Borbón intermediación ante la justicia balear. Al parecer, el emérito le respondió que aguardara con paciencia y que se impondría la verdad, no le confirmó por escrito que gozaría de su ayuda. Recordemos que en esas fechas se negociaba el contrato del AVE a la Meca.

En definitiva, en marzo de 2012, la Audiencia de Palma archivó la acusación contra Al-Waleed al entender, según el Diario de Mallorca, que la mujer violada había dado distintas versiones de los hechos y en dichos testimonios se habían detectado “contradicciones, omisiones e irregularidades”.

Ante tan buena noticia para el príncipe, el emérito envió una carta a su amigo saudí en la que le expresó su “alegría” y su “felicitación” por la decisión de la justicia balear de archivar el caso, según publicó El País un año después de la abdicación de Juan Carlos.

El año que se archivó la causa fue precisamente cuando trascendió que Juan Carlos había viajado a Botsuana para cazar elefantes en compañía de su amante Corinna. Este nuevo escándalo se conoció porque el entonces rey sufrió una caída y tuvo que ser trasladado de forma urgente a Madrid con una cadera rota. Ese capricho, pues Juan Carlos era un asiduo a las cacerías de animales salvajes, había sido pagado por Mohamed Eyad Kayali, fallecido en 2019 y quien fue durante cuatro décadas el hombre de confianza de los saudíes en España. Como administrador único de Casa Al Riyadh S.L., gestionó el patrimonio de la Casa de Saud en nuestro país; y entre los dueños del conglomerado inmobiliario está el heredero y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman.

Por su parte, Al-Waleed, uno de los 20 hombres más ricos del mundo y presidente de Kingdom Holding Company, un gigante con inversiones en multinacionales como Apple, Motorola, Citi o Twitter, es también dueño del 30% de Mixta África, empresa de construcción que opera en Senegal, Argelia y Mauritania. Y se da la circunstancia de que la infanta Cristina y su esposo, Iñaki Urdangarín, condenado por corrupción, tuvieron una pequeña participación en esa firma a través de la polémica Aizoon S.L. Los duques de Palma usaron esta sociedad para desviar parte de las subvenciones que recibieron del Gobierno balear.

Cuando era rey, el emérito pidió perdón por la cacería, pero no lo hizo por las demás fechorías. Escándalo tras escándalo, acabó abdicando en favor de su hijo Felipe el 19 de junio de 2014, pero en esa fecha aún no se conocían públicamente los chanchullos del AVE y otras corruptelas definitivas para arruinar la reputación del ‘campechano’. Fue el 4 de agosto de 2020, en plena pandemia de la covid-19, cuando el emérito comunica que abandona España para evitar que sus líos en paraísos fiscales perjudiquen aún más la maltrecha monarquía. Tras días en paradero desconocido, se supo que había sido acogido por sus amigos jeques, pero en este caso no fueron sus ‘hermanos’ saudíes, sino los de Emiratos Árabes Unidos. Juan Carlos siempre se sintió cómodo en los laberintos musulmanes.

El inmoral negocio de las armas

El reinado de Felipe VI comenzó con la sensación de que ya se podía informar, con libertad, sobre la Casa Real, pero esto es una quimera, pues todo cuanto rodea a la monarquía sigue siendo secreto de Estado, bajo el amparo de la Ley de Secretos Oficiales de la dictadura franquista. Y poco se habla de uno de los más lucrativos negocios para España: el armamento. España ha hecho negocios millonarios con la venta de armas a países en guerra o con dictaduras desde el Gobierno de Felipe González, quien en un Consejo de Ministros de 1987 determinó el secretismo oficial en torno a la exportación de este material. Todos los gobiernos sucesivos se han escondido detrás del citado acuerdo para justificar su silencio frente a un negocio lucrativo pero moralmente inaceptable.

La venta y envío de armas desde España a Arabia Saudí ha sido constante y creciente desde que Felipe VI fue proclamado rey. La nación árabe se sirve de este suministro para sus viles guerras en Oriente Medio, como la de Yemen, o para financiar a grupos radicales islámicos y combatir a su principal enemigo: Irán. Es escasa la información que los españoles reciben sobre estos asuntos y ha sido Público uno de los pocos medios que ha hecho, y sigue haciendo, seguimiento de un problema que ha llegado a las instituciones europeas, a partir de las denuncias de Greenpeace y Amnistía Internacional, entre otras organizaciones.

La ruta española de la naviera saudí Bahri se abrió en 2016, catorce meses después de que la coalición militar liderada por Arabia Saudí iniciara los ataques contra los rebeldes hutíes. Para entender este conflicto es importante saber que los hutíes son un movimiento de resistencia que nace contra el Gobierno de Yemen, bajo la influencia de Arabia Saudí. Para iniciar su lucha contra una tiranía integrista, los rebeldes se han valido del apoyo de Irán; y ese es el motivo por el que los saudíes entraron de lleno en una guerra que apoyan EEUU y Emiratos, entre otros estados. Hasta la fecha, según distintas organizaciones humanitarias, han muerto más de 12.000 civiles y al menos cuatro millones de yemeníes han abandonado sus hogares.

Felipe VI y el rey Salmán de Arabia Saudí hablaron el 28 de marzo de 2015, el mismo día que comenzaron los bombardeos sobre las posiciones hutíes en Yemen, y el monarca español expresó su apoyo a la operación Tormenta Decisiva, como se conoce la intervención militar extranjera en Yemen, según notificó la casa real saudí. Desde entonces, más de 30 barcos de la muerte saudíes han arribado a puertos españoles para cargar armas made in Spain. “El custodio de las Dos Mezquitas Sagradas (como también se conoce al reino saudí), agradeció a Felipe VI por sus nobles sentimientos y posturas”, decía el comunicado oficial.

Desde entonces, los acuerdos comerciales referidos a armamento con Arabia Saudí alcanzan los 1.650 millones de euros, siendo España el tercer proveedor europeo de armas, según ha podido saber Público, que no cesa en preguntar al Gobierno por ese trasiego de buques, al igual que diputados de EH Bildu o Unidas Podemos, pero sin respuesta por tratarse de un “secreto de Estado”. Esta relación comercial implica una vulneración del Tratado de Comercio de Armas, tal y como denuncian las ONG, y más teniendo en cuenta que la naviera Bahri, burlando las restricciones al comercio en materia de Defensa, aumentó más de un 300% su beneficio neto hasta los 324 millones de euros solo entre enero y septiembre de 2020, según las pesquisas del periodista Danilo Albin.

No todas las armas que España vende a Arabia Saudí van directamente a la guerra de Yemen, también se dirigen a movimientos radicales islámicos que operan en otros países de Oriente Medio, como Siria o Irak, siempre con la intención de ganarle la partida a la república islámica de los ayatolas.

El rey Felipe VI y el heredero Bin Salmán

Desde que Felipe VI accedió al trono de España y el heredero saudí, Mohammed Bin Salmán, pasó a asumir un gran poder en la sombra, las relaciones entre los dos países se mantienen, aunque con otro perfil, pues es posible que el nuevo Borbón no les considere ‘hermanos’ a los reyes y príncipes saudíes. Pero lo que sí es una realidad es que los negocios y las relaciones se mantienen al máximo nivel. En esto no ha cambiado nada.

La primera reunión entre ambos fue en enero de 2015, cuando Felipe VI viajó a la nación arábiga para mostrar sus condolencias por la muerte del rey Abdalá. En enero de 2017, Felipe VI volvió a Riad; en esta ocasión para asistir a un encuentro empresarial donde se habló públicamente de negocios, del deseo de fortalecer la excelente relación entre ambos países, pero no tocaron asuntos espinosos como derechos humanos y democracia. “España es el tercer importador de productos saudíes de la UE, por delante de otras economías mayores”, dijo en su discurso el rey de España. “Un viaje que siempre guardaré en mi memoria”, matizó.

Y el 12 abril de 2018, Felipe VI recibió en Madrid a Bin Salmán, quien realizaba su primera visita a España para firmar un acuerdo en materia de Defensa, uno más para permitir que el puerto de Sagunto reciba cada cierto tiempo un barco de la muerte.

Sólo un paréntesis: en medio del culebrón del armamento se produjo lo que entre bambalinas se calificó como una torpeza de la ministra de Defensa, Margarita Robles, ya con Pedro Sánchez en el Gobierno, cuando meses después de la visita del príncipe a Madrid, ésta anunció que dejaba sin efecto un acuerdo para la venta de armas de España a Arabia Saudí por 9,2 millones de euros. Al parecer, los saudíes pidieron la cabeza de la ministra y tuvieron que intervenir en la disputa tanto el emérito como Felipe VI.

La visita de Bin Salmán a España siguió a otra muy relevante. El controvertido príncipe acababa de realizar una gran gira por Estados Unidos, donde se había reunido con magnates de empresas tecnológicas, actores y productores de Hollywood, políticos y representantes de organismos internacionales. Lo hizo para presentar su plan Visión 2030, el mismo que el embajador Manuel Alabart divulgaba en España con bombo y platillo. [aquí puede consultar los antecedentes, en el Capítulo I]. Un plan, aún vigente, que prevé la creación del mayor fondo de inversión soberano del mundo, cifrado en dos billones de dólares; un plan —como ya hemos contado— que busca limpiar la cara del retrógrado régimen saudí.

Para eso cambió su clásica túnica árabe por costosos trajes italianos, buscó proyectar una imagen de modernidad que le permitió copar la codiciada portada de la revista Times, con una entrevista en la que el periodista Karl Vick recordaba que, mientras se producía esa conversación y la sesión de fotos, en Yemen seguían cayendo bombas, y la disidencia y la oposición saudíes sufrían una gran represión, además de seguimiento fuera del país. Este periodista fue de los pocos que cuestionaron al heredero saudí durante su gira estadounidense.

Meses después de esa campaña de maquillaje, el 2 de octubre de 2018, ocurrió uno de los hechos más dramáticos y mediáticos relacionados con la represión que sugería Vick en Times: el asesinato y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul, cuando fue a recoger un documento necesario para contraer matrimonio. Khashoggi había tenido una relación estrecha con la Casa de Saud: fue su jefe de prensa y después dirigió una televisión pública que se le entregó a dedo por sus buenas relaciones con el poder; pero esos lazos se quebraron. Khashoggi sabía demasiado.

En un artículo publicado en esglobal.org, con motivo del asesinato de Khashoggi, el periodista Javier Martín pone de manifiesto la tiranía del régimen wahabí y en concreto de la estirpe de los Salmán, una rama de la Casa de Saud. El actual rey, Salman ibn Abdulaziz, uno de los mejores amigos del emérito Juan Carlos, y su hijo el heredero, Mohamed bin Salmán, imbuidos por las ideas más conservadoras y grandes protagonistas de intrigas familiares, han endurecido desde 2015 la represión dentro y fuera de Arabia Saudí. Según Amnistía Internacional, desde la llegada al poder de los Salmán, cerca de un centenar de religiosos moderados, periodistas, activistas y otros disidentes han sido encarcelados. Muchos más reciben amenazas y medidas económicas punitivas.

El bloguero Omar al Zahrani, uno de los opositores más conocidos y protagonista del documental El Disidente, en el que se relata cómo se fraguó el asesinato de Khashoggi, vio desde su exilio en Canadá cómo encarcelaron a sus hermanos y 23 amigos suyos por denunciar abusos y contrarrestar una campaña de acoso y derribo del régimen a través de las redes sociales. Ese plan, que consistía en crear tendencia en redes, había sido financiado por Khashoggi mientras preparaba su matrimonio con la investigadora turca Hatice Cengiz, quien sigue pidiendo justicia, más aún después de que el presidente de EEUU, Joe Biden, hiciera público un informe de inteligencia en el que se revela que el heredero Bin Salmán habría aprobado el asesinato de Khashoggi.

El régimen saudí, con el príncipe maquiavélico a la cabeza del plan, espió con el programa Pegasus a Khashoggi, a Omar al Zahrani y a muchos otros disidentes en distintos lugares del mundo, incluso al propio Jeff Bezzos, propietario de Amazon y de The Washington Post, medio en el que escribía artículos de opinión el periodista descuartizado. Además creó un ciberejército de troles, llamados moscas, para desacreditar a usuarios de redes sociales dentro y fuera de Arabia Saudí, poniéndoles en la diana y convirtiéndolos en objetivos. Al Zahrani quiso contrarrestar esa guerra irrestricta con la arquitectura de una red digital de abejas para luchar contra las moscas. Este fue el plan que financió Khashoggi antes de su asesinato y fue lo que convirtió al joven bloguero en el enémigo número uno del régimen de Riad.

Los wahabíes no se conformaron con hacer seguimiento y amenazas a Khashoggi, con detenerle y torturarle, práctica habitual del esquizofrénico régimen, sino que le descuartizaron con una motosierra para poder sacar su cuerpo del consulado a trozos y en bolsas. Todo apunta, y más tras el reconocimiento del Gobierno de EEUU, que el heredero dio la orden; lo que sí es una certeza es que algunos de sus hombres de mayor confianza participaron en la matanza.

El rey de la jet set marbellí, Adnan Khashoggi, tenía en común con el periodista asesinado en 2018 el apellido, el parentesco y también que los dos trabajaron para la Casa de Saud: uno encontró la muerte siendo multimillonario, en un buen hospital de Londres y con edad avanzada; y el otro, con solvencia económica suficiente para financiar a la disidencia saudí en el exterior, fue vilmente asesinado.

Esta muerte formó parte de una caza de brujas más amplia por parte de los Salman para asentar su poder, según explica Javier Martín, pues varios príncipes, entre ellos uno de los aspirantes al trono y el mismo Al-Waleed (el acusado de la violación de Ibiza) fueron detenidos y encerrados durante tres meses en un hotel de lujo de Riad acusados de corrupción, precisamente “en un reino donde el expolio de las arcas públicas es tradición familiar”, según el arabista. Todos fueron liberados cuando admitieron sus culpas y entregaron parte de sus fortunas.

El maquiavélico Bin Salmán, hijo del desalmado rey Salmán, es el mismo que en 2018, meses antes del descuartizamiento de Khashoggi, se alojó en el Palacio del Pardo, fue recibido por Felipe VI en la Zarzuela y cerró un nuevo acuerdo de venta de material de defensa con el Gobierno de España. Como en los mejores tiempos del frenesí marbellí, las revistas y distintos medios de comunicación informaron de las excentricidades del príncipe, convirtiendo todo en anécdotas: un séquito de 400 acompañantes, los restaurantes que hicieron las delicias del paladar del ilustre huésped, estreno de vajillas y menajes, camiones repletos de viandas, los mejores cocineros disponibles día y noche. Eso sí, al palacio del Pardo no entró una gota de alcohol.

Hoy da la impresión de que los medios tienen barra libre para hablar y atacar a la monarquía, pero no es así. A las pruebas me remito. Es cierto que hay más información, muchas veces procedente de fuera de España, pero lo relativo a la realeza sigue siendo “asunto de Estado” y por eso todavía hay secretos insondables. En una reciente presentación del libro La armadura del rey (Roca, 2021), los periodistas Ana Pardo de Vera, Eider Hurtado y Albert Calatrava advirtieron de que la maquinaria para proteger al emérito durante cuarenta años se está reactivando con Felipe VI. La paradoja es que hablar en los medios sobre el emérito es hoy común, porque atacar al patriarca es dejar entrever que sus tropelías son cosas del pasado y que la monarquía de ahora es decente; es animar a pensar que esa forma de reinar no es propia del hijo Felipe y de su esposa, la reina periodista.

(fin)

Notas:

[1] Foto destacada: Los reyes junto al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, durante un encuentro mantenido en Madrid en abril de 2018. EFE.

Hace más de un año, al inicio del confinamiento, un grupo de artistas plásticos y visuales lanzó un Manifiesto en defensa de lo Público como iniciativa que expresaba su apoyo a la Sanidad Pública y en defensa de los servicios públicos.

Durante este tiempo, uniéndose a Salva lo Público, un buen número de artistas han enviado obras creadas expresamente por ellos para ser difundidas como muestra de su compromiso con la iniciativa del Manifiesto.

Con ocasión de la presente campaña electoral madrileña la invitación de un artista a la creación de mensajes que apoyaran la defensa de los servicios públicos y de los valores democráticos como derecho irrenunciable ha sido acogida por SalvaLoPúblico difundiendo a través de nuestra web y redes sociales las colaboraciones enviadas por los artistas.

Espacio Público ofreció sus páginas para difundir las creaciones artísticas y solidarias, contribuyendo a difundir y extender durante  varias semanas esta iniciativa. Hoy volvemos a acogerles para contribuir a un mayor conocimiento de estas obras, que defienden la democracia y del bienestar social. Porque en lugar del odio, el fascismo y la violencia, nuestras armas son la democracia, las urnas, la convivencia y la solidaridad.

Gaspar García
J. L. Santalla
Seanmackaoui
Alberto Pina. “Madrid, no te rindas”
Marián Alzola. “Democracia o fascismo”
Mariana Laín
Mónica Alberola. “Estas son nuestras armas”

CAPÍTULO I

Opacidad, censura, negocios turbios y secretos inimaginables, así se sustentan las amistades del emérito Juan Carlos con los reyes y jeques saudíes. El maquiavélico príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, es ahora el interlocutor de Felipe VI.

La historia de la Casa de Saud se remonta al siglo XVIII, cuando la península arábiga, tierra de palmerales y oasis, estaba habitada por pueblos nómadas dedicados a la ganadería y al comercio.. Eran tiempos de grandes caravanas, también de asaltos y guerras entre tribus nómadas. Fue entonces cuando el patriarca Mohammed acogió en su seno a quien iba a definir el futuro de Oriente Medio, Muhammad Ibn Abdul Wahad, el clérigo que acabaría con el rostro inocente del Islam, al idear y expandir la corriente musulmana más radical, el wahabismo. Un acuerdo matrimonial entre hija e hijo de ambos selló un plan tan ambicioso en lo político, en lo militar, en lo económico y en lo religioso, que pervive hasta hoy.

Dos siglos después, y tras largas disputas entre beduinos, Abdulaziz ibn Saud fundó en 1932 el reino de Arabia Saudí. Era un reformador si se le compara con sus antepasados, pero no se despegó de la doctrina wahabista. Este hábil estratega, educado en Kuwait y rodeado de consejeros británicos, había aprovechado la caída del Imperio Otomano y la Primera Guerra Mundial para tomar poder y afianzar territorio. No confiaba en los británicos, pero acertó al considerar que lo mejor era ser socios y amigos, según explica el arabista y periodista Javier Martín en su libro La casa de Saud (Catarata, 2013). Y de esta manera, gracias al boom petrolero de los años años setenta, el reino wahabí se convirtió en dueño y señor, levantando en el tórrido desierto el imperio del ‘petrodólar’ y pasando, de la noche a la mañana, a ser el mayor productor y exportador de oro negro en el mundo.

Estos detalles no son en vano, pues van a ayudar a entender lo que hoy es Arabia Saudí y, sobre todo, a conocer a quienes van a suceder en el trono al fundador del reino: desde el afamado rey Fahd al actual, Salmán bin Abdulaziz, sin dejar a un lado al heredero: el joven, temible y desalmado Mohamed bin Salmán. El Borbón emérito ha considerado a los dos primeros sus ‘hermanos”, mientras que Bin Salman es ahora el interlocutor de Felipe VI. Así es la herencia real.

Javier Martín recuerda que la Casa de Saud tiene unos 15.000 príncipes y princesas poseedores de grandes fortunas, una estirpe que se ha esmerado en mantener las tradiciones y sobre todo el silencio del pueblo: actualmente hay cientos de opositores y periodistas en prisiones donde la tortura y la muerte son el pan de cada día. El wahabismo ha hecho de Arabia Saudí uno de los países más ultraconservadores, más opresores con las mujeres y con los derechos humanos. Es, además, el régimen que expandió el islamismo radical por el mundo, que financió a Al Qaeda (Osama bin Laden era saudí) y que activó el odio no solo entre Oriente y Occidente, sino entre suníes y chiíes, de ahí buena parte de las disputas con Irán.

Pero el boom del petróleo, las intrigas, la Guerra Fría y el egoísmo occidental han favorecido que el régimen de Riad sea amigo y socio preferente de las grandes potencias —y no tan grandes (como España)—, a cambio de favores. Y Juan Carlos lo supo hacer hasta el punto de que es una de las pocas figuras internacionales que ha tenido el número de teléfono privado de los últimos reyes saudíes. No sólo han guardado grandes secretos entre monarcas, de Estado y privados, sino que se han ayudado hasta límites insospechados, incluso traspasando la legalidad.

La hermandad del emérito con la Casa de Saud venía de la época en la que el Borbón aún no era rey, todo comenzó durante la dictadura de Francisco Franco. De aquella época se sabe, según el relato de Rebeca Quintans en su libro Juan Carlos I: la biografía sin silencios (Akal, 2016), que durante la crisis energética de 1973 el dictador recurrió al entonces príncipe heredero (designado como tal por el propio Franco) para que solicitara a sus amigos saudíes suministro de petróleo. La respuesta no se hizo esperar y España tuvo el crudo que necesitaba bajo el pago de una comisión al Borbón. Pagos, a los que se sumaron créditos a interés cero, que se mantuvieron cuando llegó la democracia. La fortuna del rey de España debió de crecer por millones, sin contar los obsequios, como cacerías africanas, estancias en lujosos palacios y otros agasajos onerosos.

Y es que el emérito sabía engatusar a monarcas sátrapas para intercambiar favores, amistades y dádivas. Al Sha de Persia también le pidió diez millones de dólares, en este caso para financiar la UCD de Adolfo Suárez bajo el pretexto de evitar la llegada al Gobierno del socialista Felipe González y, en teoría, asegurar la democracia. Así se plasma en una carta enviada en 1979 al tirano persa y publicada por Nueva Tribuna. Pero lo que verdaderamente le preocupaba a Juan Carlos era que las primeras elecciones municipales que se iban a celebrar en la incipiente democracia española, ese mismo año, terminaran como las de 1931, que sepultaron la dictadura de Primo de Rivera que había apoyado su abuelo, el rey Alfonso XIII, y que dieron paso a la II República.

El frenesí marbellí

Pero volvamos a cómo se fraguó la hermandad entre el Borbón y los saudíes. Todo se resume en un lugar: Marbella. Y en un hombre: Adnan Khashoggi, nacido en La Meca e hijo de un médico de la Casa de Saud. Este traficante de armas y uno de los hombres más ricos del mundo se convirtió en un referente de la extravagante jet set marbellí durante los años ochenta y, por supuesto, en un amigo cercano del emérito.

Con el auge de la Costa del Sol, el rey Fadh, animado por Adnan Khashoggi, cambió en 1982 su residencia de verano y la trasladó desde Montecarlo a Marbella. Allí se levantó la famosa ‘Milla de Oro’, donde los jeques construyeron mansiones que dejan sin aliento, entre ellas, una réplica exacta en mármol de la Casa Blanca, a la que acudía cada verano el entonces rey Juan Carlos para disfrutar de días de amor y rosas junto a su ‘hermano’ Fahd. Mientras tanto, los medios de comunicación callaban los excesos y el pueblo se alimentaba con las frivolidades de las revistas del corazón, que presentaban esos hechos como un cuento de ‘las mil y una noches’. La sociedad española se adentraba en la democracia, empezaba a gozar de libertades y veía en estos personajes puro entretenimiento.

Este silencio no era casual, tenía sentido al calor del Decreto Ley del 1 de abril de 1977 sobre libertad de expresión, que contemplaba el secuestro administrativo de publicaciones y consideraba delito aquellos actos “que constituyan demérito o menoscabo de la Institución Monárquica o de las personas de la Familia Real”. Este decreto, junto a la imagen de “campechano” que se forjó el emérito y un cierre de filas de los medios de comunicación en defensa de la institución monárquica, sirvió para acallar a la prensa hasta límites insospechados. España se presentaba al mundo como una democracia recién nacida, pero prohibía hablar de lo fundamental: las fechorías, intimidades, negocios y amistades del jefe del Estado.

Un ejemplo del tipo de amigos de Juan Carlos está en los escándalos protagonizados por Khashoggi: desde su participación en el Irangate (venta ilegal de armas a Irán en su guerra contra Irak para financiar a la ‘contra’ nicaragüense) hasta su paso por una cárcel de Estados Unidos tras ayudar al dictador filipino Ferdinand Marcos y su esposa, Imelda, a esconder 100 millones de dólares cuando se marcharon a Hawai con una inmensa fortuna robada. Esa temporada en prisión le hizo perder glamour entre la beautiful people, pero no le alejó de los negocios ni de las conexiones con la alta alcurnia mundial. Murió en un hospital de Londres en 2017 a los 81 años de edad.

En busca de una fortuna sin fin

Y fueron pasando los años, las idas y venidas a Marbella, también a Mallorca, los viajes a Riad, las cacerías, el jolgorio y los gastos millonarios. Dicen que el rey Fahd sólo tuvo dos amigos verdaderos fuera de su país con línea directa: Juan Carlos de Borbón y George Bush. Fueron años en los que florecieron los negocios entre España y Arabia Saudí, siempre con comisiones e intercambio de favores. Esa relación de los saudíes con Marbella se alargó más allá de 2005, fecha en la que murió el rey Fadh y le sucedió Abdalá en el trono. Con el nuevo monarca saudí y su entonces heredero Salmán (hoy rey), el emérito cerró uno de los acuerdos más jugosos y también más polémicos: la concesión a un consorcio de empresas españolas para la construcción del tren de alta velocidad entre la Meca y Medina (450 kilómetros por 6.700 millones de euros), el mayor proyecto ferroviario de España en el exterior, según el Ministerio de Fomento.

A la inauguración, que llegó tras varios años de tensiones entre el consorcio y los saudíes, no asistió ningún alto cargo del Gobierno español, ni siquiera el propio emérito. La razón es que en esa fecha, junio de 2020, Juan Carlos ya estaba en la mira por los millones de euros que supuestamente se había embolsado, y así lo contó Público. El caso llegó a la fiscalía de Ginebra y al Tribunal Supremo de España por delitos de fraude fiscal y blanqueo, al confirmarse que el emérito recibió en 2008 una transferencia desde el Ministerio de Finanzas saudí de 100 millones de euros, de los cuales una parte entregó después a su entonces amante, Corinna Larsen. Un dinero que no declaró, ni se investigó; un dinero que involucró a su hijo, ahora Felipe VI, pues figuraba como segundo beneficiario de la fundación panameña Lucum, constituida para controlar la cuenta del banco suizo Mirabaud a la que fue a parar la millonaria comisión, tal y como reveló el periódico británico The Telegraph a unos españoles ciegos. [En la banca privada panameña, «foundation» es una figura mercantil para un tipo de empresa patrimonial].

Cuando saltó el escándalo, Felipe VI ya era Felipe VI, es decir, su padre había abdicado del trono seis años antes, en 2014, y optó por escenificar una renuncia a esa herencia y retirar la asignación oficial al emérito, una decisión aplaudida por quienes a toda costa solo desean la supervivencia de la monarquía. Pero ese acto tiene distintas lecturas teniendo en cuenta, por un lado, que renunció a esa herencia sólo cuando el escándalo se había hecho público, pese a que sabía anteriormente que era beneficiario; y, por otro, que no se puede renunciar a una herencia mientras el finado está vivo.

Entretanto, resurge un personaje clave, Corinna Larsen, la examante de Juan Carlos I, y quien se coloca en el epicentro del embrollo como receptora de parte del dinero saudí, también porque fue emisaria de Juan Carlos a la nación arábiga para hablar de negocios en su nombre y, para colmo, mantuvo controvertidas conversaciones (por supuesto grabadas) con el excomisario Villarejo, el rey de las cloacas del Estado.

Volvamos al pasado para entender los antecedentes. En 2007, Corinna viajó a Riad como “representante del rey de España”, tal y como informó en aquel momento la agencia oficial de noticias SPA en una nota publicada por el diario Al Riad, dirigido por Turki al Sudairi, primo del monarca saudí. Conocer estos parentescos ayuda a sacar la conclusión de que los medios oficiales de ese país sabían perfectamente cómo debían presentar a la amante del rey y cómo vender la noticia. No fue un error, ni calificar a Corinna como “representante del rey”, ni difundir la foto de la discordia.

La amante celebró una reunión con el príncipe Al-Waleed bin Talal bin Abdulaziz Al Saud, otro de los hombres más ricos del mundo y presidente de Kingdom Holding Company, a la que también asistió el embajador de España, Manuel Alabart. Ante el alboroto causado, Juan Carlos pidió que tanto la información como la imagen se retiraran de los medios saudíes, y el príncipe árabe le pidió a cambio que intercediera a su favor ante la justicia española por una denuncia contra él por violación, de la que hablaremos en el II capítulo de esta historia.

En aquella cita palaciega, siempre según el comunicado oficial, Corinna transmitió a su anfitrión saludos del rey de España, hablaron sobre las relaciones y la amistad entre los dos reinos, discutieron —como si de una embajadora de carrera se tratase— sobre la situación en Oriente Medio y del papel de Arabia Saudí en la región; y lo más importante: avanzaron en la implementación del Fondo de Infraestructura saudí-español, patrocinado por el emérito y Corinna para maquillar negocios. Un año antes, Corinna había acompañado a Juan Carlos a una visita oficial a Riad, donde había sido presentada como “asesora de asuntos estratégicos”.

El tercero que aparece en la foto es el embajador Manuel Alabart, quien tras una larga carrera diplomática y haber representado a España en países como Guinea Ecuatorial, Argentina o México, además de Arabia Saudí, terminó como vicepresidente de Técnicas Reunidas Internacional, una de las catorce empresas que formaron el famoso y desastroso Fondo de Infraestructura saudí-español, liquidado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2009.

“Ha habido consenso para que hagamos las cosas con firmeza pero con elegancia para que quede bien Su Majestad” o “Los gestores solo se dedican a cobrar, pero ni hay proyectos ni hay transparencia”. Estas son algunas de las frases que puso por escrito en un correo electrónico el director de Negocio de CajaMadrid, Matias Amat Roca, al informar a su jefe, el presidente de la entidad en esa época, Miguel Blesa, sobre la disolución del fondo.

Pese a todo, incluso al hecho de que Técnicas Reunidas perdió millones por los chanchullos del fondo saudí-español, Alabart ha seguido defendiendo los intereses de la Casa de Saud; un ejemplo es cómo se ha erigido en el defensor y presentador en España del plan conocido como Visión 2030, ideado por el príncipe heredero, ministro de Defensa e interlocutor de Felipe VI, Mohamed bin Salmán, con el que busca limpiar la imagen del reino arábigo mediante un supuesto proceso de modernización en uno de los países más retrógrados del mundo.

La conexión Zanganeh

Corinna Larsen es una de las dos mujeres que más cerca han estado de Juan Carlos en sus negocios sucios; la otra es la iraní Shahpari Zanganeh, tercera esposa del traficante de armas Adnan Khashoggi, personaje clave en los vínculos del emérito con los saudíes y con una gran habilidad para hacer negocios e influir en el poder. Corinna a su lado es un manso cordero.

En su libro Final de partida (La Esfera de la Libros, 2015)la periodista Ana Romero asegura que en la visita oficial de los reyes de España a Arabia Saudí en 2006, Corinna Larsen y Shahpari Zanganeh formaban parte de la delegación. En aquel viaje, en el que también estaba una callada reina Sofía, se gestó el Fondo de Infraestructuras saudí-español, que se terminó creando en 2007 y disolviendo dos años después. Para ese entonces, Juan Carlos había dejado claro a sus ‘hermanos’ saudíes que ambas mujeres eran de su confianza. Zanganeh ha sido intermediaria en distintos negocios entre saudíes y españoles, y una de las grandes comisionistas del AVE a la Meca.

El AVE se adjudicó al consorcio de empresas españolas en 2011 después de varios años de gestiones y pagos de comisiones a unos y a otras. En 2006, Zanganeh se entrevistó con el entonces ministro de Defensa saudí, el príncipe Bin Abdul Aziz, a quien entregó una carta firmada por el emérito, y a partir de entonces se abrió una interlocución clave para cerrar los acuerdos. En 2008, Juan Carlos recibió los famosos 100 millones del rey Abdulá a cambio de acoger en Madrid una conferencia interreligiosa en la que, una vez más, se buscó impulsar una imagen positiva del régimen arábigo. Y a inicios de 2011 Zaganeh firmó el contrato de consultoría con las empresas, entre ellas OHL, Indra, Talgo y Cobra.

Su misión era realizar el análisis de riesgos, de subcontratistas proveedores y de consultores, pero la realidad es que los integrantes del consorcio necesitaban asegurarse una interlocución con las autoridades de Riad, y nadie mejor que la amiga del entonces rey para ello. La cuantía pactada en un principio fue la escandalosa cifra del 2% de la obra, pero meses después se modificó el contrato para pasar a un monto cerrado de 95,78 millones de euros, según El Confidencial.

Cuando en 2018 sale a la luz el escándalo, a raíz de las filtraciones de unos audios en los que Corinna cuenta a Villarejo que el consorcio había recurrido a Zanganeh para amañar la licitación y que el emérito había cobrado parte de esa comisión, las dignas empresas dejan de pagar a Zaganeh. Hasta esa fecha —según El Confidencial—, la iraní había cobrado unos 11 millones de euros, muy por debajo de lo pactado; por eso hizo una solicitud de arbitraje ante la Corte Internacional de París para desde ese estrado defender lo que consideraba le correspondía: casi cien millones de euros.

Pero los acuerdos entre empresas y Zanganeh venían de atrás. Se sabe que al menos desde 2004 se ofrecía como project developer, el título que le gusta usar para definir su trabajo, a distintas compañías. Según reveló Públicola iraní trabajó en Iberdrola entre abril de 2004 y enero de 2005, su labor fue identificar oportunidades de negocio en la región MENA (acrónimo en inglés para Middle East and North Africa, es decir, Oriente Medio y Norte de África), y por ella cobró 18.000 euros. En 2007, la eléctrica española volvió a pedirle asesoría para una operación de exploración de gas en Egipto y Argelia; en este caso ganó 78.000 dólares. Ante tanto escándalo, Zanganeh emitió una nota en la que aseguró que nunca “ha tenido relación económica y financiera con don Juan Carlos I de España en relación con el proyecto del AVE”.

La Justicia dirá… (Continúa en el Capítulo II)

Notas:

[1] Foto destacada: Juan Carlos I junto al Rey Salman Bin Abdulaziz en una foto de archivo. EFE.

‘La violencia es una veta miserable que cubrimos con canciones’ es el largo título de un breve pero intenso ensayo de la poeta, narradora y pensadora Marifé Santiago Bolaños. El libro inauguró recientemente una colección de ensayo creativo en la editorial Huso denominada ‘Palabras hilanderas’, que ella misma dirige. Pero antes fue un poema surgido de la conmoción y de la necesidad de entender cómo algunos mitos fundacionales de nuestra Cultura pueden estar rodeados de sombras. Y todo en torno a un hecho concreto: la primera sentencia del llamado juicio de La Manada, que en primera instancia (abril de 2018) condenó a los acusados por abuso sexual y no por agresión sexual. Una vez más, la autora de novelas como ‘Un ángel muerto sobre la hierba’ o ‘El tiempo de las lluvias’; de poemarios como ‘Nos mira a piedad desde las alambradas’ o ‘Celebración de la espera’ y de numerosos ensayos sobre las relaciones entre filosofía y creatividad, nos invita a reflexionar, desde un hecho puntual y de actualidad, sobre temas fundamentales, como civilización, barbarie y democracia.

–Fue una sentencia judicial que nos conmocionó porque nos sentimos huérfanas y desprotegidas, afirma la autora. Parecía que todo daba igual, nos sentimos vulnerables desde el punto de vista democrático, parecía que todo nuestro sistema democrático estaba asentado en unos cimientos muy endebles y que todo podía venirse abajo con facilidad. Entonces escribí este poema en el que me preguntaba qué imaginario colectivo podía permitir acontecimientos de este calibre.

–Y eso le llevó a La Ilíada.

–Sí, a ese texto fundacional de la cultura de Occidente que parece una exaltación de la guerra y que, sin embargo, para mí es un texto lleno de sombras. Quizá Homero quien quiera que fuese estaba tratando de decirnos otra cosa. Para mí hay varias escenas que me hacen reflexionar, pero sobre todo esa escena a la que conduce el texto y que enfrenta a Príamo, el padre de Héctor, y a Aquiles, el vencedor. Príamo tiene que humillarse para pedirle al que ha dado muerte a su hijo que le permita recuperar su cadáver, porque la muerte no es suficiente, porque el vencedor necesita la humillación del vencido.

Y, sin embargo, cuando nada parece conducir a ese final, Príamo y Aquiles se abrazan y lloran. Y entonces Casandra, Andrómaca, las mujeres de La Ilíada que clamaban contra la guerra podían tener razón. Y por qué no pensar que el texto fundacional de Occidente no exalta la guerra, sino que es una llamada al pacto, a la piedad y el perdón, parafraseando al presidente de la República Manuel Azaña cuando clamaba por el fin de la guerra.  Así, la violencia es una veta miserable que cubrimos con himnos de todo tipo pero que nunca podrán justificarla.

 Marifé Santiago (Fotografía de Ana Lavesa de Santiago)

–“Si hacemos el ejercicio desprejuiciado de que sean las mujeres las que relaten”, dice en la presentación del libro, muchos estereotipos y lecturas se vienen abajo. Se está dando en muchos estudios de la Historia y de la Historia de la Cultura un cambio de lectura en la medida en que las mujeres están tomando la palabra.

–Es lo que yo llamo la caída del velo, la caída del telón. A veces aceptamos sin pensar relatos asumidos en cualquier tema que no cuestionamos. Pero un día te das cuenta de que no te encuentras cómoda en ese relato porque te han dicho cómo tienen que ser las relaciones entre hombres y mujeres, como si los valores entre los seres humanos fueran una fórmula matemática. Incluso puedes estar cómoda hasta que un día, como digo, cae el telón. Yo he contado muchas veces cómo fue en mi caso.

Yo era una joven profesora de filosofía que creía tener todo muy claro, que, por supuesto no aceptaba el papel que a las mujeres se les había asignado a lo largo de la historia, y que yo no estaba siguiendo los estereotipos. Pero un día una alumna, en el contexto de amistad y confianza que había en la clase, me dijo: Marifé, ¿cómo es que hemos llegado a febrero y no nos has hablado de ninguna filósofa? ¿Es que no había mujeres pensadoras? Me quedé parada. Podía haber contestado siguiendo el canon, siguiendo lo que hasta ese momento no se había cuestionado. Pero fui consciente de que yo misma, que me creía de vuelta de todo, eso estaba repitiendo los mismos estereotipos, el mismo relato heredado. Y me propuse estudiar y trabajar para sacar a la luz todas esas pensadoras silenciadas.

–Una de las muchas reflexiones que condensa el libro es sobre el desgaste de las palabras “a las que la violencia deja heridas y hasta llega a asesinar”. ¿Estamos viviendo una época en que ciertas palabras como ‘libertad’, ‘democracia’, están desgastadas, manoseadas?

–Las gastamos porque las palabras tienen poder. Cuando salen de nuestra boca, de nuestra alma, y caen a tierra pueden fructificar o caer en un estercolero, dar en un espacio yermo. No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad. Desgraciadamente las palabras se convierten en un disfraz que justifica acciones que ni son democráticas ni son liberadoras porque nace del odio y la desconfianza. El discurso de la violencia utiliza palabras que son el disfraz de algo que no significan. Y, como digo en el libro, “acariciar el alma de las palabras deja una delicada sensación de verdad en la punta de los dedos, como mirarle a los ojos a los relatos bíblicos”.

No puede haber nada liberador donde crece la desigualdad

–Una de las pensadoras que aparecen en el texto es María Zambrano, una mujer a la que ha estudiado con frecuencia y a la que vuelve una y otra vez. En este caso para recordar que ella nos avisa de que la democracia es ese orden social donde no sólo está permitido ser persona, sino que ser persona es una obligación.

–El concepto de persona es social y político. El concepto nos remite al término máscara-papel-rol. Y solo en democracia ese rol se ejerce en un espacio compartido en términos de igualdad. Si el concepto persona se desvirtúa entramos en la posverdad, en el final de la historia. La libertad tiene sentido en un contexto donde todos estamos capacitados para elegir.

–Otro de los pilares del libro es la educación, la educación frente a la barbarie, la educación para la igualdad y la democracia.

–Como ciudadana demócrata creo que la educación ha de ayudar a solventar las desigualdades inevitables que, en lo social y también en lo biográfico personal, arrastramos. Imagino siempre esa cultura, esa civilización en la que no hay niños ni niñas que tienen que dejar la escuela porque en casa necesitan su trabajo. Imagino ese espacio escolar donde los niños y las niñas aprenden que la libertad y la belleza existen y, además, les pertenecen. Y trabajo, desde que tenía 24 años de un modo profesional, en conseguir que esa cultura y esa civilización existan.

–Se antoja un largo camino.

–Es un camino larguísimo y lentísimo, casi cósmico en su temporalidad. Pero cuando se mira hacia atrás, encontramos el cambio sustancial, ético por tanto, que España ha logrado a este respecto. No tengo que remontarme al siglo XIX y traer a colación la Institución Libre de Enseñanza, aunque lo hago. Es suficiente con ver a mi madre o pensar en mi padre, que forman parte de esos miles, millones de niños y niñas esclavos que entregaron sin preguntas su infancia, su adolescencia y su juventud sin tener claro un para qué, puesto que las cosas eran de ese modo, en ciertos entornos, en la posguerra española. Ellos son la mayoría. Salieron adelante, incluso se formaron cuando tuvieron conciencia y posibilidad, porque tenían claro que solo la educación permite elegir, que la libertad es ese horizonte al que nunca llegamos, pero nos guía.

–La educación pública es fundamental en este aspecto, pero ¿se la apoya suficientemente?

–Es crucial que la educación pública sea encomiable, y que quienes nos ocupamos de ella seamos vistos como algo más que primeros auxilios. La educación en sus versiones concertada o privada son siempre opciones, y está muy bien que las haya para que se pueda elegir. Pero socialmente hablando, el apoyo a la educación pública significa estar partiendo de un principio, desde mi punto de vista, innegociable: la igualdad, en todos los ángulos, solo será tal cuando se expliciten espacios de justicia, de dignidad, donde no sean obstáculos las marcas de punto de partida, esa es su grandeza: en un aula no hay orígenes ni hay vetos ni hay clases sociales; hay presente y hay porvenir. La educación es cimientos y es, a la vez, cumbre. Y entre los cimientos y la cumbre está la cultura, que es algo parecido al aire, a la savia de la educación. Una educación “difusa”, que decían los Institucionalistas. De modo que teniendo cada una su obligación, podemos decir que dialogan constantemente porque la una enciende a la otra.

Notas:

*Marifé Santiago es escritora y profesora de Filosofía

Conversación con Luis García Jambrina

El pasado 14 de abril, en la Universidad de Salamanca, se presentó el libro “La doble muerte de Unamuno” (publicado por Capitán Swing). El rector de la Universidad Ricardo Rivero y la directora de la Casa-Museo Unamuno, Ana Chaguaceda, junto a Luis García Jambrina y Manuel Menchón, hablaron de las misteriosas circunstancias que rodearon la muerte del escritor.

Una indagación histórica que tiene su origen en la exitosa película/documental “Palabras para un fin del mundo” de Manuel Menchón, en la que se cuestiona la versión oficial de la muerte de Unamuno que durante décadas dio el régimen franquista, y en la que se sugiere la posibilidad de que fuera asesinado. Con Manuel Menchón tuvimos ocasión de conversar antes del estreno de su película, que además ha sido uno de los últimos grandes éxitos de taquilla (https://espacio-publico.com/entrevista-a-manuel-menchon-director-del-documental-palabras-para-un-fin-del-mundo).

Hoy lo hacemos con el escritor Luis García Jambrina, profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Además de escritor de éxito (es autor entre otras obras de la serie “Los manuscritos” cuyo protagonista es Fernando de Rojas), García Jambrina conoce muy bien la figura y la obra de Unamuno, ya que ha sido miembro de la Comisión Asesora de la Casa-Museo de Unamuno y es director de la revista “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”.

EC. Antes de entrar en faena, la primera pregunta se refiere a la génesis de este libro. ¿Cómo surgió su encuentro con Manuel Menchón y la idea de divulgar en forma de libro las dudas sobre la muerte de Unamuno?

LGJ. Nos conocimos hace poco más de un año en Madrid, en una mesa redonda sobre Unamuno y el incidente del 12 de octubre en el paraninfo. Por entonces él estaba preparando el documental “Palabras para un fin del mundo” y yo me interesé por su investigación. Como muchas de las cosas que Menchón había ido encontrando iban a quedarse en el tintero, pues no tenían cabida en la película, comenzó a plantearse la idea de hacer un libro con el fin de profundizar en esos materiales y ampliar un poco la investigación y ahí es donde entré yo.

Hace unos quince años yo había publicado en un libro un cuento sobre la muerte de Unamuno. Ese cuento luego se ha traducido y ha aparecido en alguna antología. En él parto de los recuerdos de una mujer que era casi una niña cuando murió Unamuno, del que era vecina. Y luego me quedé con las ganas de seguir indagando en ese asunto, que siempre me ha interesado. La idea es que el libro vaya más allá de lo expuesto en el documental, con un tono más reflexivo y una mayor argumentación. Es un libro escrito con rigor y documentación, pero también con pasión.

EC. Ustedes definen este libro como un “cruce de crónica y reflexión”.  Y dicen que lo que pretenden es crear un “contrarrelato”. Su objetivo  es desmontar y desenmascarar la versión oficial de la muerte de Unamuno, aunque tampoco pretenden ofrecer la verdad. ¿Cree que este suceso, como tanto otros de la historia, permanecerá en la oscuridad del misterio y que nunca se podrá saber la verdad completa?

LGJ. Es probable que nunca se pueda llegar hasta el final, como ha ocurrido con tantos casos. Pero al menos hemos intentado ir más allá de lo que hasta la fecha se había llegado en cuanto a la investigación de ese enigma y de todas las circunstancias que rodearon la muerte de Unamuno. Por otra parte, nuestro libro no pretende ser un punto de llegada, sino un punto de partida para posteriores investigaciones que ahonden más en el asunto, tal vez desde otras perspectivas.

EC. La figura de Unamuno es controvertida, ambigua. Defensor de la República al principio, pasó después a ser apoyado y utilizado contra la República por los sublevados encabezados por Franco. ¿Cree que el escritor fue consciente de esta utilización de su imagen?

LGJ. No era la primera vez que intentaban utilizar propagandísticamente a Unamuno. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del escritor e intelectual más importante de su tiempo y del más conocido y respetado fuera de España, un autor que siempre ha levantado pasiones. De modo que son muchos los que han pretendido que apoyara sus causas o que se han declarado discípulos suyos, sin serlo verdaderamente. Pero él nunca se dejó clasificar ni etiquetar. Era muy escurridizo. A veces se dejaba querer. Pero enseguida ponía las cosas en su sitio. Él siempre fue un solitario, libre e independiente. Los falangistas tenían un empeño especial en que él los apadrinara. Pero Unamuno no estaba ni con los “hunos” ni menos aún con los “hotros”, como él escribía.

EC. En el libro se habla de que la muerte de Unamuno de alguna manera era presentida por él, que temía por su vida. ¿De qué o de quién tenía miedo?

LGJ. Está claro que de los sublevados. Había precedentes inmediatos de cómo habían acabado algunos amigos y conocidos suyos, tanto en Salamanca como en otros sitios. Sabía, por ejemplo, lo que le había pasado a Lorca, una muerte que él lamentó mucho. Así que se esperaba que cualquier día los sublevados lo fusilarán a él. Si no lo hicieron fue porque no les convenía desde el punto de vista propagandístico; ya estaban un poco escarmentados con el caso de Lorca. Esto hizo que Unamuno se convirtiera en un problema, en una bomba de relojería que en cualquier momento podía estallar. De ahí que Unamuno estuviera convencido de que lo iban a asesinar en su propia casa. Eso lo vemos en varias cartas y escritos de los días y semanas previos a su muerte. Son comentarios estremecedores.

EC. El falangista Bartolomé Aragón fue la última persona que vio con vida a Unamuno. Fascista declarado y convencido, visitó al escritor en su casa la tarde del 31 de diciembre de 1936 y estaba con él cuando falleció. Háblenos de su contribución al relato de lo que ustedes llaman la versión oficial.

LGJ. La versión oficial se construye a partir de las declaraciones realizadas por Bartolomé Aragón desde la tarde misma en la que Unamuno falleció. Este relato se fue completando luego con nuevas declaraciones, aquí y allá, en las que añade algunos detalles que aumentan el dramatismo del momento o de las horas posteriores. Asimismo, se observan algunas lagunas, incoherencias y contradicciones. A esta versión oficial contribuyeron también algunos escritores y periodistas del entorno de la oficia de Prensa y Propaganda de los sublevados, dirigida en ese momento por Millán Astray. Este falso relato a fuerza de repetirlo se convirtió con el tiempo en una verdad que luego nadie ha intentado desmontar. Se trata, pues, de una gran operación propagandística, casi de manual. Nuestro libro pretende ser una especie de contrarrelato que desmonte y desenmascare esa versión oficial.

EC. Bartolomé Aragón fue impulsor de un “Auto de fe” en Huelva consistente en la quema de libros, práctica que lamentablemente se realizó en más puntos de España por parte de las fuerzas sublevadas y de los seguidores de Franco. Por el contrario, Unamuno es sabido, era amante de los libros y de la cultura. ¿Podían llevarse bien Aragón y Unamuno con prácticas e ideas tan antagónicas?

LGJ. El auto de fe tuvo lugar en Huelva el 29 de octubre de 1936. Se trata de una prueba más de que la relación entre ellos no podía ser de amistad ni de afinidad intelectual ni de maestro y discípulo, y dibuja con claridad el perfil de Bartolomé Aragón, totalmente contrario al de Unamuno. Lo más grave es que Aragón justificaba la quema de libros amparándose en el Quijote, concretamente en el célebre pasaje del Quijote en el que el cura y el barbero prenden fuego a una buena parte de la biblioteca del ingenioso hidalgo, lo que debió de escandalizar a don Miguel si es que llegó a enterarse de ello. Este episodio del auto de fe muestra muy bien la actitud de los sublevados hacia la literatura, el pensamiento y la cultura en general, por eso le hemos dedicado un capítulo en el libro, con abundantes testimonios.

EC. Es conocido el incidente que se produjo el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Ciudad Universitaria de Salamanca, pero ¿cómo fue la relación del escritor y el fundador de la Legión española?

LGJ. Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo. Y algo muy parecido cabe decir de don Miguel con respecto al fundador de la Legión, lo que había dado lugar a ciertas rencillas y desavenencias. De ahí que estuvieran condenados a enfrentarse, ya fuera por una cosa o por otra, en Salamanca en esos últimos meses de 1936. Ya algunos años antes del incidente del paraninfo, en el Ateneo de Madrid, Unamuno había llamado a los legionarios nada menos que «cortacabezas y hampones» y otras cosas más y eso era algo que el fundador de la Legión no había olvidado. Tampoco el 12 de octubre era la primera vez que Millán Astray arremetía públicamente contra los que él consideraba malos intelectuales o intelectuales traidores. Sus vidas pudieron haberse cruzado también en París en 1924.

Hay que decir que, para Unamuno, Millán Astray representaba por diversas razones todo lo que él más despreciaba, y, por lo general, no se molestaba en ocultarlo.

EC. Uno de los aspectos más controvertidos de la versión oficial de la muerte de Unamuno es el dictamen médico. Varias décadas después ustedes destacan las contradicciones y errores de este dictamen. ¿Nos puede hablar de las investigaciones que les han llevado a dudar de este informe médico oficial?

LGJ. En relación con las causas de la muerte de Unamuno hemos contado con el asesoramiento de Francisco Etxeberria Gabilondo, médico especialista en Medicina Legal y Forense, uno de los más prestigiosos y reconocidos de España, que tuvo la amabilidad y la generosidad de contestar por escrito a las preguntas que le formulamos sobre el caso en un cuestionario. Según figura en el acta de defunción de Unamuno, la causa inmediata de la muerte fue una hemorragia bulbar. Pero esto solo podía haberse dictaminado con certeza si Unamuno hubiera estado vivo cuando llegó el médico y lo examinó. Sin embargo, todas las declaraciones de testigos dan a entender que para entonces ya había fallecido. En ese caso, tal tipo de hemorragia solo podía haberse observado por medio de una autopsia. Pero esta no se llevó a cabo. Con lo que llegamos a un callejón sin salida. 

EC. Por último, ustedes hablan de que la muerte de Unamuno fue doble, primero su muerte física y después la utilización de su imagen, la apropiación de su persona por parte de un régimen con el que no comulgó. ¿Cree que es posible que se le haga justicia?

LGJ. Al margen de como muriera, lo más grave en el caso de Unamuno es lo que en el libro llamamos la muerte simbólica, que consiste en el secuestro, en primer lugar, de su cadáver y luego de su memoria, de su legado y de su figura y en el hecho de que los falangistas lo enterraran como un fascista, como uno de los suyos. Como consecuencia de todo ello, don Miguel quedó al final en una especie de purgatorio, considerado como un traidor por unos y por otros, lo que no quitaba para que los sublevados se sirvieran propagandísticamente de él en cuanto se les presentaba ocasión o escarnecieran su figura dándole, por ejemplo, su nombre a un campo de concentración de Madrid. La mejor justicia que se le puede hacer a Unamuno es la recuperación total de su memoria y el esclarecimiento de la verdad, sea la que sea. Como a él le gustaba decir: “primero la verdad que la paz”.

Notas:

*Crédito de la imagen: CRISTINA CANDEL.

moderado por:

  • Paula Pof

    Periodista

  • Irene Bassanezi Tosi

    Doctoranda en Estudios Avanzados en Derechos Humanos en UC3M

Antifeminismo y extrema derecha

  • María Eugenia Rodríguez Palop

    Eurodiputada de Unidas Podemos. Titular de filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid.

Parte I

La extrema derecha se ha presentado como una resistencia de fácil acceso, sencilla pero robusta, contra los desmanes de las oligarquías políticas y las élites económicas. Es uno de los frutos de las contradicciones del neoliberalismo globalizador de estas décadas y de la connivencia de partidos conservadores, socialdemócratas y socioliberales con la mundialización financiera y el capital especulativo. Su programa es hoy de sobra conocido: repliegue nacional, orden y seguridad, reacción punitiva, militarismo, xenofobia, aporofobia, homofobia, misoginia… Una revolución conformista que no solo obedece a factores ideológicos, sino que también tiene una raíz vivencial y un anclaje empírico evidente: la experiencia de desarraigo, la desintegración social y la violencia institucionalizada que han sufrido las mayorías sociales, especialmente, en estos años, combinada con una situación real de escasez de recursos y su concentración en pocas manos. La extrema derecha ha sabido vehicular la rabia y el resentimiento de quienes se han considerados perdedores, y también el miedo de quienes tenían algo que perder.

Con todo, lo que resulta más atractivo en su itinerario no es la movilización de esas emociones negativas sino la restauración, en toda regla, de un cierto imaginario de lo común y la confrontación, sin paliativos, con todo lo que puede fragmentarlo. Y es en este itinerario en que el feminismo se presenta como una fuente de fracturas y desestabilización porque, entre otras cosas, el feminismo divide y pervierte la célula indisoluble que representa la familia heteronormativa. En este punto, el antifeminismo de la extrema derecha se apoya en un pensamiento conservador y reaccionario que deriva, en buena parte, de su alianza con las iglesias. De hecho, su discurso político y su articulación jurídica funcionan como el brazo armado de una moral puritana. La complicidad de Bolsonaro con los pentecostales en Brasil es paradigmática en este sentido, como lo es la del partido Ley y Justicia (Pis) o la de Vox con la Iglesia católica.

Buey, Bala y Biblia, o sea, agronegocio, militarismo y Pentecostales, ha sido la base del bolsonarismo. La Iglesia Universal del Reino de Dios ha jugado un papel primordial en el (des)gobierno de Bolsonaro. Una Iglesia-Empresa que dispone de 70 emisoras de TV, 50 radios, un banco, varios diarios y 3500 templos en zonas ricas de Brasil[1], y cuyo fundador, el obispo Macedo, llegó a denostar a la Universidad por ofrecer una educación idéntica para la mujer y el varón. En España, Vox ha liderado la lucha contra la educación sexo-afectiva de la mano del Opus Dei. La apuesta por la educación religiosa y la criminalización de la diversidad sexual o la llamada “ideología de género” se orienta, entre otras cosas, a lograr la sumisión y la claudicación de las mujeres, su expulsión del mercado laboral y su vuelta al hogar familiar. La “ideología de género” es una “ideología negativa” porque, como dice Segato, desobedece el mandato de la masculinidad. “El desmonte del mandato de masculinidad amenaza el mundo de los dueños, coloca el dedo en la llaga en el lugar de reproducción del mundo de la dueñidad, del señorío […]”[2]. En cualquiera de sus versiones, la extrema derecha apela a una amalgama de políticas natalistas que se conectan con presupuestos excluyentes y nacionalistas.

Esa amalgama explica, por ejemplo, la posición que se mantiene frente a las violencias machistas. La violencia contra las mujeres no existe, no tiene género o no tiene causas estructurales, las denuncias son falsas, las entidades de atención son chiringuitos que no aportan nada a las verdaderas víctimas y los hijos e hijas son víctimas de madres manipuladoras, y cuando se denuncia, se hace solo para criminalizar a foráneos, especialmente los musulmanes, que han entrado en el país gracias a la excesiva laxitud de la legislación migratoria. Se ha llegado a afirmar que la violencia tiene su origen en “los flujos migratorios incontrolados” y que son los extranjeros los que cometen la mayor parte de los feminicidios y las violaciones. De hecho, cuando la extrema derecha señala las dificultades para conciliar la maternidad con la vida profesional, solo lo hace para defender a las mujeres nacionales, a las que se utiliza para paliar el déficit demográfico, evitar la reposición a base de población migrante y asegurar el mantenimiento de los valores cristianos.

Lo cierto es que negar continuamente la existencia de violencias machistas tiene consecuencias letales para millones de mujeres. En la Unión Europea, por ejemplo, hay siete países que no han ratificado todavía el Convenio de Estambul (Bulgaria, República Checa, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Reino Unido) y la Unión Europea tampoco lo ha hecho todavía. Hace poco el Parlamento Europeo aprobó una Resolución en la que se afirmaba que “asistimos a una ofensiva visible y organizada a escala mundial y europea contra la igualdad de género y los derechos de las mujeres”. La Resolución condenaba categóricamente “las tentativas de algunos Estados miembros de retirar medidas ya adoptadas en aplicación del Convenio de Estambul para la lucha contra la violencia contra las mujeres” así como “los ataques y las campañas contra el Convenio [de Estambul] por su malinterpretación intencionada y la presentación sesgada de sus contenidos a la población”[3]. Toda esa resistencia tiene su origen, fundamentalmente, en el rígido bloqueo que ha generado el lobby anti-elección, liderado por el eje Polonia-Hungría y su política natalista.

El caso polaco es especialmente preocupante. Desde la caída del muro de Berlín, el país ha ido restringiendo el derecho al aborto hasta prohibirlo casi totalmente. Ahora mismo solo es posible interrumpir el embarazo en casos de violación, incesto o riesgo severo para la vida de la madre. En octubre, el Tribunal Constitucional, controlado por jueces nombrados por el Gobierno, declaró inconstitucional el tercer supuesto que recogía la ley de 1993: la malformación o enfermedad irreversible del feto. La cuestión es que en 2019 se practicaron unos 1.100 abortos legales en Polonia y el 97% de los casos fueron por este motivo. En realidad, se estima que cada año 200.000 mujeres polacas se ven obligadas a usar píldoras abortivas y otras técnicas sin supervisión médica. Unas 30.000 viajan al extranjero para ejercer un derecho que su país les niega.

Desde la llegada del partido Ley y Justicia (PiS) al Gobierno en 2015, la Iglesia católica y la organización ultraconservadora Ordo Iuris han impulsado una radical vuelta al pasado. En 2016, las mujeres polacas salieron masivamente a la calle vestidas de negro y lograron frenar una propuesta de ley promovida por el Gobierno para prohibir el aborto e imponer penas de cárcel a quienes lo practicasen. Ganaron aquella batalla, pero no la guerra contra sus derechos sexuales y reproductivos. El PiS trasladó la contienda al Tribunal Constitucional, cuya sentencia “es un nuevo ataque al Estado de Derecho y a los derechos fundamentales”, según reconoció el mismísimo Parlamento Europeo.

Como dijo Margaret Atwood en El cuento de la criada, “no se puede confiar en la frase: ‘Esto aquí no puede pasar’. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”. Siempre es posible retroceder[4].

La violencia de género que señala a la pareja o la expareja como posible agresora, los derechos sexuales y reproductivos, en concreto, el derecho al aborto, o el matrimonio homosexual, forman una tríada demoledora para la familia heteronormativa. La demonización del feminismo cae, pues, por su propio peso.

Parte II

Podría decirse que la visión que la extrema derecha tiene del feminismo se identifica casi exclusivamente con el feminismo “liberal”, la versión más clásica y extendida del feminismo, dado que la liberación de la mujer de los roles convencionales de madre y esposa se considera, en sí misma, fragmentadora y divisoria. La emancipación de la mujer se identifica aquí con su mercantilización y el feminismo con una posición “empresarial”, autoemprendedora, que lanza a la mujer al espacio público-mercado y la desafecta del espacio privado-núcleo familiar.

De manera que el feminismo es la no-familia, un proceso que estimula la des-vinculación de las esencias familiares (o patrias), la masculinización de las mujeres, la usurpación por parte de ellas de los roles tradicionalmente adjudicados a ellos, el fin de los estereotipos de “género”. Así que la del “género” es una “ideología” que oculta y tergiversa la verdad, lo que realmente somos. Lo que somos biológica y socialmente. Altera, por tanto, la “naturaleza” del ser mujer. Un “ser” que pasa por la identificación acrítica entre el ser anatómico, social y jurídico, por ese orden. No se trata de lo que una quiera o necesite ser, sino de lo que una es y debe ser, considerando aquí que el ser y el deber ser forman parte del mismo plano, en un punto en el que no solo no pueden separarse, sino que no pueden diferenciarse conceptualmente. El ser es esencia (naturaleza) y permanencia (estabilidad social e histórica) y todo lo que es debe ser y seguir siendo. Así de fácil. Cosas del Derecho Natural y de lo que se ha venido llamando “falacia naturalista”. No es esta una cuestión en la que me vaya a detener ahora (aunque le he dedicado largas horas de mi vida), pero sí es importante señalar que el antifeminismo (como la mayor parte de lo que la extrema derecha plantea) se mueve en ese marco naturalista y preilustrado.

Evidentemente, de aquí se deriva, de momento, la negación de la “libertad” vinculada al “deseo”, al “querer”, entendida como “libertinaje”, pero no solo. Se niega también la “libertad” entendida como “autodeterminación”, esto es, como un proceso de emancipación del mundo de la “necesidad”. Las necesidades, aunque son sentidas individualmente, son siempre construcciones sociales e históricas, sin duda, pero eso no significa que sean frutos aleatorios de la historia ni tampoco productos de la manipulación que de ella se haga desde el poder. Para la extrema derecha, el feminismo es una forma de dominación que crea (inventa) necesidades donde no las hay. O sea, que el feminismo es tan alienante como el machismo y somete también a las mujeres: las desaliena de la familia para alienarlas al mercado, generándoles problemas de identidad, desarraigo, soledad e infelicidad.

Esto es, las opciones sexuales no pueden elegirse (como suponía Foucault) y el binarismo es obligado. El binarismo no es solo que las mujeres y los hombres, son, con mayúsculas, distintos, sino que los segundos dominan, han dominado y dominarán siempre sobre las primeras, en todos los órdenes de la vida, excepto en el hogar, donde a las mujeres se les otorga un rol social y políticamente relevante. “Ser” madre y esposa es lo único que ellas pueden ser y jugar ese papel es lo que las hace verdaderamente libres, porque ese es el único rol en el que están desalienadas, en el que pueden liderar como “mujeres”, independientemente de los varones. Cualquier otra alternativa, es una renuncia a su libertad natural y no es, por tanto, emancipación sino mercantilización; sujeción al reino masculino, insatisfacción (dado que el ser no se consuma) y sometimiento al reino de las necesidades creadas socialmente por el poder. De manera que cuando el feminismo anima a las mujeres a salir al mercado, lo que hace, en realidad, es esclavizarlas. El patriarcado no está donde las feministas creen que está sino en otro lugar; justo en el lugar al que ellas se dirigen.

La igualdad entre hombres y mujeres no solo no es posible, sino que no es deseable, como sucede también por lo que hace a las diferentes clases sociales o nacionales. La extrema derecha es clasista y xenófoba pero no únicamente por aporofobia o xenofobia, sino porque se asume que la desigualdad es un dato y que siempre ha habido y habrá seres “superiores”, llamados por naturaleza, a dirigir al rebaño. Y estos líderes naturales son los hombres, los ricos y los nacionales. ¿Por qué? Porque la historia demuestra que son los que mejor lo han hecho. Su éxito social ratifica sus méritos, sus méritos ratifican sus virtudes, y sus virtudes confirman sus capacidades naturales. En el fondo de este argumento, late una concesión, sin paliativos, a las sociedades meritocráticas basadas, eso sí, no al estilo “liberal”, en los éxitos empresariales-mercantiles, sino al estilo “conservador”, en el mantenimiento impertérrito de las esencias naturales (de lo que es y debe ser porque siempre ha sido). Las feministas podrán vociferar lo que quieran, pero están de paso, como está de paso el marxismo o el multiculturalismo. Nada ni nadie logrará cambiar el destino que la rueda depredadora de la historia ha escrito para las mujeres, los pobres y los extranjeros.

Parte III

Si asumimos que un antídoto es la sustancia que contrarresta los efectos nocivos de otra, cabe preguntarse si el feminismo “liberal” o el llamado “feminismo de la igualdad” puede presentarse, por sí mismo, como un antídoto frente a la extrema derecha. No tengo intención de analizar sus presupuestos, ni tampoco de criticarlos, sino de plantear en qué medida puede presentarse como una alternativa efectiva frente a estas posiciones.

Este feminismo niega la diferencia sexual por ser fuente de discriminaciones y suele distinguirse del “feminismo de la diferencia”, que reconoce un valor positivo a la diferencia sexual entendida como una realidad histórica que se apoya en la experiencia de las mujeres (no en su esencia, ojo). Evidentemente, esta es una aproximación muy simplificada. Conozco bien su complejidad y sé que hay diferentes escuelas y corrientes (a veces, casi tantas como autoras y militantes) pero mi objetivo aquí, insisto, es apuntar qué feminismo es más “eficiente” en la lucha contra la extrema derecha y me parece que hay unas pocas cosas claras.

No puede combatirse a la extrema derecha identificando mercantilización con emancipación, esto es, con un feminismo “empresarial” clasista y elitista, para el que la igualdad de oportunidades se traduzca en equiparar a hombres y mujeres en la dominación. Esta posición no nos sirve porque confirma parcialmente lo que la extrema derecha quiere confirmar: el feminismo arrastra a las mujeres al reino de la sumisión y la necesidad porque las desaliena de su lugar “natural”, el de la familia (buena y justa por definición), para alienarlas al mercado. Ya sé que la familia no es un lugar “natural”, ni siquiera, necesariamente, amable, para el feminismo “liberal” (aunque en ocasiones se ha asumido acríticamente), pero estas posiciones sí refuerzan la segunda parte del axioma y eso las inhabilita para contrarrestar eficientemente a la extrema derecha.

En primer lugar, porque lógica mercatoria es la lógica capitalista de la acumulación que ha puesto en crisis la vida tal como la conocemos. Como ha dicho en varias ocasiones Amaia Pérez Orozco, la lógica mercatoria y la lógica de la vida son irreconciliables y solo parecen compatibles cuando se esconde la tensión que late entre ellas a fin de relegar la vida al terreno de lo invisible. Cuando la vida se invisibiliza, se invisibilizan los cuidados y se oculta a las mujeres, que son las que se ocupan de ellos. Si este proceso tiene éxito es porque son ellas las que absorben la tensión que el capitalismo ha creado entre lo productivo y lo reproductivo, y el feminismo liberal acaba reforzando este marco.

En segundo lugar, porque la división público-privado que defiende este feminismo de la igualdad, o como lo que queramos llamar (ahora esto es irrelevante), es la que facilita que se reconozcan derechos solo a quienes ocupan un espacio público atravesado por la racionalidad del mercado. La rígida división público-privado presupone la inferiorización de lo privado en la medida en la que al mundo de los derechos se accede únicamente desde el espacio público; desde una ciudadanía que no puede desligarse del locus productivo, el “trabajo” y el consumo.

El problema es que no debería tratarse solo de impulsar el acceso de las mujeres al mercado (casi siempre, como mano de obra barata y flexible) y promover un cambio de valores que reconozca a las “trabajadoras” como ciudadanas, subalternizando, colateralmente, a las que “no trabajan”. Si queremos combatir a la extrema derecha no podemos reducirnos al feminismo del 1%, lobbista, empresarial e institucional, para mujeres ricas con voluntad de liderar. Hay que romper los techos de cristal, sin duda, pero ni este objetivo puede ser el único, ni resulta especialmente útil para contrarrestar el antifeminismo de la extrema derecha. El nuestro no puede ser el feminismo de la falsa meritocracia, una revolución que solo cambia, relativamente, la vida de las pocas mujeres que cumplen los requisitos formales que el patriarcado exige para formar parte de una élite. Y digo “relativamente” porque la libertad no empieza y termina con la firma un contrato sobre cuyas condiciones no se tiene ningún control.

En tercer lugar, la dicotomía autonomía-dependencia organizada sobre el eje de los ingresos monetarios y la propiedad privada, en la que también se apoya el feminismo liberal, impide el reconocimiento de la interdependencia social y deprecia/desprecia la red de cuidados que ya existe y que sostienen las mujeres. Con esta dicotomía, no solo se hace un flaco favor a las mujeres, sino que se fortalece, una vez más, el marco conceptual en el que se apoya la extrema derecha.

En cuarto lugar, no podemos abonarnos a un feminismo que individualiza los problemas estructurales y acaba debilitando el énfasis en la coerción social a la que las mujeres estamos sometidas. Cuando lo único que se busca, por ejemplo, es criminalizar y castigar a un agresor concreto, la referencia deja de ser la mujer “como clase” y pasa a ser, simplemente, el “yo”, la mujer “como víctima”. Cuando solo se nos protege mediante el uso de sanciones, se nos fragmenta, se nos despolitiza, y se nos deja sin protección como grupo.

Un proyecto legal desligado de un programa político-económico redistributivo, de una agenda social más amplia en torno a las violencias, y centrado únicamente en la justicia penal, tiene un alcance muy limitado, confirma el statu quo y alimenta las dinámicas utilitaristas del sistema. Dinámicas que pueden llevar a castigos espectaculares para los agresores señalados mediáticamente, represalias individualizadas de enorme calado para disuadir a terceros, pero que resultan inútiles, una vez eliminadas unas cuantas manzanas podridas.

No olvidemos que el punitivismo es un acicate para una extrema derecha sanguinaria que clama en favor de la cadena perpetua y la prisión permanente revisable frente a violadores extranjeros.

Vaya, es cierto que, frente a un Derecho patriarcal, la protección de las mujeres requiere de un trato especial, pero ese trato no puede reducirse a una criminalización más vasta. Se requiere de un plan social y exige, además, un sistema penal y penitenciario que incorpore, sin reservas, políticas preventivas.

El Derecho es una extraña combinación de persuasión, burocracia y violencia, pero para funcionar, para generar orden, seguridad y justicia, esa combinación ha de ser equilibrada. No sirve de nada castigar si no se entiende el sentido del castigo. Si la violencia machista es un problema estructural, su abordaje no puede concentrarse únicamente en la figura del delincuente, ni en la de la víctima. No digo que no haya que castigar, digo que el castigo ha de aplicarse considerando que el delito no es el fruto de una patología individual (que también puede existir) sino de una red de relaciones profundamente patriarcales, y esa es la red que se tiene que erradicar[5]. Negar, ocultar o minimizar los problemas estructurales facilita la criminalización y la persecución focalizada que alienta la extrema derecha.

Parte IV

Decía, al principio, que la extrema derecha se anclaba en la experiencia de desarraigo, desintegración social y violencia institucionalizada que han sufrido las mayorías sociales, especialmente, en estos años, y que ha vehiculado la rabia y el resentimiento de quienes se han considerados perdedores, así como el terror de los que tenían algo que perder. Frente a la soledad y el miedo, ha ofrecido la restauración de un mundo perdido; un mundo común y compartido que no mira al futuro sino al pasado, al reino de la naturaleza hoy subvertido y adulterado. Se ha perdido el equilibrio y la armonía que nos ofrecía el orden natural, que es el orden moral y la fuente de nuestra felicidad, y la extrema derecha debe restaurarlo. Esta épica militante tiene que ver con esa lucha y puede desembocar en una violenta batalla en la que el fin justifique los medios, en la que se cuente con un ejército, se asuman víctimas necesarias y se designe a los próceres cuya misión heroica sea corregir los desvíos depravados de la historia.

Pues bien, si es esto es así, parece claro que solo el feminismo de la diferencia, ajustado y corregido, está en condiciones de amortiguar el impacto de la extrema derecha puede tener sobre la vida de las mujeres, contrarrestar su propaganda y articular una resistencia efectiva. Ajustado y corregido porque es en su versión relacional en la que puede tener más recorrido. Me explico.

La marea feminista de los últimos tiempos ha asumido el diagnóstico que acabo de describir, pero, a diferencia de la extrema derecha, ha logrado canalizar la rabia y el miedo hacia una contestación de signo radicalmente opuesto. El feminismo relacional se mueve con el mismo material humano, pero apelando a una semántica de la experiencia completamente diferente porque la misma conciencia de vulnerabilidad y dependencia que ha dado lugar a la extrema derecha, ha encontrado aquí un tejido bien trabado para derribar sus fronteras.

Uno. Este feminismo relacional asume la racionalidad del miedo frente a la soledad, la fragmentación y el vacío al que nos han arrastrado las políticas neoliberales. Asume las violencias sistémicas que sufrimos las mujeres. Asume la necesidad de redes y vínculos comunitarios; la misma necesidad a la que dan respuesta las iglesias, los nacionalismos excluyentes y el conservadurismo político. De hecho, parte de la vulnerabilidad y la dependencia como condición estructural de lo que significa ser humano, pero no es ni puede ser conservador. No asume la desigualdad como dato, ni la superioridad de unos sobre otros, porque el éxito de los varones, los ricos y los nacionales, no confirma sus capacidades, sino que es una prueba de su egoísmo y su codicia. Reivindica un imaginario de lo común que pone en valor la revolución de los cuidados y los afectos, pero no se centra en la familia patriarcal porque no entiende el cuidado como un destino fatal derivado de la biología o la maternidad (real o potencial).

Dos. Dado que la violencia sistémica y la escasez de recursos es fruto de la codicia de los propietarios, los ricos y los especuladores, este feminismo se opone a los procesos de desposesión, las privatizaciones y el nuevorriquismo que la extrema derecha alienta. Se articula también desde un imaginario de lo común, aunque lo hace en la consciencia de que el sostenimiento de la vida y la supervivencia de las mujeres depende de bienes comunes/públicos y de las prácticas relacionales que favorecen su gestión compartida, equitativa y sostenible.

Tres. Se asume que hay buenas razones para tener miedo, pero no al pobre, sino a la pobreza, no al extranjero, sino al exilio, no a los migrantes, sino a la precariedad y a la intemperie. O sea, que es a los pocos ricos opulentos y no a los muchos desarrapados a los que tenemos buenas razones para temer. Precisamente porque teme a los pocos y no a los muchos, a las élites y las minorías excluyentes, este feminismo resiste la captura securitaria de nuestra vulnerabilidad que representa el Estado policial, el militarismo, el racismo institucional y el colonialismo; las reacciones punitivistas del poder que la extrema derecha activa frente a las emergencias que ella misma crea y/o amplifica.

Cuatro. Y por esta misma razón, el refugio de las feministas no puede ser esa abstracta y fantasiosa comunidad nacional cerrada, excluyente y expulsiva que dibuja el patriotismo de banderas, sino las vivencias cotidianas de interacción, las relaciones afectivas y los vínculos que las mujeres cultivan. Los “bienes” relacionales que necesitamos para vivir y sobrevivir al desamparo.

Lo importante aquí no es lo que hemos sido, ni tampoco la narración épico-narrativa de lo que somos, sino lo que queremos ser en común; lo que hacemos y queremos hacer con quienes compartimos un espacio vital concreto. Es decir, que la pertenencia a una comunidad política, en esta versión feminista, viene determinada por la actividad y la experiencia compartida. Por eso es siempre más integrador el expediente de la vecindad que el de la ciudadanía. Lo importante es lo “bueno” que hay entre nosotros, las redes de cuidados que, parafraseando a Marina Garcés, no pueden visualizarse desde una mirada focalizada (lo concreto-particular) ni panorámica (lo abstracto-universal), sino desde el ojo “implicado”, libremente vinculado. De todo esto se deduce la relevancia de la vivencia, el testimonio y la épica cotidiana.

En la comunidad feminista el eje central no son los intereses personales, las robustas voluntades individuales, ni los deseos de unos pocos, sino las necesidades insatisfechas y de cuidado que tienen los muchos. De manera que, frente al narcisismo, el utilitarismo y la competitividad que solo favorece a las élites, se alza la cultura de la responsabilidad, el hacerse cargo y el cuidado. Se trata de plantear los derechos propios en el marco de una “ética del cuidado” que conceda un valor político a los bienes relacionales y los vínculos, y que reconozca las deudas de vínculo que hemos contraído con quienes nos han cuidado, nos cuidan y nos cuidarán. Unas deudas que se proyectan hacia el pasado y hacia el futuro, y que superan, con creces, la visión lineal del tiempo.

Por eso aquí es importante la justicia generacional: lo que le debemos a quienes han vivido antes, el deber de memoria, y lo que debemos a quienes vendrán después. Puede reformularse la familia y la nación sin desvincularse ni alienarse a la lógica mercatoria.

Cinco. El feminismo relacional es anticapitalista y antiproductivista. El capitalismo se apoya en la obtención del máximo beneficio posible en el menor tiempo y con el menor coste posible; crecer de forma indefinida externalizando los costes para que sean otros los que paguen las deudas (la deuda ecológica – deuda de carbono, biopiratería, pasivos ambientales y exportación de residuos – y la deuda del trabajo en condiciones de explotación). La intención es apropiarse y reapropiarse de lo común bajo el paraguas de una propiedad privada sacralizada e intocable, que deja a los más vulnerables, y a las mujeres en particular, apriorísticamente, al margen del sistema.

Si la propiedad privada no es política, sino prepolítica; si tiene un valor moral, y no instrumental, no hay ninguna razón para hablar de su función social y su utilidad pública. No es un instrumento para satisfacer necesidades básicas, sino un objetivo en sí mismo, y puede ser estrictamente especulativa.

Las mujeres tienen que alinearse con las políticas de lo común que se orientan a la redistribución de la riqueza y que defienden la prioridad del derecho a la subsistencia sobre el derecho a la propiedad, asumiendo que el segundo ha de protegerse solo cuando se orienta a la satisfacción del primero. Garantizar la subsistencia y los bienes comunes exige limitar los bienes privados (propiedad privada) y requiere también de la existencia de bienes públicos (evitar tanto la dominación horizontal y vertical).

Las políticas privatizadoras y extractivistas de la extrema derecha son el epítome del clasismo y el supremacismo, y se explican, una vez más, y entre otras cosas, a partir de la superioridad natural e histórica de unos sobre otros. La dominación de unos sobre otros y el dominio total sobre la naturaleza.

El feminismo relacional, en cambio, asume la ecodependencia, la dependencia que tenemos de la naturaleza para sostener la vida y la relevancia del dolor para articular responsabilidades con los animales no humanos. La civilización no es subyugación y sumisión, y la cultura de la responsabilidad tiene que extenderse también a la esfera no humana.

Parte V

En definitiva, contra quienes mitifican la libertad contra los otros, la autoestima soberbia del yo, la autoconsciencia, el auto-reconocimiento, la inmunidad y la autosuficiencia, el feminismo relacional plantea el contagio, el contacto, el reconocimiento del otro y la construcción del tú. Somos el resultado de nuestras sinergias relacionales, en permanente estado de regeneración, reflexión, revisión y diálogo.

Frente a la política de los muros y el aislamiento grupal que fomenta la extrema derecha, el feminismo relacional alza la vivencia, la experiencia compartida y la política continua de los cuerpos[6].

El cuerpo como campo de batalla, objeto de violencias machistas (física, sexual, emocional y económica), feminicidios y violencia institucional. Una violencia que se ha incrementado cuando el poder jerárquico de la masculinidad se ha visto amenazado.

El cuerpo como fuente de subjetividad. “Mi cuerpo es mío” es un grito contra el sistema que discrimina y oprime a las mujeres, y quiere decir “mi cuerpo soy yo”, no soy disociable de mi cuerpo, porque hay una relación entre el cuerpo y el yo que no puede entenderse en la clave patrimonialista del individualismo posesivo.

El cuerpo como objeto de cuidados que apela al deber de cuidar (deber público de civilidad) y al derecho a cuidar y ser cuidados. La interdependencia pone de manifiesto la relevancia de las mujeres, la conexión entre el sistema productivo y el reproductivo, el trabajo remunerado y no remunerado, y la necesidad, en definitiva, de redefinir lo que entendemos por “trabajo”. Subraya también la relevancia de las abuelas y las mujeres migrantes: el trasvase de cuidados de unas generaciones a otras, que supera las fronteras del tiempo, y la cadena global de cuidados, que supera las del espacio, porque no tiene ni nacionalidad ni Estado. En ese juego de manos femeninas, ni hay varones ni hay instituciones.

Finalmente, el cuerpo necesitado, dependiente del ecosistema y los recursos naturales que el productivismo y el consumismo depreda y desmantela. La ecodependencia nos recuerda que el colapso civilizatorio al que estamos asistiendo es también el colapso de los valores masculinos asociados al egoísmo, el individualismo, el narcisismo, el progreso lineal y el crecimiento infinito, a los que nuestra civilización responde.

La extrema derecha maneja un imaginario de lo común reaccionario y excluyente que consiste en regresar a los enclaves seguros del pasado: la familia, la iglesia, la clase, el Estado, la nación y la propiedad privada. El feminismo relacional apela a una comunidad de cuidados mucho más amplia e inclusiva, revirtiendo el uso que el poder ha hecho de esas instituciones e incorporando la corporalidad sintiente a la lógica abstracta de la normatividad.


[1]http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248169

[2]https://www.dw.com/es/cunde-la-alarma-ante-la-posibilidad-del-fin-del-orden-patriarcal-dijo-rita-segato-a-dw/a-56809492

[3]https://www.bing.com/search?FORM=XKSBDF&PC=XK01&q=La+Europa+de+las+mujeres+frente+al+lobby+anti-elecci%C3%B3n

[4]https://www.elsaltodiario.com/opinion/el-rayo-que-no-cesa

[5]http://lapenultima.info/articulos/feminismo-antipunitivista-de-por-que-el-incremento-de-las-penas-no-es-la-solucion/

[6]https://ctxt.es/es/20190306/Firmas/24814/Maria-Eugenia-Rodriguez-Palop-extracto-revolucion-feminista-y-politicas-de-lo-comun-extrema-derecha.htm

 

 

En los calores de julio de 1972, Manuel Marlaska, cronista del ABC, estaba de miranda en la esquina de la calle de Magallanes con la de Donoso Cortés, y se preguntaba si la reja con la que finalizaba la primera de esas calles encerraba a los madrileños o si, por el contrario, los enrejados eran los trabajadores del Parque Móvil del Estado y los vecinos de la aneja colonia de San Cristóbal (ABC, 22-VII-1972). La institución que centralizaba la movilidad oficial de España desde 1940 era un mundo aparte, un pequeño universo o, si se quiere, una isla, como reitera la memoria de nuestros entrevistados, criados en ella.

Lo sigue siendo. Con sus 76.782 metros cuadrados construidos, las instalaciones del Parque continúan siendo las grandes desconocidas del distrito de Chamberí, como demuestra cualquier encuesta informal y apresurada que se realice a viandantes fijos u ocasionales de las calles del barrio. La colosal fachada del número cinco de Cea Bermúdez, de un sabor nítidamente primifranquista (fue finalizada en 1950, tras casi una década de obras), oculta físicamente los dos grandes corazones del complejo: un enorme garaje multi-storey, con capacidad para más de un millar de automóviles, y una muy extensa nave con cubierta en dientes de sierra, destinada a albergar los talleres de reparación de camiones, autobuses, utilitarios y motos de servicio oficial.

Es un ejemplo muy claro de la arquitectura civil de los años 40, puramente utilitaria, funcional sin la más mínima concesión y sin más alarde que la gran rampa de acceso a las plantas del garaje, la cual, a pesar de su interés, no es lo más valioso del complejo.

Desde que, a comienzos de los años 90, el Ministerio de Hacienda esbozase el horizonte de ir deshaciéndose de lo que comenzaba a ser percibido más como un lastre que como una institución funcional, el Parque no ha dejado de perder intensidad de uso, reducido hoy a muy poca cosa: un contenido residual en una formidable cáscara, un gran espacio infrautilizado en el corazón de Chamberí.

Es sin duda este último aspecto, el de su localización, el que, en el contexto de una acelerada gentrificación del distrito, hubo de atraer las miradas siempre atentas de los grandes inversores inmobiliarios (se llegó a hablar de una auténtica delicatesse urbana en la prensa económica o en las secciones equivalentes de la general), a lo que vendría a unirse la oportunidad de que los sucesivos Ministerios de Hacienda hiciesen caja realizando las plusvalías derivadas de su mera posición en la trama urbana. Y es en ese escenario de deseos cruzados y coincidentes en el que, a la altura de 1997, el Ayuntamiento de Madrid hubo de aprobarla APR.07.05 que abría la espita a la posible demolición del conjunto al amparo del Plan General de Ordenación Urbana de ese año, aún vigente hoy, más de veinte años después.

En 2017, la consciencia de esa amenaza llevó a la configuración de un Grupo de Trabajo en Defensa del Parque Móvil en el marco del Foro Local del Distrito de Chamberí, hoy reconvertido en asociación registrada, una vez que el actual Ayuntamiento parece haber optado de facto por el resuelto desmantelamiento de toda forma de participación vecinal digna de tal nombre. Su trabajo desde entonces ha venido desplegándose en materia de una exposición en la Casa de Cultura y Participación Ciudadana de Chamberí, la realización de una detallada unidad didáctica para colegios (a cargo del malogrado Juan Paz Miraz), una conferencia en la Casa de Cultura, otra en el Centro Cultural Galileo y dos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, además de la implicación de prestigiosos profesionales de la arquitectura (especialmente a través del Club de Debates Urbanos) y de la historia y la sociología (especialmente a través del Grupo de Investigación Consolidado Charles Babbage de la Universidad Complutense, generadora de varias publicaciones científicas al respecto). Las dos guías principales de ese trabajo han sido la de la evaluación patrimonial del Parque Móvil considerado en sí mismo y, por otro lado, la de su valoración social como posible ámbito privilegiado para el común de los vecinos (chamberileros y, en general, madrileños).

Un espacio de elevados y peculiares valores patrimoniales

La sede estatal del Parque Móvil del Estado (en origen Parque Móvil de Ministerios Civiles) comienza a construirse, al tiempo que la colonia de San Cristóbal, en 1941-42 y finalizado en 1950 (y 1957 en el caso de la colonia). Viene marcado, pues, por el estigma urbanístico, arquitectónico y organizativo de aquel Primer Franquismo cuya herencia patrimonial, en más de un terreno, no se encuentra suficientemente considerado aún, al menos en opinión de los abajo firmantes.

Desde un punto de vista descriptivo, el patrimonio amenazado del Parque Móvil, obra del arquitecto palentino Ambrosio Arroyo, agrupa tres piezas arquitectónicas. Por un lado, el garaje, una suerte de gran prisma cuadrangular (53 por 193 metros) de cuatro plantas sobre tierra y otra de sótano, servido por una excepcional rampa de doble helicoide única en España y de traza y aspecto de extraordinaria elegancia y funcionalidad, muy en la línea de otros grandes garajes europeos y norteamericanos del movimiento moderno de los años 20 y 30.

Por otro lado, e igualmente sustraído a la vista, la gran nave de talleres, de 190 por 46 metros, consta de una sola planta (aunque una parte de su subsuelo se configura como sótano) y aparece cubierta por 19 dientes de sierra con luz procedente del norte que apoyan sobre los muros perimetrales de ladrillo y una red de pilares y cerchas metálicas de nada frecuente ligereza, lo que asegura al conjunto una gran diafaneidad y una notable flexibilidad de contenidos y usos. En la nave se conserva un raro e infrecuente mural de 26 por 1,60 metros, organizado en once paneles que exaltan la propia construcción del Parque Móvil (el estudio de los arquitectos, las obras de construcción de la rampa) y, sobre todo, los diferentes oficios implicados en la conducción (de motos y de coches) y en los trabajos de reparación automovilística de la época (forja, chapa y pintura, ebanistería, tapicería, guarnecido, electricidad, etc.) Es obra de Germán Calvo, un pintor palentino con formación muralística en Italia que, por las mismas fechas (1950-52), habrá de participar en las pinturas murales de la iglesia de la colonia (al lado de otros como Eduardo Vicente, Francisco Galicia o Ramiro Ramos).

En uno de sus extremos cortos, garaje y nave de talleres, separados entre sí por una ancha calle de servicio interior, se ven reunidos por la pieza de servicios generales, con acceso por Cea Bermúdez, una planta rectangular de 105 por 31 metros y cinco alturas a la vista. Su condición de sede estatal del Parque Móvil permite entender el tratamiento altamente representativo de su fachada, con un poderoso basamento de granito, dos grandes columnas toscanas de piedra de Colmenar cosiendo la planta baja y el entresuelo, un ligero adelantamiento de las fajas central y extremas, un discreto uso de la alternancia textural entre chapado de piedra y ladrillo visto y una coronación en forma de pabellón (destinado a vivienda del director de la institución) que se presenta apoyado en dos pares  de columnas sin basa, capitel ni éntasis, lo que le otorga un aire indudablemente moderno y monumental, se diría que italianizante o germanizante.

Desde una perspectiva funcional, el edificio principal acogía las oficinas, una cafetería, residencias para oficiales y para trabajadores solteros o de paso, aulas, un gran salón de teatro y cine (demediado en su altura a resultas de una reforma interior) y, ya sin uso, un ascensor continuo del tipo llamado paternóster.

Es la consciencia de esos valores patrimoniales intrínsecos lo que llevó al Grupo en Defensa del Parque Móvil (y a una buena baraja de prestigiosos arquitectos madrileños) a solicitar en diciembre de 2018 la declaración de Bien de Interés Cultural para todo el edificio de los tres elementos reseñados, más allá de la declaración vigente para sólo la rampa de acceso al garaje, una suerte de astracanada absurda en caso de demolición por cuanto, una vez eliminado aquél, el garaje, ¿a qué cielo o nada habría de conducir ésta, la rampa, concebida precisamente para la movilidad funcional? Por lo demás, un informe del Instituto del Patrimonio Cultural de España, de 10 de octubre de 2017, recomendaba que el mural de la nave de talleres no fuera movido de su emplazamiento actual, por cuanto “gran parte del valor de este mural radica, junto a su calidad artística, en su contextualización dentro del espacio para el que se creó”. Al año siguiente, la Comisión de Monumentos y Patrimonio Histórico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando solicitaba la incoación de expediente de BIC en categoría de monumento para el edificio del Parque Móvil.

Un espacio infrautilizado que debe servir a los vecinos de Chamberí

Pero es que, más allá de sus valores intrínsecos, los locales del Parque Móvil, con evidente pérdida de funcionalidad hoy, podrían configurar para Chamberí (y para la metrópolis madrileña) un polo de actividad económica, social y cultural de primer orden. Desde hace años, y a su modesta escala, la Asociación en Defensa del Parque Móvil del Estado viene desarrollando y promoviendo un debate acerca de los eventuales contenidos y usos que podrían verse albergados allí, en ese ámbito cuyo precio de mercado resulta de unas plusvalías que nacen del propio crecimiento de la ciudad y que, por ello, debieran corresponder al común de la ciudad.

A partir de alguna idea del arquitecto Francisco López Groh o de algún ejercicio académico de los también arquitectos Andrea Brufatto, Chiara Caselli y Sara Puglia, la asociación considera que es urgente abrir ese debate al conjunto de la ciudadanía, al tiempo que avanza alguna consideración general al respecto. Por un lado, la panoplia de eventuales usos futuros habrá de respetar la memoria del lugar, establecer alguna continuidad entre sus usos originales y otros más acordes con los tiempos que corren. Y eso significa, por otro lado, articular productiva y fértilmente contenidos culturales con usos educativos y productivos, de trabajo real.

A la vista de una valoración de experiencias y realidades europeas en espacios similares, la asociación viene manejando algunas posibilidades que puedan favorecerse mutuamente, sinérgicamente: un Museo de la Historia de Madrid en el siglo XX (que no existe a día de hoy en el sistema museal madrileño), capaz de incluir tratamientos específicos de la historia de la cultura madrileña del automóvil, así como del propio lugar, es decir, el Parque Móvil; y sobre todo un conjunto de actividades vinculadas internamente entre sí y externamente con la producción y el trabajo: ciclos formativos de formación profesional en oficios que tengan alguna relación con el automóvil, talleres de artes y oficios y de restauración (pintura mural, automóviles antiguos), espacios de trabajo para makers, un centro de investigación empresarial-universitario en materias vinculadas con el automóvil (nuevas energías, componentes, etc.) y espacios para la participación vecinal, hoy tan amenazados (cuando no directamente suprimidos).

¿Una utopía?, ¿un sueño recuperar el espíritu de la Bauhaus tendente a articular productivamente lo que Gropius denominaba “forma” y “trabajo”? Tal vez. Y sin embargo, el reciente programa de la Unión Europea presentado por Ursula von der Leyen y significativamente denominado New European Bauhaus no aspira a otra cosa que eso mismo, actualizado, eso sí, por la vía de las transformaciones digitales y de las energías verdes.

Notas:

*Teresa Arenillas Parra es presidenta del Club de Debates Urbanos.
José Sierra Álvarez es catedrático de Geografía y Urbanismo de la Universidad de Cantabria.

Todas las vidas son distintas y todas son importantes. Todas tienen algo interesante que contar. Cada persona tiene su propio recorrido vital. Y eso es ya de por sí atrayente. Pero algunas biografías son excepcionales, bien por la personalidad del, o de la, protagonista, bien por las circunstancias excepcionales que rodean sus vidas o bien por las obras que han realizado.

A pesar de su juventud (nació en 1987), la vida de Najat Kaanache es una de esas biografías singulares y apasionantes.

Nacida en Orio (Guipúzcoa) en 1987, su familia de origen marroquí, emigró a estas tierras vascas donde la mayoría de la gente habla euskera. Allí encontró todas las dificultades posibles para entenderse. Pero Najat, que ahora habla siete idiomas, superó todas las pruebas. Marruecos, España, Euskadi… tres escenarios que le llevan a decir que ella es euskalduna, marroquí y española. En sus pocos más de 30 años, ha recorrido medio mundo y ha pasado por infinidad de circunstancias que hacen que su vida sea algo así como un cuento mágico.

Un buen día, descubrió en Holanda que era capaz de elaborar unos excelentes pintxos fusión vasca-marroquí y entendió que en la cocina estaba su futuro. También supo ver que en el mestizaje, en la fusión, está el camino para avanzar. La suerte o su buena estrella la acompañó, pero lo fundamental lo puso ella con su talento y su trabajo: fue becaria con los chefs mejor considerados y más reconocidos en todo el mundo, aprendió (también enseñó); y con todo ese espléndido y temprano bagaje regresó a Marruecos, a Fez, en cuya medina abrió NUR, su propio restaurante, que ya ha recibido importantes galardones y es uno de los más prestigiosos internacionalmente. Hoy está reconocida como una de las restauradoras más importantes en todo el mundo y en su haber también cuenta su libro Najat (editorial Planeta).

En la infancia de Najat no faltó la pobreza ni la discriminación. Su salvación fue la escuela pública. Educación, cultura, ilusiones… Ella es una mujer que contagia energía y entusiasmo, llena de sueños e ideas que quiere poner inmediatamente en marcha. Y que se preocupa, y mucho, por otras mujeres, con las que trabaja y por las que trabaja.

Y de eso es de lo hablamos especialmente hoy con ella.

Tenemos noticias de que tiene una gran preocupación por el trabajo que realizan las mujeres, que en su empresa gozan de buenas condiciones laborales y que se interesa mucho por su bienestar, porque tengan independencia, su “habitación propia”, también que se esfuerza porque las hijas de sus empleadas vayan a la escuela. ¿Nos puede hablar de esto?

Una de las cosas que para mí es muy importante es que las mujeres que trabajan conmigo  -muchas de ellas están divorciadas o separadas, o se han separado de su marido-, que trabajan en la cocina, en la limpieza y son unas superchampions, tengan su propio espacio. Tienen hijas y lo que yo intento inculcar es que la nueva generación tiene que estudiar, que no pueden dejar el colegio. Y como viven en casas de familiares, lo que busco es que ellas puedan tener su propia habitación, su casa, con su cocina, su nevera, donde puedan dormir y cerrar la puerta con llave y tener su propio espacio. Y con ellas sus hijas o sus hijos. Para mí esto es super importante.

Háblenos de este proyecto que está realizando ahora con mujeres marroquíes: la elaboración de queso de cabra. Nos interesa mucho saber en qué consiste.

En Taza, de donde vengo yo, que está a casi tres horas y 15 minutos desde Fez, hay mujeres que viven en la montaña; allí hay un verde muy natural, está el Parque Nacional más importante de Marruecos. El primer banco  marroquí se fundó aquí en Taza, que es donde estoy en estos momentos. Y encontré algo muy peculiar. Siendo yo una mujer vasca nacida en San Sebastián, siempre me he llevado un pedacito de queso de Idiázabal o de queso manchego de país en país. Me dije, si estas mujeres tienen cabras y tienen vacas, un montón de cabras que dan un montón de leche que dan a sus hijos para que se alimenten y no saben qué hacer con el resto, pues digo yo por qué no montamos una quesería.

Ellas hacen queso fresco que se comen en dos o tres días. Y yo decía por qué no hacer un queso curado, que sea artesano, que sea el resultado de un trabajo hecho por ellas desde el principio hasta el final. Y que además se puedan ganar un sueldito, ¿por qué no? Entonces se me ocurrió la idea de montar esta quesería. Y nos estamos enseñando a nosotras mismas, hablando con veterinarios, hablando con gente que entiende de la materia. Hemos llegado a tener distintos equipos de diferentes países para que nos ayuden a guardar las medidas de higiene, a mantener bien la leche. Trabajar en diferentes propuestas para poder tener fondos, para tener una máquina para cuajar, unos tanques para mantener en frío… Pequeñito pero que sea algo mágico. Que lo podamos usar y que les enseñemos algo que es nuevo para ellas. Hay gente en esta montaña que no ha bajado nunca a la ciudad. Es impresionante cuando eres capaz de hacer un queso en una montaña y ser capaces de venderlo en un restaurante como el Nur en la medina . Y que de ahí salga para el mundo.  Es algo impresionante, ¿por qué no? También es aprender.

¿Es cierto que como muchas de ellas temen la noche de regreso a casa, por peligro y prejuicios evidentes, tiene taxis pintados de rosa que conducen mujeres y llevan a las trabajadoras a sus casas?

La verdad es que por la noche en la medina uno se puede perder; se puede encontrar gente como en Brooklin, como en Madrid, como en Barcelona, como en Donosti, te puedes encontrar gente que te gusta o no. Es cierto que las mujeres a partir de las seis de la tarde tienen inconvenientes para regresar a sus casas. Y sí, sería un sueño para mí hacer taxis rosas para que solo sean conductoras mujeres y que lleven solo a mujeres, únicamente por su seguridad. Nada más.

En unas declaraciones suyas recientes dice que “Busco transmitir respeto. Por los árabes, por el legado andalusí”.  Usted combina y congenia perfectamente en su trabajo los conocimientos y tradiciones árabes, los judíos, también la tradición culinaria vasca. ¿Es su cocina un ejemplo de convivencia entre diferentes culturas?

Mi trabajo no es cocinar. Es alimentar almas pero al mismo tiempo es romper esa barrera de inmigración. Porque todos somos inmigrantes. Hay gente europea o americana que dice “yo soy un expa [expatriado]” ¿Dónde está la diferencia? Depende de cómo veamos al ser humano. Para mí es muy importante que la gente pueda entender que no elegimos donde nacemos ni elegimos qué pasaporte tener. Ni tampoco elegimos qué nacionalidad o qué religión tener. Pero sí elegimos ser amables, compartir, disfrutar. Y sobre todo, enseñar nuestra cultura de manera pacífica. A través de la cocina lo que yo hago es política.

El legado andalusí es un legado muy importante. La Península española sin ese legado no tendría muchas cosas, y negaría a un grupo como el musulmán, y otro grupo muy importante, que es el judío, que van de la mano por cierto. Compartimos higiene, compartimos la manera de sacrificar a los animales. Compartimos cocina y compartimos historia. El legado andalusí es muy importante, siempre y cuando seamos capaces de  poder contar la historia. En este caso en España, arquitectónicamente, matemáticamente, ¿cómo hacemos posible que sea la grasa de un alimento, en este caso la manteca de cerdo, lo que al final pueda crear la diferencia entre un polvorón, un turrón o una ensaimada, entre un musulmán, un judío o un cristiano? Yo creo que a través de la cocina el ser humano ha establecido sus fronteras, sus creencias. Y la cocina es como un arma. Un arma que hay que usar positivamente. Para unir a los seres humanos y sobre todo para solucionar problemas. Para proporcionar calma, para establecer países, regiones, culturas, creencias. Yo creo que la cocina es un diccionario, va más allá. A través de la cocina podemos acercarnos los unos a los otros.

Para mí es muy importante que la gente pueda entender que no elegimos donde nacemos ni elegimos qué pasaporte tener. Ni tampoco elegimos qué nacionalidad o qué religión tener. Pero sí elegimos ser amables, compartir, disfrutar. Y sobre todo, enseñar nuestra cultura de manera pacífica.

Lo que nos pasó con el legado andalusí es que casi no hay un marroquí, ni un árabe, ni un musulmán que sea bien reconocido por su trabajo, por su persistencia, por su inteligencia, por su resistencia y por su manera de presentar una cocina. Siempre son españoles cristianos, judíos israelíes, judíos con descendencia marroquí, que también es muy importante pero que están fuera de Marruecos. Pero nunca se ha visto otorgar premios a un marroquí que destaque por tener una cocina andalusí. Eso quiere decir que vivimos en una sociedad muy selectiva donde el hombre blanco todavía tiene el poder. Yo creo que ya está bien, ya está, ya está bien (risas).

¿Dónde cree usted que está el secreto del éxito de su cocina?

El éxito de mi cocina yo creo que está en la gente que me rodea, las almas que me rodean, la tierra, la historia, el no tener un ego, o, bueno, dejarlo bien muerto y enterrado dentro de uno y ser humano y siempre ponernos en los zapatos de los demás. Ese creo que eso es el éxito. Bueno, no sé si es éxito pero detrás de los éxitos hay muchas batallas y esas batallas hay que ganarlas todos los días. Hay que leer, hay que disfrutar, hay que ser perseverantes y hay que tener sueños. Esto para mí no es un trabajo es mi vida, un life style.

Por último, ¿cuál es su próximo proyecto?

En junio sale un nuevo libro, que para mí es muy importante. Es un nuevo libro refrescante, es natural, es de la tierra. Es como el ser humano, su comida y la tierra. El mar, las montañas y la naturaleza. Y más adelante abrimos espacios en Europa, que es muy importante. Y seguiremos escribiendo, creando, conquistando almas si nos dejan. Siempre felices y nunca pensando que esto es un trabajo sino que es una responsabilidad. Yo me siento responsable siendo vasca-marroquí de poder reglar un pedacito de mí misma y hacer de ello pues eso, mi trabajo, mi esfuerzo todos los días. Porque para mí ver un ser humano feliz me llega al alma. Eso es lo que me satisface.

Muchas gracias, Najat por este tiempo que nos ha dedicado.

Sucran. Eskerrik asko.

Editorial: Planeta Gastro, 2020

El amor y el paso del tiempo son dos de las experiencias más narradas en la cultura que consumimos y sin embargo es difícil encontrar un relato con el que sentir cierta identificación. Vemos, leemos y escuchamos el amor polarizado: idealizado o espantoso, fábula o verdad. My Mexican Bretzel es diferente. La narración de su protagonista, Vivian Barrett, fluye entre los términos variables y las incógnitas de la ecuación sentimental. En las líneas de su diario, Barrett nos descubre una honestidad a la que no estamos acostumbrados/as, ya no para compartirla sino para mirarnos al espejo. Las ruinas posbélicas de la vieja Europa son la metáfora perfecta de un amor antaño dorado que se resquebraja y muestra sin pudor sus vigas derruidas. Y entonces aparece Leo, el mexican bretzel que insufla color, risas, amaneceres, olas y flores. Y Vivian quiere volver a ser joven.

Los sentimientos sin filtrar de Barrett y las imágenes caseras de 16mm y Super 8 que graba su marido (a veces ella) son un lienzo extraordinario del que no puedes apartar la mirada pese a que la pantalla es silente gran parte del tiempo. Ese silencio te atrapa porque solo así puedes acompañar a Viviane en sus reflexiones. Barrett es ‘la abuela’ de la directora de la película, Nuria Giménez Lorang, quien encontró decenas de latas con filmaciones olvidadas, un archivo familiar y cultural que regala imágenes peculiares: postales de una vida lujosa en un continente en ruinas, los primeros neones de Las Vegas o el hacinamiento de inmigrantes inquietos/as en el Queen Mary.

Las comillas sobre la abuela se entenderán con el visionado pero tampoco hay que hacerse muchas preguntas siempre que aceptemos que la ficción puede ser el mejor retrato de la realidad.

Vean y disfruten.

Notas: Ilustración de portada de @lafemme_agitee

A veces es necesario contar una historia, que se conozcan sus acontecimientos y sus protagonistas. A veces es necesario para que no quede oculta por sucesos inmediatos, que atraen nuestra atención y que quedarán sumergidos por los siguientes sucesos también importantes que ocultan a los anteriores.

Hablo de esas historias pequeñas, sólo en apariencia pequeñas, que se construyen con la minuciosidad del tiempo, con el trabajo solidario y cotidiano, con el silencio y la certeza de saber que es justo y necesario dedicarse a ellas. Movidas por un imperativo moral, sin buscar recompensa alguna, hay personas que dedican su tiempo a un bien común, a un verdadero interés general.

Hablamos de Chamberí, un barrio del centro de Madrid, diverso, acomodado y con el menor número de metros cuadrados de zonas verdes por habitante de la ciudad. Hablamos de construir un campo de golf en 2006, en la mitad del distrito, ocupando la única posibilidad de creación de un parque. Hablamos de la ocurrencia de una presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, que, saltándose todos los permisos y licencias, declaró, sin temblarle el pulso, que su golf era de Interés General.

La historia es conocida. Manifestaciones, pancartas, reuniones, gente de diferentes profesiones y edades se unieron para decir No. Y meses de investigación les hicieron comprender a lo que se estaban enfrentando. Y aparecían unos nombres: Ignacio González, el fiscal Moix… casi inexpugnables.  Y por otra parte, también surgieron aliados inesperados, como el periodista Manuel Rico que, sin conocernos,  se convirtió en una ayuda imprescindible. Nos ayudaron, informando, medios como Público, Eldiario.es, Infolibre… Y así pasaron años. Juicio tras juicio se fue ganando terreno, palmo a palmo. “No. -decía el juez también- No es de interés general”. Pero ellos, desde el poder, insistían. “Pues si no es, lo va a ser porque promulgamos un Plan Especial que legaliza todo y aquí paz y después gloria”. Pero ni paz, ni gloria. Al límite de las fuerzas, la Asociación Parque sí en Chamberí, con nuevos jóvenes compañeros de las Ampas, prepararon y presentaron un contencioso administrativo que en el año 2016 lleva a que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid declare nulo ese Plan Especial y dicte una sentencia memorable afirmando, que existía un claro desvío de poder que había desplazado los intereses generales por el interés particular. Y el Golf desaparecerá.

Su lugar lo ocupará el parque deseado, luchado y soñado, aunque diseñarlo y construirlo será una labor de años. Pero queda poco para su inauguración. Dos años apenas. Aparecerán muchas personas que declararán que el éxito es suyo… Por eso nos gustaría que la historia de esta Asociación vecinal, de todo un barrio, unido para conseguir un mismo objetivo, se conozca y no se olvide.

En 2019, en una fiesta de Navidad de la Casa de Cultura y Participación Ciudadana de Chamberí, Miguel Ángel Sánchez contactó con nosotras y nos comunicó su deseo de contar nuestra historia de una manera entusiasta, voluntaria y generosa. Por nuestra parte, llevábamos tiempo pensando en que debíamos dejar constancia de nuestra lucha. Le dimos un sí rotundo. Enseguida supimos, google busca todo, con quién estábamos hablando. Miguel Ángel es dramaturgo con un premio Max, narrador, cineasta, guionista.

Comenzó a leer todos los documentos que a lo largo de estos años habíamos generado. Las sentencias y las alegaciones de todos los procesos.  Toda la prensa escrita, los programas televisivos en los que se nos nombraba, todas las fotos y pequeños vídeos caseros…Documentación toda ella que le permitió realizar un primer guion. A partir de él y después de aclaraciones por nuestra parte llegó a un escrito final. Su primera idea era un documental.

Su intención era que las entrevistas a tres o cuatro personajes marcaran la línea de los acontecimientos, que ayudaran a seguir la historia. Varias voces, desde todos los ámbitos, de forma coral, irían punteando la narración. Para ello entrevistó a diferentes socios y socias de todas las épocas, Ángeles Nieto, Nines, de Ecologistas en Acción, Ramón López Lucio, catedrático emérito de la Escuela de Arquitectura, los abogados que nos ayudaron en el proceso legal…

Se juntaba todo. Investigación, misterio, aventura, cariño, enfrentamiento, un David, un Goliat…ingredientes necesarios para mantener el interés del espectador. Y comenzó el montaje dentro de una terrorífica pandemia que aumentó la dificultad del trabajo con parones dolorosos e inesperados. Y en ello estamos. En ensamblar este puzzle para que muestre un panorama real, que tenga unidad y un argumento claro.

Somos una asociación sin ánimo de lucro. Hemos comenzado nuestra andadura cinematográfica con la colaboración económica que socios, amigas, familiares nos han podido aportar. Pero el documental, que iba a ser un mediometraje, pasó a ser una película, DE INTERÉS GENERAL. Un barrio por un parque,de una hora y media, creciendo en intensidad. El presupuesto se incrementó. Y pensamos que merecía la pena seguir adelante. Por esto ahora necesitamos ayuda, vuestra ayuda, la de todas las personas que crean que es necesario que este proyecto se conozca. El material montado hasta ahora, anticipa una gran película, no os quepa duda. Estaréis orgullosos de haber contribuido a su nacimiento.

Que nuestra voz sea la voz de los miles de colectivos que se enfrentan a diario contra la corrupción y el poder pero que pocas veces pueden ganar. Porque cuando alguna vez, alguna vez, se gana, tenemos que contarlo a los cuatro vientos.

Iniciamos este proyecto en la plataforma de micromecenazgo goteo.org que nos ayudará a terminarlo con dignidad y calidad. En ella contamos todos los detalles del proceso y sus protagonistas, en qué gastamos el dinero, cómo nos organizamos para llevar a cabo la difusión necesaria de nuestra historia. Cualquier aportación es bienvenida y necesaria. Muchas gracias y nos veremos para celebrarlo en la oscuridad de las salas de cine cuando puedan estar, de nuevo, abarrotadas.

www.goteo.org/project/de-interes-general

Distopía: 1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana. RAE

La distopía está de moda. Series de TV, cine, libros… Parece como si la ficción priorizara explicar o imaginar mundos futuros, que se mueven entre una realidad imposible y una irrealidad posible. Estamos en tiempos de pandemia y vivimos en el presente lo que podría parecer una distopía vista en el pasado. Calles y ciudades vacías, hoteles barrados, ejército patrullando, hospitales colapsados, el Capitolio asaltado… Imágenes que violentan nuestro espíritu y nos conmueven.

La distopía no es un recurso de ficción nuevo. Libros como Un mundo Feliz, 1984, La guerra de los Mundos, Fahrenheit 451… Autores que con sus obras advertían de los peligros de la sociedad industrial. Hoy en día en la sociedad post industrial, post humanista los peligros se acrecientan y los creadores se han volcado en explicar las amenazas que nos acechan. Películas como Mad Max, Blade Runner, Gattaca, La carretera, y series como El cuento de la criada, Years and Years, Black Mirror y El Colapso nos dejan perplejos ante mundos imaginados que a menudo nos dibujan futuros oscuros.

Nuevo orden, la nueva película del mexicano Michel Franco, duele, es violenta, es un auténtico puñetazo a las conciencias de una sociedad que vive entre la perplejidad y las dudas del presente. Es una distopía, y confirma la definición de la RAE, pero con perspectiva no lo es tanto. Cuando la ves, te preguntas constantemente que podría ser real, como si estuvieras viendo un noticiario que explica una revuelta en un lejano país sudamericano. La historia arranca en una boda de la alta burguesía mexicana. Simultáneamente se produce una sublevación de la población indígena que instaura un régimen militar que somete a la élite blanca. El nuevo poder asesina, secuestra a cientos de personas y las encierra  en campos de concentración a la espera de rescates millonarios. Los que no lo consiguen son ejecutados. Se decreta un toque de queda que limita la libre circulación. La violencia inunda las calles. La película es una patada en el estómago y refleja desde el principio las profundas desigualdades de una sociedad injusta. Lo hemos visto y lo vemos cada día en las noticias, poblaciones que viven en la pobreza que protestan por sus vidas y sus derechos. No tenemos que irnos muy lejos, no sólo pasa en los países del tercer mundo, pasa muy cerca: Los movimientos cómo Black Lives Matter en Estados Unidos o los Chalecos amarillos en Francia, por ejemplo.

La película te pone delante del espejo, te interpela, “No es un presagio, pero sí una advertencia. Quiero suscitar una conversación que contribuya a que las cosas cambien. Mi film nos invita a pensar qué estamos haciendo mal”, asegura el director. La historia recrudece el debate al que debemos hacer frente: ¿Qué sociedad queremos construir? La pandemia ha puesto de manifiesto una vez más que los que más sufren son los más desfavorecidos. La pandemia ha confirmado que la desigualdad es la verdadera pandemia de la sociedad. Que la distopía la viven a diario millones de persones que viven en el presente las características negativas causantes de la alienación humana (como precisa la RAE).

Nuevo orden molesta, es incómoda porqué confirma que la desigualdad es insostenible. Pasó y está pasando; movimientos indígenas revolucionarios han sacudido la historia de Sudamérica. El Zapatismo en México o el Che Guevara entre tantos otros. Resistencias para reclamar la descolonización del continente, para reclamar la alteridad de sus culturas, movimientos de liberación nacional que en la actualidad son admirados y homenajeaos en los días de la patria, que fueron a menudo violentos y no por ello son considerados ilegales. Hoy en día, siguen existiendo pero ya no luchan por una patria, luchan por la dignidad, por la equidad, por la igualdad de derechos y la justicia, pero ahora son combatidos por ilegales y violentos. Es la gran paradoja, la gran pregunta que se hace todo el mundo, ¿Qué es la violencia y quien puede ejercerla? En la película vemos sus diferentes caras. La que ejercen los ricos sobre los oprimidos y la que usan los desfavorecidos para defenderse de los ricos. Lo que ayer fueron sueños utópicos se convierten hoy en acontecimientos distópicos. La película es ambigua, no se posiciona, es equidistante, no hay buenos, casi todos son malos, la duda sobrevuela todas las secuencias, no acabas de saber quien está detrás de toda la revueltas: “No quería dar mensajes ni educar, porque el cine no sirve para eso. Mis convicciones políticas no son importantes. La ambigüedad de la película es deliberada. La quise mantener abierta, aunque no fuera fácil, para que el público de distintos países pueda proyectarse en lo que cuento”, asegura el director.

La película de Miguel Franco es dura,  cruel, nihilista y a menudo insoportable cuando recuerda los horrores del holocausto, prisioneros marcados, rociados con mangueras o incinerados en crematorios. La barbarie al servicio de una causa, los indígenas convertidos en opresores, los salvadores en corruptos, los liberadores en torturadores. Al final todo gira, nada cambia, cómo en el Gatopardo de Lampedusa…

“En política, nada sucede por casualidad. Siempre que ocurra un evento, podemos estar seguros de que alguien lo planeó de esta manera”.

Franklin D. Roosevelt.

La pandemia nos ha hecho reflexionar y nos preguntamos si la sociedad que hemos construido es la más adecuada para hacer frente a los desafíos que ponen en peligro nuestro mundo. Todos apostaríamos por un nuevo orden, por una manera más justa de hacer las cosas, para dejar atrás el antiguo sistema socio-económico que poco a poco se va desmoronando. No podemos dejar que el pesimismo de las distopías anule el anhelo necesario de las utopías. La película del realizador mexicano nos advierte sin embargo que la búsqueda de estos nuevos ideales nos pueden llevar al caos y al desconcierto.

A un nuevo desorden.

A medio camino entre el ensayo, la novela y la colección de cuentos, Un verdor terrible de Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980) cuenta la historia de una ciencia que se ha vuelto cruel y ha trascendido al ser humano; la ciencia del siglo XX.

Seguramente, el hecho más reseñable del libro es que nos muestra el cambio de actitud frente a los descubrimientos de la física y las matemáticas, y este cambio viene provocado por el carácter casi apocalíptico de estos mismos descubrimientos. ¿De qué otra forma describir la certeza de que algunos problemas nunca encontrarán solución? Por primera vez, la realidad es incognoscible. Si en el siglo XIX, el siglo del progreso imparable, la ciencia era el instrumento  y el saber que permitiría sacar a la luz todos los misterios del mundo, ahora esta se convierte en el principio de nuestra destrucción como especie. Einstein, explica Labatut, fue un científico que, paradójicamente, tuvo mentalidad del siglo XIX, al tiempo que participaba en los grandes cambios del XX. Por eso, pronunció su famosa frase “Dios no juega a los dados” y se negó a aceptar un universo no mecanicista. Las leyes instauradas por Newton no se tambalearían por la presencia indeseable del azar. Sin embargo, esto es lo que ocurre y lo que demostró Heisenberg con su principio de incertidumbre.

Los personajes del libro son todos científicos y matemáticos ilustres, los protagonistas de la historia de la ciencia de los últimos cien años. Presentados por Labatut, todos comparten una tendencia a la iluminación y la revelación. No son capaces de dar con soluciones a problemas si no es mediante el dolor y la enfermedad. Una mezcla de mística y ascetismo. Son las bocas de una realidad superior. Tendemos a leer nu